Inicio > Laicos > Ser Cristiano en una sociedad plural

Ser Cristiano en una sociedad plural

SER CRISTIANO EN UNA SOCIEDAD PLURAL

Laurentino Novoa Pascual CP.

http://www.pasionistas.org/

* Vivimos sin duda en una sociedad muy secularizada, no sólo porque haya disminuido el número de creyentes, sino también porque la presencia o expresión religiosa queda disminuida, diluida o disimulada incluso en los mismos creyentes, que unas veces no se atreven a aparecer como cristianos y otras no saben muy bien cómo deben comportarse como cristianos en una sociedad como la nuestra.

Un libro de hace algunos años de Andrés Tornos y Rosa Aparicio (“¿Quién es creyente en España hoy?”, PPC-Madrid 1995) intentataba explicar la creciente indiferencia religiosa y las manifestaciones de la fe en nuestra sociedad española.

Un reto importante que tenemos hoy los cristianos es cómo ser cristianos y actuar como cristianos en nuestra sociedad concreta: secularizada, indiferente y hasta agresiva a veces frente al sentido religioso; cómo vivir la fe cristiana en una sociedad como la nuestra que ha cambiado mucho, que no es la misma que la que vivieron nuestros abuelos ni nuestros padres.

1.  Una sociedad en cambio

 

a. A nivel general

* La vida y la historia son realidades dinámicas, en cambio permanente; todo lo que tiene vida tiene este dinamismo de cambio, evolución, progreso etc.  Pero estos cambios han sido mucho más rápidos y acentuados en los últimos decenios y lo están siendo en el presente, en el que la historia vive un proceso frenético de transformación. Algunos aspectos de estos cambios:

– De una sociedad tradicional a una sociedad moderna (abierta al futuro).

– De una sociedad “poco desarrollada” a una sociedad “desarrollada”.

– De una sociedad rural y agrícola a una sociedad industrial y técnica.

– De una sociedad rural y de pequeños pueblos a una sociedad urbana.

– De una sociedad de la escasez a una sociedad de abundancia.

– De una sociedad de ahorro a una sociedad de consumo.

– De una sociedad aislada a una sociedad comunicada.

– De una sociedad del motor a una sociedad del “chip” informático.

* A otros niveles es una sociedad en la que el mundo se ha convertido en una “pequeña aldea” debido a los “medios de comunicación; un mundo caracterizado por las enormes diferencias entre el Norte y el Sur (antes era el Este y Occidente), países pobres en el hemisferio Sur y países ricos en el hemisferio norte, las migraciones masivas de los países pobres a los países ricos, las amenazas permanentes del peligro nuclear, la preocupación por la conservación de la naturaleza y el medio ambiente, la amenaza de la vida, la destrucción o agresión a los ecosistemas y procesos naturales.

* Todo esto ha influido lógicamente de una manera esencial en las costumbres, los comportamientos, las convicciones, la vida familiar, el matrimonio, las relaciones sociales y generacionales y, por supuesto, en la práctica religiosa.

* Desde la visión religiosa se ha pasado de una sociedad religiosa a una sociedad secularizada, de una sociedad en la que Dios estaba en casi todo presente a una sociedad en la que Dios es el gran ausente, de una sociedad basada en profundos principios morales y religiosos a una sociedad laica y sin horizontes éticos y morales.

A nivel de España

* A todos estos cambios de tipo general habría que añadir otros cambios específicos de la sociedad española. Algunos de los más destacados serían:

–  De un aislamiento internacional a una apertura exterior e integración en Europa.

– De un sistema político totalitario a un sistema democrático de partidos políticos.

– De una conciencia de unidad nacional al sistema de las autonomías.

– De una sociedad mayoritariamente católica a una sociedad secularizada y religiosamente pluralista.

– De un Estado confesional (unido a la Iglesia) a un Estado a-confesional (enfrentado frecuentemente a la Iglesia).

– De una sociedad tradicional y mayoritariamente rural a una sociedad moderna y mayoritariamente urbana.

– De una sociedad de familias numerosas y patriarcales a una sociedad con el índice de natalidad más bajo de Europa y una concepción liberal del matrimonio y la familia.

– De  una sociedad con una concepción estable del matrimonio y la familia a una sociedad en la que son comunes el divorcio y los conflictos familiares.

* Es una sociedad que ha pasado en poco tiempo de la escasez y miseria de la postguerra a la prosperidad propiciada  por el desarrollo económico de los años 60 y 70, y de ésta a la crisis económica y el desempleo de los años 80 y 90. Es una sociedad que ha crecido en bienestar, progreso material, información, comunicación, pero ha decrecido en valores éticos, morales y  religiosos, como indican algunos de los problemas actuales como la droga, la corrupción política y económica, la falta de perspectivas éticas, la xenofobia, el racismo, el enriquecimiento fácil, la cultura del pelotazo, la falta de confianza en las instituciones, la falta de ilusión en la juventud, el pasotismo…

2. Una Iglesia en búsqueda

* Pero no sólo ha cambiado el mundo y la sociedad; en los últimos decenios han cambiado también muchas cosas en la Iglesia. Precisamente dentro de unos días, el 8 de diciembre, se celebran los 30 años de la clausura del Concilio Vaticano II, que ha sido sin duda el acontecimiento eclesial más importante de este siglo, y que ha inspirado y propiciado muchos de los cambios que se han dado en la Iglesia.

a. A nivel general

* Está claro que,  sobre todo a partir del Concilio, han cambiado muchas cosas en la Iglesia, cambios que no siempre se han sabido asimilar ni entender, cambios que indican una nueva mentalidad y unos nuevos planteamientos. A modo de ejemplo podemos señalar algunos:

– De un enfrentamiento y condenación (demonización) del pensamiento y de la sociedad moderna, la Iglesia ha pasado a una reconciliación con el mundo moderno: ciencias, sistemas democráticos, reconocimiento de las libertades y los derechos del hombre.

– De unas  actitudes dogmáticas, apologéticas y condenatorias, se ha pasado a unas actitudes pastorales, dialogantes y abiertas a otros modos de pensar o de creer.

– De un cierto olvido de la Palabra de Dios y una excesiva abstracción y teorización de su doctrina, se ha vuelto a las fuentes de la vida cristiana y a una primacía de la Palabra de Dios en la vida de la Iglesia.

– De una concepción jerárquica, clerical y autoritaria de la Iglesia, se ha evolucionado hacia una valoración de la comunidad, los laicos y la participación en la vida eclesial.

– De una Iglesia encerrada en sí misma, se ha pasado a una Iglesia abierta al mundo, solidaria con los problemas, sufrimientos y esperanzas de la humanidad.

– De una Iglesia de leyes y preceptos, a una Iglesia de valores y metas evangélicas, que invita al hombre a abrirse a la gracia, el amor y la misericordia de Dios.

– De una Iglesia ritualista y sacramentalista, a una Iglesia celebrativa y evangelizadora; de una Iglesia de lenguas muertas (el latín), a una Iglesia de lenguas vivas en la que todos pueden escuchar la Palabra y celebrar los misterios en sus lenguas maternas.

– De una Iglesia uniforme y “colonizadora”, a una Iglesia plural, encarnada e inculturada en los diversos pueblos y culturas.

– De una Iglesia “confesional”  y anatematizadora de protestantes, herejes y disidentes, a una Iglesia abierta a la comunión, al diálogo y la cooperación con los hermanos de las otras iglesias cristianas.

– De una Iglesia que condena y rechaza absolutamente la increencia, a una Iglesia que se pregunta por las causas del ateismo y que es capaz de reconocer su propia culpa en la historia de opresión y de pecado de la humanidad.

* No es que estos cambios sean siempre generales, ni que se logren siempre los ideales y metas propugnadas, pero hay que reconocer que indican una tendencia oficial y consolidada de la Iglesia, que supone un cambio sustancial y que pretende hacer de la Iglesia una realidad más evangélica, cercana y solidaria con los problemas y las esperanzas del hombre de hoy.

b. A nivel de España

* Algunos de estos cambios generales han repercutido especialmente en nuestro país y además hay otros cambios específicos que se han dado entre nosotros, dentro de los cuales podemos señalar a modo de ejemplo:

– De una Iglesia identificada con los poderes políticos constituidos, a una Iglesia independiente y crítica a veces con los poderes fácticos.

– De una Iglesia identificada con el totalitarismo político, legitimadora en cierto modo del franquismo y amparada por él, a una Iglesia que contribuyó substancialmente a impulsar y hacer posible la “transición política”.

– De una Iglesia clasista, muy identificada con las clases sociales altas, se ha pasado a una Iglesia de todos, que asume moderadamente la “opción preferencial por los pobres” y se convierte en abogada de los más débiles y desprotegidos.

– De una Iglesia “clerical” en la que los laicos no eran más que “consumidores” religiosos, a una Iglesia que quiere abrir cauces de participación para todos y reconocer la igualdad esencial (los “derechos fundamentales”) de todos los bautizados en la Iglesia.

– De una Iglesia “prepotente”, amparada en el “nacional-catolicismo”, a una Iglesia mucho más humilde, que sabe que debe ser luz de Cristo, servidora del Evangelio en una sociedad pluralista.

– De una Iglesia que ha estado muy centrada en los sacramentos y en la atención burocrática a los fieles, a una Iglesia que quiere ser evangelizadora y presentar ofertas pastorales, que ayuden a los fieles a encontrarse con el  Dios de la salvación manifestado en Cristo.

* No quiero decir que todas esas tendencias haya que entenderlas como realidades y logros, pero hay que reconocer que este es el camino por el que quiere caminar la Iglesia, aunque quede aún un largo trayecto que recorrer.

3.  Ser creyente y ser cristiano

* En esta sociedad en que vivimos, que algunos califican como “neopagana” (Cf. J.Ratzinger, Ser creyente en la era neopagana, Ed. Encuentro, Madrid 1995), no es fácil “ser creyente” y “ser cristiano”. Vivimos en un clima social y cultural secular o secularizado, en el que “ser creyente” y “ser cristiano” o bien  ya no se lleva, como dice muchos jóvenes, o se relega al ámbito de la intimidad o de la vida privada; un clima en el que existe “pudor” o cierta vergüenza a aparecer como creyente, quizá por el miedo a aparecer como “trasnochado”, sectario o bicho raro.

* No es el caso de entrar a reflexionar en profundidad sobre las causas de porqué se da este fenómeno, causas que son sin duda muy diversas y complejas, pero sí conviene recordar la constante sociológica bastante común de que el progreso técnico y económico, el crecimiento en bienestar y confort, lleva generalmente a un proceso consecuente de secularización, abandono de las prácticas religiosas, indiferencia e increencia; cuando aparece el pararrayos se deja de rezar a Santa Bárbara y de relacionar a Dios con la vida y los fenómenos de la naturaleza; cuando el hombre satisface sus necesidades terrenas deja de invocar a un Dios de la salvación, que colme las necesidades más profundas… Quizá en el fondo todo puede reducirse en este sentido a la alternativa que plantea Jesús en el Evangelio: “No se puede servir a Dios y al dinero”.

Pero yo quisiera preguntarme hoy aquí: ¿qué es ser creyente hoy? ¿qué es ser cristiano hoy? Y podríamos añadir también, ¿qué significa pertenecer hoy a un grupo específicamente cristiano?.

a. Ser creyente

* En principio debemos precisar que no es lo mismo “ser creyente” y “ser cristiano”, aunque muchas veces la gente lo identifica, o no hace muchas distinciones, especialmente entre nosotros donde generalmente “ser creyente” se identifica con “ser católico” e incluso hasta hace poco con “ser español”. Ser creyente es lo general y ser cristiano lo particular o concreto, pero en este caso lo particular incluye necesariamente lo general pero no viceversa; todo cristiano es o debe ser creyente, pero no viceversa; hay de hecho muchos creyentes que no son cristianos; hay también muchos bautizados que quizá viven como creyentes, pero no como cristianos; y hay, por supuesto, muchas personas no adscritas oficialmente a ninguna religión, que tienen mucho de creyentes, e incluso personas que se confiesan no creyentes y sin embargo viven muchos valores creyentes.

¿Quién es creyente?. Podemos decir que es quien cree en Dios sin más, quien admite positivamente un ser transcendente en el que se fundamenta nuestra existencia y del que dependemos como seres finitos, limitados, creados; un ser que llamados Dios y ante el cual tenemos una concepción de la realidad, unos sentimientos religiosos y una actitud de admiración, fascinación, temor y adoración…

Toda persona religiosa es creyente; pero se puede ser creyente de formas muy diversas: se puede creer en un Dios único o en diversos “dioses”, en un Dios personal o en un dios sin nombre, en un Dios providente y misericordioso  o en un Dios identificado con el destino ciego, que castiga y atemoriza; podemos creer en un Dios identificado con la naturaleza y los procesos de la vida o en un Dios de normas morales o en un Dios místico. Son creyentes los budistas, los hindúes, los musulmanes, los judíos, los animistas, pero todos son creyentes de forma distinta. Hay también creyentes que no se identifican con ninguna religión concreta… Y muchos bautizados que viven sencillamente como creyentes, aunque no como cristianos  ni sean practicantes… Son bautizados que tienen un sentido religioso de la vida, que admiten a Dios en su vida, aunque sea un Dios bastante indefinido, que saben que en el fondo su vida es un don gratuito que deben agradecer, que esperan otra vida mejor… “Ser creyente” es sin duda algo humano y relevante, que debe ser valorado positivamente en cada persona, pero esto no quiere decir que con ello ya se sea cristiano.

Ser cristiano

* Los antiguos catecismos respondían a la pregunta ¿qué es ser cristiano? “Cristiano es ser discípulo de Cristo”. Y los teólogos definían a los  “fieles cristianos” como “aquellos que creen y viven según la fe cristiana”. Por lo tanto, ser cristiano es creer en el Dios de Jesús, en el que se nos ha manifestado de forma plena y definitiva en el misterio de Jesús de Nazareth… Ser cristiano:

– Es creer en un Dios personal y trinitario: Personal e.d. que tiene un nombre, que dialoga con el hombre, que es capaz de amar, que tiene sentimientos. Trinitario e.d. implica confiar en Dios-Padre, Creador de todo y vivir como hijos de Dios; seguir las huellas de Cristo e identificarnos plenamente con El, viviendo como hermanos; dejarnos guiar e iluminar por el Espíritu, Santificador y dador de Vida, viviendo una vida en el Espíritu (espiritual, profética, testimonial…). En definitiva, se trata de creer en un Dios Padre, un Dios Hermanos y un Dios Amigo.

– Es creer no en el “Dios de los filósofos”, ser transcendente, adornado de todas las cualidades metafísicas y ontológicas,  no en un ser infinito, omnipotente y sin rostro ni nombre… sino en el Dios de la Biblia: Dios de las personas, de los padres, de la historia, del pueblo; el Dios de los Profetas, de María y de Jesús; “el Dios bueno y mesericordioso, lento a la cólera, rico en piedad y leal… que se compadece de los necesitados y está al lado de los pobres”.

– Es vivir la “Vida nueva” del bautismo, la comunión con Cristo y los hermanos de la Eucaristía, la vida reconciliada y reconciliadora de la penitencia, el compromiso de vida de la confirmación, el servicio de nuestra participación en el sacerdocio de Cristo.

– Es creer y vivir según la fe de la Iglesia, e.d., no sólo aceptar teóricamente la recta fe de la Iglesia (ortodoxia), sino obrar consecuentemente a través de un compromiso ético y una vida coherente con la fe (ortopraxis). En defintiva, vivir lo que celebramos para poder celebrar lo que vivimos.

– Es ser un “reflejo”, un signo,  un sacramento de Cristo a través de la vida, las obras y las actitudes… Cristo= el Ungido, lleno del Espíritu de Dios: Profeta, Sacerdote y Rey. El cristiano= también ungido por el Espíritu para participar de la dignidad profética, sacerdotal y real de Cristo y de la comunidad cristiana.

– Es ser capaz de ponerse en actitud permanente de conversión, cambio y renovación, e.d., entender la vida cristiana como un proceso permanente de crecimiento y maduración.

– Es ser capaz de vivir en una “solidaridad crítica” con todo lo verdaderamente humano: la ética, los valores humanos, la cultura, la sociedad… “Crítica” porque toma siempre los criterios de comportamiento y de humanidad del Evangelio y de la sabiduría de la Cruz.

4. Nuestra sociedad actual

Ser cristiano conlleva aceptar unos valores permanentes e inmutables, que brotan de nuestra incorporación a Cristo y a la Iglesia, pero la manera de encarnarlos, vivirlos y expresarlos y anunciarlos, cambia en cada época, porque son distintas las condiciones sociales, culturales, políticas y económicas.

Ya veíamos que nuestra sociedad ha cambiado mucho con respecto a épocas pasadas no muy lejanas… Uno de los rasgos más destacados de nuestra sociedad o de nuestro presente histórico es la pluralidad: vivimos en una sociedad plural en todos los sentidos: en un sentido religioso, cultural, político y social.

Para algunos vivir en una sociedad tan plural es una especie de tragedia o desgracia y hasta llegan a decir que les hubiese gustado vivir en otra época; habría que recordarles lo que dice S.Agustín de quienes se lamentan siempre de los “malos tiempos” que corremos: “Malos tiempos; tiempos fatigosos; así dicen algunos. Vivamos bien y serán buenos los tiempos. Los tiempos somos nosotros; cuales somos nosotros, así los tiempos”. Para otros es un don vivir en una sociedad tan plural, que es signo de la gran riqueza humana.

* El hecho es que vivimos en una sociedad plural en todos los aspectos más significativos de la vida humana: culturales, políticos y religiosos:

– El pluralismo cultural se manifiesta en el reconocimiento de los valores de las diversas autonomías y regiones; en la convivencia con personas que proceden de otros pueblos, culturas y razas; en los diversos gustos y expresiones culturales de los jóvenes con respecto a otras generaciones; en las formas diferentes de entender la vida; incluso en  las manifestaciones “contra-culturales”.

– El pluralismo político se manifiesta en el reconocimiento de los más diversos partidos políticos dentro de un sistema democrático; en las diversas ideologías y planteamientos políticos, sindicales y económicos, con los que debemos convivir no sólo en la sociedad, sino también en el trabajo, en la comunidad de vecinos, en el ámbito de amigos y familiares, e incluso en el seno de la propia familia, en la que se dan con frecuencia planteamientos políticos o ideológicos diferentes. Esta convivencia nos enseña que por encima de las ideas y sistemas políticos, debe estar siempre la persona, el respeto a su dignidad y sus derechos.

– – El pluralismo religioso se manifiesta en la presencia de diversas formas religiosas que existen en nuestro entorno, que ha hecho que nuestra sociedad haya dejado de ser unitariamente católica. Vivimos en un ambiente en que hay católicos y no católicos, cristianos católicos y cristianos no católicos, protestantes, Testigos de Jehová, personas religiosas no cristianas y también  personas que no se confiesan religiosas… La pluralidad religiosa se manifiesta también en las diversas maneras de pensar y de vivir dentro de la misma Iglesia, donde podemos encontrar grupos conservadores y grupos progresistas, personas que viven una fe devocional y personas comprometidas en la acción y la solidaridad social, cristianos cerrados y cristianos abiertos, cristianos conformistas y cristianos críticos.

5. Algunas pautas para ser cristiano en la sociedad plural

*Está claro que hoy debemos aprender a ser cristianos en un mundo y en una sociedad plural, en una Iglesia que quiere ser signo de unidad en la pluralidad, porque es misterio de comunión y de salvación . De San Agustín es también un principio que debe ser válido siempre para el cristiano: “En lo necesario, unidad; en lo dudoso, libertad; y en todo, caridad”. Y S.Ignacio en sus Ejercicios nos da también un admirable principio de tolerancia: “Se ha de presuponer que todo buen cristiano ha de estar más dispuesto a salvar las opiniones del prójimo que a condenarlas. Si no puede salvarlas y aceptarlas, esfuércese en entenderlas. Y si cuando las ha entendido, las sigue viendo malas, corríjales con amor. Y si esto no basta, busque de todas las maneras el modo de que esas opiniones, bien entendidas, se salven”.

* Algunas pautas, que nos parecen más significativas en orden a vivir nuestra fe en una sociedad plural, serían:

1) Aceptar la situación con actitudes positivas: No se trata de resignarnos sin más, sino de aprender a descubrir “ese lado soleado de la vida y la realidad”, como dijo  el poeta Tennyson, para vivir siempre en una actitud positiva y constructiva. Al fin y al cabo debemos reconocer que la misma pluralidad es una expresión de nuestra condición limitada, pero también de nuestra riqueza. El Vaticano II nos enseño a descubrir y reconocer la verdad y la salvación que hay en los que no piensan ni creen como nosotros. La verdad y la salvación no son monopolio de nadie, sino atributos y dones de Dios. Vivir la fe en esta sociedad tan plural no es una tragedia ni una desgracia, sino un desafío  que nos está invitando a descubrir el misterio de la gracia y las huellas de Dios en nuestra historia multiforme.

2) Respeto y amor a los demás: Es importante aprender a respetar las diversas maneras de pensar y de creer, así como aprender también a amar a las personas por encima de las ideas, como principio elemental de convivencia humana y también como consecuencia elemental de nuestra fe en un Dios que es Amor y del mandamiento recibido del Señor. Como cristianos deberíamos aprender especialmente hoy que “hay que amar la verdad más que a uno mismo, pero hay que amar al prójimo más que a la verdad” , como escribió Romain Rolland.

3) Búsqueda de elementos comunes: La búsqueda de convergencia no es una simple estrategia política, sino que tiene una profunda raíz antropológica y teológica. La vida humana tiene más de proyecto y búsqueda que de certezas y seguridades. Ser persona humana no es un hecho ni una meta ya lograda, sino un proyecto y una búsqueda permanente. Decimos que la Verdad es una prerrogativa divina, pues sólo Cristo es la Verdad, y nadie más tenemos derecho a apropiarnos de ella en exclusiva. La Verdad es lo que une, y “nuestras verdades” las que dividen y separan, cuando quieren convertirse en absolutas y exclusivas. “Son más las cosas que nos unen que las que nos separan”; este principio que Juan XXIII aplicaba a las iglesias cristianas, podemos aplicarlo también a todos. Son más las cosas que nos unen a los demás que las que nos separan y esta búsqueda de los elementos comunes serán los que nos asemajarán a un Dios que sale siempre al encuentro del hombre.

Laurentino Novoa Pascual CP.

 

Categorías:Laicos
  1. Aún no hay comentarios.
  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: