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Retiro Nacional Para Laicos De Acción Católica Mexicana

Retiro Nacional Para Laicos De Acción Católica Mexicana

“DISCÍPULOS DE JESUCRISTO Y MISIONEROS DE LA IGLESIA DESDE LA

ACCIÓN CATÓLICA”

 

ACCIÓN CATÓLICA MEXICANA

JUNTA NACIONAL

2004 – 2007

 

 

RETIRO NACIONAL PARA LAICOS DE ACCION CATOLICA 2006

“DISCIPULOS DE JESUCRISTO Y MISONEROS DE LA IGLESIA EN LA ACM”

PREMISA

La Iglesia que peregrina en Latinoamérica se prepara a celebrar la V Conferencia del CELAM, los laicos de ACM nos unimos a esta celebración, desde los mismos acontecimientos de la vida y marcha de la ACM. En el 75 aniversario de la ONIR celebramos nuestro Retiro Nacional “agradeciendo a Dios los bienes recibidos y descubriendo los retos de hoy y de mañana”.

OBJETIVO

Profundizar en nuestra vocación misionera desde la AC como fruto de llamado personal de Jesucristo.

DESTINATARIOS

Dirigentes diocesanos y nacionales de todos las Organizaciones y Movimientos de la Acción Católica.

FECHA

22 y 23 de Julio de 2006.

LUGAR SEDE

 

Casa de Ejercicios Virgen de Schoenstatt

Camino a Los Olvera Km.2

C.P. 76900

A la altura de Tejeda, Qro.

México, D.F.

Tel: 01 (442) 228-1220 y 228-1400

 

PROGRAMA

Sábado 22

9:00- 9:30 CHARLA: “UNA NUEVA HUMANIDAD”

9:40-10:00 Reflexión personal

10:15-10:45 Reflexión en grupos

11:00-11:30 CHARLA: “PASO HACIENDO EL BIEN”

11:40-12:10 Café

12:15-12:35: Reflexión personal

12:45-13:30 Reflexión en grupos (Inicia la Reflexión con el rezo del Ángelus)

13:40-15:00 COMIDA DESCANSO

15:15-15:45 CHARLA “SERVICO DESTINADO A LAS DIOCESIS Y A LAS PARROQUIAS”

16:00-16:00 Reflexión personal

16:10-16:50 Reflexión en grupos

17:00-17:30 CONFERENCIA: “UN MINISTERIO DE LA COMUNION”

17:40-18:20 Reflexión personal

18:30-19:00 Reflexión en grupos

19:15-20:00 Eucaristía con Vísperas

20:10 Cena

21:30 Rosario en grupos-Descanso

 

Domingo 23

7:30- 7:50 Laudes

8:00- 50 Desayuno

9:00- 9:30 CONFERENCIA: “SERVIR A LA PERSONA Y A LA SOCIEDAD”

9:40-10:00 Reflexión personal

10:15-10:45 Reflexión en grupos

11:00-11:30 CHARLA: “PARTICIPACION DE LOS LAICOS EN LA MISION DE LA IGLESIA”

11:40-12:30 Reflexión en grupos (Inicia la Reflexión con el rezo del Ángelus)

12:40 13:30 Misa

13:40-14:30 Comida-Despedida

15:00

 

NOTAS IMPORTANTES:

1.  Llevar su libro de Oraciones: Diálogos con Dios (Manual de oraciones de la ACM).

2.  El cupo es limitado.

3.  Cuota de recuperación: $500.00, para cubrir hospedaje y alimentación de una noche y cinco comidas, (noche y una comida extra $220.00).  Realizar el depósito de inscripción a nombre de Estela González Contreras, en Santander Serfín No. 60 516 315 705 Sucursal 0100 en Toluca.

4.  Favor de comunicar su participación  a:

Presidenta Nacional de la Junta, Srita. Gloria Isabel Alanís Escamilla:

Tel: 01(81) 8354-7594         Fax: 01 (81) 8355 7242      juntanacional@accioncatolicamexicana.org

 

“La Paz de Cristo en el Reino de Cristo”

 

México, D. F., a 13 de Junio de 2006.

 

Srita Gloria Isabel Alanís Escamilla                            Pbro. Nicolás Valdivia de León

Presidenta de la Junta Nacional de ACM                                   Asistente de la Junta Nacional de ACM

 

 

 

TEMA 1 UNA NUEVA HUMANIDAD

Examen

v     ¿Es importante la persona del Señor en mi vida? ¿Influye de algún modo en mis opciones, decisiones o pensamientos? ¿Le tengo presente en las diferentes situaciones en las que me encuentro?

v     ¿Soy consciente de lo que el Señor ha conseguido hacer en mi vida? ¿Valoro lo que el Señor ha ido construyendo en mi vida interior?

v     ¿Me fío de Dios, de su Palabra? ¿Creo de verdad que Él puede sanar todas mis deficiencias y limitaciones? ¿Sé que mis fuerzas no van a bastar para superarlas?

v     ¿Dejo que el Señor me exija? ¿Estoy dispuesto a darle lo que me vaya pidiendo? ¿Sigo poniéndole ‘peros’ o condiciones a sus exigencias?

v     ¿Soy apostólico? ¿Tengo afán real y práctico por hablar de Dios, y acercar a los que me rodean al Señor? ¿Pido a Jesucristo por ellos? ¿Ofrezco sacrificios por esta intención?

v     ¿Me acobardo a la hora de hablar con claridad de Cristo? ¿Qué dificultades reales encuentro? ¿Me busco excusas para no tener que ‘complicarme la vida’?

v     ¿Creo que el Señor ha venido a salvar también a aquellos con los que convivo aunque ellos no lo vivan así? ¿Confío que Cristo puede recrear la vida de todos los hombres, incluso de los que parecen más lejanos?

v     ¿Busco a María como medianera de todas las gracias? ¿Le confío mis inquietudes? ¿Le pido ayuda para avanzar en el camino de la santidad personal que el Señor quiere de mí?

 

Texto

El Concilio Vaticano II, al dar un nuevo impulso al apostolado de los laicos, tuvo la solicitud de afirmar que la primera, fundamental e insustituible forma de actividad para la edificación del cuerpo de Cristo es la que llevan a cabo individualmente los miembros de la Iglesia (cf. Apostolicam actuositatem, 16). Todo cristiano está llamado al apostolado; todo laico está llamado a comprometerse personalmente en el testimonio, participando en la misión de la Iglesia. Eso presupone e implica una convicción personal, que brota de la fe y del sensus Ecclesiae que la fe enciende en las almas. Quien cree y quiere ser Iglesia, no puede menos de estar convencido de la “tarea original, insustituible e indelegable” que cada fiel “debe llevar a cabo para el bien de todos” (Christifideles laici. 28).

Es preciso inculcar constantemente en los fieles la conciencia del deber de cooperar en la edificación de la Iglesia, en la llegada del Reino. A los laicos corresponde también la animación evangélica de las realidades temporales. Muchas son las posibilidades de compromiso, especialmente en los ambientes de la familia, el trabajo, la profesión, los círculos culturales y recreativos, etc.; y muchas son también en el mundo de hoy las personas que quieren hacer algo para mejorar la vida, para hacer más justa la sociedad y para contribuir al bien de sus semejantes. Para ellas, el descubrimiento de la consigna cristiana del apostolado podría constituir el desarrollo más elevado de la vocación natural al bien común, que haría más válido, más motivado, más noble y, tal vez, más generoso su compromiso.

Pero existe otra vocación natural que puede y debe realizarse en el apostolado eclesial: las vocaciones a asociarse. En el plano sobrenatural, la tendencia de los hombres a asociarse se enriquece y se eleva al nivel de la comunión fraterna en Cristo: así se da el “signo de la comunión y de la unidad de la Iglesia en Cristo, quien dijo: “Donde dos o tres están congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos’ (Mt 18, 20)” (Apostolicam actuositatem, 18).

Esta tendencia eclesial al apostolado asociado tiene, sin lugar a dudas, su origen sobrenatural en la “caridad” derramada en los corazones por el Espíritu Santo (cf. Rm 5, 5), pero su valor teológico coincide con la exigencia sociológica que, en el mundo moderno, lleva a la unión y a la organización de las fuerzas para lograr objetivos comunes. También en la Iglesia, dice el Concilio, “la estrecha unión de las fuerzas es la única que vale para lograr plenamente todos los fines del apostolado moderno y proteger eficazmente sus bienes” (Ibid.). Se trata de unir y coordinar las actividades de todos los que quieren influir, con el mensaje evangélico, en el espíritu y la mentalidad de la gente que se encuentra en las diversas condiciones sociales, Se trata de llevar a cabo una evangelización capaz de ejercer influencia en la opinión pública y en las instituciones; y para lograr este objetivo se hace necesaria una acción realizada en grupo y bien organizada (cf. ibid.). Juan Pablo II, Audiencia General, 23-111-1994


TEMA 2 PASO HACIENDO EL BIEN

Examen

  • ¿Vivo la vida cristiana como una vocación? ¿Me doy cuenta que todo lo que hay en mí es importante para Dios? ¿Acepto con agrado que el Señor me exija a vivir con verdadero espíritu evangélico mis quehaceres ordinarios?
  • ¿Busco lo primero de todo el Reino de Dios y su justicia? En mi vida concreta ¿Ocupa Cristo el primer lugar? ¿Le tengo presente en mis decisiones y en mis ocupaciones? ¿Le dedico a Él un rato cada día?
  • ¿Me planteo mi vida de fe como algo costoso, arduo y lastimoso? ¿Me doy cuenta que ser cristiano no es un mero cumplimiento de unas determinadas normas de conducta o un aceptar una serie de principios filosóficos y teológicos, sino un seguimiento libre a la persona de Cristo?
  • ¿Soy consciente del privilegio que tengo de haber sido llamado por Dios a seguir las huellas de su Hijo? ¿Se lo agradezco con frecuencia? ¿Le pido ayuda para hacerlo con verdadero amor?
  • Como cristiano y como militante de Acción Católica ¿Intento implantar el Reino de Dios, es decir el amor de Cristo, entre los hombres, en el trabajo, la familia, los amigos, los vecinos y conocidos? ¿Pongo los medios para que quienes me conocen se encuentren también con el Señor?
  • ¿Vivo con el espíritu de conversión que el Señor nos exige? ¿Procuro ser sincero conmigo mismo a la hora de ver mis pecados y fallos? ¿Soy sincero también con mi Director Espiritual para que me pueda ayudar en la lucha de cada día?
  • ¿Me apoyo en la ayuda de la Virgen María? ¿Le invoco con frecuencia a lo largo del día?

Texto

Después que Juan fue preso, marchó Jesús a galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: ‘El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertios y creed en la Buena Nueva’” (Me 1, 15). “Cristo, por tanto, para hacer la voluntad del Padre, inauguró en la tierra el reino de los cielos” (LG 3). Pues bien, la voluntad del Padre el “elevar a los hombres a la participación de la vida divina”(LG 2). Lo hace reuniendo a los hombres en torno a su Hijo, Jesucristo. Esta reunión es la Iglesia, que es sobre la tierra “el germen y el comienzo de este Reino” (LG 5). Cristo es el corazón mismo de esta reunión de los hombres como “familia de Dios”. Los convoca en torno a él por su palabra, por sus señales que manifiestan el Reino de Dios, por el envío de sus discípulos. Sobre todo, él realizará la venida de su Reino por medio del gran Misterio de su Pascua: su muerte en la cruz y su Resurrección. “Cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí” (Jn 12,32). a esta unión con Cristo están llamados todos los hombres (cf. Lg 3).

Todos los hombres están llamados a entrar en el Reino. Anunciado en primer lugar a los hijos de Israel (cf. Mt 10, 5-7), este reino mesiánico está destinado a acoger a los hombres de todas las naciones (cf. Mt 8, 11; 28, 19). Para entrar en él, es necesario acoger la palabra de Jesús: La Palabra de Dios se compara a una semilla sembrada en el campo: los que escuchan con fe y se unen al pequeño rebaño de Cristo han acogido el Reino; después la semilla, por sí misma, germina y crece hasta el tiempo de la siega (LG 5).

El Reino pertenece a los pobres y a los pequeños, es decir a los que lo acogen con un corazón humilde. Jesús fue enviado para “anunciar la Buena Nueva a los pobres” (Le 4, 18; cf. 7,22). Los declara bienaventurados porque de “ellos es el Reino de los cielos” (Mt 5,3); a los “pequeños” es a quienes el Padre se ha dignado revelar las cosas que ha ocultado a los sabios y prudentes (cf. Mt 11, 25). Jesús, desde el pesebre hasta la cruz comparte la vida de los pobres; conoce el hambre (cf. Me 2, 23-26; Mt 21, 18), la sed (cf. Jn 4, 6-7; 19, 28) y la privación (cf. Le 9, 58). aún más: se identifica con los pobres de todas clases y hace del amor activo hacia ellos la condición para entrar en su Reino (cf.Mt 25, 31-46).

Jesús invita a los pecadores al banquete del Reino: “No he venido a llamar a justos sino a pecadores” (Me 2, 17; cf. 1 Tm 1, 15). Les invita a la conversión, sin la cual no se puede entrar en el Reino, pero les muestra de palabra y con hechos la misericordia sin límites de su Padre hacia ellos (cf. Le 15, 11-32) y la inmensa “alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta” (Le 15, 7). La prueba suprema de este amor será el sacrificio de su propia vida “para remisión de los pecados” (Mt 26,28).

Catecismo de la Iglesia Católica. 541-545.


TEMA 3 SERVICIO DESINTERESADO A LAS DIÓCESIS Y A LAS PARROQUIAS

Examen

v     ¿Soy de los que me fabrico fantasías bonitas en la cabeza? ¿Intento vivir con los pies en el suelo, cumpliendo con mis obligaciones concretas sin hacerme ideas excéntricas y extrañas?

v     ¿Concreto mi afán apostólico? ¿Busco modos nuevos de hacer mi apostolado entre las personas que me son queridas? ¿Tengo compromisos ejecutables?

v     ¿Rezo y me mortifico por la diócesis, sus obispos, sacerdotes y fieles? ¿Me preocupo de enterarme del plan pastoral de la diócesis? ¿Quiero apoyar con mi trabajo y mi compromiso las propuestas que en él se hacen?

v     ¿Participo en la medida de mis posibilidades en los actos diocesanos, tanto convocados por el arzobispado  como  en   los  que  convoca  la  Acción  Católica?  ¿Ayudo  con  generosidad  al mantenimiento de la Iglesia?

v     ¿Intento comprometerme en las actividades de mi parroquia? ¿Conozco los cauces que la parroquia me ofrece de formación, de apostolado y de caridad? ¿Ayudo a que sea un lugar de encuentro y de amistad con Dios y con los demás cristianos?

v     ¿Encomiendo las actividades que se realizan en la Acción Católica? ¿Me ofrezco en la medida que sé y puedo para colaborar? ¿Me alegro de sus ‘éxitos’, y me duelen sus ‘fracasos’?

v     ¿Tengo presente a María? ¿Le presento también al resto de la Diócesis? ¿Y del Movimiento? ¿Me apoyo en ella en mis problemas?

Texto

Al servicio de la construcción de la comunidad eclesial Como todos los carismas, el de la Acción Católica “es para común utilidad” (1 Cor 12, 7) y hace que sus militantes estén más comprometidos “al servicio de los demás” (1 Pe 4, 10), entregados a la obra del Reino en la construcción de la comunidad eclesial y en la consagración del mundo, mediante el testimonio de vida.

“Se trata de un servicio concreto, destinado a las diócesis y a las diversas parroquias… En efecto, de poco serviría formular propósitos genéricos, si luego, en la realidad, no se actuase activamente en las estructuras de la Iglesia local a la que se pertenece… y la necesidad de la Iglesia en las diócesis y en las parroquias es -hoy como ayer- la de constituirse en comunidad para servir de punto de referencia y de atención… a fin de que niños, jóvenes y adultos respondan a la llamada de Cristo”. “La identidad de la Acción Católica se define ante todo por su fundamental referencia a la Iglesia particular”.

Esta tarea sólo se puede realizar acertada y eficazmente siguiendo la orientación que el mismo Santo Padre expresamente nos señala: “urge rehacer el entramado cristiano de la sociedad. Pero la condición es que se consolide la cristiana trabazón de la misma comunidad eclesial”.

Carácter universal

Este carisma de la Acción Católica, este “sentido de Iglesia”, exige a los militantes y a sus mismas estructuras una “clara apertura a la Iglesia universal… Los cristianos más sencillos, más evangélicos, más abiertos al verdadero sentido de Iglesia tienen una sensibilidad espontánea con respecto a esta dimensión universal, sienten instintiva y profundamente su necesidad… vibran con ella, sufren… cuando se les quiere imponer una iglesia regionalista y sin horizontes”. Esta dimensión universal se presenta a todos los fieles. El mismo Código de Derecho Canónico afirma “todos los fieles tienen el deber y el derecho de trabajar para que el mensaje divino de salvación alcance más y más a los hombres de todo tiempo y del universo entero” .

Este sentido de la Iglesia universal se manifiesta en una gozosa adhesión al Papa y en una activa preocupación por la obra misionera de la Iglesia.


TEMA 4 UN MINISTERIO DE LA COMUNIÓN

Examen

v     ¿Busco en todas mis cosas servir a la Iglesia? ¿procuro que mi corazón no se aborrezca o juzgue otras realidades eclesiales? ¿aspiro realmente a la unidad?

v     ¿Me alegro con las alegrías de los demás? ¿Me preocupo por ayudar en la medida de mis posibilidades en las dificultades de los demás? ¿Me intereso por el resto de los grupos y asociaciones que hay en la parroquia o diócesis?

v     ¿Rezo y me mortifico por el resto de los apostolados? ¿Encomiendo los frutos apostólicos de los demás grupos? ¿Pongo dificultades para su implantación o para que su trabajo de frutos?

v     ¿Me cuesta trabajo aceptar a los demás? ¿Sé que debo buscar vínculos de unión y de servicio mutuo entre todos los que hay a nuestro alrededor? ¿Hago presente mi  carisma ante los demás, sabiendo aceptar el del resto?

v     ¿Defiendo con valentía a los demás grupos o personas? ¿Intento hacer ver la bondad de la comunión fraterna? ¿Lo muestro con mis actitudes?

v     ¿Evito todo tipo de comentarios que puedan hacer daño a otros? ¿Me escudo en una ‘crítica constructiva’ para decir cualquier barbaridad de otros?

v     ¿Invoco a María? ¿Le pido por la unidad de todos los que creemos en Cristo su hijo? ¿Le presento las dificultades que tengo para aceptar a los demás y le pido ayuda para superarlas? ¿La invoco como madre de la Iglesia?

Texto

La Acción Católica General realiza esta comunión eclesial sirviendo a la Iglesia, en las diversas comunidades en las que orgánicamente se hace presente, en las que “ha de contribuir y revalorizary renovar las instituciones comunitarias eclesiales. evitando peligrosas incitaciones centrífugas”.

Primaria y esencialmente la Acción Católica es una organización diocesana. “Se necesita que todos los Movimientos especializados y la nueva Acción Católica General estén enraizados en las iglesias particulares. Sin esta inserción no es posible seguir caminando” . Y como la misma Iglesia diocesana, para mejor realizar su servicio, se articula y organiza de diversas formas, entre las que destaca por su validez la división en Centros parroquiales . “Centrándonos en la Acción Católica General su importancia nace de la necesidad de cohesionar al laicado que surge como consecuencia de la labor de la parroquia y en la necesidad de ofrecer cauces para impulsar su presencia evangelizadora en la sociedad” . A los jóvenes de todo el mundo les decía Juan Pablo II “es justamente la Iglesia diocesana la que debéis descubrir. La Iglesia no es una realidad abstracta y desencarnada; al contrario, es una realidad muy concreta: cabalmente una Iglesia diocesana reunida en torno al Obispo. Es también la Iglesia parroquial la que debéis descubrir, su vida, sus necesidades… De esta Iglesia concreta, debéis ser sarmientos vivos y fecundos, es decir, conscientes y responsablemente partícipes de su misión…”.

La Acción Católica General no es una comunidad, sino un grupo diversificado al servicio de la propia comunidad (diocesana y parroquial). Por ser una asociación y un ministerio no puede constituirse nunca como ‘comunidad1 en la que la Iglesia se realice por el ejercicio de sus funciones esenciales.

Forma, pues, parte de su propia comunidad, junto con los otros fieles y grupos, enriquecido cada uno por su parte, con carismas diversos, procedentes de un mismo Espíritu y dados para la construcción de un único cuerpo que es la comunidad de la Iglesia.

Se integra en la comunidad: compartiendo sus objetivos y problemas; ayudando a sus fines, bajo la guía de los Pastores propios de la comunidad; y participando de su vida misionera, evangelizadora, litúrgica y caritativa . “La Acción Católica potencia el funcionamiento de las estructuras pastorales de corresponsabilidad y participación, por las que se expresa también la comunión en la Iglesia. La Acción Católica ofrece una constante disponibilidad para la colaboración responsable en los servicios de la comunidad eclesial” .

Actúa en la comunidad como ‘fermento’ al servicio de todos los miembros, los grupos y la comunidad entera para conseguir que toda ella sea evangelizadora

 


TEMA 5 SERVIR A LA PERSONA Y A LA SOCIEDAD

Examen

1.  ¿Tengo miedo a lo que el mundo me propone? ¿Prefiero refugiarme en mis quehaceres parroquiales o eclesiales? ¿Salgo al mundo convencido de que no salgo a un lugar “extraño”?

2.  ¿Estoy abierto a las realidades buenas de nuestro mundo? ¿Valoro lo que los hombres, también los no creyentes, pueden aportarme? ¿Me siento a gusto en medio de la sociedad en la que Dios me ha puesto?

3.  ¿Me siento responsable de la situación de nuestra sociedad? ¿Aporto mi forma cristiana de enfrentarme a los problemas, retos y proyectos? ¿Sé que tengo muchas cosas que aportar a los hombres de hoy?

4.  ¿Me doy cuenta que el camino de la Iglesia es el hombre? ¿Lo vivo yo personalmente? ¿Me ayuda este convencimiento a buscar nuevos modos de servir a la persona?

5.  ¿Qué hago por promover el respeto y la dignidad de la persona? ¿Soy sensible a las injusticias en las que viven muchas personas alrededor mía? ¿Se me ocurren medios para ayudar a construir un mundo mejor?

6.  ¿Qué significa para mí ser sal de ia tierra? ¿A qué me mueve? ¿De qué forma intento ahogar el bien en abundancia de mal? ¿Cómo ayudo a que el buen olor de Cristo se difunda entre los míos?

7.  ¿Qué significa para mí ser luz del mundo? ¿Verdaderamente la fe ilumina mi vida? ¿Dejo que la luz del Evangelio me enseñe a ver las cosas de otro modo? ¿Cómo soy luz para otros? ¿Qué medios pongo para que todos lleguen a la luz de Cristo?

8.  ¿Pones en manos de la Virgen tu vida y la vida de los tuyos? ¿La invocas con frecuencia para que te ayude en las exigencias de tu vocación laical?

Texto

Es sabido que el Concilio Vaticano II al distinguir, entre los miembros de la Iglesia, a los laicos de los que pertenecen al clero o a los institutos religiosos, reconoce como nota distintiva del estado laical el carácter secular, “el carácter secular es propio y peculiar de los laicos” afirma, señalando así una condición de vida que especifica la vocación y la misión de los laicos, como el orden sagrado y el ministerio sacerdotal especifican el estado de los clérigos, y la profesión de los consejos evangélicos el de los religiosos, sobre la base de la consagración bautismal, común a todos.

Se trata de una vocación especial, que precisa la vocación cristiana común, por la que todos estamos llamados a obrar según las exigencias de nuestro ser, es decir, como miembros del Cuerpo místico de Cristo, y, en El, hijos adoptivos de Dios. Siempre según el Concilio, los ministros ordenados están llamados a desempeñar las funciones sagradas con una especial concentración de su vida en Dios para procurar a los hombres los bienes espirituales, la verdad, la vida y el amor de Cristo. Los religiosos, a su vez, dan testimonio de la búsqueda de lo único necesario con la renuncia a los bienes temporales por el reino de Dios: son, por tanto, testigos del cielo. Los laicos, como tales, están llamados y destinados a honrar a Dios en el uso de las cosas temporales y en la cooperación al progreso temporal de la sociedad. En este sentido, el Concilio habla del carácter secular del laicado en la Iglesia. Cuando aplica esta expresión a la vocación de los laicos, el Concilio valoriza el orden temporal y, podemos decir, el siglo; pero el modo como define luego esa vocación demuestra su trascendencia sobre las perspectivas del tiempo y sobre las cosas del mundo..

Juan Pablo II, Audiencia general, 3 de noviembre de 1993

 


TEMA 6 PARTICIPACIÓN DE LOS LAICOS EN LA MISIÓN DE LA IGLESIA

Examen

1.  ¿Participo de la urgencia por llevar el evangelio a todos los hombres? ¿Encomiendo en mi oración  las tareas apostólicas de  la Iglesia Universal? ¿Encomiendo muy especialmente el apostolado que se realiza desde la Acción Católica?

2.  ¿Medito con frecuencia las parábolas de la luz. de ia levadura o de la sal de la tierra? ¿descubro en ellas mi vocación al apostolado? ¿Siento la responsabilidad que Cristo me está pidiendo?

3.  En la familia ¿vivo con alegría mi fe? ¿Hablo con naturalidad de lo que creo y vivo? ¿doy mi opinión con libertad? ¿me preocupo de la fe y de vida cristiana de quienes forman

4.  4.    En el trabajo ¿Escondo mis creencias? ¿aprovecho ocasiones para hablar de Dios a mis compañeros? ¿me conformo con no dar un mal ejemplo? ¿propongo el criterio cristiano en temas a veces controvertidos? ¿busco algún momento para tener relaciones personales en las que pueda hablar de lo que es mi vida de fe?

5.  Con los amigos y compañeros de ocio ¿soy libre para dar a conocer mis opiniones? ¿defiendo con valentía a la Iglesia, sus pastores y su doctrina? ¿dejo de hacer cosas que debo como cristiano por no quedar mal? ¿me sirve la amistad para hablar de Dios? ¿rezo por la fe de mis amigos y conocidos?

6.  ¿Qué excusas pongo para evitar dar un testimonio de fe? ¿son verdaderas razones o simples excusas?

7.  ¿Tengo a la Virgen presente en mi oración? ¿le encomiendo mis afanes apostólicos? ¿Le encomiendo los apostolados de la Acción Católica y de la Iglesia?

Texto

El concilio Vaticano II, al dar un nuevo impulso al apostolado de los laicos, tuvo la solicitud de afirmar que la primera, fundamental e insustituible forma de actividad para la edificación del cuerpo de Cristo es la que llevan a cabo individualmente los miembros de la Iglesia. Todo cristiano está llamado al apostolado; todo laico está llamado a comprometerse personalmente en el testimonio, participando en la misión de la iglesia. Eso presupone e implica una convicción personal, que brota de la fe y del sensus Ecclesiae que la fe enciende en las almas. Quien cree y quiere ser Iglesia, no puede menos de estar convencido de la “tarea original, insustituible e indelegable” que cada fiel “debe llevar a cabo para el bien de todos”.

Es preciso inculcar constantemente en los fieles la conciencia del deber de cooperar en la edificación de la Iglesia, en la llegada del Reino. A los laicos corresponde también la animación evangélica de las realidades temporales. Muchas son las posibilidades de compromiso, especialmente en los ambientes de la familia, el trabajo, la profesión, los círculos culturales y recreativos, etc.; y muchas son también en el mundo de hoy las personas que quieren hacer algo para mejorar la vida, para hacer más justa la sociedad y para contribuir al bien de sus semejantes. Para ellas, el descubrimiento de la consigna cristiana del apostolado podría constituir el desarrollo más elevado de la vocación natural al bien común, que haría más válido, más motivado, más noble y tal vez, más generoso su compromiso.

Juan PabloII, Audiencia general, 23 de marzo de 1994

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