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El Incidente

El Incidente

EDUCAR HOY

POR PEDRO J. BELLO GUERRA.

Peridico AM, Queretaro, 07/12/08

 

Vivimos en una época demasiado agitada, en donde las prisas, la angustia y el estrés hacen presa de la gente volviéndola irritable, menos eficaz y a veces desconsiderada con quien le rodea, se diría, como dice el dicho, que “nos ahogamos en un vaso de agua”’ y hacemos grande cualquier pequeño incidente, lo mismo si alguien tropieza con nosotros, que si la cajera del banco tarda en atender a la persona que está delante nuestro, o si el tráfico es intenso y vamos a llegar tarde a un compromiso. Todo es prisas, todo urge, hasta aquellos sitios en que deberíamos estar tranquilos, atentos, concentrados y evitando cualquier interrupción, aún en esos lugares -conferencias, reuniones, misa- mucha gente sale disparada para contestar el celular en cuanto suena, porque urge atender a quien llama como es debido, aunque eso implique interrumpir la reunión en que nos encontramos -como si los asistentes a esa reunión, conferencia o acto de culto no fueran el objeto prioritario de atención en ese momento- para responder a llamadas generalmente intrascendentes.

También suele suceder que hacemos los problemas más grandes cuando un hijo reprueba una materia, cuando a mamá se le pasó un poco la mano con la sal en la comida, cuando el pantalón o la blusa preferida aún no está lavada, y qué decir cuando rompemos un objeto o tenemos un accidente en el auto nuevo…, en vez de preocuparnos por lo realmente importante que son las personas –lo demás son sólo objetos o resultados que se pueden arreglar-, le reprochamos a nuestro interlocutor sus ‘errores’ y ‘descuidos’.

No nos vendría mal de vez en cuando, recordar cuales son nuestras prioridades: nuestra familia y seres queridos, nuestro trabajo y quienes laboran con nosotros, nuestra comunidad…, y fortalecer día a día esas relaciones que dan sentido a toda nuestras acciones.

Una joven mujer regresaba a su casa en su coche, después del trabajo. Manejaba con suma precaución porque el coche era nuevo, flamante. Lo había sacado el día anterior de la agencia y lo había comprado con los ahorros, sobretodo de su esposo, quien había renunciado a muchas cosas para comprar ese modelo. .

En un crucero particularmente difícil, la mujer tuvo un momento de indecisión y con la salpicadera se fue contra la defensa de otro coche. La pobre mujer estalló en lágrimas. ¿Cómo podría explicar al esposo el daño hecho?

El conductor del otro auto fue comprensivo, pero explicó que tenían que presentar la licencia de conducir, la tarjeta de circulación y los datos del seguro al oficial competente. La mujer buscó los documentos en un gran sobre de plástico. Un pedazo de papel se cayó. Con decidida escritura masculina estaban escritas estas palabras: “En caso de accidente… recuerda, tesoro, que yo te amo a ti, no al coche”.

Ojalá y todos reaccionáramos así, ¿a quién no le gustaría tener un papá que ante un fracaso escolar nos da una palmada en el hombro y nos dice,” estoy seguro que con un poco más de estudio la siguiente vez obtendrás buenos resultados’; o cuando nos peleamos en casa o en la escuela, nuestros padres nos regañan haciéndonos ver que mediante la violencia no se resuelven los conflictos, y después de pedirnos que nos disculpemos y hagamos las paces, nos dan un abrazo o un beso y nos dicen que nos quieren…; y, desde luego, ¿qué esposa no desearía tener un marido como éste para quien lo más importante es ” su esposa ‘ y no” su coche?’, y se lo hace saber no sólo con un recado sino con un abrazo y un “¿tú estás bien?, eso es lo único que importa, lo demás lo resolveremos”.

La vida está llena de ‘incidentes’ como el de la señora del cuento, pero ¿estará llena de personas comprensivas y que tienen claras sus prioridades como el marido?

pjbellog@colegíoalamos.edu.mx

Categorías:Cuentos para educar
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