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CAPITULO XX INFLUENCIA SOCIAL DEL CRISTIANISMO

CAPITULO   XX INFLUENCIA SOCIAL DEL CRISTIANISMO

SUMARIO: 1. Supervivencia de Cristo, – 2. La obra del Cristianismo iluminó el mundo intelectual, – 3. Elevó el inundo moral, – 4. Transformó el mundo social. – S. Prosopopeya.

Libro “Apostolado Seglar y Acción Católica”, Autor Pbro Luis Maria Acuña, Edit Difusión, 2ª edición, 1953

1.-SUPERVIVENCIA DE CRISTO.-

Damos a los apóstoles seglares dos temas de ilustración para su obra de propaganda. Comenzarnos por uno de alta trascendencia. “Influencia Social del Cristianismo”.

El tiempo borra todos los recuerdos; agosta todos los amores; sepulta todas las grandezas; derriba todas las generaciones.

¿Qué ha sido de aquellos grandes conquistadores: Alejandro, César, Garlo Magno, Carlos V, Felipe II, Napoleón? Sobre sus sepulcros se extiende hoy el olvido…

¿Qué fue de aquellos grandes imperios, gigantes de hierro y de oro: Babilonia, la de ostentosos jardines; Nínive, la excelsa; Persépolis, la hija del Sol; Menfis, la de los hondos misterios; Sodoma, la impúdica; Atenas, la sabia; Jerusalén, la ingrata; Roma, la grande? Sobrar sus ruinas se extiende hoy la arena del desierto…

El hombre no puede luchar con el olvido. Los hombres viven, mas no pueden sobrevivir.

Pero Cristo es inolvidable; vive y sobrevive en la inteligencia, en el corazón, en la historia.

‘Después del correr incesante del tiempo, cuya piqueta inexorable va derribando las generaciones y sepultando los siglos la humanidad lleva todavía en su inteligencia a Cristo-Verdad como lleva en su corazón a Cristo-Santidad. Y cuando todo pasa lo mismo que las rosas: los hombres, los imperios y las cosas; cuando miramos los acontecimientos de la historia, bajo esa arquería inmensa de los siglos, donde se borran todos los nombres y se enfrían todos los amores, el solo nombre de Cristo nos quema aún las entrañas; su palabra ha incendiado al mundo en llamaradas de amor y su obra ha infundido soplos de espiritualidad en la historia, en la literatura, en el arte; en todos los órdenes de la vida humana nos ha hecho sentir el calor intenso de sus palpitaciones amorosas. Por eso Cristo es eternamente actual, es el contemporáneo de las ideas y de los sentimientos.

Los genios llegaron a la cumbre de la gloria y se perdieron en la sombra; los adoradores de la belleza y del ideal esparcieron la simiente del ensueño y los ritmos de la trova; pasaron también… Los héroes conquistaron mundos para dormirse luego en sus heladas tumbas. Brillaron un día en el cielo de la existencia para caer después, envueltos en la sombra del olvido. Pero Cristo… aún sigue enseñando desde el movible barco de Genezareth su parábola quemante que traspasa el pecho y llaga el corazón; aún le anuncian sus apóstoles; las turbas le siguen y sus labios se abren en flores de esperanza y de cordelo y su palabra, proferida veinte siglos ha, todavía sigue vibrando en medio de la humanidad. Los hombres se repartieron sus vestiduras, rasgaron su túnica, pero su espíritu se encuentra inagotado e inagotable. Su nombre está escrito en todos los libros; su imagen grabada en todos los monumentos; su memoria impresa en el recuerdo de todos los hombres. No escaló la ciencia sus luminosas cumbres, sin recibir antes el crisma de la ortodoxia cristiana, ni llegó el hombre a la cima de los idealismos sublimes, sino después de haberle envuelto Jesús con el fuego de sus miradas divinas. Los mismos que se afanan por negar sus doctrinas se pasan la vida recordando su nombre, y los mismos que t4jaecen la infinita desdicha de no amarle, llevan su nombre presente y vivido como un faro en el mismo vaivén de sus eternas inquietudes… Estudiemos su obra para conocerlo y amarlo. En el conocimiento de Jesucristo está la salvación del mundo y la solución de los” hondos problemas que agitan a la sociedad contemporánea.

2.-LA OBRA DEL CRISTIANISMO ILUMINO EL MUNDO INTELECTUAL.-

El mundo contempló a aquel varón, que discurría por los campos, las ciudades, las orillas del mar, como una visión hecha de celestes claridades, con la ternura en los ojos, con el perdón en los labios, con la dádiva en la mano, con el prodigio en la voz y en la mirada, regalando a sus discípulos el don inefable de la paz, envuelto en las claridades de la resurrección.

De esos labios, de donde fluía lo eterno, brotó, como en ondas regeneradoras, una enseñanza admirable, que es llamarada de luz y calor de vida, fuente de belleza y perfección social.

Ese Verbo hecho carne y hecho amor, nos legó una doctrina, que no sólo es un concepto teológico, que nos enseña verdades altísimas que se refieren a Dios; un concepto filosófico que nos enseña verdades que se relacionan con los hombres, sino también una doctrina que es una perfección de ética y un progreso social.

El Cristianismo es una gran Filosofía, un arte, una doctrina social. Como Filosofía, es manantial de verdad; como arte, es fuente de belleza ideal; como acetrina social, dio dignidad al esclavo, igualó moralmente al pobre y al rico, hizo de las naciones, antes enemigas, hermanas, elevó a la humanidad y quiso que esta obra redentora tuviera por primer holocausto el sacrificio del Verbo y por su primer mártir al Hijo del Eterno…

“Tres ideas constituyen toda la civilización, dice un estadista: Roma, el Cristianismo y los bárbaros. Los bárbaros dan la materia con sus tribus; Roma, la forma con sus leyes y sus códigos; el Cristianismo, la vida con sus ideas y sus dogmas. Si Grecia, patria del arte, hizo de la humanidad una bella estatua, el Cristianismo la animó con el fuego traído del cielo”.

¡Qué obra más inmensa la de Cristo en el orden de las ideas y de los hechos! Todo lo reformó al soplo del Evangelio civilizador: iluminó el mundo intelectual; elevó el mundo moral; transformó el mundo social.

Y el orden intelectual, moral y social, constituyen toda la cultura, toda la civilización.

Estudiemos esta prodigiosa transformación que ha operado el Cristianismo. Al otro lado de la Cruz, antes de la venida de Cristo, el mundo intelectual giraba sobre el quicio del pensamiento humano. El hombre se había erigido a sí mismo en centro de verdad. Pero Cristo lo cambia, lo muda totalmente y dice: “Ego sum veritas”. “Yo soy la Verdad”. Y llega un día en que todas las inteligencias gravitan en torno de El, como los astros en torno del sol. Y realizó lo que no pudo realizar ningún genio, ninguna institución, ninguna filosofía, fundar en el mundo la república intelectual y alcanzar la suprema dictadura del entendimiento.

Tales no tiene discípulos fuera de Grecia; Demóstenes siente que los ecos de su voz se apagan en el ágora de Atenas; Sócrates, Platón, Aristóteles jamás intentaron imponer al mundo sus doctrinas. Pero Cristo dice a sus discípulos: “Id y enseñad a todas las gentes”… Y su enseñanza salva la frontera de los mundos y vuela a través de los continentes y de los mares. Y se constituyó en centro de verdad.

Es la verdad en el orden teológico. Porque es el Verbo, la expresión intelectual del Padre; porque todas las verdades de la Teología se refieren a Cristo como rayos de un mismo foco, y encuentran en El su explicación y complemento. La Encarnación, la Redención, la Eucaristía: esto es todo el Cristianismo. Y Cristo es el centro, es el lazo de unión de estos tres misterios adorables; poema de los amores divinos.

Es la verdad en el orden filosófico, porque vino a dar solución adecuada a todas aquellas verdades que son el fundamento de la Filosofía y que no puede resolver la razón humana sin las luces de la revelación divina: Dios y el hombre, el mundo y el alma, la vida y el derecho, la justicia y la libertad, la moral, la autoridad y las leyes eran grandes interrogativos para la conciencia humana.

Pero Cristo vino a iluminarlos con los rayos de su sabiduría y con las luminosidades de su genio.

¡Cuánta luz proyecta en la conciencia humana el solo primer artículo del Símbolo: “Creo en Dios Padre Todopoderoso, Creador…”

Es el Sol de la verdad cristiana que vino a iluminar todos los horizontes de la conciencia y de la vida.

Cristo es la verdad en el orden histórico. Fue su inteligencia la que animó la elocuencia de un Pablo, la dialéctica de un Orígenes, la erudición de un Jerónimo, la ciencia de un Agustín; la que movió la pluma de un León, de un Gregorio, la que dio armonías a la lira de un Basilio y la que transformó en boca de Oro la boca de un Crisóstomo. Y los pensamientos de un Buenaventura, y las concepciones de un Tomás, y los atisbos de un Lulio han brotado al calor de la inteligencia de Cristo. Y fue Cristo el que iluminó la inteligencia de un Bossuet, de un Balmes, de un Lacordaire, de un Sechi, de un Pasteur y de mil otros; la que pulsó la lira de un Luis de León, de un Lope, de un Milton, de un Dante, de un Tasso; la que prestó colores mágicos a los pinceles de Fray Angélico, de Miguel Ángel, de Murillo, de Rafael y que  ha sublimado las letras y perfeccionado las artes, proyectando en todas ellas las fulguraciones de su genio.

 

3.-ELEVO EL MUNDO MORAL.-

Pero no sólo iluminó el mundo intelectual: también elevó el mundo moral. En el Paganismo, el mundo moral giraba sobre el amor a sí mismo. Su centro era el egoísmo. Cristo cambia sus polos, y al amor a sí mismo sustituye el amor a Dios, y al orgullo y concupiscencia, la humildad y la castidad. El mundo estaba perdido por el orgullo, la ambición y el sensualismo, las tres llagas que son el origen de todas las decadencias, el nudo y la trama de todas las tragedias de la historia. Cristo vino a salvarlo por la humildad, la pobreza, el sacrificio y el amor, Y El mismo se hace humildad, se hace pobreza, se hace sacrificio, se hace amor. Y no viene al mundo en alas de las estrellas sino en la humildad de un pesebre; no en el seno de las nubes sino en el seno de la pobreza; no a levantar un pueblo contra otro ni una raza sobre los huesos de otra raza, sino a estrechar contra su pecho, con infinito amor, a todos los pueblos y a todas las razas.

El que incendió el sol, tiene frío; el que derramó las aguas, tiene sed; el que infundió vida a los seres, tiene hambre; el que sojuzgó los poderes de la .tierra, quiere ser condenado por los jueces del mundo; y el que apareció en el Sinaí en gloriosa nube, teniendo por mensajero al rayo y hablando por la voz de la tempestad y de los torrentes, El, causa de toda existencia, muere en afrentoso suplicio, y al morir, derrama su espíritu en el mundo, y ese espíritu es el alma de la civilización.

4. – TRANSFORMO EL MUNDO SOCIAL.-

El mundo social, en el Paganismo, giraba por completo sobre el poder de la fuerza. Arriba, la fuerza; abajo, la servidumbre; en el centro, la espada y el látigo que hacía marchar a las sociedades humanas.

Pero Cristo lo muda todo. Y sustituye, al despotismo, la autoridad; a la servidumbre, la libertad; y al derecho de la fuerza, la fuerza del derecho…  Y esto no es una afirmación gratuita, es un hecho histórico.

¿Qué era el mundo antes de Cristo? El imperio de Nerón que hizo gemir a la humanidad: el despotismo, la servidumbre, la tiranía.

¿Qué es la humanidad después de Cristo? Es Cario Magno, el derecho, la libertad, la justicia, el amor.

La ciencia, el arte, la cultura material del mundo pagano, no impidieron que la sociedad quedase retardada. Se hablaba de la familia, y la mujer era una esclava y el hombre era un tirano. Se hablaba de dignidad humana, y el trabajo era una deshonra y el hombre era una bestia. Se hablaba de paz, e imperaba el absolutismo y la fuerza. Pero vino Jesús, el Hijo de Dios vivo. Nació en un pesebre, y todas las cunas se alzaron hasta quedar niveladas como cunas hermanas. Padeció, y quedaron sublimados todos los dolores. Amó, y el amor se derramó por el mundo, llenándolo con su perfume.

Habló, y su palabra alborozó el pecho de las turbas.

Fue amigo, y la amistad floreció entre los hombres.

Fue obrero, y el trabajo se elevó a la dignidad más encumbrada.

Fue santo, y su ejemplo pobló el mundo de apóstoles.

Murió en una Cruz, y desde ella atrajo a todos los corazones.

Fue enclavado, y esos clavos fundieron los hierros de la servidumbre y las cadenas de la tiranía.

Esa cuna, ese obrero, ese amigo; los dolores, el perdón y el amor; el ejemplo, la paz y la Cruz transformaron el mundo y establecieron un orden social sobre las ruinas del antiguo. Todas las bases se mudaron. El pobre pasó a ocupar el primer rango; el trabajo fue el empleo más noble de la actividad humana; el perdón, la condición para ser perdonado; el amor, un precepto terminante del Evangelio; el matrimonio, un vínculo indisoluble del hogar; el orden divino y político, deslindado entre Dios y el César; la paz, una promesa a los hombres de buena voluntad.

Lo dice la historia: Cristo elevó y perfeccionó la sociedad, Aporque elevó y transformó los tres órdenes que la constituyen: el orden intelectual, moral y social. He aquí por qué el Cristianismo, no sólo es un concepto teológico y filosófico, sino también una perfección ética, un progreso social.

5. – PROSOPOPEYA. –

La humanidad, en su peregrinaje eterno en busca de la verdad, del bien, de la belleza, llegó un día al pie de las pirámides faraónicas, cuyas tres caras ha iluminado el Sol de la Historia. Y allí, hollando el polvo de una fenecida y brillante civilización, formuló esta pregunta pavorosa: “Quid es ventas? ¿Qué es la verdad?” Y su voz se perdió en la mudez inmensa del desierto…

Se dirigió entonces a la ciudad de Atenas, cuna de las ciencias y de las artes, y evocando a aquellos genios, cuyas obras son el Arca santa del pensamiento y del arte, volvió a preguntar: ¿Quid est ventas?

Las sombras de Sócrates, Platón y Aristóteles pasaron cabizbajas y pensativas.

Se encaminó entonces a Roma, y en el Capitolio, nido de las águilas romanas, volvió a preguntar: ¿Quid est ventas? ¿Qué es la verdad? Las sombras de Virgilio, de Hortensio, de Cicerón se irguieron con gesto de desconsuelo.

Se volvió entonces a todos los sistemas que iban alboreando en cada siglo, y volvió a preguntar, y su pregunta fue más que una pregunta fue un gemido doloroso: ¿Quid est ventas? Y el estruendo deja caída de cada sistema que pasaba con el tiempo fue la única respuesta a la pregunta eterna.

Pero llegó, un día, fatigada al pie de una montaña donde el Maestro anunciaba al mundo su mensaje de amor.. . Llevaba la pregunta en los labios y un anhelo en el alma. Y oyó extasiada esa palabra que, como linfa clarísima, rasgaba las tinieblas y sembraba la luz: “Bienaventurados los pobres.. los que sufren. Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”.. .

Y esa humanidad que no había encontrado la verdad en la cultura egipcia, ni en la cultura helénica, ni en la cultura latina, la encontró en el Evangelio, mensaje  de amor, de paz, de fraternidad, soplo restaurador del mundo nuevo,. Carta Magna del derecho y de la libertad.. .

Y entonces enjugó su llanto secular al oír que los pobres serían los primeros en el reino de Dios; al escuchar la parábola divina; se estremeció de júbilo al saber que ese pobre esclavo… también podía llevar una corona de gloria en el reino de Dios y cayó de rodillas al ver que todas las manos se alzaban para orar con la nueva fórmula divina: “Padre Nuestro que estás en los Cielos…”

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