Inicio > General > MI EXPERIENCIA DE CONSILIARIO EN LA ACCIÓN CATÓLICA

MI EXPERIENCIA DE CONSILIARIO EN LA ACCIÓN CATÓLICA

MI EXPERIENCIA DE CONSILIARIO EN LA ACCIÓN CATÓLICA

Pbro. Jose Moreno Lozada

Viernes, 19 de Junio de 2009 22:22

http://www.parroquiavirgendeguadalupe.es/

Introducción.-

Soy uno de esos curas normales que, tras once cursos en el seminario, a los 23 años sentía como el obispo en silencio me imponía sus manos pidiendo al Espíritu Santo que viniera sobre mí para que me configurara como sacerdote y me diera fuerzas para dedicar mi vida a evangelizar desde la realización del ministerio pastoral.

Las inquietudes  y deseos que habitaban en mí  en aquellos momentos los recuerdo con mucho cariño y ternura. Quería ser “un hombre de Dios al servicio de todos los hombres”, especialmente de los más sencillos, y me veía en un pueblo de los nuestros – pequeño era el deseo más concreto – compartiendo la vida y trabajando desde la parroquia con un montón de ideales e ilusiones pastorales, pretendidamente renovadoras y no sé si “revolucionarias” – esto más de boquilla- ,  que se habían ido gestando en el estudio de la pastoral, de la teología, y en la vida espiritual intensa, al estilo del seminario, así como en los escarceos pastorales que nos permitían las circunstancias de formación u otras buscadas por mí y mis compañeros. Después las cosas  han ido por donde han ido. La figura del director espiritual D. Antonio Fuentes fue fundamental en aquellos años.

Comencé en un pueblo pequeño, Cheles, donde fui el hombre más feliz del mundo durante dos años, y donde comprobé que era verdad lo que yo pensaba del ser cura; allí me acerqué a la gente real, a sus vidas, a sus costumbres….con ideas nuevas… con cariño…dándome cuenta de las cosas… pero con ese estilo más directivo y desde el “ser cura”; posteriormente estuve en Olivenza, aquí era otra historia…más de treinta horas en clases de religión…atendiendo a la pastoral juvenil.. y a S. Jorge – una pequeña aldea – aquí trabajé con compañeros que estaban en el pueblo antes y tuve que aprender a hacer las cosas con los otros, con otras mentalidades  y hacer una labor que se perdía y no tenía tanta identidad como la anterior; de todos modos tres años no dan para mucho y me vi pronto en papeles que no había soñado. En la Facultad de Teología de Salamanca oyendo a los grandes maestros como Olegario y, sobre todo, Juan Luis Ruiz de la Peña; ahí fueron los libros, la tesina de licencia, etc…-aunque también la revuelta universitaria con la LRU en la que me metí…- lo medios para vivir mi ministerio y pensaba en volver a la tarea pastoral con una reflexión más hecha y elaborada para aportar algo más…. Agradezco que ahí me di cuenta de que ni el mundo, ni la iglesia, ni la teología, ni las mentalidades y líneas eclesiales etc…se acababan en las fronteras de Badajoz. Iba para unos cinco años, según mi obispo, y a los dos estaba de vuelta, bebiendo un trago  de  cáliz que no veía claro, me nombraban formador del Seminario Mayor de la diócesis, donde he estado ocho años completos. De este “huerto de olivos” me he llevado  una riqueza  que todavía no he sabido valorar convenientemente, pero sobre todo destaco el descubrimiento del equipo para trabajar juntos y la unidad que produce la misión cuando se comparte con limpieza y desde el reconocimiento de la debilidad y la pequeñez de quien la realiza queriendo servir sin más a la iglesia; otro elemento fundamental es el sentido de la iglesia diocesana y el amor a ella por encima de la pequeña labor que yo puedo llevar entre manos en un campo específico como puede ser una parroquia o un cometido pastoral concreto como el secretariado de pastoral universitaria.

Hasta aquí, como podéis observar, no ha aparecido la  Acción Católica para nada, es cierto que en los primeros años nos llamaron para presentarnos al movimiento de JAC, pero aquel proyecto no cuajó. Por tanto no conocía realmente, aunque sí de oídas y no tenía prejuicios, a pesar de que en el seminario salimos con rechazo a cualquier grupo específico por todas las historias que se habían vivido con respecto al Opus Dei especialmente, aún hoy después de treinta años siguen. Es después de ser formador en el  seminario cuando empieza otra etapa sacerdotal por la  misión encomendada y es en ella donde aparece mi encuentro con la Acción Católica a través de la JEC.

El obispo me  encarga de la responsabilidad del Secretariado de Pastoral Universitaria que hasta entonces no había tenido recorrido como tal. Para trabajar en ello me hacen responsable de las clases que  D. Amadeo dejaba de impartir en la facultad de educación y es en esa conversación en la que D. Antonio, obispo, me insinua  que hay unos  chicos de la JEC y que si puedo les eche una mano. Con el deseo de lo nuevo que me caracteriza y de la capacidad de ilusionarme e imaginar, enseguida me puse en contacto con Vidal, animador – fundador de la JEC en Badajoz en esta nueva etapa- y sentí que se habían alegrado un montón de que hubiera un cura para trabajar en la universidad y que ellos daban por descontado que había sido nombrado consiliario de la JEC, el nombramiento oficial me lo han dado hace unos meses. Su acogida yo la entendí como el nombramiento más oficial que pudieran darme en la vida y desde ahí empecé a caminar con ellos. Sólo fueron unos días  entre el nombramiento de pastoral universitaria y mi primera presencia en la asamblea  estatal de la JEC en Albacete. ¡Qué bien me iniciaron en el movimiento, sobre todo Vidal! Comencé poniéndome en un grupo junto al animador para conocer el movimiento  por dentro y abrirme a su pedagogía y metodología, participando en todo lo que el movimiento organizaba y en el equipo diocesano. Comenzaron los viajes a Madrid; recuerdo con cariño a los primeros adolescentes con los que fui en el tren y el ánimo que tenían de explicarme todo lo que era la JEC a mí- ya se ha casado Marieta que era un de ellos-.  Ahora hace ya ocho años de aquel momento – la vida me ha convertido-  y me veo en esta tesitura de presentar  algunos puntos de reflexión a partir de mi experiencia vital como consiliario de este movimiento. A la   hora de hacerlo me ha costado un montón el elegir  qué contar, por qué ha sido tanta la vida que es difícil expresarla y relatarla en la brevedad. Pero lo voy a intentar.

Experiencia:

√       Animador: he vivido la experiencia de acompañar grupos de revisión de vida y también de iniciación.

√       Siempre presente  y formando parte del equipo de animadores.

√       He participado siempre en el equipo diocesano del movimiento.

√       He estado presente siempre en los encuentros que organiza cada grupo para trabajar sus proyectos personales de vida y acción. También trato de estar disponible cada vez que un militante o animador quiere compartir conmigo.

√       Les he acompañado siempre en los ejercicios espirituales y en las jornadas veraniegas de formación.

√       Formo parte del equipo técnico de consiliarios a nivel nacional y participo en algunas de las comisiones generales.

√       Siempre he estado presente en los encuentros estatales del movimiento.

√       Desde el ser consiliario en la JEC he participado en el grupo de consiliarios de acción católica de la diócesis y en el regional.

√       Mi experiencia se abre también en el nacimiento y participación en el movimiento de profesionales cristianos, tanto en la diócesis como a nivel nacional.

Descubrimientos  y vivencias :

Voy a centrarme sólo en tres aspectos:  la vivencia del ministerio, la dimensión eclesiológica, y la misión.

EL MINISTERIO  DESDE LA EXPERIENCIA COMO CONSILIARIO

He pasado de “directivo  y maestro” a “discípulo”  de la realidad y la vida. Desde ahí he incorporado, de un modo nuevo, el concepto  y la experiencia de “enviado”;  he descubierto que el ministerio y su ejercicio pasa por :

La  apuesta firme por las personas y la fidelidad a los procesos educativos.

Ser un servidor de la comunidad que es la que configura mi vida, mis horarios, etc…

La necesidad de ser el hombre de la PALABRA. Esta ha de ser mi especialidad para acompañar el  juicio en la Revisión de Vida, el Estudio del Evangelio, la Lectura creyente. Del mismo modo siento profundamente el reto de iniciar a la verdadera celebración cristiana y animar la dimensión orante  de los militantes en su experiencia de fe.

Estoy aprendiendo el valor de la disponibilidad como lo propio de la vida entregada en todas sus dimensiones incluida la afectiva, que  el otro siempre se encuentre acogido y acompañado se ha convertido en deseo e inquietud.

La valoración de los hechos sencillos y de los pequeños pasos que dan las personas y los grupos. Aquí se aprende a iniciarse en la paciencia del Padre como una clave fundamental del reino que siempre en comparado con lo que va creciendo poco a poco y muy desde lo pequeño, eso de la diferencia  entre fecundidad y eficacia, identidad y relevancia, notoriedad y significatividad, números y personas…..

La esencia del servicio ministerial en la experiencia concreta del movimiento y los militantes ha sido para mí el acompañamiento. En el descubrimiento y realización del mismo, amén de sentir profundamente la vocación a la  que he sido llamado, me voy dando cuenta de estas “cosillas”:

Dios es quien hace el verdadero acompañamiento, yo sólo soy  un colaborador suyo, y  esto por gracia suya y no mía. El protagonismo es de las personas y de Dios, yo debo acompañar desde el anonimato y sin obstaculizar el encuentro.

Acompañar es ayudar a poner nombre de modo creyente  a las cosas de la vida y las vivencias de las personas.

Se trata de ponerse a favor de la humanidad: optando por personas concretas con historias personales y comunitarias. Conscientes de que todos estamos tocados por la debilidad y el sufrimiento, que no podemos dejar de esperar en el otro y que tenemos que amar por encima de las respuestas que el otro quiera  o pueda dar. Nunca nada se puede dar por perdido, porque creemos en Dios “creador desde la nada”.

Acompañar supone orar y celebrar desde las personas; el alimento fundamental de mi espiritualidad sacerdotal es el alimento de la vida y de los procesos de las personas con las que camino, Dios no te deja sin comer ni un solo día y la Palabra es la que ayuda a digerir, como único jugo gástrico, todos los hechos y acontecimientos,  a veces de gloria y resurrección y otros de debilidad y cruz, aunque siempre todos en clave de esperanza y confianza en el Padre. Mi paga es mi propio trabajo: el Evangelio.

En este acompañar no puedo sino ser testigo de la resurrección de Jesucristo en la vida y en el nombre de los militantes. Puedo parecer “pesado y obsesionado” con lo que cuento, pero cómo me gustaría que mis compañeros estuvieran presentes  en muchísimos momentos que yo vivo con gente concreta, para que “vieran lo que yo estoy viendo” y sentir lo que yo siento como cura y cómo me alimento de aquello mismo que me va cansando y agotando, pero con gozo.

LA EXPERIENCIA DE LA ACCIÓN CATÓLICA Y EL SER DE LA IGLESIA

He sentido que la cuestión de la Iglesia es permanente en el movimiento y en los militantes, entra en sus proyectos de vida como el aspecto de la familia, el estudio o la profesión: “¿Cómo ser Iglesia y en la Iglesia en la fidelidad al Padre?”.

En el camino recorrido confieso que en el movimiento los militantes y yo mismo descubrimos y experimentamos la Iglesia que está a favor de la construcción de la persona y apuesta por sus procesos de libertad y salvación. Se experimenta la fraternidad propia de la comunidad cristiana en el seno de los grupos y del movimiento en general.

Se asume como propia la misión evangelizadora de la Iglesia en  medio del mundo y sus ambientes, es verdad que no hay más carisma que la misión evangelizadora de la Iglesia tal cual desde sus propias estructuras parroquiales y/o diocesanas. Es verdad que no son “clericales”, incluso sienten cierto rechazo a esos modos, pero si quieren ser eclesiales.

Sí siento la dificultad de una Iglesia que le cuesta entender a estos movimientos y darles espacios de acogida donde puedan respirar a gusto, celebrar, compartir….. Me duele  el prejuicio y la sospecha y la dificultad que estos elementos dan para que desarrollen la dimensión eclesiológica de la fe en sus procesos personales y comunitarios. Veo como estas situaciones se hacen circulares y  a veces provocan en los mismo movimientos recelos y sufrimientos en  los sentimientos de su ser iglesia.

Soy testigo de que los cristianos adultos que nacen de estos procesos son después laicos que están dispuestos a trabajar en la Iglesia, parroquia  y diócesis,  y a potenciar en ellas elementos muy valiosos adquiridos en sus procesos, desde la metodología hasta la pedagogía, aunque no les es fácil integrarse en los ámbitos parroquiales.

Estos cristianos son personas que traen sus ganas de programar, proyectar, con objetivos, medios, revisión, y que son capaces de hacer camino con otros para llegar a la meta, teniendo el cuenta el punto de partida de cada uno. Quieren hacerlo como cristianos adultos y críticos, quieren vivir desde este ser la comunión con el obispo y lo que representa, así  como con el cristiano que viene de recorridos muy distintos al propio. A veces estas opciones suponen sufrimiento y cruz en los militantes.

Esta experiencia me mueve a encontrarme con los compañeros siempre que puedo para trabajar en estas claves y animarnos en procesos semejantes entre nosotros y con los demás.

Soy testigo de que el rostro de iglesia que ofrecen estos cristianos en sus medios es respetado y  rompe esquemas llenos de prejuicios y de historias pasadas  y acumuladas que piden novedad.

MOVIMIENTOS DESDE LA PEGADOGÍA DE LA ACCIÓN Y DE LA FE PARA LA MISIÓN EVANGELIZADORA

La clave de la “Acción” qué poco entendida cuando se separa de todas las dimensiones de la fe como un apartado distinto o sólo en el terreno de las consecuencias de la vida como creyente, ¡si aprendiéramos a integrarla como camino de fe y experiencia de salvación en la que Dios se nos revela provocando nuestra fe y nuestra confianza en él!

En la mística de la acción  los movimientos me han ayudado a profundizar y creer en las tres claves  fundamentales de la teología cristiana que han de configurar toda pastoral y toda experiencia de fe: ENCARNACIÓN:

Formar parte del mundo  y amarlo. Me ha interpelado a salir del “rol” de cura y desarrollar mi sensibilidad de ciudadano, de compañero de los otros, me ha hecho realmente más “secular”.

Me gusta la forma de analizar y ver lo que está pasando y lo que “nos” está pasando.

¡Qué revelación  ha sido la experiencia de acompañar y seguir a aquellos que se lanzan a la realidad movidos por el Espíritu para construir el Reino de Dios y su justicia, sin condenar la realidad sino apostando por ella y aceptando todos los signos que el Espíritu pone a nuestro alcance para caminar con ellos!

¡Qué gozo escuchar y entender la palabra de Dios desde retazos vivos de experiencias de personas, grupos, acontecimientos, sentimientos, logros, fracasos, esperanzas, desánimos, aciertos, ilusiones, utopías…! Proclamar  una palabra de Dios encarnada en la comunidad y en el mundo, aquello de que “lo que el Evangelio dice no es verdad por que lo dice el Evangelio, sino que el Evangelio lo dice porque es verdad”.

LA COMPASIÓN Y LA CRUZ:

?  Creo que los militantes se están  haciendo creyente con una convicción básica: en el mundo no se puede evangelizar si no se entra en ese proceso de hacer propio los sentimientos de los otros, sus esperanzas  e ilusiones así como sus tristezas y penas. El descentramiento, que supone la pérdida de lo propio para que los otros sean nuestro centro. La alteridad compasiva. Perder para que todos tengan vida. Soy testigo de:

√       Servicios desde la entrega y el sufrimiento.

√       La alegría de que a veces en el compromiso público: “la voluntad del Padre alguna vez coincida con la nuestra”.

√       La aceptación e integración del fracaso como elemento de salvación y liberación: “nosotros no ganamos nunca”.

√       La opción por los pobres como un elemento de desarrollo de la verdadera libertad y llamada permanente a la conversión. De aceptar que esta es la perla mayor que se puede encontrar y que es la que nadie nunca te puede quitar.

√       Cómo hemos aprendido a leer en creyente situaciones de pecado y de muerte.

√       Dificultad y dolor en los procesos personales; también en las rupturas.

√       El dolor desde la Iglesia y por la Iglesia en medio del mundo.  o

LOS SIGNOS DE LA RESURRECCIÓN:

Ya he apuntado algo de este punto  porque no pueden separarse de los anteriores, la resurrección está como semilla en todo, y como levadura en medio de la masa, y como trigo junto a la cizaña. Saber mirar el rasgo de resurrección que apunta en todo lo que vivimos  y tocamos en fundamental, y especialmente cuando nos encontramos con la cruz.  Desde mi experiencia considero que los consiliarios somos unos privilegiados al acompañar los procesos de los militantes y ver como Dios va trabajando desde el Espíritu del Resucitado tanto en la comunidad como en las historias de las personas concretas. A esto me refería cuando hablaba del alimento diario que Dios nos va dando en la vida y que después celebramos y comulgamos en la Eucaristía.

Procesos admirables, aunque den la sensación “de que  caben en un coche”,  no valen los libros para poder narrar lo que es la vida que nace de estos procesos y de lo que provocan en el mundo: ¿Cómo medir la fuerza del resucitado en las personas? ¿con qué criterios? ¿Cómo no convertirse cuando lo que acompañas te sobrepasa y te admira? Aquí me dan ganas de poner nombres y nombres… o incluso uno solo y ahí podría estar tiempo y tiempo…. porque hay tanto de admirable, de inédito, de amor….que a veces un gesto necesitaría de mucho silencio y contemplación para recibirlo cómo se merece.

Desde los caminos que voy recorriendo y con las herramientas que trabajamos considero que lo más grandioso que vamos haciendo desde la vida es ir aprendiendo a ver las señales del Resucitado, apostar por ellas e implicarnos a su favor, proclamarlas y gritarlas  sin parar, enseñar a otros a verlas y leerlas, y alimentarnos de ellas para no desfallecer nunca cuando venga la dificultad y la oscuridad.

Son signos de resurrección todo lo que los militantes hacen: o Desde el compromiso serio a  favor de los otros en la construcción de la sociedad.  o Desde los sentimientos de Cristo y su Evangelio.  o Sintiéndose Iglesia   y   apostando por construirla desde el protagonismo laical.

Categorías:General
  1. Aún no hay comentarios.
  1. No trackbacks yet.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: