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El compromiso Cristiano

«EL COMPROMISO CRISTIANO»

Fuente desconocida

 

PROGRAMACIÓN.

 

Los objetivos de este bloque temático son:

· Descubrir la importancia del compromiso cristiano como elemento esencial de maduración en la fe

· Discernir sobre los dones (talentos) que Dios te ha dado

· Encontrar una comunidad eclesial desde donde pueda realizar mi compromiso

Para conseguir estos objetivos actuamos en los tres ámbitos educativos: intelectivo,

de actitudes y de habilidades.

* Contenidos cognitivos:

– Descubrir la doble vertiente eclesial y social de nuestro compromiso

– Valorar la doctrina social de la Iglesia

– Reflexionar sobre el “voluntariado”

* Actitudes:

– Generosidad manifestada en la disponibilidad y dedicación de tiempo

– Sensibilidad hacia los últimos

– Renuncia a una vida cómoda y centrada en los propios intereses

* Habilidades:

– Van a depender de la tarea que cada cual realice.

– En general creemos que las más necesarias son:

. habilidades sociales

. capacidad de organización

. capacidad de trabajo en equipo

 

Cristianos a la sacristía

“El cristianismo es una religión íntegramente espiritual, ocupada únicamente de las cosas concernientes al cielo: la patria del cristiano no es de este mundo. El cristiano cumple aquí con su deber, es cierto, pero lo cumple con una total indiferencia respecto al éxito o fracaso de los ciudadanos. Puesto que en esta línea no tiene nada que reprocharse, poco le importa que salga bien o mal lo de aquí abajo. Si el Estado florece o triunfa, apenas el cristiano goza entonces; teme enorgullecerse con la gloria de su nación; y si el Estado fracasa, Èl entonces bendice la mano de Dios, que así castiga a su pueblo” ( ROUSSEAU, Contrato social)

 

 

El reino de Dios comienza en la tierra. El cristiano es ciudadano del cielo y de la tierra. Y  no llegaremos a ser íntegramente ciudadanos del cielo, mientras no lo hayamos sido de la tierra. Hemos de superar toda espiritualidad de evasión que no se interesa por los problemas que nos rodean. No podemos evadirnos del mundo y de las responsabilidades anejas a este ser ciudadanos en la tierra.

 

CUÁLES SON HOY LAS RESPONSABILIDADES MÁS URGENTES DE LOS CRISTIANOS

Responder a este interrogante supone tener una conciencia clara de las necesidades de los hombres, del mundo, de la Iglesia. A nuestro lado, en la vida cristiana constatamos una serie de actitudes muy diversas: mientras existen cristianos que intentan vivir un compromiso serio, hay también quienes viven en una total indiferencia frente a los problemas que plantea la sociedad. Quizá la gran  responsabilidad que tenemos todos, es: permanecer cristianos, sentirnos cristianos, avivar nuestra fe y tratar de que incide en la vida diaria. La Nota del Espiscopado Español sobre La Iglesia en el momento actual dice: “Son patentes las responsabilidades de la comunidad cristiana en estas circunstancias; por ello importa clarificar el modo de ejercerlas, en fidelidad a la misión propia de la Iglesia y en bien del pueblo al que sirve”.

 

Notamos en estas palabras una doble dirección. Nuestros obispos hablan de fidelidad a la Iglesia y de  fidelidad a los hombres. Hablemos pues de la doble responsabilidad de los cristianos en nuestros días: edificar la Iglesia y construir la ciudad terrena.

1.- RESPONSABILIDADDE EDIFICAR LA IGLESIA

Debemos ser y sentirnos hijos de de la Iglesia, amarla como es, con sus defectos y arrugas, con sus limitaciones; amar a la Iglesia histórica, la que nosotros somos y formamos con los pastores que hoy el Espíritu ha puesto para presidir y guiar nuestra comunidad. No se trata de amar a la Iglesia ideal, la Iglesia de Cristo y del Evangelio, sino de amar a esta Iglesia, la nuestra, la que hoy vive y peregrina en  nuestro mundo.

Esto no significa de ningún modo que no pueda existir en los creyentes una actitud crítica serena y filial; la crítica de quien, viendo los defectos e infidelidades en la Iglesia, no olvida  que él mismo es infiel al Evangelio, y por tanto pone su crítica con un espíritu de humildad que comprende y comparte la misma fragilidad humana. Ser fieles a la Iglesia significa, especialmente, ser fieles a su misión, que es misión evangelizadora; significa, por tanto, el compromiso por edificarla, por llevar a los hombres su mensaje de salvación. Ser fieles a la Iglesia significa, pues, ser apóstoles. Todos los cristianos están llamados a ser apóstoles. Su origen se encuentra en la misma vocación cristiana que lleva consigo una respuesta al seguimiento de Cristo. Y es el bautismo quien impulsa al creyente a una labor apostólica. Como dice el Concilio Vaticano II: “los seglares tienen su papel activo en la vida y en la acción de  la Iglesia… Su obra dentro de las comunidades de la Iglesia es tan necesaria que sin ello el mismo apostolado de los pastores muchas veces no puede conseguir plenamente su efecto” (AA, 10).

 

Este mismo documento del Vaticano II habla de la necesidad de un apostolado individual que surge espontáneamente de la vida. Los seglares tienen su papel activo en la vida y en la acción de la Iglesia… Su obra dentro de las comunidades de la Iglesia es tan necesaria que sin ello el mismo apostolado de los pastores muchas veces no puede conseguir plenamente su efecto (AA, 10). Auténticamente cristiana, y que se manifiesta en el testimonio de fe, de esperanza y de caridad. Pero exhorta también encarecidamente a que los fieles ejerzan el apostolado uniendo sus esfuerzos. “En las circunstancias presentes, es en absoluto necesario que en el ámbito de la cooperación de los seglares se robustezca la forma asociada y organizada del apostolado, puesto que solamente la estrecha unión de las fuerzas puede conseguir todos los fines del apostolado moderno y proteger eficazmente sus bienes” (AA., 18).

En estos momentos, junto con la desaparición de algunas organizaciones apostólicas, asistimos a un florecimiento de asociaciones surgidas para el apostolado. Una se proponen el fin general apostólico de la Iglesia; otras intentan fines específicos de evangelización, santificación, animación cristiana de orden social, obras de caridad, etc.

Algunas han nacido del carisma de un santo fundador y poseen ya los cauces y estructuras convenientes para desempeñar su apostolado. La finalidad del apostolado, tanto individual como asociado, es ciertamente servir a la misión de la Iglesia. El apóstol busca el crecimiento y edificación de la Iglesia; intenta “hacer Iglesia”. Las diversas asociaciones no pueden tener intereses privados, particulares; no pueden hacer “capillismos”. Esto no es espíritu eclesial; esto no sería servicio a la Iglesia, y por tanto, no sería tampoco verdadero apostolado. Una constante de los grandes santos  y fundadores de movimientos apostólicos es precisamente su amor a la Iglesia y su afán por servirla. Fueron siempre “hombres de Iglesia”.

 

Don Bosco estuvo siempre al servicio de la Iglesia y puso todos los grupos de su Familia a su servicio total. “Todo esfuerzo es poco cuando se trata de la Iglesia y del Papado”,   decía (MB, V, 577).

De la Asociación de Cooperadores Salesianos declaró expresamente: “Su verdadera y directa finalidad no es la de ayudar a los salesianos, sino la de dar una ayuda a la Iglesia, a los obispos, a los párrocos, bajo la dirección de los salesianos, en las obras de beneficencia, como son los catecismos, la educación de los jóvenes pobres, etc. Ayudar a los salesianos no es sino ayudar a una de tantas obras que se encuentran en la Iglesia católica” (MB, XVII, 25).

 

2.- RESPONSABILIDAD DE CONSTRUIR LA SOCIEDAD TERRENA

El cristiano no puede vivir ausente de los acontecimientos de la sociedad a la que pertenece. Todos debemos buscar la verdad en la vida individual y colectiva, la justicia en las relaciones sociales, la promoción de los derechos humanos, etc. Todos los cristianos debemos colaborar para construir una sociedad más justa, más humana, más responsable y solidaria con las necesidades de todos los hombres. La vida presente es para el cristiano el tiempo de su crecimiento y madurez, no sólo en el aspecto individual sino también en el social, ya que la sociedad bien organizada es una condición indispensable para la promoción humana. El cristiano sabe que el fin de su vida será juzgado por lo que haya hecho hacia todos los que han tenido necesidad de sus obras y su generosidad. Sabe también que la actividad humana individual y colectiva, el conjunto de sus esfuerzos para lograr mejores condiciones de vida, responde a la voluntad de Dios, pues de Dios recibió el mandato de transformar el mundo, No puede existir un divorcio entre fe y vida. Si la fe incide en la vida, evidentemente impulsará al cumplimiento de las tareas propias de cada creyente. Descuidarlas sería dejar empolvada y adormecida la fe. No podemos establecer una separación y dicotomía entre nuestros deberes profesionales y sociales por  una parte, y nuestra vida religiosa por otra. tareas temporales, sin darse cuenta que la propia  es un motivo aun más perfecto cumplimiento de todas ellas, según la vocación personal de cada uno” (GS., 43). No puede existir un divorcio entre fe y vida. Si la fe incide en la vida, evidentemente impulsará al cumplimiento de las tareas propias de cada creyente. Descuidarlas sería dejar empolvada y adormecida la fe. Y por esto podemos entender las palabras del Concilio que a muchos pudieran parecer duras:

“El cristiano que falta a sus obligaciones temporales, falta a sus deberes con el prójimo, falta sobre todo a sus obligaciones para con Dios y pone en peligro su eterna salvación” (GS., 43)

No podemos establecer una separación y dicotomía entre nuestros deberes profesionales y sociales por una parte, y nuestra vida religiosa por otra. El cristiano tiene que poner su vida al servicio de la ciudad temporal, del mundo al que debe cristianizar con el testimonio de su acción. Y en este servicio cada uno tenemos nuestras obligaciones. Todos debemos tener como anhelo mayor “el servicio con creciente generosidad y con suma eficacia a los hombres de hoy” (GS., 93), cooperando con los que aman y practican la justicia a  cumplir su ingente tarea en la tierra. El Concilio invita a todos los cristianos a tomar parte activa en el movimiento económico social, a luchar por una mayor justicia y caridad, a contribuir con el propio trabajo y la propia persona al bienestar de la humanidad y a la paz del mundo. Los cristianos todos debemos adquirir conciencia de la vocación que nos corresponde en la comunidad política; en virtud de esta vocación estamos obligados “a dar ejemplo de sentido de responsabilidad y de servicio al bien común” (GS., 75).

Como señalaba uno de los obispos en el aula conciliar, “el reino de Dios comienza en la  tierra”. El cristiano es ciudadano del cielo y de la tierra. Y no llegaremos a ser íntegramente ciudadanos del cielo, mientras no lo hayamos sido de la tierra. Hemos de superar toda espiritualidad de evasión que no se interesa por los problemas que nos rodean. No podemos evadirnos del mundo y de las responsabilidades anejas a este ser ciudadanos en la tierra. El Concilio invita a todos los cristianos a tomar parte activa en el movimiento económico social, a luchar por una mayor justicia y caridad, a contribuir con el propio trabajo y la propia persona al bienestar de la humanidad y a la paz del mundo Para la reflexión

personal y de grupo

 

* En tus actuales circunstancias: ¿cuál es el compromiso al que puedes responder con

responsabilidad?

* En tu futuro, ¿qué campo de apostolado crees más apropiado a la vocación a la

que Dios te llama?

* ¿Qué dificultades presenta nuestro mundo actual para el desarrollo de nuestra tarea pastoral?

* ¿Te preocupa seriamente la gente joven? ¿Qué hacer por ellos?

 

 

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Categorías:Laicos
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