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Escuchemos a quien no oye

 

ESCUCHEMOS A QUIEN NO OYE

 

Revista “Signo de los tiempo” Mexico

La mayoría de los sordos saben muy bien que no pueden vivir al margen de los que oyen. Pero son muy desconfiados porque son muy poco escuchados, comprendidos y frecuentemente tratados con condescendencia

LouLs Ginamard

La sordera constituye una discapacidad que causa incomprensión y rechazo. La sordera entraña dificultades aparentemente sin importancia, pero para los sordos se vuelve insoportable en situaciones de apuro. La espiral de exclusión se encadena rápidamente, sin posibilidad de remediarla, por la falta de poder comunicarse. Los problemas de comunicación, tanto oral como escrita, generan soledad en las personas sordas. ¿A quién dirigirse en los casos extremos?

Una joven hacía fila en el seguro social. Le toca su tumo, pero ella está distraída. La persona de atrás se impacienta. «Le toca a usted», le dice empujándola por la espalda. La joven se sobresalta, murmura una excusa avanzando hacia la ventanilla. Ahí, ella saca un papel en el que un amigo le escribió la razón de su visita. Se lo entrega a la encargada, que además está impaciente. La encargada lo lee, y echa una mirada a la joven, que está sonriendo: «Dígame su nombre y su número de seguro social»». La joven apenas puede pronunciar su nombre, con una voz gangosa. La encargada queda confundida, sin levantar la cabeza, le gruñe: «¿Me lo repite?». La muchacha sonríe sin decir nada. La encargada le dirige una mirada de pocos amigos:

«¿Está usted sorda o se está burlando de mí? La muchacha pudo apenas leer la palabra «sorda» de los labios y hace un signo afirmativo con la cabeza. La encargada, primero sorprendida, después avergonzada por su actitud, le escribe, como excusa, en un papel: «¿Podemos entendernos por escrito?». Entonces es la muchacha la que se avergüenza. No sabe escribir bien. Domina poco el idioma. Sólo sabe ex-presarse mediante signos, con movimientos del brazo y de la mano. Atrás la gente se impacienta. La encargada no sabe qué hacer ni a quién dirigirse. Su jefe inmediato se encuentra en las mismas condiciones. La joven abandona el lugar sin haber obtenido la ayuda que fue a solicitar. Esta anécdota se repite cotidianamente.

La primera exclusión generada por la sordera es la incomprensión por par-te de las personas que oyen. La sordera no se ve. Existe una gran variedad de sorderas: los totalmente sordos, o por nacimiento o que se han vuelto sordos; sordos que utilizan signos, y sordos que saben leer los labios. Se encuentran ante la soledad, que les produce dificultades sociales, familiares, financieras, etc. Se enfrentan a una falta de formación y de estructuras que les puedan ayudar.

Pero no todas las dificultades provienen de la falta de estructuras, muchas provienen del entorno social en el que se encuentran las personas sordas, sobre todo de la misma familia. El círculo familiar no les crea un ambiente relacional o, peor, les crea un ambiente sobreprotector que no ayuda a su autonomía. Ambos casos favorecen a su soledad.

Esta exclusión se vive también en la escuela, al sufrir fracasos escolares antes de que se les detecte la sordera. Luego, en los estudios superiores, son pocas las estructuras adecuadas a sus necesidades: ¿cómo oír una conferencia en el auditorio?

Lo mismo en el mundo del trabajo: pronto encontrará impaciencia e incomprensión de sus colegas. Las personas sordas están también excluidas del mundo de la información, en general. Los noticieros cotidianos no son comprendidos. Por ejemplo, lo sucedido el 11 de septiembre de 2001, a través de la televisión fue captado por las personas que sí oyen. Pero, piénsese si el radio no se escuchara, y la televisión no tuviera sonido, ¿cómo entender aquellas imágenes impactantes?

La exclusión de los instrumentos ordinarios de información pone en serio peligro a los sordos. Quedan al margen del problema del SIDA, al quedar excluidos de las campañas de prevención.

La mayoría de los sordos saben muy bien que no pueden vivir al margen de los que oyen. Pero son muy desconfiados porque son muy poco escuchados, comprendidos y rara vez tratados con condescendencia.

Fuente: Messsges. de Cáritas francesa, n. 559 (VI.02). Traducción: Armando Rejón

 

Categorías:Discapacidad
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