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El Laicado Católico después de la visita del Papa en Cuba

El Laicado Católico después de la visita del Papa

Diócesis de Pinar del Río. Cuba

http://www.diocesispinardelrio.info/dioces/data/laicado/1.html

Reflexión del Consejo Diocesano de Laicos de Pinar del Río

La visita de Su Santidad el Papa Juan Pablo II a Cuba ha suscitado un nuevo aliento de reflexión y compromiso en toda la Iglesia cubana. Su magisterio y sus gestos siguen inspirando nuestra vida cristiana y nuestra acción apostólica.
Recientemente constituido, el Consejo Diocesano de Laicos de Pinar del Río ha asumido unos estatutos en los cuales se define como “un organismo de reflexión y diálogo permanentes… como un espacio de y para los laicos, donde puedan motivar su compromiso temporal, así como posibilitar la coordinación de acciones comunes, salvaguardando la debida subsidiaridad para la transformación de la realidad desde su propia identidad.”
Para motivar el compromiso de los laicos católicos y contribuir a establecer un diálogo con todos los hombres de buena voluntad, con los que compartimos el presente y el destino de nuestra Patria, hemos acordado dar a conocer nuestras reflexiones al terminar cada sesión del Consejo de Laicos.
En esta primera Sesión, efectuada en Pinar del Río los días 19 y 20 de junio de 1998 hemos reflexionado sobre los desafíos que han suscitado, con relación al laicado católico, las enseñanzas y actitudes del Santo Padre en su visita a Cuba.
Llenos de esperanza, con nuestra confianza puesta en el Señor, y mirando “a Cuba, a su pueblo, a sus hijos, que son sin duda su mayor riqueza”, creemos con el Santo Padre que “ésta es la hora de emprender los nuevos caminos de renovación, así como las situaciones que favorecen y entorpecen nuestra respuesta a esos compromisos teniendo en cuenta la realidad que vivimos en Cuba hoy:

LA VOCACIÓN DE LOS LAICOS

En su Mensaje a los Obispos cubanos el Santo Padre dijo:
“Animen a los fieles laicos a vivir su vocación con valentía y perseverancia, estando presentes en todos los sectores de la vida social, dando testimonio de la verdad sobre Cristo y sobre el hombre; buscando, en unión con las demás personas de buena voluntad, soluciones a los diversos problemas morales, sociales, políticos, económicos, culturales y de espiritualidad que deben afrontar la sociedad; participando con eficacia y humildad en los esfuerzos para superar las situaciones a veces críticas que conciernen a todos, a fin de que la Nación alcance condiciones de vida cada vez más humanas. Los fieles católicos, al igual que los demás ciudadanos, tienen el deber y el derecho de contribuir al progreso del País. El diálogo cívico y la participación responsable pueden abrir nuevos cauces a la acción del laicado y es de desear que los laicos comprometidos continúen preparándose con el estudio y la aplicación de la Doctrina Social de la Iglesia para iluminar con ella todos los ambientes.”(Mensaje a los Obispos en la Habana. No 5c)

De esta reflexión deseamos responder a este:

Primer Desafío: Estar presentes y actuantes en todos los ambientes de la vida social como testigos vivos de Cristo, con valentía y perseverancia.

Para concretar este desafío hemos encontrado estas propuestas:
a)Contribuir a disminuir la autocensura que limita a tantos laicos en su acción eclesial y social.
b)Promover la reflexión y la toma de conciencia de la vocación y misión propias del laico.
c)Cultivar la constancia y la coherencia entre la vida de fe y las acciones concretas.

Mirando a nuestra realidad creemos que hay situaciones que favorecen hoy la realización de este desafío como son:

-La credibilidad creciente de la Iglesia Católica.
-El incremento del número de fieles.
-El llamado de la Iglesia al protagonismo de los laicos.
-Las necesidades a las que debemos responder debido a la situación crítica del país.
-El contenido mismo de la Doctrina Social de la Iglesia nos anima a este compromiso.

No favorecen:
-La falta de conciencia en muchos laicos de su vocación y misión en el mundo.
-La falta de información actualizada sobre temáticas nacionales, internacionales, económicas, culturales, sociales, eclesiales, etc.

LA MISIÓN DE LOS LAICOS

En cuanto a la misión propia del laicado católico reflexionamos estas palabras del Santo Padre en la Catedral de la Habana:
“A los laicos aquí presentes, que representan a tantos, les agradezco su fidelidad cotidiana por mantener la llama de la fe en el seno de sus familias, venciendo así los obstáculos y trabajando con valor para encarnar el espíritu evangélico en la sociedad. Los invito a alimentar la fe mediante una formación continua, bíblica, catequética, lo cual los ayudará a preservar en el testimonio de Cristo, perdonando las ofensas, ejerciendo el derecho a servir al pueblo desde su condición de creyentes católicos en todos los ámbitos ya abiertos, y esforzándose por lograr el acceso a los que todavía están cerrados. La tarea de un laicado católico comprometido es precisamente abrir los ambientes de la cultura, la economía, la política y los medios de comunicación social para transmitir, a través de los mismos, la verdad y la esperanza sobre Cristo y el hombre. En este sentido es de desear que las publicaciones católicas y otras iniciativas puedan disponer de los medios necesarios para servir mejor a toda la sociedad cubana de los fieles y de su genuina vocación cristiana al servicio de la verdad y de Cuba.”(No. 6)

A partir de estas exhortaciones deseamos responder a este:

Segundo Desafío: tener un laicado comprometido y formado que participe activamente en los espacios donde ya está presente y se disponga a abrir nuevos ambientes sociales para servir mejor a nuestro pueblo.

Para responder a este reto encontramos una realidad que favorece:

-El pueblo está ávido de un nuevo enfoque ético y espiritual y deseoso de ser educado para la participación y tener nuevos espacios para ella.

Encontramos, sobre todo, una realidad que entorpece este compromiso:

-Lo difícil de entrar en nuevos ambientes por las trabas excluyentes para la presencia de laicos católicos. Esto hace demasiado lento este proceso que de por sí lleva tiempo.
-La falta de coherencia entre lo que se dice y lo que se hace que limita la participación del pueblo o de personas con alternativas de pensamiento político, económico y social diferentes.

LA ENCARNACIÓN DE LOS LAICOS

En su Homilía de Santiago de Cuba el Papa Juan Pablo II se dirigió a nosotros los laicos católicos y nos dijo:
“La Iglesia llama a todos a encarnar la fe en la propia vida, como el mejor camino para el desarrollo integral del ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios, y para alcanzar la verdadera libertad, que incluye el reconocimiento de los Derechos humanos y la justicia social. A este respecto, los laicos católicos, salvaguardando su propia identidad para poder ser “sal y fermento” en medio de la sociedad de la que forman parte, tienen el deber y el derecho de participar en el debate público en igualdad de oportunidades y en actitud de diálogo y reconciliación. Asimismo, el bien de una nación debe ser fomentado y procurado por los propios ciudadanos a través de medios pacíficos y graduales. De este modo cada persona, gozando de libertad de expresión, capacidad de iniciativa y de propuesta en el seno de la sociedad civil y de la adecuada libertad de asociación, podrá colaborar eficazmente en la búsqueda del bien común.
La Iglesia, inmersa en la sociedad, no busca ninguna forma de poder político para desarrollar su misión, sino que quiere ser germen fecundo del bien común al hacerse presente en las estructuras sociales. Mira en primer lugar a la persona humana y a la comunidad en que vive, sabiendo que su primer camino es el hombre concreto en medio de sus necesidades y aspiraciones. Todo lo que la Iglesia reclama para sí lo pone al servicio del hombre y de la sociedad. En efecto, Cristo le encargó llevar un mensaje a todos los pueblos, para lo cual necesita un espacio de libertad y medios suficientes. Defendiendo su propia libertad, la Iglesia defiende la de cada persona, la de la familia, la de las diversas organizaciones sociales, realidades vivas, que tienen derecho a un ámbito propio de autonomía y soberanía… La Iglesia está llamada a dar testimonio de Cristo, asumiendo posiciones valientes y proféticas ante la corrupción del poder político y económico…”(Homilía en Santiago. No 4b y c)

Después de reflexionar en estas enseñanzas del Vicario de Cristo deseamos responder a la siguiente interpelación:

Tercer Desafío: Ejercer el derecho y el deber que tenemos los laicos católicos de participar en el debate público en igualdad de condiciones y oportunidades.

Para concretarlo proponemos estas líneas de acción:

a)Promover:
-la defensa de la dignidad de la persona humana.
-el reconocimiento de todos los Derechos Humanos y la justicia social.
-la libertad de expresión y asociación.
-la capacidad de iniciativa y propuesta de los ciudadanos.
-la búsqueda, entre todos, del bien común.
b)Denunciando:
-cualquier manifestación de la corrupción del poder político y económico.
c)Cultivando:
-las actitudes de diálogo, reconciliación, valentía y profetismo.
d)A través de:
-medios pacíficos y graduales.
e)Para ello necesitamos:
-espacios de libertad y acceso a los medios de comunicación social.

Hemos encontrado también aspectos de nuestra realidad social y eclesial que favorecen estas líneas de acción:

-El pueblo lo necesita y lo ha expresado, especialmente durante la visita del Papa.
-Hay laicos disponibles y de alguna manera preparados para asumir este servicio.
-La existencia de algunos pequeños espacios de participación, debate y diálogo.
-El interés creciente de algunas instituciones oficiales, asociaciones legalizadas y personas con ciertas responsabilidades, por participar en el debate público del que no desean que sea excluida la Iglesia.

Otras realidades que entorpecen la realización de este compromiso:

-No existe aún un verdadero debate público.
-Hay miedo y desconfianza de muchas partes.
-No se favorecen la creación de espacios de participación y debate verdaderamente abiertos y libres.
-Se encuentran algunos funcionarios políticos que entorpecen y limitan las iniciativas de diálogo y cooperación con la Iglesia que se suscitan entre personas, asociaciones e instituciones oficiales.

SOBRE LA PARTICIPACIÓN DE LOS LAICOS EN LA SOCIEDAD

En su discurso en el Aula Magna de la Universidad de la Habana, el Sucesor de San Pedro nos dijo:
“El Padre Félix Varela… habló también de democracia, considerándola como el proyecto político más armónico con la naturaleza humana, resaltando a la vez las exigencias que de ellas se derivan. Entre estas exigencias destacaba dos: que haya personas educadas para la libertad y la responsabilidad, con un proyecto ético forjado en su interior, que asuman lo mejor de la herencia de la civilización y de los perennes valores trascendentes para ser así capaces de emprender tareas decisivas al servicio de la comunidad; y , en segundo lugar, que las relaciones humanas, así como el estilo de convivencia social, favorezcan los debidos espacios donde cada persona pueda, con el necesario respeto y solidaridad, desempeñar el papel histórico que le corresponde para dinamizar el Estado de Derecho, garantía esencial de toda convivencia humana que quiera considerarse democrática.”(No. 4 a).

En su homilía en la Plaza José Martí se refiere a las actitudes que debemos asumir los laicos ante los diferentes sistemas sociales:

“Los sistemas ideológicos y económicos que se han ido sucediendo en los dos últimos siglos, con frecuencia han potenciado el enfrentamiento como método, ya que contenían en sus programas los gérmenes de la oposición y de la desunión… Un Estado moderno no puede hacer del ateísmo o de la religión uno de sus ordenamientos políticos.
El Estado,… debe promover un sereno clima social y una legislación adecuada… para que la fe pueda expresarse en los ámbitos de la vida pública y contar con los medios y espacios suficientes para aportar a la vida nacional sus riquezas espirituales, morales y cívicas.
Por otro lado,… el neoliberalismo capitalista subordina a la persona humana y condiciona el desarrollo de los pueblos a las fuerzas ciegas del mercado…, imponiendo a las naciones programas económicos insostenibles” (No.4)

“La Iglesia…frente a estos sistemas presenta la cultura del amor y de la vida… para lo que hay que recorrer un camino de reconciliación y de acogida fraterna de todo prójimo… La Iglesia… propone al mundo una justicia nueva, la justicia del Reino de Dios…
En la búsqueda de la justicia del Reino no podemos detenernos ante dificultades e incomprensiones…
Este es el gran cambio que la sociedad necesita y espera y sólo podrá alcanzarse si primero se produce la conversión del corazón de cada uno, como condición para los necesarios cambios en las estructuras de las sociedad” (No.5)

En coherencia con esta y otras enseñazas ya mencionadas queremos responder a este:

Cuarto Desafío: Ofrecer propuestas compartidas de soluciones a los problemas sociales de nuestra Patria ejerciendo el criterio de forma constructiva y participando con eficacia y sencillez.

Para poner en práctica el compromiso que emana de este desafío hemos encontrado las siguientes propuestas de acción:

a)Buscando métodos participativos que abarquen la mayor parte de los sectores de la sociedad.
b)Incentivando la creatividad de los ciudadanos.
c)Abriendo espacios de participación en cada ambiente.
d)Utilizando los espacios ya abiertos para ampliar la participación.
e)Procurando una mayor cooperación con otras denominaciones cristianas e instituciones públicas, en aspectos de carácter social.
f)Estudiando y sobre todo aplicando ya la doctrina Social de la Iglesia a cada situación y ambiente concretos.
g)Aprendiendo a dialogar como actitud y como metodología para la participación.

Para llevar a cabo estos compromisos encontramos aspectos de nuestra realidad que favorecen:
-La toma de conciencia por parte de algunos de la necesidad de cambios estructurales en nuestro país.
-La existencia de un Monasterio Social de la Iglesia que ilumina y anima.
-La globalización o apertura del mundo por la que llegan nuevas ideas democráticas y participativas.

Otras realidades entorpecen este compromiso social:

-La carencia de espacios suficientes para la participación en la sociedad civil.
-Falta de acceso de los laicos a los Medios de Comunicación Social.
-La pérdida de valores y de una cultura participativa.
-La radicalidad de algunos proyectos en el extranjero con los que el Estado y otras instituciones intentan identificar los proyectos concretos que surgen aquí para descalificarlos.

SOBRE LA NECESIDAD DE UN PROYECTO DE VIDA PERSONAL

En varias ocasiones durante su visita el Santo Padre nos invitó, especialmente a los jóvenes pero no sólo a ellos, a tener un proyecto de vida asumido con la libertad interior y la audacia cristiana que se necesitan para que cada persona pueda hacerse cargo de las riendas de su propia vida. Esta es la exhortación del Papa:
“Acojan el llamado a ser virtuosos. Ello quiere decir que sean fuertes por dentro, grandes de alma, ricos en los mejores sentimientos, valientes en la verdad, audaces en la libertad, constantes en la responsabilidad, generosos en el amor, invencibles en la esperanza. La felicidad se alcanza desde el sacrificio. No busquen fuera lo que pueden encontrar dentro. No esperen de los otros lo que ustedes son capaces y están llamados a ser y hacer. No dejen para mañana el construir una sociedad nueva, donde los sueños más nobles no se frustren y donde ustedes puedan ser los protagonistas de su historia.
Recuerden que la persona humana y el respeto por la misma son el camino de un mundo nuevo. El mundo y el hombre se asfixian si no se abren a Jesucristo. Ábranle el corazón y emprendan así una vida nueva, que sea conforme a Dios y responda a las legítimas aspiraciones que Ustedes tienen de verdad, de bondad y de belleza… este es todo un programa de vida personal y social fundado en la caridad, la humildad y el sacrificio, teniendo como razón última servir al Señor”. (Homilía en Camagüey. No 4b, c y d)

Luego de reflexionar sobre estas propuestas queremos responder al siguiente reto:

Quinto Desafío: Asumir un proyecto de vida de modo que podamos ser virtuosos y lleguemos a ser protagonistas de nuestra historia personal y social.

Para hacer de este reto un compromiso asumimos estas propuestas de acción:

a)Logrando que las acciones de los laicos, sus obras y resultados, tengan la convocatoria necesaria por la disposición a la donación personal, al sacrificio con sentido, a la entrega por amor a los demás, que es la más hermosa de las formas de alcanzar la felicidad aquí y ahora.
b)Promoviendo la toma de conciencia de la necesidad de una educación que tenga como base las raíces cubanas y cristianas, dando prioridad a la dignidad de la persona humana sobre todas las demás realidades sociales y poniendo los medios necesarios para contribuir a esta educación.
c)Continuando los programas de formación moral y cívica que iluminen y contribuyan a transformar la realidad actual.

Hay tres realidades que favorecen la realización de estos compromisos:

-La visita del Papa, con su magisterio, actitudes, gestos y proyección.
-La existencia en nuestra diócesis del Centro de Formación Cívica y Religiosa.
-La constitución de este Consejo Diocesano de Laicos.

Hay algo que entorpece la respuesta adecuada a este desafío:

Nuestra poca autoestima, nuestra falta de voluntad y nuestra indiferencia. Nuestros miedos y autocensuras. Nuestros acomodamientos. El pensar que todo lo de afuera es mejor.

SOBRE LA VIDA FAMILIAR

El Papa también dedicó una de sus jornadas, y su primera Eucaristía en Cuba al tema de la familia, que es inseparable de la vocación laical:
“El matrimonio, con su carácter de unión exclusiva y permanente, es sagrado porque tiene su origen en Dios… Si la persona humana es el centro de toda institución social, entonces la familia, primer ámbito de socialización, debe ser una comunidad de personas libres y responsable, que lleven adelante el matrimonio como un proyecto de amor; siempre perfeccionable, que aporta vitalidad y dinamismo a la sociedad civil.
En la vida matrimonial el servicio a la vida no se agota en la concepción, sino que se prolonga en la educación de las nuevas generaciones. Los padres, al haber dado la vida a los hijos, tienen la gravísima obligación de educar a la prole y, por consiguiente, deben ser reconocidos como los primeros y principales educadores de los hijos… Es verdad que en el ámbito de la educación a la autoridad pública le competen derechos y deberes, ya que en el ámbito de la educación a la autoridad pública le competen derechos y deberes, ya que tienen que servir al bien común; sin embargo, esto no le da derecho a sustituir a los padres. Por tanto, los padres, sin esperar que otros les reemplacen en lo que es su responsabilidad… No esperen que todo les venga dado. Asuman su misión educativa, buscando y creando los espacios y medios adecuados en la sociedad civil.”(Homilía en Santa Clara. No 5b y 6ª)

Nuestra reflexión en este sentido quiere responder a este desafío:

Sexto Desafío: Formar a los esposos en la importancia de la estabilidad familiar, la indisolubilidad del matrimonio y la defensa de la vida y para que asuman corresponsablemente la misión educativa a la que tienen derecho y deber prioritario.

Este reto pudiera concretarse en las siguientes propuestas de acción:

a)Brindando preparación prematrimonial con programas específicos de formación humana y cristiana.
b)Acompañado a las familias, sean creyentes o no, en sus logros y dificultades.
c)Ayudando a los padres para que asuman su responsabilidad primera y principal en la educación de sus hijos.
d)Educando a sus padres para que puedan ejercer el derecho a escoger “el estilo pedagógico, los contenidos éticos y cívicos y la inspiración religiosa en los que desean formar integralmente” a sus hijos.
e)Asumiendo la necesidad social de crear comunidades educativas donde tome parte la familia, la escuela, la Iglesia y la sociedad civil.

Hemos encontrado algunas realidades que favorecen este proceso:

– Preocupación de padres, educadores e instituciones por la situación de deterioro de la educación existente, fundamentalmente en lo que se refiere a cívica y ética.
– Cierta forma de conciencia de la necesidad de cambios profundos en la educación en Cuba.

Encontramos también algunas realidades que entorpecen el proceso educativo:

-Desintegración familiar voluntaria o forzosa.
-Falta de libertad para abrir nuevos espacios para la educación.
-Reduccionismo del mensaje evangélico solamente a lo doctrinal o pietista que hacemos algunos laicos, pastores y autoridades civiles, despojándolo de su carácter vivencial, familiar y social.
-Poco desarrollo de un verdadero voluntario social.

SOBRE LA ESPIRITIALIDAD DE LOS LAICOS

Todos estos desafíos y compromisos no tendrían sentido permanente, ni motivación profunda, sin una vida interior, sin una mística, que los inspire, los impulse, los consagre, los ofrezca a Dios, siguiendo el estilo de vida de Cristo. A esto le llamamos espiritualidad cristiana.

El Papa ha hablado de esta espiritualidad a los jóvenes cubanos. En ese mensaje programático que todos debemos estudiar y poner en práctica el Vicario de Cristo nos dice:
“Guiados por el Espíritu, combatan con la fuerza de Cristo resucitado para no caer en la tentación de las diversas formas de fuga del mundo y de la sociedad; para no sucumbir ante la ausencia de ilusión, que conduce a la autodestrucción de la propia personalidad mediante el alcoholismo, la droga, los abusos sexuales y la prostitución, la búsqueda continua de nuevas sensaciones y el refugio en sectas, cultos espiritualistas alienantes o grupos extraños a la cultura y a la tradición de su patria.
La virtud es la fuerza interior que impulsa a sacrificarse por amor al bien y que permite a la persona no solo realizar actos buenos, sino también dar lo mejor de sí mismo… por eso, y porque el futuro de Cuba depende de ustedes, de cómo formen su carácter, de cómo vivan su voluntad de compromiso en la transformación de la realidad, les digo: ¡Afronten con fortaleza y templanza, con justicia y prudencia, los grandes desafíos del momento presente; vuelvan a las raíces cubanas y cristiana, y hagan cuanto esté en sus manos para construir un futuro cada vez más digno y más libre!. No olviden que la responsabilidad forma parte de la libertad. Más aún la persona se define, principalmente por su responsabilidad ante la historia,”(Mensaje a los jóvenes. No 3a y 4)

Reflexionando durante la primera sesión de nuestro Consejo de laicos hemos querido escuchar la presente exhortación apremiante:

Séptimo desafío: Fomentar la vivencia de los valores del Evangelio de Cristo como fuerza interior que nos impulse al sacrificio y al compromiso personal, familiar y social, para no caer en la tentación de la fuga del mundo y de nuestra patria específicamente, de modo que podamos construir en ella, con todos, un futuro cada vez más libre y más digno.

Para responder a este reto hemos asumido las siguientes propuestas de acción:

a)Fortaleciendo la virtud en el laico cubano a través de una sistemática formación cívica y ética que lo prepare para desempeñar la misión que le corresponde en la transformación de nuestra realidad.
b)Asumiendo los compromisos concretos en la animación de los distintos ambientes dando testimonio de valor, tolerancia y capacidad de diálogo.
c)Cultivando una espiritualidad del arraigo y la pertenencia a nuestra tierra y nación, destacando los valores más genuinos de nuestra identidad cubana de matriz cristiana.
d)Haciendo propuestas legítimas de proyectos alternativos para que tanto los cristianos, como cualquier otra persona de buena voluntad, no lleguemos a ceder ante las tentaciones de evasión del mundo y del compromiso personal y social aquí en Cuba.
e)Descubriendo el valor de sacrificio que da la verdadera felicidad.
f)Fortaleciendo la dimensión espiritual del laico en la escucha de la Palabra de Dios.
También hemos encontrado aspectos que favorecen y que entorpecen estas líneas de acción. Entre los que las favorecen:

-La capacidad de recuperación de los cubanos.
-La transformación que está viviendo la Iglesia en Cuba.
-El ambiente creado por la visita del Papa a Cuba y las resonancias de su magisterio.
-El sustrato cristiano de referencia católico de nuestro pueblo.
-La responsabilidad y toma de conciencia del protagonismo de la Iglesia ante esta situación histórica.
-El nivel de instrucción de nuestro pueblo facilitará la recuperación.

Hay otras realidades que entorpecen, a saber:

-El miedo persistente.
-La Iglesia no asume completamente todavía la autonomía del laicado y su protagonismo en la animación de los ambientes sociales, culturales, políticos y económicos.
-La carencia de espacios y medios de participación y comunicación.
-La situación material y moral que estimula a la emigración y al exilio.
-La falta de experiencia de una espiritualidad vivida y sólida y su confusión con actividades de piedad y culto.
-La refracción que todos hacemos a veces al cambio de vida personal social o político.
-La falta de protagonismo de buena parte del pueblo cubano.

SOBRE EL LLAMADO DEL SANTO PADRE A LOS PINAREÑOS

Por último queremos compartir con ustedes nuestra acción de gracias a Dios, y a cuantos hicieron posible ese gesto de inmensa cercanía pastoral y cariño pontificio para nuestra pequeña Diócesis y para todo el pueblo de Pinar del Río. Se trata del sobrevuelo del avión papal que conducía al Vicario de Cristo a nuestra Patria y que desviándose de su ruta, vino hasta nuestro cielo para darnos la primera bendición apostólica y dejarnos este mensaje:
“Al sobrevolar el territorio de esa amada Diócesis de Pinar del Río, antes de llegar a la Habana para iniciar mi viaje apostólico a Cuba, me complace dirigir un cordial saludo a los hijos e hijas de esa región occidental de la Nación, cuyos atractivos naturales evocan aquella otra riqueza que son los valores espirituales que les han distinguido y que están llamados a conservar y a transmitir a las generaciones futuras para el bien y el progreso de la Patria.”

Los laicos representados en este Consejo Diocesano queremos responder a esta deferencia del Papa asumiendo este:

Octavo Desafío: Conservar y transmitir los valores históricos, culturales y cristianos que son patrimonio del pueblo pinareño.

Para responder a esta invitación pontificia, asumimos las siguientes propuestas de acción:

a)Promoviendo el rescate de tradiciones, costumbres, cantos, bailes, poesías, amor a la Virgen y a la Iglesia de los sectores campesinos y más populares.
b)Insistiendo y propagando la formación ética, cívica y religiosa de los miembros de nuestras comunidades, de los agentes de pastoral y de todos los hombres de buena voluntad.
c)Motivar a las familias pinareñas para que asuman su misión en la transmisión de estos valores y se conviertan en el primer espacio de personalización y socialización. Es decir en los primeros educadores para la libertad y la responsabilidad.

Favorecen estas líneas de acción las siguientes realidades:

-Queda un sustrato o patrimonio de valores humanos, espirituales, que constituyen una reserva moral sobre la que hay que reconstruir.
-Cierta experiencia que ya existe en un proyecto de educación cívica y religiosa.
-La experiencia que tiene la Iglesia de Pinar de Río en relación con la evangelización del mundo de la cultura.
-La esperanza en la Iglesia que encontramos en gran parte del pueblo pinareño.

Entorpecen la realización de estos compromisos:

-La falta de credibilidad en los proyectos existentes.
-La falta de pluralismo que asuma la diversidad como una riqueza y no como división.
-Deficiente educación ética y cívica en nuestro pueblo.
-El ateísmo impuesto.
-La falta de un proyecto educativo a nivel oficial que tenga a las persona como centro y fin del sistema, y que involucre a la escuela, la familia y la Iglesia en el proceso educacional.

Hasta aquí el futuro de nuestra reflexión en esta Primera Sesión del Consejo Diocesano de Laicos de Pinar del Río.

Sabemos que “el Espíritu Santo sopla donde quiere, y quiere soplar en Cuba”. Invocamos al Padre de las Luces para que estas propuestas de acción apostólica que han surgido de nuestra respuesta a los desafíos pastorales que brotan de las enseñanzas del Santo Padre en Cuba, puedan encontrar en sus destinatarios, esa tierra buena en que la semilla de la Palabra de Dios pueda germinar en fruto de virtud, vida en el Espíritu y progreso material para todos los hijos de la Nación cubana.

Dado en Pinar del Río, a los 20 días del mes de junio de 1998.
CONSEJO DIOCESANO DE LAICOS.

 

 


 

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