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La Mision alimenta y Dinamiza

 

LA MISIÓN ALIMENTA Y DINAMIZA

LA VIDA Y LA EVANGELIZACIÓN

Julio D. Botía A.

 

Jesús da toda la importancia a la misión evangelizadora. La Iglesia ha reconocido el valor de la misión. Ella quie­re atender a las urgencias actuales de la evangelización y con su enseñanza misionera nos orienta para que todos asumamos y realicemos adecuadamente nuestro compro­miso misionero.

Como hemos analiza­do en los documentos del magisterio eclesial, en el proceso evangeli­zador los diversos ele­mentos se integran, son complementarios y se enriquecen mutuamen­te (EN 24). Se exigen e inciden los unos en los otros. Por ejemplo, ne­cesitamos mantenernos unidos a Jesús para estar en proceso de conversión; el se­guimiento de Cristo y la conversión edifican la comunión; la vida en comunión alimenta la amistad con Cristo y la conversión; la solidaridad se hace desde la comunidad y nos lleva a encontrarnos con Cristo en los necesitados; el compromiso misionero manifiesta la fe en Cristo y es el principal fruto de la comunión; el compromiso misionero genera el proceso evangelizador en comunión.

En los recientes documentos eclesiales[1] y en la praxis evangelizadora de la Iglesia, se reconoce que la evange­lización es un proceso gradual con diversos elementos. Son seis, siempre necesarios y que se complementan re­cíprocamente. En la vida personal, o en una familia, o en una comunidad, ellos se van articulando para alimentar el proceso evangelizador. Cada uno de ellos manifiesta la dimensión misionera de la evangelización y de la Igle­sia. Veámoslos:

 

MISIÓN

SOLIDARIDAD CRISTIANA

COMUNIÓN ECLESIAL

CONVERSIÓN

 

ENCUENTRO CON CRISTO

 

El punto de partida, la fuente, el motor, para nuestra vida y misión está en el encuentro (personal, vivo y vivificante) con Cristo. Viviendo con El y como El, bajo la acción santificadora del Espíritu.

 

La oración es el núcleo del encuentro con Cristo, lo alimenta y lo proyecta a la conversión, a la comunión y a la misión. Ella es el encuentro de amistad y de discipulado misionero con Jesús, en el Espíritu, para ir al Padre. Está presente con cada uno de los medios de evangelización. Así, la oración es semilla, herramienta y fruto en cada uno de los pasos de la vida y de la evangelización. Sea adoración, acción de gracias, súplica o compromiso, siempre nos abre dócilmente a la acción del Espíritu Santo.

 

Con ese fundamento podremos aprovechar, para nosotros mismos y para el servicio a los demás, los diversos medios evangelizadores y santificadores: el testimonio evangelizador, el anuncio evangelizador, el acompañamiento, la comunión eclesial, la encarnación del evangelio y el compromiso misionero. Ellos le sirven a Dios para venir a nosotros y para recibir nuestra respuesta. A nosotros nos sirven para recibir los dones de Dios, para crecer en el Espíritu y para cumplir la misión que Él nos ha encomendado.

 

Cada uno de estos medios nos ayudan a unirnos a Jesús, a participar de sus dones y a hacernos como Él en nuestra vida, a que no seamos tanto nosotros los que vivamos y obremos, sino Cristo (Cf Gal 2,20). En esa forma, nos ayudan en el camino de hacernos santos para ser buenos pastores. Y, simultáneamente, nos hacen buenos pastores, con frutos de santidad en nosotros mismos y en nuestra comunidad.

 

1. El testimonio evangelizador:

Es elemento esencial, el primero absolutamente en la evangelización (EN 21). Se hace a partir del “encuen­tro personal con Cristo” y nos lleva a su amistad.

El testimonio evangelizador que se recibe nos hace co­nocer a Dios y nos lleva a responderle con fe y amor.

El testimonio se da con presencia, participación, so­lidaridad en todo cuanto existe de noble y bueno, irradiando de manera sencilla y espontánea la fe, la esperanza y la caridad cristiana.

Por nuestro compromiso misionero y con él, hemos de dar testimonio evangelizador haciendo conocer y sentir, aun sin palabras, la presencia y la obra de Dios en uno mismo, en los demás y en el mundo. El compromiso misionero nos capacita y nos mueve al testimonio. Damos testimonio con el fin de “hacer discípulos para Jesús”.

 

2. El anuncio evangelizador:

Consiste en un anuncio claro e inequívoco del Señor Jesús, con la Palabra de vida. Anunciar el nombre, la doctrina, la vida, las promesas, el reino, el misterio de Jesús de Nazaret, Hijo de Dios (EN 22).

Cuando recibimos el anuncio de la Buena Nueva nace y crece nuestra fe en Jesucristo, nos llenamos de su Palabra para vivir su vida, en comunión con nuestros hermanos.

 

Nos corresponde, además, anunciar, con la misma Palabra del Señor, la Buena Nueva de salvación. Este anuncio evangelizador lo hacemos, siempre y a todos, con la sabiduría y fortaleza que nos da el Espíritu. La conciencia y compromiso misioneros nos llevan a hacernos buenos discípulos y nos mueven a compar­tir el anuncio de Jesucristo. La misión ayuda a supe­rar las dificultades del desánimo y de la persecución.

 

3. El acompañamiento, la conversión y la fe:

El encuentro con Cristo nos lleva a dar pasos en nues­tra conversión y nuestra fe. El acompañamiento en estos pasos es absolutamente necesario y es parte de la tarea evangelizadora.

Con ese acompañamiento que recibimos crece nues­tra adhesión a su persona y a las verdades que Dios nos ha revelado; adhesión al programa de vida que propone, a su Reino (EN 23).

Jesús nos pide, además, que acompañemos a la per­sona que está naciendo a la fe para que se adhiera y se convierta a Él, no sólo saliendo de sus pecados sino asumiendo progresivamente la vida nueva en Jesús y como Jesús; lo acompañamos a que viva en su amistad y se convierta en su discípulo.

La misión nos mantiene en conversión mediante la espiritualidad misionera, nos capacita para sintonizar con los pasos de Dios en el hermano y nos mueve a sostenerlo y ayudarlo en sus pasos de vida cristiana.

 

4. La comunión eclesial:

La fe es para vivirla en comunidad eclesial: Jesús es el centro y los demás convivimos como hermanos. Con la entrada visible en una comunidad de fieles se refleja la adhesión a Jesucristo (EN 23). Entramos en la Iglesia, sacramento universal de salvación (LG 1,9). Eso fue lo que hicieron las primeras comunidades. Por eso decían de ellas: “Miren cómo se aman, tienen un solo corazón y una sola alma” (cf. Hch 2, 42).

En comunidad compartimos la Palabra, los sacramen­tos, el amor fraterno, los servicios y los bienes. Esa comunión es fuente y motor de nuestro seguimiento de Jesús y de nuestro servicio a Él. Estamos llamados, además, a promover comunidades eclesiales misioneras para que sus miembros vivan ple­namente su vida cristiana y realicen su misión de hacer discípulos a todas las gentes (SD).

Es la conciencia y el compromiso misioneros los que nos llevan a compartir mejor en comunión eclesial, a promover comunidades cristianas y a servir en comu­nión a la misión universal.

 

5. La encarnación del Evangelio:

La caridad es fuente y criterio de la misión (RMi 60). Para vivir la fe hay que vivir la caridad, no puede ha­ber fe sino con obras.

Participamos de la obra del Espíritu Santo quien, mediante la evangelización, nos transforma interior­mente, transforma nuestra comunidad y renueva la humanidad.

Colaboramos con el Espíritu encarnando el Evange­lio, haciendo que cada comunidad eclesial sea casa y escuela de comunión y de solidaridad. Pasando el evangelio a la vida, encarnándolo en la caridad, im­pregnamos y transformamos todo el orden temporal, asumiendo y renovando las culturas (cf. EN 18-20 y RMi 52-54; AG 11-12 y 22). Trabajamos con esperanza y entusiasmo por la promoción humana de todo el hombre y de todos los hombres. Así inculturamos el Evangelio y evangelizamos la cultura.

La misión nos lleva a compartir como buenos sama­ritanos la caridad de Cristo y a promover que otros hermanos también lo hagan.

 

6. El compromiso misionero:

El que ha sido evangelizado evangeliza a su vez (EN 24). Da testimonio y anuncia a Jesucristo. Promueve el crecimiento y la participación en su comunidad ecle­sial. No hay evangelización completa sino cuando se llega al compromiso misionero. Hacer discípulos es ayudar a que los hermanos se comprometan con Je­sús, no sólo a ser discípulos, sino a ser misioneros y a ir a hacer otros discípulos para Jesús. Hay que acom­pañar al hermano a que haga su compromiso misio­nero y apoyarlo a que lo cumpla.

Este compromiso misionero se motiva gradualmente desde los primeros pasos del testimonio y del anun­cio de la Palabra.

Este servicio misionero es “fruto” de todo el proceso evangelizador en que hemos participado. A la vez, es “fuente” de nuevos servicios misioneros. Es “motor” para ser nosotros mismos buenos discípulos y misio­neros. Es un “medio” especial de santificación perso­nal y de trabajo entusiasta para hacer que otros asu­man y cumplan su propio compromiso misionero.

Entonces, para desarrollar e integrar adecuadamente el dinamismo misionero en el proceso evangelizador nos corresponde:

Integrar el elemento misionero en la pastoral de con­junto y en la correspondiente programación pastoral.

Promover y armonizar la participación de todos los cristianos, como evangelizados y evangelizadores (pas­toral orgánica). Despertar en los agentes y ministerios pastorales el espíritu misionero local y universal.

Promover y animar comunidades eclesiales que, ade­más de ser casas de comunión y de solidaridad, sean “casas y escuelas de misión”. Para ello, promover fa­milias misioneras, comunidades eclesiales y misione­ras (SD), parroquias misioneras, diócesis misioneras.

Adecuar las acciones evangelizadoras para acompa­ñar de manera gradual y continua la evangelización en cada una de las etapas de la vida. Atender la si­tuación de cada persona y de cada comunidad para sintonizar y apoyar el proceso evangelizador que el Espíritu está animando en ellas.

Incluir en el plan de pastoral de la comunidad los ele­mentos que le ayuden a cumplir su misión local y su misión universal.

Adecuar los organismos misioneros en los diversos niveles eclesiales.

 

Conclusiones

El compromiso y el servicio misionero son parte fundamental y fruto del proceso evangelizador, medio y meta necesarios para la vida cristiana y para la evan­gelización. Ellos cumplen un papel dinamizador esencial en la vida del cristiano y de las comunidades porque recuperan la identidad cristiana, la vida comunitaria (cf. RMi 2), mueven a dar testimonio, a anunciar la Buena Nueva, a trabajar por la conversión de los hermanos, a participar acti­vamente en la comunidad y a formar otros misioneros. La “misión”, entonces, es un elemento esencial y el principal dinamizador del proceso evangelizador. Ella da una especial fuerza y proyección a los demás elementos de la evangelización.

Para renovar la Iglesia y la evangelización nos co­rresponde promover e integrar la pastoral misionera específica como elemento primordial de la pastoral ordinaria diocesana, parroquial y de comunidades eclesiales (cf. RMi 83) y penetrar de espíritu y dina­mismo misionero cada una de las áreas de pastoral y cada una de sus acciones pastorales: asegurar que la catequesis asuma y desarrolle su dimensión misione­ra, promover la esencial misionariedad de la liturgia, proyectar la misionariedad correspondiente de la so­lidaridad y de la caridad y dar a la pastoral de comu­nión su esencial dimensión misionera.

 

Para profundizar y aplicar:

  1. Analizo cómo he utilizado los seis elementos en mi proceso personal de evangelización. Con­verso sobre ello con mi orientador espiritual para discernir cómo utilizarlos mejor.
  2. Dialogo con un amigo sobre lo esencial y deci­siva que es la misión en la vida cristiana y en la evangelización. ¿Por qué es necesario llevar a las personas y a las comunidades hasta el com­promiso misionero?
  3. ¿Con cuáles de los seis medios del proceso evangelizador estamos trabajando mejor en nuestra comunidad? ¿Qué pasos hemos de dar para mejorarlos todos?

 

Julio D. Botía A.

 


[1] Al respecto ver ESQUERDA. Teología de la evangelización, o.c. pp. 66-84. Ver, también, PANIAGUA, Juan. Parroquia evangelizadora, Editorial Litocolor, Asun­ción, 1999, pp. 20-30, en donde se hace un análisis comparativo de lo que recientes documentos eclesiales describen como elementos del proceso evangelizador.

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