Inicio > Reflexiones > Cuan extraordinario es lo ordinario

Cuan extraordinario es lo ordinario

 

Cuan extraordinario es lo ordinario

EDUCAR HOY

POR PEDRO J. BELLO GUERRA.

Periódico AM, Querétaro México, 090821

 

A veces es muy difícil imaginar cuan extraordinario es lo ordinario. Una sonrisa, un atardecer, un paisaje, el poder caminar, el tener un trabajo, el tener qué comer, un gracias, un lo siento…son todas experiencias cotidianas que pocas veces nos ponemos avalorar.

Con frecuencia nos quejamos de la lluvia, y nos olvidamos de los que sufren los que viven en el desierto; otras veces nos enfada que el auto no funciona o el autobús tarda en pasar y tenemos que caminar, pero pocas veces nos acordamos dé los paralíticos o de los que no tienen piernas; también suele suceder que nos quejemos porque en casa la comida incluye por tercera vez en la semana pollo o verduras, y nos olvidamos que hay quienes no tienen qué comer.

Pero el problema no es sólo que nos quejemos de lo que no tenemos, sino que no valoramos lo que sí tenemos y es un don precioso… pensemos cuántas veces agradecemos porque tenemos unos padres que nos aman, unos hermanos con quienes compartir lo bueno y lo malo, la oportunidad de estudiar, el tener un trabajo, el tener la dicha de contar con amigos, el haber nacido en un país con gran riqueza humana, cultural y espiritual, el tener una buena capacidad intelectual y gozar de la plenitud de nuestras facultades mentales.

Si a esto agregamos que pocas veces valoramos la importancia de los pequeños detalles y las oportunidades valiosas para ir atesorando riquezas en el cielo.. .,cuánto vale un sonrisa que dediquemos a la familia, al empleado que nos atiende en la oficina, al portero… y cuan poco nos cuesta; si supiéramos lo que vale un gracias, un por favor, un los siento…los diríamos más a menudo. Si supiéramos lo que vale para un indigente que le demos una moneda o una torta, sin malas caras…; si supiéramos lo que vale cumplir con nuestro deber sin quejarnos, ya sea estudiar, trabajar en la ofician o cocinar y planchar para mi familia… Y es que nuestra vida está llena de cosas ordinarias, que hechas con y por amor adquieren un valor extraordinario.

Dicen que al final de los tiempos seremos juzgados en el amor, es decir, lo que más le importa a Dios no es si hicimos obras extraordinarias, grandiosas, sino si hicimos con extraordinario amor las cosas más sencillas de la vida.

Cuentan que “después de una vida sencilla y serena, una mujer murió y se encontró inmediatamente en una larga y ordenadísima procesión de personas que caminaban lentamente hacia el Juez Supremo. En cuanto se acercaba a la meta, escuchaba cada vez más claramente las palabras del Señor. Así oyó que el Señor le decía a uno:

-Tú me socorriste cuando estaba herido en la autopista y me llevaste al hospital, entra en mi Paraíso.

Luego a otro:

-Tú hiciste un préstamo a una viuda sin cobrar intereses: ven a gozar del premio eterno.

Y otra vez:

-Tú hiciste gratuitamente unas operaciones quirúrgicas muy difíciles, ayudándome a dar esperanzas a muchos: entra en mi Reino.

Y así con todos.

La pobre mujer se llenó de angustia porque, por más que se esforzaba, no podía recordar haber hecho nada de importancia en toda su vida. Trató de dejar su lugar en la fila para tener tiempo de pensar. Pero no le fue posible: un ángel sonriente pero decido no le permitió abandonar la larga fila.

Con el corazón latiendo muy fuerte y con mucho temor, llegó ante el Señor. De pronto se sintió envuelta por su sonrisa,

-Tú planchaste todas mis camisas… Entra a compartir mi felicidad.

Esta anécdota nos recuérdalas palabras de Jesús refiriéndose a las obras de misericordia practicadas con el prójimo: “En verdad les digo que cuando lo hicieron con alguno de estos mis hermanos más pequeños, lo hicieron conmigo”. Pero también nos recuerda aquellas palabras dirigidas a sus apóstoles cuando ven a una pobre mujer que da de limosna en el templo dos moneditas de muy escaso valor, en comparación con los ricos que daban grandes limosnas: “Les aseguro que esta viuda pobre ha dado más que todos ellos. Pues todos han dado dinero que les sobraba; en cambio ella ha dado lo que había reunido con sus privaciones, eso mismo que necesitaba para vivir”.

El valor extraordinario de lo pequeño y ordinario está en el amor y cuidado con que se hace.

Anuncios
Categorías:Reflexiones
  1. Aún no hay comentarios.
  1. No trackbacks yet.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: