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La amistad es dar sin esperar nada a cambio

La amistad es dar sin esperar nada a cambio

Educar Hoy

Por Pedro J. Bello Guerra

Periodico AM Queretaro, 24/01/10

“Sencillo era un gigante enorme, el más grande que haya habido nunca. Podía beberse un río hasta dejarlo seco, o tomar como ensalada todo un bosque. Y sin duda, su golosina preferida eran las nubes del cielo, frescas y esponjosas, de las que llegaba a comerse tantas que casi siempre acababa empachado, con tales dolores de barriga que terminaba por llorar, provocando entonces grandes riadas e inundaciones.

Sencillo vivía tranquilo y a su aire, sin miedo de nada ni nadie, yendo y viniendo por donde quería. Pero a pesar de eso no era feliz: no tenía ni un sólo amigo. Y es que cada vez que el gigante visitaba un país, todo era problema: con las nubes que comía desaparecían las lluvias para los campos, y con sus empachos y sus llantos todo se inundaba, por no hablar de todos los bosques y granjas que llegaba a vaciar… En fin, que al verle todos huían aterrados, y nunca consiguió compartir un ratito con nadie.

Una noche, al verle llorar, varias estrellas se acercaron a preguntarle la razón de su tristeza. Al escuchar su historia, comentaron:

Pobre gigante. No sabe buscar amigos. Pues la Tierra es el planeta mas especial que existe, y está lleno de amigos de todas las clases.

Pero, ¿dónde se pueden buscar amigos? ¿Cómo se hace eso? – replicó el gigante.

Echándoles una mano o haciendo cualquier cosa por ellos. Eso es lo que hacen los amigos, ¿es que no lo sabes? – respondieron divertidas las estrellas.

Vaya- suspiró el gigante- pues no se me ocurre nada. ¿Ustedes qué hicieron para conseguir amigos?

Aprendimos amostrar el camino en la noche y servimos de guía a muchos navegantes. Son unos amigos estupendos, que nos cuentan historias y nos hacen compañía cada noche.

Así, el gigante y las estrellas siguieron charlando un rato, y durante los días siguientes Sencillo no pensó en otra cosa que no fuera en encontrar una forma de buscar amigos. Pero no veía el modo de conseguirlo. Algunos días después, fue a pedirle ayuda a la Luna. Esta, vieja y sabia, le respondió:

No sabrás cómo hacer algo por alguien hasta que le conozcas bien.

¿Qué sabes de ésos que quieres que sean tus amigos?

Sencillo se quedó pensativo, porque realmente apenas sabía nada de los hombres. Eran tan pequeños que nunca se había preocupado.

Entonces se propuso averiguarlo todo, y dedicó largos días a observar las diminutas vidas de la gente. Y así fue como descubrió por qué todos huían al verle, y se enteró de las sequías que provocaba con sus comilonas de nubes, y de las inundaciones que provocaban sus llantos, y de mil cosas más que le llenaron de pena y alegría.

Aquella noche, el gigante corrió a saludara las estrellas.

Ya sé cómo buscaré amigos…. ¡¡comiendo y llorando!!

Y así fue. Desde aquel día, Sencillo vigilaba los cielos, y allí donde se preparaban enormes tormentas, se daba un buen atracón de nubes; y luego marchaba a llorar un rato allá donde veía que faltaba el agua. En muy poco tiempo, pasó de serlo peor que le podía ocurrir aun país, a convertirse en una bendición para todo el mundo, y ya nunca faltó un buen amigo que quisiera dedicarle un ratito, escucharle o hacer le un favor.”

Este gigante nos enseña en resumen tres cosas sobre la amistad: La primera es su importancia, al estar solos y no tener amigos nos sentimos mal porque necesitamos compartir nuestra vida con otras personas, Dios nos ha creado para vivir en sociedad y así ser felices. En segundo lugar, para hacer una buena amistad se necesita conocer al otro y que el otro nos conozca, mientras más profundo es el conocimiento la amistad es más grande y dura más. Estos dos pasos nos llevan inmediatamente al tercero: la preocupación desinteresada por el otro. Un amigo es un tesoro y dónde está tu tesoro está tu corazón; por lo que mientras más amigos tengamos seremos personas que sabrán querer más y ayudar a otros.

Cuentan de una persona que siempre pensaba en los otros y trataba de que todos a su alrededor estuvieran felices; un día enfermó y sus amigos lo acompañaron en sus últimos días muriendo rodeado de cariño y paz. Así debe ser nuestra vida, podemos tener errores pero si procuramos hacer el bien a los demás seremos inmensamente felices.

pedrobelloguerra@gmail.com

Categorías:Cuentos para educar
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