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Guía para la madre de un adolescente

Guía para la madre de un adolescente

Mónica Robles Santamarina

Revista Acción Femenina, mayo2011/año 78/956

 

 

Cuando pensamos en la adolescencia se nos vienen a la cabeza varias ideas: descontrol de las emociones, conductas de riesgo, rebeldía y desobediencia ante los padres, incomprensión, etc.. En general la percibimos como una etapa complicada y difícil, por la cual todos, incluyendo a nuestros propios hijos, se ha de pasar.

Sin embargo, la adolescencia es un tiempo crucial del desarrollo de cualquier persona, para alcanzar la madurez necesaria para convertirnos en adultos. Entraña importantes cambios físicos, de pensamiento, de la manera en la que nos percibimos a nosotros mismos y de cómo nos relacionamos con los demás. A pesar de las dificultades que conlleva, es necesario atravesar por ella.

Hoy pretendemos que se comprenda mejor y ofrecer algunos consejos prácticos para ayudar a nuestros hijos a atravesarla de la mejor manera posible, para así, llegar a convertirse en adultos maduros y responsables de sus propios actos.

¿CUANDO COMIENZA LA ADOLESCENCIA?

En general, empieza con la pubertad, proceso mediante el cual cualquier persona alcanza la madurez sexual y la capacidad para reproducirse. Para que se dé el inicio de la pubertad, tanto en hombres como en mujeres, transcurren alrededor de siete años. El proceso por lo común tarda cerca de cuatro años en ambos sexos y empieza aproximadamente dos o tres años antes en ellas que en ellos.

La edad promedio de entrada de los niños a la pubertad es de doce años, pero pueden empezar a mostrar cambios entre los nueve y los dieciséis años de edad. Las niñas, en cambio, comienzan a mostrar los primeros cambios relacionados con la pubertad entre los ocho y los diez años.

CAMBIOS CORPORALES, PSICOLÓGICOS Y SOCIALES

Todos conocemos los cambios físicos: “el estirón” de crecimiento, la maduración de los órganos reproductores, el engrasamiento de la voz, la menarca ( o primera menstruación), el crecimiento de vello en diferentes zonas del cuerpo, así como el aumento de peso y masa muscular son algunos de los cambios físicos que experimentamos todos durante este proceso.

Estos cambios corporales repercuten en los ámbitos psicológicos, de pensamiento y emocionales de todos los jóvenes. Es necesaria una adaptación a la nueva imagen corporal. Muchos adolescentes no se sienten contentos con su nueva imagen, no les gusta lo que ven en el espejo, lo que puede tener consecuencias como baja autoestima o los muy conocidos trastornos de la alimentación, sobre todo en las mujeres. >

Para que se produzcan estas modificaciones corporales, necesarias para alcanzar la madurez adulta, es indispensable que ocurran cambios hormonales en los jóvenes, los cuales repercuten en el estado de ánimo y en el comportamiento de los adolescentes. Las altas y bajas repentinas de humor repentinos, la atracción hacia el sexo contrario, el sentimiento de incomprensión, el aumento de agresividad, la rebeldía y las conductas de riesgo (consumo de sustancias prohibidas, actividad sexual temprana, etc..) son consecuencias comunes de las alteraciones hormonales.

El adolescente tiene que lidiar, día con día, con el hecho de que ya no se ve como era antes, que piensa y siente cosas de manera distinta y con la pérdida de interés en las actividades de la infancia. Experimenta confusión y dificultades para comprenderse a sí mismo y su nuevo papel dentro del mundo. Es importante que conozcamos el origen y desarrollo de estos fenómenos para comprender mejor a nuestros hijos y así poder ayudarlos en esta lucha.

En muchas ocasiones, debido a falta de conocimiento y experiencia, entorpecemos el paso de nuestros hijos por esta etapa, en lugar de ayudarlos en esta lucha interna y encauzarlos en el camino correcto.

¿QUÉ HACER CON NUESTROS HIJOS ADOLESCENTES?

Los padres hemos de definir, de común acuerdo, los límites, reglas y las consecuencias de no cumplirlas. El adolescente siempre se va a encontrar en una continua lucha entre sus deseos de autonomía e independencia y su miedo a los mismos. Nosotros como padres debemos ser muy claros y firmes en el momento de establecer límites y reglas para evitar aumentar su confusión.  De lo contrario, su sentimiento de confusión aumentará, lo que en vez de beneficiar a nuestros hijos, les hará más daño.

Hablar con nuestros hijos. El sentimiento de incomprensión es característico durante esta etapa. El adolescente se siente inseguro y, en muchas ocasiones, avergonzado tanto de los cambios corporales, como de las nuevas sensaciones y sentimientos que comienza a experimentar. Debemos, antes que nada, escuchar a nuestros hijos, darles oportunidad que nos hablen acerca de sus preocupaciones y cuestionamientos, y abrir las puertas a una comunicación adecuada. En ocasiones, sin ni siquiera darnos cuenta, somos nosotros mismos los que no permitimos que fluya la comunicación en nuestros hogares. Es necesario, entonces, fomentar la escucha atenta y comprensiva para aumentar así la confianza y mejorar las redes de comunicación entre los miembros de nuestra familia.

Evitar que existan temas tabúes. Lo que no se habla y aprende en casa, el adolescente lo aprenderá fuera de ella. Por ello es importante permitir que dentro del hogar se discutan temas como la sexualidad, las conductas de riesgo o el uso de drogas. Sólo así nos aseguraremos que lo que aprendan es lo adecuado, lo que los encaminará a tomar decisiones más informadas y maduras cuando lo requieran.

Ser pacientes y evitar reacciones desmedidas. No dejarnos llevar por emociones como la ira o el enojo en el momento de tomar decisiones sobre la educación de los hijos. Es importante mantener la calma y ecuanimidad, sobre todo en los momentos de crisis. Si explotamos y les gritamos a nuestros hijos, ¿cómo entonces podemos exigirles que no actúen de esta manera?

Reconocer lo positivo, no sólo castigar lo negativo. Muchas veces, nos enfocamos tanto en corregir las conductas y actitudes negativas, que nos olvidamos por completo de aplaudir lo positivo. El reconocimiento de sus logros, por pequeños que sean, ayudará a fomentar su autoestima y sentimiento de identidad.

Ser padres comprensivos, no amigos. Muchos padres se vuelven permisivos con el fin de evitar cualquier tipo de conflicto con sus hijos adolescentes. Al hacer esto caemos en un error casi igual de grave como el de ser completamente autoritarios e inflexibles.

No existe receta perfecta para educar a nuestros hijos adolescentes; sin embargo entre más nos demos a la tarea de conocerlos, comprender los cambios que viven y fomentar la comunicación y valores en nuestra familia, lograremos que atraviesen esta difícil etapa de la mejor manera posible.

Aunque existan casos más complicados que otros, todo adolescente pasa por un periodo de crisis durante esta etapa. En nuestras manos recae entonces la opción de ayudarlos o entorpecer su camino hacia la adultez..”

Categorías:JCFM, Mujer
  1. Gaby Zárate
    marzo 18, 2015 en 9:27 am

    Hola, necesito ayuda o un consejo tengo una hija de 14 años, creo que halamos, pero pues en mi afan de estar al pendiente de ella, le reviso su mochila, celular, facebook, messenger, etc, y me di cuenta que tiene novio, un niño de al parecer 16 años, ayer la fue a ver a la escuela y esto creo que va creciendo cada vez mas, lo conoció precisamente en nuestra parroquia, porque va entre semana a catequesis y los sabados imparte catecismo a niños con capacidades diferentes, pero creo que ahora quiere ir a la iglesia para ver al muchacho, ya hablé con ella y le dije que corria un riesgo y ella me dice que solo es un amigo, no se que hacer.

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