Autenticidad

SOMOS IGLESIA

Autenticidad

Adaptado del libro El aliento del alma,

Reflexiones sobre la oración de Joan Chittister.

Ed. Sal Terrae. Santander, España, 2010.

Revista Acción Femenina, marzo 2011

Todas tenemos falsos dioses en la vida y son muy difíciles de encontrar. Nos seducen con el poder, el dinero, la comodidad y el prestigio. Son las cosas a las que no podemos renunciar; las cosas sin las que no podemos pasar; las cosas con las que gritamos nuestra identidad al mundo para que los demás puedan saber lo importantes que somos.

Hacemos un dios incluso del papel que desempeñamos en la vida, o del puesto que ocupamos.

Hacemos un dios de la sociedad que hemos cultivado, en el sentido de quién nos invita, a dónde y a qué.

Hacemos dioses del dinero, de las insignificancias y las baratijas de nuestra vida.

Nos seducen el poder, Nos creemos buenas y no el dinero, la comodidad…      hacemos el esfuerzo de ir más allá

Aprendemos a hacer dioses incluso de las mismas prácticas religiosas y disciplinas espirituales que están destinadas a llevarnos a Dios. Creemos que si vamos a la iglesia con determinada frecuencia, rezamos determinadas oraciones, nos unimos a determinados grupos religiosos y damos un determinado diezmo, conocemos plenamente las profundidades de nuestra alma.

Y en todo ello desarrollamos una máscara. No sólo logramos que los demás no sepan quiénes somos realmente, sino que tampoco nosotros lo sabemos. No sólo engañamos a los demás acerca de quiénes somos verdaderamente, sino que con demasiada frecuencia también nos engañamos a nosotras mismas a ese respecto. Más aún, es frecuente que sólo pensemos en cosas superficiales, sin verdadero valor.

DEJAMOS DE CRECER INTERIORMENTE

Dejamos de cuestionarnos los motivos por lo que actuamos en realidad. No hacemos el esfuerzo de ir más allá de las cómodas conversaciones espirituales a las que estamos acostumbradas. Dejamos de crecer interiormente, porque nos sentimos satisfechas de haber llegado a donde hemos llegado, cuando en realidad estamos muy lejos de la verdadera esencia de la vida espiritual.

Esas máscaras nos confunden. Cuando no somos totalmente sinceras, no es posible encontrar al verdadero Dios.

La oración que brota de actitudes de autenticidad y sinceridad es la que nos lleva a Dios. Pero exige de nosotros que nos desenmascaremos ante nosotras mismas para que Dios pueda venir a nuestra vida a través de la debilidad, que es lo que nos hace necesitarlo más.

Debemos aprender a orar a partir de nuestras debilidades, a fin de que Dios pueda ser nuestra fuerza.

Oración:

Lléname de ti, oh Dios,

para que pueda estar menos lleno de mí mismo.

Dios es nuestro refugio y fortaleza, socorro en la angustia, siempre a punto.

Salmo 46, 1

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