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El gran palacio de la mentira

El gran palacio de la mentira

Pedro J. Bello Guerra

Periodico AM Queretaro, 09/08/09

 

Una gran fuente de confianza para todos es cuando la gente siempre dice la verdad, en cualquier circunstancia, cuando le va a ir bien o cuando le va a ir mal, es por eso que Jesucristo decía: “La Verdad os hará libres”. Eso es más que cierto, aunque es complicado no decir mentiras, a veces en casa llama alguien por teléfono, una persona latosa, molesta o algún cobrador y es fácil decirle a los hijos: “dile que no estoy, que deje el recado”. No existen las mentiras blancas o piadosas, aunque sí es cierto que desde el punto de vista ético o moral no es lo mismo esa mentira del teléfono que mentir en un juicio y por eso ocasionar un daño irreparable a otros, por lo que debemos luchar y decir la verdad cueste lo que cueste. Hay muchos ejemplos en la historia que nos dan una muestra de que la verdad les ha costado la vida, pero no creo que eso nos pasea nosotros, pero si con nuestra vida coherente debemos dar ejemplo a los hijos, a nuestros amigos y a todos para que nos tengan la suficiente confianza como para acercarse y poderles ayudar en sus problemas.

“Cuentan que en una ocasión en el país de los duendes, todos se dedicaban a construir dos palacios, el de la verdad y el de la mentira. Los ladrillos del palacio de la verdad se creaban cada vez que un niño decía una verdad, y los duendes de la verdad los utilizaban para hacer su castillo. Lo mismo ocurría en el otro palacio, donde los duendes de la mentira construían un palacio con los ladrillos que se creaban con cada nueva mentira. Ambos palacios eran impresionantes, los mejores del mundo, y los duendes competían duramente porque el suyo fuera el mejor.

Tanto, que los duendes de la mentira, mucho más tramposos y marrulleros, enviaron un grupo de duendes al mundo para conseguir que los niños dijeran más y más mentiras. Y como lo fueron consiguiendo, empezaron a tener muchos más ladrillos, y su palacio se fue haciendo más grande y espectacular. Pero un día, algo raro ocurrió en el palacio de la mentira: uno de los ladrillos se convirtió en una caja de papel. Poco después, otro ladrillo se convirtió en arena, y al rato otro más se hizo de cristal y se rompió. Y así, poco apoco, cada vez que se iban descubriendo las mentiras que habían creado aquellos ladrillos, éstos se transformaban y desaparecían, de modo que el palacio de la mentira se fue haciendo más y más débil, perdiendo más y más ladrillos, hasta que finalmente se desmoronó.

Y todos, incluidos los duendes mentirosos, comprendieron que no se pueden utilizar las mentiras para nada, porque nunca son lo que parecen y no se sabe en qué se convertirán.”

Esta bonita historia nos ayuda a darnos cuenta que las cosas construidas sobre mentiras llegan a saberse, es imposible ocultarlas, dicen los sabios que para ocultar una mentira hay que inventar otras veinte y en muchas ocasiones senos olvida a quien le dijimos que cosa, de tal forma que es fácil saber quién es mentiroso y quien dice la verdad siempre. Procuremos enseñar a decir siempre la verdad a los hijos, a los amigos, a todos los que están alrededor nuestro y como comenzábamos este artículo, la verdad genera confianza, la mentira desconfianza; aunque no nos preocupemos por los errores que cometamos o hayamos cometido, lo importante es ver hacia adelante y de ahora en adelante comprometernos con nosotros mismos primero, con Dios y con los demás a decir la verdad siempre.

La gente más confiable en el mundo es la que siempre dice la verdad. En una ocasión me toco oír de primera mano un testimonio de un cubano sobre Juan Pablo II cuando fue a visitar Cuba. En la espera para que llegara el Papa a celebrar la Misa nos fuimos haciendo buenos amigos y Abilio (el cubano) empezó atenerme confianza, jamás hablamos de política porque no éra lo adecuado pero en la conversación le pregunté:

– “¿Tú crees en Dios?”

– No.- Me contestó.

– ¿Entonces por qué vienes a ver al Papa?

– Lo vengo a ver – añadió Abilio- porque es un hombre que siempre en su vida y en sus obras dice la verdad y eso me motiva a tener un modelo de conducta en mi vida.

Que importante demostración, una persona que lucha por decir la verdad ayuda a otros a mejorar y es un gran modelo de comportamiento, por eso procuremos ser así nosotros: luchar por decir la verdad siempre y en cada momento.

pedrobelloguerm@gmail.com

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Categorías:Cuentos para educar
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