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Mistica de la HOAC

HERMANDAD OBRERA DE ACCIÓN CATÓLICA

DIÓCESIS DE CÁDIZ Y CEUTA

http://www.redasociativa.org/hoac/

 
 

LA MÍSTICA DE LA HOAC

Ponencia presentada en la XII Asamblea General de la HOAC,

por Juan Fco. Garrido.

Su objetivo es situar cómo la mística hoacista es la respuesta que los y las militantes podemos dar ante el reto del empobrecimiento y la deshumanización.  Una mística que se concreta en una manera de vivir y de actuar de la HOAC y sus militantes para generar humanidad y comunión en las actuales circunstancias del mundo obrero, teniendo presente la revisión de la experiencia que estamos viviendo en torno al Quehacer Apostólico Comunitario y el Proyecto Evangelizador de los militantes.

Mística de la HOAC

1.                Presentación.

Con esta reflexión vamos a profundizar en lo que, al igual que muchos militantes que nos precedieron, hacéis vida en vuestros centros de trabajo, en vuestros barrios y hogares, en vuestras parroquias…  Lo que estamos haciendo vida aquí: la mística de la HOAC.

Pero es imposible profundizar en la mística de la HOAC, como más adelante vamos a hacer, si no partimos de Jesucristo crucificado, muerto y resucitado en los empobrecidos del mundo obrero y del trabajo.

Son los trabajadores y trabajadoras y sus familias, con los que durante estos años hemos ido amasando la amistad, la lucha por la justicia, el testimonio y el compromiso, el anuncio… a través de los Sectores, de nuestra Acción y Difusión Comunitaria, de nuestra participación en las organizaciones del mundo del trabajo, de nuestras parroquias en barrios obreros.  Ellas, las víctimas, son las que nos quitan el sueño y las que, en Jesucristo, nos abren sueños de futuro.  Somos testigos -junto a otros compañeros y compañeras de trabajo y lucha- de esa fuerza, ese impulso, esa convicción tan profunda que nos mueve, a pesar, en muchos casos, de nosotros mismos.

La intención de esta exposición es profundizar y sugerir cómo esa fuerza, ese impulso, esa convicción, esa mística de la HOAC es la clave por la que pasa la respuesta a los retos que se desprenden de la XII Asamblea General.  La Mística de la HOAC es la que puede, en estos momentos, generar y construir en nosotros una manera de sentir, de pensar y de actuar que sea visible y que constituya el nuevo modo de ser y vivir que ofrecemos a los demás[[1]].

Vamos, por tanto, a intentar resaltar algunos rasgos de esa mística de la HOAC desde esta perspectiva y, al mismo tiempo, algunas de las dificultades con las que, en la situación actual, nos encontramos los militantes hoacistas para vivirla y ofrecerla.  Dificultades que hemos de entender como la hace Pablo en la Carta a los Romanos:

«Más aún, estamos orgullosos también con las dificultades, sabiendo que la dificultad produce entereza, la entereza calidad, la calidad esperanza; y esa esperanza no defrauda, porque el amor que Dios nos tiene inunda nuestros corazones por el Espírutu Santo que nos ha dado» (Rm 5,3‑5)

2.                Retos de nuestra XII Asamblea General y mística hoacista.

Situémonos y recordemos los retos compartidos en el primer material de nuestra XII A.G.: El reto principal que hemos compartido es combatir el empobrecimiento y deshumanización que genera el sistema social que domina nuestra sociedad y colaborar a construir un orden social más justo que ponga en el centro de la preocupación social a los empobrecidos (Reto n º1.  Material nº1.  Una realidad a evangelizar. Pág. 23).

Darle respuesta nos plantea un segundo reto afrontar la deshumanización que genera la cultura dominante en nuestra sociedad (Reto nº 2. Material nº1.  Una realidad a evangelizar. Pág. 23).  ¿Por qué?

Porque el empobrecimiento y la deshumanización son dos caras de la misma moneda.  La injusticia, y el empobrecimiento que provoca, están instalados en los pliegues de la sociedad.  Y nuestra cultura posibilita su desarrollo.  Este empobrecimiento rompe el proyecto humano de quién lo padece, reduce sus dimensiones y capacidades, merma su libertad, anula progresivamente a la persona.  Y por otro lado, el empobrecimiento deshumaniza a los que lo provocan y a quienes viven indiferentes al sufrimiento que genera.  Tanto unos como otros vivimos deshumanizados.

Además hemos experimentado que afrontar el problema de la injusticia, de la explotación y del empobrecimiento pasa por reconstruir la vida de las víctimas, lo que supone que desarrollen todas sus dimensiones, entre ellas la política, y sean sujetos protagonistas de su propia liberación.  Y supone, también, romper la indiferencia que nos hace cómplices de dicha situación.

Y es esta cultura dominante la que configura la vida de las personas en dicho sentido.  Una cultura que es el sistema económico convertido en modelo de organización social y en lo que se considera la manera natural de ser.  Una cultura que nos deshumaniza en la manera como configura nuestras formas de vida, nuestras maneras de actuar… nuestro proyecto humano y, por tanto, nuestras relaciones sociales.

Por este motivo, la clave evangelizadora está en que la Iglesia seamos capaces de proponer un proyecto de realización humana -Jesucristo- que responda al hombre y a la mujer de hoy y que seamos capaces de acompañarlo en su construcción y en su desarrollo.

¿Cómo la HOAC podemos colaborar a construir esta respuesta evangelizadora?  Desde el tercer reto respondemos: haciendo visibles realizaciones prácticas de esa nueva manera de ser y vivir en el seno del mundo obrer. (Reto nº 3. Material nº1.  Una realidad a evangelizar. Pág. 23).

Ello nos pide cambios importantes en nosotros mismos.  Nos pide conversión personal y comunitaria.  En la misma reflexión que hemos compartido sobre el contexto social y eclesial indicamos “…lo que hemos descrito (…) no es lo que les ocurre sólo a los demás.  Es también lo que nos ocurre a nosotros.  Todos somos víctimas de la deshumanización y de las dificultades para construir nuestra vida de forma humana y humanizadora”. (Reto nº 3. Material nº1.  Una realidad a evangelizar. Pág. 23).  También a nosotros nos cuesta trabajo vivir poniendo a los empobrecidos y su sufrimiento en el centro de nuestras vidas y de nuestro compromiso.

Por este motivo necesitamos un proyecto de humanización en Jesucristo.  Se convierte en un reto fundamental para nosotros generar y construir una manera de sentir, pensar y actuar que sea visible y que constituya el modo de ser y de vivir que ofrezcamos a los demás.

Podemos decirlo de otra manera: necesitamos construir nuestras vidas desde una antropología cristiana.  Necesitamos que broten en la cultura actual elementos de una nueva cultura que haga posible la vida plena de toda la persona y de todas las personas.  Los contenidos, los caminos para construirla y hacerla visible a los demás, la actitud de acogida y promoción de todo lo que nos viene de la realidad… es algo que ya hemos empezado a afrontar en esta Asamblea y que debemos seguir haciendo en los próximos años.

Hemos compartido que para responder al problema del empobrecimiento y al problema antropológico, que también nos afecta a nosotros, sólo podemos hacerlo replanteándonos nuestra manera de SER, nuestra VIDA.  Pero ésta se configura y expresa en una forma de HACER en la realidad del mundo obrero y, a la vez, sólo puede construirse en ese hacer desde la comunión con los empobrecidos del mundo obrero y con toda la creación.  Por este motivo el reto 4 compartido es fundamental, la HOAC hemos de dar especial importancia al reto que representa responder a cinco necesidades de la vida social y particularmente de nuestro mundo obrero (Reto nº 4. Material nº1.  Una realidad a evangelizar. Pág. 24) transformando la finalidad y la manera de vivir la política desde la centralidad de las víctimas y la lucha por la justicia.

El resto de los retos aprobados van dirigidos a repensar cauces fundamentales para dar respuesta a estos. (Q.A.C.[2], la Difusión, la Estructura Organizativa, la Comunión Eclesial).

Por este motivo, afrontar el reto del empobrecimiento y de la deshumanización supone que nos preguntemos a nosotros mismos: ¿cómo es posible que también seamos víctimas de la cultura, cuando la HOAC a través de la formación, de los retiros, de cursillos, celebraciones… intentamos construir otro tipo de vida, otra sensibilidad, otra manera de pensar, otra conducta en nosotros?  Probablemente la cultura ha conseguido en nosotros mostrarnos como normal nuestra propia deshumanización.  Una deshumanización que nos desencarna del sufrimiento de los empobrecidos del mundo del trabajo.  Y lo que necesitamos y necesita ese mundo obrero es que nuestra humanización en Jesucristo sea lo que nos parezca normal, lo que nos entusiasme y llene de sentido nuestra vida, el convencimiento profundo que nos mueva y nos haga caminar hacia una vida que antepone a los débiles a nosotros mismos.  Y este entusiasmo y este convencimiento son elementos de la mística de la HOAC.

Ante estos retos, y en concreto, ante la necesidad de configurar nuestra vida desde Jesucristo tenemos una convicción que históricamente ha estado presente siempre en la vida de la HOAC: sólo será posible responder a ellos si dichas respuestas están cimentadas en la experiencia, desde nuestra realidad obrera, de encuentro personal y comunitario con Jesucristo Resucitado, presente en su Iglesia.

Podemos decir, por tanto, como afirmamos en el material nº 3, que es ese encuentro con Jesucristo Resucitado, la experiencia mística, la respuesta ante el principal problema que hoy vivimos en nuestra realidad: La supervivencia y la humanización del ser humano[[3]].  Por este motivo, el hecho religioso, la vida de la Iglesia, la Vida Nueva en Jesucristo sigue siendo condición para la supervivencia del ser humano[[4]].  Para una vida en libertad y en comunión.

Es comprensible, desde esta perspectiva, la ya conocida expresión de K. Rahner: “El cristiano de mañana será místico o no será cristiano”. O esa otra frase: “Sólo el que viva el encuentro de gracia y se sienta movido por Dios y su reinado en el mundo como futuro absoluto podrá ser testigo transparente del Evangelio” (J. Espeja. “La espiritualidad cristiana”, pág. 169).

Y ese es nuestro desafío para ser militantes cristianos en el mundo del trabajo: vivir siendo místicos en el corazón del mundo obrero.  Construir desde esa experiencia una antropología en coherencia con Jesucristo, lo cual que supone una manera de hacer profundamente apostólica y eclesial.  Una manera de comprometernos, de construir nuestra vida y nuestra acción como verdaderos apóstoles en el mundo obrero.  Como verdaderos profetas que, en el mundo obrero, dicen y hacen en nombre del Señor.

Así podremos construir formas de vida y acción visibles, alternativas a la antropología que el sistema social y económico está configurando, formas de vida y acción que son expresión del proyecto de humanización que toda la Iglesia quiere y propone vivir (o al menos debe hacerlo) y que posibilite afrontar el reto del empobrecimiento y la deshumanización.

3.                Mística de la HOAC y proyecto de humanización.

La mística de la HOAC ha sido una constante siempre viva en su historia, como un proceso de conversión personal y comunitaria en Jesucristo.

Don Eugenio Merino ya escribió un librito en el año 1951(3) llamado la “Mística de la HOAC”: Él nos dice: “La mística de la HOAC no es mística exclusiva de la HOAC y de sus miembros.  Es la mística común a todos los cristianos y, por lo mismo a todos los Movimientos y Ramas de la A.C.”.  Ciertamente, la mística hoacista es mística cristiana que todos los cristianos están llamados a vivir.  No sólo es cosa de unos movimientos o cristianos concretos.  Pero, al mismo tiempo, la mística de la HOAC, desde su identidad de A.C. y su misión en el mundo obrero, aporta una singularidad.

Pero ¿Qué es la mística de la HOAC y cómo ayuda a configurar un proyecto de humanización desde Jesucristo que nos entusiasme y sea para nosotros la manera normal de vivir y actuar?  Diversas definiciones aparecen en distintos escritos y documentos de nuestra organización sobre la mística de la HOAC – desde publicaciones y artículos en el Boletín de militantes, formulaciones de Planes de Formación, Reflexión 32 del Material de Formación Inicial hasta el material nº 3 de nuestra XII A.G.

Pero todas ellas coinciden en que el FUNDAMENTO DE LA MÍSTICA DE LA HOAC ES EL ENCUENTRO PERSONAL Y COMUNITARIO CON JESUCRISTO QUE VIVE RESUCITADO EN SU IGLESIA Y AL QUE SÓLO PODEMOS SEGUIR DESDE LOS EMPOBRECIDOS DEL MUNDO OBRERO.

A partir de esta experiencia podemos sacar algunos rasgos y preguntarnos cómo nosotros vivimos esa Mística y configuramos nuestra humanidad desde ella.

Estos rasgos son:


1.                  La Mística de la HOAC está fundamentada en el convencimiento y el profundo agradecimiento de que Jesucristo Resucitado es Dios y sigue vivo y presente en la Iglesia.  Experiencia que nos hace también descubrir la presencia de Dios en la historia, en toda la realidad, pero de manera preferente en los pobres, y en cada uno de nosotros.

El místico es el que tiene experiencia de lo divino, que es la más grande de las experiencias humanas.  Experimentar que Jesucristo es Dios y que sigue vivo no nos puede dejar indiferentes.  Toda nuestra vida se transforma, se llena de entusiasmo y de una profunda motivación.  Esta experiencia es como “un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo” (Mt 13,44)

La mística es un tesoro, es la convicción y experiencia profunda de haber encontrado la felicidad que proviene de que en Jesucristo uno se ha encontrado consigo mismo y sabe que ya nunca más estará solo.

 

2.                  Pero es más, es el profundo convencimiento de que en Jesucristo, por el bautismo, hemos nacido a la Vida Nueva que es la Vida del Padre animada y sustentada por el Espíritu.  Por ese motivo, la mística hoacista es una permanente renovación de nuestros compromisos bautismales: Hemos sido hechos hijos de Dios en Jesucristo; hemos sido incorporados al cuerpo de Cristo, a su Iglesia; y hemos unido nuestra suerte a esos hermanos más pequeños, a los empobrecidos, para obtener y ofrecer la Vida.

Y al ser incorporados, desde nuestra aceptación en libertad, a la vida de Dios hemos aceptado vivir desde Él, lo que significa: ser para Dios, ser para la Iglesia y ser para los pobres.  Por este motivo, cuando vivimos la mística de la HOAC, la mística cristiana en el mundo obrero, el militante es consciente de haber hecho, por el bautismo, un pacto con Dios, donde no caben las medias tintas.  Dios no nos pide un 20%, ni un 50%, ni un 90% de nuestra vida, nos pide el 100% de nuestra existencia.

Un pacto con Dios que:

2.1.      Transforma nuestra vida y que es un proceso de humanización.  Porque en esa vida de Cristo encontramos realmente la síntesis entre Dios y la persona humana y, entonces, desarrollamos lo más genuino del ser humano: su vocación al amor y a la comunión en libertad.  Es realmente como somos humanizados.

2.2.      Nos lleva a morir con Cristo a todo lo que nos deshumaniza para nacer en Jesucristo Resucitado.  Esto supone hacer vida la frase de Don Eugenio Merino: Lo que no es honrado no es cristiano.  Las 24 horas tenemos que vivir honradamente en Gracia.  Profundicemos en esta profética frase.

Vivir la Mística de la HOAC, vivir la nueva vida que Dios nos ofrece en Jesucristo Resucitado, nos hace vivir honradamente.  Hoy día la honradez en la vida personal, en la familia, en el trabajo y, máxime, en la vida social y política es clave para hacer creíbles y posibles proyectos verdaderamente humanos y cristianos.  Eso supone que no podemos valorar lo éticamente correcto, lo lícito en función de mi propio interés.  Las prácticas no honradas, que tanto proliferan, en concreto en la vida económica y política, no sólo provocan víctimas, las que sufren las consecuencias de esas prácticas, sino que además desvalorizan la preocupación por los demás generando un individualismo y una indiferencia -ante dichas prácticas y ante las víctimas- profundamente deshumanizantes.

Pero, siendo esto importante, no es lo fundamental para un cristiano.  Don Eugenio terminaba la frase “vivir honradamente en Gracia”.  No se trata sólo de ser honrado.  Se trata de dar un paso más, definitivo en ese pacto con Dios.  Rovirosa lo explica en su obra El primer traidor cristiano: Judas de keirot.  El apóstol.

“Ahora la opción es entre la Ley Natural y la Ley Sobrenatural.  Que no es una opción entre el bien y el mal” (Podemos decir entre ser o no ser honrado).  “…sino una opción entre lo bueno humano por una parte y lo sobrenatural por otra.  La legítima defensa es buena en el Derecho natural, pero el Derecho sobrenatural manda ofrecer la otra mejilla; así como manda amar y hacer el bien que se pueda a los que nos persigan y maltraten”.

Dicho con otras palabras no se trata de actuar correctamente desde una lógica del mundo sino desde la lógica de Dios que es la lógica del Amor desinteresado que siempre pone en el centro al otro y especialmente al empobrecido, la lógica de la comunión.  Abandonar la lógica del mundo es abandonar la lógica del amor propio: “Yo y lo mío en el centro del universo”.

Crecer económicamente, progresar en mi salario, en mi renta, vivir mejor, prosperar en mi trabajo, dejar a mis hijos un futuro resuelto… es una opción buena desde la lógica del mundo, pero desde la lógica del amor de Dios, lo que probablemente me pide, ante tanta desigualdad y empobrecimiento, es decrecer económicamente y poner mis bienes al servicio real del que menos tiene.  Es creer que mi propiedad tiene una hipoteca social y que mis bienes tienen un destino universal, no son realmente míos.  Es caminar hacia la pobreza para que otros salgan de su empobrecimiento.

Esta Nueva Vida en Jesucristo Resucitado, esta nueva lógica, sólo se puede entender desde el bautismo, que nos lleva, en palabras de Don Eugenio Merino, a vivir la Gracia santificante: La gracia es un ser divino que hace al hombre hijo de Dios y heredero del cielo.  Por este motivo vivir la Mística de la HOAC supone: Vivir 24 horas de vida honrada en Gracia.  Vida honrada acogiendo el Amor y la Vida que Dios nos dona.

2.3.      Ese pacto, que es el bautismo, entre Dios comunión -la Trinidad- y una criatura humana nos presenta una gran paradoja: “renunciando a todo nos hacemos propietarios de todo”.  El místico “pule” su naturaleza hasta hacerla transparente a la Vida que Dios le dona.  Jesucristo, en la medida que la persona renuncia a todo y se vacía de egoísmo, surge con más fuerza en él.  Y entonces la persona lejos de diluirse, de dejar de ser persona, se realiza plenamente como ser humano.  Desde Jesucristo surge la verdadera persona humano.  Ser como Cristo, ser como Él las 24 horas del día para que sea conocido y aceptado en el mundo obrero y del trabajo.

Dicho de otra manera, nuestra Vida comienza en el encuentro con Jesucristo que se produce en el interior de la persona cuando en el uso de nuestra libertad “le permitimos” que se convierta en la savia de nuestra vida, en el agua viva que nos da vida eterna, en el pan de nuestra vida…  Es un encuentro que produce un pequeño milagro: Dos –Jesucristo y yo- se convierte en Uno –Yo recreado- sin dejar de ser dos.  Pablo lo describe de esta profunda manera:

«Por esta razón doblo la rodilla ante el Padre, el que da apellido a toda familia en cielo y tierra, y le pido que, mostrando su inagotable esplendidez, os refuerce y robustezca interiormente con su Espíritu, para que el Mesías se instale por la fe en lo más íntimo de vosotros y quedéis arraigados y cimentados en el amor; con eso seréis capaces de comprender, en compañía de todos los consagrados, lo que es anchura y largura, altura y profundidad, y de conocer lo que supera todo conocimiento, el amor del Mesías, llenándoos de la plenitud total, que es Dios» (Ef 3,14‑19)
 

2.4.      Un pacto con Dios en el Amor que nos llena de plenitud y que nos hace descubrir la verdad sobre nuestra vida.  Entonces comenzamos a vivir sin miedos y nos posibilita vivir con normalidad la radicalidad del Evangelio.  Descubrir la verdad sobre nuestra vida supone:

a.    Que no somos fruto del azar o de un error, sino que hemos sido cada uno de nosotros pensados, amados por Dios y creados por Dios.  Nuestra presencia en el mundo es una decisión de Dios.

b.    La vida que Dios me ha dado es ETERNA, es una vida que vence a la muerte.  Todo cuanto hacemos nos encamina a gozar en plenitud de la vida que Dios nos ha preparado.  ¿Qué miedo podemos tener a gastar la vida por los demás?  Ello significa comenzar, ya aquí, a experimentar una vida verdaderamente lograda y feliz.  Una vida animada por el Espíritu de Jesucristo, que traspasará el muro de la muerte y florecerá en la plenitud de la gloria de Dios.

c.    Dios me ha creado para algo.  Soy un proyecto de Dios y Dios tiene un proyecto sobre mí.  Y mi felicidad consiste en la realización de ese proyecto. “Cada uno encuentra su propio bien asumiendo el proyecto que Dios tiene sobre él, para realizarlo plenamente: en efecto, encuentra en dicho proyecto su verdad y, aceptando esta verdad se hace libre” (Caritas in veritate, 1)

d.    Ese proyecto consiste en ser conscientes del amor recibido -y actualizado en cada momento de nuestra vida- (me siento agraciado) y convertido en amor ofrecido a las personas y a la sociedad (me siento agradecido).  Mi vida no tiene otro sentido que recibir el amor de Dios y ofrecerlo.  El mundo no sería el mismo sin mi presencia, soy necesario para el Plan de Dios sobre el mundo.  “Cada uno tiene su propio camino hacia Dios.  Cada uno y cada una tiene en el mundo su propia misión.  Si yo no le respondo a Dios, quedará un vacio que nadie puede llenar.  Nadie puede rezar con mis labios.  Nadie puede amar a los necesitados con mi corazón.  Nadie puede acariciar con mis manos…  Cada uno tenemos que responder desde nuestras fuerzas y posibilidades…”

e.    Aceptar este proyecto es una decisión libre y consciente, porque el amor exige libertad para ser amor.  Decisión libre y consciente que debo actualizar en cada momento de mi vida, porque cada decisión supone decir sí o no a Dios en Jesucristo.

f.     Y para actualizar esta decisión en cada momento necesitamos contar con Jesucristo, sin Él no podemos acceder a nada, ni superar nuestras limitaciones.

g.    Cuando vivimos siendo plenamente conscientes de que el Mesías se ha instalado por la fe en los más íntimo de nosotros y así hemos quedado arraigados y cimentados en el amor, entonces recibimos una fuerza, el Espíritu, que nos sobrepasa y nos lanza más allá de todas nuestras posibilidades.  Pablo lo dice así:

“Al que puede hacer mucho más sin comparación de lo que pedimos o concebimos, con esa potencia que actúa eficazmente en nosotros, a él dé gloria la Iglesia con el Mesías Jesús por todas las generaciones, de edad en edad, amén” (Ef 3,20‑21)

h.    Y experimentamos que ese amor recibido y ofrecido es amor-justicia personal y social, es lucha por la justicia.

i.     Y que sólo la podemos vivir en comunidad, en su Iglesia.  Y nosotros hoacistas, en la HOAC.

Sobre estos puntos seguiremos profundizando a lo largo de la reflexión.
 

2.5.      La experiencia del bautismo, en la que Dios nos regala su Vida provoca una profunda actitud de agradecimiento.  “¿Qué es el hombre, Señor, para que te acuerdes de él, el ser humano para darle poder?” (Salmo 8,5).  Por el bautismo, descubrimos todo lo que la persona significa para Dios.  Y por tanto, todo lo que las personas, mis hermanos, significan para mí.  Por este motivo la experiencia de este profundo agradecimiento se tienen que traducir en una acción de gracias, en un compromiso a favor de la vida de mis hermanos y a favor de la justicia.

La mística es “una auténtica génesis de vida nueva, que es la vida divina del Padre, participada en los creyentes por su Hijo Jesucristo en la efusión del Espíritu Santo” (Ruiz de la Peña).

Esta experiencia ha de transformar la vida de cada militante.  Y aquí tenemos una de las grandes dificultades que encontramos para ser místicos en el mundo obrero: Muchas veces nuestra vida, nuestros proyectos personales, nuestras familias las construimos desde un intento de ser honrados y hacer compatible la lógica del mundo y la lógica de Dios.  Es decir, tenemos un gran problema.  Por un lado queremos vivir desde el amor de Dios que pone en el centro de nuestras vidas a los que sufren pero al mismo tiempo queremos conciliarlo con nuestro amor propio: con nuestro tiempo, nuestra vida familiar, nuestra realización personal.  Para superar esta contradicción, hemos de descubrir vitalmente que la realización personal, el sentido de nuestra vida y la de nuestras familias, se hace plena en la medida que nos abandonamos en la Vida de Jesucristo; en la medida que ponemos a los que más sufren en el centro de nuestra existencia; en la medida que experimentamos la Verdad sobre nosotros mismos.

3.                  La mística de la HOAC nos ayuda a tener conciencia de nuestra permanente debilidad y de la misericordia de Dios con nosotros:

Morir al hombre viejo no termina de ser definitivo.  Permanentemente experimentamos el desierto y las tentaciones que nos apartan de Jesucristo y nos deshumanizan.  Muchos de los elementos de la cultura actual intentan configurar nuestra vida generando en nosotros una antropología deshumanizadora.  Tendencias que nos hacen vivir desde el amor propio.  Como nos plantea Rovirosa siguiendo a Pablo y a Juan, son tres concupiscencias -tendencias humanas que nos deshumanizan-: “La concupiscencia de los ojos, que nos empujan a poseer y a acaparar toda clase de bienes, representados en el dinero; la concupiscencia de la carne, que nos incita a disfrutar ilimitada e insolidariamente; y la concupiscencia de la vida que nos seduce con la idea de ser como dioses, hasta el punto de que los demás nos sirvan y os adoren”.

La experiencia con Jesucristo Resucitado nos hace sentir el perdón de Dios.  Nos ayuda a recrear en nuestra vida la parábola del hijo pródigo.  Él siempre nos espera en el camino y nos abraza cuando volvemos a su encuentro.  Nos vuelve a abrir de par en par las puertas de su casa.  La misericordia de Dios nos hace experimentar como la nueva vida nos libera del pecado, de las tendencias que nos deshumanizan y que nos hacen esclavos.  Cuando experimentamos el perdón, la vuelta a la Vida, la vuelta a la casa del Padre, entonces, sentimos la libertad de los hijos de Dios.  Esta experiencia de misericordia y de perdón de Dios hacia nosotros se convierte en camino de relación con mis hermanos.  “Perdona mis ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.
 

 

4.                  Vivir la vida nueva, la lógica de Dios, sólo tiene un camino: El seguimiento a Jesucristo Resucitado.  ¿Y por dónde pasa dicho seguimiento?

“Y dirigiéndose a sus discípulos añadió:
‑ Si alguno quiere venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo,
cargue con su cruz, y me siga” (Mt. 16,24)

a.                  “… que renuncie a sí mismo,…”  Creo que ya hemos expuesto qué significa renunciar a uno mismo, cuando hemos hablado de la necesidad de morir a esa concepción de la vida en la que todo se refiere al yo, poniendo en su lugar a Jesús Resucitado, con su maravillosa concepción de la vida humana como vida de Dios que nos pone en relación a los demás.

b.                  “… cargue con su cruz…”: la cruz de la impotencia, la incomprensión, el rechazo o la persecución por causa de la opción por la justicia a favor de los pobres.  Y la cruz de la libertad para el amor.  “Para que seáis libres nos ha liberado Cristo” (Gál 5,1).  “Vosotros habéis sido liberados… para cuidar unos de otros por amor” (Gál 5,13).  Estas dos expresiones constituyen la buena noticia de Pablo a sus comunidades.  Por el bautismo la libertad humana se convierte en posibilidad para construir nuestra vida desde Jesucristo, vivir para el amor y la comunión, fuente de todo proceso de humanización.  Esa libertad no nos encierra en nosotros mismos, si no que realmente se expresa y se concreta en la función del Cirineo, del que asume la cruz de los otros y carga con la cruz del otro.

Por tanto, la libertad de Cristo que nos humaniza es liberación humanizadora que supone ponernos al servicio de Dios para quitar “los yugos” que esclavizan y deshumanizan a nuestros hermanos.

Esta experiencia choca hoy con la ideología en que se ha convertido el consumismo, que pregona que lo único importante es uno mismo y el cuidado de uno mismo.  En esta ideología el que te cuiden y el cuidar a los demás se percibe como una rémora a eliminar.

c.                  “…y me siga.”  Dios no quiere colaboradores sino seguidores.  Rovirosa nos muestra, de manera original y libre, cómo en este intento de colaborar con Jesús se encuentra la raíz de la traición de Judas y de todas las traiciones de todos los cristianos.

El sentido que utiliza Rovirosa cuando habla de “colaboración” es cuando intentamos en nuestra relación con Jesucristo que Él ponga su poder a nuestro servicio o a disposición de “mis” necesidades o cuando yo tengo un proyecto sobre mi vida o sobre la realidad e intento que Jesucristo, su Palabra y su Iglesia, se sujeten al mismo.

Lo que Jesucristo nos pide es que lo sigamos.  Aunque no lleguemos a entender bien sus caminos.  Que no tengamos más plan que el suyo, que se va desvelando en la trama de la historia (los signos de los tiempos) y en la escucha del Espíritu.  Ese seguimiento sólo puede darse si está fundamentado en una profunda confianza en Dios.  Confianza que nos lleva a negarnos a nosotros mismo, a nuestra propia voluntad, para no negarle nada a Dios.  Traicionamos nuestro bautismo, ese pacto libre y consciente que hemos hecho con Él, cuando afirmamos algo nuestro (mi trabajo, mi futuro y el de mi familia, etc.) y lo anteponemos a las cosas de Dios.  Entonces, muchas veces, terminamos “colaborando” con Dios para que en esa colaboración se haga mi voluntad.
 

Este seguimiento sólo puede entenderse desde “una profunda confianza en el Dios de Jesucristo a quién Él llama Abba.  Y en cuyas manos pone su vida para que se cumpla su voluntad.  Sin certidumbres, sin querer tener todo atado, sin cartas en la manga.  Dejándonos caer en los brazos del Abba aún no entendiendo plenamente nuestro presente”[[5]].

Esta confianza se ha de expresar, como nos dice Dietrich Bonhöffer, desde una obediencia sencilla de la Palabra de Dios y no con una obediencia complicada de la misma.  Obediencia complicada que reinterpreta el Evangelio desde nuestras necesidades y opciones para no hacer lo que nos pide.  Este es uno de los grandes problemas que los militantes de la HOAC nos encontramos.  Y es uno de los problemas más importantes que nos dificulta la experiencia cristiana y militante: configurar nuestras vidas, nuestros proyectos de humanización desde Jesucristo.  Es más, cuanto más tenemos, cuanto más complicamos nuestra vida entretejida en la red de consumo, más dificultad tenemos para obedecer de manera sencilla el Evangelio.

5.                  La mística es una experiencia cotidiana y personal de encuentro con Jesucristo Resucitado en lo más profundo de nuestro ser

Una experiencia entendida como vivencia.  La experiencia de un Dios que nos habita en lo más profundo de nuestro ser pero, que al mismo tiempo, nos trasciende en nuestras limitaciones.  La mística no es más que la convicción vivida de que Dios “pone su tienda” no sólo en la historia, sino también en la existencia personal del militante cristiano.

Es la experiencia de reconocer a Jesucristo en nuestras vidas, de sentirlo presente.  Es la experiencia de unión con Él, de comunicación y contemplación de Dios en nuestras vidas.  Es la experiencia de “Diosito nos acompaña siempre”

Y esto, necesita tiempo, necesita espacios para tomar conciencia, para sentirlo, para contemplarlo en nuestra vida.  De ahí la necesidad de la oración que es acogida de su presencia personal y viva, apertura, escucha, abandono y entrega confiada a Dios.  Oración en el Espíritu (Rom 8,16; Gal 4,7; Rom 8,26) para que Él ore en nosotros.  Una oración comunicación-diálogo con el Padre, en unión con Jesucristo, animados por el Espíritu poniendo ante Él nuestra vida real, nuestra vida eclesial, el mundo obrero, nuestra misión…  Sin comunicación personal (oración) se debilita la amistad y el seguimiento.

Esta presencia no es sólo de determinados momentos, aunque sean necesarios para esa toma de conciencia, sino que nos acompaña a lo largo de cada instante de nuestra vida.  Es la experiencia de vivir toda mi vida desde Él.

Es la experiencia de que Jesucristo no es un muerto ilustre sino una presencia viva y salvífica en mí.  Es, desde nuestra debilidad, hacer de nuestras vidas la experiencia permanente de aceptarnos a nosotros mismos como don de Dios.  Dios nos regala nuestra vida, nos acompaña y nos habita para que toda ella se llene de sentido desde Él.

 


 

6.                  Es, también, la experiencia de Jesucristo en toda la realidad y en la historia humana, especialmente, en los empobrecidos.

La experiencia de Jesucristo en nosotros nos hace captar también el Misterio y la presencia de Dios en toda la naturaleza.  Nos ayuda a superar el conocimiento cientifista y a leer a Dios en la realidad.  Nos hace tomar conciencia de que el mundo es “más de lo que es”.  Es la Creación de Dios en la que Él ha dejado su huella y nos sigue acompañando.  Y es en la naturaleza en la que nos hacemos participes de su acción creadora de forma corresponsable y liberadora.

Por otro lado, es la experiencia de Jesucristo en la realidad, entoda la realidad, en toda la historia humana, que nos hace descubrir todo lo que rompe el Plan de Dios -en las personas, en los ambientes y en las instituciones-, lo que nos deshumaniza e imposibilita la vida de comunión.  Cuando vivimos desde Jesucristo descubrimos el dolor, el sufrimiento y la injusticia que hay en el mundo.  La Mística de la HOAC nos hace descubrir cómo la raíz de ese sufrimiento es construir una vida personal y social de espaldas a Dios, a los hombres y a la moral.  Y cuando negamos a Dios y a nuestros hermanos, los utilizamos y somos indiferentes a su dolor, vivimos deshumanizados, no conforme a la lógica de Dios, y hacemos del propio disfrute y de los propios intereses el criterio de nuestra vida.

Pero la experiencia de Jesucristo en la realidad también nos ayuda a descubrir, afirmar y apoyar todo el bien que existe en el mundo: el reconocimiento y la promoción de los verdaderos valores personales y sociales; por ejemplo, los Derechos Humanos.  Todo ello es querido y alentado por el Espíritu de Dios en Jesucristo en el proceso de la historia.  El bien que existe en el mundo y el progreso humanista que encontramos en él consiste en todo cuanto afirma a Dios, a la persona y a la moral.  No vivir desde el amor propio, desde el egoísmo, pasa por la afirmación de Dios, pero esa afirmación no es un concepto, un discurso.  Es necesario caer en la cuenta que todo reconocimiento práctico de Dios supone afirmar al hermano y su dignidad.

La afirmación del carácter central y sagrado de toda persona es la mejor manera para combatir la explotación, la injusticia, el empobrecimiento.  Y esto requiere unos valores, una moral trascendente, que supere como criterio de conducta el capricho y el interés particular, fundamento del relativismo que genera inmoralidad.  Una moral que nos haga poder desarrollar una convivencia social en libertad y donde la vida de los más pobres sea el centro de la misma.  “Pero esta moral trascendente, que para nosotros está contenida en la Fe de la Iglesia, para la sociedad ha de surgir del diálogo y la reflexión con toda persona de buena voluntad, creyentes o no, y con todos los grupos que desean y buscan el bien de la persona humana y su humanización.”[[6]]

Pero además, la experiencia de Jesucristo nos lleva a encontrarnos con Él en la historia humana y, especialmente, en la vida de los empobrecidos: Los pobres son un lugar teológico.  Un lugar de encuentro con Jesucristo.

La Vida Nueva que encontramos en Jesucristo Resucitado (el encuentro con Él y en Él con nuestra humanidad) pasa por el encuentro personal y comunitario con Jesucristo Crucificado en los empobrecidos.  Jesucristo está en los empobrecidos, en las víctimas de este sistema.  En el encuentro con ellas nos encontramos con Él.  Por eso, en el encuentro con las víctimas está el camino de nuestra humanización.

Por otra parte, es en los empobrecidos, uniendo nuestra vida a ellos, compartiendo su vida y sus anhelos, donde más plenamente nos encontramos con Jesucristo, con nuestra humanidad más profunda.  Por eso, el camino de nuestra humanización está en hacernos uno de ellos, en vivir desde la solidaridad con los empobrecidos.

Encuentro y solidaridad con los empobrecidos para combatir esa situación de injusta e inhumana, para buscar construir comunión, para vivir desde la compasión, hecha de amor y lucha por la justicia, que construye relaciones personales y sociales humanas.  Así, la acción liberadora con los empobrecidos, con Jesucristo Crucificado, se convierte en la puerta de entrada para la Vida Plena, para la verdadera humanización en Jesucristo.

«Entonces el rey dirá a los de un lado: “Venid, benditos de mi Padre, tomad posesión del reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber, fui extranjero y me recogisteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, estuve en la cárcel y fuisteis a verme” (…)  Y el rey les responderá: “Os lo aseguro que cuando lo hicisteis con uno de esos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis”». (Mt 25,34-36. 40)

La Mística de la HOAC nos hace, también, experimentar la Resurrección de Jesucristo como resurrección que afecta eficazmente a la historia presente, lo que nos posibilita vivir ya personal y socialmente, aunque no de modo pleno, como resucitados en la historia.  Y desde nuestra experiencia en la debilidad del mundo obrero, nos ayuda a comprender la resurrección de Jesús en su relación esencial con las víctimas, de modo que la esperanza que desencadena sea, ante todo, esperanza para las víctimas.  La resurrección de Jesús -víctima inocente, el Crucificado- “expresa no sólo el poder de Dios sobre la muerte, sino, en directo, el poder de Dios sobre la injusticia que produce víctimas” [[7]]

Pero es más, la existencia de los empobrecidos, la experiencia de Jesucristo en ellos, reclama de nosotros militantes cristianos la urgencia de vivir y comprometernos para que se reconozca prácticamente la paternidad de Dios sobre todas las personas.  La existencia de injusticias, de explotación, de víctimas, de empobrecidos es motivo de escándalo, que vela históricamente la paternidad de Dios.  Esa es nuestra tarea: Anunciar a Dios Padre haciendo posible y visible aquello que anunciamos: una familia humana, unas relaciones personales y sociales, que reconocen práctica y eficazmente la paternidad de Dios y la hermandad entre las personas.

Esta experiencia de Jesucristo en la historia y, especialmente, en los empobrecidos es camino de humanización que recrea nuestra existencia desde el Resucitado y que configura nuestra manera de hacer y actuar en nuestro mundo.

7.                  La mística de la HOAC nos hace vivir con la conciencia clara de estar incorporados, por el bautismo, al Cuerpo de Cristo en su Iglesia.

Por el bautismo nos insertamos en la comunidad eclesial, en la Iglesia, que es, sacramentalmente, Cristo en el mundo.  ¡Vaya Misterio!  Pero un misterio que si lo compartimos y experimentamos, transforma radicalmente nuestras vidas.

Rovirosa nos plantea una sugerente reflexión: Por la Encarnación Dios irrumpe en la historia humana a través de un hombre, Jesús.  Se hace Vida y se nos ofrece como la manera de “vivir” en Dios.  En Pentecostés, Dios hace una nueva opción.  Continúa en la Historia haciendo presente a su Hijo Resucitado a través de una comunidad.  Crea la Iglesia.  Se nos hace Con‑vivencia y se nos ofrece como la manera de “con-vivir”, de ser relato de Dios, que es comunión.  Sólo desde la comunión, desde un verdadero espíritu eclesial, podemos recrear en nuestras vidas y ofrecer la Vida de Dios.  Sólo insertos en Cristo Resucitado, que nos lleva a la comunión con Él y con los hermanos, y empujados por el Espíritu Santo podemos convertir nuestras vidas de manera consciente en Vida de Dios.

Dios es Comunión.  La vida humana auténtica es comunión.  La vida cristiana es comunión o no es humana ni cristiana.

La Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo, Él es la cabeza y cada uno de los bautizados formamos parte de este cuerpo.  Somos células de su cuerpo vivo que es la Iglesia en el mundo.  Por este motivo, la Iglesia no es sólo una realidad donde nos encontramos con Jesucristo Resucitado, sino que es también por la acción del Espíritu en Pentecostés, sacramento de Jesucristo Resucitado en el mundo.  Su razón de ser y su misión consisten en ser visualización humana y social de la Comunión Trinitaria y del Evangelio de la fraternidad-comunión universal de Jesucristo.

Pero la Iglesia es una realidad de Misterio.  ¿Cómo es posible que Dios siga haciéndose presente en la historia humana a través de una comunidad de hombres y mujeres creyentes?  La fuerza de Dios, su Amor, nos elige a nosotros, débiles y pecadores, para que unidos a Cristo y animados por su Espíritu sigamos ofreciendo la salvación a todas las personas.  Para llevar Vida a los sin vida: a las víctimas, a los empobrecidos.  Por este motivo la Iglesia tiene que vivir y construir la comunión.  Hacer visibles realizaciones prácticas de vida comunitaria.

Por el bautismo somos incorporados a la Vid que es Jesucristo Resucitado a través de la Iglesia.  ¡Cuánto agradecimiento a Dios y a su Iglesia que me ha transmitido este don y me permite, a pesar de mi debilidad y de mis fallos, seguir viviendo en ella!  Esta realidad, el místico, la vive con un profundo convencimiento: a pesar del pecado de las personas de la Iglesia que desfiguran el rostro de Cristo, el místico, que también se sabe débil, ama profundamente a la Iglesia de Jesucristo.

Y ama a la Iglesia que, a pesar del pecado y los fallos de sus miembros, es la Iglesia real, la única que existe.  Esta Iglesia es el gran regalo que Dios nos ha dejado en la historia.  Por este motivo, no vive enfrentado a ella, ni a las personas que la sirven -mejor o peor-, ni la percibe sólo como una realidad humana…  Sino que ese amor le lleva a la conversión personal y a trabajar por la conversión de la comunidad eclesial a través de la corresponsabilidad, el diálogo y la corrección fraterna.  Por el bautismo somos corresponsables de transparentar a Jesucristo en su Iglesia.  Todos hemos de caminar hacia Dios, hacia la comunión, hacia los pobres.

En la Iglesia, el místico hoacista, experimenta una nueva forma de sentir, de vivir y de actuar…, experimenta a Jesucristo.  Y esta realidad le lleva a la misión que toda la Iglesia tiene de hacer vida el Mandamiento Nuevo y de vivir anunciando y haciendo realidad el Reino de Dios.

Pero nuestro agradecimiento es aún mayor porque en la Iglesia experimentamos a Jesucristo Muerto y Resucitado en los Sacramentos, en su Palabra, en la vida y en el compromiso de sus comunidades.  Y nos acompaña en la oración, en la comunicación personal y comunitaria con el Abba.

De manera especial, el místico, cultiva la celebración de la Eucaristía.  En ella la vida nueva en Jesucristo se celebra y se alimenta.

Son varias las dificultades que tenemos para vivir hoy desde esta experiencia mística:

·           Vivimos en un mundo donde la Iglesia es percibida frecuentemente como una amenaza para la libertad de las personas y a la que no hay que dar demasiada importancia para la vida social.  Frecuentemente se percibe sólo como una realidad humana unida a posiciones retrógradas y fuera de lugar.  A veces, se insiste permanentemente en la realidad pecadora de la Iglesia, en su debilidad, que es cierta, pero que no anula el gran tesoro que es la presencia de Jesucristo Resucitado en ella.

·           A esta realidad le unimos nuestra propia vida, la de la Iglesia, que deja mucho que desear.  Nuestra falta de conversión desde los pobres, nuestras vidas poco traspasadas por Jesucristo, vidas construidas desde el individualismo y la insolidaridad que chocan con el mensaje cristiano de comunión y amor desinteresado.  Las propias prácticas de nuestra iglesia, en la que falta protagonismo de los seglares, opción por los pobres, actitud de diálogo con el mundo…, alimentan esa imagen.

·           Estas dos realidades, en la actualidad, también nos hacen mella a los militantes de la HOAC y nos dificultan vivir desde lo que la mística de la HOAC nos demanda.  Terminamos compartiendo una visión deformada de la Iglesia.  Además, nuestra manera de conocer el mundo choca con la manera de percibir y conocer el Misterio de Dios.  Toda esta realidad nos dificulta percibir la Iglesia y a Jesucristo Resucitado en ella; más aún, experimentar a la Iglesia como cuerpo de Cristo en nuestro mundo.  Y esta experiencia es fundamental para construir un proyecto de humanización donde el espíritu eclesial, el espíritu comunitario sea una realidad.

·           Y por último, la dificultad y el rechazo que encuentra, desde muchos ámbitos, también en nosotros mismos, configurar nuestras vidas desde un espíritu eclesial que nos haga vivir y actuar en comunión.  Es decir, avanzar con experiencias reales y concretas de formas de vida y acción en comunión.  La dificultad de abrir espacios en nuestras comunidades, en nuestras parroquias, en nuestros equipos de vida y de acción.  Experiencias que hagan confluir lo colectivo y lo personal en lo comunitario.  Experiencias que sólo tienen sentido si la comunidad eclesial se abre al mundo que la rodea para también ahí, con otros, posibilitar ese espíritu comunitario.

Estos fallos de la Iglesia y estas dificultades no han de disminuir nuestro amor a la Iglesia, sino todo lo contrario.  Han de condolernos y despertar en nosotros humildad, comprensión y compasión.  Cuando pensamos y hablamos sobre la Iglesia, estamos refiriéndonos a nosotros mismos, que somos Iglesia como cristianos y como HOAC.  El Espíritu nos incita a acrisolar nuestra fidelidad cristiana como militantes y como HOAC y a promover la renovación evangélica de la Iglesia, a través de la palabra y la acción corresponsable en todas las dimensiones y campos de la vida de la Iglesia.  Hemos de reconocer y dar gracias a Dios por el testimonio de vida de tantos cristianos e instituciones eclesiales y, a la vez, hemos de hablar y actuar dentro de la Iglesia con humildad, libertad y amor.


8.                  La Mística de la HOAC nos lleva a ser Iglesia desde la identidad de Acción Católica.

La experiencia de pertenecer a Cristo y a su Iglesia, la hacemos desde nuestra identidad eclesial como Acción Católica.  Y, en concreto, desde sus notas de identidad[8].

Nuestra mística es secular, nos inserta en el corazón del mundo para plantar allí a Cristo y a su Iglesia.  La llamada a la santidad y la formación son algo esencial. Una mística que nos lleva a la comunión con todos los ministerios y carismas de la Iglesia, funcionando como un cuerpo orgánico.

Una mística apostólica y misionera, como experiencia de que el regalo de Dios a través de la Iglesia, que es Jesucristo y la vida nueva que genera en nosotros, no puede vivirse sin comunicarlo, anunciarlo, hacerlo liberación para las víctimas.

Una mística seglar que siempre, como Acción Católica, nos hace verdaderos protagonistas de la vida y misión de la Iglesia.  Como seglares, los militantes de la HOAC, no escurrimos el bulto e intentamos ser puente entre los alejados de Jesucristo y su Iglesia.  Ese protagonismo y corresponsabilidad que vivimos nos lleva a abrir cauces para que toda la Iglesia y nuestros hermanos y hermanas en la comunidad eclesial lo vivan o puedan vivirlo.

La A.C. aparece designada en el Magisterio como un “ministerio eclesial”.  Es el ministerio eclesial propio de todo cristiano laico y, por tanto, insustituible.  En estos tiempos de escaso reconocimiento de la A.C. en la Iglesia española, la HOAC hemos de hacer valer con nuestro testimonio evangelizador la necesidad de la presencia activa de la A.C. en la Iglesia a nivel nacional, diocesano y parroquial.

9.                  Y ser Iglesia en la debilidad del mundo obrero y del trabajo.

Nuestra pertenencia eclesial como A.C. especializada en el mundo obrero nos hace vivir el encuentro con Jesucristo en la debilidad del mundo obrero.

El mundo obrero y del trabajo sigue siendo el lugar donde se entretejen las verdaderas causas de dicho empobrecimiento.  No todo el mundo obrero es pobre, pero sigue siendo la subordinación del trabajo y la vida de los trabajadores al capital la principal fuente de pobreza.

Por este motivo, el clamor de la debilidad del mundo del trabajo, sigue siendo para nosotros el grito desgarrado del Cristo Obrero de Nazaret.  Un trabajo que, en Jesucristo, es fuente de vida y de participación con Dios en su obra creadora y es experiencia de resurrección; pero que se convierte, por la negación de Dios, del hombre y de la moral, en expresión de muerte y desesperación.

La Mística de la HOAC, que nos hace encontrar a Jesucristo en la vida de los empobrecidos, nos ayuda a vivir nuestra condición obrera, la vida de nuestros compañeros de trabajo, de nuestros barrios obreros, de nuestras familias… como lugar privilegiado para el Encuentro.  Encontrarnos con Jesucristo es encontrarnos con Él en las víctimas de este sistema de producción y consumo que las empobrece y las deshumaniza.  El mundo obrero y del trabajo se convierte en la realidad en la que queremos vivir desde Jesucristo y ser vida resucitada en su dolor, en su injustica, en su explotación.

Como nos recuerda Jesús Martín en muchas reuniones, queremos hacer de nuestras vidas la ofrenda para devolver a Cristo Obrero de Nazaret a los trabajadores, la verdadera liberación y salvación para el obrero y para los obreros.  Un Cristo Obrero que históricamente le han robado.

Este trabajo significa poner en el centro de la vida de la Iglesia al Cristo Obrero muerto y resucitado en los acontecimientos históricos que vivimos, como por ejemplo las víctimas de la crisis económica.  Y significa, trabajar permanentemente para ayudar a que toda la Iglesia ponga el mundo del trabajo en un lugar privilegiado de su pastoral, de su catequesis, de su liturgia…  Por varios motivos: porque el mundo del trabajo es mayoritario entre los fieles; porque el mundo del trabajo necesita a la Iglesia y su mensaje de liberación; y porque la Iglesia necesita asumir como algo propio la debilidad y empobrecimiento del mundo obrero para seguir siendo la Iglesia de Jesucristo, la Iglesia de los pobres:

«La Iglesia está vivamente comprometida en esta causa, porque la considera como su misión, su servicio, como verificación de su fidelidad a Cristo, para poder ser verdaderamente “la Iglesia de los pobres”.  Y los “pobres” se encuentran bajo diversas formas…; aparecen en muchos casos como resultado de la violación de la dignidad del trabajo humano” (Juan Pablo II, “Laboren exercens” 8)»

La HOAC tenemos como misión llevar a Jesucristo y la Iglesia al mundo obrero y llevar el mundo obrero a la Iglesia.  Nos toca plantar la tienda de la Iglesia en el mundo obrero.

10.              La Mística de la HOAC nos lleva, por amor, a la encarnación en la debilidad del mundo obrero y del trabajo.[[9]]

Todo lo dicho hasta ahora, queda en papel mojado si no pasa la prueba de la encarnación.  El pacto consciente y libremente hecho con Dios nos lleva, como hemos dicho, a una profunda confianza en Él y a vivir desde la lógica de Dios que es la comunión, el Mandamiento Nuevo.  Y el amor, se encarnó en la naturaleza humana para llevar a cabo por ella nuestra salvación.  Se hizo persona humana y persona humana pobre.  Se encarnó en la debilidad humana y en la pobreza humana.

Es como si Dios nos diera una gran lección: Yo, que soy Dios, os ofrezco el camino para llevar la Salvación a vuestros hermanos.  La Salvación que ofrezco se tiene que acoger dentro del mundo.  Desde la libertad humana se ha de experimentar, ha de ser visible y creíble, ha de transformar la vida de las personas haciéndolas más humanas y protagonistas de sus vidas.

Esta experiencia de la manera de proceder de Dios, nos muestra la manera de proceder de los cristianos y de la Iglesia.  Dios sigue actuando en el mundo para llevarle la salvación.  Y toda la iglesia, todos los creyentes, unidos a Cristo Resucitado, estamos llamados a actuar al modo de Dios o, más bien, a convertirnos en agentes de la acción misma de Dios, compartiendo y adentrándonos en la vida de las personas.  Una salvación que, desde el testimonio de vida y el compromiso entre las víctimas del mundo obrero, haga actual y visible la liberación y salvación de Dios.  Salvación que se convierte en el centro de nuestras preocupaciones y que ofrecemos para que sea acogida por nuestros compañeros, haciéndolos protagonistas de sus luchas.

Experimentar a Jesucristo en nuestra vida es experimentarlo encarnado en mí por amor y esa experiencia se convierte irremediablemente, para ser verdadera, en ofrecimiento de toda mi existencia para que Él siga encarnándose en los más débiles del mundo obrero a través de mí.  La encarnación en los pobres no es una opción, a la que puedo optar, es una condición normativa para ser seguidor de Cristo.  Por tanto la encarnación es consecuencia del amor a Dios y a nuestros compañeros más débiles del mundo obrero.

D. Tomás Malagón, al reflexionar sobre la Encarnación en los pobres, dice:

“Encarnarse es asumir tales sentimientos y privaciones (de los pobres), participando de ellas.  Cristo asumió nuestra naturaleza humana y nosotros, para transmitir su Mensaje sin traicionarlo, debemos asumir de algún modo la vida de los pobres.

Hemos de participar de alguna manera de las aspiraciones, de las ideas, de los sentimientos y de la vida de los pobres.  Y no nos referimos aquí a las aspiraciones y sentimientos de éste o de aquel individuo en concreto (cada uno tan interesado y egoísta como nosotros y como la mayor parte de los hombres), sino que nos referimos al modo de ver la realidad, a las privaciones y al legítimo deseo de una mayor comunión, en cuanto notas características de la mentalidad y de la vida de los pobres como conjunto humano”[[10]]

Estamos llamados a encarnarnos en los trabajadores más pobres de cada momento.  En este momento el colectivo de trabajadores más pobres es, sin duda, el de los trabajadores inmigrantes.  Los tenemos por todas partes, cerca de cada uno de nosotros.  La persona concreta del inmigrante que vive a nuestro lado es nuestro prójimo, al que debemos acercarnos, ayudar y amar.  Los militantes y toda la HOAC quizás estemos hoy siendo invitados por el Señor a escuchar sus gritos y a procurar su liberación (cf. Ex 3)

La experiencia cristiana es en cada persona un proceso.  Un proceso de conversión al Evangelio, de maduración de la fe, de concreción del compromiso…  En definitiva un proceso donde vamos abandonando nuestra voluntad para vivir desde la voluntad de Dios.  Estos pasos en la experiencia de la fe conllevan un proceso que nos hace caminar por distintos grados de encarnación en los pobres.  Y para la HOAC, en los empobrecidos del mundo obrero.

“La encarnación tiene distintos grados[[11]]:

1.        Conocer la situación del mundo obrero, conocer el conflicto obrero y reconocer la injusticia y el derecho que asiste al mundo obrero (…).  Este es uno de los problemas principales que necesitamos abordar.  La HOAC y sus militantes necesitamos saber y compartir esa situación y ese conflicto de una manera vital y de una manera racional.  Este primer grado es obligatorio para todos, pero insuficiente para el apóstol.

2.        Mirar la realidad desde la situación del mundo obrero y retomar su patrimonio cultural histórico, sus valores, sus aspiraciones y mentalidad y hacerlas nuestras.  Debajo del manto de la uniformidad ideológica y cultural existe un patrimonio que ha sido construido como respuesta del hombre -imagen de Dios- a la injusticia.  Muchos de los valores encerrados en esa respuesta siguen siendo válidos y necesarios.  Este segundo grado es indispensable para ser aceptados por el mundo obrero.

3.        El tercer grado necesario para penetrar en el corazón de los pobres y demostrarles que la Iglesia los ama verdaderamente, es participar en la acción transformadora de personas, ambientes y estructuras cuya dimensión política es inevitable e irrenunciable.

4.        Por último, el cuarto grado, necesario también para un testimonio evangélico, consiste en participar cuanto más mejor, según sea posible, de las privaciones y sufrimientos de los oprimidos, de los pobres y humillados.”

La encarnación vivida como la estamos planteando es la respuesta que cada militante y la misma HOAC debemos dar a la pregunta de cómo concretar la fidelidad a Jesucristo desde su Iglesia y la fidelidad al mundo obrero y del trabajo desde sus condiciones de vida y sus posibilidades de liberación.  Creo que ésta es una de las claves fundamentales para dar respuesta a los retos formulados en esta Asamblea General.  Si no avanzamos en este proceso de encarnación será imposible que vivamos y actuemos de manera alternativa.

Y esto supone plantearnos cómo históricamente se han ido dando distintos tipos de encarnación en la HOAC:[[12]]

1.        Natural: Es la que realizan las personas que pertenecen a los sectores en los que se da la pobreza y la debilidad del mundo obrero, cuando descubren la Fe y viven desde ella su situación.

2.        De inserción: Militantes que al encontrarse con Jesucristo en el mundo obrero renuncian a estudios, trabajos y profesiones para situarse en el corazón de los sectores más empobrecidos y explotados y luchar con ellos contra la injusticia y explotación dando testimonio de fe para evangelizar.

3.        De servicio: Militantes que se han acercado a la HOAC dispuestos a evangelizar al mundo obrero desde la situación profesional y laboral que tengan, siempre que no sea un obstáculo para la misión.

Pero nos encontramos una gran dificultad: hoy, por la propia evolución y fragmentación del mundo obrero, por la promoción que la HOAC nos aporta, la mayor parte de los militantes nos encontramos en esta tercera situación.  La mística de la HOAC nos reclama que avancemos muchos de nosotros en una encarnación de inserción para que la HOAC estemos más cerca de la inserción natural.  Esto supone que la HOAC tendrá que fomentar y posibilitar que haya militantes capaces de renunciar a su profesión y trabajo para situarse en esos sectores.  Incluso capaces a cambiar residencia para insertarse en zonas donde vive la debilidad del mundo obrero.

Pero para que esto sea posible hemos de vivir la inserción de servicio desde unas claves[[13]]:

a.    Vivir la pobreza evangélica desde la opción por los empobrecidos en el mundo obrero, y para ello vivir pobremente y renunciando a todo cuanto no impida hacerlo.

b.    Conocer, desde la perspectiva de los pobres, los problemas obreros, la historia obrera, las utopías obreras, las luchas obreras… haciendo un discernimiento cristiano de todo ello y, desde él, dedicar todo el tiempo, esfuerzo y capacidad a defender y difundir la causa obrera como un aspecto indispensable de la tarea apostólica y de la fidelidad a los pobres y a la Iglesia.

c.    Oponerse, desde la defensa de los pobres del mundo obrero y desde la Fe de la Iglesia, a todo cuanto dificulte la promoción y liberación de los pobres, proceda de quien proceda.

Y, también, hemos de responder comunitariamente para que puedan existir experiencias de una encarnación de inserción.  Este testimonio hoy es fundamental para responder a los retos planteados.  Pero esa respuesta ha de ser comunitaria.  Son familias las que han de darla y equipos y asambleas de la HOAC las que han de acompañarlas.

Curiosamente, desde la lógica del mundo, esto que estoy planteando es una locura.  Pero la lógica de Dios nos pide que la Vida Nueva en Jesucristo sea para nosotros la del decrecimiento económico, social, etc., para que los empobrecidos tengan vida.

Ante este proceso que hemos de recorrer para caminar en radicalidad evangélica hemos de situarnos, como nos decía Juan Pablo II, desde la Ley de la gradualidad o camino gradual pero no desde la gradualidad de la Ley.  Es decir, estas opciones que me pide Jesús yo quiero avanzar hacia ellas, tengo claro que eso es lo que Él me pide y reconozco que ahí está la nueva vida.  Y también que es un proceso personal, familiar, comunitario en el que he de ir dando pasos.  Lo que es gradual es el camino para llegar a esa meta, a la propuesta de vida que Dios me ofrece.  Pero lo que es una traición a nuestro bautismo es decirme que el proyecto de Dios, la vida que me regala, no es para mí, sino que es para héroes.  Y como no estamos dispuestos asumirlos plenamente, entonces lo adaptamos a las circunstancias de cada uno.  Hacemos gradual la “ley”, recortamos el plan de Dios.

La fe cristiana nos dice que sin Cristo no es que podamos una 70%, o un 30% o un 5%.  Sin Jesucristo Resucitado no podemos nada, pero con Él podemos el 100%.  El proceso comunitario emprendido en las últimas Asambleas y, concretamente, en ésta, es un intento de caminar por este sendero de poner a las víctimas, a los empobrecidos en el corazón de nuestras vidas y de poner nuestras vidas encarnadas en la realidad empobrecida del mundo obrero.

11.              La mística de la HOAC nos aporta el sentido, la finalidad y el impulso de nuestra vida y militancia.

a.                  Una forma de vida: Comunión-Mandamiento Nuevo:

El encuentro con Jesucristo nos hace descubrir la vocación a la comunión.  Y esa es la mejor manera de construir nuestras vidas y de hacer frente a la injusticia y al empobrecimiento.  Ese es el camino para que las personas se realicen: vivir desde, por y para la Comunión.

Comunión que está sustentada e impulsada por la vida que genera en nosotros y en la realidad el Mandamiento Nuevo.  Nuestra tarea es cristificar nuestras vidas y la realidad y construir toda ella y nuestra existencia desde Él.

La Iglesia, como hemos dicho, es el Cuerpo Místico de Cristo.  Y en ella intentamos vivir y edificarla desde la comunión.  El camino para que la vida de comunión sea una realidad lo hemos de desarrollar a través de la triple comunión: comunión de bienes, comunión de vida y comunión de acción.  Y desarrollarla en toda la vida eclesial: en nuestras parroquias, en la HOAC, en las diócesis, en nuestras familias -Iglesia doméstica-…

Esa es, también, en la vida social nuestra tarea: hacer posible que el espíritu eclesial, la comunión, rija las relaciones personales y sociales.  El encuentro con Jesucristo Resucitado en su Iglesia nos lleva a no encerrar en la Iglesia su Espíritu sino a contagiar, poro a poro, a nuestros compañeros, sus relaciones, la vida vecinal, empresarial, el sindicato, la vida política, la vida económica.

El militante hoacista reconoce en la Palabra de Dios y en la Doctrina Social de la Iglesia criterios y orientaciones para vivir la comunión en toda la realidad: la búsqueda del bien común, el destino universal de los bienes, la solidaridad y la subsidiariedad…  Pero esta experiencia comunitaria, en la que la HOAC tiene una larga historia, hoy se encuentra con un importante problema.  Este texto de una editorial de N.O. (1484-1487) nos lo muestra:

“La vida consumista dificulta nuestro juicio y nuestra voluntad.  Nos sentimos seguros en nuestra seguridad material, y cuanto más seguros nos sentimos más nos alejamos de la seguridad definitiva que es la confianza en Dios.  Así nos creemos libres, pero en realidad, tenemos un miedo horrible a la libertad, porque la libertad está indisolublemente unida al amor, y éste, a la justicia.  Somos libres para amar, no para hacer lo que se nos antoje.  La cultura consumista nos propone, y educa nuestro deseo, para que hagamos lo que nos apetece en cada momento.  Pero, paradójicamente, esta manera de proceder se opone a la libertad, porque nos aparta del amor: nos aparta del Amor de Dios y de la confianza absoluta que brota de Él.  Y nos aparta del amor a los otros, que surge del amor de Dios.  El amor de Dios es el origen de toda libertad; el amor a los otros, su finalidad.”

Desde una concepción de la libertad basada en la capacidad de elegir y en valorar todo como objeto de consumo de lo que puedo prescindir… se hace muy complicado construir la comunión y la comunidad.  Desde esta experiencia todo lo terminamos valorando no como una posibilidad que Dios me ofrece sino como una imposición que se me hace.  Entonces la comunión de bienes, de vida y de acción, lejos de verse como el único camino para ser libres en Cristo, se percibe como una limitación y una intromisión en mi mal entendida libertad.

b.                 Una tarea a realizar: la construcción del Reino de Dios

La Mística de la HOAC nos lleva a descubrir en la vida nueva que Jesucristo nos ofrece qué es lo esencial de nuestra existencia.  La vida de muchos consiliarios y militantes de la HOAC, en este sentido, ha sido y es palabra viva de Dios.

Rovirosa y su esposa, después de unos ejercicios espirituales en el Escorial, toman conciencia de su bautismo y hacen un pacto con Dios.  Están dispuestos a dedicarse por completo al apostolado a cambio de que Él se haga cargo de lo que necesiten para vivir.  Una experiencia de radicalidad evangélica.  “No andéis preocupados pensando qué vais a comer o a beber para sustentaros (…) Esas son las cosas que les preocupan a los paganos.  Ya sabe vuestro padre celestial que las necesitáis”. Mt 6,25.32)

El testimonio de muchos cristianos, de muchos hombres y mujeres de la HOAC, es que esa fuerte experiencia de encuentro con Jesucristo resucitado les llevó a orientar su vida desde lo más esencial.  “Buscad el reino de Dios y su Justicia, lo demás Dios os lo dará” (Mt 6,33).  La experiencia del militante que vive el encuentro personal con Jesucristo es la de sentir que El Reino de Dios y su Justicia está cerca:

Por un lado, tiene la certeza revelada por la Palabra de Dios, que la historia camina hacia Cristo.  Que es Él quien tiene la última palabra.  Un Reino que ha de llegar y que ya en Jesucristo ha irrumpido en la historia.  Esta vivencia del tiempo mesiánico cada día se nos hace más difícil experimentarla por la vivencia del tiempo que nuestra sociedad productiva y consumista nos hace percibir.  El tiempo se vive como instantes que no tienen relación unos con otros.  Un tiempo de una gran rapidez donde no se espera nada.  El hombre productor y consumidor vive al día.  La historia comienza y acaba con él.  No se plantea un compromiso para el futuro ni se hace responsable de lo que nos ha de acontecer.  Vive desde la dictadura del presente.  Las promesas no existen.  Y no espera ni desea otro mundo, otra realidad, ni humana ni trascendente.  Los proyectos de cambio social, de revolución no tienen cabida.

Pero el militante de la HOAC tiene la certeza de que el Reino de Dios está cerca.  En la historia humana y en la historia personal.  Con la muerte no termina la Vida que Jesucristo nos ha regalado.

Y al mismo tiempo tenemos la certeza de que el Reino está cerca, fundamentalmente, del que sufre.  Tiene la experiencia de que el Reino se hace cercano al empobrecido a través de acciones de amor y de justicia y del anuncio de Jesucristo.  Nuestra encarnación, nuestro testimonio y nuestro compromiso son la manera de hacer realidad las palabras del Evangelio.

“Id y anunciad que el reino de los cielos está cerca.  Sanad a los enfermos, resucitad a los muertos, limpiad de su enfermedad a los leprosos y expulsad a los demonios.  Gratis habéis recibido este poder: dadlo gratis” (Mt 10,7-8)

En la Mística de la HOAC es la experiencia histórica de hacer nacer día a día su Reino en las fábricas, en los talleres, en las minas… y en nuestras casas. (En nuestros hogares, en nuestras familias).

12.              La mística de la HOAC nos ofrece una espiritualidad desde donde construir nuestra humanización y ofrecerla a los demás: vivir las dimensiones del Mandamiento Nuevo.

Las virtudes cristianas de la pobreza, la humildad y el sacrificio son realmente las dimensiones que brotan y hacen posible el amor de Dios que antepone al otro a nuestra propia existencia.

Sin ellas es imposible construir la comunión, sin ellas nuestra vida responde a las tendencias que nos deshumanizan.  Sólo a través de la vivencia personal y comunitaria de la pobreza, de la humildad y del sacrificio podremos construir una manera de sentir, de pensar y de actuar desde Jesucristo.

La reflexión 32 de nuestro material de formación inicial nos las presenta:

“… la virtud de la Pobreza, la virtud de compartir haciendo al otro más uno que uno mismo, porque esa es la mejor lucha que puede realizarse para que los pobres dejen de serlo.  Virtud de la pobreza que nos lleva a dar y a darnos.”

“… la virtud de la Humildad y la actitud de servicio, la virtud de reconocernos como criaturas de Dios, destinados a cumplir su voluntad y reconocerle y amarle en los demás porque son Él mismo.  La virtud de la Humildad nos lleva a recibir a los demás como un don de Dios.”

“… la virtud del Sacrificio que hace posible nuestro Proyecto de Humanización.  La virtud del Sacrificio nos lleva a actuar removiendo todos los obstáculos que lo impidan.”

13.              En comunión con todos los santos y todos los cristianos.

La Mística de la HOAC también nos lleva a experimentar a Jesucristo Resucitado en todos los que están incorporados e injertados en Él.  ¡Tantos santos anónimos!  Es la experiencia de no estar solos.  Es la experiencia de comunión con los santos y con todos los militantes que nos presidieron: sus vidas, sus pensamientos, sus aportaciones.  ¡Gracias Dios mío!

María, la primera oyente de la Palabra, que acogió y nos dio a luz a Jesucristo, nos acompaña en nuestro caminar.

También están con nosotros: Guillermo Rovirosa, testigo del evangelio en el mundo obrero y profeta en la Iglesia; Eugenio Merino, místico de ojos abiertos en la realidad del mundo obrero oprimido; Tomás Malagón, acendrado en comunión eclesial y en disponibilidad al servicio de la HOAC y la formación de militantes cristianos; y tantos militantes cristianos en el mundo obrero que llevamos en nuestro corazón[14]

Esta experiencia de comunión nos lleva a sentir su cercanía cuando participamos en las luchas del mundo obrero, en sus organizaciones, en sus vidas y anhelos…  Cristo y todos los cristianos y militantes hoacistas están conmigo.

La mística de la HOAC nos hace sentir vivos a tantos militantes muertos en el campo del honor del trabajo y de la lucha.  Y a los militantes que comparten su vida con la nuestra.  Especialmente a los militantes enfermos que siguen viviendo la vida de Cristo en su debilidad y siguen, desde su oración, unidos al sufrimiento de las víctimas del mundo obrero.

14.              Y amando y construyendo la HOAC: una experiencia eclesial.

La Mística de la HOAC es la que puede configurar nuestro proyecto de humanización, es desde donde podemos vivir el Mandamiento Nuevo, desde donde podemos construir nuestras vidas como relato de Dios: en comunión.

Por tanto, nuestro proyecto de humanización no lo podemos concretar ni vivir de manera aislada, individual.  Sólo lo podemos concretar y vivir en comunidad, en comunión.  Sólo lo podemos concretar desde un profundo sentido y espíritu eclesial.  Y nosotros hemos sido llamados por Dios para concretarlo y vivirlo en la HOAC.  ¡Es tanto lo que le debemos!

Es más la HOAC es la experiencia de toda esta vida en Jesucristo, desde su Iglesia, en el mundo obrero.  Es, por tanto, una vocación puesta por Dios en nuestros corazones.  El militante de la HOAC ha sido creado por Dios para evangelizar el mundo obrero, esa es su vocación, su misión y su felicidad; ese es el proyecto que Dios tiene sobre él.  Cuando no partimos de esta experiencia y convicción estamos fuera de lugar, nos sentimos extraños, llamados por muchas pertenencias, opciones y actividades.

Por este motivo, queremos que los rasgos que hemos descrito de nuestra Mística: los compromisos bautismales, la experiencia del Amor de Dios y sus dimensiones, la vida de comunión, el seguimiento de Jesucristo, la encarnación, etc., sean las que vivamos de manera habitual y que se configuren en nuestra manera normal de ser y de vivir.  Para esto se deben convertir en la manera normal de sentir, de pensar y de actuar entre nosotros, en la HOAC y en nuestros ambientes.  Se han de convertir en cultura.

Entonces todo, la Iglesia, la formación, el equipo, los sectores, el compromiso, lo que la HOAC mi pide y me exige, el cómo vivo y administro las diferencias entre lo que la HOAC dice y hacer y mis propias convicciones, las respuestas que hay que dar a determinadas situaciones, etc.; todo se nos descubre con una nueva luz, porque todo lo descubrimos desde Jesucristo.

Vivir desde la Mística de la HOAC supone para la HOAC en estos momentos históricos un cambio importante en nuestras vidas, en nuestras familias, en nuestra militancia, en la propia HOAC.

Por experiencia sabemos que para provocar cambios en nuestra vida hemos de realizar compromisos, concreciones prácticas.  No valen sólo las buenas intenciones.  Construir un proyecto de humanización desde Jesucristo y unas relaciones nuevas entre nosotros, máxime en la cultura y realidad que vivimos, necesita de una HOAC que nos ayude a experimentar caminos que hagan reales y visibles nuevas formas de vivir y de actuar.  Formas de vida y de acción que ofertemos a nuestros compañeros, poniendo en el centro de las mismas la debilidad y el sufrimiento de los empobrecidos.

Pero hacer esto, responder al empobrecimiento y a la deshumanización desarrollando la HOAC formas de vida y acción que pongan a las víctimas en el centro de nuestras vidas y de nuestros intereses, hemos de vivir en nosotros un concepto de la libertad radicalmente distinto a como la cultura consumista nos impone.  Supone no desarrollar una militancia a la carta; es decir, vivir la “ley de la gradualidad” que nos humaniza, porque nos permite personalizar libremente las decisiones comunitarias; pero evitar la “gradualidad de la ley” que nos deshumaniza, porque supone someter las decisiones comunitarias a nuestra propia voluntad.  Nuestra libertad se construye y crece desde la comunión, no al margen de ella.

La vida de comunión necesita la actitud crítica y fraterna que nos hace avanzar a todos pero también necesita de la actitud confiada en Dios y en los hermanos.  No se trata tanto de hacer que nuestras ideas se impongan sino de descubrir la voluntad de Dios en las opiniones de mis hermanos.  Esta cultura que hemos de desarrollar debe llevarnos a la unidad desde la diversidad.  Sólo un profundo respeto y cariño puede ayudarnos a avanzar en comunión.

Y por último, la vida de comunión necesaria para que el militante construya su proyecto de humanización y la comunidad viva y realice su misión en el mundo obrero, pasa porque ésta juegue un papel clave en nuestras vidas.  La HOAC no es algo más.  La HOAC es central en mi vida.

Las propuestas de vida y acción que aprobemos, las líneas y el plan de trabajo que decidamos debemos entenderlos desde esta perspectiva.

“Dios crea al hombre como el mar a la playa: retirándose”. Hölderlin


[1] Extraído del tercer reto (pág. 24). Material nº 1. Una realidad a evangelizar.

[2] Q.A.C.: Quehacer Apostólico Comunitario.

[3] Pág. 137. Juan Martín Velasco: Mística y humanismo. PPC. 2007

[4] Ídem.

[5] Material nº 3 de la XII A.G. Pág. 6.

[6] Pág. 3, Reflexión 32, Material de Formación Inicial. HOAC

[7] Pág. 36. Jon Sobrino: La fe en Jesucristo. Ensayo sobre las víctimas.

[8] Notas de identidad de la Acción Católica en la vida de nuestros movimientos y del conjunto de la Iglesia:

Eclesialidad de la Acción Católica: El fin inmediato es el fin apostólico de la Iglesia.
Protagonismo de los laicos: Secularidad de la Acción Católica.
Unidos a manera de un cuerpo orgánico: Hay Acción Católica, si hay unidad.
En comunión orgánica con el Ministerio Pastoral: Bajo su superior dirección.

[9] A la hora de profundizar en la Encarnación creo que es muy interesante releer y meditar -para escuchar a Dios en lo más profundo de nuestro ser- la ponencia “La encarnación en la pobreza y debilidad del mundo obrero” recogida en el libro: HOAC. Testigos de Jesucristo en el Mundo Obrero.  Que fue impartida como ponencia sectorial en nuestra X Asamblea General.

[10] T. Malagón: Encuesta y Formación…, Ed. HOAC, 1999, pág. 120

[11] X Asamblea General. HOAC: Testigos de Jesucristo en el mundo obrero. Ed. HOAC, 1999, pág. 91

[12] X Asamblea General. HOAC: Testigos de Jesucristo en el mundo obrero. Ed. HOAC, 1999, pág. 92

[13] X Asamblea General. HOAC: Testigos de Jesucristo en el mundo obrero. Ed. HOAC, 1999, pág. 93

[14] Pepe Jiménez García (1953-2010), nace en Barbate (Cádiz) en el año 1953, tenía 57 años cuando fallecía el pasado 25 de agosto de 2010.
Pepe Jiménez ingresa en la HOAC en el año 1977, y es elegido Presidente General de la HOAC de 1989 a 1993. Estaba casado y tenía tres hijos
(dos hijas y un hijo).


 
 
Visita nuestra Página Web:
http://www.redasociativa.org/hoac/
Formación, información y temas de interés.

HOAC de Andalucía:
http://hoacandalucia.es/

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Hermandad Obrera de Acción Católica:  http://www.hoac.es/ 

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