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Carta a tu niña interior

Carta a tu niña interior

Revista Acción Femenina, México,  Abril 2011-04-27

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Guadalupe Chávez villafaña

Querida amiga:

Pero, ¡qué seria estás! Desde hace tiempo veo que ya no tienes la alegría de hace años. Vas por la vida como si llevaras un gran peso en la espalda, como si hubieras perdido las ilusiones de niña y los sueños de juventud. ¿Te acuerdas de esos tiempos?

Reías y jugabas con tus primos y amigos. Te trepabas a los árboles, brincabas en los charcos y te empapabas bajo la lluvia. Imaginabas historias fantásticas en las que tú eras la heroína y luego me decías que cuando crecieras ibas a luchar para cambiar el mundo.

Esos sueños continuaron en tu adolescencia, en la que estudiabas con ahínco, esperando que lo aprendido te sirviera para trabajar en algo en que pudieras ayudar a los más necesitados.

Tenías entusiasmo, aspiraciones, energía y esperanza de lograrlo, y te esforzabas para hacerlo realidad.

Ahora eres una mujer adulta, madura, formal, seria, con enormes responsabilidades, una mujer que se toma la vida muy a pecho. Y quizás en parte no esté tan mal, pero…

Pero ya no eres la misma, ya no tienes el brillo de la alegría en tu mirada; ya no sonríes con la ilusión del futuro, ya no luchas con la misma esperanza.

¿En qué parte del camino lo perdiste?

¿En qué momento de la vida te perdiste?

En dónde dejaste olvidada a esa niña maravillosa que eras.

Sí, amiga, intenta recuperara tu niña interior, esa que te nutre de alegría; esa que te empuja a vivir con espontaneidad, sin preocuparte del “qué dirán”.

Y sobre todo, intenta recuperar la relación que de niña tenías en tu papá-mamá Dios, a quien todo le platicabas y en quien confiabas plenamente.

Además te pido que intentes alguna de esas “locuras” que tan feliz te hacían de pequeña: columpiarte libremente, sentarte en una banca del parque a disfrutar de un helado, correr descalza por el pasto, y, sobre todo, abrazar “con abrazos de oso” a tu marido y tus hijos y también a tus amigas y tías, y mamá… Sí, con esos abrazos que dabas cuando tenías cinco años.

Espero que recuperando esos pequeños momentos desaparezca tu seño fruncido y regrese tu sonrisa infantil.

Te quiere y mucho,

Tu niña interior que te habla desde tu propio corazón.

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