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Tema 1 Una nueva humanidad

FICHAS DE TRABAJO DEL RETIRO NACIONAL PARA LAICOS DE ACCION CATOLICA EN QUERETARO junio 2007

Pbro Nicolas Valdivia, Asistente Eclo Junta Nacional.

“DISCÍPULOS DE JESUCRISTO Y MISIONEROS DE LA I6LESIA DESDE LA ACCIÓN CATÓLICA”

TEMA 1 UNA NUEVA HUMANIDAD

Examen

–  ¿Es importante la persona del Señor en mi vida? ¿Influye de algún modo en mis opciones, decisiones o pensamientos? ¿Le tengo presente en las diferentes situaciones en las que me encuentro?

–  ¿Soy consciente de lo que el Señor ha conseguido hacer en mi vida? ¿Valoro lo que el Señor ha ido construyendo en mi vida interior?

–  ¿Me fío de Dios, de su Palabra? ¿Creo de verdad que Él puede sanar todas mis deficiencias y limitaciones? ¿Sé que mis fuerzas no van a bastar para superarlas?

–  ¿Dejo que el Señor me exija? ¿Estoy dispuesto a darle lo que me vaya pidiendo? ¿Sigo poniéndole ‘peros’ o condiciones a sus exigencias?

–  ¿Soy apostólico? ¿Tengo afán real y práctico por hablar de Dios, y acercar a los que me rodean al Señor? ¿Pido a Jesucristo por ellos? ¿Ofrezco sacrificios por esta intención?

–  ¿Me acobardo a la hora de hablar con claridad de Cristo? ¿Qué dificultades reales encuentro? ¿Me busco excusas para no tener que ‘complicarme la vida’?

–  ¿Creo que el Señor ha venido a salvar también a aquellos con los que convivo aunque ellos no lo vivan así? ¿Confío que Cristo puede recrear la vida de todos los hombres, incluso de los que parecen más lejanos?

–  ¿Busco a María como medianera de todas las gracias? ¿Le confío mis inquietudes? ¿Le pido ayuda para avanzar en el camino de la santidad personal que el Señor quiere de mí?

Texto

El Concilio Vaticano II, al dar un nuevo impulso al apostolado de los laicos, tuvo la solicitud de afirmar que la primera, fundamental e insustituible forma de actividad para la edificación del cuerpo de Cristo es la que llevan a cabo individualmente los miembros dela Iglesia(cf. Apostolicam actuositatem, 16). Todo cristiano está llamado al apostolado; todo laico está llamado a comprometerse personalmente en el testimonio, participando en la misión dela Iglesia. Esopresupone e implica una convicción personal, que brota de la fe y del sensus Ecclesiae que la fe enciende en las almas. Quien cree y quiere ser Iglesia, no puede menos de estar convencido de la “tarea original, insustituible e indelegable” que cada fiel “debe llevar a cabo para el bien de todos” (Christifideles laici. 28).

Es preciso inculcar constantemente en los fieles la conciencia del deber de cooperar en la edificación dela Iglesia, en la llegada del Reino. A los laicos corresponde también la animación evangélica de las realidades temporales. Muchas son las posibilidades de compromiso, especialmente en los ambientes de la familia, el trabajo, la profesión, los círculos culturales y recreativos, etc.; y muchas son también en el mundo de hoy las personas que quieren hacer algo para mejorar la vida, para hacer más justa la sociedad y para contribuir al bien de sus semejantes. Para ellas, el descubrimiento de la consigna cristiana del apostolado podría constituir el desarrollo más elevado de la vocación natural al bien común, que haría más válido, más motivado, más noble y, tal vez, más generoso su compromiso.

Pero existe otra vocación natural que puede y debe realizarse en el apostolado eclesial: las vocaciones a asociarse. En el plano sobrenatural, la tendencia de los hombres a asociarse se enriquece y se eleva al nivel de la comunión fraterna en Cristo: así se da el “signo de la comunión y de la unidad dela Iglesiaen Cristo, quien dijo: “Donde dos o tres están congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos’ (Mt 18, 20)” (Apostolicam actuositatem, 18).

Esta tendencia eclesial al apostolado asociado tiene, sin lugar a dudas, su origen sobrenatural en la “caridad” derramada en los corazones por el Espíritu Santo (cf. Rm 5, 5), pero su valor teológico coincide con la exigencia sociológica que, en el mundo moderno, lleva a la unión y a la organización de las fuerzas para lograr objetivos comunes. También enla Iglesia, dice el Concilio, “la estrecha unión de las fuerzas es la única que vale para lograr plenamente todos los fines del apostolado moderno y proteger eficazmente sus bienes” (Ibid.). Se trata de unir y coordinar las actividades de todos los que quieren influir, con el mensaje evangélico, en el espíritu y la mentalidad de la gente que se encuentra en las diversas condiciones sociales, Se trata de llevar a cabo una evangelización capaz de ejercer influencia en la opinión pública y en las instituciones; y para lograr este objetivo se hace necesaria una acción realizada en grupo y bien organizada (cf. ibid.). Juan Pablo II, Audiencia General, 23-111-1994

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