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Santísima Trinidad, Orar en el mundo obrero

C. Permanente HOAC                    Orar en el mundo obrero                          Santísima Trinidad

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ORAR EN EL MUNDO OBRERO

SANTÍSIMA TRINIDAD (19 junio 2011)

La Tri-unidad Divina es el misterio inefable de Vida/Amor

que nos hace ser, nos sostiene,

nos acaricia y nos entraña a todos, juntos,

como hijos/as y hermanos/as.

VER

“Si hay un dios que adoran políticos, economistas y muchos sindicalistas, ese dios es el de la competitividad. Cualquier persona con dos dedos de cabeza sabe, sin embargo, en qué se han traducido, para la mayoría de quienes están aquí, las formidables ganan­cias obtenidas en los últimos años en materia de competitividad: salarios cada vez más bajos, jornadas laborales cada vez más prolongadas, derechos sociales que retroceden, precariedad por todas partes.

No es difícil identificar a las víctimas de tanta miseria. La primera la aportan los jóvenes, que engrosan masivamente nuestro ejército de reserva de desempleados…

La segunda víctima son las mujeres, de siempre peor pagadas y condenadas a ocu­par los escalones inferiores de la pirámide productiva, a más de verse obligadas a cargar con el grueso del trabajo doméstico. Una tercera víctima son los olvidados de siempre, los ancianos, ignorados en particular por esos dos maravillosos sindicatos, Comisiones y UGT, siempre dispuestos a firmar lo infirmable. No quiero olvidar, en cuarto y último lugar, a nuestros amigos inmigrantes, convertidos, según las coyunturas, en mercancía de quita y pon. Estoy hablando, al fin y al cabo, de una escueta minoría de la población: jóvenes, mujeres, ancianos e inmigrantes” (Carlos Taibo, Intervención en la manifesta­ción del 15 mayo en la Puerta del Sol, en Redes Cristianas 21/5/11).

En la oración nos engolfamos (Teresa de Ávila) en la Comunión de Vida/Amor de Dios, a la vez que nos engolfamos en la avenida andante de la sociedad humana. Porque Dios es indisociable de la humanidad y acoge y recoge los clamores por la dignidad y la justicia de los empobrecidos.

La oración es comunicación con el Dios Vida/Amor en la creación y promoción de vi­da/amor en nuestra sociedad.

Comulgando con quienes anhelan y labran un futuro más humano, comulgamos también, en Jesucristo, con el Dios de la Comunión Trinitaria.

Testimonio (compartido por Pepe Mairena en la reunión de Consiliarios de Anda­lucía el 29/4/2011)

  • En la parroquia, desde Pastoral Obrera, se pone en marcha una Plataforma de Para­dos del Polígono Sur (Sevilla).
  • Se desarrolla un Centro de Interés sobre cómo está afectando la crisis económica a las familias del barrio, después de realizar una encuesta domiciliaria.
  • El día 14 de abril tuvo lugar otro Centro de Interés, Prisión y Familia, sobre la nueva ley penal.
  • Se invitó a una Revisión de Vida a toda la parroquia; participaron unas 40 personas.
  • Se está preparando un cómic sobre la crisis económica.
    • Comunicación en las reuniones de arciprestazgo de realidades del mundo obrero y de la Pastoral Obrera.

CREDO   (María E. Sánchez, MJ noviembre 2088)

 

Creo en Dios Padre-Madre Todocompasivo Creador de todas las galaxias, los átomos y la vida toda.

Creo en Jesucristo, su único Hijo, quien desde siempre era el Verbo, que asumió la historia humana en su propia carne y espíritu.

Creo que con pasión amorosa se ha identi­ficado

con cada uno de las mujeres y los hombres que han habitado

y habitarán el mundo creado.

Y quien como un don gratuito se encarnó en María de Nazareth.

Creo que asumió la historia desde sus en­trañas venciendo con su amor

el mal, el dolor y el poder de la muerte, hasta morir en una cruz,

asesinado por los poderosos de este mundo. Creo que resucitó acogido por la ternura infinita del Todo-

Creo que el amor de Dios Padre-Madre y

de Jesús es su Espíritu,

que se ha derramado sobre toda carne, que es generador de vida y que habla

proféticamente a través de los hombres y mujeres que lo

escuchan.

Creo en la comunidad cristiana,

red de seres vulnerables que, agradecidos,

acogen el don de la salvación

y se empeñan en construir la fraternidad

aquí y ahora. Creo que el testimonio de los primeros

discípulos se ha comunicado hasta nosotros.

Creo que el género humano y la creación

entera serán gloriosamente transfigurados.

 

PALABRA DE DIOS

Juan 3, 16-18

Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que tenga vida eterna y no perezca ninguno de los que creen en él. Porque Dios no mandó a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. Al que cree en él no se le juzga; el que no cree, ya está juzgado, por no haber dado su adhesión al Hijo único de Dios.

PARA ENTENDER LA PALABRA

Jesús habla con Nicodemo, maestro de la Ley, al que Jesús intenta iniciar en la nueva alianza de amor gratuito e incondicional del Pa­dre a todos. Alianza hecha realidad en el envío de su Hijo amado, hecho humano en Jesús. Alianza de vida y de salvación, no de juicio con­denatorio. Una vida plena, eterna en su realidad cualitativa e imperecedera en el tiempo.

Es una oferta gratuita y universal, de total generosidad, sin más exigencia que la de ser acogida en libertad. Si alguien es juzgado, lo será solamente por él mismo, por negar, con consciencia plena, su adhesión a Jesús y a su evangelio de salvación. No basta decirme: “¡Señor, Señor!”… hay que poner por obra el designio de mi Padre del cielo (Mt 7,21).

Lo fundamental y Fontal es el amor de Dios manifestado humanamente en Jesús y derramado por el Espíritu. Una relación personal de hijos del Padre en el Hijo Jesucristo por el Espíritu; que genera comunión/comunidad/familia de hermanos y hermanas; y que ha de expandirse hacia todas las personas, especialmente las necesitadas (pobres) de amor, justicia y dignidad. Un amor con Dios y con las personas de amistad íntima y en­trañable, y a la vez difusora de vida humanizadora y feliz.

Este amor de Dios en Jesucristo por el Espíritu no es una palabra, una doctrina o un sentimiento. Es el mismo Dios Trinitario dándose, abrazándonos en su propia comu­nión de vida y amor. Jesús nos une, nos hace un solo cuerpo con Él para compartir con nosotros su experiencia de Hijo amado del Padre: en Jesús somos hechos (adoptados) hijos en el Hijo. Es el Espíritu, el Amor que comparten el Padre y el Hijo, quien derrama el amor en nuestro corazón, que prorrumpe en la palabra más honda y tierna de un hijo a su padre: ¡Abba, Padre! (cf. Rm 5,5; 8,16).

Es una vida plena vivida en el amor, la confianza, la libertad, la justicia, la alegría, la paz…

La mayor dignidad humana imaginable es la de ser, reconocerse y vivir como hijo/a de Dios y reconocer/ser reconocido por los demás como hermano/a.

Esta conciencia de la dignidad personal propia y ajena está por encima de cualquier condicionamiento exterior, por negativo que sea. La conciencia de la dignidad de hijos de Dios y hermanos impulsa la reivindicación de la dignidad humana de todas las personas, especialmente de las empobrecidas y deshumanizadas. Un cristiano no tiene más remedio que tratar a todos como hijos de Dios y hermanos, hacer que todos vean reconocida su dignidad personal y alumbrar en ellos la conciencia y experiencia de ser hijos/as de Dios.

La verdadera prueba del amor de Dios es Jesús, el Hijo, enviado para dar vida y salvar. No es ésta una afirmación doctrinal o mitológica. Es la historia real de la vida de Jesús de Nazaret, el “hombre para los demás”. Jesús reflejó en su rostro el rostro mater-no/paterno de Dios; proclamó el proyecto de liberación, rehabilitación y reconciliación de parte del Padre; y realizó las obras del Padre de dar vida (luz, resurrección, dignidad, perdón, libertad, pan…).

Jesús nos amó hasta el extremo (Jn 13,1) de lavarnos los pies, como un esclavo; de sentarnos a la mesa para dársenos Él mismo en alimento, en comida y bebida, como ce­lebración real (sacramental) de su entrega a la muerte, por amor, en la cruz.

La prueba real que cada discípulo puede tener de este amor renovador es la expe­riencia personal de vida nueva, de verdadera resurrección, que vive desde el encuentro personal y comunitario con Jesús Resucitado.

La muerte por amor de Jesús estaba preñada de vida, que floreció en su resurrec­ción. Si Jesús, víctima de tan hondo fracaso humano, ha resucitado, quiérese decir que Dios toma en serio todas las vidas y todas las muertes como la de Jesús, portadoras de humanidad nueva y verdadera.

En la oración ha de haber un tiempo de quietud apacible y placentera, de receptivi­dad graciosa de la ternura amante de Jesús, el Padre y el Espíritu. Podemos, en ver­dad, descansar en sus brazos de amor, como verdaderos hijo/as del Padre, herma­nos/as de Jesús, encendidos en el fuego de amor ardiente del Espíritu.

Pero, como en el monte de la Transfiguración, no podemos quedarnos allí, ni mirando al cielo (He 1,11). Hemos de bajar a la realidad dura y cruda de la vida de la gente pa­ra verter el agua viva del amor, la libertad, la justicia y la dignidad, que mana del co­razón mismo del Dios Trinitario.

De una y otra manera, vivimos, celebramos y comunicamos la Vida/Amor del Padre en Jesucristo por el Espíritu.

ACTUALIZACIÓN DE LA PALABRA

Cada persona puede vivir y experimentar la felicidad del amor de Jesús, que le abre a la intimidad filial con el Padre y al amor fraternal. Es una experiencia personal y comu­nitaria de amor que el cristiano siente, goza y expresa en relaciones de misericordia, jus­ticia y solidaridad. Es la verdadera acción salvadora de Jesús.

Dios no es un misterio inabordable, una entelequia, un ser abstracto aburrido y frío. Dios es una fiesta de amor.

Tampoco es Dios una experiencia intimista e ilusa que sobrevuela unas condiciones deshumanizadoras de vida, sino la experiencia gozosa de la propia dignidad personal y de la conciencia compartida de la dignidad de todas las personas.

¡Si todos los cristianos/as viviéramos y promoviéramos la dignidad suprema e in­violable de las personas, cambiaríamos rápidamente el mundo!

Dios es una “danza gozosa de amor”. Para “expresar la comunión de vida y la ex-pansión de amor y ternura que acontece en el Dios trinitario, los Padres griegos acuñaron un término técnico, pericoresis, que evoca la danza de la Trinidad… el movimiento eterno de amor con el que vibran las personas divinas, la vida que circula entre ellas, el abrazo de amor en el que se entrelazan” (Fl. Ulibarri, Conocer, gustar y vivir la Palabra, ciclo A, 211).

Nacemos del amor divino a través del amor humano y estamos llamados a realizar la vida en el amor interpersonal como fruto y expresión del amor divino.

“En el fondo de toda ternura, en el interior de todo encuentro amistoso, en la soli­daridad desinteresada, en el deseo último enraizado en la sexualidad humana, en la en­traña de todo amor, siempre vibra el amor infinito de Dios” (Id).

La vida humana solamente se realiza en el amor. “Vivir, en última instancia, es en-trar en esa danza misteriosa de Dios y dejar circular su vida en nosotros” (Id, 212).

Para orar:

–          “Jesús es el gran icono de la desmesura del amor de Dios. Vamos a contemplarlo manifestándonos al Padre, revelándonos el nuevo rostro de Dios, creando inclusión, comunidad, inaugurando una manera nueva de vivir, amando hasta el fin, hacien­do luz en nuestra noche…” (Fl. Ulibarri, 213).

–          “Dejar circular la vida y el Espíritu de Dios entre nosotros… Si oramos en comuni-dad, nos agarramos las manos y en silencio sentimos lo que nos transmitimos y damos… Si oro solo, me siento unido a otras muchas personas, hermanos y herma­nas, que dejan circular la vida y el Espíritu de Dios” (Id).

“Jesús, Hijo del Padre, lleno de Espíritu Santo: Hoy, en nuestras comunidades, celebramos el misterio de Dios,

que tú identificabas como fuente de vida y bondad;

al que te sentías íntimamente unido como Hijo de su amor;

con quien compartías su Espíritu pacífico, absolutamente benévolo.

… Tu espiritualidad tenía como centro el Espíritu divino:

sintiendo por dentro el amor del Padre,

dedicándote a dar vida a los que no la tienen:

buena noticia a los pobres, vista a los ciegos, libertad a los cautivos y oprimidos. … Sintiéndonos habitados por tu Espíritu,

sentimos el amor incondicional de Dios,

percibimos tu presencia en toda persona,

nuestra vida se centra en dar vida, como hacías tú. Jesús, Hijo del Padre, lleno de Espíritu Santo:

abre nuestro corazón al Dios del amor y de la paz;

que tu gracia, tu amor desinteresado, habite en nosotros;

que la comunión del Espíritu Santo nos lleve a

abrazar y besar a todos con el beso santo, sincero, de amor divino”.

(Rufo González, Homilética 2011/3, 298-299)

De mayo a mayo   (Daniel Serrano, El País 19/5/11)

“Y en su libro Algo va mal, Tony Judt abona la tesis de que, tras la apariencia transgresora del Mayo francés y sus diversas derivadas, latía un libertarismo de derechas perfectamente asumible por el sistema, un ideario en sintonía con el más feroz capitalis­mo. O la defensa a ultranza de lo individual frente a lo colectivo; de la sociedad fragmen­tada en intereses diferenciados (las mujeres por un lado, los negros por otro, la juventud como valor en sí mismo…) frente al con­cepto de bien común; de la tolerancia (prohibido prohibir) entendida como un relativismo que impide toda confronta­ción real. Franco Battiato también aportó su verso clarificador: Las barricadas se alzan / por parte de la burguesía / que crea falsos mitos de progreso.

… Está claro. El 68 acabó y lo que ahora está naciendo es algo bien diferen­te. ¿Pero qué? Seguramente, aunque el miedo a las ideologías impida a los im­pulsores de esta revuelta llamar a las cosas por su nombre, se trata de reinven-tar una socialdemocracia que ha renun­ciado a un programa de mínimos. O di­cho con total simplicidad, que la izquier­da vuelva a reivindicar, sin complejos, la autonomía del Estado, de la sociedad civil, de los electores, ante los designios implacables de los mercados.

Porque si los jóvenes que ocupan las calles braman lo llaman democracia y no lo es lo hacen con la sospecha de que, al final, los grandes partidos tienen políticas económicas casi equivalentes. ¿No es cierto? No del todo. Pero admitamos que tampoco falta razón a los indignados”.

Benedicto XVI:   Discurso al Congreso sobre la Mater et Magistra, 16/5/11

“Pero no son menos preocupantes los fenómenos vinculados a unas finanzas que, tras la fase más aguda de la crisis, han vuelto a practicar con frenesí contratos de crédito que a menudo permiten una especulación sin límites. Fenómenos de especulación dañina se comprueban también con referencia a los productos alimentarios, al agua, a la tierra, acabando por empobrecer aún más a aquellos que ya viven en situaciones de grave preca­riedad. De forma análoga, el aumento de los precios de los recursos energéticos prima­rios, con la consiguiente búsqueda de energías alternativas guiada, a veces, por intereses exclusivamente económicos de corto plazo, acaba por tener consecuencias negativas so­bre el medio ambiente, además de sobre el propio hombre.

La cuestión social actual es sin duda una cuestión de justicia social mundial… Es, además, cuestión de distribución equitativa de los recursos materiales e inmateriales, de globalización de la democracia sustancial, social y participativa”.

SALMO 132

Ved qué bueno es, qué grato convivir los hermanos unidos.

Como ungüento precioso en la cabeza,

que va bajando hasta la barba, la barba de Aarón,

que va bajando hasta la franja de su vestidura.

Como rocío del Hermón

que va bajando sobre el Monte Sión.

Porque allí manda el Señor la bendición: vida para siempre.

COMENTARIO (Schöckel-Carniti)

El salmo suena como una bienaventuranza: la experiencia dichosa de la vida familiar es un aceite perfumado que lo aromatiza todo y rocío copioso refrescante en medio del bochorno.

Para expresar la fraternidad de la comunidad nacional y litúrgica, el aceite aromático es el de la unción del sumo sacerdote (según Éxodo 30,22-33), con el que se unge y consagra tam­bién la tienda y el arca, el altar y el candelabro y los utensilios del culto. El ungüento va des­cendiendo desde la cabeza hasta el pecho, desde el sumo sacerdote hasta el pueblo. El “pec-toral” llevaba engastadas, en tres filas de a cuatro, doce piedras preciosas, cada una con la inicial o las letras de cada tribu. La comunidad de tribus, como una joya compuesta de pie­dras diversas en unidad armónica. Sobre ella desciende el aceite de la unción sacerdotal.

El rocío del Hermón desciende prodigiosamente sobre la explanada del templo, donde se congrega la comunidad. Un rocío celeste, traído desde la más alta montaña al monte elegi­do por Dios: así ha de ser la hermandad de los israelitas.

Allí, al templo, a la comunidad de hermanos unidos, el Señor envía su bendición: bendición que es vida, vida duradera. Una vida fragante, húmeda y fecunda. El amor fraterno es una bendición que atrae bendiciones.

No os dejéis llamar señor mío, pues vuestro maestro es uno solo, y vosotros todos sois hermanos (Mt 23,8).

Por nuestro medio Cristo difunde por todas partes la fragancia de su conocimiento, por­que somos aroma de Cristo ofrecido a Dios (2Cor 2,14-15).

Celebremos y revisemos, a la vez, nuestra vida de comunión eclesial, en el equipo, en la HOAC, en la familia, con los vecinos, con los empobrecidos En cada persona se re-fleja el rostro de Dios, de Jesucristo, como imagen de Dios, hijo/hermano. El equipo hoacista es la comunidad de hermanos/as que nos ha dado el Señor (Francisco de Asís: el Señor me dio hermanos) para vivir la comunión y difundirla en las víctimas del mundo obrero.

 

“¡Mirad cuánta fecundidad y alegría

en la amorosa unión de los hermanos…!

Es el agua más reconfortante para los caminantes fatigados. Es el fuego más vivificador para los peregrinos de la noche.

Es el perfume condensado

Es el fruto más maduro del árbol del espíritu.

Es la plegaria con más fuerza para golpear el silencio de Dios. Es… ¡Dios mismo, hecho cercanía, vida y canción!

¡Mirad qué bendición de bendiciones

 

La Trinidad, principio y fundamento de toda comunión

La comunión de bienes:

Rovirosa considera como referente al Padre:

–  lo comparte todo con el Hijo

–  crea con espíritu de pobreza, siendo espléndido en sus dones

–  nos ha dado incluso a su Hijo, no se ha reservado nada En la base está la virtud de la pobreza.

La comunión de vida:

El referente es el Hijo:

–  todo lo que es lo ha recibido del Padre

–  no desdeña llamar hermanos a los que el Padre le ha dado

-“se despojó de su rango… se hizo uno de tantos…, obediente…” En la base está la virtud de la humildad.

La comunión de acción:

El referente es el Espíritu Santo:

–  no es sino el amor del Padre y del Hijo

–  es actuación del Padre y del Hijo en nosotros

–  alienta a los diferentes para una tarea común En la base está la virtud del sacrificio”.

(Vivencia de la triple comunión en Guillermo Rovirosa, mecanogr.)

POEMA-ORACIÓN (P. Casaldaliga)

AL CRISTO DE LA TRINIDAD

 

 

Tus manos sobre los Pobres, por Ti llegados a Dios

y acogidos en familia

de igualdad comunitaria.

 

Tus manos en las del Padre, corriente de un mismo Espíritu.

Trinidad venida a menos para hacernos todo a todos. Manos/Casa,

Llagas/Pascua,

 

¡Uno y nuestro!

¡Trinidad que nos arrastra

 

 

 

 

 

 

Alas/Vuelo,

 

 

Tus manos en cruz, tendidas hacia las manos del Mundo, orillas del Tiempo Nuevo, Camino, Verdad y Vida.

lucha adentro, Pueblo adentro, con el Hijo,

pobre Hermano,

también muerto!

 

El “cariño, la calidad y calidez de las relaciones,

la oferta gratuita y generosa de uno mismo es lo que permite a una persona

moverse por lo eterno de la existencia, por la plenitud del ser humano

(R. Becerril, Homilética 2011/3, 295)

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