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CAPITULO XVIII FORMAS DE APOSTOLADO

CAPITULO XVIII FORMAS DE APOSTOLADO

SUMARIO: 1. Ideal de la Acción Católica: Restaurar todas las cosas en Cristo. – 2. Formas de Apostolado: Apostolado de la conversación y del ejemplo. – 3, Apostolado del dinero. – 4. Apostolado del talento. – 5. Apostolado del carácter. – 6. Apostolado del libro. – 7. Apostolados al por menor y por mayor,.. – 8. La mujer y el apostolado.

 

1.-IDEAL DE LA ACCIÓN CATÓLICA: RESTAURAR TODAS LAS COSAS EN CRISTO.-

El Cristianismo encontró delante de su cuna tres poderes formidables: el poder de la fuerza, el de la inteligencia y el de la religión. Apenas nace, ya la fuerza quiere ahogarlo en su cuna y en su sangre; la inteligencia de sus enemigos esgrime contra él las armas vedadas del sofisma, y la religión pagana defiende sus dioses, halaga las pasiones, deifica los vicios y presenta a los cristianos como enemigos jurados del imperio.

Aquéllos fueron tres siglos de luchas y de triunfos, de combates y de victorias. Y cuando el Paganismo se gloriaba de haber borrado del mundo el nombre cristiano, Constantino izaba en el Capitolio el estandarte glorioso de la Cruz vencedora.

Y cuando aquel viejo imperio caía bajo el peso de sus propias iniquidades, porque había edificado sobre la arena movediza de sus pasiones, el Apóstol San Pablo propuso a los cristianos de su tiempo este programa salvador: “Restaurarlo todo en Cristo”.

Hay que restaurarlo todo en Cristo, hoy que un nuevo Paganismo quiere arrancar del corazón de la sociedad el último vestigio de la fe cristiana; como aquéllos, los paganos de hoy han deificado los vicios, rindiendo culto a la diosa razón, a la Venus de la lujuria, al Marte de la venganza, al Júpiter de la soberbia. En presencia de este nuevo paganismo debemos repetir la frase salvadora de San Pablo que hizo suya el gran Papa Pío X, “Restaurarlo todo en Cristo”. El mundo moderno ha apostatado de Cristo, lo ha desterrado de todas las actividades: del individuo, de la familia, de la sociedad, que son los tres elementos de toda civilización.

No sólo los individuos: los pueblos; no sólo los pueblos: los que mandan, los que gobiernan, se han separado de Cristo, Impera la apostasía de las naciones.

Por eso hay que cristianizar, hay que restaurarlo todo en Cristo, supremo ideal de la Acción Católica. Para esto es necesario el trabajo, la acción, el apostolado.

2.-FORMAS DE APOSTOLADO: CONVERSACIÓN Y EJEMPLO.-

Al apostolado han sido llamados por la Iglesia todos los seglares para que colaboren con la jerarquía. Y todos pueden ser apóstoles: el hombre o mujer, el niño o adulto, el noble o el plebeyo, el burgués o el proletario, la señora o la criada, el militar o paisano, el artista, el jornalero, el empleado, todos, cualquiera que sea la condición en que Dios los ha colocado en la sociedad. De esta manera pueden ser apóstoles, desde la humilde anciana que reza por las intenciones del Papa hasta el sabio que escribe obras en defensa de la Religión.

Veamos algunas formas de apostolado. El apostolado de la conversación, desde luego. Muchos dicen’ “Yo no sé hablar, no soy elocuente, no sé componer discursos. ¡Ojala se hablara menos y se hiciera más! Por lo tanto no os hace falta hablar bien ni ser elocuentes, ni pronunciar discursos. La conversación puede ser un gran apostolado. Se hablan tantas cosas inútiles, tantas cosas perversas. ¿Por qué no hablar cristianamente? Por la conversación se propagan las ideas y las ideas dominan el mundo. Bien sabemos que no sólo de pan vive al hombre: vive de ideas, de máximas, de verdades. Y hoy la lucha es de ideas, ya por la palabra, o por la pluma. Si esa persona tiene alguna autoridad, ¡cuánto bien puede hacer su conversación oportuna y prudente, cuántos males puede evitar, cuántas ideas puede despertar en la mente de los que le oyen y cuánto bien puede hacer a sus súbditos.

La conversación es un precioso medio de propaganda. Luego el apostolado del ejemplo, el más elocuente de los apostolados. Ya hemos hablado de él en el apostolado de la mujer. Ahora sólo algunas ideas sumarias. Cada católico puede ser un ejemplo viviente de la religión que profesa y un apologista de sus ideas. El que vive santamente es un gran maestro, dice San Gregorio. Si realiza su ideal religioso, ya en su vida privada como en su vida pública, ya en su vida profesional como en su vida de relaciones, contribuirá al apostolado lo mismo que aquél que escribe obras de apología en defensa de la religión.

Los primeros cristianos vencieron al Paganismo con la predicación del ejemplo. “Ved cómo se aman”, exclamaron los paganos. Y esa frase ha quedado consignada en la historia.

La palabra mueve, el ejemplo arrastra y persuade más que cien discursos y disertaciones. Nuestro Señor predicó con el ejemplo durante treinta años en Nazaret. Ejemplo de vida interior, de trabajo, de crecimiento espiritual. “Os he dado ejemplo” nos dice el Evangelio. “Que brillen vuestras obras para que glorifiquen al Padre que está en los cielos”.

El cristiano puede predicar siempre y con el ejemplo hacer hermosa obra de apostolado.

3.-APOSTOLÁDO DEL DINERO.-

Por el dinero, el cristiano puede ser un apóstol. Si sois rico, comprad ese título.

¡Qué cantidades se gastan por lograr algún título de nobleza! o un puesto en el parlamento, etc. ¿No hemos de pagar otro tanto para lograr el título de apóstoles de Dios, por lograr un puesto entre los séniores del Apocalipsis, por lograr un asiento, un trono en el reino de Dios?

Lo que otros gastan en programas, gastadlo en repartir libros buenos; con lo que otros gastan en comprar electores, comprad vosotros pobres para convertirlos; con lo que otros costean mil vanidades, construid una iglesia; las propinas que dais en los casinos, dadlas en las conferencias y patronatos. Lo que gastaríais en una recepción, gastadlo en una misión; en vez de sostener un periódico liberal, sostened un buen periódico o fundad un círculo de obreros. Y en vez de dar dinero a un cacique egoísta, dadlo al párroco para los pobres de su parroquia y sus obras de apostolado.

Haced el bien con vuestro dinero; sed pobres de espíritu y tendréis por recompensa el reino de los cielos.

4.-EL APOSTOLADO DEL TALENTO.-

Si Dios os ha colocado en esa cumbre, haced del talento que os ha dado, haced de él un apostolado. Poned vuestra carrera al servicio del apostolado y del bien espiritual. ¡Cuánto puede hacer un abogado discreto, un médico inteligente, un ingeniero cristiano, un oficial celoso!

En manos del médico puede estar, muchas veces, la salud del cuerpo y del alma. Puede curar las enfermedades físicas y morales. Y el abogado, médico de las enfermedades jurídicas y llagas sociales, y rompimientos domésticos, de injusticias, de fraude, de engaños, tiene muchas ocasiones para evitar pecados, evitar lazos de iniquidad, estorbar compromisos de infierno, aconsejar, reprender, corregir, obligar…

Y con su ejemplo, con su conducta, puede hacer buenos cristianos, puede predicar la honradez, la justicia, la delicadeza, lo mismo que un sacerdote. Y luego un profesor en su cátedra, un industrial, un ingeniero, ¡cuánto bien pueden hacer entre sus discípulos, obreros o dependientes! Ya mostrando severidad con los de mala conducta; ya prohibiendo ciertas conversaciones, ya fomentando actos religiosos, ya admitiendo visitas del sacerdote, ya despidiendo a los maleantes, ya alentando y premiando a los buenos y trabajadores. Poned vuestro talento al servicio del apostolado.

5.-EL APOSTOLADO DEL CARÁCTER.-

Este es uno de los pedestales más altos en que puede estar colocado el hombre. El carácter, feliz alianza de cualidades de entendimiento y corazón. Estos hombres llevan a cabo grandes empresas. El inventa recursos, funda nuevas asociaciones, sostiene las que existen, da vida a las que languidecen, y dondequiera pone su mano, hace brotar una corriente de vida.

Si entra en la política, dice un escritor, es Windthorsí.

Si está en el gobierno, es García Moreno.

Si escribe en la prensa, es Luis Yeuillot.

Si atiende a los obreros, es León Hannel.

Si se fija en los pobres, es Ozanam,

Estos son tipos de apóstoles, los que salvan un pueblo, los que conducen, los que libran del vicio, de la inmoralidad. Si Dios os ha dado eses dones, ponedlos al servicio del apostolado. “Cuando Dios da poca raíz y poca savia, es que quiere formar una yerba del prado; cuando da profundas raíces y abundantes savias, quiere formar un cedro del Líbano”, dice un escritor.

Habéis nacidos para cedros: no os quedéis en briznas del mezquino heno…

6.-APOSTOLADO DEL LIBRO.-

E1 libro tiene una importancia trascendental en la vida de los individuos y de los pueblos. Es el pan y alimento del alma y de la inteligencia. Si es bueno, produce salud, bienestar y gozo; si es malo envenena y mata. Los libros buenos, de sana doctrina, son vehículo de las ideas que hacen florecer la religión y la piedad. Son como elocuentes predicadores que van por todas partes anunciando la buena nueva, la buena doctrina, dan orientaciones, iluminan, fortalecen, forman santos, apóstoles y genios.

“Mucha ciencia lleva a Dios, decía Bacon, y poca ciencia aleja de El”.

En los libros se forjan los grandes caracteres, las voluntades férreas, los grandes estadistas y economistas. El gran Ribot llevaba y leía todos los días la Santa Biblia; el Presidente de Francia leía el Evangelio; el Conde de Mun, en sus viajes llevaba siempre los Ejercicios de San Ignacio; Franklin tenía siempre la Biblia a la cabecera de su cama.

Alfredo de Musset, hastiado de todos los placeres y vanidades del mundo, encontraba consuelo en la lectura del Evangelio, cuyas sagradas páginas humedecía con sus lágrimas, y a su lectura debe su retorno a la fe y su conversión a Dios. Laharpe retorna al hogar de su antigua fe, leyendo el Evangelio y la imitación de Cristo, y en los transportes de su dulce calma, exclamaba: “No he experimentado jamás una emoción más deliciosa que cuando repetía, anegado en dulces lágrimas, las palabras de la Imitación: “Hijo mío, yo vengo a ti porque me has invocado”.

El genio de Agustín cae derrotado a los pies de la Cruz, después de leer las Epístolas de San Pablo; la lectura de la vida de los Santos hizo de Ignacio de Loyola un Apóstol, un conquistador espiritual.

El apóstol seglar debe trabajar por todos los medios posibles, por propagar libros buenos, amenos, instructivos, y tratar de alejar a las almas de la lectura de libros malos, pornográficos, eróticos, sectarios, en cuya portada se podría escribir la frase del Dante: “Los que aquí entráis, perded toda esperanza…”

El mismo Rousseau anunciaba en su tiempo que naufragaba moralmente cualquiera que leyese sus obras. “No puedo mirar uno solo de mis libros sin estremecerme, en lugar de instruir, corrompo; en lugar de alimentar, enveneno, pero la pasión me extravía, y,  con todos mis  hermosos discursos, no soy más que un infame”.

Los enemigos de Cristo se consagran de lleno a la propaganda del libro impío, inmoral, doctrinario. En calles y plazas, en ciudades y aldeas, en escaparates y anaqueles, en Bibliotecas y puestos ambulantes, encontramos el libro anárquico, subversivo, la novela llamativa y todos a un precio increíble. Y nosotros qué nacemos? Demos al pueblo pan y Catecismo, como decía Le Play, y ese pueblo será feliz y retornará de nuevo a Jesucristo.

7.-APOSTOLADO AL POR MENOR Y AL POR MAYOR.-

¡Cuántos apostolados y qué pocos apóstoles! Van algunos apostolados al por menor. Se cuenta de un jefe de ejército que se solía rodear de los reclutas más cristianos para resguardarlos de los vicios, y los vigilaba, y corregía y castigaba cuando faltaban a sus deberes; de un matemático que se dedicaba a la enseñanza privada para tener ocasión de hacer bien a sus discípulos; de una criada que se fue a servir a una casa con el fin de convertir a un matrimonio; de una señora que se sirvió de una criada harto inútil para librarla de un peligro; de un militar que preparaba de sobremesa con su esposa los puntos de catecismo que ella había de explicar a los obreros; de un jefe de taller que fue sustituyendo, poco a poco, los obreros irreligiosos y viciosos por otros honrados y trabajadores; de unas ancianas achacosas que visitaban en la sala del hospital a unas mujeres viciosas y con sus conversaciones, con su paciencia, con sus ejemplos, las llevaron a mejor vida; de un empleado de ferrocarril que con su oportuna presencia en los viajes evitaba mil ofensas a Dios; de un caballero que se entretenía en ir esparciendo disimuladamente en sitios públicos y tranvías, opúsculos y hojas religiosas.

Y ese apostolado al por menor ¡cómo se diversifica!

Para las mujeres, puede ser el marido; para los señores, el criado; para los amos, el dependiente; para el maestro los discípulos; para los hijos, los padres; etc.

¿No tenéis un amigo incrédulo, un pariente, un condiscípulo que no van por buen camino, que leen libros prohibidos, que no cumplen sus deberes religiosos? Pues bien: siembre cada cual el pedazo de tierra que le rodea, riegue el árbol que le corresponde, cultive la vid que está a su lado. Cultive su huerto… Haga el bien. Sea apóstol.

Y los apostolados al por mayor… Ya es vuestro cargo, vuestra autoridad, vuestras facultades, todo eso convertido en palanca poderosa para elevar las almas y llevarlas al cielo.

Si tenéis autoridad pública, no sólo podéis sino que debéis hacerlo. Procurad la moralidad; evitad los abusos; corregid los vicios; dictad leyes sabias y prudentes; evitad la impiedad y el vicio que, como dice Mella, “son los dos cirios que iluminan con luz siniestra el sepulcro de las civilizaciones que se pudren”.

En una palabra: haced de vuestra autoridad, de vuestro talento, de vuestro carácter, de vuestro dinero, de vuestras actuaciones en todos los órdenes, un apostolado y salvad las almas. “Si ganáis un alma, decía un escritor, yo me río de las campañas de Napoleón y de los laureles de César y de las conquistas de Alejandro. Porque todas ellas no valen nada comparadas con vuestra campaña y con vuestra conquista”.

8.-LA MUJER Y EL APOSTOLADO.-

Ya hemos hablado del apostolado de la mujer y de la joven.

Ahora sólo algunas ideas. La mujer o puede ser instrumento de perversión o apóstol altísimo de la religión.

La mujer puede ser apóstol en su hogar como hija, como madre, como esposa. Y fuera de la familia puede realizar innumerables obras de celo.

No es su talento, ni su gracia, ni su elocuencia lo que triunfa; es su humildad, su perseverancia, su reserva de amor, su abnegación. Tolera, calla, sufre, espera, y logra al fin la victoria. Y muchas veces triunfa de los más fuertes, como Fabio de Aníbal.

“Ella anuncia en la casa los días de fiesta, dice Vilariño; hace guardar las vigilias y obliga a cumplir con Pascua; quema el libro obsceno, rompe el cuadro escandaloso, calma las tempestades, apaga, la blasfemia en los labios, extingue la incredulidad y las dudas, evita pecados y procura los arrepentimientos. Gana a su marido; educa y salva a sus hijos; se dedica a las obras de caridad y se convierte en misionera del pueblo. Llega al moribundo; descubre a la joven comprometida, a la mujer viciosa, a la familia desmoralizada, al infiel, al hereje. Y trabaja sin descanso por llevarlos hasta el sacerdote. Ella entra al palacio, sube a la bohardilla, visita el hospital, obliga al rico, prepara la misión, funda la escuela nocturna, edifica círculos de obreros, sostiene doctrinas, arregla matrimonios, salva familias, convierte herejes, deshace la propaganda del mal y siembra la semilla en el campo de las almas. ¡Cuánto bien puede hacer la mujer! Ponga todas las cualidades que le ha dado Dios al servicio del bien, del apostolado y ceñirá su frente con una corona de gloria en las alturas del cielo.

Vamos todos a trabajar porque todos podemos hacerlo. A trabajar y siempre a la “Mayor gloria de Dios”, lema, bandera y enseña de los Apóstoles de Cristo.

Tomado del Libro
“Apostolado Seglar y Acción Católica”,
Autor Pbro Luis Maria Acuña,
Edit Difusión, 2ª edición, 1953

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  1. octubre 1, 2013 en 4:23 pm

    no sirve me saque1.0

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