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Una de esas mágicas claves

Una de esas mágicas claves

JOSÉ MARTÍNEZ COLÍN

22 Abril 2012

Se quejaba triste aquel amigo en una carta al director del periódico… Treinta años yendo a misa cada domingo y no recuerdo ni uno solo de los tres mil sermones… No tiene caso ir a misa ni predicar sermones, era su conclusión… Se armó la deseada polémica escrita. Otro lector comentó que llevaba treinta años casado y que en ese tiempo su esposa le había preparado treinta y dos mil comidas, de las que él tampoco recordaba un solo menú. Pero si no las hubiera comido, decía convencido, yo estaría físicamente muerto ahora… Y argumentaba que, para el creyente -y añado: para el que quiera llegar a saber por qué hay que creer-, tiene sentido ir a la misa cada domingo y por lo mismo cultivar la vida espiritual… Muchos espectadores de aquella polémica despertaron, como también quienes la recibimos ahora e-mail enviada por un amigo.

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¿Recuerda el lector los recientes mensajes de Benedicto XVI en su viaje apostólico a México y Cuba? En ellos nos dejó las claves para afrontar algunos de nuestros serios problemas, como ya se comentó en esta columna. Y se dijo también aquí que “descubrir a los niños” era una de esas mágicas claves que Benedicto XVI nos brindó.

“Ustedes ocupan un lugar muy importante en el corazón del Papa”, comenzó por decir a los pequeños. “Y en estos momentos -añadió-, quisiera que esto lo supieran todos los niños de México…”.

¡Qué bueno fuera para nosotros penetrar en esas claves y trabajar por ponerlas en práctica! ¡Ignorarlas no podemos! si somos sinceros.

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¿A qué otras intervenciones recientes nos remite su pensamiento sobre la importancia de esos “poco importantes” que -para algunos- son los niños?

“Todos los papás y las mamás están llamados a cooperar con Dios en la transmisión del don inestimable de la vida, pero también a darles a conocer a Aquel que es la Vida, y la vida no se transmite realmente si no se conoce también el fundamento y la fuente perenne de la vida”, dijo Benedicto XVI a los padres de familia que viven en ciudad de Roma el reciente 13 de junio de 2011. Y añade:

“Desde pequeños, los niños tienen necesidad de Dios (…), saben apreciar el valor de la oración, de hablar con Dios, y de los ritos, así como intuir la diferencia entre el bien y el mal. Acompáñenlos, por tanto, en la fe, en este conocimiento de Dios, en esta amistad con Dios, en este conocimiento de la distinción entre el bien y el mal. Acompáñenlos en la fe desde su más tierna edad”.

El escucha de Benedicto XVI percibe la claridad de sus lecciones y se interroga ahora: ¿cómo cultivar la semilla de la fe en la vida eterna a medida que el niño va creciendo? Contesta Benedicto XVI: Desde siempre la comunidad cristiana ha acompañado la formación de los niños y de los muchachos, ayudándoles no sólo a comprender con la inteligencia las verdades de la fe, sino también a vivir experiencias de oración, de caridad y de fraternidad.

Añade el Papa esta nueva reflexión: La palabra de la fe corre el riesgo de quedarse muda si no encuentra una comunidad que la ponga en práctica, haciéndola viva y atrayente, como experiencia de la realidad de la verdadera vida. Todavía hoy los oratorios, los campamentos de verano, las pequeñas y grandes experiencias de servicio son una valiosa ayuda para los adolescentes que recorren el camino de la iniciación cristiana a fin de madurar un compromiso de vida coherente.

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Aliento, por tanto -concluye en Papa-, a recorrer este camino que permite descubrir el Evangelio no como una utopía, sino como la forma plena y real de la existencia. Todo esto debe proponerse en particular a quienes se preparan para recibir el sacramento de la Confirmación a fin de que el don del Espíritu Santo confirme la alegría de haber sido engendrados hijos de Dios. Los invito a dedicarse con pasión al redescubrimiento de este sacramento, para que quien ya está bautizado pueda recibir como don de Dios el sello de la fe y se convierta plenamente en testigo de Cristo.

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Buen servicio a nuestra sociedad será compartir con muchos los textos y las grabaciones del viaje de Benedicto XVI a México y Cuba, comenzando por la joya que es su mensaje a los pequeños en Guanajuato… ¿Qué tal si llegamos así hasta aquel amigo que nada recordaba de las tres mil misas en las que cansinamente participó?

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Categorías:Reflexiones
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