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La conversión, respuesta al don de Dios

La conversión, respuesta al don de Dios

Ernesto Bañueíos C.

Revista Acción Femenina, enero 2011

 

 

 

Es muy común que los jóvenes, e incluso nosotros, nos convirtamos en admiradores de un artista ya sea por su voz, por sus expresiones o por sus actitudes. Cuando, por ejemplo, escuchamos por vez primera a un/a cantante y su voz nos fascina, tratamos de escucharla una y otra vez. Esa voz sacude nuestra sensibilidad artística y nos convierte en admiradores de tal artista.

San Marcos así da principio a su libro: Este es el comienzo de la Buena Nueva de Jesucristo (Mar 1,1). Y esta Buena Nueva fue como un canto que atrajo la atención de muchos, primero a los discípulos de Jesús y después a una multitud que quedó fascinada por sus enseñanzas y sacudió su conciencia de tal modo que todos cambiaron su concepción de la vida y su actuar, haciéndose eco de lo que el Señor decía: El Reino de Dios está cerca; conviértanse y crean en la Buena Nueva {Mt 4^7).

CONVERSIÓN

Al tratar de entender lo que es la evangelización nos percatamos de que el primer paso en ella es la conversión. La conversión consiste en una renovación de la vida según el Evangelio; de un cambio interior, de convertir al mismo tiempo tanto la conciencia individual y colectiva de los hombres, como la actividad en que ellos están comprometidos, su vida y ambiente concretos para lograr una nueva humanidad con hombres nuevos.

La conversión es un proceso de la vida, no un acto momentáneo. Todo proceso supone una serie de acciones o fases sucesivas. San Pablo inició su conversión en el momento en que Cristo lo interpela: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? (He 22,7), pero su cambio fue progresivo, tuvo que preguntar: ¿Quién eres, Señor?, debió recobrar la vista por medio de Ananías y, aunque ya creía, se retiró a Arabia donde, probablemente durante tres años, moró en la soledad y la oración y tuvo mayor conocimiento del cristianismo, preparándose para su actividad futura.

PARA EVITAR LA SEPARACIÓN FE-VIDA

No basta tener el signo de la conversión -el bautismo- que la mayoría de nosotros ya lo tiene, es indispensable la vida y el desarrollo de ese signo. Puede suceder que tengamos mucho conocimiento de lo que el bautismo y los demás sacramentos; así tendríamos el saber, pero nos faltaría el vivir: la forma de pensar y de actuar como una opción definitiva de nuestra existencia.

Todo esto puede explicarnos la situación de indiferencia que constatamos en nuestra sociedad: personas bautizadas que no practican su fe, alejamiento de la vida religiosa, falta de interés frente a los acontecimientos religiosos, inasistencia a la misa dominical… hechos que, sin ser nuevos, sí se han incrementado.

EN CAMINO DE LA RESPUESTA

Cuando la Palabra de Dios transforme nuestro interior y cambie desde dentro a la humanidad en todos sus aspectos estaremos construyendo ya el Reino y dando respuesta al don de Dios, y también empezaremos nuestro trato con Dios en Jesucristo. En la evangelización no sólo vamos a predicar, sino vamos a tratar de transformar con la fuerza del Evangelio los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés, las líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la humanidad, que estén en contraste con la Palabra de Dios.^w

ebanuelosc@gmail.com

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