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José Guadalupe Martínez Osornio, sacerdote experto en Liturgia


José Guadalupe Martínez Osornio (der.) y su hermano, Javier (izq.), se convirtieron en Sacerdotes; en la imagen con el Obispo de Querétaro, Faustino Armendáriz Jiménez FOTO: ARON COVALIU

Autor: Andrés Garrido del Toral

http://www.plazadearmas.com.mx/noticias/columnas/2015/12/06/andres_garrido_del_toral_376929_1009.html

 José Guadalupe Martínez Osornio, sacerdote experto en Liturgia

Lo veo llegar de mañana o de tarde en tarde a su sencilla oficina de la Notaría Parroquial ubicada en el anexo de San Felipe Neri, a veces apoyado en su bastón y cubriéndose de las inclemencias del tiempo y del candente sol con una gorra de beisbol. Al igual que su hermano Javier, pareciera que levita por las callejuelas de Ocampo y Balvanera, en olor a santidad, iluminando el severo edificio de la improvisada Catedral queretana. Su sonrisa y palabra siempre reconfortan, lo mismo desde el púlpito que en confesión o en charlas privadas. Lo defino como hombre sabio, no solamente por su dominio de los aspectos litúrgicos, sino porque la sabiduría no viene de acumular conocimientos, sino de aplicar éstos en favor de tu prójimo. Está correoso, es sano, alegre, positivo, pero tan sencillo y humilde como el Siervo de Asís.
Nació el 12 de septiembre de 1940, en el barrio de La Cruz. Le impactó mucho la ceremonia en que fue coronada la Santísima Virgen Pueblito, pontificiamente, el 17 de octubre de 1946, en el campo del cementerio de La Cruz, hoy instalaciones deportivas del Indereq y de la Secretaría de la Juventud. No admitían niños, en ese tiempo no había renta de sillas, a cada feligrés le pidieron sillas, recuerda que sus padres llevaron cuatro. Asistieron de seis mil a siete mil personas en una celebración que Querétaro recuerda con entusiasmo, bajo el obispado de don Marciano Tinajero y Estrada.
Su familia guardaba puntualmente las buenas costumbres de un Querétaro parroquial: su papá era un hombre disciplinado, puntual en su trabajo, siempre pendiente de que asistiera al colegio, en el Centro Educativo.
Su amistad con el padre Javier, su hermano, es grandísima, de amor incondicional. Entró con él al Seminario sólo para acompañarlo (su hermano quería ser sacerdote desde un principio, mientras que para José Guadalupe la vocación fue descubierta con el andar del tiempo).
Una vez al mes podían salir de 9am a 6pm, si se portaban bien; sus padres emigraron a Soria, Guanajuato, en busca de mejores oportunidades laborales para el jefe de la familia. Ellos, los hijos, se quedaron en el Seminario ubicado entonces en el anexo de Teresitas, en la calle de Reforma.
Miguel Estrada Lara era un padre que los quería mucho, y por ello José Guadalupe se le acercó y le comentó que ya no quería continuar en el Seminario, pero le hizo mucho bien comentárselo a tan virtuoso varón y de ahí su decisión de quedarse y continuar con la vida religiosa. En ese tiempo Guadalupe era quinto ayudante del secretario de Economía, entraba a ver cuentas y ayudaba en lo administrativo del Seminario.
La familia creció y su padre decidió construir una casa en Celaya, donde la mayoría de sus hermanos acudieron a estudiar al entonces Tecnológico Regional de esa ciudad.
Entre los maestros que le dejaron huella en la vida y en primaria están Antonio Peralta, Antonio Ramírez y José Guadalupe Corona. En el Seminario le marcó el padre Luis Landaverde, su primer director en la Escuela Apostólica, que le enseñó todos los secretos que hay en el idioma Español. Cuando pasó al Seminario Menor tuvo la oportunidad de que el padre Landaverde le enseñara francés, tanto en segundo como en tercer año de latín.
Fue ordenado sacerdote el día 26 de marzo de 1966. El señor obispo don Alfonso Toriz lo designó como asesor y asistente diocesano de la juventud en la ACJM desde que era diácono, en Ocampo y Madero. Después fue vicario en Jalpan de Serra por un año y vuelve a Querétaro como asistente diocesano de las jornadas de vida cristiana, femenina y masculina. Después fue de vicario en San Juan del Río, Tequisquiapan, y luego lo enviaron a Misión de Palmas, en Peñamiller.
De Palmas a Santa Catarina son 16km; de San Miguel Palmas a Peñamiller 28km; de San Miguel Palmas a Tolimán 35km; por lo que salía por San Miguel Palmas. Luego el camión se iba por Peñamiller, entrando al arroyo, pero se quedaba atascado y la gente siempre ayudaba a empujarlo. Los choferes eran muy amables, cosa que se extraña hoy. En San Miguel Palmas estuvo seis años, él sabía que era el mejor lugar que podía tocarle en la vida, de 1970 a1976.
Cuando estuvo en San Miguel Palmas se dio cuenta que era complicado estudiar, por lo que buscaba reuniones y congresos a nivel nacional y siguió adquiriendo conocimiento. Había veces que tenía que caminar cuatro horas para llegar a diferentes lugares de su jurisdicción eclesiástica más el regreso. Dice con seriedad que “en la soledad se da uno cuenta que hay que orar, que hay que platicar con Dios”, al que siempre le pide dos cosas: “O saber un poco de su palabra para poder explicar mejor los contenidos, o de aprender a gustar lo que celebro para disfrutarlo, que es la Liturgia”. Después lo enviaron a estudiar a Roma.
Cuando habló a Alemania para seguir estudiando, se enteró que radicaba allá Rogelio Cabrera -que es ahora Arzobispo de Monterre- y estaban otros dos seminaristas de Querétaro, Rubén Díaz y Marcelino Sánchez; entonces el sacerdote José Guadalupe se comunica con Rogelio y a éste le dice que quiere estudiar Teología Bíblica; le comentó su interlocutor que él ya estaba en ese campo y le comunicó que lo inscribirían en el Pontificio Instituto Litúrgico, porque era lo mejor que había. Estudió Liturgia el joven José Guadalupe y en dos años cursó cuarenta y cinco materias. Le pidió permiso al obispo queretano, Alfonso Toriz Cobián, de hacer cursos de doctorado en Liturgia y los realizó, pero no se tituló porque no hizo la tesis.
El monje Salvatore Marsilli, Cipriano Bagagini y Tomasso Federici fueron sus autores preferidos, sin olvidar a otros autores clásicos como San Gregorio Magno que le gustaba mucho consultar y estudiar. Reconocieron finalmente al joven Guadalupe como alumno en el Pontificio Instituto Litúrgico cuando presenta una serie de exámenes en latín y griego
El lugar que más disfrutó en su largo peregrinar es San Miguel Palmas, en Peñamiller, Querétaro, aunque también gozó su apostolado en Hércules (en la Inmaculada Concepción), donde lo confundían con su señor padre nombrándolo “Lucho”.
Siempre ha honrado la amistad y por ello, desde que estaba ordenándose de sacerdote, se reúne con sus amigos sacerdotes mes con mes, entre los que se cuentan Javier Martínez Osornio (su hermano), Salvador Rincón, Nazario García, Mario Sánchez, Enrique Ugalde, Alejandro Ledesma, con quienes se junta para platicar, estudiar, reír, orar; por lo regular sus reuniones son en el municipio de Tequisquiapan y cada mes le corresponde a uno ser anfitrión o paganoni. También se reunían con ellos los ahora finados José Ordaz, Ismael Hernández, Ausencio Morales y Lupe Galván.
En su paso por la parroquia de Ezequiel Montes dejó excelentes amistades, como la que tiene con las familias Pérez y Trejo Feregrino. En la cabecera de este municipio estuvo nueve años y medio.
Muchacho y hombre sano, practicó toda su vida deporte, como el basquetbol, donde en 1968 compitió en el campeonato estatal; el equipo lo integraban seis sacerdotes, cuatro seminaristas y dos muchachos de fuera, los que nunca perdieron con ningún equipo de primera fuerza. En el seminario le ganaron al equipo estatal A y B. Su entrenador fue Domingo Guerrero, el hoy flamante y judío dueño del bar “La Carreta”. Su entrenador en atletismo era el destacado maestro Mario Rodríguez Estrada, el hoy experto en tango y trova yucateca.
Le tocó al joven José Guadalupe representar al Estado en atletismo, concretamente al sector obrero, y recuerda que recibió sus uniformes en Plaza de Armas de manos del abogado Sergio Herrera Trejo, secretario particular del entonces gobernador Juventino Castro.
El mejor regalo que le hizo Dios, aparte de la vida, fue su familia, hermanos y papás, aclarando que su mamá aún vive. Dios le dejó participar en el sacerdocio y presidir la eucaristía hasta la fecha, diciéndome esto visiblemente emocionado y con lágrimas de felicidad en sus expresivos ojos de hombre de bien. Ve a Dios en los acontecimientos, sobre todo cuando va a visitar enfermos; platicando con ellos, los enfermos y más necesitados, se aprende mucho, se ve la vida de otra forma, afirma seguro.
Empezó a trabajar con el obispo don Marciano Tinajero desde 1958 y no ha dejado de hacerlo con los tres obispos que le sucedieron hasta la fecha. Hoy pedimos por su estado de salud, en horas de dolencia y camas de hospital, pero sé que el Supremo Creador le dará más vida en favor de sus semejantes y su grey. Dios lo bendiga amigo mío. Un abrazo a su hermano Javier, mi sanador.

LA CELDA DEL MONJE
El próximo jueves 10 de diciembre, en el bello Palacio Municipal, sito en Madero 81 poniente, presentaremos el libro “Breve Historia de Querétaro”, de los grandes maestros universitarios queretanos María Isabel Gómez Labardini, Gabriel Rincón Frías y José Rodolfo Anaya Larios. No falten, Chicovel Francisco Xavier Alcocer financió la clásica obra y regalará hasta quinientos ejemplares. Si no llegan no estén molestando después.

LAS SIRENAS DE LANDA
A la muy espiritual Peregrinación que encabezó el excelentísimo Obispo Faustino Armendáriz desde Santiago de Querétaro a Santiago de Jalpan yo no le llamaría “Camino de San Junípero Serra”, sino “Camino por San Junípero Serra”, sencillamente por la razón de que el santo muy nuestro no anduvo por esos caminos de Querétaro a La Cañada, Colón, Tolimán y Peñamiller para ir a la Sierra Gorda. San Junípero llegó a Jalpan por la vía corta, es decir, Ciudad de México, Pachuca, Zimapán, Pacula, atravesó el río Moctezuma, llegó a “La Maroma” (garita de peaje), hoy Matzacintla y giró a la izquierda para llegar a Jalpan, donde fue recibido por una multitud el 16 de junio de 1750.
He sostenido con mucha seriedad que solamente encuentro una visita de Junípero a La Cruz, en 1767 rumbo a Las Californias, pero mi estudiosa amiga Araceli Ardón ya documentó otra visita de Juni a La Cruz en diciembre de 1772 rumbo a la Ciudad de México a solicitar recursos al virrey de Bucareli.
Un abrazo amadas hermanas peregrinas y amados hermanos peregrinos, de parte de este Peregrino de Amor, y que esta Peregrinación local y muy nuestra siga por muchos años. Felicidades al señor Obispo por esta hermosa iniciativa que nos hace encontrarnos más con Dios.
Les vendo un cordero asado a la leña de encino en “El Pastorcito”, con mi dilecto amigo don Chava Mata García. El no te roba como otros…

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