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CAPITULO XII APOSTOLADO DE LA MUJER

CAPITULO XII APOSTOLADO DE LA MUJER

 

Libro “Apostolado Seglar y Acción Católica”, Autor Pbro Luis Maria Acuña, Edit Difusión, 2ª edición, 1953

 

SUMARIO: 1. a) Actuación de la mujer en la sociedad. Todo reclama el apostolado. Su necesidad. – 2. b) Diversos apostolados: la oración, la palabra, el ejemplo, apostolado religioso, social. – 3. c) La mujer en el Evangelio. Su brillante actuación. Ha sido heroína, mártir, apóstol. Su actuación en la moderna sociedad.

1.-a) ACTUACIÓN DE LA MUJER EN LA SOCIEDAD. –

En las nuevas transformaciones que se preparan en la sociedad, la mujer cristiana tiene una nobilísima misión que cumplir: ella debe guiarla por la senda del Evangelio y por los caminos de la luz… No podéis permanecer sentadas junto a los sepulcros y llorar sobre sus ruinas. Para llorar y gemir hay ya bastantes corazones desgarrados. Vosotras debéis velar junto a las cunas y salvar a la nueva sociedad.

Así hablaba Montalembert a la mujer francesa y así es necesario hablar a la mujer cristiana, hoy que el enemigo ha desplegado el estandarte de la negación, y de la impiedad y pretende arrancar a Cristo de las conciencias, de los corazones, de las almas.

Cuando el enemigo que amenaza al mundo es la fuerza, dice un ilustre orador, llámese Atila o Mahomet, Dios dice a los guerreros: ¡combatid! Cuando el enemigo es la herejía, llámese Arrio, Lutero o Voltaire, Dios dice a los genios: ¡tomad la pluma y luchad! Pero cuando el enemigo amenaza a Jesucristo, a la Iglesia, a la sociedad, el espíritu de Dios sopla sobre las almas para decirles: ¡salud al encuentro del enemigo cargados con los tesoros de la caridad, y triunfaréis por el amor!

¡Oh mujer cristiana! personificación de la caridad y del amor. Levantad vuestros ojos y tended la vista por el vasto campo del apostolado religioso y social.

“La mies es mucha, pocos son los operarios”.

El egoísmo hiela los corazones y mata las almas. La sociedad sufre en su opulencia, se agita, cual enfermo en lecho suntuoso. Está perdida por el corazón, porque se ha separado del que es la luz, del que es la vida, del que es el Amor.

Esto reclama el apostolado fecundo de la candad. La sociedad marcha entre tinieblas, porque se ha separado de Jesucristo que es la Verdad. El enemigo ha pasado sembrando la cizaña del vicio y del error que tienen sus apóstoles y un trono en los corazones. Esto reclama el apostolado del ejemplo, el apostolado de la verdad. El campo social ha caído en manos del hombre enemigo de que habla el Evangelio. Se destierra a Cristo del individuo, de la familia, de la sociedad, de la vida pública, del templo de las leyes.. .

Esto reclama el apostolado de la defensa, el apostolado de la conquista. ¡Qué hermosos apostolados! Levate oculos vestros.., ¡Levantad vuestros ojos! “La mies es mucha; pocos son los operarios”.. .

El hombre tiene hambre y sed de justicia, hambre de paz y de amor, porque no conoce a Aquél que es la justicia, que es la paz y que es el amor. El hombre se ha vuelto de cara a la tierra, se ha materializado. Y todo lo ha probado esta sociedad: la crueldad, la sangre, la voluptuosidad, la riqueza, la fuerza… Hoy le propone Cristo la prueba del amor, la que nadie ha intentado y la única que puede salvarlo. ..

Es necesario llevar a Cristo a las inteligencias, a los corazones, a las almas; es necesario ser apóstoles, el eco de su voz, su imagen hecha viviente, como la prolongación de sus latidos divinos.

El católico de hoy no puede guardar su fe en el secreto de su conciencia o en el seno de su hogar. Debe salir con esa antorcha a iluminar las inteligencias y a encender los corazones. “Somos hijos de la luz y debemos caminar como hijos de la Luz”, dice San Pablo.

Debemos esgrimir esas dos armas que han obtenido más victorias que las huestes napoleónicas: el arma de la verdad y el arma de la caridad. Y la mujer es la personificación de la caridad. Ella debe difundir en su vida, sus irradiaciones de amor.

Si el hombre es idea, ella es el sentimiento; si el hombre es inteligencia, ella es el corazón. La mujer debe ser apóstol, se debe al cristianismo. Ella ha colocado en su frente, la triple corona de Virgen, esposa y madre. ¡Oh mujer, aprende a conocer tu grandeza y los destinos que te ha confiado Dios! Tu misión comienza con Jesucristo que te redimió en el orden espiritual y en el orden social; tu misión recibe un bautismo de sangre en el calvario donde está de pie una mujer como personificación del amor y como ideal del dolor; y tu misión recibe la unción de la gracia en el cenáculo, donde una mujer, la Virgen María, es el alma del colegio apostólico.

2.-b) DIVERSOS APOSTOLADOS: PALABRA, ORACION, EJEMPLO, ETC.-

La mujer, pues, se debe al cristianismo, debe ser apóstol. Y ahí tenéis diversos apostolados en que podéis ejercer vuestra actividad. El apostolado de la palabra, de la oración, del ejemplo, el apostolado religioso y social.

El apostolado de la palabra. Poco es una palabra; podemos ser apóstoles, podemos hacer el bien, podemos llevar las almas a Dios y ganarlas para Cristo. Una palabra en el seno del hogar. ¿No hay en vuestra familia un alma extraviada, un corazón indiferente? Una palabra en el seno de la amistad. ¿No tenéis entre vuestros amigos un espíritu que vaya buscando luz, que vaya buscando la verdad? Pues basta una palabra, muchas veces, para arrojar la semilla, para encender la luz y para volver al buen camino a muchos hijos pródigos. Los que no se rinden con la palabra del sacerdote o con la enseñanza del buen libro, no resisten las insinuaciones cariñosas de la amistad.

Una palabra en el seno del pueblo. ¿No podéis enseñar, no podéis corregir? ¿No podéis hacer el bien a esos pobres que no conocen a Dios y que llevan una vida materialista? Muchas veces podéis llegar vosotras adonde no puede llegar el sacerdote, podéis hacer oír vuestra voz allí donde no se oye la voz del ministro del Evangelio. Podéis ser apóstoles, cooperadoras del sacerdote en la salvación de las almas.

¿Y qué decir de los centros obreros, de las fábricas? ¡Cuánto bien puede hacer en ellos un alma encendida en las llamas del apostolado! Apostolado de la oración. La oración atrae la gracia y la gracia salva y vivifica ¿No podéis pedir en vuestras plegarias por la difusión de la verdad, la extensión del reino de Cristo?

Santa Teresa desde su celda convirtió tantas almas como los misioneros que predicaban a Cristo en medio de las selvas.

El apostolado del ejemplo es el más elocuente, el más necesario de los apostolados. Vuestra vida debe ser una predicación constante. Los hombres son persuadidos, más que por la palabra, por el ejemplo. Debéis vivir vida de fe y en conformidad con los principios de vuestra fe. No como tantos cristianos que tienen fe de cristianos, pero que llevan vida de paganos; que sirven a Cristo en la penumbra del hogar y le niegan muchas veces en la vida social.

Esos cristianos hacen mayor mal a la religión que la acción de sus propios enemigos. Los primeros cristianos vencieron al paganismo con el ejemplo de su vida. Arrancaron al paganismo esta frase que es toda su apología: “Ved cómo se aman”. Y los paganos fueron convencidos, más que por la virtud de los milagros, por los milagros de la virtud…

El apostolado religioso, sea de prensa, de catequesis, de cristianización de las familias, el apostolado de la educación, de la caridad, el apostolado social en sus diversas formas, acción en los talleres, fábricas, etc.

Sobran los apostolados, pero faltan los apóstoles, Messis quidem multa… Pero la mujer cristiana puede ejercitar su celo y su espíritu de piedad en estos apostolados. Ora et labora. Trabajo, acción, perseverancia. Sobre todo perseverancia. Muchas veces todo termina en comenzar.. . Somos impulsivos, nos falta la constancia. Poco es una gota de agua, pero la reunión de ellas forman los océanos; pequeño es un grano de arena, pero el conjunto forma las montañas gigantescas…

3.-c) LA MUJER EN EL EVANGELIO. SU BRILLANTE ACTUACIÓN. –

Para que os animéis a trabajar en las obras del apostolado, os diré cuál fue el papel de la mujer en el Evangelio.

Una mujer, Santa Isabel, fue la primera que entonó el cántico de glorificación al Mesías redentor, cuando pronunció aquellas palabras a la Santísima Virgen que la visitaba: “Bendito es el fruto de tu vientre”.

Una Mujer, la mujer ideal, la Virgen María, al contemplar las maravillas que en ella había obrado el Omnipotente, entonó el sublime cántico Magníficat que es el modelo de lirismo en todos los siglos: Una mujer, la profetisa Ana, anuncia al Mesías salvador; una mujer, la Samaritana, lleva a Cristo a todos aquéllos que tenían sed del agua viva que salta hasta la vida eterna. La mujer acompaña a Cristo en el camino del Calvario; la mujer está junto a la Cruz; llevan aromas en vasos de alabastro para perfumarlo, pero también llevan el perfume del amor en el vaso inmortal de su corazón; una mujer, la Virgen María, es el alma de la Iglesia.

La mujer  ayuda a los apóstoles  en la predicación  del Evangelio. Petronila, Práxedes, Prudenciana, Lidia, Maxila, Matea, Efigenia.

Más tarde, la mujer con Helena levanta santuarios y descubre la verdadera Cruz; con Clotilde convierte reinos y hace caer de rodillas al fiero sicambro que adora lo que ha quemado y quema lo que ha adorado.

Forma el corazón de los reyes con Blanca y Berenguela de Castilla; santifica el trono con Isabel de Hungría, de Portugal, con Brígida de Suecia, con Margarita de Escocia; llega a la cumbre de la santidad y de la belleza con Teresa de Jesús, se convierte en heroína de la religión y de la patria con Juana de Arco y descubre mundos en medio de las olas desconocidas con Isabel la Católica.

La mujer en el cristianismo ha sido apóstol, ha sido heroína, ha sido mártir.

Cuando Cristo entró entre palmas en Jerusalén, aquel pueblo le batía palmas de triunfo y le alfombraba de flores su camino, diciendo: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!

Al día siguiente, ese mismo pueblo pedía que fuese crucificado.

¡Qué su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos!

Y Jesús camina hacia el Calvario, herido, despedazado, más que por las heridas, más llagado todavía por el amor. Iba rodeado de enemigos; sólo le cruzan miradas de odio. Y en medio de tanto odio ¿no habrá algunos ojos compasivos? ¿Unos labios que alaben, un corazón que compadezca?

¡Ah sí! Esas miradas, esos labios, ese corazón fueron vuestros ¡oh mujer cristiana! Los discípulos huyen; Pedro renegó de él, pero una mujer se acerca; la Verónica le ofrece un lienzo para enjugar su rostro y las lágrimas de aquellos ojos:

“Ojos llorosos  que piedad inspiran,
Ojos sin ira que el perdón predicen…
Ojos que tristes, al mirar, suspiran
Ojos que tiernos, al mirar, bendicen”…

 

Las mujeres le acompañan, llorando. El Maestro les dice: “No lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos”… Y hace veinte siglos que ese pueblo llora, con sus gemidos ha arrullado al mundo y juega con las hebras de su llanto.. .

La mujer cumplía en esos momentos los grandes designios de Dios. Era el alma religiosa de la patria que lloraba la condenación del inocente, la muerte del Justo.

Ese drama sangriento todavía se está representando en medio de la humanidad.. . La Pasión no ha terminado.. . el mundo sigue condenando al inocente, se sigue pidiendo la libertad de Barrabás, la crucifixión de Cristo; el mundo sigue siendo el calvario de la verdad, de la justicia, de la virtud.. .

Y la mujer, hoy como ayer, debe acompañar a Cristo en el camino de su dolor; hoy como ayer, es el alma religiosa de la patria que llora la muerte del Justo; hoy como ayer, debe ser apóstol del Evangelio y esparcir la semilla, de la caridad que es la soberana de las almas. Tal es vuestra misión ¡Oh mujer cristiana! En el origen de todas las cosas grandes hay siempre una mujer.. . ¡Sed apóstoles! Cristo es vuestro ideal, vuestra enseña, la Cruz que “es algo más que un dolor que en el mundo se desploma: es el símbolo que toma la grandeza de un amor”…

 

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