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Cristiada

Cristiada

JOSÉ MARTÍNEZ COLÍN

29 Abril 2012, www.am.com.mx

 

“Como un río de paz” vislumbra bellamente Isaías desde la lejanía de lo siglos que sería el paso de Jesucristo, Redentor del mundo (cfr. Isaías 45,18). Así está siendo. Y han sido como un río de paz las palabras y acciones de Benedicto XVI durante los siete años que acaba de cumplir en su misión de Vicario de Cristo, como 265 sucesor de Pedro. Así fue su reciente viaje a México y Cuba, tan esperado y acogido por todos.

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“Vengo como peregrino de la fe, de la esperanza y de la caridad. Deseo confirmar en la fe a los creyentes en Cristo, afianzarlos en ella y animarlos a revitalizarla con la escucha de la Palabra de Dios, los sacramentos y la coherencia de vida. Así podrán compartirla con los demás, como misioneros entre sus hermanos, y ser fermento en la sociedad, contribuyendo a una convivencia respetuosa y pacífica, basada en la inigualable dignidad de toda persona humana, creada por Dios, y que ningún poder tiene derecho a olvidar o despreciar. Esta dignidad se expresa de manera eminente en el derecho fundamental a la libertad religiosa, en su genuino sentido y en su plena integridad”. Son sus primeras palabras, todavía en el aeropuerto de Guanajuato, al llegar a México el 23 de marzo.

Ya durante el vuelo de Roma a México había respondido algunas preguntas en conferencia de prensa con los periodistas. Tras recordarle María Collins, de la televisión Univision, que México es un País con posibilidades maravillosas, pero en estos años también es tierra de violencia por el problema del narcotráfico, la segunda pregunta a Benedicto XVI fue ésta: “¿Cómo afronta la Iglesia católica esta situación? ¿Usted tendrá palabras para los responsables, para los traficantes que a veces se profesan católicos o incluso benefactores de la Iglesia?”.

Ésta fue la respuesta del Papa: “México, además de todas sus grandes bellezas, tiene el grave problema del narcotráfico y de la violencia. Ciertamente es una gran responsabilidad de la Iglesia católica en un País con el 80% de católicos. Tenemos que hacer lo posible contra este mal, destructivo para la humanidad y para nuestra juventud”.

Ahonda el Papa: “Ante todo hay que anunciar a Dios. Dios que es juez y nos ama. Pero nos ama para llamarnos al bien y a la verdad contra el mal. Por lo tanto, es una gran responsabilidad de la Iglesia la de educar las conciencias y de educar a la responsabilidad moral y desenmascarar el mal. Desenmascarar esta idolatría del dinero que esclaviza a los hombres; desenmascarar estas falsas promesas, la mentira, el engaño. Debemos ver que el hombre tiene necesidad del infinito. Es importante la presencia de Dios que nos guíe, que nos señale la verdad y, en este sentido, la Iglesia desenmascara el mal: hace presente la bondad de Dios, hace presente su verdad (de Dios), el verdadero infinito”.

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Ese “río de paz”, anunciado por Isaías, nos invade también estos días en México, gracias a un esfuerzo admirable en la realización de la película llamada “Cristiada”.

La historia que le habían ocultado a muchos -nada saben de “la Cristiada”-, viene ahora presentada en una magnífica película, Cristiada. Bien recibida por la fría crítica cinematográfica internacional, se ocupa con rigor histórico de lo sucedido en la mayor persecución religiosa que ha sufrido México (1926 a 1929). Que, lejos de acabar con los creyentes, llenó nuestra historia de gloriosos testimonios de fe. Está basada en el libro del historiador Jean Meyer sobre el tema (“La Cristiada”, tres volúmenes, México 1973-1975, 20ª edición año 2000). Meyer es un historiador mexicano de origen francés, nacido en 1942, en Niza, Francia.

Según el productor, Pablo José Barroso, “hay poco material escrito sobre este tema; Además del libro de Meyer; visitamos la ‘Ruta Cristera’, donde pudimos hablar con algunos descendientes de cristeros. También nos apoyamos en obras literarias como ‘Entre las patas de los caballos’, de Luis Rivero del Val (1909-1990). Vamos a salir en Estados Unidos el 1° de junio en más de 750 cines y de ahí se irá al resto del mundo”.

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Con razón nos recordó también Benedicto XVI en Guanajuato el sábado 24 da marzo: “El discípulo de Jesús no responde al mal con el mal, sino que es siempre instrumento del bien, heraldo del perdón, portador de la alegría, servidor de la unidad. Él quiere escribir en cada una de las vidas una historia de amistad. Ténganlo, pues (a Jesús, nos dice a todos), como el mejor de sus amigos. Él no se cansará de decirles que amen siempre a todos y hagan el bien. Esto lo escucharán, si procuran en todo momento un trato frecuente con él, que les ayudará aun en las situaciones más difíciles”. 

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