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El laico/a en la Iglesia y en el mundo

El laico/a en la Iglesia y en el mundo

P. Gregorio Iriarte o.m.i.

Adital, 14.10.08 – Mundo

http://www.adital.com.br/site/noticia_imp.asp?cod=35497&lang=ES

Introducción

1.- Decía hace unos días el Presidente del Consejo Episcopal para A.L. (CELAM), Mons. Damasceno, que la crisis vocacional para el sacerdocio es cada día más grave y que, por lo tanto, como insiste el Documento de Aparecida, hay que recurrir forzosamente a una colaboración más eficaz y más decisiva de los laicos y laicas. “Es necesario, dijo textualmente, abrir espacios para los laicos/as , no solo porque falten sacerdotes, sino porque es un derecho y un deber de los laicos en virtud de su bautismo”. Esta va a ser la idea principal que yo quisiera desarrollar en esta sencilla charla: Los laicos/as deben evangelizar en virtud, sobre todo, de un derecho y un deber inherente a su condición de miembros plenos de la iglesia que les otorga su bautismo.

2.- Debo aclarar que, aunque lo que voy a exponer les resulte novedoso y hasta sorpresivo, sin embargo, no son unas opiniones mías y, por lo tanto, algo muy discutible. No. Lo que voy a decir se basa, sobre todo, en la doctrina del Concilio Vaticano II y en las enseñanzas de los últimos Papas sobre la naturaleza y la misión del laicado.

3.- Para un Plan de Pastoral en el que se quiera involucrar, en forma muy amplia y eficiente a los laicos como elemento el más dinámico y decisivo, hay que partir del verdadero concepto del laico en la doctrina de la Iglesia.

4.- La idea que predomina, tanto entre los sacerdotes, como en la gran mayoría de nuestro pueblo, es considerar al fiel laico y laica como elementos de segunda o tercera clase en la Iglesia… Deben colaborar, pero no tienen ningún poder de planificación o decisión… Son buenos y, sobre todo, “muy buenas” para la catequesis, para visitar los enfermos, para realizar ciertos servicios necesarios en la Parroquia…. pero el laicado no pasa de ser un elemento auxiliar a las órdenes del clero. Son, o tiene que ser, eficaces y obedientes colaboradores ¡!!!!.

5.- Es evidente que un Plan de Pastoral auténtico no debe partir de una concepción equivocada del laicado, ya que entonces nace totalmente desvirtuado. Expondré muy brevemente lo que la Iglesia enseña acerca de lo que son y lo que deben ser los laicos/as/, tanto en la pastoral y como en su relación con las realidades temporales.

6.- Quisiera, en primer lugar, traer a nuestra consideración las palabras profundas y sinceras de un ejemplar laico cochabambino que Uds. conocen muy bien. Dice Antonio Cabrerizo:  “ El Papa Juan Pablo II señala las dos características esenciales del laico: Ser plenamente Iglesia y ser plenamente mundo. Plenamente Iglesia: no es un cristiano de segunda clase, ni mucho menos un “cliente de evangelización”. Es Iglesia, con todos los derechos y responsabilidades. Plenamente mundo: Inmerso en las realidades temporales con las que su vida está entretejida, no se halla fuera de las realidades cotidianas de la existencia humana” (“Reflexiones de un Cristiano” A. Cabrerizo. Ed. Verbo Divino pag. 40)

I.- EVANGELIZAR: UN DERECHO Y UN DEBER QUE PARTEN DEL BAUTISMO

Junto a los “ministerio clericales” deben estar presentes los “ministerios laicales” dice la Exhortación Apostólica “Christifideles Laici” de Juan Pablo II: Estos ministerios laicales, dice el Papa, “tienen su fundamento sacramental en el Bautismo y en la Conformación”

Dicen nuestros Obispos en Aparecida: “Los fieles laicos son cristianos que están incorporados a Cristo por el bautismo, que forman el pueblo de Dios y participan de las funciones de Cristo sacerdote, profeta y rey. Ellos realizan, según su condición, la misión de todo el pueblo cristiano en la Iglesia y en el mundo. Son hombres ( y mujeres) de Iglesia en el corazón del mundo y hombres (y mujeres ) del mundo en el corazón de la Iglesia” D.A. 209)

“Su misión propia y específica se realiza en el mundo, de tal modo que, con su testimonio y actividad, contribuyen a la transformación de las realidades y la creación de estructuras justas, según los criterios del Evangelio” (D.A. 210)

El Documento de Aparecida especifica las funciones del laico en la Pastoral: “Los laicos también están llamados a participar en la acción pastoral de la Iglesia, primero con el testimonio de su vida y, en segundo lugar, con acciones en el campo de la evangelización, la vida litúrgica y otras formas de apostolado, según las necesidades locales bajo la guía de sus pastores. Ellos estarán dispuestos a abrirles espacios de participación y a confiarles ministerios y responsabilidades en una Iglesia donde todos vivan de manera responsable su compromiso cristiano. (D.A. 211)

Sigue diciéndonos Aparecida sobre las responsabilidades del laico en la evangelización: “ Para cumplir su misión con corresponsabilidad, los laicos necesitan una sólida formación doctrinal, pastoral, espiritual y un adecuado acompañamiento para dar testimonio de Cristo y de los valores del Reino en el ámbito de la vida social, económica, política y cultural”. (D.A. 212)

“Hoy, toda la Iglesia en América Latina y El Caribe quiere ponerse en un estado de misión. La evangelización del Continente, no puede realizarse hoy sin la colaboración de los fieles laicos. Ellos han de ser parte activa y creativa en la elaboración y ejecución de los proyectos pastorales en favor de la comunidad. Esto exige, de parte de los pastores, una mayor apertura de mentalidad para que entiendan y acojan el “ser” y el “hacer” del laico en la Iglesia, quien, por su Bautismo y su Confirmación, es discípulo y misionero de Jesucristo. En otras palabras, es necesario que el laico sea tenido muy en cuenta con un espíritu de comunión y participación” (D.A. 213)

“Reconocemos el valor y la eficacia de los Consejos Parroquiales, Consejos Diocesanos y Nacionales de los fieles laicos, sigue diciéndonos Aparecida, porque incentivan la comunión y la participación en la Iglesia y su presencia activa en el mundo. La construcción de la ciudadanía, en el sentido más amplio, y la construcción de eclesialidad en los laicos, es uno solo y único movimiento”. (D.A. 215).

Nos dice también Aparecida que los laicos, no solo deben ser colaboradores eficaces en la implementación de los valores del Reino, sino que además “deben participar en el discernimiento, la toma de decisiones, la planificación y la ejecución” de las tareas pastorales. (D.A.371)

II-. LA IGLESIA: UNA COMUNIDAD DE IGUALES

Aunque diferentes, todos en la Iglesia somos iguales. La Iglesia, esencialmente, es una comunidad de iguales. El Apóstol Pedro expresa muy claramente los títulos de la dignidad de todo cristiano:

“Uds. son una raza elegida, un reino de sacerdotes, una nación consagrada, un pueblo adquirido para anunciar las maravillas de aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable. Uds. antes no eran un pueblo, ahora son el Pueblo de Dios “ (1 Pedro.2,9)

El Concilio Vat. II fue muy explícito al insistir en que en la Iglesia no hay (no debe haber) ninguna desigualdad. Dice así:

“Por lo tanto, el pueblo de Dios por Él elegido, es uno: un solo Señor, una fe, un bautismo. Es común la dignidad de los miembros; común la gracia de filiación; común la llamada a la perfección. Una sola salvación, única la esperanza e indivisa la caridad. No hay, por consiguiente, en Cristo y en la Iglesia ninguna desigualdad (Vat. II. LG. n.32).

Este ideal de comunión fraterna se basa en que la dignidad principal del cristiano la confiere el Bautismo. Este Sacramento nos otorga a todos la máxima dignidad de ser hijos de Dios. Todos somos hermanos y hermanas por eso, en los “Hechos de los Apóstoles”, se dice que las primeras comunidades cristianas “tenían un sólo corazón y una sola alma”

Por lo tanto, entre sacerdotes y laicos debe existir una verdadera igualdad. Lo que identifica a ambos es más que lo que los diferencia. Cualquier relación con carácter de dominación en la Iglesia debe ser rechazada.

Sin embargo, debemos reconocer que persisten en la Iglesia una mentalidad y unas prácticas de un claro verticalismo. No predomina entre los Obispos, Sacerdotes y Religiosos ni entre nuestro pueblo, la conciencia viva de esa igualdad fundamental dentro de la Iglesia.

III.- LAICOS/AS EN EL CORAZÓN DEL MUNDO

Lo expresa bellamente la frase de Puebla: “Hombres de Iglesia en el corazón del mundo y hombres del mundo en el corazón de la Iglesia”

Ya en el Doc. de Santo Domingo se decía que “ los laicos, esos hombres de Iglesia, en la mayoría de los casos, no están en el corazón del mundo y tampoco en el corazón de la Iglesia!!!!!… La mayor parte de los laicos no ha tomado conciencia de su plena pertenencia a la Iglesia. Se sienten católicos, pero no Iglesia. Pocos asumen los valores cristianos como un elemento principal de su identidad y, por lo tanto, no perciben la necesidad de un compromiso eclesial y evangelizador. Como consecuencia, el mundo del trabajo, de la política, de la economía, de la ciencia, de las artes, de los medios de comunicación social… no son guiados por criterios evangélicos.

Debemos subrayar la importancia histórica y de capital importancia que asume en el mundo de hoy la vocación laical.

Como dice Clodovis Boff: “La forma cristiana seglar es, en cierto sentido, la forma más importante de vivir la fe hoy, ya sea porque es lo que vive la mayoría absoluta del pueblo de Dios ( la jerarquía y los religiosos/as son una ínfima minoría), ya sea por la crisis vocacional que afecta terriblemente al sacerdocio y a la vida religiosa, ya sea porque toda la acción del clero y los religiosos está orientada hacia el pueblo de Dios.

“Los laicos, dice el Concilio, están llamados por Dios, para que, desempeñando su propia vocación, guiados por el espíritu evangélico, contribuyan a la santificación del mundo como desde adentro, a modo de fermento”

IV.- CRISIS DE IDENTIDAD CATOLICA EN LOS LAICOS

Nuestros Obispos constatan algunas deficiencias muy notorias en el compromiso evangelizador de los fieles laicos:

  • Persistencia de cierta mentalidad clerical en numerosos agentes de pastoral, clérigos e incluso laicos. (Doc. S.D. N.93)
  • Muchos laicos/as se dedican de manera preferente a tareas dentro del ámbito eclesial. (S.D.n 93)
  • Poco reconocimiento, tanto en los sacerdotes como en el pueblo, del carácter secular que constituye la identidad propia y específica del laico/a
  • Falta de formación e interés por la teológica y por la profundización en la Palabra de Dios.
  • Carencia notoria de conocimientos y de aplicación práctica de la Doctrina Social de la Iglesia.
  • Escaso acompañamiento de los sacerdotes a los laicos en su compromiso  pastoral y socio-político.
  • La gran mayoría del laicado no tiene conciencia clara de ser iglesia.
  • No se ha dado una formación sistemática ni una participación real de los laicos en la planificación y en la puesta en marcha de los planes pastorales.
  • Se perciben en muchos laicos ciertas tendencias hacia una espiritualidad individualista e intimista, alejada de un compromiso evangelizador.
  • Relativismo, cada vez más presente y más negativo, tanto en relación con los valores éticos, como en lo religioso.
  • Esta crisis de identidad de los fieles laicos en el área socio-político se expresa en el temor a manifestarse en lo que se es, en lo que cree y en lo que piensa.

La presencia de personas católicas, de auténtica formación religiosa, en partidos políticos y en importantes funciones de Gobierno ha sido muy común a lo largo de nuestra historia. También en la actualidad podemos ver a gran número de personas con notable formación religiosa ocupando puestos de responsabilidad en el actual Gobierno. Sin embargo, es una presencia tan discreta y tan timorata que no se llega a sentir. Alguien los ha definido como “católicos vergonzantes”.

Años atrás existía una idea clara de la identidad católica y de su consecuente “militancia”. En ellos estaba más clara la idea y el compromiso de hacer realidad los valores del Evangelio en la realidad socio-política del país.

El Documento de Aparecida quiere superar esa “crisis de identidad católica”en los fieles laicos impulsándoles a que con sus aportes vayan transformando nuestra realidad a la luz del Evangelio y de la Doctrina Social de la Iglesia.

“Hay que ser portadores, dice Aparecida, de una respuesta consciente y eficaz para atender las necesidades del mundo de hoy con indicaciones programáticas concretas, objetivos y métodos de trabajo, de formación y valoración de los agentes y la búsqueda de los medios necesarios que permitan que el anuncio de Cristo llegue a las personas…modele las comunidades e incida profundamente, mediante el testimonio de los valores evangélicos en la sociedad y en la cultura”…(D.A. 385)

“No se trata solo de estrategias para procurar éxitos pastorales, sino de la fidelidad en la imitación del Maestro, siempre cercano, accesible, disponible para todos, deseoso de comunicar vida a cada rincón de la tierra”. (D.A. 386)

La presencia de los católicos comprometidos en el campo de lo socio-político ha perdido en Bolivia en los últimos años influencia, visibilidad y valentía. Pero habría que añadir también que la Iglesia no supo formar y acompañarles en su compromiso cristiano transformador.

En el momento actual se da también en América Latina un repliegue de excelentes laicos y laicas como lo constata Aparecida. En el área de lo político predomina la decepción, la desconfianza y la crítica continua contra los políticos, de cualquier tendencia que sean.

No se ha logrado articular la dimensión de la fe y las enseñanzas de la Doctrina Social de la Iglesia con el compromiso político. La fe y el compromiso socio-político aparecen como dos polos antagónicos y totalmente distanciados. Falta llegar a una verdadera síntesis que le dé pleno sentido a la fe desde el compromiso social y que, a su vez, lo social sea vivificado y animado por esa misma fe.

El Documento de Aparecida quiere que se encuentre esa respuesta formando fieles laicos con un verdadero compromiso socio-político, inspirado en los valores el Evangelio y en las normas y directivas de la enseñanza de la Iglesia.

V.- HACIA UNA PASTORAL MÁS LAICAL

El Doc. de Aparecida hace frecuentes alusiones a la Doctrina Social de la Iglesia y al compromiso transformador que deben impulsar, ante todo, los laicos/as.

Debemos tener muy claro que cuando hablamos de compromiso político del cristiano, no estamos insinuando la formación de algún partido político de tipo confesional. Esto es claramente rechazado por Aparecida y por el Discurso Inaugural de Benedicto XVI.

El Doc. de Aparecida, siguiendo las orientaciones del Concilio Vat. II y de Magisterio, defiende la independencia de la Iglesia en materia política y no se identifica con las propuestas concretas de los Partidos. Su misión está en anunciar los valores del Reino y tratar de que esos mismos valores estén presentes en las distintas opciones de los partidos políticos.

Es necesario llegar a una verdadera síntesis entre la fe y las opciones políticas para lograr que haya una presencia más eficaz, honesta y transformadora en nuestras principales instituciones

Uno de los aspectos más importantes en orden a la participación de los cristianos en la política es el de la ética. Si analizamos la trayectoria de los partidos políticos en los últimos años vemos que su actuación está casi siempre viciada por una creciente corrupción que se expresa en enriquecimientos ilícitos, negociados, cuantas bancarias secretas, sobreprecios en los contratos, nepotismo…etc

El Evangelio es una verdadera veta y manantial de valores morales para orientar el compromiso socio-político. Los aportes de los líderes católicos en este sentido, podrán constituirse en un valor extraordinario para encauzar la vida de los partidos por caminos de honestidad, justicia y transparencia.

Una verdadera pastoral socio-política trata de que se concreten en nuestras instituciones y en la vida de nuestros pueblos esos valores fundamentales que aporte el Evangelio: valores de solidaridad, de justicia, de equidad, de fraternidad, de igualdad, de libertad…etc.

Todos sabemos que la fe no es un mero catálogo de verdades abstractas. Es acontecimiento, es experiencia, es vida…. Hay que articular, por lo tanto, la fe con la vida; la práctica de las virtudes personales con las virtudes sociales.

Hay corrientes de pensamiento dentro de algunos movimientos de la Iglesia que pretenden legitimar el a-politicismo, en aras de una pretendida imparcialidad.

El Doc. de Aparecida está totalmente en contra de todo lo que implique privatización de la fe, ya que, en el fondo, es reducir el dinamismo de la fe al área de la conciencia individual.

Las grandes líneas políticas orientan la vida de los pueblos con normas de conducta que implican a todos los ciudadanos. Los principios que constituyen lo esencial de la doctrina de la Iglesia solamente pueden estar presentes y vigentes en la medida que los laicos cristinos los aporten y los defienden con su palabra y con su conducta.

Últimamente, el Papa Benedicto XVI se refirió a este tema en su visita a Cerdeña en términos bien claros y precisos:

“Evangelizar el mundo del trabajo, de la economía y de la política que necesita una nueva generación de laicos cristianos comprometidos, capaces de buscar con competencia y rigor moral soluciones de desarrollo sostenible” ( Benedicto XVI, Vida Nueva n.2.627)

VI.- LA IDENTIDAD Y LA FORMACIÓN LAICAL.

El Concilio Vat. II se sirvió de la metáfora de la levadura para definir, muy apropiadamente, la misión del laico/a en el mundo:

Los laicos/as “están llamados por Dios para que, desempeñando su propia vocación y guiados por el espíritu evangélico, contribuyan a la santificación del mundo como desde adentro, a modo de fermento” (LG 31)

Esta transformación del mundo incluye, inevitablemente, el compromiso político, teniendo como horizonte el que siempre se defienda y se concretice el ideal del “bien común”.

Para que ese compromiso sea eficaz y coherente con los valores del Evangelio, es de absoluta necesidad el impulsar centros donde se imparta, en forma sistemática, la formación de los laicos en su compromiso cristiano. Dice al respecto el Doc. de Aparecida:

“Destacamos que la formación de los laicos y laicas debe contribuir, ante todo, una actuación como discípulos en el mundo, en la perspectiva del diálogo y de la transformación de la sociedad. Es urgente una formación específica para que puedan tener una incidencia significativa en los diferentes campos, sobre todo, en el vasto mundo de la política, de la realidad social y de la economía, como también de la cultura, de las ciencias y de las artes, de la vida internacional, de los medios de comunicación y de otras realidades abiertas a la evangelización” (D.A. 300)  Hay que superar, por lo tanto, lo que con mucha claridad, señalaba el Doc. de Santo Domingo:

“ La persistencia de cierta mentalidad clerical en numerosos agentes de pastoral, clérigos e incluso laicos. La dedicación de muchos laicos, de manera preferente, a tareas intra-eclesiales y una deficiente formación, les privan de dar respuestas eficaces a los desafíos actuales de la sociedad” (D.SD. 96)

Urge, de un modo especial, el potenciar el desarrollo de la conciencia crítica en relación con la cultura machista y patriarcal en la que está inmersa nuestra sociedad y nuestra Iglesia, superando la discriminación contra la mujer donde hombres y mujeres vivamos un verdadera integración y reciprocidad. Es evidente, por otro lado, que la presencia de la mujer en la Iglesia, fuera de ser notablemente mayoritaria, es también la más disponible para el compromiso evangelizador. Baste un dato para percibir que la respuesta de la mujer a la vocación misionera es mucho más numerosa y efectiva que la del hombre: actualmente hay en Latinoamérica 85.000 mujeres consagradas en la vida religiosa frente a solo 35.000 varones ¡!!!!

Los procesos históricos de transformación implican opciones políticas, económicas, culturales…etc. Es misión de la Iglesia es asumir y animar todo lo positivo de esos procesos. Para ello hay que discernir los valores y los anti-valores que están en juego de tal modo que sean orientados en bien la sociedad.

Un proceso de auténtica formación debe avanzar sobre tres grandes líneas:

  1. El área de la política dentro de la máxima participación ciudadana e impulsando los valores de la democracia: solidaridad, igualdad, justicia social, honestidad, fraternidad, libertad…
  2. El área de lo económico, buscando el mayor bienestar material para toda la población, con una distribución equitativa de los ingresos, impulsando el desarrollo sostenible y otorgando a todos igualdad de oportunidades.
  3. El área del desarrollo humano, con los servicios básicos, como salud y educación para toda la población, sin discriminación alguna, impulsando y haciendo realidad los valores culturales, éticos y religiosos.

Para tener una sociedad nueva necesitamos hombres y mujeres nuevas. Para el cristiano el modelo de “hombre nuevo” está en Jesús de Nazareth. Debemos trabajar y soñar por una Iglesia consciente de su condición de pueblo de Dios, pueblo de bautizados. Una Iglesia profética y ministerial, fiel a la Palabra de Dios y servidora de todas las personas.

Una Iglesia donde los laicos sean verdaderamente protagonistas y en la que las mujeres recuperen su voz y su dignidad, tantas veces ignorada y violada.

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Categorías:Laicos
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