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CAP XIV APOSTOLADO DEL JOVEN CATÓLICO

CAPITULO XIV APOSTOLADO DEL JOVEN CATÓLICO

 

SUMARIO: 1. Ideal de un hombre de acción. – 2. £1 Joven católico y su posición en el apostolado. – 3. La formación religiosa, moral, profesional, intelectual y social. – 4. Ideales de la juventud. – 5. Compañero de viaje. ¡Juventud, adelante! ¡Os pertenece el porvenir!

1.-IDEAL DE UN HOMBRE DE ACCION.-

Es hora de trabajar, es la hora de los grandes trabajos. Trabajemos. La impiedad ha asestado rudos golpes a la Iglesia y a sus obras. Es el tiempo de restaurarlas. Por todas partes han pasado los destructores; que se presenten ahora los reconstructores. Faltan jefes y faltan obreros. Dorada está la mies en el trigal divino: hay que segarla.

Se necesitan hombres de decisión, hombres de acción que arrastren, que enseñen a triunfar de los obstáculos. Esos hombres existen. ¿Cuáles son ellos? El hombre de acción es aquél que está dotado de una actividad ardiente, vigorosa; de una voluntad fuerte; impaciente de obrar, de querer. Es el hombre de claro espíritu que ve prontamente el fin que hay que alcanzar: el hombre de espíritu justo y práctico que aprecia de un golpe de vista los medios apropiados; es el hombre de tacto y oportuno que conoce bien el medio y el momento; que sabe contemporizar para esperar la hora y se sobresalta desde que suena aquélla. Es el ser que no obedece a otra palanca que a la verdad, la justicia y el derecho; que no tiene otro amor que el bien y la honradez; es intrépido, que no duda jamás, porque conoce la verdad, la justicia y el bien siempre invencibles.

He aquí el hombre de acción. He aquí el hombre que arrastra a los demás hombres y que les hace producir un fruto, que no parecían capaces de rendir. La mirada de hombre se baña en la luz; mira y sabe ver. Ve la obra que hay que ejecutar. Es difícil, casi imposible. Pero entonces, dominador, calla y observa. Leemos en Víctor Hugo: “Dondequiera que iluminan los rayos del mediodía, si la roca forma una pequeña hendidura, allí va el trabajador, cargado de bolsas y espuertas de tierra, y en esta tierra, en Pro-venza, planta un olivo; y en el Rhin planta una cepa.

De la misma manera, el hombre de acción observa donde hay una empresa que acometer. Ve las hendiduras sobre las cuales podrá echar bolsas de tierra. Ve el sol que prestará su calor. Ve el olivo que podrá plantar aquí, y la cepa que podrá plantar allá. Ve al mismo tiempo la fatiga que producirá este esfuerzo y de antemano siente la pesadumbre; pero el bien general le reclama y acepta entonces el sufrimiento.

Ve que nada puede hacerse sin sufrimiento, sin sacrificio. Ve todo esto y se atreve. Y acepta el peso del trabajo y de las responsabilidades. Se atreve y comienza. Da un paso; Dios da ciento. Sobreviene una dificultad; Dios la resuelve.

Extiende la mano y Dios ejecuta la obra. Hay que tener fe en Dios. ¿Hay que reconstruir? Entonces se atreve a reconstruir. Hay que atreverse a todo cuando se trabaja por la verdad, la justicia y el derecho. Tanto mejor si se sucumbe. San Pablo sucumbió y ésa es su gloria.

“Si el crimen es vergonzoso, no lo es el cadalso”, dice Corneille.

Por cada uno que sepa morir se presentarán dos. Los ejemplos de heroísmo hacen nacer valientes. Sí, es preciso reconstruir. La impiedad no ha dejado más que ruinas. Nosotros, en lugar de ruinas edifiquemos un monumento.

“Señor: habéis abierto vuestras manos y han caído los soles, en las inmensas extensiones del espacio, como cae el grano de las manos del labrador; Padre, que habéis derramado rosas a manos llenas en los jardines y estrellas en la noche”, dice bellamente Ernesto Helio. Padre: a vuestras obras devastadas enviad alas de voluntad enérgica, de clara inteligencia que reconstruyan en un plan más hermoso, más majestuoso aún que el primero, todo lo que ha sido destruido.

El Padre de familia nos llama a trabajar. Si saliese todavía a la plaza pública vería cuántos obreros no hacen nada bueno ni nada útil, y los enviaría a trabajar. Hacen falta brazos, pero ¡no falta Dios!

2.-EL JOVEN CATÓLICO Y SU POSICIÓN EN EL APOSTOLADO.-

Os he mostrado al hombre de acción. En ese ideal debe plasmar la juventud católica sus actividades de apostolado.

¡Juventud, vida, acción!   eso sois vosotros.

Flor de vida, de esperanza, preparáis el porvenir. Ese porvenir depende de vosotros. Se ha dicho que en la guerra que hundió tronos y borró fronteras, triunfó la juventud y entonces ella se ha formado conciencia de su fuerza, de su personalidad; es capaz de cambiar la faz del mundo.

Pero hay juventudes arrastradas por los caballos del deportivismo o por los alados corceles del espíritu, en frase de un escritor.

Los primeros, rodean al joven de un ambiente de materialismo que aprovechan los enemigos de la Iglesia para disminuir sus fuerzas espirituales. A esos jóvenes se les puede decir la frase de la parábola: “¿Qué estáis haciendo aquí todo el día ociosos? Porque en el campo católico son fuerzas desaprovechadas e inútiles. Junto a esa juventud vive otra, espiritual y trabajadora, porque tiene un ideal espiritual, sólido, inmutable como lo divino.

“Todos los otros ideales van cayendo uno a uno; los años los desmoronan. Pero el ideal del joven católico fundado en la peña viva de la Iglesia de Jesucristo, vive perenne y es eterno”.

A esa juventud nos dirigimos.

“La Acción Católica juvenil es, en concreto, toda la Acción Católica”, decía un ilustre purpurado italiano. Y él mismo lo comentaba. “Hay que convenir que los jóvenes de la post-guerra, de lo muchísimo que hacen, mucho lo hacen bien. Parece ser que sus facultades, sus iniciativas, su comprensión que antes estaban como dormidas y atadas, se hayan despertado y soltado. Queda, es cierto, el defecto de la edad y la falta de experiencia, pero es un defecto que se corrige todos los días”. Y continúa el Excmo. Sr. Nuncio en Madrid: “La Juventud católica es, en concreto, toda la Acción Católica”.

Y al decir, el Excmo. Sr. Nuncio en Madrid: “La Juventud Católica es, en concreto toda la Acción Católica”, no quiso significar la inactividad e ineficacia de tantas organizaciones adultas, pero es repetir la palabra del Cardenal Gibbons: “Que si la organización de adultos ha de ser el cerebro pensador, la juventud representa el brazo y toda la energía desplegada en la lucha”. Además el joven siente ansias de lucha, y oye la palabra de Cristo: “El que tenga sed quo venga a Mí y beba”. Y el joven va, y bebe del agua que brota de la peña que es Cristo.

¿Y cuál es el campo de la Acción Católica juvenil?

En la asamblea de Charleroi de la Acción Católica de la juventud belga, se definía así: “Su campo es el que por manos divinas fue confiado a la misma Iglesia. No traspasará sus fronteras, pero tampoco perderá un palmo de terreno. Allí donde la religión es combatida, allí se toma ella el encargo de formar escuadrones de combate”,

¡El campo de la Iglesia! Palabra audaz, propia para entusiasmar a una juventud que contempla la mies que amarillea.

“Pero hay que guardarse de un error, dice Mons. Tedeschini, que puede infiltrarse fácilmente como se infiltró en otras Apartes, donde tanto perjudicó a la Acción Católica que la mató; error que consiste en creer que el fin predominante de la Juventud católica pueda ser profesional. No; vuestro fin primario, sustancial, esencial y hasta único, en razón de su importancia, no puede ser sino espiritual, es decir: la formación espiritual, religiosa y moral de los jóvenes; y después, como complemento, la intelectual, social y profesional. Juventud Católica es Acción Católica”. “Acción Católica es la que se rige con principios católicos, tiende a la formación católica y está bajo la dependencia de las autoridades católicas. Asociaciones que no tengan estos principios, ni estos fines, ni esta dependencia, no son asociaciones católicas, ni forman parte de la Acción Católica; serán, cuanto más, asociaciones inspiradas en los principios católicos, pero de ellas no responde ni las puede hacer suyas la Autoridad católica”.

3.-LA FORMACIÓN RELIGIOSA Y MORAL PROFESIONAL, INTELECTUAL Y SOCIAL.-

E1 fin primario de la juventud católica es formarse, y formarse espiritual-mente. Tener una conciencia cristiana exquisita, según la palabra de Benedicto XV. El ideal es que se formen conciencias cristianas, libres de errores, que mantengan siempre recta la bandera de la fe. Se ha dicho que formarse es el arte de las artes; porque formar el hombre no es modelar el corazón y pulir el entendimiento, sino modelarlo todo. Inteligencias formaba Sócrates en sus silencios y discursos, las formaban los peripatéticos en sus paseos de estudio… pero hombres no los formaban. Y así los vicios reinaban en los corazones de sabios e ignorantes.

“Hay que formarse espiritualmente, dice Tedeschini, según tres espíritus que os llevarán como en alas de gracia: el espíritu de fe, el espíritu de oración y el espíritu de sacrificio”.

Formarse en el espíritu de fe, porque ésta es una asociación católica que nada tiene de humana en su esencia, en su constitución, en sus medios y en sus fines.

Formarse según el espíritu de oración, porque es lo que necesitamos y para lo que no tenemos fuerzas equivalentes, por ser un don de orden superior a nosotros, y ese orden es el orden sobrenatural y de la gracia divina, que hay que pedir y sólo se pide orando.

Formarse según el espíritu de sacrificio, porque el apostolado, la constancia, la vida en Cristo, son alejamiento de todo lo que es mundo; son reacción contra todas las tendencias del exterior, de las compañías, del medio ambiente humano que nos rodea.

Luego la formación moral. Inútil un fundamento a la educación moral fuera de la religión. Ya la época en que se fundaba la moral en “los predicados de la conciencia universal” y otras frases por el estilo, desapareció. La moral se ha de apoyar en la religión o no existe. Y esa moral que supone el vencimiento continuo de las pasiones siempre en continua rebeldía, supone asimismo la formación de un carácter entero y varonil, fin supremo y universal de toda educación. Sin esfuerzo continuo, cual es el exigido por la religión cristiana, que ve en nosotros los dos hombres, el hombre pecador y el hombre de la gracia, no hay carácter; como tampoco lo hay sin que todas las actividades se concentren y giren alrededor de un ideal sólido y eterno, que no puede ser otro que Jesucristo.

Acerca de la formación intelectual, social y profesional, dice Mons. Tedeschini: “Formación cultural, intelectual, porque no es lícito a nuestros jóvenes católicos ignorar nuestro patrimonio religioso, nuestra doctrina, la constitución y la historia de nuestra Iglesia, nuestras glorias artísticas, nuestros santos y nuestros héroes, nuestros escritores, nuestros ascetas, místicos, navegantes, descubridores, conquistadores y colonizadores; para poder con estos auxilios, como con la armadura fortísima de todos los siglos, defender lo que tenemos de más sagrado e invulnerable: la honra y los méritos de nuestra Madre la Iglesia, y de la que también es nuestra madre: la Patria católica”.

Formación social después y en la ciencia social; este arte, clasificado en nuestros tiempos como nuevo, es un arte antiguo como antiguo es el Evangelio; arte que abarca todos los problemas que la edad nueva suscita y todas las dificultades que agitan a la masa social; arte con el cual lograremos tener orientaciones en la confusión babilónica de los que con sus intentos pretenden dar nuevos derroteros al mundo, nuevo rumbo a la sociedad, nuevo decálogo a los derechos y a los deberes, y nueva solución a todos los problemas que nos mantienen en una situación de espanto, de angustia y de temor: todo eso comprendido en la enseñan/a sencilla, clara y universal de la Iglesia, única Maestra de todas las cuestiones referentes a los individuos y a los pueblos, odiada por la vana ciencia social del mundo, que a sus luminosas verdades ha sustituido perniciosos errores; Maestra que aunque no fuese más que con la “Rerum Nova-rum”, ha enseñado con tanta luz y tan concentrado esplendor, que todas las mariposas de los sistemas de todos los tiempos tendrán que girar en torno de ella, y acabar por caer en su ámbito, si quieren, al fin, en algo acertar.

Formación profesional, en fin, porque, compuestos de alma y cuerpo y nacidos para vivir en este mundo, justo es que cuidemos de nuestros legítimos intereses y los cuidemos con la ayuda tan poderosa de la Iglesia y la cooperación de las organizaciones invencibles que en ella se inspiran; y justo es que como se pedía a Cristo el alimento del alma y el alimento del cuerpo, pidamos a la Iglesia, defensora de todo lo justo, amparo en nuestros derechos y guía en nuestras reivindicaciones; lo cual la Iglesia, aunque fundada para los espíritus, suele, sin embargo, prestar con tanto éxito, cual si sólo hubiera sido instituida para nuestro bien temporal.

4.-IDEALES DE LA JUVENTUD.-

“Feliz el hombre que teniendo un ideal logra sacrificárselo todo” dice Pas-teur. Por desgracia, en nuestro siglo ya no se conoce la pasión por el ideal. En la mayor parte de la juventud contemporánea parece dominar la vulgaridad y la medianía; arrastra una existencia vacía, tanto de sentimientos como de ideas y jamás saca su vida de las hondonadas donde se arrastra. No sólo carecen de ideal esos jóvenes sino que se burlan de él.

Estas injurias contra el ideal son verdaderas injurias contra la inteligencia, decía Fouillée. Seguramente la ostra… no tiene ideal; pero tampoco tiene ciencia ni filosofía. Desde el punto y hora en que se realiza labor inteligente, se distingue, se clasifica, se aprecia y se calcula.

El resplandor ha desaparecido de los ojos de la generación contemporánea. Escribía Daudet: “Un viento de cementerio sopla sobre nuestro siglo; se aspira la muerte desde un extremo al otro de Europa”.

No; un cerebro de veinte años necesita un ideal, grande y noble para entregarle el alma con todas sus potencias, capaz de hacerle digno de cumplir su misión; porque sólo él puede hacer de él un hombre de voluntad enérgica, de carácter sólido y duradero como el granito de las montañas y firme como el acero.

Es necesario mostrar a la inteligencia lo que debe pensar, a la voluntad lo que debe querer; es necesario dar un objeto preciso a la vida. Tener un ideal es tener una razón para vivir, ha dicho Bourgeois. Es también un medio para vivir una vida más amplia y más elevada.

Tened siempre ante vuestros ojos un ideal; contempladlo, estudiadlo, dejaos absorber por él, amadlo con pasión, con verdadera locura. Entonces, desplegadas todas las velas, emprended confiadamente la navegación. Es el único medio de ser algo y ser alguien en el mundo. “Un hombre no vale nada si no profesa Una ardiente devoción al ideal”, escribía el presidente Roosevelt, en “La Vida intensa”.

Por eso ¡tened un ideal! ¿Cuál debe ser? Aquél de que habla el ilustre político español Francisco Cambó: “Únicamente con la restauración de los valores morales y con la convicción de que el hombre en esta vida es algo más que estómago y médula, puede salvarse la sociedad. Y el ideal que ha de salvarla es un ideal patriótico para la vida presente y un ideal religioso para la vida futura”.

¡Qué bellas palabras! Un ideal patriótico, un ideal religioso.

Tened ese ideal. No sólo debéis tener un ideal: también debéis colocarlo muy alto en las luchas que os aguardan. Habéis comenzado el combate, larga es la jornada, lleno de polvo está el camino, abrasador es el sol. Pero recordad el grito del poeta americano: ¡Excelsior! siempre más arriba. ¡A la cumbre, al ideal!

Colocad muy alto vuestro ideal en medio de tantas cobardías morales, de tanto apocamiento de caracteres, de tantos tránsfugas miserables.

Hoy vemos desgraciadamente a una juventud que apenas pasa los umbrales del colegio, se olvida de su fe y vuelve la espalda al sacerdote que puso a su servicio inteligencia, voluntad, corazón, toda su vida; hoy vemos a una juventud que tiene miedo de vivir, miedo de sus convicciones religiosas… ¡Oh, el Nerón del Miedo! de que ya hemos hablado. Poned muy alto vuestro ideal en medio de las cobardías morales, más alto que los astros.

Un ilustre Prelado francés felicitaba al gran sabio Leverrier por el descubrimiento del planeta Neptuno y le decía estas palabras: “De este modo habéis colocado vuestro nombre a la altura de los astros”. “Monseñor, contestó Leverrier; espero colocarlo algo más arriba”…

Más arriba que los astros: colocad a esa altura vuestro ideal. Y defendedlo en las luchas morales que tenéis que sostener. El mundo vive de mentira, vive de la esclavitud. Hay cadenas para la inteligencia, para el corazón, para las actividades, para la conciencia. El mundo es un mundo de esclavos que arrastran la cadena. Sed almas libres, hay en el mundo algo que brilla y algo que quema; lo que brilla es el lujo, la belleza, la riqueza, el poder, la carcajada; lo que quema: la pasión, la envidia, el remordimiento, el orgullo. ]¡Qué lucha debéis sostener! Sólo vuestro ideal religioso os hará triunfar, sólo la religión sentida y vivida. Que ese ideal sea el mentor que os acompañe corno a Telémaco en la travesía de los mares, si no queréis señalar la primera etapa de vuestra vida con un naufragio moral.

Finalmente haced de ese ideal un apostolado, cooperando con la Jerarquía en las nobles actividades de la Acción Católica.

Esto es hermoso: siendo apóstoles del bien, evangelistas de la verdad, sacerdotes del ideal. Subid a esa cumbre y llena quedará vuestra vida.

5.-COMPAÑERO DE VIAJE, JUVENTUD, ADELANTE, OS PERTENECE EL PORVENIR –

Hay una hermosa página en el Evangelio. Los discípulos de Emaús se dirigen a su castillo y se les aparece un hombre de dulce fisonomía. -¿Qué pláticas tratáis entre vosotros -les dice- y por qué estáis tristes?” Cleofás le dijo: -¿Eres forastero en Jerusalén que no conoces lo que allí ha pasado en estos días? -¿Qué ha sucedido?, preguntó el desconocido. Y ellos respondieron: -A Jesús Nazareno que fue un varón profeta, poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo, los sumos sacerdotes y nuestros príncipes le entregaron para ser condenado a muerte y le crucificaron.

Nosotros esperábamos de El la redención de Israel, y he aquí que han pasado tres días desde que han acontecido estas cosas… Todo ha terminado y ya nada hay que esperar. El Maestro a quien tanto amábamos está muerto para siempre. -¡Oh necios y tardos de corazón!- replicó el desconocido -. ¿Así comprendéis lo que los Profetas han dicho de vuestro Cristo? Pues ¿no era necesario que Cristo padeciese estas cosas y así entrase en su Gloria?.. .

Y caminando.. . llegaron a Emaús; las sombras ya obscurecían los lejanos horizontes y entonces los discípulos dijeron: -“Quédate con nosotros, porque se hace tarde y está ya declinando el día”.

Y entrando en el castillo, fueron a la mesa, y, al partir el pan, conocieron que era el Señor.. . Y entonces dijeron los discípulos: -¿Por ventura no ardía nuestro corazón dentro de nosotros cuando en este mismo camino nos hablaba y nos explicaba el sentido de las Escrituras?”

Esta admirable página del Evangelio parece arrancada al libro de nuestra propia vida. Todo va bien cuando el Maestro está a nuestro lado. Hay luz, hay paz. Pero hay horas en que Jesucristo parece ocultarse…

Entonces el día declina rápidamente y una mortal tristeza se apodera de nosotros. Y entonces las pasiones nos atenazan, la ley divina se cubre de sombras, el cielo se cubre de nubes; nuestros ojos no ven al Maestro. Otras veces cae la noche negra y fría. No nos desconciertan las injurias de que Jesucristo es objeto, así como los sufrimientos de la Iglesia. El mundo entero se ha levantado contra ello. “Nosotros también esperábamos la redención de Israel”. Pero parece que Cristo-Rey se ha eclipsado para siempre.

En estas horas tristes debemos decir con los discípulos de Emaús: “Quédate con nosotros, porque ya se hace tarde y el día declina”.. .

¡No nos abandonéis! Peregrinos del camino de la eternidad, necesitamos sentiros a nuestro lado. Caminad con nosotros; sostenednos en la lucha; curad nuestros pies ensangrentados en los guijarros del camino; consolad nuestro corazón entristecido.. . cuando las espinas de los zarzales le arranquen a jirones sus amores y sus ensueños…

“Quédate con nosotros, Señor” porque ha caído la tarde de la vida, han caído las sombras sobre el mundo, las sombras del vicio y del error; porque ya viene la noche, el frío glacial del egoísmo que reina en el corazón de esta sociedad. Quédate con nosotros que necesitamos de tu palabra orientadora, palabra de luz y de amor que guíe los destinos de esta sociedad donde reina la inquietud, que preside los destinos de los pueblos que buscan anhelantes la paz que brotó de tus labios, la justicia y el amor que palpitan en tu Corazón divino… “Quédate con nosotros, Señor” ¡porque han caído las sombras sobre el mundo, la negra noche del Dolor… sobre las almas… ¡Juventud Católica!: ahí tenéis a vuestro compañero de viaje.

Y ahora os diré con el Conde de Mun: ¡Juventud! Adelante… os pertenece el porvenir. Trabajad en el apostolado de la Acción Católica; consagrad a Dios las primicias de vuestra vida, todo el perfume de vuestro corazón; y entonces, un día, los que ya hemos descendido de la cumbre de la Juventud, tendremos la gloria de vivir la hora de las grandes almas…

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