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LOS FIELES LAICOS EN LA VIDA DE LA IGLESIA

LOS FIELES LAICOS EN LA VIDA DE LA IGLESIA

En el marco del Año de la Fe, del 3 al 5 de octubre, la Diócesis de Tacna – Moquegua organizó el Primer Congreso Diocesano, denominado “El Laico: Vocación y Misión a la Luz del Concilio Vaticano II”, y que se desarrollara en el coliseo del Colegio “Santa Ana” de Tacna.

El congreso se inició con una Solemne Eucaristía, que será presidida por Monseñor Marco Antonio Cortez Lara, Obispo de Tacna – Moquegua. Siguió luego con el tema: “La Constitución Lumen Gentium: Los laicos y la llamada universal a la santidad”.

En tanto, el viernes 4 de octubre se llevaron a cabo las ponencias: “Especificidad de la condición laical”, “Los fieles y las realidades temporales”, “Responsabilidad de los laicos en el desarrollo social”, y “¿Católico y político? Compatibilidad entre la fe y la tarea política” (Dr. Luis Solari de la Fuente, médico, Decano de la Facultad Ciencias de la Salud)

El evento culminaró el sábado 5 de octubre, con la ponencia: “Los laicos en la vida de la Iglesia” (Dr. José Antonio Benito, historiador, director CEPAC).

Finalmente, se proclamaron las conclusiones y los compromisos de los participantes del congreso (se abrieron varios libros en los que se estampó la firma y se dejó la dirección) y una Santa Misa de Clausura presidida por el Nuncio de Su Santidad. El objetivo del evento ha sido  “redescubrir la importancia de la misión de los laicos en la Iglesia y su compromiso en el mundo, desde las enseñanzas del Concilio Vaticano II”.

Les comparto mi ponencia, muy agradecido por la invitación y por el entusiasmo contagiante de los 1.500 participantes.

 

LOS FIELES LAICOS EN LA VIDA DE LA IGLESIA

Congreso Diocesano “EL LAICO: VOCACIÓN Y MISIÓN A LA LUZ DEL CONCILIO VATICANO II”,

Tacna, 5 de octubre 2013

José Antonio Benito /30 abril 2013; joseantoniobenito1@gmail.com; blog:jabenito

¡Recordando a Manolo un fiel laico de nuestro tiempo!

El 7 de mayo del 2012, lunes, a las 7.30 de la mañana, me encontré caído en la calle a un fiel laico que dio su vida por la Iglesia. Estaba con una cartera, apuntes para las clases, exámenes corregidos…iba presuroso para llegar en punto pero el Señor se lo llevó a sus 62 años, un día después de haber celebrado con sus alumnos del colegio San Martín de Porres, el jubileo de los 50 años de su canonización en la catedral de Lima. Y se ha convertido para mí en un modelo cercano de un fiel laico en la vida de la Iglesia. Manolo Tomás Amorós, cruzado de Santa María, que vivió de lleno su bautismo y aprendió la misión aquí en Tacna, en el Colegio Champagnat y en las diversas actividades que organizó para los jóvenes. Quiero comenzar mis palabras agradeciendo a Nuestra Señora del Rosario por haberle dado la oportunidad de vivir aquí en su querida Tacna los primeros años de su misión en el Perú y América. Y le agradezco por su entrega a los jóvenes, por disfrutar de la vida saboreando siempre la comida y los momentos de convivencia, por sus canciones, sus chistes, sus charlas y meditaciones. Como buen alumno salesiano y profesor de colegio marista, llevaba el rosario de María Auxiliadora en su bolsillo. Pendiente de sus queridos jóvenes multiplicaba sus “razones” para creer, para esperar, para amar.

El testimonio de este laico cualificado nos habla de la grandeza y la debilidad del ser humano, de sus dolores y gozos, como magistralmente recoge el Concilio Vaticano II

 Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los  hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren,  son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos  de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su  corazón. La comunidad cristiana está integrada por hombres que, reunidos  en Cristo, son guiados por el Espíritu Santo en su peregrinar hacia el  reino del Padre y han recibido la buena nueva de la salvación para  comunicarla a todos. La Iglesia por ello se siente íntima y realmente  solidaria del género humano y de su historia”. (Proemio, Gaudium et spes)

Este conocido texto del Vaticano II –a los 50 años de su convocatoria- sin duda que nos conecta de inmediato con nuestro congreso y en concreto con algo muy familiar los dolores y gozos de los laicos en la vida de nuestra Iglesia.

I. LAICO, EL FIEL DE CRISTO PARA EL MUNDO:

¿Qué no es la espiritualidad laical?

a- Prácticas espirituales. No confundir la beatería o cucufatería con la espiritualidad auténtica. Ni siquiera hemos de pensar que es solamente algo cultual: novenas, procesión,…Hay que vivificar todas estas prácticas. De cultual a cultural, de doctrinal a comprometido con la vida.  En este sentido hemos de cuidar en vivificar las numerosas prácticas cultuales

b. Sustitutos del clero. No hay que olvidar que no somos religiosos ni sacerdotes ministeriales; ellos dejan el mundo por el convento. Nuestro monasterio, nuestra celda son las calles, las clases, la familia, el trabajo… Hay que evitar el peligro de clericalizarnos, de recargarnos de funciones y de actividades eminentemente propias de sacerdotes o de religiosos.

A este propósito cuenta el Beato Cardenal Newman: “Cuentan que un recién convertido preguntó al sacerdote la víspera de bautizarse cuál es el papel del laico en la Iglesia. Aquél le respondió: “La posición del laico en nuestra Iglesia es doble: ponerse de rodillas ante el altar, es la primera; sentarse frente al púlpito es la segunda”. El cardenal añadía con cierta ironía: “se le olvidó añadir una tercera: meter la mano en el portamonedas”.

¿Qué es?

1. “Cristo-fideles” de a pie ungidos en el BAUTISMO por el Espíritu. Triple unción: profética, sacerdotal, regia.

“Ungidos por el Espíritu Santo en el bautismo y la confirmación, el cristiano puede, a su modo, repetir las palabras de Jesús: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por lo cual me ha ungido para evangelizar a los pobres” CFL (Christifideles laici, 13).

2. En las circunstancias ordinarias de la vida diaria. En la calle.

Lo que caracteriza con más fuerza a los laicos no es tanto la espiritualidad propia de todo bautizado sino su secularidad, su vivencia del cristianismo en las realidades temporales, fuera de los ámbitos conventuales. Se trata de rescatar su lugar teológico, más allá del lugar sociológico. El grito paulino “Para mi vivir es Cristo” (Flp. 3,7-11) debe traducirse en un estar en el mundo pero sin ser.

Nuestra vida persigue el convertir la prosa cotidiana, lo ordinario (nuestro trabajo, nuestras relaciones…) en un extraordinario poema heroico.

“Los fieles laicos han de considerar las actividades de la vida cotidiana como ocasión de unión con Dios y de cumplimiento de su voluntad, así como también de servicio a los demás hombres, llevándolos a la comunión con Dios en Cristo”, CFL 17.

Las “dimensiones esenciales de la espiritualidad del laico serán: encontrar al Señor en las realidades temporales, dar a sus actividades el sentido de la caridad cristiana, renovar su presencia e identidad cristiana con la Palabra de Dios, la Eucaristía, los sacramentos y la oración” Puebla, III CELAM, nn. 796-8.

“Toda actividad, toda situación, todo esfuerzo en la competencia profesional, en el trabajo, en la familia, en el servicio social y político son ocasiones providenciales para un continuo ejercicio de la fe, esperanza y caridad” CFL 59

3. Estar sin ser. En el mundo, para el mundo, por el mundo, desde el mundo, pero sin ser del mundo, sin mundanizarnos. Toda nuestra tarea la desarrollamos no como un revestimiento o ropaje, sino como el ámbito natural de santificación, lugar teológico, en el que se desarrolla su vida. Amamos al mundo porque Dios lo hizo bueno, y porque -si el hombre lo hace malo por el pecado- nosotros tenemos el deber de restaurar todo en Cristo.

4. Cumplimiento ejemplar del deber de estado, nuestra profesión, para renovar el orden temporal. El trabajo es cantera de todos los valores humanos. Les proporciona el material indispensable. Reflexión, constancia, responsabilidad, corazón viven y se desarrollan en el mundo sin fin del trabajo, entendido en su sentido más amplio. Para un bautizado, trabajo, amor, es toda su vida. La vida para él se reduce a trabajar amando, o amar trabajando, con y en Jesús, a vivir «en el amor, como Cristo os amó y se entregó por nosotros como oblación y víctima de suave aroma» (Ef 5,2). Trabajo para extirpar defectos y plantar virtudes. León XIII denunciaba como «cosa vergonzosa e inhumana, explotar a los hombres como si fuesen mercancías» (Rerum novarum). Hoy se olvida que la dignidad del trabajo, sea manual o intelectual, arranca de la grandeza sublime de la persona humana que lo presta.

5.  Vocación universal a la santidad; “sed perfectos”.

“La vocación de los fieles laicos a la santidad implica que la vida según el Espíritu se exprese particularmente en su inserción en las realidades temporales y en su participación en las realidades terrenas” CFL, 13. Por otra parte, toda la actividad secular, que tan profundamente está herida por el pecado, ha de ser santificada por Cristo en los cristianos y a través de ellos. Según esto, «es obligación de toda la Iglesia trabajar para que los hombres se vuelvan capaces de instaurar rectamente el orden de los bienes temporales, ordenándolos hacia Dios por Jesucristo. Corresponde a los pastores manifestar claramente los principios sobre el fin de la creación y el uso del mundo, y prestar los auxilios morales y espirituales para instaurar en Cristo el orden de las cosas temporales. Pero es preciso que los laicos asuman como obligación suya propia la restauración del orden temporal, y que, conducidos por la luz del Evangelio y por la mente de la Iglesia, y movidos por la caridad cristiana, actúen directamente y en forma concreta» (Vat.II, AA 7de). Santos en el mundo antes de que naciesen las modernas instituciones seculares: Contardo Ferrini, catedrático de Universidad; José Moscati, médico de Nápoles; Matt Talbot, cargador de muelle; Claudio López Bru, marqués de Comillas, financiero; J. Dorado, empleado de Banco martirizado en el Cerro de los Ángeles; León Harmel, empresario en Vals-les-Bois… «No sólo se ha de hacer buena la profesión y santificarla. Debe ser considerada como santificante, como camino de perfección» (Pablo VI a los juristas católicos, 15-XII-63).

6. En todos los lugares: la familia, iglesia doméstica; la vida cívica: asociaciones profesionales, locales, políticas, sociales, culturales…Hay que promover un sano humanismo cívico en el compromiso de un mundo más justo y solidario. Ello conlleva una participación en asociaciones barriales, cívicas…Los nuevos areópagos como las redes sociales, el 6º planeta.

II.           NUESTRA RESPUESTA A LOS DESAFÍOS ACTUALES

Cada uno de nosotros -como nos dijese el penúltimo sínodo de los obispos sobre la palabra de Dios en la Iglesia- es fruto de una Palabra: Las mías fueron escuchadas en unos Ejercicios Espirituales: “Me amó y se entregó a la muerte por mí”…”El que sabe hacer bien y no lo pone en práctica, peca”. Y en un Movimiento, la Milicia de Santa María, al que pertenezco desde los 15 años. Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra

1. La Nueva Evangelización (en su ardor, expresión y métodos) o se hace con los laicos o no se hace. Y si nosotros, laicos cualificados, no nos ponemos en marcha, la movilización del laicado quedará en proyecto. “Hombres de Iglesia en el corazón del mundo y hombres del mundo en el corazón de la Iglesia” (Puebla) en los nuevos areópagos. Imaginación de la caridad. Santos laicos: La mayor necesidad de nuestro tiempo: Responder a los retos del secularismo y relativismo posmoderno: Ayuda a los pobres Diálogo interreligioso. Entre los retos actuales más importantes cabe enunciar: Guerras catastróficas, Desequilibrio ecológico, Derechos humanos, Comprometerse en la defensa de la vida humana, Las biotecnologías, Valores humanos, La caridad como servicio: la política, la economía, la familia, la cultura…

2. Laicos en marcha. La llama si no se propaga, se apaga. Hay en la curación del endemoniado de Gerasa un claro modelo de lo que debe ser el apostolado laical. El que ha sido curado por Jesús quiere seguirle, “dejar el mundo”, pero el Señor le da otro mensaje: “Vete a tu casa y a los tuyos y cuéntales cuanto el Señor ha hecho contigo y cómo ha tenido misericordia de Ti. Y él se fue y comenzó a predicar en la Decápolis cuanto le había hecho Cristo” (Mc 5, 19).Soy otro Cristo. Hoy Cristo no tiene otra boca, otros pies, otro corazón que el mío. Me espera la Universidad, me esperan los Pueblos Jóvenes, las familias, los medios de comunicación, los niños, los hermanos separados en las sectas…Todos buscan sin saberlo la seguridad maternal de la Iglesia, “una roca, pero una roca que navega” (Pablo VI).

3. Nos urge a todos descubrir nuestra propia vocación y disponibilidad para vivirla en la misión. Decía Teresa de Calcuta que lo importante en la vida es tener una vocación y entregarse a ella por entero. Decía León XIII: No hay profesiones indignas, sino indignos profesionales. Tu profesión para la misión.

4. Formación integral para vivir como miembro de la Iglesia y de la sociedad (CFL 59); corazón de la Iglesia en la sociedad y corazón de la sociedad en la iglesia, de acuerdo con las áreas siguientes:

– Área instrumental: Idiomas, informática, mass media, estilo pedagógico, formación catequética, oratoria-redacción-pensar creativamente, dinámica de grupos…

– Área propia de cada instituto: Dar razón de nuestra esperanza: Fundador, historia de la espiritualidad, estilo genuino, Constituciones…

– Área teológica: fundamental, dogma, moral, Sagrada Escritura, Formación espiritual (oración viva, liturgia activa, sacramentos dinámicos, María), Pastoral, Derecho Canónico

– Área antropológica:

a. El hombre: Quién es (Antropología), Cómo es (Psicología), Cómo debe ser (Pedagogía; asunto capital de nuestra exposición); Por qué (Ética).

b. Ser social: Doctrina Social de la Iglesia…

c. Ser histórico: Síntesis histórica, desde la realidad del hombre actual, conectando con la filosofía, cultura, economía, política…

Cuatro puntos cardinales en la forja de hombres según el P. Morales: Mística de exigencia, espíritu combativo, cultivo de la reflexión, escuela de constancia.

5. Actualidad y belleza de nuestra misión. Transformar el mundo desde dentro. No podemos dejar a la jerarquía o a los consagrados el protagonismo de la evangelización. Todos somos Iglesia

Un gran desafío, transformarse en agente de una nueva síntesis entre la máxima adhesión posible a Dios y a su voluntad y la máxima participación posible en las alegrías y esperanzas, angustias y dolores del mundo, para orientarlos hacia el proyecto de salvación integral que Dios Padre nos ha manifestado en Cristo y que continuamente pone a nuestra disposición por el don del Espíritu Santo.

Testigos de Cristo.  Levadura y sal del mundo

6. En la Escuela de María, nuestro modelo

María. Ella vivió siempre en su casa, sin necesidad de buscar un lugar especial en un monasterio o convento. El mariscal alemán, Hindenburg, decía que en su tienda de campaña figuraba la imagen de la Virgen porque en ella veía “la encarnación de los valores que necesito para mi vida”. El primero de ellos, el “fiat”, “hágase” (generosidad de la Anunciación), “stabat” (perseverancia junto a la cruz del Calvario), maduraba todas las cosas en su corazón, en Caná (“haced lo que Él os diga”), en grupo (perseveraban unánimes en la oración, con María).

CONCLUSIÓN CON LA PALABRA DE NUESTROS PASTORES Propuestas del reciente Sínodo de la Nueva Evangelización, la “Lumen Fidei”,  y la Jornada Mundial de la Juventud en Río:

EL ROL DE LOS FIELES LAICOS EN LA NUEVA EVANGELIZACIÓN (SNE, 45J

La vocación y la misión propia de los fieles laicos es la transformación de las estructuras terrenas, para que cada comportamiento y actividad humana sea informada por el Evangelio. Este es el motivo por el cual es tan importante orientar a los laicos cristianos hacia un conocimiento íntimo de Cristo, a fin de formar una conciencia moral por medio de una vida en Cristo. El Concilio Vaticano II señala cuatro aspectos principales de la misión de los bautizados: el testimonio de sus vidas, las obras de caridad y de misericordia, la renovación del orden temporal y la evangelización directa (cf. Lumen GentiumApostolicam actuositatem). De esta manera, serán capaces de dar testimonio de una vida que sea verdaderamente coherente con su fe cristiana, como individuos y como comunidad.

LOS JÓVENES Y LA NUEVA EVANGELIZACIÓN (SNE, 51)

En la Nueva Evangelización, los jóvenes no solo son el futuro sino también el presente (y regalo) en la Iglesia. No son solo destinatarios sino también agentes de evangelización, especialmente con sus coetáneos. Los jóvenes están en el proceso de búsqueda de la verdad y del sentido de la vida que Jesús, que es la Verdad, y su amigo, puede proporcionar. A través de cristianos adultos ejemplares, de los santos, especialmente los santos jóvenes, y a través de los ministros comprometidos con jóvenes, la Iglesia es visible y creíble para los jóvenes.

Donde quiera que estén, en casa, en la escuela o en la comunidad cristiana, es necesario que los evangelizadores encuentren a los jóvenes y pasen tiempo con ellos, que les propongan y los acompañen en el seguimiento de Jesús, les guíen a descubrir su vocación en la vida y en la Iglesia. Mientras que los medios de comunicación influyen mucho en la salud física, emocional, mental y espiritual de los jóvenes, la Iglesia, a través de la catequesis y de la pastoral juvenil, se esfuerza en capacitarles y equiparles para discernir entre el bien y el mal, para elegir los valores del Evangelio en lugar de los valores del mundo y a formar sólidas convicciones de fe. Las celebraciones de la Jornada Mundial de la Juventud y el YouCat, son herramientas especiales de la Nueva Evangelización.

MARÍA, ESTRELLA DE LA NUEVA EVANGELIZACIÓN (SNE, nº 58)

El Concilio Vaticano II presentó a María en el contexto del misterio de Cristo y de la Iglesia (cfr. Lumen gentium, 52-68). El papa Pablo VI la declaró “Estrella de la Evangelización”. Ella es por lo tanto el modelo de la fe, de la esperanza y del amor. Ella es el primer apoyo que lleva a los discípulos al Maestro (cf. Jn. 2). En el Cenáculo, es la madre de los creyentes (cf. Hch. 1,14). En cuanto Madre del Redentor, María se convierte en testigo del amor de Dios: Ella cumple libremente la voluntad de Dios. Ella es la mujer fuerte, que junto con Juan, permanece al pie de la Cruz. Ella intercede siempre por nosotros y acompaña a los fieles en su camino hacia la cruz del Señor. Como Madre y Reina, es un signo de esperanza para los pueblos que sufren y los necesitados. Hoy ella es el “misionero” que nos ayudará en las dificultades de nuestros tiempos, y con su cercanía abrirá los corazones de los hombres y de las mujeres a la fe.

Fijemos nuestra mirada en María. Ella nos ayudará a proclamar el mensaje de salvación a todos los hombres y mujeres, para que ellos también puedan convertirse en agentes de evangelización. María es la Madre de la Iglesia. A través de su presencia, la Iglesia puede convertirse en un hogar para muchos y Madre de todos los pueblos.

PAPA FRANCISCO “LUMEN FIDEI”: Fe y bien común. La Doctrina Social de la Iglesia en acción

50. Al presentar la historia de los patriarcas y de los justos del Antiguo Testamento, la Carta a los Hebreos pone de relieve un aspecto esencial de su fe. La fe no sólo se presenta como un camino, sino también como una edificación, como la preparación de un lugar en el que el hombre pueda convivir con los demás. El primer constructor es Noé que, en el Arca, logra salvar a su familia (cf. Hb 11,7). Después Abrahán, del que se dice que, movido por la fe, habitaba en tiendas, mientras esperaba la ciudad de sólidos cimientos (cf. Hb 11,9-10). Nace así, en relación con la fe, una nueva fiabilidad, una nueva solidez, que sólo puede venir de Dios. Si el hombre de fe se apoya en el Dios del Amén, en el Dios fiel (cf. Is 65,16), y así adquiere solidez, podemos añadir que la solidez de la fe se atribuye también a la ciudad que Dios está preparando para el hombre. La fe revela hasta qué punto pueden ser sólidos los vínculos humanos cuando Dios se hace presente en medio de ellos. No se trata sólo de una solidez interior, una convicción firme del creyente; la fe ilumina también las relaciones humanas, porque nace del amor y sigue la dinámica del amor de Dios. El Dios digno de fe construye para los hombres una ciudad fiable.

51. Precisamente por su conexión con el amor (cf. Ga 5,6), la luz de la fe se pone al servicio concreto de la justicia, del derecho y de la paz. La fe nace del encuentro con el amor originario de Dios, en el que se manifiesta el sentido y la bondad de nuestra vida, que es iluminada en la medida en que entra en el dinamismo desplegado por este amor, en cuanto que se hace camino y ejercicio hacia la plenitud del amor. La luz de la fe permite valorar la riqueza de las relaciones humanas, su capacidad de mantenerse, de ser fiables, de enriquecer la vida común. La fe no aparta del mundo ni es ajena a los afanes concretos de los hombres de nuestro tiempo. Sin un amor fiable, nada podría mantener verdaderamente unidos a los hombres. La unidad entre ellos se podría concebir sólo como fundada en la utilidad, en la suma de intereses, en el miedo, pero no en la bondad de vivir juntos, ni en la alegría que la sola presencia del otro puede suscitar. La fe permite comprender la arquitectura de las relaciones humanas, porque capta su fundamento último y su destino definitivo en Dios, en su amor, y así ilumina el arte de la edificación, contribuyendo al bien común. Sí, la fe es un bien para todos, es un bien común; su luz no luce sólo dentro de la Iglesia ni sirve únicamente para construir una ciudad eterna en el más allá; nos ayuda a edificar nuestras sociedades, para que avancen hacia el futuro con esperanza. La Carta a los Hebreos pone un ejemplo de esto cuando nombra, junto a otros hombres de fe, a Samuel y David, a los cuales su fe les permitió « administrar justicia » (Hb 11,33). Esta expresión se refiere aquí a su justicia para gobernar, a esa sabiduría que lleva paz al pueblo (cf. 1 S 12,3-5; 2 S 8,15). Las manos de la fe se alzan al cielo, pero a la vez edifican, en la caridad, una ciudad construida sobre relaciones, que tienen como fundamento el amor de Dios.

EL EJEMPLO DE SANTO TORIBIO

Santo Toribio fue un joven laico que escuchó la voz del Señor y respondió generosamente. Toribio, vivía en el marco de una buena familia de Mayorga, pueblecito de Valladolid-León; Hizo su secundaria en Valladolid, en ese momento, el centro del mundo hispánico, luego en Salamanca, de ahí supo levantarse para ser juez inquisidor…y cuando tenía 39 años, simple laico, le llaman para ser arzobispo. Sintió que era superior a sus fuerzas, pero aceptó… Durante la juventud, estuvo a punto de ingresar en la orden cisterciense como recuerda una escultura del Museo Provincial de Salamanca. En Granada, ya como juez inquisidor, ve claramente que Dios le habla a través de la autoridad personificado en el Consejo de Indias, el Rey Felipe II y el Papa Gregorio XIII. Me impresionó en Huánuco como hay un colegio y convento fundados por la autorización del Santo y que fue debido a la petición popular. Él respondió a pesar de faltarle las órdenes ministeriales y movido por la necesidad del momento. El Perú tiene unos 10 millones de jóvenes, sólo en Lima hay más de 400 pandillas; miles de jóvenes lejos de Dios… ¿No sientes la voz del Señor? Él te dice: “Ven, sígueme; si no cuento contigo, laico, mi amigo…con quién voy a contar”. Así resume su vida su primer biógrafo, A. León Pinelo: “Fue su vida una rueda, un movimiento perpetuo, que nunca paraba. Y si la del hombre, es milicia en la tierra, bien mereció el título de soldado de Cristo Señor Nuestro, pues nunca faltó a lo militante de su Iglesia, para conseguir el premio en la triunfante, que piadosamente entendemos que goza”.

Su ejemplo sigue iluminándonos. Recuerdo lo que supuso para los GAM (Grupos de Apoyo Misionero) en Tacna, cuando veníamos desde España grupos de universitarios para trabajar en la Sierra, o los centenares de jóvenes tacneños que acudían a los poblados para tener una experiencia misionera.

Ser cristiano, fiel de Cristo, es ser misionero. Nos lo recuerda Aparecida. La campana de la misión nos recuerda que ahora nos toca a nosotros. UN MOMENTO CRUCIAL PARA EL MUNDO, PARA LA IGLESIA, PARA TI. Todos podemos, todos debemos, con el auxilio de María lo conseguiremos. Apoyemos al Papa Francisco, “dulce Cristo en la Tierra” en la tarea de “restaurar la Iglesia” “con olor a oveja y a pastor, hasta la periferia pero sin perder el centro”. Que el Señor y Nuestra Señora del Rosario nos lo concedan.

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