Inicio > Apostolado Seglar POr P Cirilo Bernado Papali > Capitulo II Que es un laico?

Capitulo II Que es un laico?

               CAPITULO II ¿QUE ES UN “LAICO”?

P. CIRILO BERNARDO PAPALI, o.c.d.

Profesor en la Univ. Pontif. “de Prop. Fide”,
en la Facul. Teolog. O. C. D. y en el Inst.
“Regina Mundl”. Miembro de la Com. Pontif. de
Apostolatum Laicorum poreparatoria del
Conc. Vaticano II

Laós, de donde está tomado el nombre de Laico, significa en griego pueblo. Es muy usado en el Antiguo Testamento para designar al “Pueblo de Dios”. En la versión de los Setenta sobre todo, el término recibe este sentido exclusivamente religioso. En el Nuevo Testamento se encuentra algunas veces- la palabra laós para designar sencillamente el pueblo o la turba. Mas también aquí pronto prevaleció el sentido religioso, significando pueblo de Dios o pueblo elegido, como puede verse en los escritos de los Apóstoles: “Simón nos ha dicho de qué modo Dios por primera vez visitó a los gentiles para consagrarse de ellos un pueblo (laós) a su nombre”[1]. “Pero vosotros sois linaje escogido, sacerdocio real, nación santa, pueblo (laós) adquirido… Vosotros, que en un tiempo no erais pueblo (laós), ahora sois pueblo (laós) de Dios: no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis conseguido misericordia”[2]. En los textos citados laós se contrapone claramente a gentiles. Laós significa, por tanto, en el lenguaje apostólico, pueblo elegido, o sea los fieles, que también reciben el nombre de hermanos, santos, cristianos, etc.

El significado de laós se determino aún más en la época posterior a los Apóstoles. Fue menester marcar bien la diferencia no sólo entre cristianos y paganos, sino también dentro del cristianismo, entre sacerdotes y no sacerdotes. Entonces se reservó la palabra “laico” para designar al pueblo cristiano, como distinto del clero. La distinción aparece por vez primera en los escritos de San Clemente de Roma. En este sentido, laico se contrapone a clérigo. A mediados del siglo tercero surge una nueva categoría de fieles que hacen aún más complicada la terminología. Son los monjes. El monje tiene que ser, por fuerza, clérigo o laico. De ahí que la división en tres categorías no sea del todo adecuada. Pasado algún tiempo, clérigos y monjes fueron englobados en el mismo grupo, en oposición al estado laical. El motivo de esta fusión entre clérigos y monjes fue su creciente semejanza, al irse dedicando también los monjes al culto, mientras los clérigos les imitaban en el celibato.

Entre tanto, la palabra “laico” fue perdiendo su primitivo significado religioso y su hálito de santidad, para revestir significación de algo “profano”. En una antigua traducción latina de la Sagrada Escritura se nos habla de “panes laicos”, por oposición a los panes de la proposición[3] . El mundo moderno aún ha llevado esta palabra a un sentido más profano. En labios de algunos políticos y sociólogos, “laico”, “laical”, “laicismo”, indican no ya algo profano o seglar, sino francamente antirreligioso.

                   Definición de “laico”

El Código de Derecho Canónico no nos da una definición explícita del laico, como lo hace con el clérigo. Aun la misma palabra emplea muy raramente. En general, prefiere los términos “fieles”, “fieles cristianos”. Leemos en el canon 107: “Por institución divina existen en la Iglesia clérigos y laicos, aun cuando no todos los clérigos son de institución divina; unos y otros pueden ser “religiosos”. La Tercera Parte del libro segundo trata de los Seglares. Comienza con el canon 682, que dice así: Los seglares tienen derecho a recibir del clero, en conformidad con las disposiciones eclesiásticas, bienes espirituales y, en primer lugar, los auxilios necesarios para su salvación”. A continuación habla de las Asociaciones de fieles y emplea casi siempre este mismo término: fieles (*).

(*)   I Sínodo Romano.

208. Con el nombre de laicos se designan en los artículos del presente Sínodo aquellos que, habiendo recibido el bautismo, son miembros del Cuerpo Místico de Cristo, gozan en la Iglesia de personalidad jurídica (cfr. Can. 87). se distinguen de los clérigos y religiosos y están sujetos a la legítima Jerarquía.

209.     El laico tiene una personalidad insuprimible en la Iglesia y, por lo mismo, en el sentido y límites de los sagrados cánones, goza de derechos inalienables. Por tanto, todo conato de renunciar al propio Bautismo, además de ser un pecado gravísimo, es inválido.

210.     § 1.   Por razón de su dignidad y del fin sobrenatural al cual han sido llamados,  los laicos no pueden contentarse  con  una  vida  naturalmente  honesta, sino que deben tender también a una vida sobrenaturalmente buena, preocupándose,  sobre todo,  de vivir siempre  en gracia de Dios.

212. § 1. Todos los católicos, según sus posibilidades, apoyen y defiendan su propia religión, teniendo presente que cualquier incerteza u omisión equivaldría a una ayuda prestada a los enemigos de su fe.

214. El orden universal, establecido por Dios, exige que la economía no sea separada de la moral; recuerden, por tanto, los fieles, que deben obedecer a las normas de la moral también en su actividad económica.

220. Los católicos no se dejen pasivamente dominar por el progreso técnico, sino diríjanlo a gloria del Creador, al desarrollo de la personalidad humana, al bienestar y paz universal.

Hablando con propiedad, el laico debe definirse: el fiel cristiano, o sea, “un hombre viador, bautizado y perteneciente a la Iglesia visible”; éstos son precisamente sus elementos positivos. Son los clérigos y religiosos los que necesitan de ulterior determinación. Prácticamente, “laico” se toma en sentido negativo, como contra distinto de clérigo o religioso. En consecuencia, se definen también de modo negativo, señalando, más que sus propiedades, aquello que no es. En este sentido pueden llamarse laicos a “aquellos fieles que no están ordenados ni siquiera destinados al sagrado ministerio por la tonsura, ni, por otra parte, se han obligado por medio de los votos públicos a un abandono total del mundo”. Todo parece negativo en esta definición. Contiene, sin embargo, un elemento positivo: sus relaciones con el mundo. Los seglares no huyen del mundo como los religiosos, ni se les prohíbe el cuidado de las cosas temporales como a los clérigos. Su vida se desarrolla totalmente dentro del mundo, y son ellos el vínculo que necesariamente debe existir entre el orden espiritual y el temporal. Bajo este aspecto podríamos definir al laico: es el cristiano que, viviendo cristianamente en medio del mundo, se esfuerza por ganar para Cristo el mundo material y todo lo perteneciente al orden temporal. Esta idea positiva del laicado es la que actualmente se está imponiendo cada día con más claridad en las mentes de todos. En ella quedan incluidos los múltiples aspectos del apostolado moderno.

                   Institutos seculares

Ya hemos dicho anteriormente que la clasificación de los religiosos ocasionó cierta confusión en la distinción de los fieles en clérigos y laicos. Esta última división pertenece a la estructura esencial de la Iglesia visible. El estado religioso pertenece más bien a la vida de la Iglesia, por cuya autoridad ha sido elevada a categoría jurídica dentro de la misma Iglesia. En otras palabras: el estado de perfección proviene de Cristo; las normas jurídicas, concretas y seguras para conseguirlo son obras de la Iglesia. “Las otras dos categorías de personas canónicas, clérigos y seglares, son de origen divino, al que se añade la institución eclesiástica. Surgen de la naturaleza misma de la Iglesia, en cuanto es una sociedad jerárquicamente ordenada. Existe además una clase media entre clérigos y laicos, a la que unos y otros pueden pertenecer. Son los religiosos, cuya razón de ser estriba totalmente en sus íntimas relaciones con el fin mismo de la Iglesia, al que tienden con especial eficacia y medios adecuados”[4]. Como ya hemos advertido, los religiosos, aun los que no son clérigos, más que a los seglares, se asemejan a los clérigos por su apartamiento del mundo y sus actividades ordinariamente espirituales. Gozan además algunos privilegios clericales, y con mayor facilidad se les encomiendan ocupaciones propias de clérigos. Se distinguen, pues, claramente de los laicos propiamente dichos.

La reciente aparición de los Institutos Seculares agravó la dificultad ya existente en la clasificación de los fieles. Lo mismo que podemos preguntarnos que si los religiosos son clérigos o laicos, así ahora nace, la duda acerca de los miembros de esos Institutos: ¿Son religiosos o seglares? Vamos a responder a esta pregunta, para que se vea claramente en qué sentido tomamos aquí la palabra “laico”.

Los Institutos Seculares, como las Ordenes Religiosas, abrazan ambos estados, el de clérigos y el de laicos: “Se llaman Institutos Seculares, para mejor distinguirlos de otras asociaciones ordinarias entre los fieles, las Sociedades, clericales o laicales, cuyos miembros han profesado observar en el mundo los consejos evangélicos, con el fin de adquirir la perfección cristiana y darse al apostolado”[5]. Sin embargo, por lo que diremos a continuación, se verá cómo tales Institutos se ordenan más bien a los laicos.

Se les llama “Seculares” para distinguir los miembros del Instituto de los “Regulares”, que son los verdaderos religiosos, hablando jurídicamente. Lo esencial en el concepto jurídico de “religioso” son los votos públicos y una forma de vida determinada por la Regla y las Constituciones. En los Institutos, por el contrario, los votos son privados, y el modo de vida, fuera de lo indispensable para adquirir la perfección evangélica, se rige -por las circunstancias de lugares y personas, y las exigencias del apostolado. Esa nota de secularidad es esencial para el concepto jurídico del Instituto: “Al elevar esta asociación de fieles a la categoría superior de Instituto Secular, y siempre que se realice alguna nueva ordenación, general o particular, de cualquier Instituto, nunca debe perderse de vista el carácter propio y específico de los Institutos, que es el ser seculares, pues aquí apoya toda la razón de su existencia. Nada hay que quitar de una seria perfección cristiana, bien fundada en los consejos evangélicos, y en lo esencial auténticamente religioso. Pero sin olvidar que esa perfección debe practicarse en el mundo y, por consiguiente, en conformidad con la vida del siglo en todo aquello que no sea incompatible con los deberes de esa misma perfección”[6] (27).

La Sagrada Congregación de Religiosos, el día 19 de marzo de 1948, declaró perjudiciales todas aquellas cosas “que no conformaban con la naturaleza y la finalidad de los Institutos Seculares, como son, por ejemplo, un hábito que no esté conforme con el modo de vida de un seglar, la vida común tal como se lleva en las Ordenes Religiosas y otros modos de vida que en la organización externa pueden equipararse a éstos”[7].

El objeto de esa “secularidad” es el siguiente: “Llevar vida de perfección en todo momento y lugar; aun en casos en que la vida estrictamente religiosa no sería posible o conveniente; procurar una profunda renovación cristiana de la familia, de la profesión, de la sociedad civil, poniéndoles en contacto íntimo y constante con una vida de perfección y consagrada enteramente a la virtud; ejercer el apostolado en lugares, tiempos y circunstancias inaccesibles a sacerdotes y religiosos. Para todos estos fines pueden muy bien servir los Institutos”[8]. De aquí se ve también claramente cómo los Institutos son más apropiados para seglares. En el ejercicio de su apostolado los miembros son totalmente y en sentido estricto laicos. “Debe practicarse con fidelidad ese apostolado de los Institutos Seculares, que no sólo se desarrolla en el mundo, sino además como que nace del mundo, y, por consiguiente, en sus formas, circunstancias y lugares se adapta mejor a la vida del mundo”[9] (30).

No puede, sin embargo, llamarse seglar en todo rigor el estado de esos miembros. Es un estado de perfección; pues sus miembros se obligan por los votos a la observancia de los consejos evangélicos. La Constitución apostólica Provida Mater Ecelesia asigna a los Institutos dos fines de igual importancia: “Adquirir la perfección cristiana y entregarse de lleno al apostolado”[10]. El primero se obtiene con la observancia de los consejos; el segundo, con la forma seglar de vida, Son, pues, religiosos en sentido teológico y seglares en sentido jurídico; religiosos en su vida interior, seglares en sus actividades externas (*Tal vez deberían llamarse Religiosos Seculares.). “Los Institutos Seculares, por el estado de perfección que profesan y por la entrega total al apostolado a que se obligan, tienen una misión mucho más elevada, en orden al apostolado y a la perfección, que los demás fieles alistados en la Acción Católica o en otras Asociaciones piadosas puramente seglares”[11]. “Por la Constitución apostólica Provida Mater Ecclesia, los Institutos Seculares se cuentan con todo derecho entre los estados de perfección ordenados y aprobados jurídicamente por la Iglesia, pues, aunque viven en el mundo, se consagran con aprobación eclesiástica al servicio de Dios y de las almas y poseen una organización interdiocesana y universal con diversos grados”[12].

Tenemos, pues, una vida religiosa desarrollándose en un ambiente de mundo. Es el movimiento contrario a aquel otro tradicional en el que el religioso por su apartamiento del mundo, se asemejaba al estado clerical. Podría del siguiente modo expresarse la diferencia que media entre la vida religiosa concebida tradicionalmente y esta otra más nueva: la esencia del estado de perfección consiste en la total renuncia al mundo, provista de un carácter permanente y firme por la pronunciación de los votos. A esta renuncia se añade, según el concepto tradicional de vida religiosa, una mayor o menor separación del mundo, que completa la renuncia y facilita su práctica. En los Institutos, por el contrario, se impone únicamente la renuncia, no el alejamiento del mundo. Aquí radica la distinción entre seglares y los miembros de un Instituto. Estos se obligan a una renuncia plena y actual del mundo. Mientras que los fieles están, en verdad, obligados a un abandono potencial, del mundo, debiendo estar dispuestos a privarse de cualquier bien temporal que se oponga a la gloria de Dios o a la salvación de su alma, mas no tienen ninguna obligación de renunciar simplemente al mundo. Por lo dicho resulta evidente que los miembros de un Instituto no pertenecen a la categoría de los seglares propiamente dichos: se hallan en estado de perfección del mismo modo que los religiosos. En su manera de vida, sin embargo, y en el apostolado se asemejan a los seglares. Todo lo que en el presente estudio digamos acerca del apostolado de los seglares deberá aplicarse también a los miembros de los Institutos, a no ser que lo impida el contexto; por ejemplo, cuando nos referimos al apostolado de los padres de familia.


[1]              Act.  15,  14.

[2]              1 Pet. 2, 9-10.

[3]              1 Sam. 21, 4.

[4]              Const. apost. “Provida Mater Ecclesia”, del 2-2-1947 (AAS, 39 (1947), p. 116).

[5]              Ibid, p.  120.

[6]              Motu proprio “Primo feliciten, del 12-3-1948 (A AS, 40  (1948), p. 284).

[7]              Instructio de saecularibus Institutis (AAS, 40(1948), p. 926).

[8]              Const, apost. “Próvida Mater Ecelesia”, del 2-2-1947 (AAS, 39 (1947), p. 116).

[9]              Motu proprio “Primo feliciten, del 12-3-1948 (AAS 40 (1948), p. 285).

[10]             AAS, 39  (1947), p. 120.

[11]             S. C. de Religiosos, instructio de institutis Saecularibus, del 19-3-148  (ASS, 40 (1948), p. 2S6).

[12]             Motu proprio “Primo feliciter”, del 12-3-1948 (ib.d., pp. 285-286).

  1. Aún no hay comentarios.
  1. No trackbacks yet.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: