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ADVIENTO UNA NUEVA OPORTUNIDAD PARA DEJAR NACER A DIOS EN NUESTRO CORAZÓN

ADVIENTO UNA NUEVA OPORTUNIDAD PARA DEJAR NACER A DIOS EN NUESTRO CORAZÓN
Publicado en el año 2006 
1.   ¿QUÉ ES ESO DEL ADVIENTO?
 
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Los cristianos estamos de nuevo esperando. Comenzamos el tiempo que nos traerá al Mesías inaugurando un tiempo nuevo en un mundo nuevo. Tener esperanza es síntoma de vida: cuando alguien no espera es que ha decidido que su vida no merece la pena. Nada hay más positivo y rejuvenecedor que esperar con ilusión un acontecimiento, más aún si lo sabemos cercano y
extraordinario.   Eso   sí,   únicamente   comienzan   algo   los   que   tienen esperanza. Nosotros, los cristianos, somos o deberíamos ser los hombres y las mujeres de la esperanza, dispuestos a empezar siempre, a levantarnos por encima de nuestras debilidades, fracasos y angustias, porque sabemos, una vez más, que Dios extiende su mano en la persona de Jesús de Nazaret.
 
Adviento  es posibilidad, descubrimiento,  acercamiento, abajamiento, conversión, discernimiento, contemplación, asombro, espera, profecía, alegría, esperanza, confianza, camino, fiesta… Adviento es Jesús de Nazaret.
 
Este año hemos pensado que sería muy gráfico trabajar con la figura de una mano, que simboliza la mano que Dios nos tiende. Cada domingo, la mano se irá abriendo un poco e irá apareciendo una indicación procedente de la Palabra de Dios. Dios, mediante su Palabra, nos indica el itinerario vital y creyente que debemos hacer si queremos descubrir a Jesús, si queremos experimentar en nuestra propia vida cómo Jesús, encarnándose en nuestra humanidad, es la mano que Dios nos tiende. Jesús que se hace hermano nuestro.
 
Celebrar el Adviento significa dejar que Dios con su mano y su Palabra toque nuestro corazón y lo habite, lo haga confortable, lo serene, lo llene de paz, de sitio libre para acogerlo. En Adviento, Dios extiende su mano: No dejemos escapar esta nueva oportunidad.
 
La Palabra de Dios esboza un itinerario catequético precioso, que no deberíamos dejar pasar por alto. Dicho itinerario nos presenta cuatro indicaciones básicas para poder acercarnos al Misterio de la Navidad, a ese Dios que extiende su mano a la humanidad encarnándose en Jesús de Nazaret: DESPIERTA, PREPÁRATE, CONVIÉRTETE, CAMINA.
 
Las cuatro indicaciones poseen un tono directo, claro, exhortativo y señalan las etapas de un proceso de crecimiento, de todo proceso vocacional de cada proceso de madurez.
En este Adviento, Dios Padre va abriendo su mano y nos va mostrando el itinerario para encontrarnos con su Hijo, para que vivamos con esperanza su venida: “Jesús: Dios no puede decir más de sí mismo”.
 
En este Adviento, Dios nos invita a despertar de lo de siempre, de nuestra rutina y adormilamiento, a poner manos a la obra; nos invita a prepararnos, por dentro y por fuera, personal y comunitariamente; nos invita a convertirnos, a ser y estar de otra manera, a usar nuestras manos también para otras tareas, para otras  personas;  nos  invita  a  caminar,  a  extender  nuestra  mano  y  bendecir  (hablar  bien,  ensalzar, reconocer) a los otros, va a vivir como hombres y mujeres que han encontrado a Jesús y se han dejado transformar por su vida y su mensaje.

2.   NUESTRO ITINERARIO PARA EL ADVIENTO

 

¡DESPIERTA! Evangelio: LC 21,25-28.34-36)

 

La primera señal que Dios nos hace es ¡Despierta!

 

Jesús fue un creador incansable de esperanza. Toda su existencia consistió en contagiar a los demás la esperanza que él mismo vivía desde lo más hondo de su ser. Su grito de alerta Levantaos, alzad la cabeza; andaos con cuidado …”, no ha perdido actualidad,  pues las personas seguimos matando la esperanza y embotando nuestra existencia de muchas maneras.

 

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Cuando en una sociedad las personas tienen como objetivo casi único de su vida la satisfacción de sus apetencias y se encierra cada una en su propio disfrute,  allí  muere  la  esperanza.  Uno  de  los  efectos  más  graves  y generalizados  de  vivir  en  una  sociedad  como  la  nuestra  puede  ser  la frivolidad, la ligereza en el planteamiento de los problemas más serios de la vida,  la  superficialidad  que  lo  invade  todo,  y  que  se  traducen  personas

satisfechas que no quieren cambiar el mundo. No se rebelan frente a las injusticias. Nada más lejos de aquel Extiende tu mano” de Jesús, que implica toda la vida de las personas y que desborda todas sus esperanzas.

 

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Resulta tentador instalarnos en nuestro pequeño mundo, gozar de la abundancia y vivir tranquilos y cómodos, sin mayores aspiraciones y sin problemas, pero no lo olvidemos: sólo aquellos que se han insensibilizado pueden sentirse a gusto en un mundo como éste. Quien ama de verdad la vida y se siente solidario, quien tiene la esperanza del Reino, sufre la tensión y la

intranquilidad de comprobar que todavía no podemos disfrutar la felicidad a la que estamos llamados.

 

De la frivolidad y el embotamiento sólo es posible liberarse despertando, aprendiendo a vivir de forma más lúcida. Nunca es tarde para escuchar la llamada de Jesús a vivir vigilantes y discernir, despertando de tanta frivolidad y asumiendo la vida de manera más responsable.

 

La verdadera esperanza ni embota ni adormece, sino que nos desinstala y nos pone en pie. La esperanza cristiana es la espera creadora de los comprometidos a favor de una sociedad más justa y más fraterna.

 

     ¡PREPÁRATE! (Evangelio: LC 3,1-6)

 

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Esta  es  la  nueva  pauta  de  Dios  en  boca  de  Juan  el  Bautista:

¡Prepárate!

Juan, un hombre que no pertenece a ninguna jerarquía y que no posee poder ni dinero ni autoridad alguna, es el único que escucha la palabra de Dios, que debe oír todo el pueblo.

Siempre es así: es al pobre al que hay que escuchar, para poder oír en lo más hondo de nuestro ser la llamada al cambio y poder ver la salvación de Dios. Cuando una persona sincera es capaz de aprender a

mirar la vida desde la perspectiva del pobre y del indefenso, se siente llamada a renovar su vida. Escuchar a la persona que nos grita desde el desierto de   su pobreza es siempre escuchar una llamada a la conversión.


Hoy, un grito estridente y doloroso resuena en nuestro mundo: el clamor de los pobres, los indefensos,  los  atropellados  por  la  injusticia,  los  ancianos,  los  humillados,  los  manipulados,  los emigrantes, los que carecen de trabajo… los menores.

Es una voz que nos urge a empeñarnos de manera personal y comunitaria. Esa voz nos habla de ponernos manos a la obra, de allanar, enderezar, igualar. Sólo así, podremos ver todos la salvación de Dios.

 

Vivimos más y mejor informados que nunca y, sin embargo, son más cada vez los que se sienten desprovistos de razones convincentes para dar sentido a su vida. Hoy es posible una comunicación rápida y eficaz entre las personas y los pueblos y, sin embargo, cada vez somos menos capaces de entablar relaciones de amor y amistad. La sociedad está mejor equipada para luchar contra el dolor, la enfermedad y el mal, pero, al mismo tiempo, parece que las personas se sienten más débiles para enfrentarse al sufrimiento y las contrariedades de la vida. Cada vez son mayores las posibilidades de viajar, divertirse y cultivar toda clase de aficiones y deseos, pero sigue creciendo a la vez el número de personas insatisfechas…

 

Muchos hombres y mujeres se encuentran con falta de ilusión, sentido, horizonte, alegría… Lo que caracteriza a los cristianos es que, al diseñar nuestra vida, al darle un sentido y vivirla, tenemos como punto de referencia clavel a Jesús. De ahí la importancia de escuchar con atención la voz del profeta: Preparad el camino al Señor”. Para que Jesús nazca en nosotros debemos prepararnos, y esta preparación consiste en la igualación definitiva de las relaciones humanas, que han de pasar de la desigualdad a la igualdad, de la injusticia a la justicia, expresado simbólicamente en la nivelación de los terrenos.

 

No basta el cambio interior: el camino y los senderos hacen referencia a algo que tiene relación con todos, a un mundo nuevo, a una nueva sociedad. La voz del profeta es un reto para todos. No se puede ver la salvación de Dios si no hay conversión, si no hay cambio, si no hay praxis concreta del compartir y la solidaridad, si no ponemos nuestras manos al servicio de los demás.

 

     CONVIÉRTETE (Evangelio: LC 3, 10-18)

 

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Esta es la indicación más dura y directa, que nos dice lo que hemos de hacer: ¡Conviértete!

 

Hoy escuchamos muchas llamadas al cambio, a la responsabilidad ética y la solidaridad, pero casi nadie se da por aludido. La conversión es

imposible cuando se da por supuesta. Además, los medios de comunicación social nos informan, cada vez con más rapidez de toda la realidad que

acontece entre nosotros: conocemos cada vez mejor las injusticias, las miserias y los abusos que se cometen, lo que crea en nosotros cierto sentimiento de solidaridad, e incluso de culpabilidad, pero a la vez acrecienta nuestra sensación de impotencia: ¿y qué podemos nosotros hacer?

 

Las sencillas palabras de Juan el Bautista ponen el dedo en la llaga y nos obligan a pensar que la raíz de las injusticias está también en nuestro corazón.

 

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En estos tiempos tan duros para los pobres y marginados, la denuncia de Juan cobra nueva vigencia. Es el momento de compartir y ser solidario, de “abrir los dedos y

hacer de nuestras manos, manos abiertas que acaricien, pidan y trabajen y que adopten un gesto de espera; que saluden, que inviten y den; manos limpias que ofrezcan una amistad sincera, manos llenas de amor, manos incansables… manos abiertas.


     CAMINA (LC 1,39-45)

 

Esta es la indicación del cuarto domingo de Adviento.

 

El primer gesto de María, tras acoger las palabras del ángel y decir a la propuesta divina, es ponerse en camino y marchar aprisa junto a otra mujer que necesita en esos momentos su cercanía.

 

Hay una manera de amar que debemos recuperar en nuestros días:  consiste en acompañar a vivir a quien se encuentra hundido en la soledad, bloqueado por la depresión, atrapado por la enfermedad, marginado por la droga o sencillamente vacío de toda alegría y esperanza de vida. Se trata de acompañar a vivir a cada persona su propia historia personal.

 

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Estamos consolidando una sociedad hecha sólo para los fuertes, los agraciados, los jóvenes, los sanos, los triunfadores y los que son capaces de gozar y disfrutar de la vida. Convertimos la amistad y el amor en un intercambio mutuo de favores, pero así no es posible experimentar la alegría de contagiar y dar vida.

 

No es fácil aceptar el mensaje evangélico de ponerse en camino”, cuando

nos consideramos “tan ocupados” en tareas y nos sentimos tan agobiados que confesamos no tener tiempo ni para nosotros mismos. Esto difícilmente se casa con la actitud de María.

 

Es falso creer que Dios se ha hecho hombre buscando la liberación plena de la humanidad y no esforzarse a la vez por ser persona cada día y trabajar por un mundo más humano y liberado. Es mentira creer en un Dios que se desprende, abaja y humaniza y al mismo tiempo, considerar que lo mío, mi tarea, mi trabajo, mis actividades son sagradas e intocables. Es mentira creer en un Dios que camina y nos visita y, a la vez, encerrarnos en nuestro pequeño mundo y en nuestros problemas.

 

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Hemos sido invitados a despertar, prepararnos, convertirnos y caminar, para poder experimentar y ser testigos de que Dios viene a nuestro encuentro, de que Jesús encarnado en nuestra humanidad es la mano que Dios extiende a cada uno de nosotros.

 

3.   DESCUBRAMOS A DIOS CON NOSOTROS

 

Queridos amigos y amigas:

Seguro que ya os habéis enterado. Es tiempo de Adviento y me sale del alma comunicarme con los que sois mis amigos para celebrar este tiempo fuerte. Nos estrenamos para celebrar algo que Dios ha hecho por nosotros: ser Dios con nosotros. Reconocer a Dios en nuestra vida ordinaria y vivir divinamente” lo ordinario se nos da mal; nos cuesta,   por eso debemos prepararnos como ya hemos venido diciendo: vamos a darnos un tiempo para entrenarnos, para hacernos más sensibles y poder acoger la presencia de Dios entre nosotros.

 

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     Necesitamos sensibilizarnos porque estamos muy insensibles a los otros y al Otro. Nos hace falta mirar con ojos de ternura a nuestro mundo y a las heridas de los hombres y mujeres de hoy. Detrás de las apariencias hay duras realidades y mucho dolor callado y mucha soledad ahogada. ¿Cómo reconocer a Dios y su voz si no reconocemos la voz de los próximos…?

Es  hora  de  entrenarnos  en  mirar  y  reconocer  a  quien tenemos al lado (al esposo, a la esposa, al padre, a la madre, al

hijo, al hermano, al vecino, al compañero de trabajo, al extranjero, al herido, al excluido…

No es verdad que aceptemos A Dios-con-nosotros si no nos acogemos próximo –con-el-prójimo. Dios se cruza cada día contigo y conmigo, aunque no caigamos en la cuenta…


     Necesitamos aprender a abajarnos. Suenan por todas partes voces que llaman a ser triunfadores”.

La vida se convierte en una continua Operación Triunfo”. Tienes que subir, llegar, alcanzar, superar…  Pero  ¿dónde  vamos?  Hay  que  llegar  a  la  cima  profesional  y  ser  un  fracaso  es insoportable.  Es  una  guerra  permitida  y  admitida  para  subsistir:  si  no  luchas,  te  devoran, desapareces, por lo que tienes que luchar y triunfar. Pero, ¿podremos entender lo que significa el Dios que desciende? Descender, abajarse, encarnarse es asumir andar junto a los que están más abajo, junto a los que no pueden y no les dejan subir. Es hora de entrenarnos en bajar hacia los que Dios mira con más complacencia y a los que llama bienaventurados: los pobres, los que lloran, los que no se las dan de nada…

 

     Necesitamos aprender a intimar con Dios. Sin intimidad todo es vacío. La intimidad hace milagros, es la que lanza e impulsa. Es hora de íntimos y de intimidad. Hagamos de nuestra vida humana una vida más íntima para aprender a intimar también con Dios.

 

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     Necesitamos aprender la grandeza de lo pequeño.  La  Navidad comercial  es  atrayente,  deslumbrante,  pero  es  la  hora  de  lo pequeño, de lo sencillo. Tenemos que inaugurar gestos de Navidad densos y sencillos, tan sencillos como la levadura o el grano de mostaza. Cuando inundemos de gestos pequeños el espacio y el tiempo que abarcamos, escucharemos el deseo de paz de Dios. Lo pequeño tiene nombre: una sonrisa, una palabra, un minuto dado, un gesto inesperado de cercanía y comprensión, una oración callada… Tienes que saber que todo lo que Dios inicia, siempre tiene orígenes pequeños.

4.   CORRESPONDENCIA CON DIOS A) Carta a Dios

 

Querido Dios:

Te escribo desde el planeta Tierra. Estoy oyendo que vas a venir, que es Adviento, y se me ha ocurrido ponerte unas líneas para informarte sobre el lío en que te vas a meter. verás lo que haces. Me perdonarás si acentúo un poco las tintas negras…

Lo primero de todo es preguntarte por qué vienes, quién te ha pedido que vengas…. No creo que haya salido de los humanos esta idea. Si es cosa tuya, te admiro. Debes estar muy admirado de nosotros. Oye, saber que alguien se acuerda de nosotros tanto es como para sorprenderse… De paso, se te agradece la idea… Ya sé que para el amor no hay razones, para el amor la única razón es el amor.

Yo no digo que no haya gente que te espera y suspira por ti, pero son los menos. No te creas que te vas a encontrar con muchos esperadores. Aquí, Dios, tú interesas poco. Has pasado a segundo lugar, mejor, estás pasado de moda. Se puede vivir sin ti y no pasa nada. ¿Para qué tener un compromiso con Dios si se puede vivir sin Dios tan ricamente? Dicen que creer en ti es ser un poco trasnochado.

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La gente de la Tierra no te necesita, lo que necesita es trabajo, dinero, salud, pasarlo lo mejor posible, subir un poco más, tener un poco más. Con este panorama, ¿qué vas a hacer entre nosotros? ¿Qué musiquilla celestial nos vas a tocar? Estamos en otra onda. Imagino que te vas a llevar un chasco si vienes.

Bueno, y no te cuento los líos que tenemos montados de conflictos, de guerras, de olvidos de la gente pobre… Es cierto  que  hay  personas  que  están  muy  sensibilizadas  y trabajan lo que pueden y dan todo lo que tienen por ayudar a

los más desfavorecidos. Hay más millones que lo pasan mal que bien.


Como opinión particular, no logro comprender cómo unos humanos juegan y explotan tanto a otros. El bolsillo y el placer de unos hace a otros esclavos, pobres y juguetes. No entiendo, por eso muchas veces decimos ¡Pero  dónde vamos a llegar!

He exagerado un poco, pero que conste que es verdad todo lo que te digo. Y, en el fondo, el corazón de los humanos sigue vacío, buscando, insaciable…

Tenemos tanto que hacer, que lo esencial, ser personas y querernos, no lo hacemos. Vamos muy acelerados y no nos damos tiempo para aprender a amar, ni para saber esperar y perdonar.

Bueno, supongo que en algún sitio encontrarás gente maja que te acogerán bien, junto a la mula y el buey. Donde hay riqueza tendrás menos sitio porque allí no te necesitan. Donde no hay, te harán un hueco en seguida… ¡Cosas de este planeta!

Nada más, que conste que me alegro de que vengas. Tendremos que mirar menos al cielo si tú estás en la tierra, aunque no si te reconoceré. ¿Cómo yo dónde vas a estar, si vas a dar conferencias y a que hora? Si no nos dices con claridad estas cosas, no vas a tener mucho público.

No  sabes  la  cantidad  de  cosas  que  se  anuncian,  nos  sobran  y  pasamos  de  ellas.Espero  que enciendas alguna estrellita para seguirla y poder encontrarte, pues en el fondo tengo ganas de ti y de encontrarte, aunque lo disimule… ¡Anda, guíñame el ojo, que te necesito, aunque no lo grite muy alto! Un abrazo para ti y toda la familia celestial,

 

Un hombre

 

B) CARTA DE DIOS AL HOMBRE

Querido hombre:

 

Esto del correo electrónico es un invento buenísimo que hasta lo hemos instalado en el cielo. El sistema es especial y no dependemos de vuestras multinacionales. ¡Eternidad de planes económicos! ¡Una gran ventaja!

Gracias por el panorama que me presentas. Es un tanto pesimista pero dices verdades. Yo sí que sé dónde están los que esperan de verdad. Suele ser siempre gente sencilla que no ha perdido la cabeza ni se le han embotado los ojos por el resplandor de la ambición. No te preocupes: conozco dónde están los que me esperan. Iré a los sencillos.

Otra cosilla: no es que haya decidido visitar” la Tierra. Lo que he decidido es hacerme hombre y vivir con vosotros para hablaros al corazón. Un pequeño matiz: no voy de visita, voy para estar con vosotros y para que escuchéis las palabras que no se os ocurren a vosotros. Llevo en el corazón las palabras de mi Padre y os la anunciaré.

Tenéis que tener en cuenta que no voy a la tierra porque seáis buenas personas, sino para que seáis buenas personas…, claro, el que quiera.

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El clamor de los que sufren, las heridas de los heridos, los gemidos de los explotados, las lágrimas de los niños llegan hasta el cielo. no lo sabes, pero muchos que se las dan de felices son unos pobres infelices. Ya te digo que desde aquí se ven las cosas de otra manera. ¡Si supieras lo que hablan los corazones cuando calla el ruido y llega el silencio! Es cierto que el corazón de los humanos, de no usarlo o usarlo mal, se hace corazón de piedra. Pero yo confío: no está todo perdido. El amor despedaza las piedras. Merece la pena cualquier cosa por ablandar el corazón de los hombres y mujeres del planeta Tierra. Yo me propongo dejar todo y abajarme, con tal de que una de las cien ovejas perdidas vuelva a la majada…

muy bien querido hombre, que no voy a recoger frutos. Voy a sembrar palabras de vida, de amor, de contradicción… Germinarán sólo si caen en buena tierra… Lo importante es que tengáis semilla de vida y de novedad para hacer una tierra nueva y un cielo en la tierra… Te preocupa no reconocerme.

Te aseguro que nos toparemos: la señal es que voy revestido de persona. Donde veas una persona, escucha y trátala como me tratarías… Te aseguro que nos encontraremos. Te sorprenderé y te hablaré en silencio al corazón.

Hasta pronto: en cualquier lugar o persona, te esperaré… EL DIOS VERDADERO.


P R E P Á R A T E Y AS Í LO PO D R Á S V E R

 

Del evangelio de M a rcos (1,18)

 

“Una voz grita en el desierto: preparadle el camino al Señor, allanad sus senderos. Juan bautizaba en el desierto: preparadle el camino al Señor, allanad sus senderos.

Juan bautizaba en el desierto: predicaba que se convirtieran y que se bautizaran, para que se les perdonasen sus pecados. Acudía gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán.

Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba:

-Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con el Espíritu Santo.”

 

Guardo silencio y pienso si esteadvientome está ayudando a prepararmea su llegada

 

 

 

Momento para compartir en oración:

(En clima de silencio y con tranquilidad, leemos la primera  bienaventuranza y, antes de pasar a la siguiente, cada uno expresa lo que le evoca; en caso de no evocarle nada, sencillamente, la vuelve a leer en voz alta. Hacemos lo mismo con cada una de ellas).

 

Dichosos lo que encuentran en este Dios la fuerza que les ayuda a mantenerse esperanzados en medio de su debilidad personal…

 

Dichosos lo que encuentran en este Dios la fuerza para mirar y amar a los hermanos como son. Sin resignación ni juicio. Con amor paciente que aprende a cargar con los demás…

 

Dichosos los que encuentran en este Dios su fuerza para sufrir y encajar los contratiempos y fracasos de cada día, la dureza, especialmente de algunos días…

 

Dichosos los que encuentran en este Dios su fuerza para permanecer en la oración cuando muchas veces no sienten sino aburrimiento, desazón o sólo silencio…

 

Dichosos los que encuentran en este Dios su fuerza para hacer lo que pueden hacer, para no ceder ni a la actividad frenética ni a la retirada…

 

Dichosos los que encuentran en este Dios su fuerza para no despreciar los pequeños detalles, los pequeños gestos, los encuentros cuidados, los trabajos sencillos, no reconocidos ni valorados. Los que no buscan el brillo del reconocimiento sino que se alegran de veras porque sus nombres están grabados en el corazón de Dios…

 

Dichosos los que encuentran en este Dios su fuerza para estar entre los pobres de todo tipo sin pretensiones, sin ruido, sin paternalismos, con valentía…

 

Dichosos lo que encuentran en este Dios su fuerza para no desanimarse ante el peso de su mala salud, la falta de relevancia, el poco y lento cambiar de las cosas…

 

… porque ellos engendran Reino de Dios.

 

… porque ellos reconocerán a Dios en el pesebre.

 

(Mikel Hernansanz OFM, Revista “Frontera-Hegian”, nº 43)


Acabamos con esta oración en boca de Juan que recitamos leyendo un párrafo cada uno.


Jesús, soy Juan,

que estaba en el desierto bautizando

y predicando un bautizo de conversión, para que desapareciese

todo lo que estaba alejando a Dios de la humanidad.

Lo dice la Sagrada Escritura por boca del profeta Isaías:

yo envío mi ángel delante de ti para que te prepare el camino. Una voz grita en el desierto: preparad el camino del Señor, allanad sus senderos”.

 

Yo preparaba, Jesús, tu camino;

era el ángel que iba delante de ti

para que tu pueblo se abriese a tu venida.

 

Tú eres el esposo que viene al encuentro de tu esposa,

de la humanidad entera, el pueblo de Dios. Yo preparaba a la esposa con agua,

para que tú la ungieses con Espíritu Santo.

 

Acudía hacia mí la gente de Judea y de Jerusalén,

pero llegaste desde Nazaret, de la Galilea llena de paganos.


Fuiste sumergido por mí en el Jordán, apenas subiste del agua,

viste que el cielo se rasgaba.

 

Sí, Jesús,

en ti el cielo se abre,

se abre a la plena comunicación entre Dios y la humanidad.

 

El Espíritu bajaba hacia ti, como al principio se cernía

en forma de  paloma sobre las aguas.

 

Y se o una voz del cielo: Tú eres mi Hijo, el amado en ti me complazco”.

Tú eres el Hijo de Dios,

que, como el Siervo del Señor,

llevas el amor de Dios a todas las naciones.

 

A lo largo de toda tu vida fuiste tentado, intentaron alejarte de tu estilo,

adulterar tu espíritu;

pero tú siempre te mantuviste firme en medio de las fieras

y los ángeles te servían.

 

Jesús, yo quiero ser siempre

el ángel que te prepare el camino.

 

“Cómo oran los personajes del Evangelio”. Rodolf Puigdollers


 
 
 
 
 
La Oración no acaba aquí, llévala a tu vida!!!!
 
 
 
 
 
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Categorías:Liturgia
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