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El mejor guerrero del mundo

El mejor guerrero del mundo
Pedro J. Bello Guerra
Periódico AM Querétaro, 09/08/16

En el mundo en el que vivimos se ve muy bien cuando alguien ataca a otro por defenderse, vemos en la televisión que en ocasiones se presentan a las personas pacíficas como gente sin carácter o fuerza; es por eso que el mundo está lleno de violencia y no existe la paz, porque como dijera un gran hombre: “La paz es consecuencia de la guerra”, pero de la guerra contra uno mismo, que es el enemigo a vencer, la guerra contra el enojo, la envidia personal, los malos modos y tantas cosas que tenemos, cuando una persona lucha contra sí misma ayudada por los buenos consejos de un amigo o cuando acude a Dios para que le asista, entonces esa persona es comprensiva con los defectos de los demás, es por eso que debemos pelear por ser mejores nosotros mismos y así se acabará la violencia, habrá paz y tranquilidad en los hogares y todo funcionara muy bien.

“Cuentan que Casio era un joven valiente, experto espadachín, que soñaba con convertirse en el mejor guerrero del mundo. El rey le apreciaba mucho, pero el día que le contó su sueño de llegar a ser general, le miró concierto asombro y le dijo:

– Tu deseo es sincero, pero no podrá ser. Aún tienes mucho que aprender.

Aquello fue lo peor que le podía pasar a Casio, que abandonó el palacio, decidido a aprender todas las técnicas de lucha existentes. Un día fue aparar a una escuela muy especial, una fortaleza en lo alto de una gran montaña. Antes de entrar, se desprendió de sus armas. Uno délos instructores, lo acompañó a su habitación, y se despidió diciendo “en 100 días comenzará el entrenamiento”.

¡100 días! Al principio pensó que era una broma, pero pudo comprobar que no era así. Los primeros días estaba histérico y nervioso, e hizo toda clase de tonterías para conseguir adelantar el entrenamiento. Pero no lo consiguió.

El día 101 tuvieron la sesión inicial. “Ya has aprendido a manejar tu primera arma: la Paciencia”, comentó el viejo maestro. Casio no se lo podía creer, y soltó una breve risa. Pero el anciano le hizo recordar todas las estupideces que había llegado a hacer mientras estaba poseído por la impaciencia, y tuvo que darle la razón. “Ahora te toca aprender a triunfar cada batalla”. Aquello le sonó muy bien, hasta que se encontró atado a una silla de pies y manos, subido en un pequeño pedestal, con decenas de aldeanos trepando para tratar de darle una paliza. Tenía poco tiempo para actuar, pero las cuerdas estaban bien atadas y no pudo zafarse. Cuando le alcanzaron, le apalearon.

El mismo ejercicio se repitió durante días. La única forma de frenar el ataque era acabar con la ira de los aldeanos. Los días siguientes no dejó de hablarles, hasta que consiguió convencerles de que no era ninguna amenaza, sino un amigo. Era el día 202.

-“Ya controlas el arma más poderosa la Palabra, pues lo que no pudieron conseguir ni tu fuerza ni tu espada, lo consiguió tu lengua”.

Casio estuvo de acuerdo, y se preparó para seguir su entrenamiento.

“Esta es Taparte más importante de todas. Aquí te enfrentarás a los demás alumnos”. El maestro le acompaño a una sala donde esperaban otros 7 guerreros. “Aquí lucharéis todos contra todos, triunfará quien pueda terminar en pie”. Y así, cada mañana se enfrentaban los 7guerreros.

Los días pasaban, y Casio se daba cuenta de que sus fuerzas se debilitaban, y sus aldeanos también. Entonces cambió de estrategia. Con su habilidad de palabra, renunció a la lucha, y se propuso utilizar a sus aldeanos y sus fuerzas en ayudar a los demás a reponerse. Cuando terminó, solamente quedaban Casio y muchísimos aldeanos y Aníbal rodeado de muy pocos. Cuando Aníbal se disponía a salir triunfante, el maestro se lo impidió diciendo: “no, sólo uno puede quedar en pie”.

Aníbal se dirigió con gesto amenazante hacia Casio, pero éste, adelantándose, le dijo:

– ¿De veras quieres luchar? ¿No ves que somos 50 veces más numerosos? Estos hombres lo entregarán todo por mí, les he permitido vivir libres y en paz, no tienes ninguna opción.

Cuando dijo esto, los pocos que quedaban junto a Aníbal se pusieron del lado de Casio. ¡Había vencido!

El maestro entró entonces con una sonrisa de oreja a oreja: “de todas las grandes armas, la Paz es la que más me gusta. Todos se ponen de su lado tarde o temprano”.

pedrobelloguerra@gmail.com

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Categorías:Cuentos para educar
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