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Reflexión sobre la Parroquia y el rol del Párroco

Reflexión sobre la Parroquia y el rol del Párroco

a partir de los estudios realizados

Gabriel Valdivieso, CISOC – Bellarmino

  1. 1.   – Relevancia y actualidad de la Parroquia

La actual imagen de la parroquia se ve enjuiciada por un doble tipo de argumento: de orden sociológico (el desarrollo urbano estaría haciendo estallar y volviendo inútiles sus estructuras) y del orden pastoral (la evangelización exigirá una liberación del freno que constituye el aparato administrativo parroquial)”.

(Síntesis textual de las críticas a la parroquia a las cuales respondía el Padre Hernán Alessandri en 1967 en su intervención sinodal.)

Han pasado casi 30 años y todavía hay quienes siguen formulando las mismas críticas a la Parroquia. Pese a ellas, los hechos demuestran que la estructura de la Parroquia aun mantiene su vigencia. Aparte de las razones teológicas y religiosas que permiten explicar la permanencia de la Parroquia – que ciertamente las hay – existen factores de índole sociocultural que quisiéramos reseñar a continuación.

  •                      En primer lugar, la Parroquia ofrece una referencia clara y concreta de presencia eclesial. Tal como expresó el Papa en la Christifideles Laici : “Ella (la Parroquia) es en cierto sentido, la misma Iglesia que vive entre las casas de sus hijos y de sus hijas.”(Ch.L. 26). Su sola presencia física es una referencia reconocible, La gente sabe que ahí está la Iglesia.
  •                      Aunque no es el único, la Parroquia es un ámbito abierto a la iniciación cristiana, la formación de la fe, el culto y los sacramentos.
  •                       La Parroquia está vinculada a hechos vitales, como son el nacimiento y la muerte de los bautizados, cualquiera que sea su grado de cercanía y participación eclesial.
  •                       Semanalmente, la Parroquia es capaz de reunir a un alto porcentaje de los católicos, superando, con creces, la capacidad de convocación de cualquier otra institución.
  •                       En algunos sectores, especialmente en los ambientes rurales y urbano-populares, la Parroquia tiene un importante rol social y comunitario, no sólo por que representa un lugar físico segura donde pueden acudir y reunirse sin problemas las personas de cualquier edad, sino que también, por tratarse de una institución reconocida por los organismos sociales centrales y comunitarios, públicos y privados.

 

 

  1. 2.   – Diversidad y rasgos comunes en las Parroquias

No hace falta salir de los límites de la Arquidiócesis de Santiago para darse cuenta de la enorme diversidad que caracteriza a las parroquias. Diferencas en la edad y la historia de cada parroquia; en los rasgos personales de los párrocos; en las carácteristicas socioculturales de la gente; en la experiencia de trabajo pastoral de sus equipos humanos. Variedad en la calidad de la atención al que llega, en la calidez del trato, en la mística de las celebraciones litúrgicas, la música y la belleza de sus ambientes.

En suma, la diversidad es tal, que no es realista proponer planes homogéneos para todas las parroquias. Por el contrario, es más razonable que las metas y objetivos parroquiales sean objeto de un discernimiento y de un proceso de definición y jerarquización, que respetando la realidad y la singularidad, puedan ser planificados y ejecutados con sentido de proceso.

Sin embargo, a pesar de las diferencias, también es posible destacar algunos rasgos comunes a algunas parroquias. A ellos nos referimos en las líneas siguientes.

Al ser consultados las personas que asisten a la Misa dominical, se aprecia que sus principales expectativas se dirigen a que la parroquia responda a sus necesidades espirituales. En segundo término, que entregue formación en materia de solidaridad social; luego en temas morales, necesidades materiales y Derechos Humanos. En general se manifiestan en desacuerdo con que las parroquias tengan una posición de carácter oficial ante hechos de política contingente y se rechaza la posibilidad de prestar locales parroquiales para esos fines.

Los resultados de los estudios muestran, en general, que el área mejor evaluada en el trabajo parroquial es la catequesis, seguida de la liturgia, la labor comunitaria y la acción solidaria, destacándose las mayores carencias en el ámbito misionero.

Sin embargo, es preciso señalar que cada una de estas áreas oculta una enorme diversidad de contenidos implícitos, sin que exista en muchas parroquias, un esfuerzo serio por definir operacionalmente cada una de estas áreas y aplicarlas a sus propias realidades. Esta carencia constituye una seria limitación para una planificación pastoral que se traduzca en acciones concretas.

A pesar de la diversidad, a la luz de los estudios realizados es posible esbozar un comentario sobre algunas de estas áreas para las que se dispone de información.

  1. 1.   – Hemos dicho que la catequesis aparece generalmente como el área mejor calificada. Sin duda se trata de una actividad que resulta visible para todas las personas vinculadas en mayor o menor grado a la parroquia, y que posee una delimitación y especificación clara de las actividades que comprende. Por sobre otras áreas, la catequesis tiene grandes ventajas, entre ellas, la de contar con una programación perdurable en el tiempo, tener personas asignadas a cada una de las tareas, disponer de contenidos y materiales preestablecidos, etc., todo lo cual favorece su efectividad.

Aparte de lo anterior, la catequesis tiene valor como actividad constitutiva y aglutinante de comunidades y grupos parroquiales, muchos de los cuales se han formado y se mantienen en torno a esta labor.

En materia de carencias, las principales de ellas se relacionan con las personas tanto con las catequistas como los catequizados. De los primeros se reclama con frecuencia una mayor preparación, compromiso y dedicación. En cuanto a los catequizados, las mayores quejas tienen que ver con su insuficiente motivación inicial y la falta de interés para incorporarse a las actividades eclesiales cuando terminan la catequesis.

  1. 2.   – Al contrario de la catequesis, la dimensión comunitaria es traducida de maneras muy distintas en diversas parroquias, siendo también diversa la importancia que se le asigna. Desde un punto de vista sociológico, la dimensión comunitaria se ve favorecida por el sentido de pertenencia al grupo local, cuya fuerza difiere enormamente en los diversos sectores sociales y geográficos de la ciudad. El peso de la dimensión comunitaria se relaciona también con la importancia social de la parroquia o capilla en su entorno, de modo que en sectores poblacionales que carecen de centros de formación, de lugares de reunión y de entretención, la parroquia o la capilla juegan un papel aglutinante de la comunidad local. Existen experiencias parroquiales en que el solo hecho de acoger a los jóvenes, permitiéndoles que se reúnan en la parroquia ha facilitado la incorporación posterior de muchos de ellos a las actividades parroquiales.

En algunas parroquias donde lo comunitario aparece como una dimensión prioritaria, existe una fuerte presión a que la gente participe en grupos y comunidades a que se comprometa con la Iglesia. Sin embargo, sabemos que hoy, más que nunca, existe temor a todo tipo de compromisos, especialmente si se trata de compromisos definitivos. Muchas personas estarían dispuestas a participar en actividades específicas, pero temen que la participación en la comunidad parroquial les exija de manera creciente y se resisten a ese riesgo. Por otra parte, el individualismo y la nuclearización de la vida social contribuyen a ese recelo. El resultado de todo esto produce frustración en comunidades parroquiales que sienten que sus expectativas y sus esfuerzos distan demasiado de los resultados obtenidos. En este sentido, resulta aconsejable explorar formas creativas de incorporación, aceptar que haya diversos grados de inserción en la parroquia y tener paciencia con los cambios en las personas.

Así como hay expectativas muy altas en materia de incorporación y participación de la gente en las comunidades, suelen plantearse metas también muy elevadas para la vida comunitaria de los propios grupos ya formados. Hay quienes esperan que el solo hecho de constituir una comunidad cristiana garantizará que todos sus miembros se van a entender automáticamente con todos, sin roces ni diferencias y negándose a aceptar que una comunidad cristiana pueda pasar por crisis, conflictos o rivalidades. Hay grupos que pueden llegar a paralizarse en el afán de autoevaluar su calidad de comunidades cristianas a la luz de los ideales que se han impuesto.

En todas las parroquias estudiadas, los trabajos con personas separadas, convivientes y madres solteras aparecen como las áreas más deficitarias. Hemos observado que en estas materias existe una enorme desinformación que lleva a muchas personas a sentirse, erróneamente, excluidas por completo de la Iglesia. Por lo mismo, se hace evidente la necesidad no sólo de clarificar los aspectos doctrinales, sino de compartir las diferentes actitudes y experiencias parroquiales -que sabemos que existen- para ofrecer caminos de acogida, consuelo y esperanza. Esta necesidad no proviene sólo desde las personas que se encuentran en estas situaciones familiares sino que ella es sentida por los propios sacerdotes de parroquias que destacan la atención a separados y convivientes como uno de los problemas más difíciles en su trabajo, y para el cual 7 de cada 10 sacerdotes parroquiales se sienten “poco” o “muy poco” preparados, constituyendo una de las principales carencias que ellos reconocen en su formación.

  1. 3.   – Las actividades más destacadas en la dimensión misionera son las visitas casa a casa, cuyo impulso a través de la Misión General es innegable y ha significado un verdadero estímulo renovador para la acción parroquial. El hecho de que la Iglesia vaya a las casas tiene un fuerte impacto en los visitados, infunde mística evangélica y sentido de la Iglesia a los misioneros y por su intermedio, a la comunidades parroquiales. Sin embargo, hay que reconocer que las visitas misioneras, casa a casa, resultan una actividad exigente y difícil. Supone vencer la vergüenza o el temor a ser rechazados o cuestionados, siendo difícil sobrepasar las resistencias culturales implícitas. Ahora bien, desde el punto de vista de los visitados, la necesidad de recibir la presencia de la Iglesia en sus casas es un hecho evidente que se expresa en que la inmensa mayoría de los asistentes a Misa de las parroquias y capillas quieren ser visitadas por misioneros laicos, y en que el deseo de recibir la visita de un sacerdote resulta prácticamente unánime. Por su parte, sólo un 28% de los párrocos y vicarios parroquiales afirma que realiza personalmente las visitas misioneras casa a casa, y la mayor parte de ellos estima que esa actividad debiera delegarse en los laicos. Todo lo anterior hace evidente la necesidad de que las parroquias pueden compartir sus diversas experiencias, y la conveniencia de brindar un apoyo aun más decidida a esta misión.

La gran mayoría de las personas que llega por primer a vez a las parroquias lo hace para asistir a Misa (cerca del 50%) o para recibir una sacramento (alrededor de un 20%). Son muy pocos quienes se acercan por razones muy profundas de búsqueda de Dios. Esto avala la crítica que suela hacerse a las parroquias de ser “centros de servicios”. Es cierto que hay personas que se acercan a los sacramentos -especialmente al Bautismo y al Matrimonio – por motivaciones sociales y culturales más bien ajenas a un sentido religioso más profundo y que eso resulta decepcionante y cansador para una proporción importante de párrocos y vicarios parroquailes. (De hecho, un porcentaje cercano al 20% de los sacerdotes parroquiales reconoce que imparte con disgusto las bendiciones, funerales y sacramentos a personas alejadas de la Iglesia.)

A pesar de lo anterior, nos parece que las celebraciones de sacramentos, funerales, bendiciones, etc., pueden ser ocasiones muy propicias para la acción misionera que no son siempre bien dimensionadas en las parroquias. El desafio que se plantea es poder rescatar los elementos positivos que hay en las motivaciones de índole cultural, sirviéndose” de ellas para el mensaje evangelizador. ¿Será posible destacar los valores que pueden tener la fiesta, el compadrazgo, el vestido blanco, y tantos otros elementos culturales arraigados en nuestra cultura? Nos parece que esa es una de las tareas que propone la inculturación del Evangelio.

Por último, conviene recordar que una parte importante de quienes participan activamente en las diversas actividades parroquiales ha llegado buscando algún servicio, y desde ahí, ha ido madurando su fe y su compromiso eclesial.

  1. 3.   – Los Párrocos

Las líneas que siguen presentan algunos datos referentes al trabajo real de los sacerdotes en las parroquias, tomando como base fundamental los resultados preliminares de la encuesta respondida por 167 párrocos y vicarios parroquiales de Santiago.

a)     En primer lugar, se advierte que los sacerdotes parroquiales realizan una enorme gama de actividades. Por cierto, algunas de ellos son más comunes a todos ellos; otras en cambio, son realizados sólo por algunos sacerdotes. Entre las más comunes a todos ellos, destacan la celebración de la Eucaristía, confesiones, matrimonios, bautizos y funerales, como también dar consejo, visitar a enfermos y personas necesitadas. La participación en reuniones dentro o fuera de la parroquia es también una actividad común a la mayoría de los párrocos y vicarios parroquiales.

b)    Las consultas a los sacerdotes parroquiales sobre la delegación potencial de tareas muestra datos interesantes que sintetizamos a continuación:

  •      Aparte de labores como la celebración de la Eucaristía y la Confesión, las actividades que la mayor parte de los párrocos y vicarios parroquiales consideran que deben ser realizadas por ellos mismos, son la predicación de la Palabra en la Misa, la dirección espirital y la presidencia del consejo parroquial, entre las principales.
  •                      En general, los sacerdotes se muestran más dispuestas a delegar tareas en los laicos que en los diáconos, y en éstos, más que en las religiosas. Esto ocurre en diversas materias, tales como la catequesis presacramental, pastorales específicas, visitas a enfermos, visitas misioneras casa a casa, consejería a matrimonios, conseguir recursos económicos, etc. Por otra parte, la posibilidad concedida a los Decanatos para coordinar algunas actividades resulta prácticamente nula.
  •                      Existe un alto porcentaje de sacerdotes parroquiales – entre 40 y 50%- que delegaría a los diáconos las celebraciones de funerales, matrimonios, bautizos y bediciones en ceremonias oficiales. Cabe recordar, por otra parte, que la realización de estas actividadesespecialmente cuando se trata de personas alejadas de la Iglesia, es fuente de disgusto para algunos párrocos y vicarios parroquiales.Por el contrario, las actividades para las que los sacerdotes parroquiales desearían tener más tiempo, son principalmente, labores de consejería, oración personal, visitas a los colaboradores y a personas necesitadas.

Todos estos datos sobre delegabilidad abren la posibilidad de aventurar algunas conjeturas:

  •                      En primer lugar, podría pensar que una proporción importante de sacerdotes parroquiales le asigna a los diáconos un rol de substituto “intraparroquial” más que un rol “en el mundo.”
  •                      La posibilidad de delegar en los diáconos las actividades mencionadas, hace suponer que hay, de parte de los párrocos, diferencias de apreciación acerca de las funciones que son encomendadas especialmente a ellos por el Derecho Canónico.
  •                       Se constata que muchos párrocos realizan a disgusto- tal vez por saturación- algunas de las funciones que el Derecho Canónico les encomienda especialmente, y que desearían poder tener más tiempo para otras actividades como son la consejería, el acompañamiento de personas y la oración.
  •        Por último, cabe preguntarse sobre los factores que puedan explicar la baja delegabilidad en las religiosas.

c)     La abundancia de reuniones, la excesiva demanda de los fieles y, en general, la falta de tiempo, son los principales problemas que enfrentan los párrocos y vicarios parroquiales, existiendo una sensación de agobio bastante generalizada. Otros problemas destacados mayoritariamente por los sacerdotes parroquiales son: la carencia de propuestas de la Iglesia ante el modelo económico, la compatibilización de las expectativas de la gente con las expectativas de la Jerarquía que recaen en ellos, la escasez de recursos en las parroquias y la atención a los convivientes o vueltos a casar, por citar sólo los problemas principales.

d)   En lo referente a carencias en la formación, las materias que son destacadas por la inmensa mayoría de los sacerdotes parroquiales son la capacidad de conseguir recursos económicos, la atención a los separados y la planificación pastoral.

Al concluir esta breve presentación de resultados preliminares- que esperamos profundizar y publicar posteriormente en un informe más completo- quisiéramos proponer algunas reflexiones.

  •   Es probable que detrás del universo de demandas y expectativas que configuran el rol de los párrocos, está la creencia de que ellos deben ser “múltiples”y que pueden cumplir labores de otros profesionales – asistentes sociales, educadores, psicólogos y otros – incluso mejor que ellos. También es posible que algunos sacerdotes parroquiales sean capaces de dar respuesta a la enorme amplitud de sus tareas. Sin embargo, creemos que todo esto explica la existencia, en muchos párrocos, de una sensación de estar “fundidos” y de tener carencias en su formación. Por estas razones, nos parece que un análisis en profundidad del rol de párrocos, debería comenzar por discriminar las funciones y tareas esenciales de aquéllas que no lo son, para que de esta manera, la formación enseñe también a “delegar” y a “derivar” en otras personas con mayor preparación o experiencia.
  •                  Por último, las pocas expectativas de los sacerdotes parroquiales en relación a los Decanatos sugiere la conveniencia de realizar un análisis serio sobre el tema. Esta necesidad se ve confirmada por los testimonios de algunos párrocos que hablan de poca claridad en la misión de los Decanatos, sensación de ineficacia, dependencia de la persona del decano, etc. Nos parece que varios de los aspectos tocados en este informe, pueden servir como material para “pensar” o “repensar” el Decanato.
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