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III DOMINGO T.O. – B

 

III DOMINGO T.O. – B

 

Citas

Ion 3,1-5.10:                                   www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/9absuja.htm

1Co 7,29-31:                         www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/9bm0ipg.htm                   

Mc 1,14-20:                                      http://www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/9avvmta.htm

 

También este domingo, como el anterior, se caracteriza por dos relatos vocacionales, de los cuales surgen con particular fuerza la invitación a la conversión personal y la participación en la llamada a la conversión dirigida a todos los hombres.

La primera lectura nos trae la aventura de Jonás. Se trata de un profeta, llamado por Dios a marchar a una ciudad lejana, Nínive, a predicar un anuncio de conversión a sus habitantes. Jonás, de entrada, es reticente: él está convencido de que predicar la conversión a una ciudad de paganos es inútil, puesto que solamente Israel es el destinatario de la salvación de Dios.

No obstante, cuando llega a la ciudad es obligado a desdecirse, se derrumba su escepticismo, puesto que descubre que los ninivitas escuchan su palabra, creen y se convierten.

De este modo, el mismo profeta vive una conversión personal en su relación con Dios. Jonás debe admitir que no conoce lo suficiente a su Señor, que tiene una mirada de particular misericordia hacia todos los hombres, llamados a reconocerlo y a amarlo.

En el relato evangélico, los cuatro pescadores llamados a ser Apóstoles, al contario de Jonás responden enseguida a la llamada de Jesús. Pero ellos, como Jonás, también son llamados a fiarse del Señor hasta llevar a cabo algo que a primera vista les parecería ilógico y peligroso: abandonar su trabajo para seguir a un “desconocido”.

 Lo que determina la decisión que toman es, sin duda, la palabra que el mismo Jesús pronuncia: “El tiempo se ha cumplido, el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en el Evangelio”.

Las primeras dos afirmaciones revelan la presencia de Dios y el cumplimiento de su obra; las otras dos apelan a la respuesta del hombre, que es llamado a colaborar en el designio de salvación que se cumple en Jesús de Nazaret, Señor y Cristo.

 La Palabra de Dios, por tanto, subraya en primer lugar que la vocación a la vida cristiana parte de una verdadera conversión personal, que nunca se realiza  de manera definitiva y que debe renovarse continuamente, en las distintas etapas de la existencia.

En segundo lugar, la respuesta humana debe ser siempre llena de confianza, también cuando lo que Dios pide puede parecer no comprensible inmediatamente, ilógico e incluso humanamente inútil.

 En fin, toda vocación debe ser misionera, hacerse “anuncio de conversión” que es más eficaz en la medida en que más se vive, en primer lugar, a nivel personal.

Que la Santísima Virgen María, mujer del anuncio y del seguimiento, sostenga a la Iglesia, a todos los cristianos y a los sacerdotes, en este camino de continua conversión y, por tanto, de eficaz anuncio.

 

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