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Cap IX Actividad de los catolicos

CAPITULO IX ACTIVIDAD DE LOS CATÓLICOS

Libro Apostolado Seglar

P. CIRILO BERNARDO PAPALI, o.c.d.

Profesor en la Univ. Pontif. “de Prop. Fide”,
en la Facul. Teolog. O. C. D. y en el Inst.
“Regina Mundl”. Miembro de la Com. Pontif. de
Apostolatum Laicorum poreparatoria del
Conc. Vaticano II

Para que mejor se entienda lo que vamos a decir en este capítulo, hacemos las siguientes observaciones:

1) Con el nombre de actividad de los católicos designamos todo apostolado, individual o colectivo, que los seglares ejercen por iniciativa privada[1]. Los organismos que erigen los seglares por su propia cuenta no adquieren categoría de persona moral en la Iglesia, y, por tanto, sus acciones son de derecho privado, como los de cualquier individuo. Puede, sin embargo, la Iglesia recomendar tales corporaciones, como lo hace con frecuencia. Se lee en el canon 684: “Son dignos de alabanza los fieles que se inscriben en asociaciones erigidas o al menos recomendadas por la Iglesia.” Aquí se ve clara la distinción de las asociaciones piadosas en eclesiásticas (erigidas por la Iglesia) y laicales (fundadas por seglares y recomendadas por la Iglesia). A esta segunda categoría pertenecen las Conferencias de San Vicente de Paúl, la Legión de María, etc. Ante el estado civil pueden éstas gozar de personalidad jurídica, y de hecho así sucede en ocasiones (*).

2) No tratamos aquí del apostolado en su sentido estricto, sino en un sentido más amplio. Es difícil deslindar con precisión, afirma Pío XII, lo que pertenece al apostolado seglar propiamente dicho. Así, por ejemplo, podríamos preguntamos si son actividades apostólicas: la educación de los hijos por padres de piedad ardiente o maestros de vida auténticamente cristiana; la conducta de un buen médico católico, cuya conciencia no cede cuando entra en juego la ley natural o divina, y defiende enérgicamente la dignidad cristiana de los cónyuges y los derechos sagrados de la prole; la actuación de un político que trabaja por aumentar el número de viviendas proyectadas en pro de los menos favorecidos por la fortuna. Muchos lo niegan, por no ver en ello otra cosa que el cumplimiento de un deber. El Sumo Pontífice cree que es una labor de eficacia incomparable este sencillo cumplimiento del deber, que realizan miles y miles de fieles de una conciencia ejemplar[2].

3) La actividad de los católicos incluye, además de las actividades apostólicas de orden espiritual, aquellas de orden temporal que se refieren al fin secundario de la Encarnación.

                   1.   Actividad de los católicos en el orden espiritual

Es una cuestión que no necesita largas explicaciones. En el orden espiritual, la acción de los católicos tiene el mismo objeto y extensión que la Acción Católica. Este apostolado puede ser directo o indirecto, según que los medios utilizados para obtener su fin espiritual sean espirituales o temporales. Como ya hemos especificado, coinciden, en el primer caso, el fin de la obra y el del que la ejecuta; en el segundo caso, conservando la obra su ordenación a lo temporal, por la intención del individuo se convierte en actividad espiritual. De las asociaciones seglares mencionadas por el Código, podemos decir que las Cofradías se ocupan del apostolado directo, mientras las Pías Uniones del indirecto.

Es apostolado directo todo lo que hacen los fieles, individual o colectivamente, para fomentar el culto divino, la frecuencia de los sacramentos, prácticas piadosas, etc. Una de las normas principales de este apostolado es la instrucción religiosa. No se trata de la enseñanza oficial y pública, que, por delegación de la Jerarquía, ejercen algunos seglares, como, por ejemplo, los catequistas. Hablamos de la instrucción privada que todos los fieles pueden, y en ocasiones están obligados a hacer, para ayudar a la salvación de sus prójimos. Es un derecho, y al mismo tiempo un deber gravísimo y trascendental de los padres el de dar instrucción religiosa a sus hijos. Y esto no les pertenece por delegación de la Jerarquía, sino por institución divina. Todos están obligados por caridad, según las posibilidades de cada uno, a instruir en las verdades de la fe a cuantos las ignoran y si no es posible de palabra, al menos con el ejemplo.

Existe otra manera de magisterio que, aunque no público en sentido jurídico, lo es en sentido vulgar, es decir; se dirige a la multitud. Ejercen este magisterio los seglares competentes que con sus palabras y sus escritos propagan la fe católica. Su apostolado no es autoritativo, y, por consiguiente, carece de valor dogmático y moral en la Iglesia. Mas tienen autoridad los doctores ante el mundo, y de ahí nace su particularísima eficacia en el apostolado eclesiástico. Siempre ha habido en la Iglesia doctores y apologistas seglares, y sigue habiéndolos hoy día. León XIII elogia los servicios incalculables que su labor apostólica presta a la Iglesia: “Defender la integridad de la fe no es tarea exclusiva de la jerarquía. Todos están obligados, si la necesidad lo exige, a divulgar entre los demás su fe, instruir o corroborar a los ya creyentes, rechazar los ataques de los infieles[3] (…) Por derecho divino, el oficio de predicar y enseñar pertenece a los Obispos, encargados por el Espíritu Santo del gobierno de la Iglesia, y en primer lugar al Romano Pontífice (…) Con esto no se intenta excluir la colaboración de las personas privadas, y en particular a aquellas que Dios ha dotado de ciencia y ansias-de hacer el bien. Cuando las circunstancias lo pidan,- deben éstos, sin dárselas de doctores, divulgar entre los demás la doctrina que ellos mismos han aprendido de sus maestros. Tan oportuna y provechosa pareció a los Padres del Concilio Vaticano esta labor privada, que llegan a solicitarla: Rogamos por la misericordia de Jesucristo y mandamos con la autoridad del mismo Señor y Redendor nuestro, a todos los fieles cristianos, y en primer lugar a los que desempeñan cargos de gobierno o magisterio, que se apliquen con generosa entrega a destruir los errores que la Iglesia condena, haciendo brillar dondequiera la luz de la verdadera fe… [4]. Entre los deberes que tenemos para con Dios y la Iglesia, hay que contar sobre todo el que cada uno tiene de procurar con diligencia la difusión de la doctrina cristiana y su triunfo sobre el error”[5] .

El apostolado indirecto en el orden espiritual consiste, según hemos indicado ya, en utilizar medios temporales para la conversión o aprovechamiento de las almas. Mas no cualquier actividad temporal puede fácilmente convertirse en apostolado espiritual: es necesario que posea alguna aptitud natural para atraer a las almas. Los más eficaces son las obras de caridad, como: el cuidado de los enfermos y huérfanos, la educación de los niños, el socorro de los pobres, etc. En nuestros días, todo lo que contribuya a mejorar la condición del obrero o a suavizar la tensión existente entre las diversas clases sociales, es un medio magnífico de apostolado indirecto, por ser el más indicado para disponer los animos a recibir la verdad. Otros medios modernos, son, por ejemplo: la imprenta”, el cine; la radio, la televisión, etc. Pueden también utilizarse como medios de apostolado indirecto los “scouts”, “clubs” y otras corporaciones sociales. En un discurso del 5 de octubre de 1950, Pío XII dio bien a entender el ámbito inmenso de tal apostolado: no solamente los maestros y maestras, sino cualquier hombre o mujer pueden desplegar una labor apostólica eficacísima a través de su profesión. Mejor oportunidad aun tienen hoy los médicos, ingenieros y demás especialistas que, como miembros de la UNESCO u organismos similares, se encargan de la ayuda a naciones menos desarrolladas [6](145).

Con estas breves nociones sobre el apostolado seglar de orden espiritual, podemos ya explicar su actividad en el orden temporal, terreno reservado a ellos solos.

                   2 Apostolado de los seglares en el orden temporal (*)

Es uno de los puntos más importantes en la cuestión del apostolado de los seglares, pues sólo ellos pueden convenientemente desarrollar esta actividad, perteneciente al fin secundario de la Encarnación que, como ya dejamos explicado, es la redención y restauración en Cristo del mundo temporal y material. Jesucristo no quiso, mientras vivía en la tierra hacer uso de su dominio sobre el mundo, si quiere que actualmente lo haga la Iglesia. La nueva ordenación del mundo a Dios debe ser obra no de la jerarquía eclesiástica con su autoridad, sino de los fieles en particular, que lo conquisten sin violencias. La jerarquía forma a los cristianos, para que después los cristianos reformen al mundo. Vamos a deslindar antes un poco el apostolado espiritual indirecto del apostolado seglar de o orden temporal, pues hay peligro de confundirlos, ya que tienen muchas coincidencias externas y materiales :

1)      No se trata aquí del último fin del agente. Todo acto del cristiano, como de cualquier otro hombre, debe dirigirse en último término a Dios. El fin último de cualquier acto humano es siempre la gloria de Dios y la salvación eterna del que lo ejecuta en primer lugar, y luego de los demás. En esto coinciden el apostolado espiritual y el temporal.

2)      La diferencia fundamental entre las dos maneras de apostolado radica en el fin próximo de la acción:  ¿se identifican la intención del agente y el fin de la acción misma? En el apostolado de orden temporal, sí  (siempre que se trate de una acción naturalmente buena); en el apostolado espiritual indirecto el fin de la acción es solamente un medio para que el agente pueda conseguir un fin espiritual. En el primer caso, se busca el fin de la acción en si mismo; en el segundo, únicamente en orden a otra cosa. Un ejemplo: hace apostolado espiritual indirecto el médico misionero que se esfuerza por devolver la salud corporal a un enfermo, con el fin de que su alma esté mejor dispuesta a recibir la gracia de la conversión. Este busca ciertamente la salud, pero no como fin próximo, sino como medio para conseguirlo. Pongamos el caso de otro médico católico, lleno de caridad cristiana, que trabaja por la salud del enfermo, sin añadir otro fin próximo a su acción: para éste coinciden el objeto de la acción y su propia intención. Tratamos de averiguar si es un acto meritorio el de este segundo médico; si puede convertirse en auténtico apostolado.

3)      Adviértase que, en nuestras hipótesis, las acciones del segundo médico no carecen de último fin sobrenatural, sino solamente del fin próximo espiritual. Con relación al último fin, todos los demás fines, espirituales o temporales, no pasan de ser medios. Nuestra cuestión se plantea a la altura del fin próximo, y es la siguiente: ¿tiene el orden temporal en sí mismo algún valor que permita considerarlo fin próximo, o ha de ser por fuerza sólo medio ordenado a una ulterior finalidad espiritual? Intentaremos resolver este difícil problema.


[1] Como es natural, empleamos la terminología hasta ahora en uso, ya que la propone el Sumo Pontífice aún no se ha introducido en el uso; cuando ésta se difunda, todo apostolado organizado de los seglares en el orden espiritual queda incluido bajo la Acción Católica, y el término “acción de los católicos” designará el apostolado individual de los seglares en el orden espiritual y toda actividad de orden temporal que se refiera al fin secundario de la Encarnación. Por lo demás, el estudio conservará todo su valor.

(*) Que tales Asociaciones puedan, a veces, ejercer con mayor eficacia su apostolado y servir mejor al fin de la Iglesia permaneciendo puramente -laicas que si fuesen eclesiásticas, claramente lo da a entender el Decreto ya citado de la s. Congregación del Concilio, cuando escribe acerca de las Conferencias de San Vicente Paúl:

“Más bien los Romano-; Pontífices desearon que conservase su carácter de Asociación laica o no eclesiástica, en particular Gregorio XVI y Pío IX; los cuales juzgaron cosa acertada que tomase el carácter de obra laica, humilde ayuda del clero, no sometida a él y que así constituida podría servir los intereses de la religión” (Vida de Osanam, escrita por su hermano; traduc. italiana, p. 109). A saber: “Era fácil comprender que la unión de espíritu se habría roto tan pronto como cada Obispo biera organizado las conferencia de su propia diócesis y redactado sus estatutos según a él le hubiera parecido más conveniente” (ibid.).

“De aquí que la Asociación nunca se preocupó de tener personalidad jurídica en la Iglesia y, por el contrario, procuró obtenerla de la autoridad civil, para poder recibir legados y otras donaciones, sin las cuales no hubiera sido posible realizar con el provecho con que se hizo su .programa de regeneración de las clases más necesitadas.

“No obstante esto, es decir, que las Conferencias de San Vicente no sean una Asociación eclesiástica en sentido propio, tuvieron desde el principio y han conservado siempre una estrecha unión con el clero y las autoridades eclesiásticas. Aun cuando no están presididas efectivamente por el párroco, él es, o en su lugar otro pío sacerdote, el presidente de honor, que espiritualmente las dirige y en el sacrificio hace de verdadero asistente eclesiástico, sino espontáneamente pedido por la Asociación misma, guiada por aquel instinto verdaderamente cristiano que impele, en el ejercicio de las obras de caridad, a buscar ayuda y dirección en la autoridad de la Iglesia, a la que corresponde primariamente promover y favorecer tales obras.

“De ella decía León XIII (Ene. Humanum genus), hablando a los Obispos: “En este orden, no queremos dejar de mencionar aquella Asociación llamada de San Vicente, por el nombre de su fundador, tan altamente edificante y ejemplar y tan benemérita de las clases más humildes. Es sabido cuáles son sus empresas y sus propósitos: dedicarse enteramente a socorrer a los pobres y desgraciados, y esto con perspicacia y modestia admirables; la cual es tanto más apta para el ejercicio de la caridad cristiana y más oportuna para el remedio de las miserias, cuanto más procura permanecer oculta.” Tales alabanzas y recomendaciones se refieren a una Asociación que nunca fue erigida por la autoridad eclesiástica, ni por ella regida, sino por los mismos seglares; la cual, sin embargo, ha conservado siempre con las autoridades de la Iglesia una unión mayor que muchas Asociaciones y Hermandades verdaderamente eclesiásticas” (ibid. AAS, 13 (1921), 138, 140, 141). Casi lo mismo podría decirse de otras varias Asociaciones de seglares, sobre todo dé la Legión de María.

[2]  AAS.  43   (1951),   p.   787

[3]  II – II q. 3, a. 2, ad 2

[4] Constit. “De Filius”, hacia el final.

[5] Lit.   encic.   “Sapzeníiae   christianae”,   10-1-1890  (Leons XIII P. M. acta, t. 10, Romae, 1891, pp. 19, 21-22).

[6] “A este respecto, no-podemos-dejar de confirmar las observaciones que hicimos en nuestra al III Congreso Mundial de la unión Mundial de Maestros Cristianos, en Viena: “Pertenezca o no la actividad profesional de los maestros y de las maestras-católico-al-apostolado de los seglares en sentido propio, estad convencidos queridos hijos e hijas, de que el maestro cristiano, que por su formación y su abnegación está a la altura de su tarea, y que, profundamente convencido de su católica, da ejemplo -de ello a la juventud que le ha sido confiada, -como cosa espontánea y convertida en él en segunda naturaleza, ejerce al servicio de Cristo y de su Iglesia una actividad parecida al mejor apostolado de los seglares” (5 de agosto de 1957). Puede aplicarse esta afirmación a todas las profesiones, y principalmente a las de médicos o ingenieros católicos, sobre todo en la hora actual, en que están llamados en los territorios poco desarrollados y en las zonas de misión al servicio al servicio de los Gobiernos locales o de la UNESCO y de otras organizaciones internacionales, y dan con su vida y el ejercicio de su profesión el ejemplo de una vida cristiana plenamente madura” (AAS, 49 (1957), pp. 928-929).

(*)   “En general, como hemos dicho, no querer tomar parte  alguna en la vida pública sería  tan reprensible como no querer prestar ayuda alguna al bien común. Tanto mas cuanto que los católicos, en virtud de la misma doctrina que profesan, están obligados en conciencia a cumplir estas obligaciones  con toda fidelidad. De lo contrario, si se abstienen políticamente, los asuntos públicos caerán en manos  de personas cuya manera  de pensar  puede   ofrecer  escasas   esperanzas   de   salvación para el Estado. Queda, por tanto, bien claro que los católicos tienen motivos justos para intervenir en la vida política de los pueblos. No  acuden ni deben acudir a la vida política para aprobar lo que actualmente puede haber  de  censurable   en  las  instituciones  políticas   del Estado, sino para hacer que estas mismas instituciones se pongan, en lo posible, a servicio sincero y verdadero del bien público, como procurando infundir en todas las venas del Estado, como savia y sangre vigorosas, la eficaz influencia de la religión católica… De esta manera, los  católicos  conseguirán  dos resultados  excelentes.   E) primero, ayudar a la Iglesia en la conservación y propagación  de los  principios  cristianos.  El  segundo, procurar el mayor beneficio posible al Estado, cuya seguridad se halla en grave peligro a causa de nocivas teorías y malvadas pasiones”  (León XIII, Immortale Dei, ASS, 18, pp. 177-179. Versión española:   BAC, Documentos Políticos, pp. 216-219).

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