Cap VIII Accion Catolica

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CAPITULO VIII ACCIÓN CATÓLICA

Libro Apostolado Seglar

P. CIRILO BERNARDO PAPALI, o.c.d.

Profesor en la Univ. Pontif. “de Prop. Fide”,
en la Facul. Teolog. O. C. D. y en el Inst.
“Regina Mundl”. Miembro de la Com. Pontif. de
Apostolatum Laicorum poreparatoria del
Conc. Vaticano II

Comenzando a tratar del apostolado seglar propiamente dicho, damos la preferencia a la Acción Católica, que es una forma de dicho apostolado organizada por la autoridad. Expondremos, en primer lugar, el concepto de la Acción Católica que se ha tenido hasta el presente, añadiendo algunas modificaciones que en su estructura y organización Pío XII declaró oportunas.

Como ya hemos indicado antes, el apostolado de los seglares no es en sí mismo una institución orgánica u oficial, como lo es el apostolado de la jerarquía. Es más bien una actividad privada, dependiente de la iniciativa individual, que ha producido siempre en la Iglesia excelentes resultados. Pero en los tiempos modernos, a causa de la funesta separación entre la sociedad civil y la Iglesia, es aún más necesario intensificar el apostolado de los seglares y unirle más estrechamente al de la jerarquía. Todos los Papas, desde Pío IX, han reconocido esta necesidad, trabajando con sumo interés para dar al apostolado de los seglares una organización más eficaz. Pío IX debe ser considerado iniciador de la actual estructura de la Acción Católica, como confesaba Pío XI en su alocución del 3 de noviembre de 1928. Durante su pontificado se instituyeron diversas asociaciones de apostolado seglar: por ejemplo, Piusverein en Suiza, Ka-thoüscherverein en Alemania, Asociación de Laicos en España, Unión Catholique en Bélgica, Ligue Catholique pour la déjense de VEglise en Francia, Catholic Union en Inglaterra. También en Italia existían muchas asociaciones de este género. En 1874 fueron reunidas en Opere dei Congressi. A través de sus diversas instrucciones deja Pío IX una imagen suficientemente clara y completa, en lo que se refiere a los rasgos esenciales, de la Acción Católica actual.

León XIII dio aún mayor precisión a la idea recibida de su predecesor. En la Encíclica Graves de Communi (18 de enero de 1901) escribe sobre el modo de organizar las actividades del apostolado seglar: “La acción apostólica de los católicos, sea la que fuere, poseería una eficacia mucho mayor si todas sus asociaciones, conservando sus derechos, se uniesen bajo una sola guía, un único impulso. Oficio que queremos desempeñe en Italia el Instituto de los Congresos y Asociaciones Católicas, que tantas veces hemos elogiado. A él hemos encomendado Nos y Nuestro predecesor la dirección de la actividad unida de todos los católicos, siempre con la aprobación de los Obispos. Hágase otro tanto en las demás naciones, si existe en ellas algún organismo que pueda jurídicamente asumir tal autoridad sobré los demás”[1].

El continuo uso que de él hizo San Pío X dio a la expresión Acción Católica su verdadero valor y sentido propio. El 11 de junio de 1905, el Santo Pontífice publicó un documento sobre la Acción Católica con el título II fermo Proposito, donde dice, entre otras cosas: “Es amplísimo el campo de la acción católica, ya que nada de lo que directa o indirectamente se refiere a realizar la divina misión de la Iglesia queda fuera de él… Sabéis muy bien, Venerables Hermanos, cuánta ayuda han prestado a la Iglesia esas milicias de católicos que se esfuerzan por unir todas sus energías vitales, para acabar por todos los medios legítimos, con la civilización anticristiana; para introducir de nuevo a Jesucristo en la familia, en la escuela y en la sociedad; para rehabilitar el principio de la autoridad humana como vicaria de la autoridad de Dios; para mirar solícitamente por los intereses del pueblo y, ante todo, de los obreros y campesinos. Infundir en los corazones de todos las verdades religiosas, única fuente del verdadero consuelo en medio de las miserias de la vida, enjugar sus lágrimas, aliviar sus penas, esforzándose por mejorar su situación económica con oportunos remedios, procurando que reine la justicia en las leyes públicas, que se cambien o supriman las injustas; en una palabra: luchan con verdadero espíritu católico por defender en todo los derechos de Dios y los no menos sagrados de la Iglesia… Entre varias obras que se han fundado para obtener estos fines, todas ellas dignas de encomio, sobresale por su singular eficacia una de carácter general, llamada Unión Popular. Esta busca unir los católicos de todas las esferas sociales y, sobre todo, la gran masa popular, en torno a su centro común de propaganda doctrinal y de organización social”[2] (110).

También Benedicto XV, a pesar de las muchas desgracias que cayeron sobre la Iglesia durante su Pontificado se preocupó de la Acción Católica en varias de sus alocuciones y Epístolas. Para darle mayor eficacia, fundó un organismo con el nombre de “Giunta Direttiva dell’Asione Caito-Kecz”.

Finalmente, Pío XI puso fin a esta gran obra, preparada con tanto cuidado por sus predecesores. El fue quien dio a la Acción Católica aspecto jurídico y carácter público dentro de la Iglesia. El apostolado seglar, que había sido hasta entonces una actividad privada y personal de algunos individuos, se convirtió en pública y oficial, ejercida en nombre de la Iglesia, como explicaremos a continuación. Pío XI llamó a la Acción Católica “pupila de sus ojos”, y le dispensó todos los cuidados como a obra predilecta de su Pontificado: alrededor de 600 documentos dan testimonio de esta solicitud suya. El último apareció la víspera de su muerte. No ha sido menor el interés de Pío XII por este asunto. Ha esclarecido notablemente el concepto de Acción Católica, recomendándola continuamente en sus Carta y Alocuciones. A lo largo de este artículo haremos oportunas referencias a las enseñanzas auténticas de estos dos últimos Pontífices.

                   Definición de la Acción Católica (*)

En su carta del 13 de noviembre de 1928 al Cardenal Bertram, escribe Pío XI acerca de la naturaleza de la Acción Católica: “… si se mira bien esto, se ve claramente que la Acción Católica no tiene otra finalidad que la de hacer participar a los seglares del apostolado de la jerarquía. Pues la Acción Católica no consiste solamente en que cada uno se esfuerce por conseguir la perfección cristiana, aunque éste sea su fin primario: exige, además, un auténtico apostolado, común a todos los católicos, cuya orientación y actividad vayan de acuerdo con lo de los centros legítimamente instituidos y aprobados por la autoridad episcopal. La sagrada jerarquía, que da el mandato, dará igualmente apoyo y estímulo a los fieles que. así unidos, estuvieren siempre dispuestos a secundar sus empresas. La Acción Católica, lo mismo que la misión encomendada por Dios a la Iglesia y el mismo apostolado jerárquico, no es exterior sino espiritual, no política sino religiosa”[3]. En la precedente descripción de la Acción Católica hemos subrayado algunas frases que merecen especial consideración. Son, en el pensamiento de Ho XI, los elementos esenciales del concepto de Acción Católica, Expondremos brevemente y por separado los siguientes:

1)      qué significa “participación de los seglares en el apostolado de la jerarquía”;

2)      qué se entiende por “mandato”;

3)      qué parte cabe a la jerarquía de este apostolado de los seglares;

4)      alcance y límites de la Acción Católica;

5)      ¿se reduce todo al apostolado seglar a la Acción Católica?;

6)      concepto de Acción Católica que nos ha dejado Pío XII.

                        1.   ¿”Participación” o “.colaboración”?

En su célebre definición de la Acción Católica, Pío XI dice que es una “participación de los seglares en el apostolado de la jerarquía”; definición que repite en muchas ocasiones: en sus Cartas al Cardenal Bertram, al Cardenal Gasparri (24-1-1927), al Episcopado Colombiano (14-2-1934), en alocución a los Seminaristas de Roma (12-3-1936), y a las jóvenes de Acción Católica de Italia (19-3-1937), etc. Más de una vez confesó el Papa haber ideado esta definición con especial luz divina, añadiendo que es exacta por contener todos los elementos de lo que se intenta definir[4].

Aunque en otras ocasiones el mismo Pío XI usó de los términos de “colaboración” y “cooperación” como sinónimos de “participación”. Así lo hace en la Carta al Episcopado Colombiano, cuando habla de lo necesaria que resulta “la ayuda diligente de los fieles, a la que hemos denominado con iluminación divina  “participación de los seglares en el apostolado jerárquico de la Iglesia”[5]; en una elocución a peregrinos de la Juventud Femenina de Acción Católica (6-4-1934), les decía que  “la Acción Católica es la participación o colaboración de los seglares en el apostolado de la Jerarquía”; llama igualmente a la Acción Católica cooperación de los seglares en el apostolado jerárquico, en el discurso que dirigió al IV Congreso Internacional de la Juventud Católica.

Pío XII usa muy raramente del vocablo “participación”; prefiere los de “colaboración” y “cooperación”. Mons. Dubourg, Arzobispo de Besaneon, después de una audiencia con Pío XII, escribe en un artículo de La Croix (13-14-1947) que la razón de preferir “colaboración” es su mayor aptitud para expresar con más fuerza la distinción que en el apostolado existe entre la parte perteneciente a los seglares y la de la Jerarquía. Los seglares poseen una actividad suya propia, que no conviene aminorar ni confundir con la de la Jerarquía. Esta misma explicación da también el Cardenal Piazza, Presidente de la Comisión Episcopal para la Acción Católica de Italia, de que se haya sustituido “participación” por “colaboración” en los nuevos estatutos de la Acción Católica Italiana[6].

La diversa terminología de los Sumos Pontífices dio ocasión a la diversidad de opiniones entre los autores. Algunos teólogos, como el P. Dabín, piensan que la definición de Pío XI es “estrictamente teológica, debiendo, por consiguiente las palabras “participación en el apostolado de la jerarquía” tomarse en sentido riguroso y pleno. Es más: para éstos, el fundamento de la Acción Católica es cierta equivalencia existente entre esas dos actividades, la de la Jerarquía y la de los seglares[7] (115).. Según J. Leclercq, “la Acción Católica se ha convertido oficialmente en uno de los elementos constitutivos de la Iglesia”[8] (116). Ni faltan autores convencidos de que esta “participación” incluye también una cierta comunicación de la potestad jerárquica.

Contra tales exageraciones declararon los Obispos alemanes en la Conferencia de Fulda de 1933: “La Acción Católica es una participación en el apostolado de la Jerarquía, no en. la Jerarquía misma.” Parecida a ésta es la declaración que hicieron los Cardenales y Arzobispos de Francia en marzo de 1946. Los excesos a que ha dado lugar la palabra “participación” parecen haber sido el motivo de que Pío XII la emplee con tanta reserva en sus documentos[9].

No faltan, por el contrario, pesimistas que no ven en la Acción Católica más que un nombre sin contenido, o lo que es peor, una forma de clericalismo disimulado. H. Úrs von Balthasar, en su obra El Lateado y el Clero (Einsiedeln, 1949), reprocha ásperamente a la Acción Católica el ser un organismo artificial, creado arbitrariamente por la suprema autoridad, que no es más que el esfuerzo desesperado del clero por continuar dominando en los seglares y en la esfera de lo temporal. Aún con mayor fuerza expresa E. Michel esta misma idea: “la unión de los seglares en la Acción Católica es una creación híbrida del moderno clericalismo, que busca de este modo librarse de su “ghetto” con ayuda de tales intermediarios, logrando únicamente traerlos consigo a él”[10].

Para esclarecer un poco tan difícil cuestión, ofrecemos algunas consideraciones:

a)      Como muchas veces ha afirmado Pío XI, la Acción Católica, en su esencia genérica, o sea, en cuanto apostolado seglar, no es cosa nueva en la Iglesia; lo es ciertamente en su forma orgánica actual. Con esta organización la Iglesia eleva el apostolado seglar de su condición privada e individual al nivel de lo público y oficial. La organización coordinada del apostolado de los seglares no es un intento del clero de reducir a normas la acción del Espíritu Santo, que se acomoda a las exigencias de cada época. Por lo demás, la organización oficial no absorbe toda la actividad apostólica de los seglares: les queda intacta como antes la facultad de entregarse a un apostolado personal.

b)      Además de coordenar el apostolado individual de cada seglar con el de los demás, la Acción Católica combina el de todos con el de la Jerarquía, insertándolo en éste. El hecho de que se integren y combinen no quiere decir que se confundan o se convierta uno en otro: ambos conservan su propia naturaleza distinta, pero se unen de manera que forman una serie, siendo uno continuación y complemento de otro. No se trata, por tanto, de comunicar a los seglares el poder y la actividad de la Jerarquía; ni la Jerarquía hace suya la actividad de los seglares ejerciéndola por medio de ellos. Es la unión e integración de ambas actividades, sin que ninguna salga de su propio campo, es un único apostolado de la Iglesia.

c)      ¿Qué palabra expresa mejor la integración del apostolado seglar en el jerárquico: “participación” o “colaboración”? Debe, ante todo, advertirse que no existe oposición alguna entre ellas. Se diferencian únicamente en que una hace resaltar un aspecto y otra otro, pero siempre dentro de la misma idea. Se completan mutuamente. “Participación” es más a propósito para dar a entender la unión íntima que existe entre el apostolado de ambos. Ponderando la importancia que tan íntima unión tiene en el concepto de Acción Católica, decía Pío XI, hablando a las Asociaciones Católicas de Roma (19-4-1931), que la Acción Católica perdería toda su razón de ser si se oscurecen, aunque sólo sea por un momento, estas ideas fundamentales o se afloja el vinculo esencial que la une con la Jerarquía. Mas conviene no perder nunca de vista la autonomía de la Acción Católica. Como advierte muy bien Pío XII, el apostolado de los seglares, aun cuando está íntimamente unido al de la Jerarquía, conserva siempre un campo suyo propio. Esta autonomía se pone más de relieve con el término “colaboración”. Al tratar de determinar las relaciones de la Acción Católica con el apostolado de la Jerarquía, deben resaltar ambos aspectos por igual. Es una unión especial, en que se funden sin confundirse, y que espera del estudio de los teólogos y juristas una formulación más precisa. Mientras ésta llega, puede muy bien servir el vocablo “integración”.

                        2.   ¿Qué es lo que confiere el “mandato”?

Escribe Pío XI en su carta al Cardenal Ber-trám:  “La sagrada Jerarquía, al mismo tiempo que el mandato, da también apoyo y estímulo a los fieles que, asi unidos, estuviesen siempre dispuestos a secundar sus empresas”[11]. Esta expresión es frecuente en sus documentos. También Pío XII hace referencia muchas veces al mandato. Nueva dificultad y nuevas controversias. ¿En qué sentido debe entenderse la palabra “mandato”? ¿Qué es lo que recibe la Acción Católica por medio de ese “mandato”?

Son pocos los que piensan que el “mandato” nada incluye; casi todos admiten que significa algo positivo. Según unos, indica la misión canónica en sentido estricto, por la que se comunica al mandatario una participación de la potestad jerárquica. De esta opinión es Monseñor Zacarías de Vizcarra, Asistente Eclesiástico de la Acción Católica Española, quien sostiene que los directores y los miembros de la Acción Católica con el mandato canónico reciben la potestad necesaria para participar oficialmente en el apostolado jerárquico, añadiendo que esa potestad que reciben es una participación del poder jurisdiccional de la misma Jerarquía[12]. M. V.’Pollet defiende esta misma opinión extremista: “La Acción Católica no es solamente colaboración o cooperación con la Jerarquía, sino además una verdadera participación de la potestad, de la autoridad y del mandato jerárquicos. La participación parece realizarse por vía de comisión o delegación, pues se trata de un mandato… La Acción Católica participa de la misión jerárquica en cuanto magisterial, y por cierto del magisterio ordinario…, no en lo que la Jerarquía posee de orden y jurisdicción”[13] (121); y continúa: “Es preciso que el participante y el participado tengan alguna cualidad común, que, en el caso presente, creemos sea el mandato apostólico. Se trata de un mismo mandato para todos. Lo recibieron los apóstoles, transmitiéndole por derecho divino a la Jerarquía. Finalmente, el Espíritu Santo, por medio del Romano Pontííice, ha hecho que se extienda también a los seglares por delegación o por comunicación”[14]. Esta última opinión parece muy peregrina y sin ninguna probabilidad, pues, según ella, la Iglesia se hubiera reservado para sí sola, durante casi veinte siglos, una potestad destinada a todos los fieles. El mandato de Cristo a los fieles ha sido siempre eficaz y puesto en obra. La Iglesia, según las exigencias de cada época, añade un nuevo mandato que, sin cambiar la naturaleza del apostolado seglar, le da una nueva estructura externa. Para otros autores, en cambio, “mandato” no tiene el sentido jurídico de comunicación de una potestad, sino el significado ordinario y literal de precepto, voluntad, norma, etc. Entre ellos se encuentra Arturo Lobo en su obra Qué es y qué no es la Acción Católica. Afirma el autor que recibir la Acción Católica el mandato de la Jerarquía significa sencillamente que está directa e inmediatamente a las órdenes de ella, como tantas otras asociaciones que reciben de la Jerarquía preceptos, consejos, estímulos, normas, etc. Según J. Sabater March, el “mandato” de que habla PíoXI es sinónimo de “voluntad y beneplácito”[15]. Del mismo parecer es el P. Regatillo, quien afirma que en el pensamiento de Pío XI, “mandato” tiene el sentido ordinario de precepto, norma, voluntad de la Iglesia[16]. Creemos que la raíz de la dificultad está en que los juristas en general, tanto los que admiten como los que niegan al “mandato” sentido canónico, pretenden reducir todo a las especies y divisiones jurídicas ya existentes en el Código. De aquí nace la tendencia de los autores a incluir sin distinciones la Acción Católica en una de las tres formas de Asociaciones de fieles descritas en el mismo Código; ése es igualmente el motivo de que unos vean en el “mandato” un contenido jurídico y otros crean que de jurídico no tiene nada. Mas unos y otros parecen olvidar que la promulgación del Código no coarta en nada la potestad de la Iglesia para fundar nuevas maneras de Asociaciones, cómo sé ve por la creación de los Institutos Seculares.

Por consiguiente, el “mandato” de que tratamos parece debe entenderse en un sentido especial y nuevo, que no es el sentido jurídico del Código, ni es tampoco un sentido meramente literal.

Por una parte, el mandato no comunica a los miembros de la Acción Católica potestad jerárquica, como tampoco se les encomienda ejerzan actividad alguna del apostolado jerárquico; les bastan sus propias actividades. Por otra parte, no sólo vincula a los seglares nuevamente a la Jerarquía por razón del mandato (en sentido de precepto y beneplácito), sino que además les confiere una nueva dignidad y un derecho nuevo. ¿Qué es, pues, el mandato? Podríamos explicar su naturaleza del modo siguiente: Por parte de la Jerarquía: La Jerarquía, en este caso, no se contenta con aprobar y dirigir, como hace con otras asociaciones laicales; ni se limita a erigir y gobernar, como suele hacer con las asociaciones de fieles que la Iglesia ha fundado, sino que además incorpora a sí misma este apostolado de los seglares, asumiendo junto a ellos la responsabilidad y ocupándose positivamente de su orientación. Por parte de los seglares: Estos someten libremente a la Jerarquía una actividad apostólica que podrían ellos ejercer sin depender directamente de aquélla; la adaptan de manera que sirva de complemento al apostolado de la Jerarquía, obteniendo de este modo el derecho a obrar en nombre de la Iglesia.

Tenemos una analogía con lo que sucede en la profesión religiosa. Los votos serán siempre una acción libre del individuo para con Dios. Puede, sin embargo, la Iglesia confirmar esa profesión con su autoridad, haciéndola de derecho público; entonces ya es una obligación a Dios no sólo por el individuo, sino por toda la Iglesia. El mandato, además de elevar la Acción Católica a la categoría de organismo público en la Iglesia, como lo hace la erección canónica con otras asociaciones, la incorpora a la Jerarquía, convirtiendo la actividad de sus miembros, mientras obran en virtud del mandato, en actividad de la Iglesia, que asume la dirección y responsabilidad. Es, en otras palabras, la elevación del apostolado seglar a un orden nuevo, sin cambiar la naturaleza: la actividad de los miembros de Cristo se convierte en actividad de todo el Cuerpo. Se les comunica algo jurídicamente indefinible: no es la potestad de orden o de jurisdicción, sino una especie de dignidad o de recho a obrar en nombre de la Iglesia, cosa de por sí reservada a la Jerarquía. Ha declarado el Congreso de Cardenales y Arzobispos de Francia que la palabra “mandato”, frecuente en los documentos de la Santa Sede y del Episcopado francés, parece la más indicada para designar las relaciones que median entre la Jerarquía y las organizaciones seglares. El apostolado seglar no pertenece al mismo orden que el apostolado del clero. Los miembros de Acción Católica no son vicarios seglares, sino que ellos mismos tienen su propia y trascendental misión que cumplir en la Iglesia. Sin que pierda nada de su dignidad ni cambie su naturaleza, el apostolado organizado de los seglares recibe por medio del mandato carácter oficial y público dentro de la Iglesia. Pero sigue siendo enteramente apostolado seglar[17] (125).

                        3.   Intervención de la Jerarquía en la Acción Católica

Como afirmaba Pío XII en su discurso al Congreso Internacional de Apostolado Seglar, la actividad apostólica de los seglares puede depender de la Jerarquía en muy diversa medida. Tal dependencia alcanza su grado máximo tratándose de la Acción Católica, que es por excelencia el apostolado oficial de los seglares. Las demás actividades apostólicas de éstos, estén o no organizadas, gozan de la más amplia libertad, según lo pide su peculiar finalidad. Se les exige únicamente fidelidad a la doctrina ortodoxa y obediencia a las disposiciones legítimas de la autoridad[18].

En esa gradación de dependencia, el último puesto corresponde a las asociaciones puramente seglares, es decir, a aquellas que la Iglesia no ha erigido en persona moral. Sobre éstas la Iglesia se limita a vigilar, como haría con la actividad apostólica de cualquier cristiano particular. Un ejemplo típico de esto son las Conferencias de San Vicente de Paul. Habiendo preguntado el Sr. Obispo de Corrientes (Rep. Argentina) a la Sagrada Congregación del Concilio “si la Sociedad de San Vicente de Paúl estaba sujeta y en qué medida a la potestad del Ordinario del lugar”, recibió esta respuesta de la Congregación: “El Ordinario del lugar tiene el derecho y el deber de vigilar para que en dicha Sociedad nada se haga contra la fe y las buenas costumbres. Si hubiera algún abuso, a él toca poner remedio”[19] (127).

Las asociaciones que han sido constituidas por la Iglesia están enteramente sujetas a la autoridad jerárquica, aunque ésta no se haga solidaria de su actividad. Se rigen por estatutos previamente aprobados por la Jerarquía.

La Acción Católica, además de ser erigida por la Iglesia, recibe de ella el “mandato”, como hemos explicado anteriormente. De este modo la Iglesia asume la dirección y la responsabilidad de ese apostolado seglar, haciéndolo en cierto modo suyo. La unión y dependencia llegan aquí al más alto grado.

No obstante, a los seglares, miembros de la Acción Católica, les queda intacta su libertad de acción. Al decir que la Acción Católica es como un instrumento en manos de la Jerarquía, sólo queremos indicar, dice Pío XII, que la Jerarquía usa de ella, como Dios hace con las creaturas racionales, respetando su libertad[20]. Lo mismo dijo a los Delegados de la Acción Católica Italiana: la Acción Católica no solamente no excluye, sino que estimula positivamente la iniciativa personal entre sus miembros. Estos no deben conducirse como ruedas inertes engranadas en una gran máquina, incapaces de moverse sin el impulso central; ni son tampoco sus directores especie de jefes de una fábrica eléctrica, encargados únicamente de mandar, cortar o regular el curso de la electricidad por el vasto tendido[21].

Para garantizar mejor la autonomía de la Acción Católica ha dispuesto la Iglesia que todos sus directores sean seglares. La Jerarquía, aunque íntimamente unida a ella, queda siempre al margen, interviniendo en la aprobación y dirección lo estrictamente necesario para hacerse responsable de tal actividad. Algo semejante a lo que sucede entre el gobierno civil y el ejército. Es el gobierno civil quien decide si hay que hacer la guerra, contra quién y cuándo; pero la estrategia o modo de hacerla es ya asunto diverso, que pertenece a los jefes del ejército. Por eso Pío XII exhorta a los Superiores eclesiásticos a que estimulen las iniciativas entre los apóstoles seglares y escuchen las sugerencias de éstos, las soluciones geniales son debidas a los que están en vanguardia[22].

                        4.   Amplitud y límites de la Acción Católica

San Pío X, que ha sido en gran parte el autor de la denominación “acción católica”, dejó ya definido en su Encíclica II termo Proposito, el ámbito de la Acción Católica: “Es amplísimo el campo de la Acción Católica, que de por sí nada excluye de lo que directa o indirectamente puede referirse al cumplimiento de la misión divina de la Iglesia”[23]. Mas, cuando el Papa escribía esto, la Acción Católica no tenía aún -forma oficial. Por tanto, podrían sus palabras referirse a toda clase de apostolado seglar. Pero poseemos la clara aserción de Pío XI, fundador de la Acción Católica en su forma oficial: dondequiera se trate de la gloria de Dios o de la salvación de las almas, de distinguir entre el bien y el mal, de interpretar o llevar a la práctica la ley de Dios, hasta allí se extiende el campo de la Acción Católica. A todo lo que abarque el apostolado de la Jerarquía, se extiende igualmente el de la Acción Católica. Sin exceder los límites del mandato recibido, tiene un campo inmenso, aunque dentro de él tenga normas concretas sobre el modo de desplegar su actividad[24]. Igualmente, según Pío XII, el apostolado de la Acción Católica abarca todo el campo religioso y social: todo lo que pueda caer dentro de la misión y actividad de la Iglesia[25]. El ámbito de la Acción Católica, por consiguiente, coincide con el de la Jerarquía, si exceptuamos lo que se refiere a la potestad de orden y a la de jurisdicción. Tiene, pues, una amplitud inmensa, que incluye, además del orden espiritual, todo lo temporal y material que tenga relación con él En su mismo extensión se ponen ya de manifiesto los límites de la Acción Católica. Escribe Pío XI: “La Acción Católica, al igual que la misión encomendada por Dios a la Iglesia, y aun al mismo apostolado jerárquico, no es puramente exterior, sino también espiritual, no política, sino religiosa. Podemos, sin embargo, llamarla “social”, ya que trata de difundir el reino de Cristo, cuya propagación trae a la sociedad el mayor de todos los bienes y otros que de él se derivan, son los llamados bienes políticos, que se refieren al estado general de la nación y son comunes a todos los ciudadanos, no a cada uno en particular. Todo esto puede y debe conseguirlo la Acción Católica si, observando fielmente las leyes divinas y eclesiásticas, se mantiene ajena a toda clase de partidos políticos”[26].

Por tanto, la Acción Católica, en cuanto tal, no se ocupa del orden temporal en sí mismo. La razón es manifiesta: el orden material queda fuera del campo de la Jerarquía. Por consiguiente, no puede ésta asumir la responsabilidad o hacerse cargo de la actividad de los fieles, en ese orden. La Acción Católica no comprende, pues, todo el apostolado de los fieles, sino solamente aquel que se desarrolla en el orden espiritual, entendiéndolo en el sentido amplio que le hemos dado más arriba. La acción de los católicos, en cuanto al objeto, es más amplia que la Acción Católica. En cambio, la Acción Católica es muy superior en lo que al orden espiritual se refiere, por &u vinculación orgánica al apostolado jerárquico y por su rango de actividad pública en la Iglesia. Podríamos también decir que coinciden en el objeto material, ya que nada humano existe en que no se mezcle algo de orden espiritual o moral. La diferencia formal está en que la Acción Católica mira al mundo únicamente desde el aspecto sobrenatural, mientras que la acción de los católicos incluye asimismo el orden temporal.

                        5.   La Acción Católica no es la única forma de apostolado seglar

Por el hecho de que la Acción Católica extienda su apostolado a todo el orden espiritual, no quedan excluidas otras organizaciones en ese mismo orden. La Iglesia, al instituir la Acción Católica, no pretende quitar importancia a otras asociaciones de fieles, ya erigidas por ella, ya por personas particulares. El apostolado individual de los fieles conserva en la Iglesia toda su necesidad y eficación. Bien ha puesto de relieve esta verdad Pió XII en su discurso al primer Congreso de Apostolado Seglar, afirmando que existen verdaderos apóstoles seglares, hombres y mujeres, que, sin pertenecer a la Acción Católica ni a otra alguna asociación aprobada por la Iglesia, despliegan una fecunda actividad; llamó la atención sobre la obra de aquellos seglares heroicos que, en regiones donde la Iglesia es perseguida como en los primeros siglos del cristianismo, suplen en lo posible, exponiendo muchas veces sus propia vida, al clero encarcelado, enseñan a los demás fieles la doctrina cristiana, fomentando en ellos el espíritu católico y la vida religiosa, les inculcan la frecuencia de los sacramentos y las prácticas de piedad, y en primer lugar la devoción a la Eucaristía. Contemplad, decía, a esos seglares en sus tareas; no preguntéis a qué organización pertenecen; admirad generosamente el bien inmenso que hacen; alegraos cuando veáis que muchos, guiados por el mismo Espíritu, trabajan fuera de vuestras filas por conquistar a sus hermanos para Cristo[27].

Todos los fieles tienen el deber de hacer apostolado, aunque no todos en forma rigurosamente organizada. He aquí cómo argumenta el Papa en el citado discurso: ¿Se puede afirmar que están todos llamados al apostolado, tomando este vocablo en un sentido único? Dios no ha concedido idéntica oportunidad ni las mismas cualidades para ello. No se puede pedir a una esposa o a una madre de familia, ocupada en la educación cristiana de sus hijos, en las labores domésticas y en ayudar al marido a sostener la economía familiar que se entregue a un apostolado de esa clase. No están, pues, llamadas a ejercer el apostolado organizado[28].

                        6.   Algunas modificaciones en el concepto de Acción Católica introducidas por Pío XII

El discurso de Pío XII (5-10-1957) al Segundo Congreso Internacional de Apostolado Seglar, ha dado nuevas orientaciones que, sin ser obligatorias, eran propuestas a la atenta consideración del mismo Congreso[29]. El motivo de introducir tal novedad es el siguiente: reservar el nombre “Acción’ Católica” exclusivamente para designar una forma determinada de apostolado ocasiona en la mente, del pueblo cierto prejuicio contra las demás formas organizadas de actividad apostólica, como si no fueran auténtico apostolado. Es ciertamente un error el de muchos que identifican la Acción Católica con el apostolado orgánico de los seglares. Pero esta mentalidad está muy difundida y acarrea graves daños a ‘Otras asociaciones de apostolado seglar que, a- pesar de su fecunda labor, pasan ordinariamente por secundarios y de escasa importancia. Y aun puede llegar el prejuicio a despojar de toda eficacia la actividad de aquéllas en las diócesis.

Para evitar este inconveniente, el Sumo Pontífice propone dos modificaciones: una, que se refiere a la terminología; otra, a la organización. En cuanto a la primera, debiera utilizarse en adelante la denominación “Acción Católica”, nombre hasta el presente aplicado a una forma particular de apostolado organizado, para designarlas todas en general: el nombre de una especie se generaliza. Automáticamente la estructura de la Acción Católica debe cambiar igualmente: deja de ser una organización homogénea, para convertirse en federación heterogénea. Todas las asociaciones tendrán el carácter general de “Acción Católica”, conservando siempre su propio nombre y su naturaleza especifica. La innovación también afecta al “mandato”, La Acción Católica, entendida en el sentido global que acabamos de explicar, no habrá de recibir necesariamente el mandato; la jerarquía podrá libremente concederlo rehusarlo a cada uno de las asociaciones particulares de que esta compuesta. No es licito, sin embargo a los obispos dejar fuera de la Acción Católica a algunas de la asociaciones de apostolado seglar.

La reforma aporta varias modificaciones a la Acción Católica es sus dos notas esenciales:

1)  Finalidad Universal. La Acción Católica se distingue de las demás asociaciones, sobre todo, por la universalidad de su fin, que abarca todo genero de apostolado. Ya lo había insinuado San Pio X en su encíclica  Il Fermo Proposito[30]. En su alocución a los delgados de la Acción Católica Italiana (3-4-1951) se expresa aún con mas fuerza Pío XII, diciendo que, mientras las demás asociaciones reciben el nombre de actividad particular a que cada uno desarrolla, esta se llama “Accion Catolica”, por tener una finalidad universal, ilimitada[31] (139). Mas ahora, con la innovación propuesta, este fin universal pertenecerá al conjunto de las diversas asociaciones federadas, conjunto que en adelante se denominará Acción Católica. Para que resulte la Acción Católica no es necesario que cada una de las asociaciones tenga el fin universal; basta que lo tengan entre todas. Esta idea no es completamente nueva en el concepto tradicional de Acción Católica. Ya en algunas regiones, donde no existía la Acción Católica en su forma unitaria, otras asociaciones de fieles con diversos fines se habían unido entre sí para formar una especie de Acción Católica de carácter federativo. Esta forma excepcional se convierte ahora en norma.

2)  El mandato. Es la otra propiedad que hasta el presente se consideraba esencial en el concepto de Acción Católica, que, por el mero hecho de serlo, se presuponía haberlo recibido. Mas ahora la finalidad universal se traslada, de manera que ya no pertenece a las asociaciones particulares, sino al conjunto; paralelamente, el mandato ya no se concede a la Acción Católica en general, sino a cada una de las asociaciones; cuando pareciere conveniente. Además, deja el mandato de ser un elemento necesario de la Acción Católica.

¿Qué significa, pues, “Acción Católica” en su nuevo sentido? A nuestro modo de ver, el Sumo Pontífice ha querido designar con este nombre el conjunto de asociaciones dedicadas al apostolado seglar. No simplemente el apostolado seglar, sino el apostolado orgánico; ni tampoco las diversas asociaciones de por sí, sino su conjunto. El Papa no ha determinado cuál haya de ser la naturaleza de esta federación y cuáles los vínculos entre las diversas corporaciones. Lo deja al estudio de los peritos.


[1] Leonis XIII P. M. acta, t. 21, Romae, 1902, p. 17

[2] Damos el texto conforme a la versión oficial latina aparecía en Acta Sanctae Seáis 37 (1904/5), pp. 744, 747-748, 755: cfr. Píi X P. M. Acta, t. 2, Roiriae, 1907, pp. 114, 117-118, 122-123.

(*) “En nuestra primera Encíclica hicimos ya resaltar los múltiples y graves motivos que imponen hoy, en todos los países del mundo, la necesidad de reclutar a los seglares “para el pacífico ejército de la Acción Católica, con la intención de tenerlos por colaboradores de la Jerarquía eclesiástica…” Y ahora queremos, con toda la urgencia de la caridad “que nos incita”, renovar la exhortación y llamamiento de nuestro predecesor Pío Xtt “sobre la necesidad de que todos los seglares de tierras de misiones, nutriendo con su gran número las filas de la Acción Católica, colaboren activamente con la Jerarquía eclesiástica en el apostolado”. Sin embargo, no se insistirá nunca lo bastante sobre la necesidad de adaptar convenientemente esta forma de apostolado a las exigencias y condiciones locales. No basta tratar de implantar en determinadas regiones lo que se ha hecho en otras partes,.. La Acción Católica es una organización de seglares “con propias y responsables tareas ejecutivas; de ahí que sean los seglares quienes compongan sus cuadros directivos”. Juan XXIII, Princeps Pastorum, AAS, 51 (1959), pp. 855-57. Texto español en Ecclesia, XIX2 (1959), p. (694).

(*)   Sínodo Romano. Can. 640.

§ 1.   La Acción Católica es una asociación de laicos que, según sus propios estatutos, bajo la directa y especial dependencia de los Obispos, coadyuva a la Jerarquía eclesiástica en el ejercicio de su misión por el triunfo del Reino de Dios en los individuos, en las familias y en la sociedad.

§ 2. Se ha de insistir de modo especial en nuestros días en la necesidad de esta colaboración, por cuanto el clero, debido a su escasez, se halla en la imposibilidad de satisfacer por sí mismo a todas las exigencias del apostolado y porque muchas obras apostólicas son convenientes o posibles sólo a los laicos.

[3] Epist. “Quas notas”  (AAS, 20  (1928), p. 385).

[4] Cfr. Epist. “Observantissimas litteras accejñmusí”, al Episcopado de Colombia, 14-2-1934 (AAS, 34 (1924), p. 248): “no sin divina inspiración dijimos…”; véase también Civardi, Manuele di Azione Cattlica. ed. 12, Roma, 1952, pp. 24-25

[5] Cfr. más arriba nota 112

[6] Citado en R. Spiazzi, La missione dei laici, Roma, 1952, p. 234

[7] L’apostolat laique, Mayenne, 1931, p. 82.

[8] Essai   sur   l’Action   catholique,   Bruxelles,   1929, p. 42

[9] Cfr. Ivés M. J. Congar, jalons por une théoloyie du Mcat, ed. 2, París, 1954, p. 510

[10] Cfr. G. Philips, Le role du la’icat dans l’Eglise, París, 1954, pp. 154-15.

[11] AAS, 20  (1928), p. 385.

[12] Curso de Acción Católica, Madrid, 1947, nn. 49, 50 y 52. Nótese, sin embargo, que a partir de esta tercera edición el autor ha mitigado mucho su sentencia.

[13] De Actione Catholica principa theologiae thomisticae dUuciáata. in Angelicum, 13   (1936), p. 456, nota  1 (de la página anterior).

[14] Ibíd., pp. 455-456

[15] Derecho   constitucional   de  la  Acción   Católica, Barcelona, 1950, pp. 47-48.

[16] Institutiones juris Canonici, t. I, Santander, 1951, p. 554.

[17] Cfr. Documentation catholique, 43 (1946), pp. 740, 743-744.

[18] AAS, 43 (1951), p. 789.

[19] Decreto del 13 de noviembre de 1920 (AAS, 13 (1921), p. 135).

[20] AAS, 43 (1951), p. 789.

[21] Ibíd., p. 377.

[22] ibíd., p. 789.

[23] Cfr. más arriba nota 110.

[24] “¿Cuál es el campo asignado a la Acción Católica? No hay dificultad en responder que ésta debe llegar a todas partes; es como decir que su campo está donde quiera que entre en juego la gloria de Dios, el bien de las almas, la razón, el juicio autorizado entre el bien y el mal, la ley de Dios, la aplicación de ésta… A todas partes adonde llega el  apostolado   jerárquico,  allá  debe llegar también, llamada por el mismo Apostolado en su ayuda, la Acción Católica… Esta, dentro de los límites de su mandato, tiene un campo propio ilimitado;   si bien en este campo tiene un medio peculiar de empeñarse” (Dis curso a los dirigentes de la Acción Católica de Roma, 19 de abril de 1931).

[25] Alocución a los Delegados de la Acción católica Italiana, 3-3-1951;   in AAS, 43  (1951), p. 375.

[26] (134)   A AS, 20 (1928), p. 385.

(*) .Juan XXHT, en su alocución a los miembros de Acción Católica “des Milleun independants”, les decía el 12 dé mayo de 1961: “Vuestra tarea es una tarea de evangelización. sois los enviados de la Iglesia en vuestro medio ambiente, sus misiones, sus apóstoles, pero eí apostolado, como bien sabéis, no es una empresa humana, con finalidades temporales. Es una empresa divina, plenamente sobrenatural en su origen y en sus fines.

“… Los Obispos, por su parte, asocian cada vez más en su actividad no sólo a los sacerdotes, que son sus cooperadores, sino también a determinados fieles, con-fiándoles la evangelización de los diversos estratos sociales; vuestro apostolado es un apostolado organizado.

“Si, pues, la unión es necesaria entre vosotros, fácilmente comprenderéis cuánto más necesaria es con el Obispo, cabeza del apostolado en la ‘diócesis. La presencia aquí de una representación tan nutrida del episcopado francés muestra claramente que sois conscientes de ello.

“Esta unión con el Obispo encierra diversas consecuencias referentes a vuestra actividad. La primera es, que debéis manifestar con entera confianza a vuestros superiores espirituales vuestras realizaciones,” vuestros proyectos, las dificultades encontradas en el ambiente a vuestro apostolado, vuestras sugerencias para vencerlas; y que reflexionéis con ellos en vista de una mayor eficacia de vuestras iniciativas apostólicas.

“La segunda, que después de haber referido filialmente, os sometáis con entera docilidad a las decisiones del superior de la diócesis, aun cuando ello suponga a veces sacrificar un punto de vista o preferencia personal. Con este precio, lo sabéis bien, vuestro apostolado será verdaderamente de la Iglesia, verdaderamente fructuoso, ciertamente bendecido por Dios.” Texjto francés en AAS, 53 (1961), 324-26.

[27] AAS, 43 (1951), pp. 787-783.

[28] Ibíd:, P.-787.

[29] “Para resolver esta dificultad se piensa en dos reformas prácticas: una, de la terminología, y, como corolario; otra, de estructura. En primer lugar, sería necesario devolver al término “Acción Católica” su sentido general y aplicarlo únicamente al conjunto de movimientos apostólicos seglares organizados y reconocidos como tales, nacional o internacionalmente, ya sea por los Obispos en el ámbito nacional o por la Santa Sede en cuanto a los movimientos que aspiran a ser internacionales. Bastaría, pues, que cada movimiento particular fuera designado por su nombre y caracterizado por su forma específica y no según el género común. La reforma de estructura seguiría a la fijación del sentido de los términos. Todos los grupos pertenecerían a la Acción Católica y conservarían su nombre y autonomía, pero todos ellos juntos formarían, como Acción Católica, una unidad federativa. Cada uno de los Obispos quedaría libre de admitir o de rechazar a determinado movimiento, de confiarle o no su mandato, pero no .le correspondería rechazarlo como si no fuera Acción católica por su misma naturaleza. La realización eventual de semejante proyecto requiere, naturalmente, atenta y prolongada reflexión. Vuestro Congreso puede ofrecer una ocasión favorable para discutir y examinar este problema, al mismo tiempo que otras cuestiones similares.

Parece necesario, al llegar a este punto, dar a conocer, al menos a grandes rasgos, una sugerencia que nos ha sido comunicada muy recientemente. Se señala que reina en la actualidad un penoso malestar bastante ampliamente extendido, que tendría su origen, sobre todo, en el uso del vocablo “Acción Católica”, Este término, en efecto, parecería reservado a ciertos tipos determinados de apostolado seglar organizado, para los que no entran en el cuadro de la Acción Católica así concebida-se afirma-aparecen como de menor autenticidad, dé importancia secundaria, menos apoyadas por la Jerarquía, y permanecen como al margen del esfuerzo apostólico esencial del elemento seglar. La consecuencia parecería ser que una forma particular de apostolado seglar, es decir, la Acción Católica, triunfa en perjuicio de las otras, y que se asiste al embargo de la especie sobre el género. Más aún, prácticamente, se le concedería la exclusiva, cerrando las diócesis a aquellos movimientos apostólicos que no llevasen la etiqueta de la Acción Católica” (AAS, 49 (1957), p. 929).

[30] Acta Santae Sedis, 37 (1904-5), p. 755; cfr. Mas arriba nota 110

[31] “Vosotros en cambio os llamáis sencillamente “Acción Católica” porque, teniendo un fin general y no partículas y específico, no sois un eje firme en torno ai cual gravite el mecanismo de una cualquiera organización, sino más bien un lugar adonde todos acuden, donde se reúnen y organizan los católicos de acción” (.AAS, 43 (1051), p. 375).

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