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Medios Impresos: Un Medio Para Evangelizar

MEDIOS IMPRESOS: UN MEDIO PARA EVANGELIZAR

Por: Enrique Alejandro González Cano

http://www.vidapastoral.com/

Las encuestas realizadas en México por el Instituto Nacional de estadística y geografía (INEGI) muestran que el número de personas que profesan la fe cristiana se mantiene en un 80%; sin embargo, esta cifra puede ser engañosa ya que de este 80%, el 70% se confiesa como católica. Pese a ello, el número de personas que profesan la religión católica es elevada; podríamos decir que del total de la población, somos aproximadamente 65 millones de personas católicas (de todas las edades, practicantes y no practicantes; comprometidos y no comprometidos, por convicción o por tradición). Ahora bien, el número si es exacto o no, está de más: lo que importa es que los católicos deben estar formados e informados, para ello es necesario tener acceso a una información veraz. De ahí el compromiso de Aparecida: “estar presente en los medios de comunicación social: prensa, radio y TV, cine digital, sitios de Internet, foros y tantos otros sistemas para introducir en ellos el misterio de Cristo” (DA 486).

Los medios de comunicación impresa con los que cuenta la Iglesia Católica son innegables; empero, resultan ser pocos si tomamos en cuenta el número de católicos, por un lado, y el poco acceso a ellos, por otro. Y es que la mayoría de las revistas, periódicos y boletines son distribuidos en un espacio reducido: los templos y las librerías especializadas. La distribución de revistas tales como La Familia Cristiana, Inquietud Nueva y Aguiluchos (por mencionar algunos) depende de su promoción en algunos templos los días domingo. Distribución, además, que realizan ya sea seminaristas o religiosas. Esta manera de distribuir las revistas católicas está por debajo de las demandas de la población. ¿Existen impedimentos jurídicos para su distribución y promoción? ¿Por qué no se puede adquirir este tipo revistas en los puestos de periódicos?

La Constitución de los Estados Unidos Mexicanos (máximo órgano jurídico de nuestra nación) en su artículo 7, promociona, defiende y garantiza la libertad de expresión escrita. El artículo dice: “es inviolable la libertad de escribir y publicar escritos sobre cualquier materia. Ninguna ley ni autoridad pueden establecer la previa censura, ni exigir fianza a los autores o impresores, ni coartar la libertad de imprenta, que no tiene más límites que el respeto a la vida privada, a la moral y a la paz pública”. Así las cosas, no existe interdicto alguno para anunciar el misterio de salvación a partir de los medios impresos. Si son posibles las publicaciones de revistas que en ocasiones están distantes de una formación humanista, cuanto más aquellas que promueven un humanismo, una moral, un respeto a la vida y la paz pública, como nuestras revistas católicas.

Los puestos de periódicos exhiben y venden revistas de casi todo tipo: revistas sobre la farándula, sobre oficios y manualidades, deportivas e incluso pornográficas. Y si bien hay algunas revistas formativas, en realidad son pocas. ¿Por qué no atacar esos espacios para dar a conocer la Buena Nueva? El monopolio (característico de nuestro país) en la distribución de los medios impresos imposibilita el acceso a la información. Un caso claro de dicho monopolio son los costos y comisiones que los distribuidores mayoristas exigen para que los productos impresos puedan ser vendidos en los puestos de periódico. Hace algunos años el periódico Reforma tuvo conflictos con los distribuidores mayoristas y ante tal conflicto optó por hacer su propia distribución. Este ejemplo nos permite ver que, si bien hay libertad de expresión escrita, la distribución de los medios impresos se ve coaccionada por las comisiones que deben pagarse, encareciendo los costos de producción de los mismos medios impresos de comunicación.

Jurídicamente, nada impide la promoción y distribución de medios impresos (revistas y periódicos) que otorgue información confiable a las personas católicas; sin embargo, la distribución de los mismos —para hacer más accesible su adquisición— está amenazado por los monopolios y comisiones que deben ser pagados si lo que se quisiera es colocarlos en los principales puntos de venta: los puestos de periódicos.

El panorama, o mejor, las condiciones para informar al gran número de creyentes a través de medios impresos de fácil acceso es negativo, pero no es un impedimento para realizar la tarea. Reforma puso un buen ejemplo: solucionó su problema distribuyendo por cuenta propia sus productos. Todos vemos a sus vendedores en las esquinas. En este sentido, y dadas las condiciones poco favorables para acceder a los puestos de periódicos, es necesario recurrir a otras estrategias más allá de la simple venta en los templos y los días específicos (domingo). Es urgente y necesario recurrir a la imprenta, a los medios impresos en nuestra era para mantener informados a los creyentes católicos, en un época en la cual parece carecer de sentido.

En suma, se trataría de atrevernos a invertir en los medios impresos sin fines lucrativos para hacer llegar el Misterio de Salvación a un mayor número de personas. Pero este atrevimiento requiere de una inversión sin fines lucrativos; requiere de laicos comprometidos que estén dispuestos a ser promotores; de buscar espacios abiertos; de una recomendación de viva voz para promover la lectura de nuestras revistas. Y no sólo necesitamos de una “publicidad” eficaz, sino —y lo que es más importante— que el formato y estilo de nuestras revistas católicas sean adecuadas tanto al mundo que vivimos como al tipo de lectores.

Sin afán de ufanísmos, la revista Familia Cristiana busca llegar a un gran número de lectores ofreciéndoles información variada y confiable en cada publicación. Para ello, renueva constantemente sus temáticas, presenta diversas secciones de acuerdo a un tipo de lector (adultos, jóvenes y niños; estudiantes, padres de familia, educadores; etcétera). Ha mejorado su diseño. Y si bien busca la novedad, la originalidad y la formación de sus lectores, mantiene su esencia: buscar la verdad y aprender a comunicarla. Y es que para todo católico la buena nueva también es noticia y debe ser comunicada por todos los medios que disponemos. La demanda es mucha y el trabajo es de todos.

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Categorías:Evangelizacion
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