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LA MISERICORDIA EN LA BIBLIA Y EN LA TRADICIÓN DE LA IGLESIA

LA MISERICORDIA EN LA BIBLIA Y EN LA TRADICIÓN DE LA IGLESIA

(Por el Hno. Roberto Villa)

http://www.mercaba.org/ARTICULOS/M/misericordia_en_la_biblia_y_tradicion.htm

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Despertar a la Misericordia

Cuando piensas en Dios, ¿ cómo te lo imaginas? Con un rostro sonriente o más bien  Embroncado? Intenta describirlo .

Introducción

Cuando se piensa en Dios, a menudo se hacen dos errores: de un lado lo imaginamos como muy severo y exigente, del otro a menudo no lo tomamos en serio suficientemente e lo imaginamos como una persona buena y que perdona fácilmente.

La Biblia nos enseña que Dios es al mismo tiempo justo y misericordioso.

Todos estamos de acuerdo que la misericordia no es un eslogan, o un simple “rasgo” del cristiano, sino, y sin lugar a dudas, mi forma de ser, algo imprescindible con su fe. Sin misericordia no hay cristiano.

Dios: Dios no es misericordioso, sino que es la misericordia. Cuando San Pablo usa la frase “ Dios es rico en Misericordia” está intentando tímidamente, expresar la misericordia infinitamente profunda y muy parcialmente entendible por nosotros. La palabra “Rico”, desde luego, queda muy corta frente a Dios. La misericordia es la forma de ser de Dios, y por lo tanto es la forma de ser de Jesús, de la Iglesia, y nuestra. No somos misericordiosos porque somos misericordistas, sino porque conocemos a Dios.

 

DEFINICIÓN DEL TERMINO MISERICORDIA

Toda la Biblia es historia de la misericordia siendo historia del camino de Dios con el hombre y la relación entre Dios y el hombre es historia de misericordia

En el A.T. bien treinta veces viene empleado el termino “misericordioso”: sólo dos veces  está dirigido al  hombre.

El A. T. es una continua exaltación de la misericordia de Dios; y paradójicamente, su experiencia más profunda se da en los momentos de infidelidad y de dolor.

El pueblo descubre que Dios no es un frío bienhechor  sino un amigo fiel, tierno, cálido, tiene en plenitud los rasgos de un Padre y de una madre.

Los profetas por  ejemplo, pregonan esta misericordia, nos dan a conocer una misericordia que potencia especialmente el amor, que prevalece sobre el pecado y la infidelidad del pueblo. Por eso, la misericordia es como algo dinámico que transforma, cambia, promueve, renueva, hace crecer (muy importante, esto para nosotros antropológicamente) y no algo pasivo.

Liga la imagen de Dios como esposo fiel … casáte con una prostituta “te amaré más allá de tus infidelidades“ “Te desposare conmigo para siempre y te desposare en justicia y en derecho, en amor y ternura”.

Aquí ya entramos en una dimensión de la misericordia de Dios muy inentendible  y escandalosa, que. este Jesús de Nazaret reflejará plenamente en su vida.

La palabra misericordia tiene su origen en las palabras hebreas Hesed y Rahamin La mentalidad Judía, a diferencia de la griega (la nuestra), que es abstracta, conceptual, es dinámica, práctica. El Judío  tiene que relacionar todo  concepto abstracto, con algo concreto dinámico, para poderlo entender y vivenciar. Así que como nosotros. Le definimos a Dios como Padre y Madre, hablando en términos antropológicos los libros del  A. T. enmarcan la misericordia de Dios dándoles rasgos masculinos y femeninos.  Dios ama y se hace responsable de este amor.

Hesed: Indica una actitud de profunda bondad y, esta bondad, entre dos hombres, implica FIDELIDAD recíproca, pero (y esto es el meollo de todo) esta fidelidad  recíproca, es fruto de una fidelidad hacia sí mismo Dios es fiel con su pueblo porque es fiel a su amor hacia nosotros, a su compromiso de amor aquí, reafirmamos que, amor y fidelidad son inmóviles (matrimonio) Dios es fiel con su pueblo, no por los méritos de este último (que a menudo lo traiciona) sino por su coherencia de amor y, pues, de fidelidad (esta es también la raíz de la doctrina de la justificación) por eso, esta fidelidad de amor, es más fuerte que el pecado de Israel. (Amor dinámico, amor que salva).

Rahamin: Otro vocablo que en la terminología del A.T. sirve para definir la misericordia, es Rahamin.

Rahamin, expresa el “amor de madre” (Rehem  = regazo materno) bien rasgos típicamente femeninos es el amor entrañable que liga a la mamá con su propio hijo. Brota de la unión especial entre  madre  e hijo. Esta mamá que construyo en su cuerpo todas las fibras de su hijo un amor gratuito, que sale  de adentro. No es fruto de mérito un hijo no tiene mérito, es amado por su madre gratuitamente.

Importante: Es una necesidad interior, una exigencia del corazón.

Nuestro vocabulario cotidiano confunde, habitualmente, el significado de dos palabras: “misericordia” y “lastima”. Ambas voces tienen un significado muy distinto.  Convendrá distinguirla.

La palabra “misericordia” se origina en la lengua latina y es el resultado de la suma de dos términos distintos: Miser que significa “pobre”, y corda que traducimos por “corazón”. La misericordia es la capacidad de entregar algo de sí mismo a la pobreza del corazón de mi hermano. Así actúa siempre Jesús: al corazón pobre de la pecadora, Jesús le entrega el perdón; a la mirada deshecha de Pedro en las negaciones, Jesús la llena con el consuelo; el  sufrimiento desesperado del buen ladrón en la cruz lo colma el Señor con la certeza del reino. La misericordia pasa siempre por el esfuerzo de arrancar algo de mí, para que sirva al crecimiento humano del otro.

¡ Qué distinta son la lástima y la misericordia! La lástima implica darse cuenta de la pobreza del otro y sentir, por qué no, remordimiento ante el dolor del hermano. Pero la lastima acaba siempre por pasar de largo ante el sufrimiento del prójimo y tolerar que el estado de opresión se mantenga de manera permanente. La misericordia, es algo muy distinto: entregar algo de sí mismo a la pobreza del corazón de mi hermano para que éste crezca en humanidad. La misericordia es una gran virtud, la lástima no pasa de ser un triste defecto.

 

MISERICORDIA ES DES-ENCUBRIR LA REALIDAD

Cristo el Señor que libera desde la misericordia, se caracteriza por una actitud constante de plegaria: el contacto permanente y fiel con el Padre.

Para descubrir la realidad de nuestro prójimo, y ser capaces de ver en él a Jesús que sufre, es necesaria una vida de plegaria. Una vida acostumbrada a ver la realidad de los hombres y de las cosas con los ojos de Dios.

 

El término oración – en la acepción que del mismo realiza la  Sagrada Escritura – es un poco más amplio que nuestro concepto de plegaria. Implica, también, el análisis de la realidad, la confrontación, la lectura creyente de los hechos, la denuncia profética. La parábola del Buen Samaritano, que empezaba con la pregunta del escriba a Jesús ¿ Quién es mi prójimo?, nos presenta al maestro que no responde a la pregunta , sino que contesta formulándole al escriba otra pregunta: “ Quién fue prójimo de aquel herido en el camino?

Lo que importa no es “saber”quien es el prójimo – lo sabían el sacerdote y el levita- sino saber “quién necesita próximos” y “saber ser “ próximo del herido en el camino. NO es cuestión de teoría sino de misericordia eficaz.-

Nuestra relación con Dios no sólo tiene que moverse en la conciencia cierta de tener un Dios rico en misericordia, sino que El mismo nos exige que sean nuevas también  las relaciones con el prójimo. Esta novedad de relaciones interpersonales está a la consigna de la bienaventuranza de la misericordia que nos anuncia Jesús, en el sermón de la montaña, o sea de aquel gozo que llena el corazón de quien, ejerciendo la misericordia, nada, en la misericordia de Dios.

Así, decimos, que primer paso para ejercer la misericordia hacia el hermano es descubrir o des-encubrir la realidad.

¿ Cómo conocemos la realidad? ¿ Qué conocemos de ella? Durante mucho tiempo este problema fue el fundamental de la filosofía. De sus respuestas nacieron dos sistemas sociales que finalmente terminaron dividiéndose el dominio político del mundo: el capitalismo (hijo del idealismo liberal) y el socialismo (hijo del materialismo). El idealismo afirma que sólo existe lo que conozco; de tal manera llegó a identificar la realidad con lo que conocemos, El materialismo, caminando en sentido opuesto, dice que sólo conozco lo que domino.

Quizá ahora, en el momento actual del pragmatismo craso, la afirmación sería “ sólo existe lo que uso”, y que “sólo conozco lo que me dan a conocer los medio de comunicación” Por otro lado, grandes sectores de conocimiento quedan reservados casi exclusivamente a los especialistas. Y no hablamos sólo de los conocimientos científicos: la educación, la cultura, la economía, la política tiende a reservarse para los especialistas, con el consiguiente relegamiento del hombre común cuyos conocimientos se consideran inadecuados e inútiles.

El hombre actual vive con la conciencia de saber poco, y de que la verdad se le da en dosis, de acuerdo a los intereses de los medios de comunicación o de los grandes poderes de este mundo. Al llegar la información tan seleccionada y deformada resulta imposible distinguir entre la realidad y la fantasía, entre la verdad y la mentira, entre bueno y malo, justicia e injusticia: tan parecida han llegado a ser, por culpa de “quienes aprisionan la verdad con la injusticia (Rom. 1, 18).

Pero el problema más dramático detrás de la deformación de la realidad, no es tanto el conocerla o no, sino lo que hay en realidad es vida o muerte.

La tradición de la Iglesia después del Concilio, sobre todo en América Latina, junto a todo un movimiento que surgió en el continente de denuncia contra la injusticia de la realidad, ha sido fundamental para dar el paso, de la ilusión que encubre e manipula la realidad, a la honestidad con lo real: a descubrir otro principio de conocimiento: Conocemos lo que compadecemos

El samaritano de la parábola, ante el dolor del hombre herido, se compadece, y esta actitud suya es el mismo sentimiento de Dios frente al sufrimiento de sus criaturas.

El samaritano al ver al hombre herido siente misericordia. El texto bíblico nos dice “se le conmovieron las entrañas” ante la presencia de aquel hombre herido. El hecho de “conmoverse las entrañas” no es, en modo alguno, una expresión banal. En el lenguaje bíblico “conmoverse las entrañas” indica lo que sucede a una madre cuando va a dar a la luz un hijo. Esta acción indica, de una manera externa, todo el amor y entrega que una madre pone a favor de su hijo. Ya veíamos como el Antiguo Testamento, hablándonos de la forma en que Dios ama los hombres, usa la misma expresión. A Dios también “ se le conmueven las entrañas” ante el padecimiento de sus hijos, que son todos los habitantes de nuestra tierra.

La actitud del samaritano ante el dolor del hombre herido, es el mismo sentimiento de Dios frente al sufrimiento de sus criaturas. El samaritano no se limita a tener un simple sentimiento de “lástima” ante el dolor ajeno como lo hicieron el sacerdote y el escriba. Él añade una acción a favor de aquel hombre que sufre. Esta acción llenará “la pobreza del corazón de su hermano”.

Conocer la realidad desde una mirada de misericordia es hacerse “conmover” por una realidad de pobreza que ha veces hemos banalizado, desdramatizado, ideologizado. Nos olvidamos que la pobreza es falta de conocimientos, de carencia de salud, desprotección ante la naturaleza, mala alimentación, muerte injusta y antes de tiempo, condena a muerte ya desde el seno materno.

Nos preguntamos a menudo “¿ Quién es el pobre?, una pregunta parecida a la del escriba a Jesús “¿Quién es mi prójimo?

Jon Sobrino nos da esta definición:”Pobres son los que tienen en su contra a todos los poderes del mundo. Tienen en su contra, ciertamente, a las oligarquías y a las  empresas multinacionales, a las fuerzas armadas y prácticamente a todos los gobiernos. Pero tampoco los partidos políticos, las universidades, e incluso las iglesias, se preocupan mucho de ellos…

 

EL DIOS DE JESÚS, ES UN DIOS RICO EN MISERICORDIA

Con esto vamos , despertando también de un sueño sobre Dios, de darle gloria, vamos descubriendo que la gloria de Dios es que el hombre viva; y que la vida del hombre es ver a Dios. Pero ¿ dónde se ve a Dios?¿ Y cual es el Dios que nos hace ver Jesús?

El Dios  que nos presenta Jesús no es el Dios del poder, sino el Dios impotente: un Dios cuyo proyecto es burlado, frustrado. Pero un Dios que, sin embargo, sigue alentando la vida, cuidando de ella. El Dios de Jesús: el Abba.

Este Dios que ama de manera entrañable a sus hijos, nos hace  despertar que el verdadero hombre es aquel que está en compañía de todos aquellos que en el mundo están heridos en el camino y que reacciona con misericordia.

Una misericordia no nacida ni del mero sentimiento ni de un imperativo ético sino de una reacción primaria ante el que sufre, ante la víctima, y que se convierte en el principio de discernimiento y acción.

La misericordia consiste en apropiarse uno del sufrimiento ajeno de tal manera que se produce una re-acción sin más motivos que el hecho mismo del sufrimiento; no por cumplir con un mandamiento, ni para buscar la propia perfección, sino como única reacción primaria humana válida e incuestionable.

Esta misericordia convertida en “principio”, no meramente en acciones, se convierte en lo más fundamental de todo, lo que hay que anteponer a cualquier cosa, incluso a la propia vida y a la misma vida de la institución.

Este principio- misericordia, del cual sobre todo nos habla el conocido teólogo Jon Sobrino es:

“ Amor específico que está en el origen de un proceso de liberación y que permanece presente y activo a lo largo de su desarrollo, otorgándole una determinada orientación y configurando los diversos elementos dentro del proceso mismo.

“Reaccionar con misericordia significa, entonces desvivirse por “bajarlos de la cruz”…trabajar por la justicia, y poner al servicio de ella, todas las capacidades humanas, intelectuales, religiosas, tecnológicas…”

La misericordia es una re-acción personal ante las víctimas de este mundo: el sufrimiento ajeno es interiorizado en uno mismo y mueve a una re-acción sin más motivos para ello que el mero hecho del hombre pisoteado por el mismo hombre.

Esta actitud forma parte de la fe del pueblo israelita que, justamente ha conocido a Yavhé no a través de unas nociones más o menos originales de Dios, sino a través de múltiples intervenciones en la historia del pueblo.

Es sabido – continúa diciéndonos Jon Sobrino – que al origen del proceso salvífico está presente una acción amorosa de Dios: “He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído sus quejas contra los opresores, me he fijado en sus sufrimientos y he bajado a liberarlos”. (Ex 3, 7 s). Es hasta cierto punto secundario establecer con qué término haya que describir esa acción de Dios, aunque lo más adecuado es denominarla liberación; lo que aquí más nos interesa recalcar es la estructura del movimiento liberador en el que Dios

  • Escucha los clamores de un pueblo sufriente
  • Interioriza ese mismo sufrimiento, haciendo que sea como algo personal.
  • Emprende una acción liberadora como una re-acción a toda una estructura esclavizadora.

 

Todo este proceso está animado de un único sentimiento amoroso que llamamos “misericordia”. Además, el principio de la reacción de la misericordia no está sólo al origen de la acción de Dios, pues permanece como una constante fundamental en todo el Antiguo Testamento. Por ello, a lo largo de toda la Historia de la Salvación nos encontramos con un Dios parcial, un Dios que está al lado de las víctimas de toda injusticia y se erige en defensor, exigiendo justicia y denunciando a los que producen un sufrimiento injusto. En las páginas de la Sagrada Escritura tenemos innumerables ejemplos y textos para demostrar la parcialidad de Dios en favor de los pobres y débiles. Los profetas son los que tienen despierta en el pueblo la idea de que Dios siente compasión del pobre y, al mismo tiempo, fustiga a los opresores.

 

Profundización del concepto – misericordia

Una observación atenta de los Libros Sagrados nos descubre dos realidades que se ha dado en la historia del pueblo de Israel y, seguramente las podríamos encontrar también en la historia de todos los pueblos civilizados:

  1. a) En primer lugar podemos constatar que la misma idea de “misericordia” fue el origen de la “justicia”. Con razón se dice que la justicia es neutral; sin embargo, el origen de la justicia fue la defensa del pobre: el rico, por definición, tiene dinero y poder y en su enfrentarse con el pobre, si es él quien tiene la razón, la implanta sin recurrir al juez ni a la justicia; por el contrario, con frecuencia impone su voluntad sin tener la razón (con la razón del más fuerte). En cambio el pobre carece de dinero y de poder: si no tiene razón (y poderosa), ni se le ocurre pelear contra el rico. Pero, si tiene razón, ¿a quien puede recurrir? El único recurso es el juez y el derecho. Aquí está el meollo de la cuestión y la finalidad última de la misericordia: la justicia. Esta idea la podemos encontrar en las denuncias proféticas:

 

“Estoy harto de holocaustos … Den sus derechos a los oprimidos, hagan justicia a los huérfanos, aboguen por la viuda” (Is. 1, 11 y 17)

“Escuchen esto los que pisotean al pobre y quieren suprimir a los humildes en la tierra diciendo: ¿Cuándo pasará el novilunio y el sábado para achicar la medida y aumentar el peso, falsificando la balanza, para comprar por dinero a los débiles y al pobre por un par de sandalias?

Nos damos cuenta que la justicia nació como salvaguarda de los pobres, de su conciencia de hombres con derechos y que necesitan hacerlos valer.

  1. b) En segundo lugar, se puede observar que muchas actuaciones, que en un principio entraban en el ámbito de la misericordia, se han transformado en derechos. Pensemos en la educación: hasta hace poco el “instruir a los ignorantes “ era una obra de misericordia y, para ello, han surgido muchas Congregaciones religiosas. Hoy en día la misma educación se proclama como uno de los mayores derechos del niño y del hombre en general. De la misma manera, ha sucedido con la asistencia a los enfermos o a los ancianos,…. Es como si, a través de “la misericordia se crea un movimiento hacia la justicia”. El ámbito de la misericordia es aquel en el que aún no ha llegado la justicia. Por ello, hacer o tener misericordia no es el mantener el “status quo”, el inmovilismo social de la justicia, sino que es luchar por los derechos de los más débiles; se cree en su dignidad como hombre y como persona, y para el cristiano, como hijo de Dios, independientemente de su poder y de su riqueza. La misericordia lleva a la justicia.

 

Tener misericordia no es compadecerse desde una situación de privilegio, sino sentir en su propia carne los estragos de una injusticia estructural, de la injusticia de “la justicia”.

Misericordia es mirar al “otro” como a un sujeto de derechos y es luchar para que éstos lleguen a todos, independientemente de la situación de poder y de la potencia económica que se tenga.

Sólo cuando se llegue a la verdadera justicia, a la justicia plena, ya no se necesitará misericordia. Pero ¿no es esto una utopía? Mientras tanto es necesario luchar en favor de los pobres y de los más desvalidos. Dios no es injusto por ser misericordioso…. El que su justicia supere la nuestra y llegue donde la justicia humana deja de cubrir las verdaderas necesidades es una garantía del amor que Dios nos tiene a todos los hombres.

Al profundizar así el concepto de misericordia, vemos como éste se torna en justicia, pero en una justicia muy incómoda y, por ende, perseguida por los poderosos; por ello la misericordia tiene que mantenerse con fortaleza, pues existe un muy pequeño trecho entre el ser considerado misericordioso y ser tildado de subversivo, reaccionario o profeta del odio. Muchos, llevados de un espíritu misericordioso, lucharon por la justicia y fueron asesinados (Romero, Ellacuría, …). En otras palabras: para una misericordia bien entendida hay que arriesgar y enfrentarse a un orden ya establecido por los que más pueden y contrario a los que no tienen voz..

 

LA MISERICORDIA EL MODO DE SER DE LA IGLESIA

Sin duda vivimos en la Iglesia momentos de desconcierto. Hemos perdidos el rumbo de los valores fundamentales, y después de años de desconciertos nos debatimos entre dos corrientes de moralidad: el fundamentalismo objetivista y el subjetivismo anárquico.

Es difícil responder si en la Iglesia pueda haber hoy un criterio normativo de toda acción humana y para todas la misión eclesial. Es hacernos la pregunta sobre la identidad cristiana y eclesial. Jesús nos da una respuesta: es el “principio de  misericordia” del cual ya hablamos anteriormente. Es en torno al sufrimiento concreto donde coinciden la necesidad objetiva convertida en norma de acción y la capacidad subjetiva de hacerse prójimo y amar eficazmente.

La Iglesia tiene muchas tareas: debe proclamar la verdad, debe velar por la unidad de la fe, debe velar por las buenas costumbres. Pero por encima de todo, debe dar buenas nuevas, que es  su misión y lo que la constituye en Iglesia de  Jesús, en servidora del Reino.- Evangelizar constituye, en efecto, la dicha y vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda.

Ahora bien: no es lo mismo decir verdades que dar buenas nuevas. Y son buenas nuevas las que expresan acontecimientos buenos para el hombre, hechos que cambian su suerte de injusta a justa, de mentira en verdad, de opresión en libertad, d enfermedad en salud, de marginación en incorporación, de hambre en saciedad, de muerte en vida.

El lugar de la Iglesia es el mundo. Fue todo el intento del Concilio en la GS, donde la Iglesia trató de definirse en relación al hombre contemporáneo. Porque la Iglesia no es para autoalimentarse y para predicarse, ni siquiera para perfeccionarse a sí misma de una manera intimista y así salvarse, sino para evangelizar y salvar al  mundo.

Es importante que la Iglesia entienda la salvación y la evangelización a la luz del “principio-misericordia”, para no correr el riesgo de reducir la misma salvación a una predicación de una doctrina o a la mera celebración litúrgica o a la administración de los sacramentos.

Cuando la Iglesia se relaciona con el mundo a partir del principio-misericordia, se pone  en un lugar muy concreto: donde el hombre sufre y donde se escuchan los clamores de las victimas.

Entonces la Iglesia repite el camino Moisés, puesta en el lugar del clamor del oprimido descubre a Dios como compañero e esa escucha y como quien decide bajar a liberar el pueble esclavo. Descubre a otro Dios, no empeñado en la celosa defensa de sus derechos, sino comprometido en la defensa de los derechos de aquellos a quienes se le quita la vida injustamente.

El lugar de la Iglesia es el lugar del samaritano, el lugar del herido en el camino, es el otro.

Pero entre tantas heridas que tiene el mundo, la tentación de la Iglesia puede ser de atender las más leves, las menos comprometedoras. Además el mundo no se trata de un herido en el camino al que se puedas llevar a la posada en la propia cabalgadura. Debe atender a las dos terceras partes de la humanidad. A esa herida no se puede atender meramente con buenas intenciones ni con obras particulares de misericordia; es necesario incidir en las causas particulares que la producen y con los que las producen.

“En este mundo-dice Jon Sobrino se aplauden y se toleran obras de misericordia, pero no se tolera una Iglesia configurada con el principio-misericordia el cual la lleve a denunciar los salteadores que producen víctimas , a desenmascarar la mentira con la que cubren la opresión y animar a las víctimas a liberarse de ellos…Toleran que se les curen las heridas pero que no se sane la verdad del herido ni que se luche para que este no vuelva a caer en sus manos”.

Una Iglesia proyectada de esta manera, es muy fácil que sea tildada de subversiva, de parcial, de desleal a sus antiguos aliados, como el samaritano era tachado de hereje por los piadosos judíos.

Pero es posible que la Iglesia se configure y organice en toda su vida como la Iglesia samaritana, transita por la misericordia. No le irá bien al principio, ni le sea fácil perder su buena imagen. Pero poco a poco irá sintiendo crecer dentro de sí una gran “bienaventuranza”los de corazón tierno ante el sufrimiento del otro, los que padecen hambre y sed de justicia, los no violentos que hacen obra de paz, los que ven a Dios, que es en lo que consiste la vida del hombre. Entonces podrá comunicar ese gozo, entonces podrá evangelizar, entonces tendrá credibilidad, entonces podrá ser, en plenitud, la Iglesia de Jesús.

 

La Misericordia, carisma de los hermanos

En ese espíritu de misericordia y compasión él mismo formó a sus primeros religiosos: la elección de una dedicación especial a los más pobres y a los presos marcó todo el programa de la formación a la vida religiosa y apostólica.

Esta misma dimensión misericordista está fuertemente subrayada en una carta al intendente de Malinas: “He sido muy atrevido, señor, al querer fundar aquí, en Malinas, una primera casa de estos religiosos que, después de una fuerte formación y educación en el noviciado, llenos de caridad y de espíritu misericordista, podrán ser enviados a las cárceles, a los hospitales y a cualquier otro lugar en el que la caridad los llamará para prestar sus servicios a los más desfavorecidos y a los presos.”

El título de Nuestra Señora de la Misericordia que él dio a la escuelita y a la nueva comunidad de hermanos, marca maravillosamente ese proyecto de misericordia que el Espíritu Santo le había inspirado y que él, junto con sus hermanos en Cristo, debía encarnar en la sociedad y en la iglesia.

También su gran devoción a San Vicente de Paúl, apóstol de la misericordia, es muy significativa y nos da la idea del amor y la compasión que albergaba el corazón de nuestro padre Fundador. Sobre esta devoción él mismo escribe: “Os diré, hermanos míos queridos, que fue en la festividad de este preclaro apóstol de la caridad que concebí el proyecto del nuevo Instituto y todo me lleva a creer que él no estaba del todo al margen de este querer y de esta gracia extraordinaria.”

El amor misericordioso que animaba la vida y la obra del Siervo de Dios, se encuentra de forma particular en las cartas que enviaba a las autoridades de la Administración. Así, al ministro de justicia le decía: “Al tener el honor de hacerle conocer mis proyectos en la creación de un Instituto de hermanos dedicados al servicio de la caridad en las cárceles, en los hospitales y en los otro lugares en los que los hombres puedan necesitar ayuda, ..”. Y a los Consejeros de la ciudad escribía: “Sus señorías ya conocen mi proyecto para la creación de una institución tan útil a los presos y a los enfermos. Espero que tomen nota que en el proyecto de crear el Instituto Misericordista me ha guiado únicamente un espíritu de caridad y de misericordia hacia unas personas abandonadas por la sociedad.”

Este espíritu en el que surge la nueva comunidad está muy presente el 25 de enero de 1839, cuando el cardenal Sterkx consagra la capilla y entrega a los primeros novicios los Estatutos, cuyo fin se expresa así: “confortar, instruir y asistir a los encarcelados por amor a Jesucristo. Curar a los enfermos. Educar y enseñar a los necesitados y a los demás niños, para lograr de esta manera, la propia santificación”. Este día es considerado, para los hermanos como el comienzo de la Congregación.

Todo lo que se ha dicho hasta ahora forma parte del contenido teológico y vivencial de lo que nosotros llamamos espíritu misericordista: una espiritualidad que durante más de 150 años ha sido el motor de un movimiento que ha sido más allá de la Congregación de los Hermanos de Nuestra Señora de la Misericordia y reúne a toda una familia de colaboradores, alumnos, padres de alumnos, amigos en general, y a cuantos, de una u otra forma, han entrado en contacto con el espíritu de Víctor Scheppers y han comenzado a trabajar al servicio de los más necesitados y carenciados, empujados por el ideal evangélico de las bienaventuranzas.

Es cierto que las obras de los Hermanos de Nuestra Señora de la Misericordia han tenido, a lo largo del tiempo, distintas vicisitudes, según los acontecimientos históricos, las ideas del momento y, sobre todo, las necesidades de las comunidades a las que servían. Así en los comienzos la atención de los hermanos estaba centrada en los presos, en las enfermerías de las cárceles, en el cuidado humano y espiritual de los encarcelados en general y de los presos menores de edad en particular. En ese ambiente la labor de los hermanos intentaba transformar ese tiempo de falta de libertad para una transformación cultural y humana. En este aspecto la labor de los hermanos puede considerarse pionera en transformar un penal en escuela. Cuando el ministro de justicia ofreció al canónigo Scheppers poder llevar la cárcel de menores de Saint Hubert, una de las condiciones puestas por el fundador para aceptar la dirección fue, precisamente, el poder trabajar de forma libre en la educación de aquellos jóvenes delincuentes.

Hoy existen muchos “cepos” que atrapan a los jóvenes y limitan su libertad: la droga, el alcohol, la pereza, la moda, la ignorancia….: aquí, también es necesaria la acción de personas “misericordistas” que con su servicio les ayude a liberarse y a salvarse. Hoy, también, los hermanos se hacen presentes en la tarea de recuperación de drogadictos o en la inserción en la sociedad y en el mundo del trabajo de jóvenes que han dejado unas instalaciones penitenciarias y se han marchado con la ficha manchada que le cierra la puerta a toda posibilidad de empleo.

En todos estos cambios se puede encontrar como un hilo conductor o como un denominador común, que podríamos llamar carisma misericordista, que no se identifica ni se agota en una tarea concreta y específica, sino que es una manera peculiar de pensar, vivir, actuar y servir. Es una forma de ser testigos de Cristo y de manifestar a los hombres el amor en ese aspecto característico de la misericordia.

Toda vocación es una llamada a vivir de una forma especial y peculiar esa fe que recibimos en el Bautismo; toda vida cristiana tiene su origen, tanto temporal como teológica en el sacramento primero de la iniciación cristiana: por él nos sumergimos en Cristo y nos transformamos por la fuerza del Espíritu Santo, adquiriendo una vida nueva. La vocación de hermano misericordista consiste en transformarse en testimonio de la actuación de Dios, que es Padre rico en misericordia y perdón, del Hijo que ha venido para proclamar la Buena Noticia a los pobres, la liberación a los presos y para salvar a los pecadores, revelándonos de esta manera al Padre. Por último, el hermano es testigo de la acción del Espíritu Santo que con su fuerza mantiene vivo el mensaje de misericordia de generación en generación. El Espíritu Santo conduce a su Iglesia para que sea servidora y evangelizadora en medio de los hombres y para que opte, de una manera siempre más clara, por los pobres y los necesitados. Es así como el hermano se hace instrumento y signo de la actuación de un Dios bondadoso.

En el 28° Capítulo General celebrado en 1994 en Udine (Italia) se ha dado vía libre a la creación de una Asociación Misericordista Seglar que, formada por hombres y mujeres con un verdadero espíritu de misericordia, quieren vivirlo junto a nosotros y participar en nuestras obras, trabajando al servicio de los más pobres y desfavorecidos. Es una invitación que ya desde ahora se hace a todos para poner en marcha el proyecto que irá cobrando fuerza poco a poco y que, a la postre, será el verdadero motor en muchas de nuestras obras. Dos quiera iluminarnos y ayudarnos en estos momentos, para que cobremos una identidad propia y seamos, desde el mundo seglar comprometido, testigos fieles de la misericordia que se ha manifestado en Cristo.

 

TRABAJO GRUPAL

 

TEMA: “DESPERTAR A LA MISERICORDIA “

Preguntas:

  1. Lo que más nos ha llamado la atención de la charla.
  2. Afirmaciones con que estamos de acuerdo. Fundamentar.
  3. Afirmaciones con que no compartimos. Fundamentar.
  4. ¿Qué implicación tiene para la vida de un cristiano la afirmación de que “Dios es clemente y misericordioso”?.
  5. ¿Cuándo el ejercicio de la misericordia ennoblece y no humilla?.
  6. ¿Cuándo se da lo contrario?.

 

CONCLUSIONES

 

Grupo 1:

Encontramos dificultad para separa lástima de compadecimiento.

Dios es misericordia, el cristiano debe tener misericordia.

1.- Misericordia y justicia van juntas. La educación es la base del cambio. A través de la educación se provocará un cambio en un tiempo mediato.

2.- El rico tenga o no razón, arregla todo con dinero ya que es sinónimo de poder. Al pobre le queda recurrir a la justicia. Pero la justicia en estos momentos es corrupta y demostró que el pobre es dejado de lado. Pisoteado.

3.- La esperanza para seguir adelante.

4.- Si es misericordia no humilla. Conocer el concepto e interpretarlo. A través de la misericordia, ennoblecer al niño como ser humano, respetándolo como un “otro” diferente.

5.- Se da lo contrario cuando mal interpretamos el concepto de misericordia

 

Grupo 2:

1.- Nos llamó la atención la riqueza de términos que engloba el concepto de misericordia (como carisma).

  1. – Actuar transformando.
  • Superación de lástima.
  • Amor entrañable, fiel.
  • Redescubrir la realidad.
  • Misericordia precede a la justicia.

 

b.- Un integrante planteo no estar de acuerdo con que para perdonar primero hay que saber quién es?. No es necesario. Por gesto cristiano puedo perdonar desde lo individual sin saber quién es originó la falta.

Debatimos sobre los grados del perdón, en general el grupo expresó la necesidad de CONOCER en el ámbito colectivo (en la sociedad para que sea justa debe haber legalidad).

c.- La implicación que tiene en la vida de un cristiano, esta afirmación, sirve para recordarnos que la misericordia no es opcional. El cristiano tiene que ser misericordioso y no ser elitista. Tiene que ver también con la percepción y experiencia que se tiene de Dios (padre bonachón, o padre rígido), y cómo sientes esa misericordia o clemencia.

2.- Cuando el ejercicio de la misericordia se hace sin jactarse y de corazón.

3.- Cuando somos soberbios, cuando humillamos al otro. Desde nuestro lugar de poder. Cuando queremos ser misericordiosos sólo desde el amor y no también desde la racionalización.

 

 

 

Grupo 3:

1.- Nos llamó la atención la posibilidad de diferenciar lástima de misericordia y el hecho de que Dios es misericordioso perdonándonos todo, disociando severidad y dulzura.

2.- Básicamente estamos de acuerdo con todo.

3.- Si bien estamos de acuerdo nos gustaría ampliar el hecho de que los pobres, son los que tienen “en contra el poder”. ¿Quiénes conforman el poder?.

4.- En nuestra vida como cristiano, Dios es la instancia a la que recurrimos siempre aún cuando lo negamos o lo olvidamos.

5.- Ennoblece la posibilidad de conocerlo al alumnos para actuar con misericordia. Humilla la sobre valoración del esfuerzo. Ennoblece la posibilidad de perdonar. Humilla el favoritismo. Ennoblece cuando el educador  reconoce que se equivocó. Ennoblece la posibilidad de escuchar.

 

 

Grupo 4:

1.- Profundidad del término misericordia, confundido antes con la superficialidad de lástima.

2.- Etimología de la palabra. Origen de la palabra misericordia. Misericordia como compromiso, misericordia precede a la justicia.

3.- ….

4.-  Implica un desafío diario y un compromiso permanente en cada cristiano.

5.- Cuando se logra conocer, conmover por la realidad. Cuando nace del corazón, se comparte el dolor, y se aplica con humildad con compromiso. Y capacidad de entrega. Cuando se logra transformaciones en el otro y en uno mismo.

6.- Cuando la misericordia se convierte en asistencialismo.

 

Grupo 5:

1.- La misericordia  entendida (desde el término hebreo) como amor incondicional. La definición de pobreza como falta de oportunidad. La compasión como comunión con la realidad del otro. Ayudar a tener actitudes misericordistas.

2.- Definición de pobreza. Justicia y misericordia. Optar por el dolor del hermano. Tengo que vivir la intimidad de Dios para salir a la misericordia con oración y acción. Pensar y actuar para el otro. Preguntar  el por qué es pobre. Actuar en misericordia es generar un cambio.

3.- …..

4.- Basta de lástima. Seguir con fuerza el camino de Dios clementes y misericordioso. Tratar el sistema. Votar a conciencia.

5.- Compartir desde lo que uno tiene y no desde lo que le sobra. Actuar en comedores, apoyo escolar, reinserción de las personas que se equivocan. No ser superiores. Compartir no repartir. Enseñarles a no robar. Compartir respetarse en su persona. Tratar al niño como un par.

6.- Asistencialismo. Cuando uno siente superior.

 

Grupo 6:

1.- Lo que más llamó la atención es la idea de “amor entrañable” a partir del análisis etimológico. Ya que lleva la definición de la misericordia como algo complejo y amplio de transmitir desde la tarea educativa, sobre todo si tenemos en cuenta la problemática social.

2.- Las afirmaciones con las que estamos de acuerdo: “conocer lo que comparecemos”. Es necesario compenetrarse con la realidad para poder conocer al otro, superando el asistencialismo y la omnipotencia del rol docente.  “La palabra de Jesús es radical”, le pide al hombre que se convierta. A veces no es suficiente la vida por la propia limitación del hombre. “Educar desde un equilibrio entre firmeza y dulzura”. Nuestro objetivo debe ser una formación para nuestros alumnos basada en el amor, la misericordia y la paz. Esto supone tomar conciencia de que la misión educativa es difícil pero a la vez extraordinaria.

5.- La misericordia ennoblece cuando es un acto de amor fiel y entrañable, cuando tiene como objetivo el crecimiento mutuo.

6.- La misericordia no ennoblece cuando es entendida y traducida como una compasión degradante.

Categorías:Biblia
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