La Cuaresma

La Cuaresma

Diác. Lic. Israel Córdova Osnaya

Revista Accion Femenina, marzo 2011

Este tiempo litúrgico que la Iglesia nos frece, es considerado como un tiempo penitencial, pero esta característica no es primaria ni mucho menos exclusiva. La Cuaresma depende esencialmente de la Pascua, que por su máxima importancia ha sugerido un período de preparación de cuarenta días. La duración de la Cuaresma está basada en el símbolo del número cuarenta en la Biblia. En ésta, se habla de los cuarenta días del diluvio, de los cuarenta años de la marcha del pueblo judío por el desierto, de los cuarenta días de Moisés y de Elías en la montaña, de los cuarenta días que pasó Jesús en el desierto antes de comenzar su ministerio público.

Efectivamente, la Cuaresma dura 40 días, comienza el miércoles de Ceniza y termina antes de la Misa de la Cena del Señor del Jueves Santo. A lo largo de este tiempo, el color litúrgico es el morado que significa luto y penitencia; por tanto, es un período de reflexión, de penitencia, de conversión espiritual; tiempo de preparación al misterio pascual.

TIEMPO DE ESCUCHA Y DE CAMBIO

La Cuaresma, también entendida como un tiempo para escuchar -de manera más frecuente- la Palabra de Dios, de cambio de vida, de practicar obras de misericordia, de muy intensa oración y de ayuno, nos favorece para ir al encuentro de Cristo Resucitado en la Pascua. Por todo ello, la Iglesia nos invita a vivir la Cuaresma como un camino hacia Jesucristo, nos invita a vivir una serie de actitudes cristianas que nos ayudan a participar en plenitud de la victoria pascual de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte; de lo contrario tendríamos el peligro de alejarnos más de Dios por acción de nuestros pecados.

Hoy en todo pueblo de Dios, en su itinerario sobre la Pascua, revive el recuerdo de su propio bautismo, profundizando su significado

y renovando su fidelidad a Dios y de su lucha contra el mal. Y, al mismo tiempo, se reconoce pecador con obras de penitencia y de caridad, listo para acoger el perdón de Dios y la gracia de una vida nueva.

LA IMPOSICIÓN DE CENIZA COMO MIRADA INTERIOR

La liturgia del Miércoles de Ceniza apela a toda la comunidad cristiana para que reconozca sus pecados (la Iglesia, recibiendo en su propio seno a los pecadores, santa al mismo tiempo, necesita de purificación constante, busca sin cesar la penitencia y la renovación, dice el Concilio Vaticano II en su constitución dogmática Lumen Gentium, núm. 8).

La imposición de la ceniza sobre la cabeza del cristiano es un antiquísimo rito, usado para los penitentes, después se amplió a todos, acompañado de las palabras “conviértete y cree en el Evangelio” o “del polvo eres y al polvo te convertirás”. Estos gestos y palabras quieren despertar la conciencia penitencial de todos nosotros para una revisión de nuestra propia conducta, en otras palabras, es una mirada interior.

LA ESCUCHA DE LA PALABRA PARA DAR FRUTO EN LA VIDA DIARIA

Pero es propiamente en la escucha de la Palabra de Dios que se explica mejor el espíritu de la Cuaresma, porque la Palabra suscita la voluntad de la conversión, despierta la fe, propone el significado del misterio pascual y provoca el diálogo, es decir, la respuesta en la oración.

Las lecturas bíblicas de este “ciclo A” de la Cuaresma, desarrollan una línea histórico salvífica con la evocación de los eventos del Antiguo Testamento, y una línea sacramental con los grandes temas bautismales y los fuertes reclamos a la conversión. Este es un período, en la cual se debe comprender que “no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4,4) De la Palabra de Dios, Jesús trae la fuerza para vencer a Satanás y de ella (la Palabra) los cristianos sacamos el vigor y la fuerza para combatir al mal (diablo, odio, avaricia, lujuria, etc.); de ahí la importancia de ir a la celebración dominical (Eucaristía), para ser semejantes a los discípulos que escucharon en viva voz la Palabra de Jesús, para pasar después a recibir su Cuerpo y su Sangre de Cristo que hace capaz de germinar la Palabra-semilla, plantada en nuestros corazones y así, dar mucho fruto en nuestra vida diaria.

TIEMPO DEL PERDÓN Y RECONCILIACIÓN FRATERNA

En los domingos de la Cuaresma, las lecturas que nos presenta la liturgia se concentran en cinco temas fundamentales de este ciclo, que son: la narración de la tentación de Jesús en el desierto, la transfiguración de Jesús en el monte presentada por el evangelista Marcos, la samaritana, el ciego de nacimiento y la resurrección de Lázaro. Estas tres últimas lecturas clásicas utilizadas desde la antigüedad, nos ayudan para explicar el significado sobre el tema bautismal: la vida que surge del agua (samaritana), la iluminación por el don de la fe (ciego de nacimiento) y el paso de la muerte a la vida (resurrección de Lázaro). El descubrimiento del valor del propio bautismo, es una condición irrenunciable para celebrar y vivir la Pascua.

En síntesis, podemos decir que la Cuaresma es el tiempo del perdón y de la reconciliación fraterna. Cada día, durante toda la vida, hemos de arrojar de nuestros corazones el odio, el rencor, la envidia, los celos que se oponen a nuestro amor a Dios y a los hermanos. En Cuaresma, aprendemos a conocer y apreciar la Cruz de Jesús. Con esto aprendemos también a tomar nuestra cruz con alegría para alcanzar la gloria de la resurrección.

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