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Las montañas

Las montañas

Pedro J. Bello Guerra

Diario de AM de Querétaro, 26/10/08

“Había una pacífica tribu que vivía en una planicie a los pies de los Andes. Un día, una feroz banda de ladrones que vivía en una guarida en las escarpadas cimas de las montañas atacó la aldea.

Como parte del botín, se llevaron con ellos a un niño a la montaña, hijo de una familia de la tribu de la planicie.

La gente de ese lugar no sabía escalar montañas, ni conocían los senderos que la gente de la montaña utilizaba y tampoco cómo encontrar a esa gente o cómo seguir sus rastros en ese terreno quebrado.

A pesar de todo, mandaron a un grupo de hombres, sus mejores guerreros, a escalar la montaña para recuperar al niño. Los hombres empezaron a ascender, primero de una manera, después de otra. Probaron un sendero, después otro. Luego de varios días de grandes esfuerzos, no habían logrado avanzar más que escasos cien metros por la montaña.

Los hombres de la planicie se sintieron totalmente incapaces, se dieron por vencidos y se prepararon a regresar al poblado.

Cuando se disponían abajar, vieron a la madre del niño que venía hacia ellos. Se dieron cuenta de que la mujer bajaba de la montaña que ellos no habían podido escalar y, además traía consigo al niño, envuelto con una tela y a sus espaldas, ¿Cómo lo había logrado?

Uno de los hombres del grupo la saludó y le dijo:

-Nosotros, los hombres más fuertes del pueblo, no logramos escalar la montaña. ¿Cómo lo lograste tú? La mujer encogió los hombros y dijo:

-“No es su hijo”.

¿Cuál es tu montaña?, sería la pregunta que naturalmente surgiría después de esta lectura, A veces los retos en la vida nos hacen desanimarnos cuando después de tres o cuatro intentos fracasamos, por ejemplo, cuando un hijo reprueba matemáticas cada mes pensamos. ..” a este hijo mío no se le dan las matemáticas, los maestros no le deberían exigir tanto” o quizá pensemos… “Mi hijo es un flojo, si vuelve a reprobar lo sacaré de la escuela y lo pondré a trabajar”;  mas si tuviésemos la actitud de la mujer del cuento, en vez de lamentamos por el fracaso escolar del hijo buscaríamos las causas, nos daríamos tiempo para estudiar con él o para ver al menos cuáles son sus deficiencias, para animarlo a estudiar y para dar seguimiento a los buenos propósitos de nuestro hijo que poco a poco se van apagando por falta de supervisión de nuestra parte”.

Otras veces las montañas a que nos enfrentamos son las actitudes de nuestros hijos: desobediencias, mentiras, peleas con los hermanos, egoísmos, pereza… y la clave es la misma que con el estudio: en vez de gritar, amenazar, castigar y, finalmente, darnos por vencidos, sería bueno buscar las causas, implementar un sencillo plan de mejora que implique ejercitarse en la virtud contraria al vicio que queremos erradicar, haciendo conciencia en el hijo de la necesidad de mejora, poniendo conjuntamente metas a corto plazo, supervisando su cumplimiento, felicitando ante logros, animando ante tropiezos, corrigiendo errores, incentivando y, en su caso, aplicando los correctivos necesarios una vez advertidos de ello.

Cuando la montaña está en la relación deteriorada con el cónyuge, conviene que recuerden ambos que se trata del propio matrimonio, de la propia familia y proyecto de vida y portante no podemos darnos por vencidos tan fácilmente. Aquí la mayor parte de los problemas se deben a una mala comunicación, así como al cansancio por los problemas, rutinas y desencantos cuando el amor y la generosidad mutua se van apagando; por tanto, un buen comienzo para remediar estas situaciones es aprender a escuchar, hablar de nuestras diferencias sin agredir al otro, buscando soluciones y no culpables, pensando en todo momento en lo que nos une -hijos, matrimonio, amor- y no en lo que nos separa, a descansar, a darnos un tiempo para reconquistar ala pareja, a brindar y disfrutar pequeños detalles de cariño.

Lo mismo que en el cuento, debemos aprender a escalar las montañas que nos alejan de la felicidad, a superar obstáculos pensando como aquella mujer: “lo hago por mis hijos” “lo hago por mi matrimonio”, lo hago por mi esposo(a)”, ‘lo hago por mí mismo(a)”, sólo entonces no se nos hará imposible la escalada y cuando menos lo pensemos ya estaremos de vuelta con nuestro “hijo”, “matrimonio”, “cónyuge” en brazos.

pjbellog@colegioalamos.edu.mx

 

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Categorías:Cuentos para educar
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