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CAP. XXIII La Accion Catolica y las obras Economico-sociales

CAPITULO XXIII LA ACCIÓN CATÓLICA Y LAS OBRAS ECONÓMICO – PROFESIONALES

SUMARIO: 1. Importancia de las cuestiones sociales. – 2. Clases de Asociaciones. – 3. Lo temporal y lo espiritual. – 4. Las Asociaciones económico-profesionales ¿son obras de Acción Católica? – 5. Documentación pontificia.

Libro “Apostolado Seglar y Acción Católica”, Autor Pbro Luis Maria Acuña, Edit Difusión, 2ª edición, 1953

I.-IMPORTANCIA DE LAS CUESTIONES SOCIALES.-

Hemos establecido la importancia que tienen en esta hora las cuestiones sociales y cómo debe trabajar el apóstol seglar en la acción obrera y patronal. Ahora, una palabra más acerca del tema y especialmente de la relación que tiene la Acción Católica con las obras económico-profesionales. La Iglesia siempre se ha preocupado vivamente del problema social.

“Los grandes hechos políticos -dice Balmes-: la cuestión en la superficie es política, pero en el fondo es social”.

Y la obra que ha realizado la Iglesia en el terreno social es admirable; es una de sus glorias. Regenera al individuo, a la familia, a la sociedad; señala límites a derechos que antes se tenían por ilimitados. La justicia y caridad, virtudes fundamentales que rigen estas cuestiones, han sido investigadas por teólogos y juristas católicos.

La Iglesia por medio de sus admirables Encíclicas, especialmente “Rerum Novarum” y “Quadragesimo Anno”, ha dado reglas sapientísimas para resolver los problemas del mundo social y económico.

Refiriéndose a estos problemas, especialmente a la redención del proletariado, llega a decir el Papa que “si con vigor y sin dilaciones no se emprende el llevarlo a la práctica, es inútil pensar que puedan defenderse el orden público, la paz y la tranquilidad de la sociedad humana, contra los promotores de la revolución”.

Después de la importancia de las cuestiones sociales, viene la legitimidad de la sindicación católica. Hagamos una breve síntesis de la doctrina de la Iglesia:

En este punto queremos dejar la palabra al sociólogo francés M. Marsot, que en el gran “Diccionario de Sociología”[1] (a), actualmente en curso de publicación, sintetiza así la doctrina de la Iglesia:

a)      “En  el estado actual de las cosas, la Iglesia estima que los católicos tienen el deber moral de constituir asociaciones profesionales.

Efectivamente, León XIII lo afirmaba taxativamente: “En este estado de cosas -dice-, los obreros cristianos no tienen más remedio que escoger entre dos partidos: o inscribirse en asociaciones peligrosas para la Religión, o formarlas entre ellos mismos, uniendo así sus fuerzas a fin de poder sustraerse a un yugo tan injusto e intolerable. ¿Hay alguien que dude de que es preciso optar por este último medio?”

b)      “Estas   Asociaciones profesionales, que la Iglesia estima necesarias hoy, deben ser grupos enteramente católicos, o, en los lugares  en los que la fundación de  tales grupos católicos  sea  absolutamente  imposible,   han de ser organizaciones realmente respetuosas del espíritu católico.

“Es decir, que los Papas exhortan vivamente a la fundación de tales grupos católicos; permiten, bajo ciertas reservas, que los católicos den su nombre, en ciertos casos, a asociaciones que no sean oficialmente católicas, y condenan positivamente las asociaciones cuyo espíritu se opone al espíritu católico, prohibiendo a los fieles adherirse a ellas; aunque, a título excepcional y para fin determinado, acepte que se organicen alguna vez, en combinación con ella, carteles intersindicales.”

“Que se tenga bien en cuenta -dice la Sagrada Congregación del Concilio- que tal combinación no es lícita sino a condición de que se haga sólo en casos particulares, que la causa que se haya de defender por ella sea justa, que se trate de un acuerdo temporal, y que se tomen todas las precauciones para evitar los peligros que pueden provenir de un acercamiento semejante.”

c)                  “La Iglesia no ha dirimido la cuestión de saber  sí los grupos profesionales deben comprender a la vez a patronos y obreros, o si se deben organizar separadamente los unos de los otros. Mas, en este segundo caso, pide que los sindicatos patronales y los  sindicatos  obreros  se  entiendan  pacíficamente.”

“La Sagrada Congregación vería con gusto -dice el documento de 1929- que se estableciese un modo regular de relación entre las dos clases de sindicatos mediante una comisión mixta permanente. Esta comisión tendría por finalidad tratar, en reuniones periódicas, los asuntos de interés común y obtener que las organizaciones profesionales sean, no organismos de lucha y de antagonismo, sino, como deben ser, según la concepción cristiana, medios de mutua comprensión, de discusión benévola y de pacificación”.

d)      La tercera  afirmación preliminar se refiere a la intervención indudable que compete a la Acción Católica en esta cuestión social.   Varias veces lo  hace constar explícitamente la “Quadragesimo Anno”. Al ponderar la ardua empresa que aguarda a los apóstoles de la difusión de las doctrinas sociales de la Iglesia, señala a sus “amados hijos, inscritos en la Acción Católica, que comparten con él de manera especial el cuidado de la cuestión social, en cuanto compete y toca a la Iglesia por su misma institución divina”. Con esto se podrá ya entender el alcance del problema que intentamos resolver. En cuestión tan importante intervienen las Asociaciones profesionales y las Asociaciones de Acción Católica. Cabe preguntar: ¿tales Asociaciones son distintas? Y en caso afirmativo, ¿cómo armonizar esta doble intervención señalada por la palabra de los Papas? Para la resolución de estas dos cuestiones nos interesa conocer más a fondo la naturaleza misma de las Asociaciones profesionales, una vez que ya conocemos la naturaleza propia de las Asociaciones de Acción Católica.

2.-CLASES DE ASOCIACIONES.-

Los tratadistas de Derecho Canónico distinguen dos clases de Asociaciones, que nos importa consignar: Asociaciones eclesiásticas y Asociaciones seglares o laicales[2].

La diferencia de unas y otras no está basada en el fin que ellas se propongan, sino en el modo de su erección, que condiciona las facultades de dirección, es decir, en su modalidad jurídica.

Esta distinción se admite en muchos documentos canónicos. Baste citar, entre ellos, el decreto A remotissima de la Sagrada Congregación Consistorial de 31 de diciembre de 1909, y sobre todo la nueva fórmula “De relationibus dioecesanis” redactada por la Sagrada Congregación Consistorial, de 4 de noviembre de 1918.

Las Asociaciones eclesiásticas son erigidas y dirigidas por la autoridad de la Iglesia. Las Asociaciones seglares o laica y régimen interno, sino en tanto en cuanto puede esto tener relación con los casos previstos por el canon 336 en su párrafo segundo.

Ya con estos datos podríamos resolver nuestra primera cuestión, declarando distintas por naturaleza jurídica a las Asociaciones de Acción Católica de las Asociaciones económico-profesionales. Pero nuevas consideraciones dejarán aún más clara esta distinción.

3.-LO TEMPORAL Y LO ESPIRITUAL.-

Otra razón independiente de la cualidad jurídica de las distintas Asociaciones marca una nueva y más profunda diferencia entre las Asociaciones profesionales y las Asociaciones de Acción Católica.

León XIII[3] (1) ha señalado la existencia de dos órdenes distintos de cosas, que dan origen a dos órdenes de sociedades, temporales y espirituales, jerarquizadas entre sí y sometidas respectivamente a las dos, que, por perfectas e independientes son supremas cada una en su género.

Pío X, en la encíclica “II fermo proposito”, ha distinguido también la cualidad de aquellas sociedades “derechamente enderezadas al auxilio del ministerio espiritual y pastoral de la Iglesia y encaminadas a un fin religioso y bien directo de las almas”, de la de otras que se “encaminan a este o ese otro bien particular de la sociedad y del pueblo”, y añade que son “de diferente linaje y diversa constitución”.

De las primeras deduce que “deben estar en todo subordinadas a la Autoridad de la Iglesia, y por consiguiente a la autoridad de los obispos, puestos por el Espíritu Santo para regir la Iglesia de Dios en las diócesis que les están diputadas”.

De las otras, supuesto el fin integral de la Iglesia y las interferencias entre lo temporal y lo espiritual, entre lo moral y lo económico, dice “que no pueden concebirse, en ninguna manera, independientes del consejo y alta dirección de la autoridad eclesiástica, por cuanto se han de conformar con los principios de la doctrina y moral cristianas”; pero que, puesta su condición, han de proceder con razonable libertad, pues sobre ellas recae la responsabilidad de la acción, principalmente en materias temporales, económicas y administrativas, ajenas al ministerio meramente espiritual”.

Según esta doctrina, y teniendo en cuenta la variación de la terminología, que se ha establecido, principalmente desde los primeros años del Pontificado de Pío XI, sobre Acción Católica, los sindicatos y obras profesionales, evidentemente pertenecen a esta última clase de asociaciones, de orden temporal y terreno en su naturaleza, pertenecientes a la esfera del Estado, con indirecta subordinación a la Iglesia, como todo lo temporal, mas las Asociaciones de Acción Católica, prolongación de la propia Jerarquía hasta los seglares, pertenecen, ciertamente, al orden espiritual y están directamente sometidas a la autoridad de la Iglesia.

Estas son “participación de los seglares en el apostolado jerárquico” con un “fin nobilísimo, porque coincide con el fin propio de la Iglesia”.

Las primeras son asociaciones estables de profesionales unidos bajo la dirección de los jefes, escogidos libremente por ellos, para estudiar y defender sus intereses comunes en la determinación de las condiciones del trabajo[4]. El fin directo es temporal, aunque indirectamente puedan y deban contribuir a un fin remoto de cristianización de la vida económica y de la clase.

4.-LAS ASOCIACIONES ECONÓMICO-PROFESIONALES, ¿SON OBRAS DE ACCIÓN CATOLICA?-

Es la consecuencia del razonamiento que venimos haciendo. Aun parezca que estas Asociaciones verifican todas las condiciones de las obras de Acción Católica, ya que son obras de seglares, sometidas a Jerarquía, en el terreno social, con fines remotos de cristianización, lo cierto es que no son obras de Acción Católica.

Porque bajo estas apariencias de identidad se encierran diferencias decisivas. Ya que ni la dependencia de la Jerarquía es la misma, en unas indirecta y en otras directa e inmediata; ni el fin próximo especificativo es el mismo, en unas el bienestar económico de los asociados, en otras la ayuda a la Jerarquía en su obra de apostolado.

Además, la misma organización tiene caracteres distintos, en los asociados que agrupa, profesionales los unos, simplemente cristianos los otros; y en la propia contextura de la organización, más unitaria y jerárquica en las obras de Acción Católica que en las Asociaciones económico-profesionales, que no tienen jerarquía propiamente dicha.

5.-DOCUMENTACION PONTIFICIA.-

Pio XI Limitando la documentación a los textos más expresivos, queremos destacar entre todos uno fundamental de la “Quadragésima Anno” y tres de las apostólicas más recientes.

En la Encíclica “Cuadragésimo Anno”, tras haber juzgado con fina crítica el ensayo corporativista realizado en Italia, con sus ventajas y sus peligros, señala el Papa la necesidad de ir a un “estado social mejor”.

Y entre los medios que deben ponerse en práctica “para alcanzar ese nobilísimo intento” se excluye positivamente la influencia directa de la Acción Católica, “porque no pretende desarrollar actividad estrictamente sindical”, y se requiere, en cambio, la influencia indirecta “de parte de aquellos de Nuestros hijos que la Acción Católica educa exquisitamente en los mismos principios y en el apostolado, bajo la guía y el magisterio de la Iglesia”.

Esta distinción, que supone la exclusión de  las obras propiamente sindicales de los cuadros específicamente integrantes de la Acción Católica, la veremos repetida en los demás documentos.

Así en la carta al cardenal Segura [5](1): “Mas para remover en lo posible todo motivo de duda, queremos dejar bien entendido esto: las Asociaciones que conformando sus propósitos y empresas con los preceptos de la religión y los peculiares intentos de la Acción Católica, tienen por blanco ayudar a los ciudadanos, ya en sus asuntos económicos, ya en el ejercicio de su profesión, conviene de todo punto que en las materias concernientes a los fines de la Acción Católica se sujeten a ella y sirvan a las obras de apostolado cristiano; pero en las empresas de suyo económicas, sean su propia cuenta y exclusiva responsabilidad”.

Repite casi las mismas palabras en la Carta al Episcopado argentino, y en la última y recentísima enviada a los obispos de Colombia recoge en síntesis la conclusión, que nosotros apuntamos al decir “que la Acción Católica no debe suplantar a las organizaciones económicas y profesionales, que tienen por finalidad directa e inmediata el ocuparse en los intereses temporales de las diversas clases de trabajadores manuales o intelectuales. Estas asociaciones deben conservar su autonomía y su responsabilidad exclusiva en el dominio técnico”.

De todos estos documentos se deduce que hay que respetar la autonomía sindical y cumplir el mandato que la Encíclica ” Quadragesimo Armo” hace a la Acción Católica sobre la cristianización de la vida económica, y así se realizan también los deseos del Santo Padre, que, escribiendo al Cardenal Arzobispo de Lisboa, decía que “ninguna actividad, en cuanto es posible y resulta útil a la vida cristiana, debe excluirse de su programa”.

La propaganda social, la formación de dirigentes, aun la misma generosa ayuda a la institución de Asociaciones profesionales, entra dentro de la actividad propia de la Acción Católica. No así la dirección de estos sindicatos, una vez constituidos, sino en el sentido en que lo establecen las bases de los Metropolitanos y las, cartas pontificias.

Entre éstas, terminamos nuestro capítulo con las consideraciones que Pío XI hace en la citada carta al cardenal arzobispo de Lisboa.

“Entre todas (las actividades de Acción Católica), hay algunas que, por corresponder a necesidades comunes y capitales de nuestro tiempo, deben ser sobre todo urgentemente atendidas. Entre las cuales contamos la competente asistencia al pueblo obrero, no sólo la espiritual, sino también la material, promoviendo señaladamente aquellas asociaciones que tienen por fin aplicar los principios y normas de la equidad social y de la caridad evangélica.

“Por lo cual la Acción Católica procurará suscitar estas Asociaciones donde no las hay y se esforzará en ayudarlas donde las hay. Sin embargo de todo esto, no tomará sobre sí la dirección de las cosas técnicas y económicas, sino que la remitirá a la libre disposición de las Asociaciones.

“Su oficio ha de ser procurar con todo empeño que sigan los genuinos preceptos de la doctrina católica y obedezcan las prescripciones de esta Sede Apostólica”[6].

Es decir, siempre una función de carácter educativo parte y cumplimiento de aquel programa general de “reeducación de conciencias” que constituye el fin específico e inmediato de la Acción Católica. (Beytía: “Apostolado de los Seglares”).

Al terminar esta obra, a la cual hemos consagrado nuestros estudios y nuestros desvelos, hacemos un fervoroso llamado a los seglares para que colaboren con la Jerarquía en las nobles actividades de la Acción Católica. Y les repetimos, como a manera de clarinada, aquella frase encendida de un gran luchador de la causa cristiana:

“Seguid blandiendo con pujante diestra,
De la verdad, la espada centelleante,
Mostrando del error, la vil escoria.
¡Adelante, cruzados, adelante!
¡Es vuestro el porvenir, vuestra la gloria!”

LAUS DEO.


[1] JACQEMET, Dictionnaire de Sodologie. Fase. VII-VIII, col. 391 y siguientes.

[2] Cuestiones Canónicas, I, 761-763.

[3] Immortale Dei, Nobilissima Gallorum gens.

[4] ARENDT, pág. 20.

[5] Direcciones Pontificias, pág. 347.

[6] Acta Apostólicae Sedis, diciembre de 1934

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