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El anillo mágico

El anillo mágico

Pedro J. Bello Guerra

Periódico AM, Querétaro 231108

 

A quién de nosotros no nos gustaría poseer un objeto mágico que nos cumpliera nuestros deseos, en o especial las riquezas, los placeres o el poder; por ello muchos cuentos e historias fantásticas nos hablan de lámparas con genios dentro, hadas con varitas mágicas, zapatillas encantadas, llaves mágicas que abren puertas a otras dimensiones, pulseras, collares, máscaras, ídolos, cristales, anillos…

Incluso hoy en día hay personas que confían su vida y su futuro en la magia o en la superstición, lo mismo en las cartas, que en una pata de conejo, un trébol de cuatro hojas, o un cristal de cuarzo al cuello, como si esos objetos pudiesen protegernos de los males y atraer la buena suerte.

Un rey convocó al palacio a todos los magos de su reino y les dijo:

-Quisiera ser siempre un ejemplo para mis súbditos y aparecer fuerte y seguro, tranquilo e impasible en las vicisitudes de la vida. A veces estoy triste o deprimido por un hecho infausto o por una desgracia inevitable. Otras veces una repentina alegría o un gran acontecimiento me ponen en un estado de euforia anormal. Todo esto no me gusta. Me hace sentir como una hoja sacudida por los altibajos de la vida. Háganme un amuleto que me salve de estos estados de ánimo y estas alteraciones de humor, tanto los tristes como los alegres.

Uno tras otro, los magos se rehusaron. Todos sabían hacer amuletos de todos los tipos para incautos que iban a ellos, pero no era cosa fácil engañar aun rey que, además, quería un amuleto con efectos tan difíciles.

La ira del rey ya estaba por explotar cuando habló un viejo sabio:

-Majestad -dijo-, mañana yo mismo te traeré un anillo que cada vez que lo mires te cambiará el humor: si te sientes triste, te pondrá alegre, y si estuviera eufórico, te calmará. Bastará para eso que tú leas la frase mágica grabada en él.

Al día siguiente volvió el anciano sabio y en el silencio general, porque todos querían conocer la frase mágica, ofreció al rey el anillo. El rey lo tomó y leyó la frase grabada en el aro de plata: “Esto también pasará”.

Quizá un consejo muy sano es el del sabio del cuento que en vez de buscar un objeto mágico nos brinda la oportunidad de la madurez y la virtud como medios para afrontar los retos al permitirnos dimensionarlos acontecimientos buenos y malos de nuestra vida. Ante la vanagloria y soberbia del que se siente invencible en sus triunfos, cabe recordarle la moderación, prudencia y humildad de quien tiene la certeza que “todo eso pasará” y vendrán tiempos difíciles. Por su parte, al afligido y triste por una pena o fracaso cabe animarle con la misma frase “todo eso pasará”’, y vendrán tiempos mejores.

Pero si tanto los acontecimientos buenos como los malos pasarán ¿Con qué nos quedamos? Esa es quizá la pregunta clave; no quedamos con el fruto de nuestras acciones y nuestras decisiones, si en la vida nos esforzamos por ser buenos como hijos, padres, ciudadanos, e hijos de Dios; si nos preocupamos por brindar amor, tiempo, apoyo, paciencia, recursos y cuanto sea necesario a nuestra familia y seres queridos, y la solidaridad, ayuda y participación social responsable a nuestra sociedad y a los menos favorecidos, ciertamente nos habremos quedado con mucho, aunque no nos lo hayan reconocido con un premio, lo que cuenta es aquello con que nos quedamos: la virtud, la bondad, y la satisfacción por el deber cumplido.

De igual manera, si en la vida nos ha tocado sufrir enfermedades, pobreza o injusticias; todo eso pasará algún día, pero debemos tener cuidado de con qué nos quedamos, hay dos caminos, por un lado está el del resentimiento, el enojo, la desilusión, la tristeza y el conformismo; por otro está el esfuerzo diario por levantarnos de las contrariedades, de sonreír ante nuestros seres queridos a pesar de los problemas, el deseo sincero y empeño por superar los obstáculos, y hasta la lucha frontal, pero por medios lícitos, por combatir la injusticia… en pocas palabras vuelve a surgir la virtud, la bondad, el amor, pero desde la cara de la esperanza, de la fortaleza que resiste las contrariedades y las combate, o las acepta con la cara en alto y con la certeza de que en la intención y esfuerzo está el verdadero triunfo y no tanto en los resultados.

Categorías:Cuentos para educar
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