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Cambios concretos en nuestras

Cambios concretos en nuestras

La Voz  Del  Papa

Emilio Palafox Marqués

Periódico AM Querétaro, 14/03/2010

 

El tercer domingo de Cuaresma, el Papa Benedicto XVI presidió la oración del Ángelus en Roma y se dirigió desde la ventana de su apartamento a los peregrinos que, como es costumbre, llenan la Plaza de San Pedro. El Pontífice destacó la importancia de trabajar en la conversión personal en este tiempo al que llamó “el centro de la Cuaresma”. . “En Cuaresma” -había dicho antes durante su visita a una parroquia romana- “cada uno de nosotros está invitado por Dios a dar un cambio radical a la propia existencia pensando y viviendo según el Evangelio, corrigiendo alguna cosa en el propio modo de rezar, de actuar, de trabajar, y en la relación con los demás”. “Jesús nos hace este llamamiento no con severidad, sino porque está preocupado de nuestro bien, de nuestra felicidad, de nuestra salvación”, agregó el Papa.

Al mediodía, al presidir el rezo del Ángelus, el Santo Padre recordó que “Dios se manifiesta de diferentes maneras, también en la vida de cada uno de nosotros. Pero para poder reconocer su presencia, es necesario que nos acerquemos a Él conscientes de nuestra debilidad y con profundo respeto”.

Explicando el Evangelio en el que a Jesús le piden explicaciones por diferentes eventos negativos que acaecen en un mismo día, el Papa rechazó “la fácil tentación de considerar el mal como efecto del castigo divino”, y recordó que Dios es tan bueno que nunca quiere el mal de nadie.

***

El evangelio del pasado domingo, comentado por el Benedicto XVI, nos enfrenta con el tremendo problema del mal. Si Dios, creador de un mundo ordenado y bueno, tiene cuidado de todas sus criaturas, ¿por qué existe el mal?, nos interrogamos. A esta pregunta tan apremiante como inevitable, tan dolorosa como misteriosa no se puede dar una respuesta simple, comenta el nuevo catecismo de la Iglesia católica.

Explica el catecismo con extremada claridad que el conjunto de la fe cristiana constituye la respuesta a esta pregunta: la bondad de la creación, el drama del pecado, el amor paciente de Dios que sale al encuentro del hombre con sus alianzas, con la encarnación redentora de su Hijo, con el don del Espíritu, con la congregación de la Iglesia, con la fuerza de los sacramentos, con la llamada a una vida bienaventurada que las criaturas son invitadas a aceptar libremente, pero a la cual, también libremente, por un misterio terrible, pueden negarse o rechazar. No hay un rasgo del mensaje cristiano, afirma el catecismo, que no sea en parte una respuesta a la cuestión del mal.

Pero insisten algunos, ¿por qué Dios no creó un mundo tan perfecto que en él no pudiera existir ningún mal? En su poder infinito, Dios podría siempre crear algo mejor enseña santo Tomás de Aquino en la Suma Teológica. Sin embargo, en su sabiduría y bondad infinitas, Dios quiso libremente crear un mundo “en estado de vía”, en camino hacia su perfección última. Este devenir trae consigo en el designio de Dios, junto con la aparición de ciertos seres, la desaparición de otros; junto con lo más perfecto lo menos perfecto; junto con las construcciones de la naturaleza también las destrucciones. Por tanto, con el bien físico existe también el mal físico, mientras la creación no haya alcanzado su perfección.

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Categorías:Reflexiones
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