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Los Laicos Como Sujetos De Transformación Social Y Pastoral

LOS LAICOS COMO SUJETOS DE TRANSFORMACIÓN SOCIAL Y PASTORAL

Pbro. Lic. Saúl Ragoitia Vega
Asesor Nacional Kolping

  1. INTRODUCCIÓN.

Los laicos como sujetos de transformación social y pastoral, es un tema que nos invita a una reflexión que parte desde la clarificación del concepto laico, hasta las cuestiones doctrinales que nos aclaran el ser y que hacer de los fieles laicos dentro de la misión de la Iglesia, sin dejar a un lado la experiencia propia que se tiene en el que hacer pastoral de la Iglesia hasta nuestros días.

Quiero partir de unos datos que he obtenido de un muestreo sobre la realidad de la presencia de los fieles laicos en la parroquia.

En una Parroquia de 20,000 habitantes, nos encontramos con que el 85% son católicos (17,000 h) y 15% no católicos (3000).

Hay quienes se nombran católicos practicantes por que van a misa, y los no practicantes los que no van a misa, o van cuando les nace, o cuando surge la necesidad de solicitar un sacramento que para ellos será un “evento”.

De los 17,000 católicos, 3000 van a misa cada 8 días (17.64%), 450 cat. participan como agentes de pastoral (2.64%).

De los 450 agentes, suponemos que tienen cierto grado de formación y preparación en la fe, pero solo 22 tiene un preparación sistemática y conocen su fe (0.12%);

150 Pastoral litúrgica 33.33%
80 Pastoral Profética 17.77%
30 Pastoral Social. 6.66%
190 Movimientos laicales 42.22%
180 Matrimonios 40 %
25 Jóvenes 5.55 %
150 De 30-40 33.33 %
60 De 40-60 13.33 %
35 De 60 a mas 7.77 %

 

  1. EL CONCEPTO

¿Por qué la importancia de aclarar el concepto? A lo largo de nuestra historia, nos hemos visto marcados por la corriente de pensamiento llamado “positivismo”, que supone que la verdad es solo aquello que es comprobable con los datos científicos, es decir, lo que sea tangible, visible, “real”, negando toda realidad trascendente; de ahí que lo “religioso”, sea cuestionable. De esto se deriva, de una manera equívoca, que lo laico sea entendido como laicidad o laicismo, es decir, anti­religioso; de ahí expresiones como “educación laica”, pero todo con una connotación anticlerical.

Esto provocó serias confusiones, y lo que es peor, minó la conciencia acerca de lo que es realmente ser laico. Esto tiene consecuencia muy graves, que marcarán el estilo de vida de los fieles laicos no solo en la vida de la Iglesia, sino sobre todo en su presencia dentro de la sociedad, que como bautizados ha sido nula.

Los conceptos a definir son: laico, seglar, secular, laicismo y laicista:

LAICO: (del griego XaiKÓ^ -laikós, ‘alguien del pueblo’-, de la raíz Laóq -laós, ‘pueblo’-) o seglar es aquel fiel que no es miembro del clero. El redescubrimiento del término ‘laico’ fue impulsado principalmente en el Concilio Vaticano II.

SEGLAR: Se aplica a la persona que no es sacerdote ni pertenece a una orden religiosa, sin órdenes clericales.

SECULAR: Clero o sacerdote secular que no vive en convento ni pertenece a ninguna orden religiosa (clero regular que vive bajo una regla o instituto religioso).

LAICISMO:      es   la corriente de pensamiento, ideología, movimiento político, legislación o

política de gobierno que defiende, favorece o impone la existencia de una sociedad organizada aconfesionalmente, es decir, de forma independiente, o en su caso ajena a las confesiones religiosas. Su ejemplo más representativo es el “Estado laico” o “no confesional”. El término “laico” aparece primeramente en un contexto cristiano.

El concepto de “Estado laico”, opuesto al de “Estado confesional”, surgió históricamente de la Separación Iglesia-Estado que tuvo lugar en Francia a finales del siglo XIX, aunque la separación entre las instituciones del estado y las iglesias u organizaciones religiosas se ha producido, en mayor o menor medida, en otros momentos y lugares, normalmente vinculada a la Ilustración y a la Revolución liberal.

LOS LAICISTAS: consideran que su postura garantiza la libertad de conciencia además de la no imposición de las normas y valores morales particulares de ninguna religión o de la irreligión. El laicismo es distinto del anticlericalismo en cuanto no condena la existencia de dichos valores religiosos.

  1. LOS LAICOS EN EL MAGISTERIO DE LA IGLESIA.

Desde el Concilio Vaticano II, se destaca cada vez más que el laico en la Iglesia Católica es una auténtica vocación. El contenido de esta vocación es la santificación de las obligaciones ordinarias del cristiano y, en primer lugar, las familiares. Así, la Constitución Dogmática Lumen Gentium afirma que su vocación consiste en “iluminar y organizar todos los asuntos temporales a los que están estrechamente vinculados, de tal manera que se realicen continuamente según el espíritu de Jesucristo y se desarrollen y sean para la gloria del Creador y del Redentor” (n. 31).

El Decreto conciliar Apostolicam Actuositatem indica que forma parte de esta vocación el apostolado, entendido como deber de acercar almas a Dios. Según este documento, “ejercen el apostolado con su trabajo para la evangelización y santificación de los hombres, y para la función y el desempeño de los negocios temporales, llevado a cabo con espíritu evangélico de forma que su laboriosidad en este aspecto sea un claro testimonio de Cristo y sirva para la salvación de los hombres” n. 2).

El Código de Derecho Canónico define al laico en su canon 207 con un criterio negativo: es laico quien no es clérigo.

207 § 1. Por institución divina, entre los fieles hay en la Iglesia ministros sagrados, que en el derecho se denominan también clérigos; los demás se denominan laicos.

Los cánones 224 y siguientes establecen el estatuto de los fieles laicos al dar una lista de derechos y deberes de los fieles laicos. De ellos destaca el canon 225 porque de él se puede extraer una definición positiva del fiel laico: según este canon, los laicos son aquellos que tienen la obligación general de trabajar para que el mensaje divino de salvación sea conocido y recibido por todos los hombres en todo el mundo. Esta obligación les apremia todavía más en aquellas circunstancias en las que sólo a través de ellos pueden los hombres oír el Evangelio y conocer a Jesucristo.

225 § 1. Puesto que, en virtud del bautismo y de la confirmación, los laicos, como todos los demás fieles, están destinados por Dios al apostolado, tienen la obligación general, y gozan del derecho tanto personal como asociadamente, de trabajar para que el mensaje divino de salvación sea conocido y recibido por todos los hombres en todo el mundo; obligación que les apremia todavía más en aquellas circunstancias en las que sólo a través de ellos pueden los hombres oír el Evangelio y conocer a Jesucristo.

El estado laical es uno de los estados en los que el cristiano puede ejercer su misión dentro de la iglesia, además del clerical y del religioso. El laico es aquella persona bautizada, perteneciente a la Iglesia que no ha recibido el sacramento del Orden Sacerdotal ni ha hecho votos dentro de alguna comunidad religiosa. La Constitución dogmática Lumen gentium establece “a los laicos corresponde, por propia vocación, tratar de obtener el Reino de Dios gestionando los asuntos temporales y ordenándolos según Dios”. El Compendio de Doctrina Social de la Iglesia señala -a su vez- “Es tarea propia del fiel laico anunciar el Evangelio con el testimonio de una vida ejemplar, enraizada en Cristo y vivida en las realidades temporales…” (Comp DSI, 543); “Los fieles laicos están llamados a cultivar una auténtica espiritualidad laical, que los regenere como hombre y mujeres nuevos, inmersos en el misterio de Dios e incorporados en la sociedad, santos y santificadores”

CHRISTIFIDELES LAICI, Sobre la vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo – 30/12/1988

Id también vosotros a mi viña: “La llamada no se dirige sólo a los Pastores, a los sacerdotes, a los religiosos y religiosas, sino que se extiende a todos: también los fieles laicos son llamados personalmente por el Señor de quien reciben una misión en favor de la Iglesia y del mundo”. (n.2)

Ya Pío XII decía: «Los fieles, y más precisamente los laicos, se encuentran en la línea más avanzada de la vida de la Iglesia; por ellos la Iglesia es el principio vital de la sociedad humana. Por tanto ellos, ellos especialmente, deben tener conciencia, cada vez más clara, no sólo de pertenecer a la Iglesia, sino de ser la Iglesia: es decir, la comunidad de los fieles sobre la tierra bajo la guía del Jefe común, el Papa, y de los Obispos en comunión con él. Ellos son la Iglesia (…)».(n. 9)

Por el bautismo participa de la triple misión: sacerdote, profeta y rey.

La novedad cristiana es el fundamento y el título de la igualdad de todos los bautizados en Cristo, de todos los miembros del Pueblo de Dios: «común es la dignidad de los miembros por su regeneración en Cristo, común la gracia de hijos, común la vocación a la perfección, una sola salvación, una sola esperanza e indivisa caridad». En razón de la común dignidad bautismal, el fiel laico es corresponsable, junto con los ministros ordenados y con los religiosos y las religiosas, de la misión de la Iglesia. Pero la común dignidad bautismal asume en el fiel laico una modalidad que lo distingue, sin separarlo, del presbítero, del religioso y de la religiosa. El Concilio Vaticano II ha señalado esta modalidad en la índole secular: «El carácter secular es propio y peculiar de los laicos». (n. 15)

Los fieles laicos, «son llamados por Dios para contribuir, desde dentro a modo de fermento, a la santificación del mundo mediante el ejercicio de sus propias tareas, guiados por el espíritu evangélico y así manifiestan a Cristo ante los demás, principalmente con el testimonio de su vida y con el fulgor de su fe, esperanza y caridad». De este modo, el ser y el actuar en el mundo son para los fieles laicos no sólo una realidad antropológica y sociológica, sino también, y específicamente, una realidad teológica y eclesial. En efecto, Dios les manifiesta su designio en su situación intramundana, y les comunica la particular vocación de «buscar el Reino de Dios tratando las realidades temporales y ordenándolas según Dios». (n. 16)

  1. GRUPOS, MOVIMIENTOS Y ASOCIACIONES LAICALES.

“En estos últimos años, el fenómeno asociativo laical se ha caracterizado por una particular variedad y vivacidad. La asociación de los fieles siempre ha representado una línea en cierto modo constante en la historia de la Iglesia, como lo testifican, hasta nuestros días, las variadas confraternidades, las terceras órdenes y los diversos sodalicios. Sin embargo, en los tiempos modernos este fenómeno ha experimentado un singular impulso, y se han visto nacer y difundirse múltiples formas agregativas: asociaciones, grupos, comunidades, movimientos. Podemos hablar de una nueva época asociativa de los fieles laicos” (Chr. L. 29).

Se les llama movimientos espirituales, movimientos laicales, movimientos apostólicos, movimientos eclesiales, o también, grupos laicales o grupos de apostolado laico, asociaciones o comunidades laicales. Una cosa sí podemos decir: todos son carismáticos, en el sentido de que todos nacen de la acción del Espíritu en la Iglesia. “El Espíritu sopla donde quiere y no sabes de dónde viene ni a dónde va” (Jn 3,8), y todos son eclesiales en el sentido de que nacen en la Iglesia y para el servicio de la Iglesia.

El documento sinodal admite la libertad asociativa de los fieles, fundamentada en el Bautismo y que los hace partícipes de la comunión y la misión de la Iglesia. Como criterios de eclesialidad de estos movimientos, el documento señala cinco: primacía de la vocación de todo cristiano a la santidad, por la cual todo movimiento debe ser instrumento de santificación; responsabilidad de confesar la fe católica; comunión con el Papa y los Obispos; conformidad y participación con el fin apostólico de la Iglesia; empeño por una presencia en la sociedad humana, para promover condiciones de vida más justas y fraternas.

Asociaciones privadas y asociaciones públicas en el Derecho Canónico

El derecho de asociación comprende no solo la libertad de inscribirse en asociaciones ya existentes, sino también la de crear nuevas asociaciones en la Iglesia y dirigirlas con arreglo a Dere­cho.

Las asociaciones creadas por un acuerdo privado (que suele llamarse acuerdo o contrato asociativo entre varios fíeles (al menos tres, para perseguir fines eclesiales de los mencionados en los cc. 215 y 298 § 1, se llaman privadas.

O con otras palabras, una asociación privada es una asociación de fieles que nace por acuerdo privado entre los fieles, pero cuyos estatutos han de ser revisados por la autoridad competente, aprobados si se quiere adquirir personalidad judírica, que no actúa en nombre de la Iglesia sino de sus propios miembros y cuya autonomía de funcionamiento no le exime se estar sometida a la vigilancia y régimen de la autoridad eclesiástica.

Estas asociaciones, por tanto, no son erigidas por la autoridad eclesiástica; y el hecho de que en algún caso sean alabadas o recomendadas por la autoridad no cambia su naturaleza privada.

Sin embargo, algunos de los fines que cabe procurar asociadamente, por su especial conexión con la misión de la Jerarquía de la Iglesia, se sustraen a la iniciativa privada de los fíeles y se reservan a la autoridad eclesiástica. Concretamente, sólo la autoridad competente puede erigir asociaciones que se propongan transmitir la doctrina cristiana en nombre de la Iglesia, o promover el culto público, o que persigan otros fines reservados por su misma naturaleza a la autoridad eclesiástica.

En el mismo decreto de erección, la autoridad conferirá la misión a esas asociaciones, en la medida en que sea necesaria para llevar a cabo en nombre de la Iglesia el fin que se proponen.

Además, la autoridad puede tomar la iniciativa para erigir asociaciones que se propongan otros fines no reservados, si considera que la iniciativa privada no basta para proveer adecuadamente a esos fines. Todas las asociaciones erigidas por la autoridad de la Iglesia se llaman públicas.

Es decir, una asociación pública es aquella asociación de fieles erigida por la autoridad eclesiástica competente, que queda constituida en persona jurídica en virtud del mismo decreto que la erige y recibe misión, dentro de sus fines, para actuar en nombre de la Iglesia, mirando al bien público, al mismo tiempo que se rige a norma de sus estatutos, bajo la alta dirección de la Jerarquía.

  1. LA HORA DEL LAICO.

“No resulta sorprendente que Juan Pablo II, con su historial de estrecha colaboración con hombres y mujeres laicos, haga frecuentes referencias al laicado, equiparándolo con un «gigante dormido». Durante décadas, el gigante parecía perdido en el sueño profundo de un adolescente ”. (La hora del laico, una llamada a dar testimonio por Mary Ann Glendon)

Ahora bien, a pesar de la claridad de la doctrina de la Iglesia, particularmente, Lumen Gentium, Apostolicam Actuositatem, Christifideles Laici, y Código de Derecho Canónico, que nos hablan de la vocación y apostolado de los fieles laicos, pareciera ser que aún no nos ha quedado muy claro esto, no sólo a nivel conceptual, sino sobre todo pastoral.

Expresión de esta realidad la podemos ubicar desde varias perspectivas: desde el clero o desde el mismo laico, que de hecho esta perspectiva ya pone en evidencia el primer problema, la confrontación clero vs laico, cuando la visión tendría que ser ministerio-carismas- comunión- misión.

Pero para tener más claridad de la realidad que vivimos respecto del ser y que hacer de los laicos, señalaré lo doble perspectiva: desde el clero y desde los laicos, que no favorece el desarrollo de la vocación de los laicos.

Desde el clero:

–       Actitud clericalista: centralizar en su persona toda la labor pastoral.

–       A pesar del agobio pastoral, no cree en los laicos y mucho menos en los movimientos o

asociaciones, creyendo que le van a dar mas trabajo, por tal motivo   no hay apoyo.

–       Trabajar como sacerdote, y no ser sacerdote.

–       No tener un plan de pastoral parroquial.

–       Burocratizar su servicio, solo clientelar.

–       Desconocer o menospreciar el papel del laico.

–          Tener sospecha de los laicos que quieren ejercer su misión en alguna iniciativa con incidencia social, desde su tarea propia de laico.

Desde los laicos:

–           No se tiene conciencia de su vocación de laico y mucho menos de su misión.

–       La mayor parte de católicos son por tradición.

–       Ignorancia de la fe.

–       Se vive un sincretismo religioso.

–       Dicotomía entre fe y vida.

–       Se vive una actitud de dependencia o independencia, más allá de la     interdependencia.

–       No hay conciencia de su bautismo.

–       Confusión del concepto de laico.

–       Se es católico vergonzante.

–           Ausencia de los fieles laicos de las realidades temporales.

–           Están más preocupados por una fe cultual que una fe vivida.

–       Hay apatía, individualismo, indiferencia.

–           Los movimientos laicales no tienen conciencia de parroquia.

–       Los movimientos están muchas veces más preocupados por el ser que por el que hacer.

–       Los movimientos se convierten en clubs sociales.

–       No hay conciencia eclesial.

–       Se desconoce la Doctrina Social de la Iglesia.

–       Son católicos dentro de la Iglesia, y dejan de serlo fuera de ella.

  1. CONCLUSIÓN

Concluyo con algunos textos del Decreto Apostolicam Actuositatem

Por los tiempos que vivimos se hace más necesaria la presencia de los laicos: “Por nuestros tiempos no exigen menos celo en los laicos, sino que, por el contrario, las circunstancias actuales les piden un apostolado mucho más intenso y más amplio”, “además, en muchas regiones, en que los sacerdotes son muy escasos, o, como sucede con frecuencia, se ven privados de libertad en su ministe­rio, sin la ayuda de los laicos, la Iglesia a duras penas podría estar presente y trabajar”.

En la Iglesia hay variedad de ministerios, pero unidad de misión: evangelizar y santificar.

“Es preciso, con todo, que los laicos tomen como obligación suya la restauración del orden temporal, y que, conducidos por la luz del Evangelio y por la mente de la Iglesia, y movidos por la caridad cristiana, obren directamente y en forma concreta en dicho orden; que cooperen unos ciudadanos con otros, con sus conocimientos especiales y su responsabilidad propia; y que busquen en todas partes y en todo la justicia del reino de Dios. Hay que establecer el orden temporal de forma que, observando íntegramente sus propias leyes, esté conforme con los últimos principios de la vida cristiana, adaptándose a las variadas circunstancias de lugares, tiempos y pueblos. Entre las obras de este apostolado sobresale la acción social de los cristianos, que desea el Santo Concilio se extienda hoy a todo el ámbito temporal, incluso a la cultura.” (n. 7). “Todo lo que constituye el orden temporal, a saber, los bienes de la vida y de la familia, la cultura, la economía, las artes y profesiones, las instituciones de la comunidad política, las relaciones internacionales, y otras cosas semejantes, y su evolución y progreso”.

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