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Comprender a los otros

Comprender a los otros

Por Pedro J. Bello Guerra

Periódico AM Querétaro, México 09/04/03

 

Uno de los siete hábitos que maneja Stephen Covey en su libro tan conocido, los 7 hábitos para la gente altamente efectiva es: “Primero entender y luego ser entendido”. En cualquier conversación o negociación normalmente los dos o varios que platican quieren salirse cada uno con la suya. El otro día oía una plática entre una mama y su hija de 15 años que iba como sigue: -Mamá voy a ir me al antro con mi novio este fin de semana, yo te llamo para que no estés preocupada, llegaré en cuanto se termine todo.

– Mira hija, no puedes llegar a la casa después de la una de la mañana porque si no tu papá y yo nos preocupamos muchísimo.

– Mamá, no sean anticuados, a la una apenas está empezando la fiesta.

La conversación siguió con el mismo tenor, la mamá queriendo convencer a la hija y la hija no dando su brazo a torcer.

Podemos poner temas mucho más difíciles que este, pero siempre debe de haber para empezar una conversación un marco de referencia o unas reglas escritas o no escritas, a las cuales ajustarse; por ejemplo, en el caso de la madre y la hija, deberían de haberse puesto de acuerdo varios años antes a la hora en que ella iba a llegar en la noche cuando fuera a salir a los antros, de tal forma que ya habiendo una base sobre la que negociar, es mucho más fácil estar conformes.

“Cuentan que un di a una niñita regresó a su casa muy pero muy feliz después de estar en la casa de una señora amiga de su mamá ala que se le había muerto su marido.

– ¿A qué fuiste a casa de Mariela? –le preguntó su papá.

– A consolarla.

– Pero, ¿qué puedes hacer tú tan pequeña para consolarla?

– Me senté en sus piernas y lloré con ella.”

Aquí se ve que esta niña consoló a la señora haciendo lo que podía hacer: llorando con ella. Esa es la base de la comprensión, pensar en lo que piensan los demás, tratar de comprehenderlos, es decir, meterse en ellos, en lo que les pasa, sucede, acontece, lo que les preocupa y así lograremos entenderlos primero y sabiendo cómo piensan, que sienten, lo que tienen en el corazón, entonces podremos con mayor facilidad lograr que ellos nos comprendan.

En una reunión de negocios entre dos japoneses se llevó a cabo el siguiente coloquio:

– Cuéntame – dijo Hiroshi – todo lo relacionado a ese negocio y déjame hacerte muchas preguntas hasta que te entienda perfectamente.

– Gracias – comentó Jakiro – cuando me hayas comprendido, entonces voltearemos las cosas y tú me cuentas todo hasta que te entienda perfectamente.

Así estuvieron los amigos platicando durante varias horas hasta que llegaron a un compromiso. Hiroshi cuando empezó su discurso traía en su mente una idea y Jakiro otra, los dos completamente diferentes; pero poco apoco, a través del diálogo, fueron acercando sus posturas porque después de muchas preguntas Jakiro intuyó porque Hiroshi pensaba así y supo discernir la mejor manera de llegar a un arreglo. Lo mismo le ocurrió a Hiroshi, se percató que la postura de su colega no era simplemente por terquedad sino porque así la concebía y necesitaba.

El anterior es un ejemplo que nos debe ayudar a todos a dialogar para llegar a acuerdos, lo mismo en los negocios que en la familia que en cualquier otra situación. Esto es muy usado por los negociadores de los secuestros o cuando lo hacen con terroristas, primero logran captar lo que quieren y entonces van poco apoco haciéndolos llegar a alianzas, sin ceder en aquellos puntos en los que no pueden, pero sí tratando de acercarse a través del razonamiento a soluciones a los conflictos.

Todo esto lo debemos aplicar en nuestra vida real, con los agentes de tránsito si nos pasamos un alto, en el trabajo con nuestros clientes, con la esposa, con la suegra, con los hijos. Hay varias sugerencias prácticas para lograrlo: primero escuchar, luego preguntar hasta entender estando serenos  calmados, deforma que al otro perciba que nos importa e interesa. Al final alar nuestra opinión e ir acercándonos poco a poco a una solución consensada.

Esto por supuesto depende de la edad de las personas, no se usa este sistema con niños en brazos, pero si debemos tratar de comprenderlos a ellos y a todos para hacer de nuestro mundo un mejor lugar para vivir.

pedrobelloguerra@gmail.com

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Categorías:Cuentos para educar
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