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Mujer, ¿quién eres tú? El arte de amar

Mujer, ¿quién eres tú? El arte de amar

Ma. Eugenia Díaz de Pfennich

No rehuyas lo bello ni lo terrible.

Rilke

Revista Acción Femenina, marzo 2011

Beatriz, comentaba en la reunión mensual con sus amigas cercanas: Siempre he buscado estar muy bien arreglada, verme joven y delgada, con buena ropa, sobre todo para agradarle a mi esposo, que es muy exigente, pero ahora con el pasar de los años, mi esposo no me toma en cuenta, mis hijos me consideran frívola y poco cariñosa y siento su indiferencia. Me pregunto: ¿qué he hecho mal? ¿Porqué me siento tan vacía, tan fracasada?

Beatriz no descubrió la belleza de ser mujer, de tener conciencia de su propia dignidad, de pensar en su misión. Leía sólo revistas, que hablaban de ser atractiva, ser exitosa socialmente, conservarse delgada… Todo eso no le dio sentido a su vida.

Encontramos en Proverbios 31, 30: ¡El encanto es engañoso, la belleza pasa pronto, lo admirable en una mujer es la sabiduría!

LLAMADA AL AMOR

Cada ser humano, por voluntad de su Creador, es único e irrepetible y su finalidad es lograr la realización plena, o sea, desarrollar totalmente sus cualidades y descubrir y vivir su proyecto personal. No podemos conformarnos con alcanzar metas aisladas.

La palabra Eva significa “fuente de vida, madre de todos los vivientes”. La mujer y el hombre son iguales en dignidad, pero con una misión diferente; complementaria, pero distinta. La mujer posee características naturales, corporales y psicológicas que la ayudan a cumplir con su misión que es comunicar la vida física y espiritual. Desde luego no es sólo tener hijos, es aportar a la humanidad ayuda a través de la ternura, la dedicación, la fuerza, la entereza, la luz, la comprensión y todos aquellos valores que nos presenta el Evangelio.

El ser humano está llamado al amor, ley fundamental que Cristo nos enseñó. La mujer tiene en sí, en su corazón femenino, la predisposición al amor. No cabe duda que algunas veces lo ofrece a personas indignas y puede toparse con grandes decepciones y fracasos, pero es mejor amar aunque ello conlleve peligro y fuente de sufrimiento que negarse a abrir el corazón. o#?

Para la mujer que naturalmente tiende a acoger y proteger la vida, el amor es una cuestión esencial y las mujeres creyentes encuentran en el amor a Dios la fuerza para amar a los demás. No hay amor a Dios que excluya al prójimo. Sin el amor presente en el mundo, el mundo sería un lugar de desolación y abandono. La mujer que da amor ejerce, por lo tanto, un poder y una fuerza que transforma y mejora todo lo que la rodea.

PROFUNDA SENSACIÓN DE FRACASO

El hombre necesita de la mujer para amar, para comprender, para que su vida tenga sentido, salga de la soledad y del egoísmo. La mayor discriminación de la mujer, consiste en negar la dignidad que ella recibió del Creador, es decir, eliminar la huella de su identidad. Esta discriminación limita a la mujer a lo temporal, a lo material. Considerar que la mujer es sólo bella y objeto de placer la encajona en una trampa donde no puede realizarse plenamente y cuando se acaba la juventud y llega la vejez hay una profunda sensación de fracaso.

Cuando celebramos en el mundo entero el Día Internacional de la Mujer, es indispensable valorar nuestra dignidad de mujeres cristianas y saber que nuestro trabajo por las mujeres, tiene sus raíces en el Evangelio. El mundo actual reclama la presencia y la acción de la mujer, que como María es consciente del lugar que ocupa, para construir un mundo más humano.

Cuando el hombre o la mujer se desentienden de su misión, algo hay que no funciona como es debido. Quedan sumidos en la oscuridad. Desentenderse de la vocación significa caminar a la deriva y determina un estado de enfermedad en el alma y una sensación de malestar que se manifiesta en el abatimiento, la tristeza y el hastío de la vida.

Por lo tanto difícilmente conquistará la mujer la posición que le corresponde con una actitud de rencor, enojo, agresividad… La mujer necesita adquirir la conciencia de sus verdaderos y propios valores y estar presente con paciencia, responsabilidad y amor en las distintas áreas de la sociedad. La mujer maternal puede contribuir a que muchos hombres se conviertan al bien y con tanta mayor eficacia cuanto más firmemente se valore a sí misma.

EL GENIO PROPIO DE TODA MUJER

El gran teólogo francés, Teilhard de Chardin, escribía sobre la mujer creyente lo siguiente: “La tierna compasión, el encanto de la santidad, que emanan de la Mujer tan naturalmente y que sólo se encuentran cerca de ella, es la presencia de Dios que se siente y que resplandece”.

En el libro de los Proverbios se destacan, desde hace miles de años, cualidades de la mujer fuerte: le tendió su mano al pobre, la abrió para el indigente, va irradiando salud y dignidad, mira con optimismo el porvenir, lo que dice es siempre muy juicioso, tiene el arte de transmitir la piedad. (Proverbios 31, 20,25,26…)

El sentimiento de amor a la humanidad es el genio propio de toda mujer. Capacidad para dialogar, llegar a acuerdos, construir la paz, vivir la justicia, ser solidaria con los necesitados, ser prudente, ser paciente, escuchar la Palabra de Dios y ponerla en práctica, son algunas de las cualidades naturales de la mujer que comunica vida a su alrededor. Estas cualidades naturales no se desarrollan sin voluntad, oración, disciplina y paciencia. Es, por lo tanto, indispensable también que el hombre valore y comprenda la misión de la mujer.

María Madre de la Misericordia es la Mujer por excelencia.  En su letanía la invocamos con las características propias de su ser femenino: Madre amable, Madre del buen consejo, Madre prudentísima, Virgen poderosa, Causa de nuestra alegría, Salud de los enfermos, Consoladora de los afligidos, Reina de la paz..

María ayúdanos a valorar y vivir con alegría nuestra misión en un mundo donde hace falta la presencia comprometida de la mujer. Aprender el arte de amar significa acompañar en sus penas y angustias, en sus alegrías y esperanzas a nuestra familia, comunidad y al mundo.

CUESTIONARIO PERSONAL:

1.         ¿Tienes alta autoestima y conoces tus dones naturales? No
2.         ¿Te aceptas como eres y deseas superarte? No
3.         ¿Lees con frecuencia la Biblia y acoges la Palabra en tu interior? No
4.         ¿Sabes dialogar y llegar a acuerdos? No
5.         ¿Enseñas a tus hijos, nietos, alumnos a ser amables y tolerantes? No
6.         ¿Frente a situaciones difíciles sabes controlarte y mostrarte paciente? No
7.         ¿Tienes algún compromiso voluntario (sin salario) como enfermera, catequista, trabajo con minusválidos, en la UFCM, etc.? No
8.         ¿Te preocupas por tu formación para superarte? No

 

Si contestaste Sí a todas, eres una persona excepcional que ayuda a cambiar el mundo.

Si contestaste Sí sólo a 4, necesitas seguir intentando mejorar.

Si contestaste Sí a menos de 4, haz un alto y pide consejo, haz oración y con la ayuda de Dios y disciplina te superarás.

Con la mentira suele irse muy lejos, pero sin esperanza de volver

Proverbio Judío

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