Inicio > Laicos > Concilio Vaticano II doctrina acerca del laicado

Concilio Vaticano II doctrina acerca del laicado

CONCILIO ECUMÉNICO VATICANO II DOCTRINA ACERCA DEL LAICADO

I. El Apostolado de los Laicos

1. Vocación

(33) Los laicos congregados en el pueblo de Dios y constituidos en un solo Cuerpo de Cristo bajo una sola Cabeza, cualesquiera que sean, están llamados a fuer de miembros vivos, a procurar el crecimiento de la Iglesia y su perenne santificación con todas sus fuerzas, recibidas por bendición del Creador y gracia del Redentor (Lumen Gentium).

2 Participación

(2) La Iglesia ha nacido con el fin de que, por la propagación del Reino de Cristo en toda la tierra, para gloria de Dios Padre, haga a todos los hombres partícipes de la redención salvadora, y por su medio se ordene realmente todo el mundo hacia Cristo. Todo el esfuerzo del Cuerpo Místico, dirigido a este fin, se llama apostolado, que ejerce la Iglesia por todos sus miembros y de diversas maneras; porque la vocación cristiana, por su misma naturaleza, es también vocación al apostolado. Como en la complexión de un cuerpo vivo, ningún miembro se comporta de una forma meramente pasiva, sino que participa también en la actividad y en la vida del cuerpo; así en el Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, todo el cuerpo crece según la operación propia de cada uno de sus miembros (Eph. 4,16). (Apostolicam Actuositatem).

3. Qué es

(33) El apostolado de los laicos es la participación en la misma misión salvífica de la Iglesia, a cuyo apostolado todos están llamados por el mismo Señor en razón del bautismo y de la confirmación. Por los sacramentos, especialmente por la Sagrada Eucaristía, se comunica y se nutre aquel amor hacia Dios y hacia los hombres, que es el alma de todo apostolado. Los laicos, sin embargo, están llamados, particularmente, a hacer presente y operante a la Iglesia en los lugares y condiciones donde ella no puede ser sal de la tierra si no es a través de ellos. Así, pues, todo laico, por los mismo dones que le han sido conferidos, se convierte en testigo e instrumento vivo, a.la vez, de la misión de la misma Iglesia en. la medida, del don de Cristo (Eph. 4, 7),…. (Lumen Gentium)….

4. Grados

(33) Además de este apostolado, que incumbe absolutamente a todos los fieles’, los laicos pueden también ser llamados de diversos modos a una cooperación más inmediata con el apostolado de la jerarquía, como aquellos hombres y mujeres que ayudaban al apóstol Pablo en la evangelización, trabajando mucho en el Señor (cf, Phil. 4,3; Rom. l6,ss). Por lo demás, son aptos para que la Jerarquía les confíe el ejercicio de determinados, cargos eclesiásticos, ordenados a un fin espiritual. (Lumen Gentium).

5. Ha existido siempre

(I)  Queriendo intensificar más la actividad apostólica del pueblo de Dios el Santo Concilio se dirige solícitamente a los cristianos seglares, cuyo papel propio y enteramente necesario en la misión de la Iglesia ya ha mencionado en otros lugares. Porque el apostolado de los seglares,, que surge de su  misma vocación cristiana, nunca puede faltar en la Iglesia. Cuan espontánea y cuan fructuosa fuera esta actividad en los orígenes de la Iglesia lo demuestran abundantemente las mismas Sagradas Escrituras (cf. Act 11,19-21; 18, 26; Rom, 16,116; Phil 4,3), (Apostolicam Actuositatem).

6. Fundamentos

(3) Los cristianos seglares o tienen el derecho y la obligación del apostolado por su unión con Cristo Cabeza, Ya que, insertos por el bautismo en el Cuerpo Místico de Cristo, robustecidos por la Confirmación en la fortaleza del Espíritu Santo, son destinados al apostolado por el mismo Señor, Se consagran como sacerdocio real, y gente santa (cf, I Petr.. 2,410) para ofrecer hostias espirituales por medio de todas sus obras, y para dar testimonio de Cristo en todas las partes del mundo, La caridad, que es como el alma de todo apostolado, so comunica y mantiene con los Sacramentos, sobre todo de la Eucaristía.

El apostolado se ejercita en la fe, en la esperanza y en la caridad, que derrama el Espíritu Santo en los corazones de todos los miembros de la Iglesia, Has aún. el precepto de la caridad, que es el máximo mandamiento del Señor, urge a todos los cristianos a procurar la gloria de Dios por el advenimiento do su reino, y la vida eterna para todos los hombres: el que conozcan al único Dios verdadero y a su enviado Jesucristo (cf. lo, 17,3)”(Apostolicam Actuositatem)”

7. Espiritualidad

(4) Siendo Cristo, enviado por el Padres fuente y origen de todo aposto lado de la Iglesia, es evidente que la fecundidad del apostolado seglar de penda de su unión vital con Cristo, porque dice el Señor: “Permaneced en mí y yo en vosotros. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, porque sin mí no podéis hacer nada”  (Io  15, 5) Esta vida de unión íntima  con Cristo en la Iglesia se nutre con los auxilios espirituales, que son comunes a todos los fieles, sobre todo por la participación activa en la Sagrada Liturgia, de tal forma los han de utilizar los fieles que, mientras cumplen debidamente las obligaciones del mundo en las circunstancias ordinarias da la vida, no separen la unión con Cristo de las actividades de su vida, sino que han da crecer en ella cumpliendo su deber según la voluntad de Dios, Es preciso que les seglares avancen en la santidad decididos y animosos por este camino, esforzándose en superar las dificultades con prudencia y paciencia. Nada en su vida debo ser ajeno a la orientación espiritual, ni las preocupaciones familiares, ni otros negocios temporales, según las palabras del Apóstol: “Todo cuanto hacéis de palabra o de obra, hacedlo todo en nombre del Señor Jesús” dando gracias a Dios Padre por El” (Col, 3,1?)

Pero una vida así exige un ejercicio continuo de la fe, de la esperanza y de la. caridad.

Este método de vida espiritual de los seglares debe tomar su nota característica del estado de matrimonio y de familia, de soltería o de viudez, de la condición de enfermedad, de la actividad profesional y social, No descuiden, pues, el cultivo asiduo de las cualidades y dotes convenientes para ello que se les ha dado, y el uso de los propios dones recibidos del Espíritu Santo.

Además, los seglares que, siguiendo su vocación, se han inscrito en alguna de las asociaciones o institutos aprobados por la Iglesia, han de es forzarse al mismo tiempo, en asimilar fielmente la característica peculiar de la vida espiritual que les es propia. Aprecien también como es debido la pericia profesional, el sentimiento familiar y cívico y esas virtudes que exigen las costumbres sociales, como la honradez, el espíritu de justicia, la sinceridad, la delicadeza, la fortaleza de alma, sin las que no puede dar se la verdadera vida cristiana.

El modelo perfecto de esa vida espiritual y apostólica es la Santísima Virgen María, Reina de los Apóstoles, la cual, mientras llevaba en este mundo una vida igual que la de los demás, llena de preocupaciones familiares y de trabajo, estaba constantemente unida con su Hijo, cooperó de un modo  singularísimo a la obra del Salvador; mas ahora, asunta al cielo, “cuida con su amor materno de los hermanos de su Hijo, que peregrinan todavía y están envueltos en peligros y angustias, hasta que sean conducidos a la patria feliz”. Hónrenla todos devotísimamente y encomienden su vida y apostolado a su solicitud de Madre. (Apostolicam Actuositatem).

8.* Consagración del mundo

(34) Por lo que los laicos, en cuanto consagrados a Cristo y ungidos por el Espíritu Santo, tienen una vocación admirable y son instruidos para que en ellos se produzcan siempre los más abundantes frutos del Espíritu. Pues todas sus obras, preces y proyectos apostólicos, la vida conyugal y familiar, el trabajo cotidiano, el descanso del alma y del cuerpo, si se realizan en el Espíritu, incluso las molestias de la vida si se sufren pacientemente, se convierten en hostias espirituales, aceptables a Dios por Jesucristo (I Petr. 2”5)” que en la celebración de la Eucaristía, con la oblación del cuerpo del Señor, ofrecen piadosísimamente al Padre. Así también los laicos, como adora dores en todo lugar y obrando santamente, consagran a Dios el mundo mismo. (Lumen Gentium).

9. Por su testimonio

(35) Cristo, Profeta grande, que por el testimonio de su vida y por la virtud de su palabra proclamó el Reino del Padre, cumple su misión profética  hasta la plena manifestación de la gloria, no sólo a través de la jerarquía, que enseña en su nombre y con su potestad, sino también por medio de los laicos, a quienes, por ello, constituye en testigos y les ilumina con el sentido de la fe y la gracia de la palabra (cf. Act. 2,17-18; Apoc. 19,10), para que la virtud del Evangelio brille en la vida cotidiana, familiar y social. Ellos se muestran como hijos de la promesa cuando, fuertes en la fe y la esperanza, aprovechan el tiempo presente (cf. Eph. 5,16; Col. 4,5) y esperan con paciencia la gloria futura (cf. Rom. 8,25). Pero que no escondan esta esperanza en la interioridad del alma, sino manifiéstenla en diálogo continuo y en un forcejeo con los dominadores de este mundo tenebroso, contra los espíritus malignos (Eph. 6,12), incluso a través de las estructuras de la vida secular.

Así como los sacramentos de la nueva ley, con los que se nutre la vida y el apostolado de los fieles, prefiguran el cielo nuevo y la tierra nueva (cf. Apoc. 21,1), así los laicos se hacen valiosos pregoneros de la fe y de las cosas que esperamos (cf. Hebr. 11,1), si asocian, sin desmayo, la profesión de fe con la vida de fe. Esta evangelización, es decir, el mensaje de Cristo pregonado con el testimonio de la vida y de la palabra, adquiere una nota específica y una peculiar eficacia por el hecho de que se realiza den tro de las comunes condiciones de la vida en el mundo. (Lumen Gentium).

10.- Formación en la familia

(35) En este quehacer es de gran valor aquel estado de vida que está santificado por un especial sacramento, es decir, la vida matrimonial y familiar. Aquí se encuentra un ejercicio y una hermosa escuela para el apostolado de los laicos, donde la religión cristiana penetra toda la institución de la vida y la transforma más cada día. Aquí los cónyuges tienen su propia vocación para que ellos entre sí y sus hijos sean testigos de la fe y del amor de Cristo. La familia cristiana proclama muy alto tanto las presentes virtudes del Reino de Dios como la esperanza de la vida bienaventurada. Y así, con su ejemplo y testimonio, arguye al mundo de pecado e ilumina a los que buscan la verdad. (Lumen Gentium),

11.- Apostolado Individual

(16) El apostolado que se desarrolla individualmente, fluyendo con abundancia de la fuente de la vida verdaderamente cristiana (Cf Io 4, 14) es el principio y fundamento de todo apostolado seglar, incluso consociado,  y no puede sustituirse por éste.

Todos los seglares, de cualquier condición que sean, están llamados y obligados a este apostolado, útil siempre y en todas partes, y en algunas circunstancias el único apto y posible, aunque no tengan ocasión o posibilidad para cooperar en asociaciones.

Hay muchas formas de apostolado con que los seglares edifican a la Iglesia y santifican al mundo, animándolo en Cristo.

La forma peculiar del apostolado individual y, al mismo tiempo, signo muy en consonancia con nuestros tiempos, y que manifiesta a Cristo viviente en sus fieles, es el testimonio de toda la vida seglar que fluye de la fe, de la esperanza y de la caridad. Con el apostolado de la palabra, enteramente necesario en algunas circunstancias, anuncian los seglares a Cristo, explican su doctrina, la difunden cada uno según su condición y saber y la declaran fielmente.

Cooperando además como ciudadanos de este mundo en lo que se refiere a la ordenación y dirección del orden temporal, conviene que los seglares busquen a la luz de la fe motivos más elevados de obrar en la vida familiar, profesional y social y los manifiesten a los otros oportunamente, conscientes de que con ello se hacen cooperadores de Dios Creador, Redentor y Santificador y de que lo glorifican.

Por fin vivifiquen los seglares su vida con la caridad, y manifiéstenla en las obras como mejor puedan.

Piensen todos que con el culto público y la oración, con la penitencia y con la libre aceptación de los trabajos calamidades de la vida, por lo que se asemejan a Cristo paciente (cf 2 Cor. 4. 10; Col. 1.24), pueden llegar a todos los hombres y ayudar a la salvación de todo el inundo. (Apostolicam Actuositatem.

12. Urgencia especial

(17) Este apostolado individual urge con gran apremio en aquellas regiones en que la persecución desencadenada impide gravemente la libertad de la Iglesia. Los seglares, supliendo en cuanto pueden a los sacerdotes en estas circunstancias difíciles, exponiendo su propia libertad y en ocasiones su  vida, enseñan a los que están junto a sí la doctrina cristiana, los instruyen en la vida religiosa y en el pensamiento católico, y los inducen a la frecuente recepción de los Sacramentos y a las prácticas de la piedad, sobre todo eucarística, (Apostolicam Actuositatem).

13.-  Apostolado Organizado (18)

Como los cristianos son llamados a ejercer el apostolado individual  en diversas circunstancias de la vida, no olviden, sin embargo, que el hombre es social por naturaleza y que agrada a Dios el que los creyentes en  Cristo se reúnan en pueblo de Dios (cf. I Petr. 2,510) y en un cuerpo (cf. I Cor. 12,12), Por consiguiente, el apostolado asociado de los fieles responde muy bien a las exigencias humanas y cristianas, siendo al mismo tiempo expresión de la comunión y de la unidad de la Iglesia en Cristo, que dijo:

“Pues donde estén dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en me dio de ellos (Mt, 18,20).

Por tanto, los fieles han de ejercer su apostolado uniendo sus esfuerzos. Sean apóstoles lo mismo en sus comunidades familiares que en las parroquias y en las diócesis, que manifiestan el carácter comunitario del apostolado, y en los grupos espontáneos en que ellos se congreguen.

El apostolado asociado es también muy importante porque muchas veces exige que se lleve a cabo en una acción común o en las comunidades de la Iglesia, o en diversos ambientes. Las asociaciones, erigidas para los actos comunes del apostolado, apoyan a sus miembros y los forman para el apostolado, y organizan y regulan convenientemente su obra apostólica, de forma que son de esperar frutos mucho más abundantes que si cada uno trabaja separadamente.

Pero en las circunstancias presentes es en absoluto necesario que en el ámbito de la cooperación de los seglares se robustezca la forma asociada y organizada del apostolado, puesto que solamente la estrecha unión de las fuerzas puede conseguir todos los fines del apostolado moderno y proteger  eficazmente sus bienes. En lo cual interesa sobremanera que tal apostolado llegue hasta las inteligencias comunes y las condiciones sociales de a que líos a quienes se dirige; da otra suerte, resultarían muchas veces ineficaces ante la presión de la opinión pública y de las instituciones. (Apostolicam Actuositatem).

14. Múltiples formas

(19) Las asociaciones del apostolado son muy variadas: unas se proponen el fin general apostólico de la Iglesia; otras buscan de un modo especial los  fines de la evangelización y de la santificación; otras persiguen la inspiración cristiana del orden social otras, dan testimonio de Cristo, especialmente por las obras de misericordia y de caridad.

Entre estas asociaciones hay que considerar primeramente las que favorecen y alientan una unidad más íntima entre la vida práctica de los miembros y su fe. Las asociaciones no se establecen para sí mismas, sino que deben servir a la misión que la Iglesia tiene que realizar en el mundo, su fuerza apostólica depende de la conformidad con los fines de la Iglesia y  del testimonio cristiano y espíritu evangélico de cada uno de sus miembros y de toda la asociación.

El cometido universal de la misión de la Iglesia, considerando a un tiempo el progreso de los institutos y el avance arrollador de la sociedad actual, exige que las obras apostólicas de los católicos perfeccionen más y más las formas asociadas en el campo internacional. Las Organizaciones latear nacionales Católicas conseguirán mejor su fin si los grupos que en ellas se juntan y sus miembros se unen a ellas más estrechamente.

Guardada la sumisión debida a la autoridad eclesiástica, pueden los se glares fundar y regir asociaciones y, una vez fundadas, darles un nombre. Hay, sin embargo, que evitar la dispersión de fuerzas que surge al promover se, sin causa suficiente, nuevas asociaciones y trabajos, o si se mantienen más de lo conveniente asociaciones y métodos anticuados. No siempre será oportuno el aplicar sin discriminaciones a otras naciones las formas que se establecen en alguna de ellas. (Apostolicam Actuositatem).

15. La Acción Católica

(20) Hace algunos decenos, los seglares, en muchas naciones, entregándose  cada día más al apostolado, se reunían en varias formas de acciones y de asociaciones, que, conservando una muy estrecha unión con la jerarquía, perseguían y persiguen los fines propiamente apostólicos. Entre éstas y otras instituciones semejantes más antiguas hay que recordar, sobre todo, las que aún siendo diversos sus sistemas de obrar, produjeron, sin embargo, ubérrimos frutos para el reino de Cristo y que los Sumos Pontífices y muchos obispos recomendaron y promovieron justamente y llamaron Acción Católica. La definían de ordinario como la cooperación de los seglares en el apostolado jerárquico.

Estas formas de apostolado, ya se llamen Acción Católica, ya de otra forma, que desarrollan en nuestros tiempos un apostolado precioso, se constituyen por la conjunta acepción de todas las notas siguientes;

a)  El fin inmediato de estas organizaciones es el fin apostólico de la Iglesia, es decir, en orden a evangelizar y santificar a los hombres, y for mar cristianamente su conciencia de suerte que puedan saturar del espíritu  del Evangelio las diversas comunidades y los diversos ambientes;

b)  Los seglares, cooperando, según su condición, con la jerarquía, ofrecen su experiencia y asumen la responsabilidad en la dirección de estas organizaciones, en el examen diligente de las condiciones en que ha de ejer cerse la acción pastoral de la Iglesia y en la elaboración y desarrollo .del método de acción;

c)  Los seglares trabajan unidos a la manera de un cuerpo orgánico, deforma que se manifieste mejor la comunidad de la Iglesia y resulte más eficaz el apostolado;

d) Los seglares, ofreciéndose espontáneamente e invitados a la accióny directa cooperación con el apostolado jerárquico, trabajan bajo la dirección superior de la misma jerarquía, que puede sancionar esta cooperación incluso por un mandato explícito.

Las organizaciones en que, a juicio de la jerarquía, se hallan todas estas notas a la vez han de entenderse como Acción Católica, aunque por exigencias de lugares y pueblos tomen varias formas y nombres.

El Sagrado Concilio recomienda con todo encarecimiento estas instituciones, que responden ciertamente a las necesidades del apostolado entre muchas gentes, e invita a los sacerdotes y a los seglares a que trabajen en ellas, que cumplan más y más los requisitos antes recordados y cooperen siempre fraternalmente en la Iglesia con todas las otras formas de apostolado.  (Apostolicam Actuositatem).

16. Seglares especialmente consagrados

(22) Dignos de especial honor y recomendación en la Iglesia son los seglares, solteros o casados, que se consagran para siempre o temporalmente con su pericia profesional al servicio de esas instituciones y de sus obras, Sirve de gozo a la Iglesia el que cada día aumenta el número de los seglares que prestan el propio ministerio a las asociaciones y obras de apostolado dentro de la nación, o en el ámbito internacional, o sobre todo en las comunidades de misiones y de Iglesias nuevas.

Reciban a estos seglares los pastores de la Iglesia con gusto y gratitud, procuren satisfacer lo mejor posible las exigencias de la justicia y de la caridad, según su condición, sobre todo en cuanto al congruo sustento suyo y de sus familias” y ellos disfruten de la instrucción necesaria, del consuelo y del aliento espiritual., (Apostolicam Actuositatem).

17. Fines

(6)   A los seglares se les presentan innumerables ocasiones para el ejercí, ció del apostolado de la evangelización y de la santificación. El mismo testimonio dé la vida cristiana y las obras buenas, realizadas con espíritu sobrenatural, tienen eficacia para atraer a los hombres hacia la fe y hacia  Dios, pues dice el Señor: “Así ha de lucir vuestra luz ante los hombres, para que viendo vuestras buenas obras glorifiquen a vuestro Padre, que está en los cielos” (Mt” 5,16), Pero este apostolado no consiste sólo en el testimonio de la vida; el verdadero apostolado busca las ocasiones de anunciar a Cristo con la palabra, ya a los no creyentes para llevarlos a la fe, ya a los fieles para instruirlos, confirmarlos y estimularlos a una vida más fervorosa: “la caridad de Cristo nos constriñe”(2 Cor, 5>14)” y en el corazón de todos, deben resonar aquellas palabras del Apóstol: ¡Ay de mí si no evangelizare! (I Cor. 9>16).

Mas como en nuestros tiempos surgen nuevos problemas y se multiplican los errores gravísimos que pretenden destruir desde sus cimientos todo el orden moral y la misma sociedad humana, este Sagrado Concilio exhorta cordialísimamente a los seglares, a cada uno según las dotes de su ingenio y según su saber, a que cumplan diligentemente su cometido, conforme a la mente de la Iglesia, aclarando los principios cristianos, defendiéndolos y aplicándolos convenientemente a los problemas actuales* (Apostolicam Actuositatem).

18 Instauración del Orden Temporal

(7)   Este es el plan de Dios sobre el mundo, que los hombres restauren concordemente el orden de las cosas temporales y lo perfeccionen sin cesar.

Todo lo que constituye el orden temporal, a saber: los bienes de la vida y de la familia, la cultura, la economía, las artes y profesiones, las instituciones de la comunidad política, las relaciones internacionales, y otras cosas semejantes, y su evolución y progreso, no solamente son subsidios para el último fin del hombre, sino que tienen un valor propio, que  Dios les ha dado, considerados en sí mismos, o como partes del orden temporal: “Y vio Dios todo lo que había hecho y era muy bueno” (Gen, 1,31). Esta bondad natural de las cosas recibe una cierta dignidad especial de su reía ción con la persona humana, para cuyo servicio fueron creadas. Plugo, por  fin, a Dios el aunar todas las cosas, tanto naturales como sobrenaturales, en Cristo para que tenga El la primacía sobre todas las cosas (Col. I, 18).

(8) No obstante, este destino no sólo no priva al orden temporal de su autonomía, de sus propios fines, leyes, ayudas e importancia para el bien de los hombres, sino que más bien lo perfecciona en su valor e importancia propia y, al mismo tiempo, lo equipara a la íntegra vocación del hombre sobre la tierra.

Es obligación de toda la Iglesia el trabajar para que los hombres sevuelvan capaces de restablecer rectamente el orden de los bienes temporalesy de ordenarlos hacia Dios por Jesucristo. A los pastores atañe el manifes tar claramente los principios sobre el fin de la creación y el uso del mundo, y prestar los auxilios morales y espirituales para instaurar en Cristo el or den de las cosas temporales.

Es preciso, con todo, que los seglares tomen como obligación suya la restauración del orden temporal, y que, conducidos en ello por la luz del  Evangelio y por la mente de la Iglesia, y movidos por la caridad cristiana, obren directamente y en forma concreta; que cooperen unos ciudadanos con ¡otros con sus conocimientos especiales y su responsabilidad propia; y que  busquen en todas partes y en todo la justicia del reino de Dios, Hay que establecer el orden temporal de forma que, observando íntegramente sus propias leyes, esté conforme con los últimos principios de la vida cristiana, adapta do a las variadas circunstancias de lugares, tiempos y pueblos. Entre las  obras de este apostolado sobresale la acción social de los cristianos, que desea el Santo Concilio se extienda hoy a todo el ámbito temporal, incluso a la cultura. (Apostolicam Actuositatem).

19 Acción caritativa

(9)   Mientras que todo el ejercicio del apostolado debe proceder y recibir su fuerza de la caridad, algunas obras, por su propia naturaleza, son aptaspara convertirse en expresión viva de la misma caridad, que quiso Cristo Señor fuera prueba de su misión mesiánica (cf. Mt. II, 45).

Aprecien, por consiguiente, en mucho los seglares y ayuden en la medi da de sus posibilidades las obras de caridad y las organizaciones de asisten, cia social, sean privadas o públicas, o incluso internacionales, por las que se hace llegar a todos los hombres y pueblos necesitados un auxilio eficaz,cooperando en esto con todos los hombres de buena voluntad. (Apostolicam Actuositatem).

20 Acción en la comunidad eclesial

(10) Los seglares tienen su papel activo en la vida y en la acción de la Iglesia, como partícipes que son del oficio de Cristo sacerdote, profeta y rey. Su obra dentro de las comunidades de la Iglesia es tan necesaria que sin ella el mismo apostolado de los pastores muchas veces no puede conseguir ple ñámente su efecto. Pues los seglares de verdadero espíritu apostólico, a lamanéra que aquellos hombres y mujeres que ayudaban a Pablo en el Evangelio (cf. Act. 18,1826; Rom. 16,3), suplen lo que falta a sus hermanos y reaniman el espíritu tanto de los pastores corno del resto del pueblo fiel (cf. I Cor. 16, 1718). Porque, nutridos ellos mismos con la participación activa en lavida litúrgica de su comunidad, cumplen solícitamente su cometido en las obras apostólicas de la misma; conducen hacia la Iglesia a los que quizá andaban alejados; cooperan resueltamente en la comunicación de la palabra de Dios, sobre todo con la instrucción catequética; con la ayuda de su periciahacen más eficaz el cuidado de las almas e incluso la administración de Iosbienes de la Iglesia.

La parroquia presenta el modelo clarísimo del apostolado comunita rio, reduciendo a la unidad todas las diversidades.humanas que en ella seencuentran e insertándolas en la Iglesia universal. Acostúmbrense los se glares a trabajar en la parroquia íntimamente unidos con sus sacerdotes;a presentar a la comunidad de la Iglesia los problemas propios y del mundo, los asuntos que se refieren a la salvación de los hombres, para examinar los y solucionarlos por medio de una discusión racional; y a ayudar segúnsus fuerzas a toda empresa apostólica y misionera de su familia eclesiásti ca.

Cultiven sin cesar el afecto a la diócesis, de la que la parroquiaes como una célula, siempre prontos a aplicar también sus esfuerzos en las obras diocesanas a la invitación de su pastor. Más aún, para responder a las necesidades de las ciudades y de los sectores rurales, no limiten su cooperación dentro de los límites de la parroquia o de la diócesis, procuren más bien extenderla a campos interparroquiales, interdiocesanos, naci£ nales o internacionales, sobre todo porque, al aumentar cada vez más la mi gración de los pueblos, en el incremento de las relaciones mutuas y la facilidad de las comunicaciones, no permiten que esté cerrada en sí ningunaparte de la sociedad. Por tanto, vivan preocupados por las necesidades del pueblo de Dios, disperso en toda la tierra. Hagan sobre todo labor misione ra, prestando auxilios materiales e incluso personales. Puesto que es obli gación honrosa de los cristianos devolver a Dios parte de los bienes que de El reciben. (Apostolicam Actuositatem).

21. La familia

(11)     Habiendo establecido el Creador del mundo la sociedad conyugal como principio y fundamento de la sociedad humana, convirtiéndola por su gracia en sacramento grande en Cristo y en la Iglesia (cf. Eph. 5932), el apostolado de los cónyuges y de las familias tiene una importancia trascendental tanto para la Iglesia como para la sociedad civil.

Los cónyuges cristianos son mutuamente para sí, para sus hijos y de más familiares, cooperadores de la gracia y testigos de la fe. Ellos son pa, ra sus hijos los primeros predicadores de la fe y los primeros educadores; los forman con su palabra y con su ejemplo para la vida cristiana y apostó lica, les ayudan con mucha prudencia en la elección de su vocación y culti van con todo esmero la vocación sagrada que quizá han descubierto en ellos.

Para lograr más fácilmente los fines de su apostolado puede ser coja veniente que las familias se reúnan por grupos. (Apostolicam Actuositatem).

22. Los jóvenes

(12) Los jóvenes ejercen en la sociedad moderna un influjo de gran inte  res. Las circunstancias de su vida, el modo de pensar e incluso las mismas relaciones con la propia familia han cambiado mucho. Muchas veces pasan de masiado rápidamente a una nueva condición social y económica. Pero al paso que aumenta de día en día su influjo social, e incluso político, se ven c£ mo incapacitados para sobrellevar convenientemente esas nuevas cargas.

Pero no se sientan los jóvenes, en el ejercicio de su apostolado, como separados y abandonados de los mayores. Procuren los adultos entablar diálogo amigable con los jóvenes, que permita a unos y a otros conocerse‘ mutuamente y comunicarse entre sí lo bueno que cada uno tiene, no considerando la distancia de la edad. Los adultos estimulen hacia el apostolado la juventud, sobre todo con el ejemplo y, cuando haya oportunidad, con  consejos prudentes y auxilios eficaces. Los jóvenes, por su parte, llénense de respeto y de confianza para con los adultos, y aunque, naturalmente, sesientan inclinados hacia las.novedades, aprecien, sin embargo, como es de bido las loables tradiciones.(Apostolicam Actuositatem).

23. Los niños

(12)     También los niños tienen su actividad apostólica. En cuanto ellos  pueden, son testigos vivientes de Cristo entre sus compañeros. (Apostolicam Actuositatem), 24, Ambiente social

(13)     El apostolado en el medio social, es decir, el esfuerzo por llenar  de espíritu cristiano el pensamiento y las costumbres, las leyes y las estructuras de la comunidad en que uno vive, hasta tal punto es deber y carga de los seglares que nunca lo pueden realizar convenientemente otros. En es te campo, los seglares pueden ejercer perfectamente el apostolado de iguala igual. En él cumplen el testimonio de la vida por el testimonio de la pa labra. En el campo del trabajo, o de la profesión, o del estudio, o de la  vivienda, o del descanso, o de la convivencia, son muy aptos los seglares  para ayudar a los hermanos. (Apostolicam Actuositatem).

25. Ámbito nacional e internacional

(14)     El campo del apostolado se abre extensamente en el orden nacional e internacional, en que los seglares, sobre todo, son los dispensadores de la sabiduría cristiana, Aparezcan unidos los católicos a los hombres de buenavoluntad, En el amor a la patria y en el fiel cumplimiento de los deberes civiles, siéntanse obligados los católicos a promover el verdadero bien común, y hagan pesar de esa forma su opinión para que el poder civil se ejerza justamente y las leyes respondan a los principios morales y al bien co mún. Los católicos preparados en los asuntos públicos, y firmes como es debido en la fe y en la doctrina católica, no rehusen desempeñar cargos públi eos, ya que por ellos, bien administrados, pueden procurar el bien común ypreparar a un tiempo el camino al Evangelio.

Procuren los católicos cooperar con todos los hombres de buena volun tad en promover cuanto hay de verdadero, de justo, de santo, de amable (Cf, Phil. 4,8). Hablen con ellos, superándoles en prudencia y humildad, e inves tiguen acerca de las instituciones sociales y públicas, para perfeccionar las según el espíritu del Evangelio,

Piensen todos los que trabajan en naciones extrañas, o les ayudan, que las relaciones entre los pueblos deben ser una comunicación fraterna, en que an.v.as partes dan y reciben. Y los que viajan por motivos de obras in. ternacionales, o de negocios, o de descanso, no olviden que son en todas  partes también heraldos viajeros de Cristo,,y han de portarse, comotales  con toda verdad, (Apostolicam Actuositatem),

26. La formación es necesaria

(28) El apostolado solamente puede conseguir su plena eficacia con una for mación multiforme y completar La exigen no sólo el continuo progreso espiri tual y doctrinal del mismo seglar, sino también las varias circunstancias de cosas, de personas y de deberes a que tiene que acomodarse su actividad. Esta formación para el apostolado debe apoyarse en las bases que este Santo  Concilio ha asentado y declarado en otros lugares, Además de la formación común a todos los cristianos, no pocas formas del apostolado, por la variedad de personas y de ambientes, requieren una específica formación peculiar. (Apostolicam Actuositatem).

27. Principios de la formación

(29) Participando los seglares, a su modo, de la misión de la Iglesia, su formación apostólica recibe una característica especial por su misma.índole secular y propia del laicado y por el carácter espiritual de su vida.

La formación para el apostolado supone una cierta formación humana,íntegra, acomodada al ingenio y a las cualidades de cada uno. Porque el seglar, conociendo bien el mundo contemporáneo, debe ser un miembro acomodado a la sociedad de su tiempo y a la cultura de su condición.

Ante todo, el seglar ha de aprender a cumplir la misión de Cristo yde la Iglesia, viviendo de la fe en el misterio divino de la creación y dela redención, movido por el Espíritu Santo,que vivifica al pueblo de Dios,que impulsa a todos los hombres a amar a Dios Padre, al mundo y a los hom bres por El. Esta formación debs considerarse como fundamento y condición de todo apostolado fructuoso.

Además de la formación espiritual se requiere una sólida instrucción doctrinal, incluso teológica, éticosocial, filosófica, según la diversidad de edad, de condición y de ingenio” No se olvide tampoco la importancia dela cultura general, juntamente con la formación práctica y técnica.

Para cultivar las relaciones humanas es necesario que se acrecienten los valores verdaderamente huraños, sobre todo el arte de la convivencia fraterna, de la cooperación y del diálogo,.

Pero ya que la formación para el apostolado no puede consistir en la mera instrucción teórica, aprendan poco a poco y con prudencia, desde el  principio de su formación; a verlo, a j.uzgarlo y a hacerlo todo a la luz de la fe, a formarse y perfeccionarse a sí mismos por la,acción con los otrosy a entrar así en el servicio laborioso de la Iglesia* Esta formación, quehay que ir completando constantemente, pide cada día un conocimiento más profundo y una acción más oportuna a causa de la madurez creciente de la  persona humana y por la evolución de los problemas. En la satisfacción de todas las exigencias de la formación hay que tener siempre presente la unidad y la integridad de la persona humana de forma que quede a salvo y se  acreciente su armonía y su equilibrio*

De esta forma, el seglar se inserta profunda y cuidadosamente en larealidad misma del orden temporal y recibe eficazmente su parte en el desem peño de sus asuirtos, y al prcpio tiempo, como miembro vivo y testigo de la

Iglesia, la hace presente y actuosa en el seno de las cosas temporales,

(Apostolicam Actuositatem).

28.Los formadores

  •             En la familia los padres y toda la familia,
  •             Los Sacerdotes
  •             Escuelas, Colegios, Instituciones educadoras
  •             Equipos y Asociaciones.   (Cfr” Apostolicam Actuositatem N2 30)

29. Cómo hacer la formación

(30) Esta formación hay que ordenarla de manera que se tenga en cuenta to do el apostolado seglar, que ha de desarrollarse no sólo dentro de los mismos grupos de las asociaciones, sino en todas las circunstancias y por todala vida, sobre todo profesional y social, Más aún, cada uno debe prepararsediligentemente para el apo3toladb, obligación que es más urgente en la vidaadulta porque, avanzando la edad, el alma se abre mejor y cada uno puede des cubrir con más exactitud los talentos con que Dios enriqueció su alma y apli car con más eficacia los carismas que el Espíritu Santo le dio para elbien  de sus hermanos, (Apostolicam Actuositatem).  30. Adaptación de la formación

(31) Las diversas formas de apostolado requieren también una formación con veniente,

a)  Con relación al apostolado de evangelizar y santificar a los hombres, los seglares han de formarse especialmente para entablar diálogo con  los otros, creyentes o no creyentes, para manifestar directamente a todos el mensaje de Cristo.

Pero como en estos tiempos se difunde ampliamente y en todas partes el materialismo de toda especie, incluso entre los católicos, los seglares no sólo deben aprender con más cuidado la doctrina católica, sobre todo en aquellos puntos en que se la ataca, sino que han de dar testimonio de la vida evangélica contra cualquiera de las formas del materialismo.

b)  En cuanto al establecimiento cristiano del orden temporal, instru yase a los seglares sobre el verdadero sentido y valor de los bienes mate

riales, tanto en sí mismos como en cuanto se refiere a todos los fines de  la persona humana; ejercítense en el uso conveniente de los bienes y en la organización de las instituciones, atendiendo siempre al bien común, segúnlos principios de la doctrina moral y social de la Iglesia. Aprendan los seglares sobre todo los principios y conclusiones de la doctrina social, de  forma que sean capaces de ayudar por su parte en el progreso de la doctrinay, sobre todo, de aplicarla rectamente en cada caso particular.

c)  Puesto que las obras de caridad y de misericordia ofrecen un testjl monio magnífico de vida cristiana, la formación apostólica debe conducir tañí bien a practicarlas, para que los fieles aprendan desde niños a compadecerse de los hermanos y a ayudarlos generosamente cuando lo necesiten. (Apostolicara Actuositatem), 31. Ayudas a la formación

ü               Sesiones Congresos

ü               Reuniones

ü               Ejercicios Espirituales

ü               Asambleas

ü               Conferencias

ü               Libros

ü               Centros e Institutos de Estudios

ü               de documentación

ü               Teológicos

ü               Antropológicos (Cfr. Apostolicam Actuositatem N°32)

ü               Psicológicos    1

ü               Sociológicos

ü               Metodológicos

32. Relación con la Jerarquía

(24) Es deber de la Jerarquía el apoyar el apostolado de los seglares,

prestar los principios y subsidios espirituales, ordenar el desarrollo del apostolado al bien común de la Iglesia y vigilar que se cumplan la doctrinay el orden.

El apostolado seglar admite varias formas de relaciones con la jerarquía, según las varias maneras y objetos del mismo apostolado.

Hay en la Iglesia muchas empresas apostólicas constituidas por la libre elección de los seglares, y que se rigen por su juicio y prudencia. En algunas circunstancias la misión de la Iglesia puede cumplirse mejor por estas empresas, y por eso no es raro que la jerarquía las alabe y recomiende,Ninguna empresa, sin embargo, puede arrogarse el nombre de católica sin el asentimiento de la legítima autoridad eclesiástica.

La jerarquía reconoce explícitamente, de varias formas, algunos otros sistemas del apostolado seglar.

Puede, además, la autoridad eclesiástica, por exigencias del bien común de la Iglesia, de entre las asociaciones y empresas apostólicas que tienden inmediatamente a un fin espiritual, elegir algunas y promoverlas de un modo peculiar, en las que toma su responsabilidad especial. Así la jerarquía, ordenando el apostolado con diverso estilo, según las circunstancias, asocia más estrechamente alguna de sus formas a su propia misión apostólica, conservando no obstante la propia naturaleza y peculiaridad de cada una, sin privar, por ende, a los seglares de su necesaria facultad de obrar espontánea mente. Este acto de la jerarquía, en varios documentos eclesiásticos se llama mandato.

Finalmente, la jerarquía encomienda a los seglares algunos deberes que están muy estrechamente unidos con los ministerios de los pastores, como en la explicación de la doctrina cristiana, en ciertos actos litúrgicos, en la atención a las almas. En virtud de esta misión, los seglares, en cuanto al ejercicio de su misión, están plenamente sometidos a la dirección superior de la Iglesia.

En cuanto atañe a las obras e Instituciones del orden temporal, el  oficio de la jerarquía eclesiástica es enseñar e interpretar auténticamente los principios morales que hay que seguir en los asuntos temporales, puesto que ella tiene derecho, bien consideradas todas las cosas y sirviéndose de la ayuda de los peritos, a discernir sobre la conformidad de tales obras e instituciones con los principios morales y sobre cuanto se requiere para salvaguardar y promover los bienes del orden sobrenatural. (Apostolicam Actuosi tatem).

33. Cooperación del clero

(25) Tengan presente los obispos, los párrocos y demás sacerdotes de uno y otro clero que la obligación de ejercer el apostolado es común a todos los  fieles, sean clérigos o seglares, y que éstos tienen también su cometido enla edificación de la Iglesia. Trabajen, pues, fraternalmente con los seglares en la Iglesia y por la Iglesia, y dediquen atención especial a los seglares en sus obras apostólicas.

Elíjanse cuidadosamente sacerdotes idóneos y bien formados para ayudar a las formas especiales del apostolado de los seglares” Los que se dedican a este ministerio, en virtud de la misión recibida de la jerarquía, la representan en su acción pastoral; fomenten las debidas relaciones de los seglares con la jerarquía adhiriéndose fielmente al espíritu y a la doctrina de la Iglesia; esfuércense en alimentar la vida espiritual y el sentido apostólico de las asociaciones católicas que se les han encomendado; asistan con su consejo prudente a la labor apostólica de los seglares y estimulen sus em presas. En diálogo continuo con los seglares, averigüen cuidadosamente las formas más oportunas para hacer más fructífera la acción apostólica; promue van el espíritu de unidad dentro de la asociación, y en las relaciones de és tas con las otras,

Por fin, los religiosos, hermanos o hermanas, aprecien las obras apos tólicas de los seglares, entregúense gustosos a ayudarles en sus obras, se gún el espíritu y las normas de sus institutos; procuren sostener, ayudar ycompletar los ministerios sacerdotales. (Apostolicam Actuositatem).

34. Cooperación para la coordinación

(26) En las diócesis, en cuanto sea posible, deben existir consejos que  ayuden la obra apostólica de la Iglesia, ya en el campo de la evangelización y de la santificación, ya en el campo caritativo, social, etc., cooperando  convenientemente los clérigos y los religiosos con los seglares. Estos conse jos podrán servir para la mutua coordinación de las varias asociaciones y em presas seglares, salva la índole propia y la autonomía de cada una.  Estos consejos, si es posible, han de establecerse también en el ámbi to parroquial o interparroquial, interdiocesano y en el orden nacional o internacional.

Establezcas© además en la Santa Sede algún Secretariado especial para servicio e impulso del apostolado seglar, como centro que, con medios aptos, proporcione noticias de las varias empresas del apostolado de los segla res, procure las investigaciones sobre los problemas que hoy surgen en estos campos y ayude con sus consejos a la jerarquía y a los seglares en las obras apostólicas. En este Secretariado han de tomar parte también los diversos mo vimientos y empresas del apostolado seglar existentes en todo el mundo, cooperando también los clérigos y los religiosos con los seglares. (Apostolicam Actuositatem).

35. Cooperación con los no católicos

(27) El común patrimonio evangélico y, en consecuencia, el común deber del testimonio cristiano recomiendan, y muchas veces exigen, la cooperación de  los católicos con otros cristianos, que hay que realizar por individuos par ticulares y por comunidades de la Iglesia, ya en las acciones, ya en las aso ciaciones, en el campo nacional e internacional.

Los valores comunes exigen también no rara vez una cooperación seme jante de los cristianos que persiguen fines apostólicos con quienes no lie van el nombre cristiano, pero reconocen estos valores.

Con esta cooperación dinámica y prudente, que es de gran importancia en las actividades temporales, los seglares rinden testimonio a Cristo, Salvador del mundo, y a la unidad de la familia humana. (Apostolicam Actuositatem)

36. En las misiones

(15)     Los misioneros, por consiguiente, cooperadores de Dios (cf. I Cor. 3” 9), susciten tales comunidades de fieles que, viviendo conforme a la vocación con que han sido llamados (Cf. Eph, 4,1), ejerciten las funciones que Dios les ha confiado, sacerdotal, profética y real. De esta forma la comunidad cristiana se hace exponente de la presencia de Dios en el mundo, porque ella, por el sacrificio eucarístico, pasa con Cristo al Padre; nutrida cuidadosamente con la palabra de Dios, da testimonio de Cristo y, por fin, anda en la caridad y se inflama de espíritu apostólico. (Ad Gentes).

37 o Preparación de los Seminaristas

(20) Enséñeseles también a usar los medios que pueden prestar las ciencias pedagógicas, o psicológicas, o sociológicas, según ios métodos rectos y lasnormas de la autoridad eclesiástica. Instruyaseles también para suscitar y favorecer la acción apostólica de los seglares, y para promover las varias y más eficaces formas de apostolado, y llénense de un espíritu tan católico  que se acostumbren a traspasar los límites de la propia diócesis o nación orito y ayudar las necesidades de toda la Iglesia preparados para predicar el Evangelio en todas partes.

Y siendo necesario que los alumnos aprendan a ejercitar el arte del apostolado no sólo en la teoría, sino también en la práctica, y que puedan trabajar con responsabilidad propia y en unión con otros, han de iniciarse en la práctica pastoral durante todo el curso y también en las vacaciones  por medio de ejercicios oportunos; éstos deben realizarse metódicamente y ba jo la dirección de varones expertos en asuntos pastorales, según lo pida laedad de los alumnos, y en conformidad con las condiciones de los lugares, de acuerdo con el prudente juicio de los obispos, teniendo siempre presente lafuerza poderosa de los auxilios espirituales. (Optatam Totius).

38. Insustituible

(21) La Iglesia no está verdaderamente formada, ni vive plenamente, ni esrepresentación perfecta de Cristo entre las gentes, mientras no exista y tra baje con la jerarquía un laicado propiamente^ dicho. Porque el Evangelio no puede penetrar profundamente en las conciencias, en la vida y en el trabajodel pueblo sin la presencia activa de los seglares. Por tanto, desde la fundación de la Iglesia hay que atender sobre todo a la constitución de un laicado maduro. (Optatam Totius).

39. Obligación principal

(21) La obligación principal de estos hombres y mujeres es el testimonio de Cristo, que deben dar con la vida y con la palabra en la familia, en el grupo social y en el ámbito de su profesión. Debe manifestarse en ellos el hombre nuevo creado según Dios en justicia y santidad verdadera (cf. Eph. 4, 24). Han de reflejar esta renovación de la vida, en el ambiente de la socie dad y de la cultura patria, según las tradiciones A.e su nación. Ellos tienen que conocer esta cultura, restaurarla y conservarla, desarrollarla según las nuevas condiciones y, por fin, perfeccionarla en Cristo, para que la fe de Cristo y la vida de la Iglesia nosea ya extraña a la sociedad en que vive, sino que empiece a penetrarla y transformarla. Únanse a sus conciudadanos con verdadera caridad, a fin de que en su conversación aparezca el nuevo vínculo de unidad y solidaridad universal que fluye del misterio de Cristo. Siembren también la fe de Cristo entre sus compañeros de trabajo, obligación que urge más porque muchos hombres no pueden oír hablar del Evangelio ni conocer a  Cristo más que por sus vecinos seglares. Más aún, donde sea posible, estén preparados los seglares a cumplir la misión especial de anunciar el Zvange lio y de comunicar la doctrina cristiana en una cooperación más inmediata  con la jerarquía, para dar vigor a la Iglesia naciente, (Optatam Totius).

II. LOS LAICOS EN LA IGLESIA.

40.  Quiénes son los laicos

(31) Por el nombre de laicos se entiende aquí todos los fieles cristianos, a excepción de los miembros que han recibido un orden sagrado y los que es tan en estado religioso reconocido por la Iglesia, es decir, los fieles cristianos que, por estar incorporados a Cristo mediante el bautismo, constituidos en pueblo de Dios y hechos partícipes a su manera de la función sacerdotal, profética y real de Jesucristo, ejercen, por su parte, la misión de todo el pueblo cristiano en la Iglesia y en el mundo.

El carácter secular es propio y peculiar de los laicos. (Lumen Gentium).

41. Peculiar participación en la misión de la Iglesia

(30)     El Santo Sínodo, una vez declaradas las funciones de la jerarquía,  vuelve gozosamente su espíritu hacia el estado de los fieles cristianos llamados laicos. Cuanto se ha dicho del Pueblo de Dios se dirige por igual a  los laicos, religiosos y clérigos; sin embargo, a los laicos, hombres y mujeres, en razón de su condición y misión, les corresponden ciertas particularidades cuyos fundamentos, por las especiales circunstancias de nuestro tiempo, hay que considerar con mayor amplitud. Los sagrados pastores conocen muy bien la importancia de la contribución de los laicos al bien de toda la Iglesia. Pues los sagrados pastores saben que ellos no fueron constituidos por  Cristo para asumir por sí solos toda la misión salvífica de la Iglesia cerca del mundo, sino que su excelsa función es apacentar de tal modo a los fieles y de tal manera reconocer sus servicios y carismas, que todos, a su modo,  cooperen unánimemente a la obra común. Es necesario, por tanto, que todos,  “abrazados a la verdad, en todo crezcamos en caridad, llegándonos a Aquel  que es nuestra cabeza, Cristo, de quien todo el cuerpo, trabado y unido por todos los ligamentos que lo unen y nutren para la operación propia de cada  miembro, crece y se perfecciona en la caridad (Eph. 4,1516). (Lumen Gentium).

42. Su acción

(31)     A los laicos pertenece por propia vocación buscar el reino de Dios  tratando y ordenando, según Dios, los asuntos temporales. Viven en el siglo, es decir, en todas y cada una de las actividades y profesiones, así como en las condiciones ordinarias de la vida familiar y social con las que su existencia está como entretejida. Allí están llamados por Dios a cumplir su pro pio cometido, guiándose por el espíritu evangélico, de modo que, igual que  la levadura, contribuyan desde dentro a la santificación del mundo y de este modo descubran a Cristo a los demás, brillando, ante todo, con el testimonio de su vida, fe, esperanza y caridad. A ellos, muy en especial, corresponde  iluminar y organizar todos los asuntos temporales a los que están estrechamente vinculados, de tal manera, que se realicen continuamente según el espíritu de Jesucristo y se desarrollen y sean para la gloria del Creador y del Redentor. (Lumen Gentium).

43. Su participación en el sacerdocio

(34)     Cristo Jesús, supremo y eterno sacerdote, porque desea continuar su testimonio y su servicio por medio de los laicos, vivifica a éstos con su  Espíritu e ininterrumpidamente los impulsa a toda obra buena y perfecta.

Pero a aquellos a quienes asocia íntimamente a su vida y misión, también les hace partícipes de su oficio sacerdotal, en orden al ejercicio del culto espiritual, para gloria de Dios y salvación de los hombres. (Lumen Gentium).

44  Participación en la misión profética

(35)     Por tanto, los laicos, también cuando se ocupan de las cosas temporales, pueden y deben realizar una acción preciosa en orden a la evangelización del mundo. Porque si bien algunos de entre ellos, al faltar los sagra dos ministros o estar impedidos éstos en caso de persecución, les suplen en determinados oficios sagrados en la medida de sus facultades, y aunque muchos de ellos consumen todas sus energías en el trabajo apostólico, conviene, sin embargo, que todos cooperen a la dilatación e incremento del reino de Cristo en el mundo. Por ello, trabajen los laicos celosamente por conocer más pro fundamente la verdad revelada es impetren insistentemente de Dios el don de la sabiduría. (Lumen Gentium).

45?La presencia en las estructuras

(36)     Cristo, hecho obediente hasta la muerte y, en razón de ello, exaltado por el Padre (cf. Phil. 2,89), entró en la gloria de su reino; a El están  sometidas todas las cosas hasta que El se someta a sí mismo y todo lo creado al Padre, para que Dios sea todo en todas las cosas (cf, I Cor. 15” 2728),Tal potestad la comunicó a sus discípulos para que quedasen constituidos en una libertad regia y vencieran en sí mismos el reino del pecado (cf. Rom. 6, 12) e incluso sirviendo a Cristo también en los demás, condujeran en humildad y paciencia a sus hermanos hasta aquel Rey, a quien servir es reinar.  Porque el Señor desea dilatar su reino también por mediación de los fieles  laicos; un reino de verdad y de vida, un reino de santidad y de gracia, un  reino de justicia, de amor y de paz, en el cual la misma criatura quedará libre de la servidumbre de la corrupción en la libertad de la gloria de los hijos de Dios (cf. Rom, 8,21). Grande, realmente, es la promesa y grande el  mandato que se da a los discípulos. “Todas las cosas son vuestras, pero vosotros sois de Cristo y Cristo es de Dios” (I Cor. 3>23).

Deben, pues, los fieles conocer la naturaleza íntima de todas las criaturas, su valor y su ordenación a la gloria de Dios y, además, deben ayudarse entre sí, también mediante las actividades seculares, para lograr una vida más santa, de suerte que el mundo se impregne del espíritu de Cristo y alcance más eficazmente su fin en la justicia, la caridad y la paz. Para que este deber pueda cumplirse en el ámbito universal, corresponde a los laicos el puesto principal. Procuren, pues, seriamente, que por su competencia en los asuntos profanos y por su actividad, elevada desde dentro por la gracia de Cristo, los bienes creados se desarrollen al servicio de todos y cada uno de los hombres y se distribuyan mejor entre ellos, según el plan del Creador y la iluminación de su Verbo, mediante el trabajo humano, la técnica y la cultura civil; y que a su manera estos seglares conduzcan a los hombres al progreso universal en la libertad cristiana y humana. Así Cristo, a través de los miembros de la Iglesia, iluminará más y más con su luz a toda la sociedad humana.

A más de lo dicho, los seglares han de procurar, en la medida de sus fuerzas, sanear las estructuras y los ambientes del mundo, si en algún caso incitan al pecado, de modo que todo esto se conforme a las normas de la justicia y favorezca, más bien que impida, la práctica de las virtudes. Obrando así impregnarán de sentido moral la cultura y el trabajo humano. De esta mañera se prepara a la vez y mejor el campo del mundo para la siembra de la di vina palabra, y se abren de par en par a la Iglesia las puertas por las quena de entrar en el mundo el mensaje de la paz.

En razón de la misma economía de la salvación, los fieles han de aprender diligentemente a distinguir entre los derechos y obligaciones que les corresponden por su pertenencia a la Iglesia y aquellos otros que les  competen como miembros de la sociedad humana. Procuren acoplarlos armónica mente entre sí, recordando que, en cualquier asunto temporal, deben guiarse por la conciencia cristiana, ya que ninguna actividad humana, ni siquiera en el orden temporal, puede substraerse al imperio de Dios. En nuestro tiempo, concretamente, .es de la mayor importancia que esta distinción y esta armonía brille con suma claridad en el comportamiento de los fieles para que la misión de la Iglesia pueda responder mejor a las circunstancias particulares del mundo de hoy. Porque, así como debe reconocer que la ciudad terrena, vinculada justamente a las preocupaciones temporales, se rige por principios  propios, con la misma razón hay que rechazar la infausta doctrina que intenta edificar a la sociedad prescindiendo en absoluto de la religión y que ataca o destruye la libertad religiosa de los ciudadanos. (Lumen Gentium).

46. La Jerarquía y los laicos

(37) Los seglares, como todos los fieles cristianos, tienen el derecho derecibir con abundancia de los sagrados pastores, de entre los bienes espirituales de la Iglesia, ante todo, los auxilios de la palabra de Dios y de los sacramentos; y han de hacerles saber, con aquella libertad y confianza digna de los hijos de Dios y de los hermanos en Cristo, sus necesidades y sus de seos. En la medida de los conocimientos, de la competencia y del prestigio que. poseen, tienen el derecho y, en algún caso, la obligación de manifestar su parecer sobre aquellas cosas que dicen relación al bien de la Iglesia. Hágase esto, si las circunstancias lo requieren, mediante instituciones establecidas al efecto por la Iglesia, y siempre con veracidad, fortaleza y prudencia, con reverencia y caridad hacia aquellos que, por razón de su oficio sagrado, personifican a Cristo.

Procuren los seglares, como los demás fieles, siguiendo el ejemplo de Cristo, que con su obediencia hasta la muerte abrió a todos los hombres el gozoso camino de la libertad de los hijos de Dios, aceptar con prontitud y cristiana obediencia todo lo que los sagrados pastores, como representantes de Cristo, establecen en la Iglesia actuando de maestros y de gobernantes. Y no dejen de encomendar en sus oraciones a sus prelados, para que, ya que viven en continua vigilancia, obligados a dar cuenta de nuestras almas, cumplan esto con gozo y no con angustia (cf. Hebr. 13,1?).

Los sagrados pastores, por su parte, reconozcan y promuevan la dignidad y la responsabilidad de los laicos en la Iglesia. Hagan uso gustosamente de sus prudentes consejos, encárguenles, con confianza, tareas en servicio de la Iglesia, y déjenles libertad y espacio para actuar, e incluso denles

ánimo para que ellos, espontáneamente, asuman tareas propias. Consideren atentamente en Cristo, con amor de padres, las iniciativas, las peticiones y los deseos propuestos por los laicos. Y reconozcan cumplidamente los pastores la justa libertad que a todos compete dentro de la sociedad temporal.

De este trato familiar entre laicos y pastores son de esperar muchos bienes para la Iglesia; porque así se robustece en los seglares el sentido de su propia responsabilidad, se fomenta el entusiasmo y se asocian con ma yor facilidad las fuerzas de los fieles a la obra de los pastores. Pues es tos últimos, ayudados por la experiencia de los laicos, pueden juzgar con mayor precisión y aptitud lo misino los asuntos espirituales que los témpora les, de suerte que la Iglesia entera, fortalecida por todos sus miembros,  pueda cumplir con mayor eficacia su misión en favor de la vida del mundo.  (Lumen Gentiurn).

47. Su acción en el mundo

(38)        Cada seglar debe ser ante el mundo testigo de la resurrección y de la vida de Nuestro Señor Jesucristo, y señal del Dios verdadero. Todos en con junto y cada cual en particular, deben alimentar al mundo con frutos espirituales (cf. Gal. 5,22) e infundirle aquel espíritu del que están animados  aquellos pobres, maneas y pacíficos, a quienes el Señor, en el Evangelio,  proclamó bienaventurados (cf. . 5,39). En una palabra, “lo que es el alma en el cuerpo, esto han de ser los cristianos en el mundo”. (Lumen Gentium).

48. Están llamados a la santidad y a la igualdad

(32) El pueblo elegido de Dios es uno: Un Señor, una fe, un bautismo (Eph4,5); común dignidad de los miembros por su regeneración en Cristo, gracia común de hijos, común vocación a la perfección, una salvación, una esperanza y una indivisa caridad. Ante Cristo y ante la Iglesia no existe desigualdadaüguna en razón de estirpe o nacimiento, condición social o sexo, porque nohay judío ni griego; no hay siervo o libre; no hay varón ni mujer. Pues to dos vosotros sois “uno” en Cristo Jesús (Gal. 3,28; cf. Col. 3)

Aunque no tod.os en la Iglesia marchan por el mismo camino, sin embargo, todos están llamados a la santidad y han alcanzado la misma fe por la  justicia de Dios (cf. 2 Petr, 1,1). (Lumen Gentium).

49. Sus obligaciones en lo temporal

(43) El Concilio exhorta a los cristianos, ciudadanos de la ciudad tempo ral y de la ciudad eterna, a cumplir con fidelidad sus deberes temporales, guiados siempre por el espíritu evangélico. Se equivocan los cristianos que, pretextando que no tenemos aquí ciudad permanente, pues buscamos la futura, consideran que pueden descuidar las tareas temporales, sin darse cuenta quela propia fe es un motivo que les obliga a un más perfecto cumplimiento de todas ellas, según la vocación personal de cada uno. Pero no es menos grave el error de quienes, por el contrario, piensan que pueden entregarse total mente a los asuntos temporales, como si éstos fuesen ajenos del todo a la vi da religiosa, pensando que ésta se reduce meramente a ciertos actos de culto y al cumplimiento de determinadas obligaciones morales. El divorcio entre la fe y la vida diaria de muchos debe ser considerado como uno de los más graves errores de nuestra época. Ya en el Antiguo Testamento los profetas reprendían con vehemencia semejante escándalo, Y en el Nuevo Testamento, sobre todo, Jesucristo personalmente conminaba graves penas contra él. No se creen, por consiguiente, oposiciones artificiales entre las ocupaciones profesionales y sociales, por una parte, y la vida religiosa, por otra. El cristiano que falta a sus obligaciones temporales, falta a sus deberes con el prójimo, falta, sobre todo, a sus obligaciones para con Dios y ¡jone en peligro su eterna, salvación. Siguiendo el ejemplo de Cristo, quien ejerció el artesanado, alégrense los cristianos de poder ejercer todas sus actividades temporales, haciendo una síntesis vital del esfuerzo humano, familiar, profesional, científico o técnico, con los valores religiosos, bajo cuya altísima jerar quía todo coopera a la gloria de Dios.

Competen a los laicos propiamente, aunque no exclusivamente, las ta raas y el dinamismo seculares.. Cuando actúan, individual o colectivamente, como ciudadanos del mundo, no solamente deben cumplir las leyes propias de cada disciplina, sino que deben esforzarse por adquirir verdadera competencia en todos los campos. Gustosos colaboren con quienes buscan idénticos fines. Conscientes de las exigencias de la fe y vigorizados con sus energías a cometan sin vacilar, cuando sea necesario, nuevas iniciativas y llévenlas a buen término. A la conciencia bien formada del seglar toca lograr que la ley divina quede grabada en la ciudad terrena. De los sacerdotes, los laicos pueden esperar orientación e impulso espiritual. Pero no piensen que sus pastores están siempre en condiciones de poderles dar inmediatamente solución concreta en todas las cuestiones, aún graves, que surjan. No es esta su misión. Cumplan más bien los laicos su propia función, con la luz de la sabiduría cristiana y con la observancia atenta de la doctrina del magisterio.

Muchas veces sucederá que la propia concepción cristiana de la vida les inclinará en ciertos casos a elegir una determinada solución. Pero podrá suceder, como sucede frecuentemente y con todo derecho, que otros fieles,  guiados por una “”O menor sinceridad, juzguen del mismo asunto de distinta  manera.

En estos casos de soluciones divergentes, aún al margen de la intención de ambas partes, muchos tienden fácilmente a vincular su solución con el mensaje evangélico. Entiendan todos que en tales casos a nadie le está permitido reivindicar en exclusiva a favor de su parecer la autoridad de la Iglesia. Procuren siempre hacerse luz mutuamente con un diálogo sincero, guardando la mutua caridad y la solicitud primordial por el bien común.

Los laicos, que desempeñan parte activa en toda la vida de la Iglesia, no solamente están obligados a cristianizar el mundo, sino que además su vocación se extiende a ser testigos de Cristo en todo momento en medio de la sociedad humana. (Gaudium et spes).


Anuncios
Categorías:Laicos
  1. Aún no hay comentarios.
  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: