Inicio > Accion Catolica, Apostolado seglar Y AC > Cap X El catolismo de los catolicos

Cap X El catolismo de los catolicos

CAPITULO X EL CATOLICISMO DE LOS CATÓLICOS

SUMARIO: 1. Caracolismo… Un breve tratado de zoología aplicada a la acción de los católicos. – 2. Otra clasificación: la gente tranquila. – 3. ¿Clase dirigente? – 4. La gente negativa. – 5. Incapacidad de organización. – 6. Acción y caridad católicas.

1. – CARACOLISMO… ZOOLOGÍA APLICADA. –

No es un término nuevo que hemos inventado… ¡Caracolismo… ¡ Es una palabra muy expresiva que se refiere a la falta de acción o a la política de ciertos católicos. Pero ¿de qué se trata? ¿De las virtudes, propiedades y modo de ser de los caracoles? Sí, amable lector. De eso y de algo más se trata aquí. El caracol, como lo demuestra la ciencia, es un animal, tan comodón y egoísta, que parece algo más que animal; y en cuanto a prudente, es la misma prudencia hecha caracol…

El caracol sólo abandona sus cuarteles de invierno, en los cuales ha dormido sosegadamente largos meses, cuando el sol fecundante extiende sus rayos benéficos sobre los campos cubiertos de verdor y de flores.

Pero antes de ponerse en movimiento, asómase a la puerta de su casa para examinar el país; vuelve la cabeza por todos lados, y sólo cuando está seguro de que no hay peligros, escudado con sus armas defensivas y levantando en alto las ofensivas se pone en marcha; por supuesto, caracoleando majestuosamente. Es el summum de la prudencia y previsión. Si advierte el caracol algún peligro, alguna dificultad, inmediatamente esconde sus armas, encoge su cuerpo, oculta su cabeza, y haciéndose un ovillo, en un abrir y cerrar de ojos se mete en su casa. Su divisa es: ¡ni matar ni morir! ¡Vivir como se pueda!

Y cuanto más cómodamente, mejor. ¡Sublime prudencia la del caracol!

Hasta aquí la historia natural y también social. El caracolismo es una plaga social moderna ante la cual son nada las plagas de Egipto. Es una enfermedad característica de las sociedades y civilizaciones decadentes que  suele determinar y apresurar su ruina. Y lo peor de todo es que los caracoles sociales abundan. Sobre toda entre la gente que se dice de bien. Son innumerables los individuos que en su vida pública y social proceden como perfectos caracoles. Se encasillan en sus casas, de donde no salen sin antes sondear todos los horizontes y asegurarse bien de que ni el más remoto peligro puede ponerles en zozobra ni perturbarles la digestión. Aunque el mundo se hunda, viven y obran con vista hacia adentro, hacia sí mismos. Cada caracol es el centro del universo… Y todo el universo es para cada caracol… Los tiempos son malos cuando son malos para los caracoles, y son buenos, aunque sean malísimos, cuando son buenos para los pacíficos caracoles. Escondidos en sus cáscaras, no salen ni dan muestras de vida hasta que el arco-iris de la bonanza domina el horizonte social. Y entonces veréis a los caracoles sociales con su vestido de nácar, pasearse tan orondos y satisfechos, y gozar y triunfar en el círculo de sus relaciones particulares, sin importarles un ardite los problemas gravísimos de vida o muerte, que se agitan en las entrañas de la sociedad en que vegetan, ni de las consecuencias que su epicureismo pueda producir en ella.

El supremo ideal del caracolismo es: ¡Vivir bien!

Lo peor del caso es que  esta  total  enfermedad afecta a la gente bien, a las personas de orden y también a las piadosas; y en esos grupos sociales es donde causa más estragos el caracolismo, so pretexto de prudencia, de previsión, de la ecuanimidad, de caridad mal entendida. Hoy es deber sagrado de todo miembro social, y de todo católico, impedir la espantosa ruina de la sociedad; salvar la civilización cristiana;  restaurar  el  orden  social; acudir  al  remedio de las necesidades públicas y privadas, mirar, en una palabra, por el bien común. Nadie, y mucho menos los que quieren ser buenos, pueden adoptar la táctica del caracol. Qué tremenda responsabilidad la de los parásitos del cuerpo social! No les valdrá en la hora de los grandes peligros, el decir que  ellos cumplieron con sus  deberes de sociedad, en su vida de mundo, ni el haber cumplido tal vez, con los de la propia parroquia;  ni les valdrá  tampoco el meterse  dentro de su fortaleza, aunque sea de hierro y de bronce, tapándola j bien como tapa el caracol en invierno el orificio de la suya.

Siempre y en todas las varias situaciones de la vida, el cumplimiento del deber es, además de obligatorio y glorioso, i lo más prudente y útil. Cuesta algún esfuerzo inicial, acaso algún sacrificio, pero ¡cuan espléndidamente queda recompensado! Ahora mismo, cabe afirmar, que a no ser por el caracolismo, años ha dominante en el mundo, la cuestión social ya no sería sino armonía de clases y compenetración de intereses; y los cataclismos que hoy tienen como en expectación terrorífica y en suspensión angustiosa la misma vida de la humanidad, se hubieran resuelto en lluvia fecundante de toda suerte de bienes.

El caracolismo personal, por decirlo todo de una vez,, se traduce en nihilismo social. ¡No habría anarquismo si no hubiese caracolismo!

 

2. – OTRA CLASIFICACIÓN. GENTE TRANQUILA –

Conocemos muchos católicos celosos, activos, que trabajan en obras de beneficencia, de enseñanza, de apostolado. Son modelos dignos de imitar. Pero también oímos decir, y en parte lo creemos, como dice San Pablo, que son demasiado numerosos los que hacen poco y aun nada…

A la muchedumbre imponente de los tibios y apáticos, se añaden ahora los desconcertados y alicaídos que andan con el alma en los pies. Todo se les vuelve hablar de incertidumbre y de obscuridad de la hora presente, sin sacar mas conclusión que la de ir… a acostarse y dormir.

Mientras los enemigos trabajan con energía, método y obstinación, hay mucha gente honrada y tranquila que sólo piensa en buscar una posición cómoda para descanso… ¿Hay algo más inútil, más nulo que esta gente honrada y tranquila, que no tiene ni inteligencia ni voluntad para organizarse y trabajar en defensa de sus más sagrados ideales y de sus más vitales intereses; que no tiene ni idea, ni carácter para defender la decencia moral pública, el orden social, ni siquiera para asegurar sus intereses materiales? ¡Qué fenómeno más raro y universal!

Ha sido víctima de todas las grandes revoluciones y matanzas sociales, desde la gran guillotina francesa hasta las muy frescas degollinas del Soviet, pero no ha aprendido nada… ni tan siquiera lo que saben algunos animales cuando los atacan: es decir, juntarse en corro al primer amago de peligro y colocarse todos con las astas vueltas hacia el enemigo… Esta es la gente tranquila…

3.-¿CLASE DIRIGENTE?-

Y, sin embargo, la gran mayoría de la gente honrada y tranquila, pertenece a las que se llaman clases dirigentes; porque en realidad si bien es la clase acomodada, propietaria, no es en su masa y mayoría dirigente, sino, como todas las masas pasivas y mayorías inorgánicas, es dirigida por una minoría activa y orgánica, que le sirve de cabeza, buena o mala, propia o extraña, pero al fin de cabeza.

 

Ningún animal se gobierna por su mole…  ni siquiera; la ballena, ni por sus pies, ni siquiera el ciempiés… a todos los gobierna una cabeza por pequeña o pobre que sea. Y corno la clase dirigente no quiere tomarse la molestia y el trabajo de darse una cabeza propia, porque le costaría demasiado esfuerzo y disciplina, resulta que siempre una pequeña minoría de parásitos listos y activos, no contentos con vivir de la masa y cuerpo dirigente, se le trepa encima y se constituye en su cabeza dirigente.

Dios me libre de meterme, ni lo pienso, en la política; pero éste es, en su quinta esencia, el resumen histórico de las cuatro o cinco revoluciones francesas, de otros tantos pronunciamientos españoles y de ciento y tantas revoluciones de que han gozado, en un siglo, las repúblicas sudamericanas. Todas o casi todas ellas han demostrado, por una parte, la incapacidad de la masa y mayoría inerte y pasiva para gobernarse, y por otra parte, la aptitud y el talento innato de la minoría audaz activa y organizada para hacerse cabeza y plantarse en lo alto del cuerpo social…

4.-LA GENTE NEGATIVA.-

Pero ¿por qué entre todas las masas y mayorías no hay ninguna tan inactiva e inerte como la de la gente moderada y tranquila, y por lo general honrada? El gran defecto, pecado y calamidad de la gente moderada y tranquila, no es que sea tranquila y moderada, sino que haga de la tranquilidad y moderación todo su oficio y profesión, todo su programa de vida y de acción. Es tan moderada y tranquila que es sólo eso y fuera de eso no es nada… No siendo nada, no puede, ni vale, ni hace tampoco nada, ni sus contrarios la consideran para nada.

Es una verdad de hecho que no hay unidad más completa que la del hombre que, a fuerza de ejercer su profesión de honradez, no hace absolutamente nada por la causa del bien. Es un ser puramente negativo; por eso es tan débil, tan pálido, tan incapaz y tan inútil. Sin duda no blasfema, no insulta, no mata, no roba, no miente. Pero esto, no es más que evitar el mal, y no es hacer el bien, no es más que el lado negativo de la vida, y el positivo queda todavía raso.., El que se cree bueno con sólo guardar los preceptos negativos vive en la ilusión y el engaño. Podrá guardar todos los mandamientos que quiera, pero falta seguramente al primero y más grande de todos, que es amar de corazón y de obra a Dios y al prójimo, y por consiguiente, hacer algo por la causa de Dios y de las almas. Para agradar y servir a Dios hay que observar todos los mandamientos y no sólo los negativos.

Ahora si el hombre honrado, después de examinarse sobre el mal que debe evitar, se examina sobre el bien que debe hacer, y se pregunta: ¿qué hago yo en servicio de Dios y de mi prójimo, qué obra, qué trabajo? tendrá que dejar la contestación en blanco. No hace el mal y no baja de cero; pero no hace el bien, y no sube de cero… En cero está clavado y es, hablando cristiana, moral y socialmente, un cero a la izquierda.

No es ni vale nada, ni delante de Dios, ni delante de los hombres, ni siquiera delante de los adversarios que lo miran con el más absoluto desprecio. Pero hay algo más y peor, y es que basta ser nulo para ser malo. Para ser bueno, no basta evitar el mal, sino que es preciso hacer el bien. ¿Qué diría Ud. de un sirviente o empleado, que no fuera insolente ni ladrón, pero que no hiciera nada? Lejos de tenerlo por bueno, lo despediría sin demora por malo.

Este es el gran defecto y miseria de tanta gente que no hace el mal pero tampoco el bien; no sirve al demonio pero tampoco a Dios, ni emprenden por El ninguna obra ni trabajo.

No se examinan sino los preceptos negativos, pero Cristo nos ha de examinar en el último día, sobre los preceptos positivos de amor a Dios y al prójimo, ya sobre las obras de caridad y misericordia, como lo dice El mismo en el Evangelio.

Nos tomará cuenta, no sólo por el mal que hemos hecho, sino por el bien que hemos dejado de hacer… ¡Ay de nosotros si hemos  enterrado el talento en una vida de pereza y egoísmo!

5.-INCAPACIDAD DE  ORGANIZACION.-

Abstenerse del mal es lo que explica la inacción y nulidad de esta gente tranquila. Incapaz de acción, es incapaz de organización, aun para su propia defensa. Y es que para organizarse es preciso disciplinarse, hay que reconocer bandera, jefes, filas y sacrificar algo del amor propio, de la libertad, del egoísmo y tener espíritu de trabajo y sacrificio. Todo lo cual supone amor a Dios y al bien y no simplemente honradez negativa.

La gente resuelta y de desorden tiene aptitud para organizarse; la gente tranquila, no la tiene. Porque aquella va movida por el motor de la humana actividad que es el interés. Impelidos por la necesidad, la ambición o la codicia, los partidarios y los jefes persiguen siempre un fin tan interesante como interesado, en busca de negocios, empleos y ascensos en toda escala.

Se unen y organizan porque sin la unión no podrían nada para el logro de sus fines. Los partidarios trabajan en la firme creencia de que los jefes se interesan por ellos.

Esta unión es la fuerza, la gran fuerza.

En Francia, treinta mil masones bien organizados, dominan hace más de cuarenta años, a más de treinta millones de católicos sin organización. Sólo en los últimos tiempos los católicos se mueven para sacudir el yugo masónico. Y el movimiento es admirable y grandioso.

Pero la gente tranquila no tiene el grande y supremo estímulo del interés material para unirse y organizarse, y de ahí viene su enorme inferioridad. La gente tranquila, por lo mismo que vive sencilla y pacíficamente, economizando, no siente el aguijón punzante de la necesidad y del hambre, y por lo mismo que es honrada también es delicada para elegir los medios y poco dispuesta a buscar los fines de interés y de ambición.

Pero si otros se dan el trabajo de organizarse por interés temporal ¿por qué los moderados y los tranquilos, sobre lodo los católicos, no serían capaces de hacer otro tanto por el interés de la religión y de la moral pública, por el interés supremo de Dios y de las almas?

¿Por qué el interés eterno de nuestra alma, de nuestra familia, de nuestra nación ha de ser menos poderoso para estimularnos a la acción y a la organización que los frágiles intereses temporales?

Basta ser cristiano, basta saber lo que es mi alma, para hacer los pequeños sacrificios de amor propio que requiere la acción y la organización católica. De ahí que las asociaciones y obras católicas deben renovar su celo, su abnegación, su actividad frente a las dificultades e incertidumbres presentes. Cualesquiera que sean las circunstancias exteriores en que es preciso trabajar… las necesidades profundas y extremas de las almas son siempre las mismas.

6.-ACCION Y CARIDAD CATOLICAS.-

En primer lugar, las almas y no sólo los cuerpos tienen hambre de verdad. No somos cristianos, si, a la medida de nuestras fuerzas, no trabajamos en dar a las almas el pan de la verdad, si no les damos a conocer a Jesucristo verdad y amor por esencia.

La enseñanza, la escuela, el catecismo, el folleto, la conferencia, la misión; todos estos medios son buenos y eficaces. Pero que nuestra caridad no sea sólo material, sino espiritual. Sin duda hay que dar pan al cuerpo hambriento, porque el estómago vacío no tiene oídos. Pero el que se limita a dar la moneda, el pan o el vestido, no sospecha lo que es caridad cristiana. A través del cuerpo, hay que alcanzar hasta el corazón, hasta el alma, mucho más pobre y necesitada que el cuerpo. El que sólo da pan y dinero da bien poco y no remedia nada sino por un momento. Porque el pan se come y el dinero se gasta en un momento. El que da al alma la verdad da mucho más  que  una fortuna perecedera,  porque le  da un alimento  inmortal, la vida, la verdadera, la que no ha! de morir. Poner una verdad en el alma es sembrar una semilla divina que, por propia eficacia, ha de brotar a su tiempo; y que no necesita sino de su propia naturaleza para florecer y fructificar.  ¿Cuándo  comprenderán esta  excelencia  divina de la caridad tantos señores y señoras caritativas que tienen la mano abierta a la caridad material pero que olvidan la espiritual? Darán limosnas a los pobres pero no se acordarán de darles catecismo. Gastarán cientos y miles de pesos en dar a los desamparados pan y recetas de boticas, pero nunca se les ocurrirá en gastar una insignificancia en una hojita volante para combatir la hoja impía o inmoral que los engaña y pervierte.

Y así puede suceder que mientras los pobres comen el pan de la buena y compasiva señora, están leyendo el papel de propaganda irreligiosa que les enseña que la religión es patraña y que la misma caridad que a ellos los alimenta, es una humillación para el hombre. Los católicos son, indudablemente,  los que hacen más caridad, pero son también los únicos que con sus limosnas casi no consiguen partidarios de sus ideas cristianas entre los pobres que socorren. Que venga una revuelta o trastorno social y los bienhechores recibirán las primeras pedradas de sus protegidos.

La caridad protestante, al contrario, y la caridad laica en general es sumamente propagandista y hace tantos propagandistas, generalmente, cuantos son sus protegidos. ¿De dónde proviene, desde el punto de vista de la propaganda, la esterilidad de la caridad católica y la fecundidad de las otras? De que la otra emplea siempre la limosna o ayuda material, come vehículo de las ideas, como instrumento de propaganda. Ojala que los hijos de la luz comprendieran e imitaran un ejemplo que, no por venir del adversario, deja de encerrar una gran lección. Demos a nuestra caridad toda la luz y todo el vasto horizonte de nuestra fe. No la tengamos tan corta que se limite al cuerpo. Extendámosla hasta las profundidades del alma humana, que es un abismo inmenso de pobreza y de miseria y que sólo Dios podrá llenarlo. Esta página tomada de A. M. y reproducida en una Revista en la Unión Católica de Concepción, trata con sumo interés, originalidad y franqueza, un tema de tanta trascendencia.

 

  1. Mónica
    enero 20, 2009 en 10:23 pm

    Que tristeza me da, que en “la casa de Dios”, se le niegue el cambio de parroquia a una niña que se cambió de casa, y le dicen que mejor se espere al siguiente ciclo escolar, ya que no se aceptan de otra parroquia a medio ciclo, lamentable esa actitud, parroquia Jesus de Nazareth en Colinas del Cimatario, coordinadora de catequesis, Sra. Rocio, lo unico que nace de esa respuesta, es alejarse de esa Parroquia

  1. No trackbacks yet.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: