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Sintesis Exhortación Pastoral del Episcopado Mexicano sobre la misión de la Iglesia en la construcción de la paz

Que en Cristo, nuestra paz, México tenga vida digna.

 

Exhortación Pastoral del Episcopado Mexicano sobre la misión de la Iglesia en la construcción de la paz, para la vida digna del pueblo de México.

CEM 2010

(Ver nota al final)

Introducción General

 

 1.- Saludos de los Obispos y manifiestan su deseo de compartir su discernimiento sobre la misión de la Iglesia en la realidad que vive México y alentar la esperanza de los que viven con miedo. Anunciar el Evangelio de la paz con confianza en la fuerza transformadora del amor.

2.- La violencia permea la sociedad y daña a las personas, la economía, altera la paz y promueve la desconfianza y envenena el alma promoviendo la venganza.

3.- Los obispos se acercan de manera solidaria con el pueblo a esta realidad no como expertos sino para interpretar los deseos de muchos, especialmente los más pobres y los que sufren violencia.

4.- Se duelen los obispos de la angustia de quienes padecen aborto, muertes, angustia por secuestros, asaltos o extorsiones, por las pérdidas de los que mueren por enfrentamientos contra el poder criminal. Se lamentan de los excesos en la persecución de delincuentes. Les preocupa que todo ello haga brotar deseos de venganza y justicia por propia mano.

5.- A la luz de la compasión y la cercanía de Jesús con los pobres y desprotegidos, los obispos se sienten movidos a discernir lo que deben de hacer, a la compasión evangélica y a acercar el consuelo de la fe, la fortaleza de la esperanza y el bálsamo de la caridad a los que sufren.

6.- Ya el Episcopado había hablado advirtiendo las situaciones de desigualdad que se darían posterior a la época conocida como “milagro mexicano” y a buscar  y aceptar “transformaciones audaces, profundamente innovadoras” antes que se generara esta preponderancia de los fuertes y servidumbre de los débiles, que orilla a reacciones violentas, por no atender la dignidad de las personas.

7.- Ante este círculo vicioso de inseguridad y violencia, la enseñanza de SS Benedicto XVI es oportuna para promover la caridad en la verdad y llegar al auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad. Asumimos la Misión Continental convocada en Aparecida, que exige asumir la condición de discípulos misioneros al servicio de la paz para la vida digna en México.

8.- Ante lo complejo de la realidad, resaltan las riquezas del pueblo Mexicano y agradecemos a Dios. Subsisten tradiciones que nos ligan a Cristo y que saben encontrar razones para la esperanza y manifestar la alegría en fiestas y en familia. Por ello queremos alentar a todos a la esperanza.

9.- Nos serviremos del método: ver, juzgar y actuar para clarificar y proponer la misión de la Iglesia en la construcción de la paz para que en Cristo, México tenga vida digna. Compartimos esta reflexión y nos ofrecemos a colaborar con los promotores de una sociedad responsable y quienes sirven de manera honesta al país.

I La inseguridad y la violencia en México

Introducción

10.- En América Latina y el Caribe crecen los eventos violentos de diversa índole que llenan de dolor a las personas y a la sociedad. No son hechos aislados sino cada vez más habituales y son signo de nuestro tiempo que hay que discernir para que todos tengamos vida en plenitud.

11.- El dinamismo de la vida social, política, económica y cultural representa retos para construir el Reino de Dios. Nos acercamos a la realidad a la luz de la fe en Cristo, que es como entendemos la dignidad de la persona, por ser la Iglesia misterio de comunión con Cristo en el Espíritu Santo. Así nos acercamos iluminados por el Espíritu que ayuda a llegar a la verdad plena.

1.- La escalada del crimen organizado

12.- La violencia causada por organizaciones criminales difiere de la intrafamiliar y la delincuencia común por ser cruel, vengativa, exhibe el poder, intimida a los rivales y a la sociedad. Sus actividades son: narcotráfico, secuestro, trata de personas, lavado de dinero, extorsión y ejecuciones intimidatorias.

13.- Estas actividades no son nuevas, quizá no eran evidentes. Lamentamos que no hayan sido combatidas oportunamente y hayan crecido. Si esta omisión, indiferencia, disimulo o colaboración de autoridades y la sociedad no fue justa, tampoco es justo ahora buscar responsables y evitar la responsabilidad social y pública para erradicar este mal.

14.- El narcotráfico es una de las formas más difundidas del crimen organizado. Al principio se trató solo de cultivo y tráfico de drogas amparadas en redes, con implicación de instituciones y organizaciones gubernamentales y de la sociedad pero hoy, existe un mercado de consumo en el país, cerrando el círculo: producción, distribución, venta y consumo.

15.- La disputa de cárteles por territorios para cultivar, producir drogas sintéticas y el narcomenudeo ha provocado enfrentamientos y originado los grupos de sicarios, que se contratan para asesinar, controlar territorios o ajustar cuentas.

16.- Se tiene la convicción de muchos que el crimen organizado ha corrompido a personas, grupos y empresas. Para neutralizar, evitar o distraer la acción de la justicia, también ha corrompido a servidores públicos, ha infiltrado instancias de gobierno, de procuración de justicia y del sistema judicial, que son ya una amenaza para la seguridad nacional, la democracia y desafío para el Estado.

17.- La trata de personas es igual a esclavitud, consiste en traslado forzoso o con engaño de personas, privación total o parcial de la libertad o explotación laboral o sexual. Viola los derechos humanos y lesiona la dignidad y la integridad de la persona, particularmente los más débiles como niños y mujeres.

18.- Los centros de rehabilitación carecen de marcos normativos adecuados, a veces, disfrazados de centros de beneficencia, se dedican a operaciones del crimen organizado y/o a ejercer violencia o usar a personas.

19.- La violencia requiere del tráfico de armas, que son bien de intercambio al margen de toda legalidad y ética. El cese a la violencia es difícil por la fabricación y tráfico ilícito de armas que se usan para violar los derechos humanos en el mundo.

20.- Las rutas del tráfico de drogas, la trata de personas y las armas coinciden. Por ser éstas actividades interconectadas a nivel internacional, por la lógica del mercado global, se debe entender que las acciones de un solo país por erradicarlas, no son suficientes, sino que se requiere el concurso internacional.

21.- Cualquier persona en la ciudad o en zonas rurales puede ser víctima de secuestro en sus modalidades de amenaza de secuestro, secuestro exprés o el que priva de libertad por tiempo indefinido con crueldad y para exigir rescate. Para ellos y sus familias las secuelas emocionales son profundas. Llama la atención la alta tecnología utilizada y la complicidad de autoridades.

22.- La extorsión consiste en la intimidación a personas mediante amenazas contra la libertad, la integridad propia o de familiares o contra el patrimonio con objeto de conseguir dinero o comportamientos ajenos a la voluntad.

23.- El lavado de dinero encubre el origen del dinero de actividades ilegales o criminales y hace que aparezca como fruto de actividades legítimas, sin problema en el sistema financiero.

24.- Las ejecuciones son manifestaciones visibles y dolorosas del crimen organizado, con las que se genera miedo social y se hace sentir el poder de controlar o proteger lo ilícito. Se dan por ajuste de cuentas o por disputa entre mafias que arrebatan o defienden el control de mercados y territorios. Lamentables son las muertes de inocentes y de personal de fuerzas de seguridad. Al amparo de esta actividad, se consuman también crímenes de quienes se hacen justicia por su cuenta por agravios entre particulares.

25.- La violencia de género por feminicidios, crímenes por homofobia y otros, sobre todo en el norte del país, han sido repudiados por muchos y cuestionan la impunidad de los grupos criminales en México.

26.- Todo lo anterior indica que algo está muy mal, no funciona y hay que exigir medidas eficientes para revertir la situación. No podemos solo describir las acciones de la delincuencia que generan violencia, hay que actuar asumiendo nuestra responsabilidad social y vigilar que las autoridades cumplan la suya. Hay que ir a la raíz de estos males.

2.- Factores que contribuyen a la inseguridad y violencia

27.- Esta violencia provocada por la delincuencia organizada es una realidad compleja, no es obra de una sencilla relación de causalidad; es una realidad multidimensional, presente en diferentes ámbitos de la vida, donde hay que descubrir los factores que los crean, los que deben atacarse para prevenir, atenuar sus efectos y atender a los más vulnerables.

2.1 En la actividad económica

28.- La desigualdad y la exclusión social, la pobreza, el desempleo, los bajos salarios, la discriminación, la migración forzada y los niveles inhumanos de vida, son factores económicos que exponen a la violencia por la irritación social que implican; por hacerlas vulnerables ante propuestas de actividades ilícitas y porque favorecen la corrupción y el abuso del poder.

29.- El contexto de la economía es la globalización, la cual, a priori, no es buena ni mala. En México se ha aplicado de manera que no ha sido de resolver los problemas sociales.

30.- Si bien este modelo ha propiciado el desarrollo de algunos sectores en algunas regiones, también ha permitido que otros sectores apenas sobrevivan y no se interesen por aspectos fundamentales de la vida social y económica.

31.- La democracia no ha alcanzado a la economía: las oportunidades no son iguales. Los productos agrícolas los encarecen intermediarios, las transnacionales sacan de competencia a medianas y pequeñas empresas, la oferta y la demanda no fijan los precios sino los grupos de poder. La economía se corrompe por la interrelación de mafiosos con grupos de interés. La ley del más fuerte en la economía, es violencia que genera frustración y rencor social.

 

2.1.1 Pobreza y desigualdad

32.- La pobreza crece. Los programas para superar la pobreza han retrocedido. Crece la pobreza tradicional y la injusticia social pero además aparecen nuevas categorías sociales y con ello nuevas pobrezas. La generalidad de las estadísticas no oculta esta realidad de la pobreza que tiene rostros concretos.

33.- México tiene una mayor desigualdad de distribución de riqueza por el deterioro en el poder adquisitivo, el incremento del desempleo, la falta de condiciones para las pequeñas empresas, la caída en calidad de vida, la corrupción endémica, la desaparición de las clases medias y la concentración de la riqueza en pocas manos.

34.- Esta desigualdad es abono para negocios ilícitos que ofrecen jugosas ganancias rápidas. Quienes están al límite de la sobrevivencia y al margen de procesos productivos se cautivan ante esto, así como para quienes pretenden mantener un ritmo de vida muy suntuoso. La necesidad expone a pobres y ricos a buscar ganancias sin importar procedencia, riesgos y costos humanos. Todo ello es la puerta para la inseguridad.

2.1.2 Insuficiencia de las reformas económicas

35.- Las reformas para insertar a México en la economía global son insuficientes, las exigencias de equidad nos han rebasado, el acceso a formación profesional de muchos ha quedado marginada, crece el número de jóvenes que no estudia ni trabaja y se incrementa la migración y la economía informal.

36.- El TLC permitió ingresar productos agrícolas baratos, pero descuidó el sector agrícola nacional por lo que éste vive además de consecuencias económicas, también sociales, políticas y culturales.

37.- La anterior ha sido una experiencia frustrante y causa enojo por no alcanzar la soberanía alimentaria; las políticas económicas han puesto en desventaja al sector agrícola por no poder competir frente al comercio desleal de los países socios y los invita por convicción o coacción a la siembra de estupefacientes que es más rentable pero también es puerta de inseguridad y violencia.

2.1.2 Desempleo y subempleo

38.- Según INEGI en 2008 la tasa de desocupación en el 3T era de 4.2% y en 2009 paso al 6.2% y en poblaciones de más de 100 mil habitantes fue de 7.6%. A fines del 2009 el 28.2% de la población económicamente activa trabaja en el sector informal.

39.- Quienes teniendo estudios no acceden a trabajos estables y remunerados, son oferta para quienes se dedican al narcotráfico y la delincuencia organizada. El subempleo lleva a la violencia urbana.

40.-  Los cambios por la globalización, no va  a la par con reformas políticas y sociales. La subsistencia de efectos que polarizan a grupos, por los resultados de las elecciones del 2006, dificultan el diálogo y mantienen a éstos en posiciones antagónicas irreductibles que no permiten tomar decisiones para alcanzar el bien común de la nación.

2.2 En la vida política

41.- La frustración que provoca la inseguridad y la violencia, sumada a la impunidad, hace que se formen grupos que expresan su sentir. También hay víctimas, a veces inocentes de actos delictivos a quienes se añade la complicidad o ineptitud de las autoridades. Si algunos actores políticos capitalizan esta frustración para sus fines políticos, las reacciones pueden ser más peligrosas y violentas.

42.- No se pueden resolver los problemas por el Estado Mexicano desde una lógica mercantil pues esto lleva a presiones de grupos que impiden la justa y adecuada distribución de la riqueza.

43.- A pesar de algunos esfuerzos legítimos de los gobiernos, la crisis financiera global los ha minimizado. El clientelismo político desvirtúa la acción del gobierno, propiciando el paternalismo y la dependencia que comprometen en su libertad al ciudadano.

44.- Hay descontento por las políticas públicas para erradicar la pobreza, las políticas de consumo no resuelven de fondo el problema. Quienes tienen ganancias ilegítimas se reivindican ante la sociedad con ayudas y apoyos.

2.2.1 Corrupción e impunidad

45.- Del disimulo y tolerancia ante la delincuencia, nace la impunidad. Las deficiencias en la justicia por incapacidad, irresponsabilidad o corrupción muestran la infiltración que padecen las instituciones. Sin justicia se delinque fácilmente.

46.- La corrupción se convierte en delincuencia organizada cuando la “mordida” es condición para recibir un servicio que debe ser gratuito. Esta delincuencia es violenta pues llega a matar para ocultarla o desprecia, difama y aísla a quien no participa en ella. Las contralorías no son autónomas y se involucran.

47.- Urge superar la anticultura del fraude y de los privilegios de unos cuantos y permitir la representación social con métodos transparentes y legítimamente electas para que pueda pedírseles cuentas de su actuar.

48.- Entendiendo seguridad ciudadana como “la condición personal, objetiva y subjetiva, de encontrarse libre de violencia o amenaza de violencia o despojo intencional por parte  de otros”, el Estado Mexicano debe reorientar sus políticas. En una visión no represiva de su tarea, el Estado tendría que orientarse a satisfacer las necesidades básicas.

2.2.2 Inseguridad ciudadana

49.- La inseguridad precede al ejercicio intimidatorio de autoridad, bajo el principio de que es más fácil gobernar una sociedad con miedo. Las prácticas despóticas y autoritarias de combate al crimen no se justifican. Se necesita revisar el sistema de “denuncia anónima” para que no sea la base del sistema judicial, pues promueve violaciones a los derechos humanos, venganzas y arbitrariedades. A mayor autoridad moral de las fuerzas de seguridad, corresponde mayor colaboración de los ciudadanos.

50.- La seguridad no aumenta con la capacidad bélica, el número de policías, la militarización, la compra de armas ni con represión. Sí aumenta con inversión en educación y fuentes de trabajo. Para muchos jóvenes es más fácil conseguir un arma que una beca. La inseguridad se relaciona con la carencia de espacios para la convivencia sana, plural e incluyente.

2.2.3 Procuración de justicia

51.- En la justicia, se necesitan funcionarios sin trayectoria de impunidad. Se requiere mantener el principio que “se es inocente hasta que se demuestre lo contrario”, antes de exhibir a  alguien ante los medios. Se abusa de la figura del arraigo.

52.- Hay quienes proponen acuerdos y negociaciones con el crimen organizado. El gobierno no debe ceder terreno alguno ante grupos criminales que someten a muchos, pues es aceptar estados ilegales o delincuenciales. Si antes se dio esto hoy no es justificable ya que contaminarían a la sociedad en lo social, económico, político y la vida comunitaria en general.

2.2.4 Sistema penitenciario

53.- La delincuencia no baja por fuerza o endureciendo las penas, requiere soluciones integrales privilegiando la prevención. El sistema penitenciario actual no re-socializa, ni readapta. La sobrepoblación y corrupción convierten las cárceles en cotos de poder del crimen, se convierten en universidades del crimen pues conviven reos de alta peligrosidad con los que roban por hambre.

2.2.5 Violencia institucional

54.- En un estado de derecho, las demandas deben ser atendidas y cuando no se da esto, se originan protestas sociales que a veces derivan en violencia y amenazan la paz pública. El gobierno debe distinguir la legítima protesta social de la delictiva.

55.- No hay que criminalizar la protesta social y quienes protestan deben respetar los derechos de terceros. Para superar pacíficamente los conflictos los interventores del Estado debe tener pericia de diálogo y mediación antes que la represión o judicialización de los conflictos. Los líderes sociales deben tener claro el bien común, respeto al derecho ajeno, capacidad de diálogo y concertación.

2.2.6 Las fuerzas de seguridad

56.- Las Fuerzas Armadas nacen para defender a la Nación, gozan del reconocimiento ciudadano, especialmente por su labor en los desastres naturales. En el combate a la delincuencia organizada, han gozado en principio con el beneplácito ciudadano ante la amenaza existente.

57.- La permanencia continua de las Fuerzas Armadas, más allá de lo contingente, genera incertidumbre en la población. Su formación no es para ejercer funciones policiacas sino deben estar enmarcadas en lo que les ordena la ley. La ciudadanía debe distinguir su rol de seguridad nacional, del que deben hacer la seguridad interior y la pública. Las Fuerzas Armadas como todos, tienen que respetar los derechos humanos y las garantías constitucionales.

58.- Una emergencia no debe ser permanente. Creemos que hay que ampliar la estrategia y la seguridad pública debe ser asumida por policías civiles, capacitados, adecuadamente remunerados y bien coordinados en lo federal, estatal y municipal. Los cuerpos policiacos no se improvisan, hay que formarlos con respeto a la ciudadanía y los derechos humanos.

2.3. En la vida social

59.- La violencia social tiene muchas manifestaciones: política, laboral, por discriminación ya sea étnica o por orientación sexual, escolar, por delitos comunes como el robo, la generacional y entre comunidades, en el tránsito vehicular. La superación de la violencia debe entenderse, la sociedad requiere verse a sí misma para estudiar este fenómeno.

60.- La seguridad personal corresponde también a la sociedad. El Estado es el principal garante, sin eximir a la sociedad de su responsabilidad. La ciudadanía tiene derechos pero también obligaciones. Una sociedad responsable necesita relaciones basadas en la confianza, constatamos sin embargo que más bien la desconfianza es la base de las relaciones.

61.- Cuando no hay confianza en lo social, lo que mueve es el interés privado y las decisiones se basan en el poder, lo cual disgrega a la sociedad. Es necesario recuperar la confianza y credibilidad social. No podemos ser excluyentes, hay que aprender el arte del diálogo, la mediación, la negociación y la búsqueda del bien común.

62.- La violencia puede llegar a ser la forma de sociabilizar y ello trae al poder como norma social de control y por tanto las relaciones se definen por afanes competitivos, por el desafío de vencer al adversario o por el placer de causar dolor, miedo y terror.

63.- Según sus modos de valorar, de asignar posición o estatus, la sociedad sitúa a las personas en contextos de violencia. En ocasiones se relaciona el estatus social con el tipo de trabajo que se tiene o los ingresos que se perciben, ello crea una escala social que polariza, tensa y surgen formas de violencia.

64.- No hay correlación directa entre violencia y pobreza, pero si la hay entre violencia y desigualdad. Hay ricos que son promotores de violencia y desigualdad. Los pobres están expuestos a canalizar sus frustraciones y su desesperación en formas violentas de expresión.

65.- La convivencia democrática con base en igualdad social y de oportunidades choca con la desigualdad. Ello produce insatisfacción y rencor, que abona a la violencia y da base a los grupos delincuenciales a enganchar a los insatisfechos.

66.- La seguridad ciudadana es multidimensional y tiene que ser integral. Cuando hay tejido social hay control social positivo. Este tejido es más fuerte en las pequeñas comunidades, por lo que hay que crearlo en las grandes ciudades. Es necesario fomentar la responsabilidad social, el diálogo real, honesto y fértil entre sociedad y Gobierno.

2.3.1. Violencia intrafamiliar

67.- Las familias con comunicación deficiente, aquellas donde no hay actividades comunes, donde las relaciones entre padres o entre padres e hijos suele ser conflictiva, explican la predisposición de una persona a ser violenta. La violencia intrafamiliar es escuela de resentimiento y odio en las relaciones humanas básicas.

68.- Una persona que se droga como alternativa para remediar (sin prescripción) algún mal, favorece la expansión de adicción a drogas en la familia. La adicción al alcohol de algún familiar favorece escenarios familiares violentos. Toda la familia sufre y la economía familiar se deteriora igual que las relaciones intrafamiliares.

2.3.2 Violencia contra las mujeres

69.-  El ejercicio desigual de poder en la vida familiar y social es el origen de la violencia contra mujeres, la exacerban las adicciones y se relaciona con la idea que se tiene de lo masculino y femenino. Esta violencia es un reto cultural y social.

70.- Quienes piensan que las mujeres son agredidas por su propia responsabilidad no consideran la dependencia por vergüenza y miedo que se da cuando son agredidas, imposibilitándolas para huir o pedir ayuda. A veces las condiciones sociales, económicas o culturales inhiben a romper el vínculo con el agresor. Además de la violencia intrafamiliar, se dan situaciones violentas en los ambientes de trabajo.

2.3.3 Violencia infantil

71.- Los niños también padecen violencia en muchas formas. El maltrato infantil o ser testigos de violencia familiar o en instituciones, incrementa el riesgo de violencia en la edad adulta. Es frecuente que quienes lastiman a los niños hoy, hayan sido maltratados en su infancia.

72.- El niño maltratado padece baja autoestima, se refugia en fantasías, frecuentemente violentas, que se materializan en la adolescencia o en la edad adulta. La violencia en familias violentas se vive como algo normal.

2.3.4 La violencia, los jóvenes y los adolescentes

73.- Adolescentes y jóvenes son gran riqueza para la sociedad pero viven situaciones que los convierten en víctimas y actores de hechos violentos. Los adultos tenemos gran responsabilidad por la herencia que les dejamos, que los excluye de una vida digna y los expone a la muerte. La violencia afecta especialmente a jóvenes que se convierten en moneda de cambio o instrumentos del engranaje criminal.

74.- La violencia juvenil no es nueva pero se está agudizando. La drogadicción y delincuencia asociada al pandillerismo manifiestan la profundidad del problema, resultado entre otras causas de la violencia y agresividad que viven a través de medios de comunicación, sin el balance de valores éticos que deberían haber recibido en la familia o escuela, sumado a la falta de oportunidades e trabajo y crecimiento personal.

75.- La violencia relativiza la función de las normas de convivencia social. Los jóvenes reclutados por los criminales no reconocen otra ley que la que les da el poder: por ser hombres, tener dinero y capacidad de consumo, esto los coloca en un ritmo de ascenso social que los hace preferir una vida corta “siendo alguien” a una vida larga sin reconocimiento social.

2.3.5 Violencia y vida comunitaria

76.- La vida comunitaria es la primera víctima de la violencia. La gente solo quiere reunirse solo en sus casas por la inseguridad, se aísla, se encierra en el individualismo y la desconfianza, en el enojo, el resentimiento y el deseo de venganza. Es necesario fortalecer la vida social.

77.- En comunidades indígenas la violencia surge cuando se rompen los acuerdos comunitarios; la unidad que se rompe por nuevas religiones, partidos políticos u organizaciones sociales, lleva a extremos de expulsar de la comunidad a los disidentes y agredirlos hasta quitándoles la tierra.

78.- La violencia se liga íntimamente a la vulnerabilidad del pueblo, por el deterioro de la vida comunitaria y otros factores.

79.- Se ha comprobado la relación entre violencia social y restricción de espacio. Se requieren y hay que rescatar los espacios públicos para caminar, platicar, convivir, recrearse, estudiar, etc., especialmente si se los han apropiado los delincuentes.

80.- Atención a la vulnerabilidad de los migrantes nacionales o extranjeros. Están expuestos a vejaciones, maltrato, extorsión y explotación.

2.4 En la cultura

81.- La riqueza cultural mexicana es una realidad, es un “ambiente vital” que permite crecer a la persona. Es el modo como la persona se relaciona con otros, con las cosas, con la naturaleza y con Dios.

82.- Somos un pueblo que ama la vida, hospitalario, fraterno, alegre, solidario, hay elementos valiosos, muchos de ellos relacionados con la fe cristiana, sin embargo también hay anti valores como la violencia.

83.- El comportamiento violento no es innato, se adquiere, se aprende y desarrolla. La crisis de valores éticos, el hedonismo, el individualismo, la competencia, la pérdida de respeto a los símbolos de autoridad, la desvalorización de instituciones educativas, religiosas, políticas, judiciales y policiales, los fanatismos, la discriminación, el machismo, favorecen la violencia.

84.- La violencia hace ver al mundo como problemático, que amenaza la libertad y promueve el aislamiento. Esto se traduce en reacciones viscerales, sin reflexión, reforzando prejuicios, ante las situaciones percibidas como amenaza. Los acelerados cambios de hoy, separan a las generaciones de modo que los jóvenes desprecian a padres y abuelos y tensiona a la familia y la sociedad.

85.- Tenemos que enfrentar estas expresiones violentas que se dan en la familia y en muchos otros ambientes. Si bien ellas tienen condicionamientos históricos y culturales, son conductas aprendidas. Hay que intervenir en las instancias de formación de las personas.

2.4.1 Emergencia educativa

86.- Hay una “emergencia educativa” no solo por la falta o calidad de instalaciones, sino por los contenidos que no forman personas sólidas, capaces de colaborar con los demás y de dar sentido a la propia vida. Este fracaso se explica por la visión del humano solamente para producir, competir y para el mercado.

87.- La educación en función del mercado, no potencia los valores, no enseña a superar la violencia ni a llevar una vida sobria y adquirir actitudes, virtudes y costumbres que daría estabilidad a su hogar futuro y haciéndolos constructores de paz.

2.4.2 Medios de comunicación social

88.- Algunos medios magnifican la percepción de inseguridad y cultura de violencia. El amarillismo produce miedo y desconfianza y daña el tejido social. No se ayuda a construir la paz cuando se informa sin pudor o respeto al auditorio. Los medios, si muestran  con lujo de detalle la violencia, se convierten en factores de violencia.

89.- Algunos comunicadores han vivido la violencia en su profesión. Lamentamos las amenazas a que se enfrentan y las pérdidas que han sufrido. Esperamos de ellos lecturas imparciales de los posicionamientos de los actores sociales, incluidos nosotros. Cuando la verdad no se transmite con imparcialidad, no pueden analizarse correctamente los hechos para instaurar la paz.

90.- A través de los medios se difunden modelos de éxito personal, asociados al consumo y a los lujos. Quienes no pueden acceder a ellos, generan frustración e insatisfacción. Ello provoca la tentación de tener sin el menor esfuerzo que destruye al humano.

91.- Con base en el miedo, surge el mercado de la venta de seguridad para edificios, vehículos y personas. La seguridad privada es un bien de consumo.

2.4.3 Religión y cultura

92.- Los estudiosos dicen que los grandes cambios en las culturas, se dan por la transformación de su núcleo religioso. La religión, re-liga, re-une al creyente con el mundo y con la realidad última que para nosotros es Dios, que se nos reveló a través de Cristo.

93.- La mayoría de mexicanos, profesan la fe cristiana y en alto porcentaje son católicos. Entre vicisitudes ha permanecido fiel a esta fe recibida en la primera evangelización. Esta identidad se plasma de muchas maneras en nuestra vida diaria como una religiosidad viva, sin que ello signifique siempre la coherencia de vida.

94.- Destaca en esta identidad Santa María de Guadalupe que permea la historia, la sociedad, la cultura y la religiosidad personal y colectiva. El mensaje guadalupano invita a abrirnos al misterio verdadero de Dios, a la promoción humana, la reconciliación y la paz. Las causas que se enarbolen al amparo de este hecho deben buscar la justicia, la verdad, la promoción humana, la reconciliación y la paz.

95.- Percibimos una evangelización con poco ardor, sin nuevos métodos y expresiones: ritualismo sin itinerario formativo. Movimientos y grupos religiosos que se olvidan de la dimensión social de la fe, una espiritualidad individualista; mentalidad relativista en lo ético; en lo pastoral persisten lenguajes poco significativos para la cultura actual. Y referente a la inseguridad y violencia, constatamos tristemente que entre los involucrados en el crimen organizado hay bautizados que con sus actos se alejan de Dios y la Iglesia. Se ha descuidado la pastoral penitenciaria, a menores infractores y en situaciones de riesgo y el acompañamiento a víctimas inocentes.

96.- Existe todavía un fuerte clericalismo celoso de compartir responsabilidad con el laicado y una cultura machista que excluye a la mujer. Lamentamos los abusos de poder clerical, de satisfactores económicos y abuso sexual de algunos sacerdotes, que dañan la credibilidad y dispersan algunas comunidades.

97.- Nos reconocemos como comunidad de pobres pecadores y nos acogemos a la misericordia de Dios, de igual forma que hicieran los obispos en otro tiempo “pedimos perdón a todos” los que se han visto escandalizados por incoherencias del testimonio sacerdotal. Somos conscientes que cuando falta verdadero testimonio de vida cristiana, en la vida ministerial, en la conducta moral y el compromiso social, se propicia el debilitamiento de la fe, velando, más que revelar “el genuino rostro de Dios y de la religión”. Somos mexicanos y sabemos que nuestra actuación pública y privada se rige por las leyes que nos rigen a todos.

98.- Este análisis de la realidad nos lleva a preguntarnos: ¿cuál es la calidad de vida de nuestro pueblo?; ¿hay condiciones para que los mexicanos cuenten con condiciones de paz para el desarrollo humano integral? La óptica con que vemos la realidad nos hace mirar la dignidad de la persona, el sufrimiento de las víctimas inocentes y el clamor de los pobres.

3.- Un enfoque para abordar la compleja realidad de la violencia

99.- La inseguridad y violencia es compleja y multidimensional. Simplificarla sería ingenuo y llevaría a soluciones ingenuas. Hay que verla desde un enfoque de salud pública que permita asegurar a los más, el beneficio de la seguridad y la paz.

100.- Ver la violencia como problema se salud pública, lleva a proponer un esfuerzo multidimensional. Se requiere un diagnóstico interdisciplinar que identifique los principales factores en los que hay que incidir colectivamente, cada quien en el ámbito de su competencia.

101.- La salud pública privilegia la prevención. Una respuesta integral a la violencia no solo atiende a quienes la padecen sino que promueve la no violencia, reduce la perpetración de actos violentos y cambia las circunstancias que la originan.

4.- Tres factores sobre los que urge intervenir

102.- Existen 3 factores que explican, en un mundo globalizado, por qué la violencia y el crimen organizado se han desarrollado.

103.- Vivimos una crisis de legalidad. No le damos importancia a las leyes como ordenamiento de convivencia social sino como norma para negociarse. Se exigen los derechos y se ignoran los deberes propios o de otros. No respetamos las leyes, la corrupción generalizada lo comprueba.

104.- Se ha debilitado el tejido social, se han relajado las normas sociales y las reglas no escritas de la convivencia. La fragmentación social, la frágil cohesión social, el individualismo y la apatía han provocado que cada quién haga lo que le venga en gana, con la certeza de que no habrá consecuencias.

105.- Vivimos una crisis de moralidad, cuando se debilita o relativiza la experiencia religiosa de un pueblo hay consecuencias en la fundamentación, vivencia y educación en los valores morales. Se han debilitado las exigencias de la moral cristiana desde el “no matarás” hasta el entregar la vida por otro.

106.- Al revisar esta realidad compleja, vemos que la responsabilidad es de todos. Cada quien en su ámbito debemos actuar: las autoridades cumpliendo las atribuciones que les otorga el Estado de Derecho y la sociedad siendo activa, sujeto de la vida social. Los creyentes, actuando en fidelidad a nuestra conciencia que responde a Dios con nuestro compromiso en la construcción de la paz, para la vida digna del pueblo de México.

II Con la luz del Evangelio y de la Doctrina Social de la Iglesia

Introducción

107.- La situación descrita se da en un pueblo profundamente religioso, con manifestaciones auténticas o no, de vinculación a la comunidad cristiana ya sea por la vinculación a sacramentos como el bautismo o la eucaristía o por respeto a la Iglesia a Cristo o María. Sin embargo hay una superficialidad de experiencia de fe y una religiosidad popular confusa que lleva a supersticiones e idolatrías.

108.- Este ambiente de violencia e inseguridad que vivimos denota una pérdida del sentido de Dios y nos lleva al desprecio por la vida. La degradación de costumbres e instituciones denotan una sociedad en decadencia.

109.- No es momento de polémicas estériles. Es momento de manifestar claramente el testimonio de alegría de ser discípulos de Cristo, de contemplar desde esta visión la redención del mundo y asumir el compromiso misionero señalado en Aparecida.

110.- La violencia genera violencia por tanto la solución es honda y compleja. Los actos violentos que vemos son síntomas de una lucha más radical en la que se juega el futuro de la patria y la humanidad. En nuestro interior se da la lucha entre bien y mal, los cristianos identificamos que nuestra lucha no es contra las personas sino contra el poder del mal que destruye y deshumaniza.

111.- ¿Qué significa ser cristiano en esta circunstancia?, ¿Qué palabra de esperanza podemos dar los pastores?, ¿Cómo vencer la sensación de impotencia y ofrecer una solución que nos aleje de la violencia?. La solución no es solo la aplicación de la justicia y el derecho, sino con la conversión. La represión controla temporalmente la violencia pero no la supera.

112.- Las manifestaciones de violencia de toda índole, se explica por factores que explican su existencia: “la cuestión social se ha convertido en una cuestión antropológica” y la raíz de la deshumanización es el prescindir de Dios y su proyecto de vida.

113.- Nos acercaremos a esta realidad a la luz de la fe, con mirada crítica y realista, pero esperanzadora. Nuestro quehacer eclesial nos compromete a trabajar por la humanización y restauración del tejido social, porque Dios “no quiere que nadie se pierda, sino que todos se conviertan” (2 Pe 3, 9).

1.- Dios Padre, creador, nos ama con amor misericordioso

114.- Nuestra fe en Dios ilumina la realidad. Creemos en un Dios personal no reducido a concepto o doctrina, sino amoroso que se nos ha revelado. Es Dios creador que ha puesto en todos el sello de bondad. Se manifestó a Abraham y padre de Jesucristo.

115.- Conocemos a Dios y su proyecto por medio de Cristo. A Cristo lo conocemos por la Palabra de Dios. En la Sagrada Escritura entendemos lo que es la violencia y nuestra tarea como discípulos para la construcción de la paz. La gravedad de la situación, exigen respuestas inaplazables, actitudes radicales y por ello nuestro estudio de la realidad desde la fe es fundamental.

2.- El pecado acecha a tu puerta…tú puedes dominarlo (Gn 4, 7)

116.- Más allá de explicar o matizar la violencia, la raíz del problema está en la orientación del corazón de cada ser humano, que tiene la grandeza de la libertad y por ello el riesgo del error. Jesús dijo que el mal no está en lo que nos rodea, sino en el corazón de “donde salen las malas intenciones” (Mt 15, 19-20). El mal no está en la creación, sino en el corazón del hombre que en libertad, opta por la soberbia y se deja engañar.

117.- Desde el relato de Adán y Eva, vemos como todo cambia con el engaño de la serpiente, representante del mal que siembra la duda y la malicia y confunde a Eva.

118.- El mal es siempre un engaño. Hay que desenmascararlo haciendo evidente su naturaleza antihumana. Un síntoma de vivir en pecado es la malicia. Quien vive en gracia tiene mirada de inocencia, ve el mundo como Dios lo ve: desde el bien que hay en él encuentra los rastros de ese bien en personas y la creación. La inocencia no se identifica con ingenuidad, el primero distingue el bien del mal, el segundo se confunde.

119.- El inocente descubre el mal entremezclado en la obra de Dios, lo ve en su debida dimensión. Desde el bien que hay en su ser, busca el bien que hay en otros. Jesús hizo lo mismo con el leproso, con Zaqueo, con la adúltera y otros.

120.- Quien padece la ceguera del malicioso busca el mal, lo invoca y termina materializándolo en todo lo que lo rodea. Esta es una enfermedad espiritual muy temida por los grandes maestros de la espiritualidad cristiana. En el pasaje bíblico la serpiente convence a Eva que Dios no es su amigo sino su competidor. Por tanto Adán y Eva cambian su percepción de orden y armonía de la creación y la ven como caótica y amenazante.

121.- La violencia comienza cuando olvidamos quienes somos. En el Génesis el fin de la enemistad del hombre con Dios, se presenta en el retorno del hombre a la tierra de la que fue hecho (Gn 3, 17-19), que indica la experiencia de la muerte, como el regreso al origen, a la identidad, a reconocer que es barro, creatura que depende de Dios y que su vida no está en sus manos pues no es su dueño. Cuando el hombre se endiosa a sí mismo, se deshumaniza y cede a la tentación de la violencia.

122.- Los cristianos entendemos que cuando caemos en el engaño nos olvidamos de nuestra dignidad de hijos de Dios. Esta actitud se transmite, por lo que quien nace en un ambiente malicioso, pronto pierde la inocencia. El pecado de Adán y Eva fue la soberbia al pretender prescindir de Dios.

123.- Con la malicia se ve a los demás con desconfianza, pues se presume que el mal es quien lo gobierna. También el malicioso ya no se ve como persona en comunidad sino como individuo aislado que debe defenderse de su entorno. El otro ya no es mi hermano sino mi competidor y enemigo. La violencia crece cuando olvidamos que somos responsables de los otros.

124.- Al aceptar el mal en el corazón, nos cerramos a los demás, por tanto buscamos la felicidad aislándonos para no ser dañados y nos procuramos todo los que “necesitamos” para una vida plena. Cegados así, no vemos en la creación la presencia de Dios, solo objetos y personas que hay que manipular para llenar las necesidades, así nos vemos y nos tratamos a nosotros mismos.

125.- El mal que habita el corazón del hombre se representa como un “falso yo” que solo existe por las actitudes y acciones egoístas. El mal actúa conquistando la conciencia, hace egoísta y cruel a la persona y le hace perder contacto con su imagen divina, utilizando los dones para destruir la armonía. El corazón de carne dado por Dios, lo convierte en corazón de piedra.

126.- Ese “falso yo” se manifiesta en actitudes concretas, Pablo las define como “obras de la carne”: injusticia, perversidad, codicia, maldad, envidia, homicidio, pleitos, engaños, malicia, difamación, traición, odio de Dios, ultrajes, altanería, habilidad para hacer el mal, insensatez, etc. (Cf. Rom 1, 29; Gal 5, 19-21). La presencia del mal en el hombre es más compleja y sutil que sus manifestaciones más obvias. La acción destructiva no siempre se percibe, pues se enmarcara en múltiples formas, incluso en la lucha por los más altos ideales. Deja en quien lo padece un vacío interior, sinsentido, aislamiento y desánimo, más allá de las satisfacciones materiales o intelectuales que procura.

127.- Aún dentro de un círculo de fe y experiencia de salvación en Cristo, la realidad humana debilitada por el pecado, se impone. Todos estamos sujetos al error y al mal, como dice Pablo: “Así pues, por un solo hombre entró el pecado en el mundo y con el pecado la muerte; y como todos los hombres pecaron, a todos llegó la muerte” (Rom 5, 12).

128.- Al analizar la realidad no hay que olvidar la realidad del mal. La inclinación del hombre al mal, genera errores en todos los ámbitos creando #estructuras de pecado”. En la economía, desde hace tiempo se manifiestan los efectos perniciosos del pecado, dinamizados por un “afán de ganancia exclusiva” y por la “sed de poder”. Esto ha llevado al país y al mundo no solo a un caos financiero, sino a una crisis humanitaria: el empobrecimiento de muchos, el consumismo insaciable y el individualismo.

129.- ¿Qué podemos hacer?, ¿cómo podemos liberarnos del mal que actúa en nuestra vida personal y social?. La respuesta existencial a esta pregunta, centrada en el encuentro con Cristo, es centro y meta de la formación al discipulado cristiano.

3.- La promesa de Dios: el Príncipe de la Paz (Cf. Is 9, 5)

130.- La respuesta de Dios al hombre que se ha dejado seducir por el mal es la promesa del Mesías que abre la posibilidad de restaurar en el mundo la armonía original.

131.- En Jesucristo, Dios cumple esta promesa para nuestra salvación. Es el nuevo Adán, que en una visión transformada por la experiencia del amor de Dios, contempla la bondad de Dios en la realidad creada y descubre el bien que hay en toda persona. Su mirada no se fija en el pecado, se fija en su sufrimiento necesitado de redención.

4.- En Cristo, no hay lugar para la violencia

132.- Jesús es para nosotros buena noticia de vida. Propone una instancia crítica al sistema político que sacralizaba y divinizaba la persona del emperador y su imposición violenta de la paz. Lucas anuncia la verdadera paz que trae Jesús, que es para todos y que es alegría sin excepciones, hace ver que Dios no tiene que ver con la violencia o la muerte porque es Dios de vivos, Dios de vida.

133.- Jesús rechazó la violencia e invita a sus discípulos a aprender de su humildad y mansedumbre (Cf. Mt 11, 29). Para romper la espiral de violencia propone poner la otra mejilla (Cf Mt 5, 39), perdonar siempre (CF Mt 18, 22) y amar a los enemigos (Cf Lc 6, 35). La motivación es imitar a Dios; el amor a los enemigos lo hace a uno semejante a Dios, lo eleva, no lo rebaja. El discípulo así se incorpora en la corriente del amor divino, sale de sí mismo y construye humanidad solidaria y fraterna. Se debe amar gratuitamente, sin interés, por encima de todo cálculo y reciprocidad.

134.- Amar al enemigo es expresión de la regla de oro, no masoquismo; es señal de reciprocidad fundamental entre personas. Amando al enemigo se espera que éste cambie, que logre diferenciar entre su actuar destructivo y la actitud sanante de quien es capaz de amar y perdonar. Quien perdona no cierra el futuro al adversario, confía en que puede cambiar. Si no hay cambio, al menos se cierra el paso a la violencia. Quien perdona al enemigo espera la salvación; si el agresor no corresponde, el gesto no pasa inadvertido para Dios (Cf Eclo 12, 2).

135.- Para Jesús el rechazo a la violencia grande y homicida, supone no aceptar otros tipos de violencia menor. Así como no se admite la violencia que atenta contra la vida, tampoco la que se expresa en los sentimientos y acciones que al originan. Jesús dejó como testamento espiritual el don de la paz (Cf Jn 14, 27); desde la cruz perdonó a quienes lo crucificaron (Cf Lc 23, 33); en la resurrección les entregó el don del Espíritu y con sus dones la misión de servidores del perdón y reconciliación de los hombres con Dios y entre sí y llamó bienaventurados a los mansos y a quienes luchan por la paz.

136.- El Reino de Dios no se impone por fuerza o con violencia; es una realidad sobrenatural presente en los discípulos que critica y desenmascara la falsa paz y las estructuras que no la hacen posible. Jesús alienta a trabajar por la paz, quienes se comprometen a ello son llamados “hijos de Dios” (Mt 5, 9). En el antiguo testamento vemos que la concepción del ser humano como artífice de la paz (Cf Mac 6, 58-59) no se refiere a quienes tienen ánimo pacífico, sino a quienes se comprometen en “hacer” la paz, en tomar la iniciativa, trabajar y esforzarse por conseguirla. Tampoco se refiere a quienes la cultivan para sí mismos, sino a quienes luchan por establecerla en donde se ha roto, arriesgando la propia tranquilidad, con tal de solucionar los conflictos aunque éstos no le afecten directamente.

137.- El amor al enemigo y la renuncia a la violencia exigen al discípulo una referencia a una comunidad que lo anime y motive a perseverar en el propósito. Jesús eligió a sus discípulos y los formó para que propusieran un estilo de vida alternativo al del mundo: ante el servilismo, servicio; ante el odio, amor; ante el egoísmo, la entrega de la vida; contra la marginación, la inclusión. La paz es un don de Dios y tarea del creyente.

138.- Sabemos que ninguna realización temporal se identifica con el Reino de Dios. Reafirmamos nuestra esperanza y confianza de que este mundo no es todavía el que Dios pensó para nosotros. Violencia y maldad no son parte del proyecto de Dios. Confiamos que el esfuerzo solidario de todos, con ayuda de Dios, por hacer más humana nuestra vida no es en vano.

139.- La historia entera tiene un futuro en Dios. La fe en la resurrección es el sostén y la finalidad de nuestra esperanza. La muerte y resurrección de Jesucristo da soporte a la esperanza en el diario vivir de nuestra comunidades.

5.- Iniciación a la vida cristiana

140.- El encuentro con Jesús es la puerta de entrada al camino de la salvación, al camino, la verdad y la vida. La identidad cristiana no se hereda, se adquiere por la iniciación cristiana, que es el proceso por el que la vida se va configurando con Cristo, a partir de la conversión y la participación del triunfo del amor de Dios sobre el mal y la muerte.

141.- Es una experiencia personal, vivida en comunidad, en donde es determinante el encuentro vivo y persuasivo con Cristo, anunciado por testigos fieles. Ella nos lleva a una auténtica celebración de los sacramentos, con su riqueza de signos y ritos de profundo significado en sí mismos, en relación a la historia de la salvación y a la vida cristiana.

142.- Esta iniciación cristiana inicia con el kerigma, que invita a tomar conciencia del amor vivificador de Dios que se nos ofrece en Cristo muerto y resucitado. El kerigma, es el hilo conductor que culmina en la madurez del discípulo y tiene por horizonte la santidad de vida. En este proceso por la conversión se va recuperando la inocencia de la mirada, con ello la confianza y la disposición a vivir en comunión con Dios y el prójimo, para ser testigos y servidores de la reconciliación, con la misión de ser constructores de paz y fermento de un mundo más justo.

6.- Llamados a formar una humanidad nueva

143.- El amor es la principal fuerza impulsora del crecimiento pleno del hombre y la humanidad. Jesucristo nos revela la mirada inocente de Dios Padre que ve en nosotros la bondad que Él mismo puso y su amor que nos acoge a pesar de nuestras fallas y debilidades. Esto nos descubre como hijos amados y nos llama a la conversión, a orientar la vida por el amor y la misericordia.

144.- La conversión inicia con el dolor del pecado propio, la pena de constatar que el engaño del mal nos alejó de nuestra vocación humana, nos deshumanizó y nos hizo prescindir de Dios y excluir a los demás de nuestra vida. Esto ilumina nuestra mirada y nos permite desenmascarar el mal y renovar la confianza en Dios. La experiencia de la conversión es una auténtica liberación, de ahí sigue el enderezar la ruta, moverse con diligencia en el sentido correcto. En Cristo descubrimos que nuestra vocación es vivir la vida nueva de hijos de Dios, hermanos de Jesucristo y templos vivos del Espíritu Santo, ello significa encarnar la vida divina en la cotidiana.

145.- Cristo es el modelo perfecto de cómo se vive la vida. Por ello la transformación interior del hombre, en su progresiva conformación con Cristo, es el punto de partida esencial de una renovación real de sus relaciones con los demás. No se llega a ser discípulo por decisión ética, filantrópica o por razonamiento filosófico. La fe no es producto del pensamiento, es un don de Dios. Se llega a ser discípulo por el encuentro personal con Jesús, que nos revela plenamente el misterio de Dios.

7.- Al servicio de la unidad

146.- Quien se convierte, acoge libremente el don de la fe que da a la vida un horizonte nuevo y una orientación decisiva, pues libera del aislamiento del yo y lleva a la comunión. Los discípulos de Jesús somos llamados a ser pueblo congregado por la comunión con el Padre, por el Hijo, en el Espíritu Santo. No hay discipulado sin comunión. La pertenencia a una comunidad concreta es una dimensión constitutiva de la vocación cristiana.

147.- La koinonía, comunión fraterna, es un pilar fundamental de la Iglesia. Para el discípulo, el con-ciudadano del Reino, la vida en el Espíritu le permite orientar su acción cotidiana desde la óptica de la verdad, la justicia y la comunión.

148.- No es posible ser cristianos sin Iglesia, ni vivir la fe de manera individualista, sacando de nuestra vida  a aquellos con quienes compartimos nuestro caminar por la historia; la vocación cristiana llama a construir comunidades fraternas y justas; servir al hermano y buscar juntos caminos de justicia y construir la paz. Así la Iglesia es fiel a su esencia de ser sacramento de unidad entre Dios y el hombre y de ellos entre sí.

149.- En la comunidad eclesial, la diversidad de carismas, ministerios y servicios abre opciones al ejercicio diario de la comunión; ésta se enriquece al poner en común los dones recibidos. El testimonio de unidad y armonía en las diversas funciones, asegura vitalidad misionera y es signo y medio de reconciliación y paz para nuestros pueblos. Los ministros ordenados estamos llamados al servicio de la comunión.

150.- Los discípulos misioneros de Jesucristo que son consagrados, son testigos, con la profesión de los consejos evangélicos, de Cristo virgen, pobre y obediente. Tienen visibilidad en el mundo con su testimonio y colaboran en él, en la formación de una nueva generación de cristianos discípulos y misioneros.

151.- Los laicos, son hombre y mujeres de Iglesia en el mundo y al mismo tiempo son del mundo en la Iglesia. Su misión es la transformación de las realidades y la creación de estructuras justas según el evangelio. Llamados sin esperar u obedecer consignas y en fidelidad a su conciencia a comprometerse como ciudadanos y participar activamente en la política, lo social, la economía, la cultura, aportando su testimonio de vida digna y pacífica de sus familias y comunidades.

152.- La violencia es contraria a las aspiraciones de los discípulos misioneros y de la gente de buena voluntad. Reconocemos que la inseguridad y violencia que vivimos es signo del “debilitamiento de la vida cristiana en el conjunto de la sociedad” y de ello, quienes nos confesamos cristianos, debemos asumir nuestra responsabilidad.

153.- La comunión actualiza en los discípulos misioneros, la vocación y misión de ser artífices de paz. Quien comulga de manera activa, consiente y responsable “aprende de ella a ser promotor de comunión, de paz y solidaridad en todas las circunstancias de la vida”.

8.- Por la reconciliación  a la paz

154.- En Cristo somos perdonados y reconciliados. El perdón de Dios no exige nada a cambio, es completo y gratuito. Si hubiera que dar algo a cambio del perdón, se convertiría en una pena y pasaría de ser don de Dios a ser mérito del penitente. Solo quien acepta ser perdonado así, quien acepta a Cristo que entrega su vida por el perdón de sus pecados, entiende la reconciliación cristiana. Aceptar el perdón implica la virtud de la humildad. Quien pretende merecer el perdón por sus obras de penitencia, es engañado nuevamente y los frutos de este engaño son la dureza de corazón, el juicio despectivo de personas, la soberbia.

155.- Acoger el perdón de Dios, nos dispone a la reconciliación. De esta experiencia nace la moción a reparar, en la medida de lo posible el daño, sin embargo, nada que uno haga se equipara con la dimensión del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo.

156.- La reconciliación está en el corazón de la vida cristiana y presupone la reconciliación con Dios. La unión con Cristo en la Eucaristía, nos capacita para nuevos tipos de relaciones sociales pacíficas.

9.- Enviados a dar frutos de paz

157.- Los discípulos de Jesucristo tenemos una misión: “los he destinado para que vayan y den fruto y su fruto permanezca” (Jn 15, 14). El fruto que permanece es todo lo que sembramos, en nombre de Cristo, en el espíritu de las personas: el amor, el conocimiento, el gesto que toca el corazón, la palabra que abre el alma a la alegría del Señor.

158.- La misión apostólica comienza con el anuncio de la paz: “cuando entren en una casa, digan primero: paz en esta casa” (Lc 10, 5-6). Este saludo no tiene su fuerza en la ausencia de conflictos sino en la presencia de Dios en nosotros. Conservado en la liturgia, implica el compromiso de restaurar la armonía entre los hombres y Dios.

159.- Esta misión de construir el Reino y de anunciar la Buena Nueva, nos exige una mirada inocente que nos permita desenmascarar al mal, denunciar con valentía las situaciones de pecado, evidenciar estructuras de muerte, violencia o injusticia, con la consigna de vencer el mal con bien (Cf Rom 12, 21). Nos exige un estilo de vida pobre y anunciar el Evangelio de la paz sin bolsa ni alforja, sin poner la confianza en el dinero ni en el poder del mundo.

160.- La Eucaristía es sacramento de paz. Jesús nos hace testigos de la compasión de Dios por la humanidad, de aquí la fuente para amar al prójimo, en Dios y con Dios, incluso a quienes no conocemos o no nos simpatizan.

9.1 Con la fuerza del amor

161.- Somos enviados al mundo como testigos del amor de Dios. Nos identifican como discípulos del Señor por el amor que nos manifestamos. El secreto del apostolado es el amor, única fuerza para cambiar el corazón del hombre y la humanidad.

162.- El amor “es una fuerza extraordinaria, que mueve a las personas a comprometerse con valentía y generosidad en el campo de la justicia y de la paz”. En un mundo que se relativiza la verdad, la caridad en la verdad lleva a comprender que la adhesión a los valores cristianos es indispensable para la construcción de una buena sociedad y un verdadero desarrollo humano integral.

9.2 En comunión con todos los hombres y mujeres de buena voluntad

9.2.1 El bien universal

163.- Amar a alguien es querer su bien y trabajar eficazmente por él. Se trata no solo del bien individual, sino del bien relacionado al con-vivir de las personas: es el bien común. Este bien abarca todas las condiciones para tener con mayor plenitud y facilidad la propia perfección.

164.- El bien común se busca para todas las personas de la comunidad y solo en ella se puede conseguir el bien personal y de los demás. Desear el bien común es exigencia de la justicia y caridad. Todo cristiano está llamado a incidir según su vocación y posibilidades en las instancias que ordenan la vida común.

165.- Edificar la ciudad de Dios implica dar paso a la civilización del amor. Como buenos samaritanos, hay que encontrarse con las necesidades de los pobres y los que sufren y “crear estructuras justas que son condición sin la cual no es posible un orden justo en la sociedad”; estas nacen del consenso moral sobre valores fundamentales, que solo son plenos si Dios está presente en ellos.

166.- El cambio de las estructuras injustas urge para disminuir la desigualdad en México. Se necesita la incidencia de los cristianos en la política, economía, la cultura y en todos los campos de la vida social. Realizan esta tarea los cristianos bajo su propia responsabilidad, como ciudadanos.

167.- El mejor camino para alcanzar consensos para crear estructuras sociales justas es junto con otras personas de buena voluntad, encontrar caminos de diálogo, sobre los problemas del ser humano en México. Es necesario educar y favorecer todos los gestos, obras y caminos de reconciliación y amistad social, cooperación e integración.

168.- El fundamento de este dialogo es la ley moral universal, que es autentica gramática del espíritu con que se puede afrontar las situaciones que amenazan la paz. El punto de partida es la preservación de los fundamentos de convivencia humana: verdad, justicia y libertad, que los cristianos asumimos desde la caridad.

9.2.2 Caridad y verdad

169.- “La caridad en la verdad, de la que Jesucristo se ha hecho testigo con su vida terrenal y, sobre todo, con su muerte y resurrección, es la principal impulsora del autentico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad” CV 1. La paz tiene su fundamento en la apertura a la verdad. En el proyecto de Dios se encuentra la verdad, que hace resplandecer la caridad que da la luz de la razón y de la fe.

170.- Amor y verdad son la vocación que Dios puso en el corazón del hombre. En Cristo la caridad en la verdad se convierte en el Rostro de su Persona. Se debe buscar encontrar y expresar la verdad en el modo de vivir la caridad y esta se ha de practicar en la verdad; así es posible mostrar la capacidad de la verdad de incidir cuando se concreta en la vida social. Por esta relación con la verdad se ve la importancia de la caridad en las relaciones humanas, incluso en las de carácter publico.

171.- La DSI es anuncio de la  verdad del amor de Cristo en la sociedad. En ella encontramos criterios de discernimiento para que las actividades humanas no vayan en contra de las personas. Esta se basa en la dignidad de la persona.

9.2.3 Caridad y justicia

172.- La caridad en la verdad se concreta en la justicia, criterio orientador de la acción moral. Quien ama con caridad a los demás, es justo. La caridad, exige la justicia, el reconocimiento y respeto de los derechos humanos.

173.- Por la justicia se construye la “ciudad del hombre”, por la caridad se construye la “ciudad de Dios”. La justicia, virtud moral y concepto legal debe ser vigilante para asegurar equilibrio entre derechos y deberes, promover la distribución equitativa de costos y beneficios.

174.- El aporte propio de la fe a la justicia social, como experiencia de encuentro con Dios-amor, es ampliar el horizonte de la razón, por ello a través de la purificación de la razón y la formación ética, la Iglesia contribuye para que las exigencias de justicia sean comprensibles y políticamente realizables.

175.- La Iglesia con su doctrina social forma las conciencias a crecer en la percepción de las verdaderas exigencias de justicia y a la disponibilidad de actuar conforme a ella. Consideramos importante insistir que debe existir un equilibrio entre derechos humanos y deberes.

9.2.4 Caridad y libertad

176.- El hombre es libre porque posee la facultad de determinarse en función del bien; asumir el proyecto de Dios, supone la libertad responsable de las personas y pueblos. La fidelidad del hombre a Dios exige fidelidad a la verdad que es única garantía de libertad. Sin libertad no hay paz.

9.3 Constructores de la paz, promotores del desarrollo humano integral

177.- Los cristianos en el contexto de México, debemos ser constructores de la paz en nuestros ambientes. Esto implica “vigilar” que las conciencias no cedan al egoísmo, la mentira y la violencia y “ser testigos”, en la convivencia humana, del respeto al orden divino, condición para la paz. Nuestro mejor servicio será la formación de la conciencia, que permita desenmascarar al mal.

178.- Ser constructores de paz implica ser promotores del desarrollo humano integral. Paulo VI en la Populorum progressio nombró al desarrollo como nuevo nombre de la paz. Juan Pablo II en la Sollicitudo rei socialis, indicó la solidaridad como el nombre de la paz. El Papa Benedicto XVI en la Caritas in veritate, señala la fraternidad como el horizonte necesario para conseguir la paz.

179.- Estos enfoques complementarios ejemplifican el discernimiento de la Iglesia a la luz de la DSI, de manera que la persona sea el “fundamento, causa y fin de todas las instituciones sociales”. El desarrollo humano integral se rige por la centralidad de la persona y exige que se mejoren las condiciones de vida para que, como sujetos libres, puedan hacerse responsables de su propia existencia.

180.- El ser humano es social por naturaleza. Esto nos lleva al principio de la solidaridad que es “la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos”.

181.- La solidaridad ayuda a entender el desarrollo en el horizonte de la plenitud del ser de las personas y no como progreso sin fin, no como multiplicación de bienes y servicios. El desarrollo tiene dimensión moral. Hoy se necesita un estilo de vida solidario: “debemos aprender la renuncia, la sencillez, la austeridad y la sobriedad. Solo así puede crecer una sociedad solidaria y se puede superar el gran problema de la pobreza de este mundo”.

182.- En un mundo globalizado, no basta mejorar las condiciones materiales de vida; estas pueden acercarnos al ideal de la igualdad y la convivencia cívica pero no modifican la forma egoísta de entender y vivir las relaciones humanas. El principio de la fraternidad amplia el horizonte del desarrollo. Para los cristianos, la fraternidad nos quiere asociar a la realidad de la comunión trinitaria: “para que sean uno, como nosotros somos uno” (Jn 17, 22).

183.- El Papa Benedicto XVI ha interpretado el momento actual así: “la cuestión social se ha convertido radicalmente en una cuestión antropológica”. Acogemos la invitación a una gesta humanizadora apostando por el desarrollo integral de todos, del país y el mundo. “La fe cristiana se ocupa del desarrollo, no apoyándose en privilegios o posiciones de poder…sino solo en Cristo, al cual debe remitirse toda vocación autentica al desarrollo humano integral”.

184.- El desarrollo humano es ante todo una vocación: cada uno está llamado a hacer su propio progreso; requiere una respuesta libre y responsable, es un llamado a hombres libres a una responsabilidad común: impulsar a los hombres a “hacer, conocer y tener más para ser mas”. Esto implica que el desarrollo sea integral, que ponga en el centro a la persona. La visión del desarrollo como vocación comporta que su centro sea la caridad; por tanto, sus criterios de verificación son la solidaridad y la fraternidad, necesarias para construir la paz. “El desarrollo económico, social y político necesita, si quiere ser auténticamente humano, dar espacio al principio de gratuidad como expresión de fraternidad”

III Promover el desarrollo – Construir la paz

Introducción

185.- El debilitamiento del sentido de Dios y del hermano, de la vida comunitaria y del compromiso ciudadano cuestiona la forma como educamos en la fe y alimentamos la vivencia cristiana. Queremos asumir este desafío con creatividad y decisión para que lleven a un encuentro con Cristo, inviten a seguirlo, inicien y fortalezcan la vida comunitaria, el compromiso social y misionero.

186.- La inseguridad y violencia en México, exigen respuestas de la misión evangelizadora de la Iglesia. Esta respuesta reconoce incumplimiento de nuestra misión ya que las situaciones que vivimos hoy, son diametralmente opuestas a la propuesta de Jesús.

187.- La Iglesia ofrece una visión global del hombre y la humanidad. Somos discípulos misioneros de Cristo y nuestra visión de esperanza nos hace creer que la situación puede transformarse. Podemos colaborar en la prevención, acompañamiento y animación de una sociedad civil responsable.

188.- Los males que traen consigo la inseguridad y la violencia, nos recuerdan lo que decía Pablo: “Ya es hora que despierten del sueño. La noche va pasando, el día está encima, despejémonos pues de las obras de las tinieblas y revistámonos de la luz. Andemos como en pleno día, con dignidad” (Rom. 13, 11b. 12-13a).

1.- Formar mujeres y hombres nuevos en Cristo

189.- México será nuevo si nosotros nos renovamos. La novedad de nuestra vida en Cristo dará origen a este cambio.

190.- La formación integral de la persona es la prioridad. Hoy se nos exige la formación de las personas y la promoción de condiciones de vida digna para todos.

1.1 Transmisión de la fe

191.- La Iglesia debe unir los esfuerzos de la acción pastoral al servicio de la formación, en una sola propuesta, orgánica, de conjunto que acompañe a los interlocutores en su proceso de conformación con Cristo. Nos comprometemos a:

a) Desarrollar un proceso de iniciación cristiana, con base en el kerigma, que guiada por la Palabra de Dios lleve al encuentro con Cristo, a la conversión, al compromiso personal y dentro de la Iglesia y  a la madurez de la fe en la práctica de los sacramentos, la vivencia de la caridad y el compromiso misionero.

b) Implementar un proceso catequético permanente, orgánico y progresivo que sea una escuela de formación integral que permita incorporar un discernimiento vocacional y la iluminación de los proyectos de vida personales.

c) Acompañar en el camino de perseverancia para que permanezcan en su amor, encontrando al Señor en la lectura y meditación de la Palabra, en la oración, en la activa y fructuosa participación en la liturgia, en la vivencia comunitaria y el compromiso evangélico, con especial atención a los que sufren y a los pobres.

d) Aprovechar la riqueza de la Doctrina Social de la Iglesia como instrumento de evangelización.

e) Fomentar que asumamos nuestro compromiso como ciudadanos para construir un orden social justo, cuidar de la creación y construir la paz.

f) Buscar formas de acompañamiento de la vida interior de las personas. Es necesario fortalecer la interioridad, la capacidad del corazón de ser perceptivo.

g) Fomentar el amor a la verdad. El poder del mal es la mentira, la mentira engendra corrupción y la corrupción violencia y muerte.

1.2 La tarea educativa en las escuelas

192.- El amor a niños y adolescentes a través de la educación escolar debe buscar para ellos el mayor bien para que puedan en su vida discernir el bien del mal y el cuidado de su salud física y moral.

193.- Hoy los jóvenes tienen más recursos de conocimiento y capacidades tecnológicas; viven en un ambiente deshumanizado, una cultura que duda del significado de verdad, bien y bondad de la vida. De ahí se explica la dificultad de “transmitir de una generación a otra algo válido y cierto, reglas de comportamiento, objetivos creíbles sobre los que se puede construir la propia vida”. Nos comprometemos a:

a) Promover la educación en el amor y para el amor.

b) Promover la educación en la verdad y para la búsqueda sincera de la verdad.

c) Formar a las nuevas generaciones en el equilibrio adecuado entre libertad y disciplina. Hay que corregir con caridad y nunca apoyar errores.

d) Alentar a los educadores a asumir responsablemente el rol de autoridad en la tarea educativa. Esto exige coherencia de vida y compromiso personal.

e) Alentar la esperanza, que es el alma de la educación.

194.- Requerimos los esfuerzos de una pastoral educativa, con la inclusión de los responsables del proceso educativo y promueva la formación de formadores, sin olvidar que la familia es la primera educadora de los hijos.

1.3 La familia

195.- La familia es la institución más inmediata al ser humano para expresar y consolidar la paz.

196.- La familia tiene la misión de dar vida, acogerla, cuidarla, protegerla, promoverla desde su concepción hasta su ocaso natural. Tenemos la tarea pastoral de fortalecer a las familias. Nos comprometemos a:

a) Potenciar el papel de la familia en la construcción de la paz. La identidad de hombres y mujeres promotores de paz y justicia en la sociedad, se forja en la familia.

b) Acompañar a las familias en su tarea de formación de los hijos en el respeto de la dignidad de cada persona y en los valores de la paz.

c) Promover las instancias de servicio y promoción a la familia, ya sean de acogida y escucha, de consultoría, de apoyo o acompañamiento en situaciones de adversidad.

d) Impulsar la participación ciudadana para coadyuvar al Estado a que la familia cumpla su misión. Las leyes deben ser orientadas a promover el bienestar de la familia.

e) Hacer de la preocupación por la familia uno de los ejes transversales de toda acción evangelizadora de la Iglesia.

f) Aprovechar los espacios eclesiales de catequesis y formación para incidir en los patrones de conducta de las relaciones familiares. Hay que incidir en aquellos que no son socialmente visibles o son tolerados y que significan violencia, infidelidad, abuso, etc. hacia dentro de la familia.

g) Promover en la comunidad eclesial el trato digno y respetuoso hacia todas las mujeres.

h) Desarrollar acciones preventivas y curativas para las víctimas de la trata de personas.

i) Alentar a todos a tutelar y promover la dignidad y derechos inalienables de la niñez.

j) Contribuir al cuidado y protección de la infancia, atendiendo la experiencia de la iniciación cristiana.

k) Acompañar a adolescentes y jóvenes para que desplieguen sus mejores valores y su espíritu religioso y ayudándoles a descubrir el engaño del recurso a la violencia para solucionar las dificultades de la vida. Hay que ayudarles a adquirir actitudes, virtudes y costumbres que harán estable el hogar que funden y los haga constructores de la paz.

l) Responder al desafío de la falta de oportunidades educativas y laborales que viven los jóvenes.

m) Promover estrategias para enriquecer la identidad personal y social de los jóvenes. Aquellas que promuevan valores y virtudes y los aleje de drogas, sexualidad irresponsable, alcohol y violencia. A quienes han caído hay que rescatarlos.

1.4 La vida comunitaria

197.- Las personas y familias no viven aisladas. La vida comunitaria es el escenario concreto de la sociabilidad, donde se fortalece el tejido social, la pertenencia y se desarrollan los mecanismos de control social. Nos comprometemos a:

a) Renovar nuestras parroquias para que en el espíritu de la Misión Continental sean capaces de articular a su comunidad como discípulos misioneros de Jesucristo.

b) Dinamizar la vida comunitaria de nuestras parroquias, para que contrario a la fragmentación de la sociedad, favorezcan el encuentro y fortalecimiento de la vida comunitaria.

c) Hacer de todas las parroquias, espacio y signo de reconciliación, enriqueciendo la capacidad apostólica en los procesos de reconciliación comunitaria y ofreciendo la celebración digna de la Reconciliación.

d) Animar a comunidades, grupos, asociaciones y movimientos en nuestras parroquias a compartir su experiencia comunitaria y así recuperar los espacios comunitarios y la implementación de proyectos que fortalezcan el tejido social.

2.- Educación para la paz

198.- El uso hábil de herramientas para superar la violencia, se consiguen con la educación y capacitan para hablar un lenguaje de paz. Estas son: el testimonio, la fuerza moral, la razón y la palabra. Hay que sacar desde nuestra mente y corazón pensamientos y sentimientos de paz que se exprese a través de lenguaje y gestos de paz.

2.1 Difundir pensamientos de paz

199.- Es preciso introducir una estructura racional en el corazón de nuestras actitudes. Nos comprometemos a:

a) Crear y difundir pensamientos de paz. Se necesita pensar bien y ser personas con ética, valores y virtudes humanas orientadas al compartir.

b) Proponer el Evangelio de la paz, incluyendo nuevas tecnologías y las redes sociales.

c) Crear círculos de reflexión a la luz de la DSI para repensar el orden social, político y económico y difundir sus principios de reflexión.

d) Sumarnos a los esfuerzos por ofrecer una alternativa cultural diversa a la que origina la crisis de inseguridad y violencia.

2.2 Fomentar sentimientos de paz

200.- La racionalidad en nuestras actitudes no basta, debemos serenar al mundo de los sentimientos de nuestras opciones ya que a veces se alojan actitudes violentas como la demonización del adversario, la pasión por eliminarlos, el resentimiento y la desconfianza que aísla que impide el acercamiento mutuo. Nos comprometemos a:

a) Impulsar el desarrollo humano, en las familias y comunidades, que propicie la reconciliación de la propia afectividad, para que afloren sentimientos de paz.

b) Desarrollar la indignación contra toda violencia nuestra o de otros.

c) Expresar el amor a la paz y expresar el dolor y sufrimiento cuando no la tenemos.

d) Fomentar el sentido de pertenencia a la nación y el reconocimiento de la riqueza de nuestras diferencias. Somos un solo pueblo, plural, diverso pero uno solo.

2.3 Impulsar gestos de paz

201.- Lo que suscita horizontes de paz, debe expresarse en gestos de paz. La práctica de la paz, arrastra a la paz. Nos comprometemos a:

a) Proponer ampliamente la reconciliación social y el perdón como alternativas a la violencia. La verdadera paz se logra cuando todos juntos vencemos la recíproca incomprensión y la incapacidad de aceptar las diferencias de los demás.

b) Promover la no-violencia como alternativa en la vida civil y política. Llevar hasta sus últimas consecuencias el mensaje de amor universal de Jesús.

c) Proponer un estilo de vida austero y sencillo, evitar lo superfluo y vivir con lo necesario.

d) Ofrecer gestos de paz que consoliden los esfuerzos y condiciones de paz.

2.4 Promover un lenguaje de paz

202.- La educación para la paz nos pide un lenguaje pacífico y pacificador que propicie la comunión y la reconciliación. Nos comprometemos a:

a) Invitar a despojar de su carga bélica las formas ordinarias de expresión, sean palabras o gestos.

b) Crear conciencia que la ironía áspera y la dureza en los juicios, la crítica irracional de los demás, la agresividad verbal en las manifestaciones de inconformidad y en la reivindicación de derechos no son el camino que lleva  ala justicia.

c) Promover el diálogo como camino real para la superación de toda confrontación. La actitud dialogante no es innata, se adquiere por educación.

d) Capacitar y capacitarnos para la escucha de todos.

2.5 Los medios de comunicación social al servicio de la paz

203.- Necesitamos conocer y valorar la cultura de la comunicación poniéndola al servicio del evangelio de la paz. Nos comprometemos a:

a) Promover la formación de comunicadores, profesionales, competentes, comprometidos con la verdad. La verdad tiene fuerza pacificadora, la mentira y la manipulación no.

b) Invitar a los jóvenes a utilizar los nuevos lenguajes de la era digital para que estén presentes los anhelos de paz. Utilizar con creatividad las redes sociales, llevando a todos los espacios virtuales la fuerza del bien.

c) Educar y educarnos para un uso crítico de los medios de comunicación social.

2.6 Educar para la legalidad

204.- Elemento importante de la educación para la paz es la legalidad: las leyes justas y legítimas deben cumplirse. Nos comprometemos a:

a) Hacer conciencia sobre la dimensión ética de toda actividad humana. La legalidad tiene su motivación radical en la moralidad de la persona. La ética es columna vertebral de la convivencia social verdaderamente humana. La ética que proponemos es una racional, coherente con el humanismo del Evangelio y orientada a la paz.

b) Impulsar la formación cívica y política básica, fundada en las ciencias y la ética política. La DSI ofrece este fundamento.

c) Animar a reconocer que vivir en un Estado de Derecho nos exige actuar dentro del marco de la ley. El respeto de normas y de la autoridad legítima garantiza paz, orden y progreso.

d) Invitar a estar atentos para reformular, vía la democracia, las leyes que lleven a una sociedad más humana y justa.

e) Educar en el sentido de la legalidad. Este no se improvisa, la familia, la escuela y otros tiene esta tarea.

2.7 Aprender de la historia

205.- Educarnos para la paz, implica conocimiento crítico de la historia de México, que está llena de aciertos y errores que conforman la identidad mexicana.

206.- Educarnos para la paz exige aprender de la historia nacional y de la humanidad. El festejo del Bicentenario de la Independencia y Centenario de la Revolución son oportunidad para aprender más que de las guerras, que los momentos de paz han permitido el realizar obras culturales duraderas.

207.- Los factores de vida y progreso de episodios violentos de la historia de México, provienen de aspiraciones no violentas sino espirituales (P. ej. ver reconocida la dignidad de hombres y mujeres, salvar el espíritu y libertad del pueblo). Éstas, han regulado los conflictos impidiendo la ruptura, manteniendo la esperanza y preparando nuevas oportunidades a la paz.

208.- Cuando falta o se alteran estas aspiraciones, se abre el camino a la sinrazón que lleva a regresiones económicas y culturales. Educarnos para la paz, pide discernir y hacer brillar la historia nacional en lo referente a hacer germinar los frutos de la paz.

3.- Ciudadanía para la paz

209.- La respuesta a la inseguridad y violencia no solo es responsabilidad de la autoridad pública, sino también de la sociedad civil responsable. Ésta se hace visible en organizaciones que participan activamente en la construcción de una sociedad segura y sin violencia.

210.- La sociedad civil actúa en el campo público en función del bien común, que consiste en la defensa de derechos y deberes humanos, éste es el punto común entre sociedad civil y comunidad política que tiene como fin el bien común.

211.- Sociedad civil responsable son ciudadanos que ya sea individual o de manera asociada se relacionan para dar vida al tejido social y base a una verdadera comunidad de personas. Hay otros grupos organizados pero su fin no es el bien común, sino tienen como fin, beneficios particulares.

212.- La sociedad civil responsable no nace por generación espontánea, hay que formarla y desarrollar 3 capacidades: el conocimiento de la realidad, la responsabilidad social y el compromiso con la justicia social. Formar laicos mediante la DSI y las ciencias sociales y políticas para una incidencia significativa.

3.1 Incidencia social

213.- Para fortalecer la capacidad de incidencia social de la sociedad civil nos comprometemos a:

a) Profundizar el tema de la sociedad responsable.

b) Animar el diseño e implementación de un proyecto de diálogo que lleve a acuerdos nacionales donde nadie quede excluido.

c) Promover la cultura del diálogo en la construcción de lo público.

d) Apoyar a las comunidades para que hagan sus propios proyectos de desarrollo y desarrollen sus habilidades para la gestión y sean plenamente ciudadanos.

e) Apoyar la organización comunitaria para que las comunidades participen en la construcción del bien común.

f) Promover la planificación del desarrollo comunitario y local en forma participativa.

g) Compartir las reflexiones de esta Exhortación con organizaciones de la sociedad civil.

3.2 Incidencia política

214.- Para fortalecer la capacidad de incidencia política de la sociedad civil responsable nos comprometemos a:

a) Impulsar permanentemente la educación ciudadana y del sentido de pertenecía al Estado.

b) Apoyar la participación de la sociedad civil responsable en la reorientación y rehabilitación ética de la política.

c) Contribuir al fortalecimiento de las instituciones y los mecanismos legítimos y democráticos para canalizar y articular la participación ciudadana.

d) Apoyar la constitución de grupos, asociaciones, redes que participen en la definición de políticas públicas y en el ejercicio del gobierno.

e) Animar las comunidades a participar en la toma de decisiones que afectan su vida comunitaria y de la nación.

f) Mediante la participación ciudadana proponer las reformas necesarias a la arquitectura institucional del Estado de derecho.

3.3. Incidencia cultural

215.- Para fortalecer la capacidad de incidencia cultural de la sociedad civil responsable nos comprometemos a:

a) Animar la renovación del sistema de relaciones en la sociedad humana bajo la guía de la verdad, la justicia, la caridad y la libertad. Se espera el liderazgo moral de cristianos comprometidos y situados en puestos de responsabilidad política y social que ofrezcan un mensaje de esperanza.

b) Construir con las instancias avocadas a la educación, los espacios de formación para la construcción de la paz y la justicia.

c) Impulsar la formación cívica y ética para no renunciar a la responsabilidad de construir una sociedad justa.

3.4 Incidencia para la construcción de la paz

216.- Para fortalecer la capacidad de incidencia en la construcción de la paz de la sociedad civil responsable nos comprometemos a) Animar a la sociedad civil responsable a abordar los conflictos sociales desde una ética y de un compromiso por la paz.

b) Impulsar medidas para prevenir la violencia.

c) Implementar medidas curativas a los efectos de la violencia, privilegiando el principio de que no hay justicia sin perdón.

d) Acompañar a través de la pastoral penitenciaria a quienes purgan condenas en cárceles.

e) Contribuir a la convivencia y a la reconciliación social divulgando los valores de la DSI.

f) Animar para que la sociedad civil responsable vigile y verifique que las autoridades respondan de manera integral al desafío de la violencia ocasionada por la delincuencia organizada.

g) Invitar a expertos en economía para que ayuden a la sociedad civil responsable a reflexionar si es posible intervenir el circuito financiero del crimen organizado para minimizar el negocio.

h) Promover la transparencia en el destino que se da a los bienes confiscados al crimen organizado. Proponemos se dediquen al beneficio colectivo.

i) Pedir a universidades y centros de reflexión el profundizar el tema de la violencia en México para ayuda a la sociedad civil.

j) Promover la articulación y cooperación de organismos y actores, basados en la fe a través de los organismos diocesanos y provinciales de la CEM.

4.- Construcción de la paz

4.1 Impulsar el desarrollo humano integral

217.- En medio de tanta inseguridad y violencia nos preguntamos: ¿puede existir la paz cuando hay seres humanos que no pueden vivir  según las exigencias de la plena dignidad humana? ¿Puede existir una paz duradera donde las relaciones sociales, económicas y políticas son inequitativas, que favorecen a unos a costa de otros? ¿Puede establecerse una paz genuina sin reconocer que todos somos iguales en dignidad?

218.- La DSI señala que la pobreza se supera solo con acciones que contemplen el justo desarrollo humano integral y una voluntad de actuar en todos los planos de la vida social. Nos comprometemos a:

a) Invitar a legisladores y ciudadanía responsable a impulsar un marco jurídico eficaz para la economía, que sea distributiva para evitar desequilibrios. Las medidas no deben atentar contra los derechos humanos.

b) Promover el estudio de la DSI, particularmente la Encíclica Caritas in veritate, sobre el desarrollo humano integral.

c) Desarrollar iniciativas que coadyuven a atender el desempleo y subempleo. El trabajo estable y justamente remunerado es solución al círculo vicioso de la pobreza.

d) Colaborar en la atención a la emergencia nacional provocada por el empobrecimiento de millones de mexicanos. Ofrecemos las reflexiones del libro “Los pobres no pueden esperar” publicado por Caritas Mexicana.

e) Concientizar de la relación estrecha que hay entre el cuidado de la creación y la construcción de la paz.

f) Impulsar iniciativas que capaciten a los más pobres para empleos de mayor incidencia económica. No hay trabajo si no hay educación.

g) Convocar a economistas humanistas a ofrecer sus estudios y reflexión sobre la situación económica. Una sociedad responsable debe saber y estar atenta a la regulación del sector financiero. La democracia debe llegar a la economía, las leyes de mercado no deben regir nuestro destino.

h) Proponer diálogo constructivo sobre la economía nacional. Esta debe buscar salvaguardar a los más débiles y promover proyectos de desarrollo humano integral.

i) Impulsar experiencias de economía solidaria, basados en la gratuidad y la cooperación en la actividad económica y reforzar la experiencia del micro financiamiento.

j) Impulsar la organización de los consumidores para que se escuche su voz. Los consumidores deben educarse constantemente. Se pueden alentar formas de cooperación para el consumo.

k) Favorecer nuevas formas de comercialización de productos de áreas deprimidas, acompañadas de capacitación y liberándolas de condicionantes.

l) Proponer el incentivar la asistencia social en casos de emergencia auténticos. La inversión en formación de personas es el proyecto de mediano y largo plazo.

4.2 Promover los derechos y deberes humanos

219.- La paz, don de Dios que debemos compartir, nos exige respetar la dignidad de personas y pueblos y esforzarse por vivir la fraternidad. La responsabilidad de proteger los derechos humanos es principalmente del Estado, sin embargo deben respetarse en las relaciones de todos con todos como expresión de justicia y fraternidad. Nos comprometemos a:

a) Promover la profundización de la dimensión antropológica, ética y jurídica de los derechos humanos.

b) Impulsar la tarea de que todo cristiano se sienta comprometido a ser un trabajador incansable a favor de la paz.

c) Impulsar la colaboración de los ciudadanos para erradicar la impunidad y corrupción.

d) Promover la presencia activa de los bautizados como constructores de la paz.

4.3 Impulsar la reconciliación social

220.- Los mexicanos necesitamos recorrer el camino de la reconciliación social, esto despierta resistencias por incomprensión del término. Hay que reflexionar sobre esta experiencia.

221.- La reconciliación social no evade los hechos de la historia; es un proceso de deponer la relación destructiva y se asume una constructiva de reparar el pasado, edificar el presente y preparar el futuro.

222.- Reparar el pasado  no es olvidarlo sino recordarlo de otra manera. Requiere autocrítica, empatía con los otros. Edificar el presente es aceptar totalmente que no participaremos en confrontaciones destructivas. Prepara el futuro es adoptar actitudes y medios que impidan conductas violentas del pasado. Reconocernos semejantes y aceptarnos diferentes.

223.- La reconciliación social tiene vínculos con la verdad. Exige la verdad de derechos violados. El mal causado debe conocerse y reconocerse. La disposición de reconciliación supera la obsesión de verdad que nos hace prisioneros del pasado.

224.- La reconciliación social no está en conflicto con la justicia, la reclama. Las victimas deben obtener justicia por autoridad competente. La impunidad desacredita el orden moral. La justicia si reconciliación es inhumana. La justicia pura y dura degenera en mera reivindicación, su fin debe ser una sociedad reconciliada.

225.- La reconciliación se realiza en plenitud cuando se entrelazan el perdón que se pide y el perdón otorgado.

226.- El perdón es una decisión personal, libre, proactiva que implica el riesgo de no encontrar respuesta o de ser perseguido. Expresa madurez de fe, lleva a la gratitud por la esperanza en el Reino. Pedir perdón nos reconcilia con nosotros, nos permite aceptarnos, nos despoja del falso sentimiento de inocencia. Perdonar nos libera del rencor y nuestra fijación en el pasado y nos capacita para mejorar las relaciones interpersonales y sociales.

227.- Para cristianos, el perdón pertenece a la entraña del mensaje de Jesús. Los creyentes sabemos que con su fuerza podemos tener la generosidad de perdonar y la humildad de pedir perdón.

228.- No podemos ser ingenuos ante el perdón. Hay que conocer en el corazón el sentido de duelo, la necesidad de expresión de sentimientos de rebeldía y odio de las víctimas. Podemos ayudar a que en los corazones desolados surja un perdón difícil pero liberador.

229.- Para la reconciliación no basta con que se pida perdón por trámite, es necesario el reconocimiento de la culpa y el ofrecimiento de cambiar la conducta agresora. El perdón conduce a la reconciliación y ésta a la paz.

4.4 La misión reconciliadora de la Iglesia

230.- La Iglesia tiene una vocación a la reconciliación. Se encomienda a los ministros del Evangelio, pero todo bautizado, debe sentirse ministro de la reconciliación. Las invitaciones a adherirse a una posición entre quienes se enfrentan no se pueden asumir entre quienes actúan en nombre del Evangelio. Debe desenmascararse el mal, atender a quienes sufren e invitar a la conversión a quienes han errado. Comprendido o incomprendido, debemos estar disponibles a ofrecer el ministerio de la reconciliación. Nos comprometemos a:

a) Anunciar el mensaje cristiano de la Reconciliación y celebrarla sacramentalmente. Tenemos que ser una comunidad cada vez más reconciliada entre nosotros y con la sociedad.

b) Preocuparnos para que todas las familias de las víctimas fatales de la violencia reciban un trato pastoral adecuado y se aproveche esos momentos para la oración, la reflexión y acciones por la paz.

c) Fortalecer la acción caritativa de la Iglesia, para que no falte cercanía fraterna ni atención personal a quienes sufren por la violencia.

d) Promover que la cultura de la paz gane terreno.

e) Promover la capacitación para el servicio de la mediación en situaciones de conflicto.

f) Dar seguimiento a las acciones diocesanas y provinciales para la construcción de la paz para propiciar luego su intercambio y sistematización.

4-5 Ecumenismo por la paz

231.- Hay quienes atribuyen a las religiones algunos conflictos y falta de diálogo entre creyentes de distintos credos. Es posible un diálogo respetuoso con las demás religiones que favorezca la convivencia, la libertad religiosa y la paz de toda familia humana. Ello tiene fundamento en Dios dador de la paz a todos.

232.- Los católicos debemos desarrollar una conciencia ecuménica y compromiso por la unidad, a través del bien común y la promoción de iniciativas sociales de paz y desarrollo. El diálogo interreligioso ayuda a construir una nueva humanidad.

4.6 Orar por la paz

233.- En momentos difíciles como éste la Iglesia siempre exhorta a la unidad en la esperanza.

234.- La esperanza en el futuro es confianza en el presente del hombre, por ello la esperanza en el cristiano es compromiso con el prójimo. La esperanza cristiana no es pasividad, indiferencia, enajenación ni huída del mundo, sino una actitud de transformación y confianza en la redención humana.

235.- Debemos seguir en nuestro empeño de paz con la oración que abre el corazón a una relación con Dios y al encuentro con el prójimo. La oración infunde valor y sostiene a los verdaderos amigos de la paz.

236.- La oración a partir de la Escritura, con la Lectio Divina, nos abre a la voluntad de Dios y es el mejor sostén para la paz. Quien ora de verdad no es violento. La oración nos hace ver al otro como Dios lo ve. Tan importante es la oración personal como la litúrgica.

237.- Oramos por la paz con los salmos de la Liturgia de las horas, además, con ella, conocemos que Dios es fiel y hace justicia. Oramos por la paz cuando celebramos la Eucaristía, al inicio con el saludo, cantando el Gloria, en el rito de la comunión para que nos de “la paz en nuestros días”, invocamos “la paz y la unidad” de su Reino. Pedimos para que el Cordero quite los pecados del mundo y no dé “la paz”, intercambiamos saludo de paz y nos despedimos “en la paz de Cristo”.

238.- Oramos por la paz en el Rosario a quien invocamos como Reina de la Paz.

239.- Ante la inseguridad y violencia que vivimos, nos consolamos recordando lo que dijo a Juan Diego: “No temas, […] ¿no estoy yo, que soy tu madre?, ¿no estás bajo mi sombra y mi resguardo?, ¿no soy yo la fuente de tu alegría?, ¿no estás en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos?, ¿tienes necesidad de alguna otra cosa?.

LLAMAMIENTO FINAL

240.- Concluimos nuestra Exhortación con un llamado a los gobernantes de los tres poderes de la federación y de las entidades federativas, y a los ayuntamientos municipales. A ustedes esta confiada la tutela el Estado de Derecho. Sabemos que esto no es fácil en las actuales circunstancias, pero es una de sus tareas prioritarias. La violencia no solo es problema de seguridad sino de salud pública, que requiere la aplicación de la ley, pero además exige medidas preventivas y políticas públicas que inhiban los factores que contribuyen a la inseguridad y la violencia en México.

241.- Esperamos que ofrezcan garantías de justicia y de crecimiento de la conciencia civil. La credibilidad de su compromiso, les pide firmeza para erradicar la corrupción y para que no haya impunidad para quienes se enriquecen ilícitamente y agravian a la ciudadanía y al bien común.

242.- A los miembros de las Fuerzas Armadas de México y de Seguridad Pública, que son los primeros testigos de la violencia, los llamamos a ser fieles a su misión de defender a los débiles, proteger a los honrados y favorecer la convivencia pacífica. Reconocemos su valor. Sabemos que han hecho su mejor esfuerzo para que podamos vivir en paz y armonía. Sentimos las pérdidas que han sufrido.

243.- México necesita verlos como promotores de justicia y paz para no perderles credibilidad y confianza. Es ésta promuevan la renovación de la sociedad. Respeten, promuevan y tutelen los derechos humanos para que se recuperen condiciones estables de seguridad y pacífica convivencia.

244.- A hombre y mujeres comprometidos con el bien común en el quehacer político, les pedimos no excluir a nadie de sus preocupaciones, especialmente a los más débiles. No antepongan el interés personal. Con la creatividad necesaria sirvan a la paz y la reconciliación.

245.- De quienes dirigen y militan en partido políticos esperamos compromisos con el bien común y el desarrollo integral del pueblo. Éstos serán evidentes si anteponen las exigencias éticas que reconocen la dignidad humana a los intereses de partido. No defrauden a la ciudadanía, hagan creíbles sus idearios por la coherencia de sus vidas y sus compromisos políticos. Escuchen a los ciudadanos y no se apoyen en frágiles mayorías, sino en la certeza de la búsqueda de verdad, libertad, justicia y paz.

246.- Llamamos a los ciudadanos a constituirse en sociedad civil responsable. La sociedad es responsable de participar vigilando y verificando que las autoridades asuman a cabalidad sus compromisos. Sin la colaboración de la sociedad, los gobiernos no tienen capacidad suficiente.

247.- A los padres de familia los llamamos a fortalecer la vida familiar. Que sean para sus hijos reflejo del amor y perdón de Dios y crear familias unidas, solidarias y participativas en la comunidad.

248.- A los educadores llamados a transmitir valores de vida y acercar la historia y la cultura los llamamos a redescubrir y ennoblecer su vocación. Ayuden a vivir la aceptación de los demás, presenten los modelos de grandes personajes de la historia, artífices de paz y reconciliación. A los educadores católicos, atiendan a los pobres no solo en aulas sino en los procesos educativos y de formación cristiana y a educar en la cultura de la paz.

249.- A los jóvenes, aprendan a vivir junto a otros en paz. Aprendan a ver a los demás como amigos. Amen la verdad, aprendan el lenguaje de la paz, respondan a la violencia con actos de paz.

250.- A quienes han sufrido cualquier tipo de violencia, les hacemos llegar nuestra solidaridad. Tengan nuestra comprensión. Les aseguramos nuestra oración y compromiso por condiciones de justicia y paz para todos. Abran su corazón a Dios y a Cristo quien también fue victima y perdonó.

251.- A quienes trabajan en los medios de comunicación social, les pedimos considerar la gran responsabilidad de su profesión. No ofrezcan mensajes inspirados en odio, violencia o mentira. Tengan como objetivo la verdad y el bien de la persona y de México.

252.- Urge que todos los discípulos misioneros de Jesucristo, asumamos unidos los desafíos de inseguridad y violencia. La evangelización debe mostrar a Cristo. La Iglesia debe responder como signo de comunión. La evangelización debe transformarnos como fermentos de paz. Debemos reconocer humildemente que muchos delincuentes, están bautizados y carecen de una formación viva en la fe. Esa es nuestra responsabilidad.

253.- Los sacerdotes, somos ministros de reconciliación y debemos serlo con palabras y signos esperanzadores aún cuando impliquen riesgos. Los Obispos ofrecemos nuestra mediación en conflictos y así encontrar caminos de paz y reconciliación. Invitamos a los presbíteros a sumarse al ofrecimiento.

254.- A quienes practican la violencia, les pedimos abandonen los medios violentos para lograr sus metas.

255.- A quienes por cualquier razón, se han involucrado en diversas formas de crimen organizado, Dios los llama a la conversión y su perdón está dispuesto, pero deben arrepentirse.

256.- Llamamos vehementemente a quienes producen la droga y la transportan, a los que se prestan al comercio del narcomenudeo, a los que consumen, a los sicarios y a todos los implicados en este nefasto negocio: ¡arrepiéntanse y cambien de vida! Dios está dispuesto a perdonarles, solo pide que reconozcan sus errores, que se arrepientan y no lo ofendan más agraviando a sus hijos, que reparen los daños y se retiren de esta actividad de muerte.

CONCLUSION

257.- Vivimos tiempos difíciles, pero tenemos la certeza que Cristo venció la muerte y en Él hemos puesto nuestra confianza. Debemos reconciliarnos, reconstruir la unidad nacional en la riqueza de la pluralidad. Unirnos en la construcción de la paz y el impulso del desarrollo integral y solidario de cada uno y todos los mexicanos.

258.- Con esta Exhortación, nos ponemos al servicio de la reconciliación, ofrecen do reflexión y acompañamiento a todos los católicos y gente de buena voluntad en la búsqueda de un cielo y tierra nueva. Nos confiamos al amparo de la Virgen de Guadalupe.

NOTA IMPORTANTE: Esta es una síntesis de cada uno de los apartados que conforman esta Exhortación Pastoral, la cual se hizo libremente, sin censura eclesiástica, por Eduardo Ramírez Cato, por lo que ante cualquier duda o malentendido de alguno o varios apartados, por favor habrá que referirse al documento original. Este esfuerzo ha querido ayudar a quienes desean tener un concentrado de la riqueza de este documento.

Si desean ver el documento completo ir al siguiente enlace.

http://www.diocesisdetepic.org.mx/menu/CEM/mensaje%20por%20la%20paz.pdf

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