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EL LAICADO COMO DISCÍPULOS EN LA IGLESIA

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EL LAICADO COMO DISCÍPULOS EN LA IGLESIA

+ Carlos Aguiar Retes

Obispo de Texcoco y

Primer Vicepresidente del CELAM

Me han pedido esta ponencia para iniciar y motivar la reflexión sobre el Laicado en la vida de la Iglesia, tema elegido para esta XXXIV Reunión de Obispos de la Iglesia en América. He estructurado la ponencia en cuatro partes:

  • El tema del discipulado laical en la Iglesia que peregrina en América Latina.
  • Conciencia, formación y vida de los discípulos de Cristo en América Latina.
  • Desafíos actuales para mantener y promover la escuela de discípulos.
  • Posibles alternativas para generar discípulos en el contexto actual.
  1. El tema del discipulado laical en la Iglesia que peregrina en América Latina

La V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano ha quedado aprobada por el Santo Padre Benedicto XVI para mayo del 2007 en Aparecida, Brasil, con el tema: Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él tengan vida. Y con el lema “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”.

A lo largo de los últimos decenios en los encuentros episcopales, especialmente en las 4 Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano ha sido constante el señalamiento de un problema que padece la Iglesia en nuestros pueblos. La mayoría de los católicos manifiestan en su conducta una grave incoherencia con lo que dicen creer. Es decir, en la práctica expresan un divorcio entre fe y vida.

De distintas maneras se ha aludido a tal fenómeno: ignorancia religiosa, poco conocimiento bíblico, debilidad ante el embate de las sectas, fe o religiosidad superficial, falta de compromiso, distanciamiento o frialdad en la práctica sacramental, católicos de nombre, despersonalización o masificación en la atención pastoral, etc.

Veamos algunas citas que confirman la presencia de dicho señalamiento.

Primera Conferencia General (Río de Janeiro 1955)

 

  • La Conferencia de Río advierte al introducir el apartado VII el grave problema que plantean el protestantismo y los varios movimientos acatólicos que se han introducido en las Naciones Latinoamericanas, amenazando su tradicional cultura católica.
  • Llama la atención sobre la necesidad de formar convenientemente las conciencias de los católicos en el deber de mantenerse fieles a la Iglesia y de defender su fe y la de sus hijos, preocupándose seriamente de que reciban una educación católica y evitando cuidadosamente el exponerles al peligro de la apostasía, sobre todo enviándolos a instituciones católicas (No. 71).

 

Segunda Conferencia General (Medellín 1968)

 

  • En el cuarto apartado sobre la educación en el No. 3, Medellín afirma existe, en primer lugar, el vasto sector de los hombres “marginados” de la cultura, los analfabetos, y especialmente los analfabetos indígenas, privados a veces hasta del beneficio elemental de la comunicación por medio de una lengua común. Su ignorancia es una servidumbre inhumana. Su liberación, una responsabilidad de todos los hombres latinoamericanos. Deben ser liberados de sus prejuicios y supersticiones, de sus complejos e inhibiciones, de sus fanatismos, de su sentido fatalista, de su incomprensión temerosa del mundo en que viven, de su desconfianza y de su pasividad.
  • También en el apartado sexto sobre Pastoral Popular en el No. 1 dice en la gran masa de bautizados de América Latina las condiciones de fe, creencias y prácticas cristianas son muy diversas, no solo de un país a otro, sino entre regiones de un mismo país, y entre los diversos niveles sociales. Se encuentran grupos étnicos semipaganizados; masas campesinas que conservan una profunda religiosidad y masas de marginados con sentimientos religiosos, pero de muy baja práctica cristiana.
  • Más adelante, en el mismo apartado en el No. 2, continúa diciendo se advierte en la expresión de la religiosidad popular una enorme reserva de virtudes auténticamente cristianas, especialmente en orden a la caridad, aún cuando muestre deficiencias en su conducta moral. Su participación en la vida cultural oficial es casi nula y su adhesión a la organización de la Iglesia es muy escasa.

Tercera Conferencia General (Puebla 1979)

  • Puebla de manera más explicita hace alusión al señalamiento en el No. 783, que posteriormente será retomado por Santo Domingo en el No. 96. Mientras estas tensiones afectan principalmente a quienes participan en movimientos laicos, grandes sectores del laicado latinoamericano no han tomado conciencia plena de su pertenencia a la Iglesia y viven afectados por la incoherencia entre la fe que dicen profesar y practicar y el compromiso real que asumen en la sociedad. Divorcio entre fe y vida agudizado por el secularismo y por un sistema que antepone el tener más al ser más.
  • Antes en el No. 437 había ya hablado sobre la fragilidad y debilidad de la influencia de la fe para penetrar los criterios y las decisiones de los sectores responsables del liderazgo ideológico y de la organización de la convivencia social y económica de nuestros pueblos. En pueblos de arraigada fe cristiana se han impuesto estructuras generadoras de injusticia. Estas que están en conexión con el proceso de expansión del capitalismo liberal y que en algunas partes se transforman en otras inspiradas por el colectivismo marxista, nacen de las ideologías de culturas dominantes y son incoherentes con la fe propia de nuestra cultura popular.

 

Cuarta Conferencia General (Santo Domingo 1992)

 

  • La Conferencia de Santo Domingo, al ir explicando la Nueva Evangelización señala en el No. 24 que ésta surge en América Latina como respuesta a los problemas que presenta la realidad de un continente en el cual se da un divorcio entre fe y vida hasta producir clamorosas situaciones de injusticia, desigualdad social y violencia. Implica afrontar la grandiosa tarea de infundir energías al cristianismo de América Latina.
  • Después, en el No. 161, cuando introduce el tema de la Promoción Humana retomando el No. 437 de Puebla afirma la falta de coherencia entre la fe que se profesa y la vida cotidiana es una de las varias causas que generan pobreza en nuestros países, porque los cristianos no han sabido encontrar en la fe la fuerza necesaria para penetrar los criterios y las decisiones de los sectores responsables del liderazgo ideológico y de la organización de la convivencia social, económica y política de nuestros pueblos.

Hacia la Quinta Conferencia General (2007)

Al recorrer brevemente estos textos percibimos la preocupación episcopal de evangelizar un gran número de católicos, que por cultura han recibido la fe y los sacramentos, pero no han podido obtener la feliz gracia del encuentro con Jesucristo vivo, y por ende, ni perciben ni expresan la alegría y la esperanza propias del discípulo de Cristo. Su pertenencia a la Iglesia es más de nombre, quedando al margen el compromiso característico de un buen cristiano: dar la vida por los demás, para lo cual es indispensable la aceptación de la propia cruz, de la renuncia, del sufrimiento y de la muerte misma a la luz de la resurrección, siendo así capaces de asumir la misión con generosidad y donación de sí mismo, en comunión y sentido de Iglesia, y con la conciencia de obedecer al Padre como consecuencia de la vocación.

El divorcio entre fe y vida es una constatación dolorosa. La religiosidad de nuestros pueblos, mantenida a lo largo de siglos, no ha podido convertirse en instrumento de evangelización que lleve a vivir la espiritualidad cristiana, propia de los discípulos de Jesucristo. Sin embargo, hay conciencia del problema, hay camino andado, hay esfuerzos que van cristalizando el sueño de una Iglesia viva, servidora del Reino, hay primicias que anuncian la oportunidad histórica de generar un dinamismo pastoral que convierta la religiosidad en recurso eficaz de la Nueva Evangelización.

Si bien es cierto que una mayoría de los católicos viven dicho divorcio entre fe y vida, también es cierto que la Iglesia cuenta con un número considerable de católicos coherentes que con su entrega y compromiso generoso sostienen la vida cristiana y dan testimonio ejemplar. Gracias a estos agentes de pastoral (obispos, sacerdotes, consagrados, laicos) la Iglesia sigue viva y mantiene como Institución un alto grado de confiabilidad en la sociedad.

El tema propuesto para la Quinta Conferencia General ha ido calando positivamente en el ánimo de los obispos, sacerdotes, consagrados y agentes de pastoral de América Latina. Resurge la esperanza de lanzar una gran movilización desde los pequeños grupos de discípulos, particularmente laicos, que vayan extendiendo en círculos la conciencia vocacional y la respuesta para la misión.

En la preparación hacia la Quinta CELAM se vislumbra un horizonte esperanzador al centrar el tema en el sujeto de la evangelización. La gran tarea es alcanzar la meta propuesta por el Papa Juan Pablo II en la NMI: hacer de la Iglesia, casa y escuela de comunión. Es decir que todos tengan un lugar en ella y que haya el aprendizaje necesario para vivir la comunión.

  1. Conciencia, formación y vida de los discípulos de Cristo en América Latina

Considero que la Iglesia en Latinoamérica y el Caribe, ha dado respuesta a lo pedido en Río de Janeiro (1955) y en las siguientes reflexiones del magisterio pontificio y episcopal, sobre la prioridad a la promoción y formación sacerdotal, a la atención de los religiosos y religiosas, e incluso para invitar a los laicos a colaborar en estas tareas con los obispos.

En estos 50 años la Iglesia ha logrado en buena medida formar a sus agentes básicos para garantizar las estructuras fundamentales de la pastoral y darle vida a la comunidad cristiana.

Si como afirmamos, la mayor parte de los católicos latinoamericanos son incoherentes, y no han dado un conveniente testimonio de la fe, me parece oportuno preguntarnos en esta segunda parte ¿cómo ha sido posible que nuestros pueblos se hayan mantenido cristianos?

Además de la indudable presencia del Espíritu Santo que derrama sus gracias sobre el pueblo latinoamericano, expongo algunos factores que humana y socio lógicamente explican la transmisión del evangelio.

 

2.1    La familia, transmisora de la cultura cristiana

Sin lugar a dudas la familia ha logrado ser el ambiente y el espacio que privilegia la transmisión de los valores cristianos. Con mucha razón el Papa Juan Pablo II la llamó Iglesia Doméstica.

La familia ha sido el principal baluarte para la transmisión de la fe. Todavía hoy día en los sondeos de opinión, cuando se pregunta por qué eres católico, la gente ordinariamente responde porque mis padres eran o son católicos.

En la familia se aprende a orar, se descubre, sobretodo en la madre, un testimonio de fe y confianza en Dios, se conocen y practican las expresiones de religiosidad y devoción popular.

La familia ha sido la manifestación viva del amor y de la misericordia divina.

 

 

 

2.2    La religiosidad, vehículo evangelizador

El pueblo latinoamericano tuvo una primera evangelización adecuada a su sensibilidad. Necesitaba materializar con signos visibles (imágenes, espacios, fiestas, danzas, personas) la relación con lo sagrado.

Los primeros evangelizadores les ofrecieron para la aceptación del dolor y la desgracia la identidad con el Cristo sufriente (el nazareno) o crucificado. Para encontrar y tocar la misericordia y el amor, la figura e intercesión maternal de María. Para centrar su mirada en la presencia divina, la devoción a Jesús Eucaristía (Santísimo Sacramento). Para descubrir la transitoriedad y brevedad de la vida y capacitarse en afrontar las dificultades, las peregrinaciones. Para ofrecer los productos de la tierra y la solidaria contribución a la comunidad cristiana, las fiestas patronales con la respuesta recíproca del acceso a los sacramentos. Para alegrarse con Dios y sentirlo cerca, la música y las danzas. Para vencer al diablo y alejar los malos espíritus, la quema de pólvora y cohetes, etc.

Estas maneras diversas en sus formas pero con elementos comunes han permanecido en todos los pueblos de América Latina y el Caribe, y han sido instrumentos eficaces para mantener la religiosidad y la identidad católica de nuestros pueblos.

2.3    La cultura y sus expresiones transmisoras de los valores cristianos

No solamente se ha transmitido la fe a través de la religiosidad popular, también se han incorporado en otras formas, hábitos, y costumbres, que responden a prácticas que ayudan a la identidad católica.

Los padrinazgos, las celebraciones eucarísticas para solemnizar fiestas y aniversarios de la familia (3 años, 15 años, graduaciones, 25 y 50 aniversario de matrimonio, etc.). El arte expresado en los nacimientos para Navidad y Reyes, las Pastorelas, la veneración a los difuntos, los mismos templos y su ornamentación.

Los medios de comunicación muchas veces hacen eco a estas tradiciones y formas culturales ayudando a mantenerlas.

2.4    La condición rural y la estructura de parroquia

Durante siglos la institución fuerte que definitivamente mantuvo la identidad católica ha sido la Parroquia. Con su estructura acorde a la vida rural le dio a la comunidad cristiana dimensión humana, evitando así cualquier forma de anonimato y ayudando a superar el latente individualismo egoísta. La parroquia en las pequeñas comunidades hizo posible que la vida del pueblo fuera como familia.

La clara identidad del Párroco, en su función de líder y maestro de la comunidad, que como buen pastor conduce y acompaña a sus ovejas, ayudó a percibir la vida eclesial como experiencia comunitaria donde cada persona tiene su lugar, y a su vez, colabora para resolver las necesidades de la comunidad.

En la vida de las comunidades rurales el contacto con la naturaleza y sus ciclos es de gran beneficio para descubrir la vida humana en sus etapas y funciones y para aceptar las limitaciones que impone. Además de compaginar con el ciclo de la liturgia cristiana.

Los momentos importantes de la vida de la comunidad han sido pieza importante de la vida parroquial.

Pertenecer al pueblo y a la parroquia durante muchos años fue una misma cosa.

2.5    La santidad de los discípulos de Jesucristo

No quiero finalizar esta breve descripción sobre los factores que han ayudado a mantener la identidad cristiana de nuestros pueblos sin antes mencionar la positiva y determinante influencia de los cristianos santos, que han acompañado la vida de la Iglesia en nuestros pueblos. Desde los primeros evangelizadores, y luego los diversos personajes, que influyeron en la mentalidad y religiosidad de los católicos de Latinoamérica.

Una breve reseña se encuentra en el anexo del documento de participación hacia la Quinta Conferencia General.

III.    Desafíos actuales para mantener y promover la escuela de discípulos y misioneros de Jesucristo

El inicio de la primera carta de San Juan expresa una buena descripción de la experiencia del discípulo de Cristo: Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído y que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de la vida -…-, lo que hemos visto y oído, eso les anunciamos para que también ustedes estén en comunión con nosotros. Nosotros estamos en comunión con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Les escribimos estas cosas para que nuestra alegría sea completa.

¿De qué manera podemos promover esta transmisión de experiencia en nuestro tiempo, cuando la familia se desintegra con una rapidez alarmante, cuando la cultura se desmorona abriendo paso a la confusión y ambigüedad de valores, cuando la religiosidad del pueblo es atacada, confrontada, y alterada por muchas nuevas agrupaciones religiosas, cuando la población se ha desplazado del campo a la ciudad, y las parroquias no han encontrado la fórmula adecuada para acompañar a la comunidad de fieles cristianos?

Desafíos actuales

 

3.1    Afrontar el cambio de época

 

  • Las reflexiones del CELAM en los documentos de las Mega tendencias (1995-1999) y en el de Nueva Evangelización y Globalización (1999-2003) se constató que vivimos un “cambio de época”.
  • El cambio es tan acelerado que todos, personas e instituciones, necesitamos reubicarnos. Este momento histórico es de decisiones que marcarán el rumbo para varios siglos.
  • En este nuevo escenario algunos afirman que en el futuro la Iglesia será nuevamente una Iglesia “de catacumbas” (sólida, firme, pero pequeña y desplazada de las grandes decisiones). Otros creemos que todavía es posible trabajar por una Nueva Evangelización que influya en la transformación positiva de la cultura global. Sin embargo sea lo que sea es necesario tomar conciencia del contexto actual.
  • Considero que estamos en una transición de una cierta “cultura de cristiandad” a una “cultura de levadura”. Esto quiere decir que estamos en una sociedad plural. No estamos ya en una sociedad de cristiandad en la que la fe se impone por herencia y por cultura. Hoy la transmisión de la fe se da cada vez en menor proporción de modo automático, vía cultura. El método tiende a ser vía evangelización y como fruto del Espíritu Santo.
  • La V Conferencia General está llamada a ser un cruce de camino que definirá el modo de la presencia de la Iglesia en nuestro continente.

 

3.2    Generar una Pastoral Urbana que promueva y haga vivir el discipulado

 

  • Es indispensable considerar la transformación de las estructuras parroquiales para que encuentren la forma de superar las limitaciones territoriales que ya no coinciden con la identidad de su feligresía.
  • Las parroquias en el ámbito urbano no pueden desarrollar su misión independientemente, se necesitan unas a otras. Urge la espiritualidad de la comunión en todos los agentes, y que se vea expresada en la ejecución de los planes pastorales.

3.3    Preparar las escuelas de discipulado que promuevan, formen, y acompañen a los discípulos laicos en su tarea de evangelizar las estructuras socio temporales, y en general, la realidad social.

  • Es conocido por todos que el Concilio Vaticano II definió el ámbito temporal como el campo propio de la acción laical. Sin embargo uno encuentra de ordinario que la Iglesia como institución (Diócesis, Parroquia) está más orientada a formar laicos para el servicio de la actividad interna, y son más bien excepciones muy laudables descubrir algunos movimientos laicales que han emprendido la tarea de formar laicos para el servicio de tareas temporales.
  • Sin embargo es necesario afirmar que “es insuficiente y reductivo pensar que el compromiso social de los católicos se deba limitar a una simple transformación de las estructuras, pues si en la base no hay una cultura capaz de acoger, justificar y proyectar las instancias que derivan de la fe y la moral, las transformaciones se apoyarán siempre sobre fundamentos frágiles”[1]. Así, el desafío que tenemos al intentar repensar la presencia de los católicos en la política no es simplemente el desafío de la falta de un cierto «plan» o de una cierta «estrategia» organizada de transformación estructural, sino el reto de cómo revitalizar auténticamente la cultura a través de la vivencia de la fe y de cómo reproponer la fe al interior de una cultura y de unas estructuras que en muchas ocasiones sólo aprecian el encuentro con Jesús como un fenómeno significativo para la vida privada.
  1. Posibles alternativas para generar discípulos en el contexto actual

Ahora la Iglesia constata la inaplazable tarea de formar discípulos laicos que lleven la levadura del evangelio a la sociedad y logren que los valores cristianos queden incluidos en la nueva cultura postmoderna.

Alternativas

Un camino que la Iglesia ha recorrido, sobretodo después del Concilio Vaticano II, es la promoción de los diversos Movimientos eclesiales que especialmente se han dedicado a formar fieles laicos.

Por ello, considero que será una ocasión propicia y enriquecedora, en el sentido de encontrar caminos de discipulado, la iniciativa que el PCL y el CELAM han preparado para el próximo mes de marzo.

Pero a reserva de lo que ahí se produzca, presento dos elementos que a mi parecer conviene tener presente en la búsqueda de la formación de discípulos laicos.

4.1    Una Iglesia convertida es una Iglesia “discípula”

 

  • La Iglesia debe vivir y dar testimonio de ser una Iglesia convertida, con plena conciencia de su conversión pastoral.
  • Es necesario asumir con mayor franqueza nuestra frágil condición humana, y manifestar nuestra esperanza en la redención de Jesucristo.
  • La conversión es el camino a la santidad.

 

4.2    Promover círculos de Discipulado en todos los niveles y sectores de la Iglesia

 

  • La catequesis se expresa como una enseñanza doctrinal que luego debe vivirse. Es la lógica del decir y hacer.
  • La cercanía con Jesús es para entenderse como sus discípulos y como los principales interlocutores de la acción mesiánica de Jesús. Por ello, es indispensable sentarse a su alrededor para escucharlo (en la Biblia y especialmente en los Evangelios), para encontrarlo en la Liturgia, y para descubrirlo presente en la Caridad[2].
  • Jesucristo no tiene un discípulo, tiene 12. El discípulo se hace en comunidad. Incluso entre las mismas discípulas: Magdalena sigue a Jesús junto con otras mujeres.
  • El discipulado hay que entenderlo imaginativamente, de muchas formas, y propiciar que se dé en los tres grandes ambientes: familia, escuela, trabajo.
  • Con creatividad e ingenio deben descubrirse las nuevas formas y expresiones del discipulado.
  • ¿Lograremos que nuestra presencia de Iglesia camine con un estilo de vida sustentado en el compartir y en el acompañamiento personal y comunitario?
  • ¿Quién y de qué manera gesta los círculos de discipulado entre los católicos que se lanzan a la política, entre los que trabajan en los MCS, en los sindicatos e industrias, y en otras actividades en medio del mundo? Les decimos que se lancen pero ¿cómo los acompañamos? ¿Cómo se defienden de la corrupción, si quedan solos ante la realidad y el compromiso?

Conclusión

Me parece oportuno concluir estas reflexiones con las palabras del documento ECCLESIA IN AMERICA que tanto ha guiado estos encuentros episcopales:

 

<< La doctrina del Concilio Vaticano II sobre la unidad de la Iglesia, como Pueblo de Dios congregado en la unidad del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, subraya que son comunes a la dignidad de todos los bautizados la imitación y el seguimiento de Cristo, la comunión mutua y el mandato misional >>. Es necesario, por tanto, que los fieles laicos sean conscientes de su dignidad de bautizados. Por su parte, los Pastores han de estimar profundamente << el testimonio y la acción evangelizadora de los laicos que integrados en el pueblo de Dios con espiritualidad de comunión conducen a sus hermanos al encuentro con Jesucristo vivo. La renovación de la Iglesia en América no será posible sin la presencia activa de los laicos. Por eso, en gran parte, recae en ellos la responsabilidad del futuro de la Iglesia >> (EIA 44).

Toronto, Canadá

14-15 de febrero de 2006

[1]   Congregación para la Doctrina de la Fe, Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política, 24 de noviembre de 2002, n. 7.

[2]   EIA Nº 12 Lugares de encuentro con Cristo.

Categorías:Laicos
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