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¿Somos cómplices?

¿Somos cómplices?

JUAN AGUILERA AZPEITIA

24 Julio 2011, http://www.am.com.mx

El lunes de la semana que acaba de terminar, el presidente de la Canaco León, Héctor Tejada Shaar, fue acompañado de su secretario por el rumbo del fraccionamiento Delta. Tan pronto detuvieron la marcha de su vehículo y a punto de bajarse aparecieron varios mozalbetes que los amenazaron y robaron sus pertenencias.

Casi al instante aparecieron varios funcionarios municipales, que tenían cita en el punto con el dirigente empresarial. La policía, que fue llamada, no tardó en presentarse.

Peinaron el área en busca de los asaltantes que no aparecieron por ningún lado.

Esto parece anécdota de lo cotidiano porque ya nos acostumbramos a que al amigo, pariente o a nosotros mismos nos saquen una pistola o cuchillo y se lleven el reloj, el bolso si se trata de una mujer, o la cartera. Puede el hecho ocurrir a cualquier hora del día.

¿Quiénes son los amantes de lo ajeno que así operan y han proliferado últimamente?

Se podrá decir que nadie sabe.

Falso. Sí son conocidos y en ocasiones por nombre y apellido; en su calle, manzana o colonia saben los apodos y hasta nombres de los hurtadores que de eso han hecho especie de oficio. Cuando atracan nada más corren a su casa y se meten con premura para ser amparados por la familia. La policía si no trae orden de cateo no puede entrar. Allí se queda el proceso persecutorio, con el nuevo sistema de justicia oral ya pronto podrá incursionar en esos ámbitos; por ahora no.

Los vecinos afirman discretamente: “están adentro, viven en esa casa”. Amparados por la familia los cacos se tornan intocables.

El ingeniero Tejada, al comentarme el hecho en el que él y su auxiliar fueron víctimas hizo una seria y muy pertinente reflexión en el sentido de que nosotros mismos, usted, yo, todos, en ocasiones resultamos cómplices de los rufianes. ¿Cuándo? Cada que adquirimos un objeto que no tiene una procedencia legítima.

Va usted a un tianguis, pregunta por el celular que está tirado con otros aparatos, el chacharero le provoca: “se lo dejo en cien, jefecita”. Si en la agencia vale cuatrocientos, lo toma y paga. Todavía el cómplice del pillo se lo activa.

Pero, aguarde. Cómplice el que vendió ¿y quien compró?

Es parte o sea somos cuando asumimos ese papel, de la misma cadena.

Va por la Nuevo León o la Ribera y le instan exhibiendo una computadora pequeña y ultramoderna. Le informa el que la porta que vale nueve mil; pero se la deja en dos. Es mucha la rebaja y tentación. Como no queriendo le ofrece mil y se la lleva.

Fue, pensará usted, una ganga. Sí, pero a costillas de la descomposición social porque usted está fomentando el hurto.

Por eso sostiene Héctor Tejada que si no adquiriéramos cosas robadas disminuirían los amantes de la rapiña; pero al que le sacaron del carro el acumulador, va adonde venden los ladrones, porque ya tienen una especie de entrego o sea quien les paga doscientos por esa batería. Allí la dan en cuatrocientos. Usted va y la adquiere. ¡Puede ser la misma que le saqueraron a su unidad!

O por decirlo claro: Cuando adquirimos cosas robadas nosotros mismos fomentamos el círculo vicioso.

Otra parte del problema resulta cuando los ladrones son sorprendidos in fraganti, o sea en el acto, el momento y los lleva uno al Ministerio Público.

A todo el mundo le espanta el entretenimiento en esos sitios, pero peor resulta cuando levantan el acta y le informan al quejoso que la denuncia no procede o que lleve las facturas de los objetos, si no es que “ya le devolvió sus cosas, no hay nada que perseguir”.

Sale el denunciante frustrado y lanzando pestes ya no contra el ratero sino lanzándoselas al funcionario ministerial. Hay casos en que usted le indica al agente del MP que ese hurtador es recurrente y que sí procede el seguimiento contra ese individuo (a), entonces le pueden decir que no se lleva un registro de esos hechos y por lo mismo es insostenible la aplicación de reincidencia. No se le podrá aplicar la ley.

Es una lástima que nuestra vida social se haya desquiciado pero es peor que nosotros mismos fomentemos estos aspectos de corrupción.

Y ¿sabe qué?

Hay actividades que contribuyen a que lo torcido siga perjudicándonos. Una de ellas son las llamadas casas de préstamo y empeño. No, por ahora no voy a referir lo que cobran de intereses, que son más que leoninos, comentaré simplemente que a ese sitio o esos lugares los ladrones llevan aparatos por los que les “prestan”. Los robaron, es presumible, si no llevan factura. Les dan un dinero y unos y otros saben, como lo sabemos también nosotros, que en ese sitio se quedará el objeto para que prontamente, al término del plazo, la casa que lo adquirió en prenda lo remate. Es obvio que tampoco dará al nuevo comprador, factura a menos que haga una ficticia.

Recapitulemos reiterando la idea de que no debemos adquirir cosas que a todas luces son robadas; no seamos cómplices de la rapiña.

Si usted tiene vecinos que se dedican a ese que ya hasta parece oficio, el de robar, repórtelos en forma anónima a la autoridad municipal para que sepa en dónde están las guaridas.

Categorías:Discapacidad
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