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Bases Eclesiológicas de la Acción Católica

Bases Eclesiológicas de la Acción Católica

Por Nicolas Valdivia, al prebiterio de la Diocesis de Queretaro
Asistente Nacional de la ACM

2009

 

 

  1. Introducción

En esta reflexión y estudio señalaré algunas perspectivas eclesiológicas de la Acción Católica a la luz del Concilio Vaticano II.

La Acción Católica, como la Iglesia, se ha realizado Históricamente en formas concretas muy diversas.

Estas expresiones concretas que ha encarnado la Acción Católica a lo largo de su historia, si bien han respondido a lo “esencial” de su naturaleza como forma específica de de su apostolado, sin embargo, ha estado envuelta en un “ropaje” provisional y contingente del momento histórico en que se desarrollaba. . Convengamos, entonces, que una cosa es la Acción Católica desde su comprensión teológica, eclesiológicas, espiritual y pastoral y otra los modelos empíricos que históricamente ha revestido, reviste en la actualidad y revestirá en el futuro.

Existe una comprensión teológica y pastoral de la Acción Católica muy anterior al Concilio Vaticano 11 que se engendró en su larga y fecunda trayectoria: una vocación particular para el apostolado de los laicos en la Iglesia y en el mundo.

Esta trayectoria histórica de la Acción Católica significó, junto con los movimientos bíblico, litúrgico y ecuménico, y la renovación teológica, pastoral y misionera, la preparación del “nuevo Pentecostés”, como fue proféticamente llamado el Concilio Vaticano 11 sin duda, el acontecimiento más importante de la Iglesia Católica en el siglo XX.

Cercanos a los cuarenta años de su clausura y habiendo cruzado el umbral del tercer milenio, reconocemos el inmenso don que Dios nos ha hecho al suscitar este acontecimiento eclesial; que, como todo don de Dios está siempre expectante de una nueva y actualizada respuesta por nuestra parte.

Este «acontecimiento providencial»[1], marca, de alguna manera, una nueva etapa en la vida de la Iglesia, que no rompe con lo anterior sino que logra una manifestación más plena. En la historia de la Iglesia “lo viejo” y lo “nuevo” están siempre profundamente relacionados entre sí. Lo “nuevo” brota de lo “viejo” y lo “viejo” encuentra en lo “nuevo” una expresión más plena[2].

Podemos decir que existe una “vieja” definición de la Acción Católica basada en la

teología vigente cuando la Acción Católica es dada a luz, y existe una “nueva” definición teológica y pastoral de la Acción Católica, en armonía con la teología que se inspira en la doctrina del concilio Vaticano II y en el magisterio posterior al mismo.

  1. Enraizada en el pasado y dispuesta a seguir navegando mar adentro

La eclesiología de comunión que caracteriza al Concilio Vaticano II[3] es la que nos da la clave para comprender esta distinción y para tomar conciencia de los firmes cimientos teológicos y eclesiológicas en los que se asienta la “novedad” de la Acción católica.

Para poder percibir la relación armónica entre la vieja y la nueva Acción Católica, hace falta ante todo despojamos de todo prejuicio y distinguir lo profundo, permanente y esencial, de lo superficial, coyuntural y accidental.

El Concilio Vaticano II  alude a la historia de la Acción Católica precedente reconociendo que hace algunos decenios los laicos, en muchas naciones, entregándose cada día más al apostolado, se reunían en varias formas de acciones y de asociaciones , que conservando muy estrecha unión con la jerarquía, perseguían y persiguen fines propiamente apostólicos. Entre estas y otras instituciones semejantes más antiguas hay que recordar, sobre todo, las que, aun con diversos sistemas de obrar, produjeron, sin embargo, ubérrimos frutos para el reino de Cristo y que los Sumos Pontífices y muchos Obispos recomendaron y promovieron justamente y llamaron Acción Católica. La definían de ordinario como la cooperación de los laicos en el apostolado jerárquico[4].

2.1. Enraizada en el pasado

El Papa Pío XI propiamente el creador de la Acción católica, la definió como: la participación de los laicos en el apostolado jerárquico[5].

La palabra “participación”, no está tomada aquí en su sentido metafísico, no se alude al concepto eclesiológicas de aquello que constituye formalmente la Acción católica. Si así fuera, la Acción Católica representaría como un orden o un nuevo oficio eclesiástico. La fórmula de san pío XI representa más bien una definición descriptiva, en la que la palabra “participación” designa el hecho de que los laicos toman parle en la misión y en las necesidades de la Iglesia.

Esta “participación” es entendida fundamentalmente como colaboración disponible ya que el mismo Pío XI no dejaba de repetir La Acción católica no era más que la ayuda aportada por los laicos a las tareas apostólicas de la jerarquía;  que había existido desde los orígenes de la Iglesia y que hoy día solamente tomaba formas nuevas, mejor adaptadas a los tiempos presentes….[6]

Por otra parte la expresión apostolado jerárquico circunscribe el ámbito de participación; no se trata de una nueva participación en el ministerio jerárquico sino en el apostolado. Más allá de cualquier consideración c1ericalista que se haya podido tener de la Acción Católica, ésta nunca fue concebida como una participación de los laicos en la jerarquía como tal; su colaboración a la vez que los acercaba a la jerarquía no los alejaba de su vocación laica!’

El Adjetivo jerárquico modifica directamente al apostolado al ejercicio evangelizador propio de todo cristiano.

Con este concepto se trataba de destacar que la Acción Católica toma parte en el apostolado auténtico, el mismo, y ningún otro, que continúa la obra de nuestro Señor, cuya misión fue encomendada por Él a los apóstoles. Se trata de una participación en la misión propia de la Iglesia, y no en ninguna otra. Aquella misión confiada por Cristo a los apóstoles, se transmite en la Iglesia mediante la sucesión legítima de los pastores, y de esta manera el mandato misionero involucra a toda la Iglesia. En consecuencia, la Acción católica, participa en el apostolado global de la Iglesia, sólo de un modo específico, esto es, en estrecha cooperación y subordinación a los portadores de la sucesión apostólica, es decir, la jerarquía.

Según esta lógica, se comprende con facilidad que Pío XII, en perfecta continuidad con Pío XI, sustituya la palabra «participación» por cooperación o colaboración[7] describiendo con otras palabras el mismo hecho: los fieles laicos participan, cooperan y colaboran en el apostolado global de la Iglesia que es apostolado auténtico por ser la misión que la jerarquía recibe de Jesucristo por medio de los apóstoles como legítimos sucesores de los mismos.

Sin duda es un ligero cambio de vocabulario cuyo matiz no carece de importancia. De él depende no solo una recta noción de Acción Católica, sino la apreciación de la situación de los fieles frente al apostolado y, por tanto, un elemento decisivo de toda la teología del laicado.

La exposición de Pío XII pone mejor de releve lo enunciado en los textos de pío XI, esto es, que la Acción Católica recoge, consagra, cualificada de manera nueva un apostolado que los fieles ya ejercían en razón de la fe y del fervor de su vida cristiana, pero no confiere a dichos fieles un título de apostolado absolutamente nuevo.

Al hablar de cooperación en el apostolado, en la misión pastoral de los obispos y de los sacerdotes, resulta que los laicos, ya eventualmente apóstoles gracias a los dones sacramentales de la iniciación cristiana son llamados por la Iglesia jerárquica para integrar su acción en un esfuerzo orgánico que sea, no ya el de éste o aquél, sino el de la Iglesia misma, en unión y subordinación a los ministros divinamente instituidos en la carga de pastores.

Ser Acción Católica no cambia la naturaleza del apostolado, que brota de la fe y de la iniciación cristiana, sino que cambia la cualidad del apostolado de los fieles: los laicos que ya son apóstoles por la fe y el bautismo, son llamados por la Iglesia jerárquica o se ofrecen libremente a ella, para integrar su acción en un esfuerzo orgánico que sea, no ya el de esta o aquella persona o grupo, sino el de la Iglesia misma, en unión estrecha y subordinada a los ministros instituidos por voluntad divina como pastores: la jerarquía.

La constitución de la Acción Católica, no supone, por tanto, alterar la naturaleza del apostolado al que están llamados los fieles por ser Iglesia, sino asumirlo y levarlo al nivel plenamente eclesial, al asociarlo estrechamente a los obispos.

La Acción Católica es el apostolado de los laicos, quienes, bajo la dirección   de los obispos, se ponen al servicio de la Iglesia. O sea, que cuando en lugar de  aplicarse de forma espontánea o dispersa y sólo a título privado, él apostolado de los fieles se coloca bajo la dirección expresa de los obispo a fin  de cooperar a su propia misión, la Acción Católica existe.

En lo que afecta a su naturaleza y a sus fundamentos, la Acción Católica continúa siendo básicamente el apostolado que brota de la condición de cristianos, pero añade una calificación nueva: la cualidad de ser actividad plenamente eclesial.

La Acción Católica, entendida correctamente, no es, en el fondo nada nuevo, sino que es tan antigua como la Iglesia[8].

2.2. Interpelada por el concilio Vaticano II

El Concilio Vaticano II, un concilio eclesiológico, reafirmó nítidamente el valor de la Acción Católica.

Sin embargo, al poco tiempo de concluido fue sumergida en una seria crisis; crisis que enfrentó'” la Iglesia en general y que se expresó con fuerza en el clero y en los seminarios.

«Conviene hacer notar que esta crisis que la Acción Católica sufrió en el inmediato postconcilio es explicable históricamente. Tal crisis se debió no a que fuera Acción Católica, ni a sus notas características, sino al cúmulo de problemas con los que se vio enfrentado el laicado y toda la Iglesia en ese período postconciliar. Sin embargo, hay dos posturas que se pueden tomar cuando atravesamos una crisis. La primera es hacer borrón y cuenta nueva y poner en marcha un nuevo proyecto con nombre nuevo. Si no se han digerido bien las causas de la crisis del proyecto anterior es muy fácil que se reproduzcan en la nueva experiencia los errores cometidos. El segundo camino es analizar las causas de la crisis del proyecto anterior y poner los elementos que faltan para la superación de la misma.

Esto es lo que ha ocurrido con otras crisis. También en el postconcilio se ha dado la crisis del clero, de los seminarios y del sacramento de la penitencia y eso no significa que no hayamos hecho bien emprendiendo la tarea de reconstruir los presbiterios y los seminarios, e impulsando el valor y la necesidad del sacramento de la reconciliación. Y la razón es que una realidad es válida o no, no porque haya o no tenido crisis, sino por lo que esa realidad significa desde el punto de vista eclesial y apostólico, o por el servicio que pueda prestar. Esta es la razón más profunda por la que, siguiendo al Concilio y al magisterio postconciliar sobre el laicado hoy se plantea la necesidad y conveniencia de una Nueva Acción Católica»[9].

Ahora bien el Concilio Vaticano II habla explícitamente de la Acción Católica en tres ocasiones, que citamos según el orden cronológico con que aparecieron[10]:

En el decreto Christus Dominus, que trata sobre la función pastoral de los obispos en la Iglesia, al hablar de la función de regir y apacentar, se subraya que los obispos han de fomentar las diversas formas de apostolado y han de urgir a los fieles el deber de ejercer el apostolado, cada uno según su condición y aptitud, y recomendarles que tomen parte y ayuden en los diversos campos del apostolado seglar; sobre todo en la Acción católica[11].

En Apostolicam actuositatem, decreto por entero a considerar el apostolado de los laicos, se explican detalladamente las cuatro propiedades o “notas”: fin apostólico, protagonismo laical, organicidad y vinculación a la Iglesia Particular y Universal que caracterizan a la Acción Católica[12].

En el decreto Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia, después de describir la obra misionera de primer anuncio, después de señalar la importancia del catecumenado y la iniciación cristiana, a la hora de hablar de la implantación de la Iglesia y el crecimiento de la comunidad cristiana, se subrayan como necesarios diversos ministerios que deben ser fomentados y cultivados por todos diligentemente, entre los que se cuentan las funciones de los sacerdotes, de los diáconos y de los catequistas y la Acción Católica[13].

En relación al magisterio postconciliar ocupa singular importancia las enseñanzas del Papa Pablo VI. De sus múltiples referencias a la Acción Católica, en lo que respecta a la misión de los pastores, insistía que saben bien que si los laicos tienen libertad para pertenecer o no a ella (la Acción Católica es un movimiento de voluntarios), es obligación suya conservarla y promover/a. No es un fenómeno caduco, que tuvo su tiempo, como dicen algunos; es un órgano integrador de la estructura eclesial; y es de tal importancia en las contingencias históricas actuales que sería juicio erróneo tenerlo en mediocre consideración (Cf.

AA22)[14].

Reconoce, por su parte, que los laicos de Acción católica son el tejido conjuntiva más resistente de la comunidad eclesial, realizan el grado más pleno y más intenso de comunión al cual sea dado llegar a los fieles laicos; […] son los que están más cerca de su oración, los más comprometidos en la acción apostólica, los más asociados al sacrifico que la venida del reino de dios siempre comporta[15].

Destaca y llama la atención, el Papa Pablo VI sobre el relieve peculiar de la Acción Católica que, en cuanto colaboración de los laicos en apostolado jerárquico de la Iglesia, ocupa un lugar no históricamente contingente, sino teológicamente motivado en la estructura eclesial. Después de cuanto dijo sobre esto el Concilio (cf.AA 20; AG 15), Y de lo que nosotros mismos tuvimos ocasión de subrayar en nuestra Exhortación Apostólica Evangelio nuntiandi (cf. Núm, 73), no se puede menospreciar el papel específico de la Acción Católica en el plan constitucional y en el programa operativo de la Iglesia. La Acción. Católica está llamada a desempeñar a la plantatio Ecclesiae y al desarrollo de la comunidad cristiana, en estrecha unión con los ministerios ordenados[16].

El laico de Acción Católica es aquel que enrolado en las fílas del apostolado, ha aceptado como quehacer propio ser testigo del Evangelio, gustoso de llevar la verdad de Cristo, en estrecha comunión con la jerarquía, a todos los ámbitos de la sociedad[17],

2.3. Dispuesta a seguir navegando mar adentro

En el pontificado de Juan Pablo II queremos subrayar la mención que trae la Exhortación Apostólica Christifideles Laici ya que de entre todas las asociaciones laicales cita solamente de forma explícita a la Acción Católica. Cuando al hablar de la corresponsabilidad de los laicos en la Iglesia misterio de comunión, haciendo referencia a una de las proposiciones del Sínodo sobre los laicos[18], destaca: Entre las diversas formas apostólicas de los laicos que tienen una particular relación con la jerarquía, los padres sinodales han recordado explícitamente diversos movimientos y asociaciones de Acción Católica, en los cuales “los laicos se asocian libremente de modo orgánico y estable, bajo el impulso del Espíritu Santo, en comunión con el Obispo y con los sacerdotes, para poder servir, con fidelidad y laboriosidad, según el modo que es propio a su vocación y con un método particular, al incremento de toda la comunidad cristiana, a los protyectos pastorales y a la animación evangélica de todos los ámbitos de la vida[19].

Últimamente insistía Juan Pablo II que la Iglesia no puede prescindir de la Acción Católica. La Iglesia necesita un grupo de laicos que, fieles a su vocación y congregados en torno a los legítimos pastores, estén dispuestos a compartir, junto   con ellos, la labor diaria de la evangelización en todos los ambientes. [ … ] La Iglesia necesita la Acción católica, porque necesita laicos dispuestos a dedicar su existencia al apostolado y a entablar, sobre todo con la comunidad diocesana, un vínculo que deje una huella profunda en su vida y en su camino espiritual. Necesita laicos cuya experiencia manifieste, de manera concreta y diaria, la grandeza y alegría de la vida cristiana; laicos que sepan ver en el bautismo la raíz de su dignidad, en la comunidad cristiana a su familia, con la cual han de compartir la fe, y en el pastor al padre que guía y sostiene el camino de los hermanos; laicos levadura del Evangelio al entramado de las relaciones humanas y a las instituciones, al territorio y a los nuevos lugares de la globalización, para construir la civilización del amor.

Precisamente porque la Iglesia necesita una Acción Católica viva, fuerie y hermosa, quiero repetirles a cada uno: Duc in altum! iDUC in altum, Acción católica! Ten la valentía del futuro[20].

  1. Conclusión: Conveniencia de seguir profundizando en la reflexión teológica de lo que afirmó el magisterio

   

Para profundizar en lo que son las bases teológicas y eclesiológicas de la Acción católica debemos considerar prioritariamente que la naturaleza de la Acción Católica está claramente definida por las propiedades que el Concilio Vaticano I sancionó autorizadamente como definitorias[21].

Estas notas en su comprensión global la identifican como una «Forma singula[. Ge “ministerialidad” laical», «forma específica de apostolado» de los laicos en la Iglesia; que procura servir «áíincremento de toda la comunIdad cristiana, a los proyectos pastorales y a la animación evangélica de todos los ámbitos de la vida» en disponibilidad para actuar conforme a las prioridades que la jerarquía le señale.

Nuestra intención será, pues, recoger lo sustantivo de las notas conciliares, contemplándolas desde las enseñanzas del Concilio Vaticano II, y a la luz de la interpretación que de él ha hecho el magisterio.

Por otra parte intentaremos responder que significa aquella sentencia de Pablo VI refiriendo que la Acción Católica «ocupa un lugar no históricamente contingente, sino teológicamente motivado en la estructura eclesial». ¿Por qué, si en el decir de

Juan Pablo II, «la Iglesia no puede prescindir de la Acción Católica» es tan cuestionada su vigencia? ¿Estas enseñanzas del magisterio están acaso dirigidas sólo al auditorio ante el cual son pronunciadas o conciernen a toda la Iglesia?

Este esfuerzo nos ayudará a reconocer la configuración que actualmente asume la Acción Católica en México y nos dispondrá para responder a los desafíos que se presenten como a la sensibilidad y aspiraciones de los laicos en las circunstancias actuales.
[1]  TMA 18.

[2] TMA 18.

[3] «El concepto de comunión (koinoía), ya puesto de relieve en los textos del Concilio vaticano II (LG 4,8, 13315, 18, 21.24-25. DV 10; GS 32; UR 2-4,14-15, 17-19, 22) es muy adecuado para expresar el núcleo profundo del misterio de la Iglesia, y ciertamente, puede ser una clave de lectura para una renovada eclesiología católica» (Carta «Comuniones notio», Congregación par la doctrina de la fe, 28-5-92).

[4] AA 20

[5] En la Encíclica Ad Catholici Sacerdotii, 63: >Aquí nuestro pensamiento se vuelve agradecido hacia esa Acción católica, con tan vivo interés por Nos imperada, impulsada y defendida, la cual, como participación de los seglares en el apostolado jerárquico de la Iglesia, no puede desinteresarse de este problema tan vital de las vocaciones sacerdotales»; En la Encíclica Mens Nostra, 17: «Con no menor solicitud, venerables hermanos, aconsejamos que con los Ejercicios espirituales se formen convenientemente las múltiples legiones de la Acción católica; la cual no desistimos ni desistiremos nunca, de fomentar y recomendar con todas nuestras fuerzas, porque tenemos por utilísima (por no decir necesaria) la participación de los seglares en el apostolado jerárquico ». Cf. Encíclica Quadragesimo Anno, 96; Cf. Quae nobis, al cardenal Berttsnd obispo de Breslau (13-11-28); Cf. Lemus Sane notius, 3.8. al Cardenal Segura de Toledo (6-11-29).

[6] Carta al Episcopado de Argentina 4-12-1930.

[7] Encíclica Mystici Corporis Christi, 45: «Los que militando en las filas de la Acción católica, cooperan en el ministerio apostólico con los Obispos y los sacerdotes»; Cf Encíclica Summi Pontificatus: «La colaboración de los laicos formados en las filas de la Acción Católica … »

[8] Podemos reconocer en los textos neotestamentarios una activa participación de discípulos que colaboran estrechamente con los apóstoles en la tarea evangelizadora. Sirve como ejemplo el testimonio que recuerda Pablo de Epafrodito, «hermano, colaborador y compañero de lucha» (Flp 2,25); Evodía, Síntique, Clemente y sus demás colaboradores quienes lucharon [con él] en la predicación del Evangelio.(Flp4,2-3)Epafras nuestro querido compañero en el servicio de Dios (Col 1,7; 4,12); Priscila y Aquila colaboradores en Cristo Jesús, María, que tanto ha trabajado, Andrónico y Junia,.que son apóstoles insignes, Urbano, colaborador en Cristo, Persis, que también ha trabajado mucho por el Señor(Ro 16,4-15); Estéfanas y su familia, quienes han decidido consagrarse al servicio de los hermanos (lCo 16,15) Filemón, amigo y colaborador CFil1.2).

[9] Fernández Casamayor, A., «Bases Teológicas y Eclesiológicas de la Acción Católica» Madrid: EDICE, pp28-29.

[10] No presentamos en este artículo una elaboración sistemática del contenido y significado del Magisterio sobre la Acción Católica, sino que sólo hacemos un recorrido sobre los textos>’en que se puede leer una referencia a lo esencial de la Acción católica.

[11] CD 17.

[12] AA 20.

[13] AG 15.

[14] Audiencia general 14-2-68.

[15] Discurso en el Centenario de la ACI, 8-12-68.

[16] Discurso a los participantes en la III asamblea general de la ACI (27-763) y lo repetía al afío siguiente en una carta a la AC Portuguesa (25-6-64).

[17] Carta al Cardenal Francisco Primatesta para la XVI Asamblea Federal de la AC Argentina, 12-6-77.

[18] Proposición no 13

[19] ChL 32.

[20] Discurso del Santo Padre Juan Pablo II a los participantes en la XI Asamblea de la Acción Católica Italiana, 2-4 (26-04-2002).

[21] AA 20.

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